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22 octubre, 2018

El pasado fin de semana tuvimos el  placer de asistir a la ponencia de Jorge Bucay en el congreso BeingOneForum realizado en Valencia. Allí Jorge Bucay, explicaba a través de cuentos algunos de los aprendizajes más importantes de su vida que quiero compartir y que he ampliado según mi forma de entenderlo también.

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  1. Definirse es poner límites. Con el cuento tradicional del "Patito feo" Jorge Bucay nos enseña que hemos de aprender a conocernos porque para encontrar nuestro camino, primero hemos de definirnos. Definirse, según él, es poner límites, dejando fuera lo que uno no es y dentro lo que uno es.

Existen muchísimas formas de conocerse. Desde mirarse al espejo, realizar múltiples test de autoconocimiento en diferentes áreas de nuestra vida (intelectual, comportamental, profesional, emocional…), o tomar conciencia de qué hacemos, cómo lo hacemos, qué decimos, cómo lo decimos…de forma que vayamos descubriendo nuestra forma de actuar y cómo afecta a los demás. Y sobre todo, que nos permita darnos cuenta que lo que hacemos es resultado de lo que somos y no al revés para mostrarnos con coherencia y generar mayor confianza en nosotros mismos y hacia los demás.

  1. Cuidado con dar indicaciones. Solemos tener la costumbre de dar consejos, incluso sin que nos los pidan. Sin embargo, hay que tener cuidado porque lo que me ha servido a mí no tiene por qué servirte a ti.

Sería bueno que investiguemos y probemos cómo nos va aquello que nos cuentan. Si, por ejemplo,  aprendemos una técnica nueva para resolver conflictos y nos parece que puede sernos de utilidad, mejor probarla por nosotros mismos antes de recomendarla. Comprueba que te funciona, asegúrate que es una técnica que te queda bien, que va contigo. No confiar sin investigar.

  1. Pedir ayuda y saber darla. No somos autosuficientes. Todos necesitamos del apoyo de los demás, de una caricia, de ánimo para seguir adelante, especialmente cuando las cosas no van tan bien.

Por eso es importante decir a los demás que lo están haciendo bien y estimular para que sigan adelante con lo que tengan entre manos. Y reconocer lo bien que cada uno lo hace. Son formas de dar esa ayuda que todos necesitamos.

  1. El mejor maestro. Dice Jorge Bucay que el mejor maestro es aquel que te dice cómo buscar dentro de ti para que llegues a tus propias verdades y conclusiones.

Tenemos en nosotros mismos muchas de las respuestas que buscamos. Por eso, nos invita a dejar de buscar fuera, dejar de pedir permiso a los demás, de buscar la complacencia y aprobación de los otros. Y buscar dentro de uno mismo.

  1. Momentos vividos con emoción y compromiso. A lo largo de nuestra vida nos encontramos con momentos tibios, en los que no nos hemos visto afectados emocionalmente, por los que pasamos como si nada, de puntillas… Estos momentos no son los auténticos. Los verdaderamente valiosos son aquellos momentos en los que hemos vivido emociones intensas, en los que nos hemos comprometido, donde hemos estado presentes, dándolo todo, en lo bueno y en lo malo.

Por eso, vive la vida, cada minuto, con lo que traiga. Sé consciente del momento, e incluso anótalo, siéntelo, pon todos tus sentidos en ello.

  1. Ni todo ni nada. Las cosas buenas entrañan también algo no tan bueno, y las cosas malas incluyen también algo bueno. No hay nada 100% bueno o malo. No podemos tomar de la vida solo lo que nos convenga. Las personas y la vida vienen con todo, lo que nos gusta y lo que no. Por eso, quedémonos con cuánto juega esa persona o ese hecho en relación a nuestros propósitos.
  2. Los sueños importan. Decía Viktor Frankl en su libro "El hombre en busca de sentido" que los que no sean capaces de dar sentido a su vida, vivirán una vida sin sentido.

Los sueños marcan un sentido. Están relacionados con nuestros propósitos y nos llevan a alinearnos con ellos. Sin sueños no hay fantasía, sin fantasía no hay ilusiones, sin ilusiones no hay proyectos… Así que, sigamos soñando… como terminaba la película PrettyWoman, con Richard Gere y Julia Robert, de la cual podemos extraer otros múltiples aprendizajes.

  1. Recorre el camino con humor. "No importa lo que hagas, vaya bien o no, escribe la comedia de tu vida y no el drama". Es inteligente reírse de uno mismo y reírse con los demás si ellos quieren. Ponle humor a tu vida porque "con amor y con humor, nada puede ir mejor".

Es otra forma de decir que la vida será según te la tomes. Puedes pensar que tu vida ha sido un desastre o que la has disfrutado al máximo. Puedes estar alegre o triste pero siempre con una perspectiva de felicidad por lo que la vida te depara. Y es que no debemos confundir alegría con felicidad. La alegría es una emoción que se da en un momento mientras que la felicidad tiene que ver con la serenidad, con la paz interior, con el pensar que estás en el camino correcto. Y hemos de trabajar para lograr la felicidad.

  1. No hacer sacrificios por amor. Basándose en un cuento de O. Henry, Bucay nos lleva a la reflexión de lo inútil que es hacer sacrificios por amor. El amor no se mide en cuánto soy capaz de sacrificar por ti, sino, cuánto soy capaz de compartir contigo para juntos crecer.

"Lo he hecho por ti" suele llevar a "no te lo he pedido" y a culpabilizar, frustrarse, subir egos, bajar autoestimas, necesidades de reconocimiento, etc. Mejor será "qué podemos hacer juntos" porque compartir alegrías duplica la felicidad y compartir penas divide su intensidad.

  1. Dependencia de la mirada ajena. Nunca hemos podido vernos nuestra propia cara. Sin un espejo o una foto no sabríamos cómo es. Necesitamos de la mirada ajena.

Pero la mirada del otro es prejuiciosa. ¿Vas a dejar que aquellos a los que no les eres simpático decidan por ti, decidan si vas o no a algún sitio o si te pones esto o aquello? No, no dejes que quienes no te quieren decidan por donde va tu vida. Y sin embargo, sí, escucha a los que sí te quieren, nútrete de su mirada, como te compartí en mi artículo sobre ayudar a crecer.

  1. Aceptación. Amor es aceptar al otro tal como es, sin cambiarlo. Y aunque no lo creamos, es más fácil encontrar a alguien que nos permita ser quienes queremos ser, que aceptar a priori que el otro sea quien quiera ser.

Por eso, si nos gusta que nos dejen ser, hemos de partir por dejar ser como el otro quiera ser en cada momento. Y de esa forma, será más fácil encontrar a esos compañeros de vida, de camino que tanto bueno nos aportan.

Por tanto, como dice Jorge Bucay, si quieres encontrar tu destino final, recuerda pasar por estas tres etapas:

1º Reconócete. Descubre quién eres, con tus fortalezas y debilidades, pon límites, busca en ti.

2º Identifica dónde vas. Encuentra tu propósito, tu rumbo, el lugar al que te diriges, sueña.

3º Con quién. Solo al final, cuando ya sabes quién eres y dónde vas, atraerás a las personas adecuadas para ir contigo.

Y ahora que ya conoces estos aprendizajes de vida de Jorge Bucay, investiga, prueba, pon en marcha los que mejor vayan contigo porque, en definitiva, somos eternos aprendices.

"Equivocarse, es parte importante del aprendizaje pues, sin equivocaciones no hay crecimiento" Jorge Bucay

Raquel Bonsfills 

Todo ser humano está compuesto por, según las últimas investigaciones, un número similar de células y bacterias que se van renovando con más o menos periodicidad excepto en partes muy concretas, y aún se discute sobre alguna de ellas...

También sabemos que en los genes no solo se guardan aspectos físicos como el color del pelo o los ojos. Nuestra forma de ser también, incluso, nuestras ideas están condicionadas por la genética. Por eso hay personas que afirman que ellas son así y que nunca cambiarán, nada más lejos de la realidad! Son muchos los científicos, educadores o filósofos que afirman que el camino de la libertad está en la educación y el conocimiento de nuestro cerebro.

David Bueno i Torrens, en su libro Cerebroflexia explica cómo la biología y el ambiente en el que vivimos cambian nuestro cerebro. En la entrevista que le realizó el periódico la Vanguardia explica que existen genes que condicionan que haya personas con más tendencia hacia la infidelidad que otras, aunque nunca debe hacerse servir como excusa. Nos recomienda sacar provecho de nuestro cerebro para ser felices: edúcalo para que te ayude a gestionar las emociones, racionalizar y empatizar con los demás.

Educación y aprendizaje 

José Antonio Marina, en su libro La educación del Talento analiza el talento como la inteligencia triunfante. Este libro es el primero de una serie de libros sobre educación con una finalidad práctica, ayudar a educar. El método pedagógico que se propone une la sabiduría educativa de la humanidad con los últimos descubrimientos en neurociencia o en psicología evolutiva. Los libros tienen una parte expositiva, en papel, y una ampliación científica, histórica, documental, en la red.

En este vídeo José Antonio Marina explica que somos lo que somos más nuestras posibilidades y cómo los métodos educativos tradicionales están obsoletos.

Desde 2miradas nos damos perfecta cuenta que debemos trabajar los talentos humanos para ser más felices. Es un pilar fundamental de nuestra razón de ser como empresa donde tenemos muy presentes los procesos de aprendizaje.

Por eso, en nuestro equipo, no cesamos de buscar nuevos horizontes de saber e impartir cursos o formaciones donde ayudamos a nuestros alumnos a fortalecer sus mecanismos cerebrales desde las dos miradas: la interna y la externa. Por ejemplo, en la mirada interna, hacia nosotros mismos, utilizamos herramientas que nos ayudan a visualizar de forma clara y rápida nuestros intereses o pasiones; esto nos ayuda a tomar decisiones sostenibles y que no nos perjudiquen. Desde la mirada externa, hacia fuera y en relación a nosotros con el resto de individuos, trabajamos el liderazgo y la gestión de equipos para alcanzar logros comunes con pasión y decisión.  

Desde 2miradas afirmamos que todos nos adaptamos y en esa adaptación o aprendizaje, cambiamos. Sin embargo, debemos conocer cómo afectan esos cambios y si el rumbo nos lleva a la consecución de nuestros objetivos. Hay herramientas, lecturas y personas que pueden sustentar el desarrollo interno y externo de las personas y su entorno.   

Tomar conciencia de que estamos permanentemente cambiando y adquiriendo competencias es fundamental para tomar el control de nuestras vidas. En nuestro blog tenemos muchos artículos sobre aprendizaje que puedes usar de guía  inicial. También puedes contactar con nosotros para lograr alcanzar con pasión el éxito genuino: ¡Bienvenido a tu zona de aprendizaje!

 

Se valiente, atrévete.

 

 

Querido compañero,

¿Conoces cómo se desarrolla un proceso de aprendizaje?

Proceso de aprendizaje

Hoy quiero compartir contigo las 4 fases de un proceso de aprendizaje y como siempre, para situarnos, veamos qué es el aprendizaje es el proceso a través del cual se adquieren o modifican habilidades, destrezasconocimientosconductas o valores como resultado del estudio, la experiencia, la instrucción, el razonamiento y la observación.

Y para empezar, te propongo ver un vídeo de cómo aprende nuestro cerebro:

 

Fue en 1970 cuando el psicólogo Noel Burch desarrolló un modelo de cuatro fases por las que pasamos para aprender cualquier habilidad. Conocer cada una de estas fases nos da la oportunidad de entender y aceptar que el aprendizaje de toda habilidad es un proceso largo y a veces, poco confortable. Las fases de un proceso de aprendizaje en las que vamos mejorando nuestros resultados hasta conseguir nuestro nuevo reto son:

 1.      II: Inconsciente incompetente. No sé, lo que no sé.

Sería la primera fase del aprendizaje, fase en la que no somos conscientes de que no sabemos cómo hacer algo correctamente y normalmente esto se debe a que, hasta ese momento, no hemos necesitado dedicar tiempo, ni esfuerzo a aprender cómo llevar a cabo esa tarea. 

Un ejemplo sería que tu jefe te indica que quiere que asciendas al nuevo puesto disponible en la empresa y para ello tienes que hablar inglés.

Hasta ese momento has oído hablar inglés a algunos compañeros y amigos, has escuchado alguna canción o algún programa en la televisión… pero tú nunca lo has practicado, ni has ido a ninguna clase para aprenderlo porque no lo has necesitado.

 2.      CI: Consciente Incompetencia. Ahora sé, lo que no sé.

En esta etapa comenzamos a tener consciencia de lo nuevo que queremos acometer y es entonces, cuando empezamos a fijarnos a los detalles de esta nueva actividad o reto.

Es en esta fase cuando muchas personas abandonan, porque es cuando nos sentimos más vulnerables al descubrir todo lo que nos queda por aprender.

Siguiendo el ejemplo anterior esta fase se daría cuando tu jefe te hace esta propuesta y tú la aceptas. En este momento sabes que eres incompetente en esta actividad, aunque eres consciente del interés que esta nueva actividad comienza a suscitar en ti.

 3.      CC: Consciente Competente. Sé, lo que sé.

En esta tercera fase, nos damos cuenta de que ya sabemos buena parte de lo que supone el conocimiento, las habilidades y conductas que requería la nueva actividad o reto. Ya comenzamos a tener la destreza en su funcionamiento.

En esta etapa del proceso de aprendizaje, ya logramos realizar la tarea o actividad, aunque no la tenemos aún interiorizada, ni somos expertos.

De hecho, a menudo nos suele pasar que descubrimos algo que no sabemos hacer de la actividad o reto y volvemos a la fase anterior: fase 2.

Muchos procesos de aprendizaje suceden pasando de la fase 2 a la fase 3 en numerosas ocasiones y nos vamos haciendo cada vez más hábiles, hasta que un día llegamos a olvidarnos de lo que conocemos y en este momento ya entraríamos en la fase 4.

En nuestro ejemplo que estamos desarrollando sería la fase en la que ya sabríamos leer, escribir y mantener una conversación en inglés, con cierta soltura en el ámbito en el que te requería tu jefe.

Aprender

 4.      IC: Inconsciente Competente. No sé, que lo sé.

Hay personas que dicen que en esta fase estamos en modo “flow” y que fluimos.

Para llegar a esta fase es vital el haber practicado la actividad una y otra vez, hasta haber memorizado todos los detalles de la misma. En esta fase, el uso, el hábito, la práctica, la incorporación e integración del conocimiento o tarea, se automatiza.  Dejamos de ser conscientes que estamos haciendo cada paso de la tarea y simplemente nos sale. La hemos aprehendido.

En nuestro ejemplo, se daría cuando eres capaz, sin pensar y sin darme cuenta, te sale de igual forma hablar en inglés que en tu idioma materno, cuando no tienes que pensar en traducir y ni siquiera pensar que estás hablando en inglés. Simplemente hablas automáticamente inglés.

Tenemos muchas actividades que desarrollamos en la fase 4, por ejemplo si ya llevas tiempo conduciendo, seguro que muchas veces llegas a tu trabajo, sin darte cuenta, porque vas pensando en otras muchas cosas o te mudas de casa o trabajo y te pasa que vuelves a hacer el recorrido y sin darte cuenta, llegas a tu antigua dirección.

Éste sería el proceso para adquirir competencias y, como podemos observar, hasta que no nos hacemos conscientes de la necesidad, bien por nosotros mismos o bien porque así nos lo requieran, no vamos a poner en marcha nuestro proceso de aprendizaje, ni nuestra disposición ante él.

Y esto no es sólo para el aprendizaje de uno mismo, sino que se puede extrapolar a la capacidad de transformación e innovación de las empresas, como nos explica José Vicente García Manjón en su artículo.

¿Qué vas a hacer para seguir aprendiendo cada día?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso y que te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

Solo porque te has sentido vulnerable, te has hecho fuerte. Solo porque has visto tu debilidad sabes lo que significa superarse. Hasta en las historias y las películas el héroe/la heroína es una persona normal que acaba desarrollando una habilidad o haciendo algo que otros no se atreven, que se esfuerza, que actúa y se encamina a sus sueños u objetivos, normalmente por el bien común.

Hoy incluso desde Harvard nos explican que el líder no tiene que ser perfecto, que puede mostrar su vulnerabilidad, hablar de sus miedos o de la ansiedad que le producen los acontecimientos. Y hacerlo le permite desarrollar una mayor confianza, flexibilidad y apertura mental. Ya no tiene que saberlo todo, sino que su objetivo es crear un equipo que sepa resolver las situaciones y los conflictos juntos. El líder ha de crear líderes que hagan crecer las empresas, y nada mejor que facilitándoles la posibilidad de pensar.

Si el líder lo sabe todo, las cosas se harán como dictamine el líder, sin posibilidad de cambio o mejora, con una sola visión, con una sola opción, yendo por un camino marcado ajeno a posibles mejoras que aportarían otras perspectivas.

¿Un líder que expresa sus emociones?

Cuando el líder muestra sus dudas sobre el futuro, los que escuchan comienzan a pensar en cómo podría ser ese futuro. Cuando el líder se enfada porque alguien ha cruzado un límite, el equipo entiende que se deben mantener unas reglas comunes para todos, unos valores y la identidad de la empresa u organización, y comienza a pensar en cómo actuar sin cruzar los límites o en cómo flexibilizar esos límites si fuese necesario.

Cuando el líder se alegra por el trabajo realizado por el equipo, les reconoce y reconforta, los anima a seguir haciendo un buen trabajo. Cuando el líder se entristece porque no se han obtenido los resultados esperados, al igual que lo siente el equipo, se dan cuenta que el líder es realista, que no vive ajeno a lo que ellos hacen y, sobre todo, le permite al líder evaluar si los objetivos marcados eran los adecuados o si han de revisarlos juntos. Si eran asequibles, entonces podrán pensar en cómo tratar de conseguirlos la siguiente vez.

Además, cuando una persona pide ayuda, como seres humanos nos disponemos a tratar de hacer lo que esté en nuestra mano de una mejor gana que si nos imponen o nos expresan la directriz de forma ruda y dictatorial. Por eso, el líder que pide ayuda a su equipo para hacer un buen trabajo día a día, para salir adelante, expresándoles el fin que se desea obtener (mejor cuando se hace ver que es un fin común del que todos son partícipes), tendrá a su equipo más dispuesto a lograrlo

¿Qué tiene que ver el dar al equipo la capacidad de pensar con expresar emociones?

La expresión de las emociones del líder ha de ser previamente regulada. Es necesario el desarrollo de la inteligencia emocional de líder.  Un buen líder es aquel que maneja bien sus emociones, que sabe autogestionarse, sabe reconocer la emocionalidad del equipo e influir adecuadamente para canalizarla hacia un mayor bienestar que repercutirá en productividad. Para ello, ha de comenzar por uno mismo y saber reconocer sus emociones, preguntándose ¿qué siente?

Una vez que toma consciencia de las emociones que vive, si están impidiéndole manejar la situación de una forma adecuada habrá de gestionarlas. La influencia de las emociones del líder sobre el equipo es enorme, hasta el punto de que las personas que lo componen quieran acercarse, confíen o admiren a su líder, o, todo lo contrario.

Cuando comience a saber cómo funcionan las emociones en él/ella, podrá descubrirlas más fácilmente en los demás, en su equipo. Cuando comience a practicar técnicas de gestión emocional y vea qué le funciona, podrá aplicarlas con el equipo, ayudarles a expresarlas de forma más adecuada e incluso, saber cómo actuar cuando algún miembro del equipo se desborde.

Espacios seguros en el trabajo para una buena salud mental

Dado que hoy la salud mental es fundamental también laboralmente, esta tarea del líder emocionalmente inteligente se hace cada vez más importante. Y como ejemplo que es para su equipo, será el primero en crear espacios en los que se permita la expresión de las emociones sin dejar que esa comunicación sea tóxica para los compañeros. Velará por el bienestar emocional del equipo.

Si hemos de tener cuidado con las emociones es porque pueden llegar a causar estrés y enfermedades. No queremos personas enfermas en nuestro equipo, no queremos que estén de baja y mucho menos que acaben yéndose de nuestro lado porque no hayamos sabido cuidar de ellos. Siempre partiendo de la premisa de que queremos a nuestro equipo, que cada persona está ahí porque ha sido “la elegida” en cada caso y porque esa persona también ha querido estar en ese puesto con nosotros.

La importancia de la capacitación emocional

Expresar emociones es necesario, hacerlo de la forma más adecuada también y muy especialmente cuando hablamos de emociones desagradables como la irá, el miedo o la tristeza. Por cuestiones principalmente culturales, parece que un líder no puede enfadarse porque parecería agresivo y tampoco puede mostrar su vulnerabilidad porque parecerá pasivo, incapaz o débil.

Sin embargo, reconocer que no sabes es un acto de valentía. Reconocer que te has equivocado es humildad. Reconocer que no puedes, da pie a que te ayude quien sí pueda o a conseguir los recursos necesarios. Reconocer que no tienes fuerzas para hacerlo solo, es una invitación para quien quiera sumarse. Reconocer que no sabe todo, o que no tiene la certeza del futuro próximo, le pone en una disposición de aprendizaje y de escucha para descubrir o crear junto con su equipo mejores respuestas o soluciones, de forma que las decisiones no provengan de una sola mente pensante sino de la suma de las capacidades de todo el equipo.

Así que, ahora que sabes algunos de los beneficios de mostrar tus dificultades, ¿qué vas a comenzar a hacer? Capacítate en inteligencia emocional, comienza por ti, no tienes que ser el líder para promoverlo, puedes comenzar en tu ámbito personal. Y si eres el líder, trata de ser ese héroe normal que se propone hacer algo diferente, como expresar sus emociones y su vulnerabilidad para conseguir ser el mejor líder del mundo.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Estamos todo el día dando nuestra opinión y nuestra versión de la realidad. Nuestro cerebro suele etiquetar lo que ocurre, diferenciando entre si está bien o si está mal, si está de acuerdo o no, si le gusta o disgusta. Y como para gustos son los colores, cada uno tendremos nuestra propia versión de los hechos según los hayamos interpretado.

Cada persona puede tener su opinión, sin embargo, cuando se la contamos a alguien y esa opinión es sobre su trabajo, su persona, su comportamiento, su conocimiento, habilidad o actitud, empezamos a tocar fibras sensibles con las que ya no estamos tan conformes y podemos llegar a herir a las personas que nos rodean.

Dicen que una crítica es un regalo porque cuando la crítica es constructiva o positiva, como os compartía en el artículo sobre feedback y cómo darlo teniendo en cuenta los dos hemisferios cerebrales, cuando tenemos en cuenta a la persona y también los hechos, concretando y a la vez acompañando, entonces esa crítica sí que nos va a ayudar a crecer.

Sin embargo, es frecuente que aun cuando nos dan un feedback con cariño y de una forma objetiva, nos lo tomamos mal, entramos en justificaciones, rechazo hacia la persona que nos lo ha dicho, nos incomodamos, procrastinamos eso que nos piden porque nos han hecho ver que no lo hacemos bien.

Diferentes personas, diferentes reacciones a la crítica

¿Por qué nos duele tanto?Es cierto que hay personas que parece que les resbalan las críticas o que incluso hacen una gracia cuando la reciben o se ríen o hacen burla. No siempre ese comportamiento significa que no tengan en cuenta lo que se les está diciendo, sino que puede que no quieran tocar su propio dolor por la crítica recibida y lo utilizan como mecanismo de defensa para huir del malestar que les causa si lo toman en serio.

Otras personas cuando reciben la crítica siguen con su modo de actuación de siempre, como si no les hubieras dicho nada, igual que si les das un vaso de agua: inocuo. Parece que no han escuchado nada de lo que les has dicho. Este comportamiento puede venir por evitar entrar en conflicto, o por no desgastarse para cambiar la forma de actuar o para no comenzar con justificaciones que no llevan a ningún lado, incluso por eludir el esfuerzo de corregir algún comportamiento, una rutina, un trabajo…

También, por tipo de personalidad, les puede costar aceptar una crítica a las personas que viven la corrección de lo que sea de su vida como un fallo personal porque son perfeccionistas y autoexigentes. No pueden fallar porque el error les hace sentir vulnerables, pequeñitos, que no saben algo que deberían saber, aunque lo demás esté todo bien, se van a fijar en el “pero”, y eso cuesta. Lo han hecho mal. Incluso pueden entrar en una inquietud como la que vivían cuando eran pequeños y les regañaban. ¿Te has encontrado con personas que parece que no se les puede decir nada?

También hay personas muy sensibles a las críticas, personas que se sienten insuficientes: insuficientemente buenas, insuficientemente valiosas, insuficientemente queridas, insuficientemente capaces... Cuando la autoestima está bajita nos ponemos menos en valor y que te digan que no haces las cosas bien solo es echar más leña al fuego.  

A veces, decir a alguien que “no se lo tome así” también es decirle que se lo está tomando de forma incorrecta, lo que es otro error por su parte, o así lo entiende. Además de que a nivel de inteligencia emocional estamos negándole su emoción, lo que tampoco ayuda.

¿Cómo cambiar esta reacción ante la crítica?

Es difícil de cambiar esa reacción que nos genera una crítica porque está en la personalidad de cada uno, aunque no es imposible. Se puede aprender a llevarlo mejor y por eso es importante el autoconocimiento.

Has de saber qué es lo que te hace sentir pequeño, por qué te está incomodando tanto esa crítica. ¿Es por quién te la hace? ¿Es porque tú eres el más crítico contigo mismo? ¿Es porque la crítica toca un tema delicado por un trauma anterior que no tienes bien curado? ¿Es por la forma en la que se ha dicho o por cuándo y delante de quién se dijo? ¿Es porque te comparas o minusvaloras? ¿Qué hay debajo de eso que te han dicho que te remueve?

Quédate solo con la frase que se ha dicho y analiza. Escúchate a ti a ver qué te estás diciendo sobre esa crítica. ¿Qué emociones te genera? Descubre las creencias que hay en ti sobre esa crítica y revisa cuánto de facilitadoras son para llevarla mejor. Atrévete a destapar la caja de los truenos para dejarlos salir y que la herida que te causa la crítica se cierre.

Estamos en continuo aprendizaje, una crítica puede ser muy buena para nuestro desarrollo, puede que ni nos hubiéramos dado cuenta y nos abra una luz que nos beneficie enormemente. Incluso puede que no haya nada que hacer con esa crítica porque no merece que le demos ni un momento de nuestra vida a pensarlo. Sin embargo, esa decisión solo la podrás hacer de forma sana desde tu seguridad personal y con humildad.

Toma las críticas como opiniones de los demás, que es lo que son. No tienes que estar de acuerdo con todas las opiniones, ¿verdad? Solo no dejes que te hundan, sino que te sirvan para apoyarte en ellas para ser tu mejor versión.

Toma cada crítica con cariño hacia ti, como un impulso de renovación. No todas se pueden resolver en 2 minutos, aunque siempre se puede hacer algo por mejorar cuando nos lo proponemos. Y me dirás, “ya, pero hay cosas que no están en mi mano, que no las puedo cambiar”. Es cierto que los hechos son, que si tienes una cicatriz en la cabeza no la vas a borrar, ni falta que hace. Lo que sí puedes trabajar es la forma de tomarte los comentarios sobre esa cicatriz, para sentirte mejor. Muchas veces el cambio está en aprender a llevarlo de otra manera, no en modificar el hecho en sí.

Otras veces, cuando el cambio está en tu mano, puede ser cuestión de tesón, dedicación, consciencia para cambiar un hábito o una forma de trabajar. Lo importante es querer. Te dejo el link al artículo sobre técnicas para aceptar mejor las críticas por si te ayuda. Y como no querrás hacer sentir a los demás como no te gusta sentirte a ti, te comparto también otro de nuestros artículos para que puedas hacer críticas constructivas.

Si te supera recibir críticas y te cuesta sobremanera manejarlas, pide ayuda. Como has visto es muy normal, no te avergüences ni tengas miedo, va con nuestra personalidad. Psicólogos, coaches y profesionales de la salud mental estamos ahí para ayudarte. Lo importante es que disfrutes de la vida, que trabajes por tu bienestar tanto personal como profesional, y lo que haya que aprender, ¡se aprende!

Después de lo que te he compartido, ¿qué vas a comenzar a hacer cuando recibas una crítica?

Te acompaño aprendiendo en el camino del crecimiento. Raquel Bonsfills

¿Bien o mal? Parece que estemos siempre juzgando lo que es correcto y lo que no lo es. Aún más en el trabajo donde por supuesto hemos de hacerlo todo a la perfección porque es lo que se espera de nosotros, ¿no? Aunque quizá hemos de preguntarnos: ¿Es correcto para quién? ¿Respecto de qué?

Hay muchas cuestiones que responder y reflexionar sobre este tema:

  • ¿Qué consideras un error?
  • ¿Qué haces respecto al error cometido por ti?
  • ¿Y si lo comete otra persona? ¿Cómo reaccionas?
  • ¿Permites el error o te muestras condescendiente por afecto a la persona que lo ha cometido?
  • ¿Y cuando no tienes apego a la persona que lo realizó?
  • ¿Te castigas, fustigas y te culpabilizas cuando sientes que has errado?
  • ¿Por qué?

Tus principios y creencias: la base sobre la que actúas

El sentimiento que nos genera un error y nuestra actuación al respecto está relacionada con nuestros valores, nuestra cultura, nuestra infancia, nuestra historia, nuestros aprendizajes y experiencias, en definitiva, nuestros principios y creencias para movernos por la vida.

Como cada uno tiene unas bases diferentes, podríamos esperar que lo que para una persona está bien, para otra puede ser deplorable. Sin embargo, no es casualidad que en general todos estemos de acuerdo sobre lo que entendemos por comportamientos aceptables y no aceptables, por ejemplo, en lo relacionado con la integridad física o moral, o con la educación y amabilidad o debido a las normas y leyes que dictaminan cuándo es inapropiada nuestra conducta en sociedad, aunque es cierto que una misma norma puede ser aceptada en una cultura y no aceptada en otra.

Desde niños hemos recibido numerosos “no”, “deja eso”, “así no” … siendo el “no” una de las palabras más repetidas por los padres de todas las generaciones ante el desconocimiento del mundo de los más pequeños. Ha sido la forma generalizada de hacernos entender qué estaba bien y qué no.

Como lo aprendimos de pequeños, tenemos automatizado el poner el foco en lo que está mal. Nos es muy fácil detectar el error, incluso pensar que algo va a salir mal, oler la catástrofe, verla venir, hasta desarrollar un sexto sentido sobre las capacidades de las personas que han de realizar ciertas tareas.

También, gracias al desarrollo de nuestro cerebro, hemos aprendido a etiquetar (“sucio”, “roto”, “falta de respeto”) y, por otra parte, a encontrar explicaciones a los “malos comportamientos” dentro de un contexto (estaba enfadada y por eso reaccionó así, estaba cansado y ya no se aguantaba ni él, es exigente consigo mismo y con los demás también, nunca habla de sentimientos y por eso no sabe expresar cuánto te quiere).

¿Qué pasa cuando el error ocurre en el trabajo?

Lo que ocurre cuando el error se comete en el trabajo es que también nuestros compañeros y nuestros jefes, al igual que nosotros, tenemos esa habilidad para detectar el error. No es una excepción.

Salvo que no te guste nada tu trabajo y estés ahí por estar, con lo que tu efectividad y productividad baja, llevándote a cometer más errores que te podrían dar más igual (aunque en mi opinión eso no lo justificaría), en general, nos molesta que nos hagan ver el error, por vergüenza, por baja autoestima, porque muchas veces no hemos sido ni conscientes de haberlo cometido, porque nos dejan en evidencia si lo plantean delante de otras personas y esto ocurre, porque nuestro cerebro y nosotros como seres humanos, estamos diseñados para hacer lo mejor que sabemos con la información que poseemos en cada momento.

Esto me lleva a dos reflexiones más:

  1. Aprender para tener más opciones y poder hacerlo mejor. Elegir la mejora continua.
  2. Canalizar lo que me supone haber cometido el error para no salpicar a nadie, ni que se quede estancado en mi memoria, impidiéndome avanzar.

El aprendizaje en cualquier caso es: Se puede hacer de otra manera.

Sí, tenemos la tendencia a detectar el error, así que cuando lo detectamos es cuando hemos de plantearnos qué vamos a hacer.

 Cuando el error es mío

Cuando el error es mío, las opciones que tengo para avanzar son:

  • Reconocerlo. Tirar balones fuera no te hará responsabilizarte. No todo es por culpa de los demás. Seguro que tu intervención o no intervención ha influido. Te recomiendo eliminar las excusas y aprender a ver cuál ha sido tu papel en lo ocurrido.
  • Disculparte. Pedir perdón a quien corresponda es necesario como parte de asumir esa responsabilidad y hacer notar que te has dado cuenta del error.
  • Poner soluciones. Vale, la has liado. Ahora toca arreglarlo. Lo que esté en tu mano por pequeño que sea, merece la pena. Dejarlo correr a ver si se olvida no siempre da resultado. Si no, prueba. Aunque luego no esperes que, si un día permitiste algo, cuando quieras que no vuelva a pasar y pongas el límite, se entienda. Mejor piensa cómo puedes compensar por error.
  • Perdonarte. No eres perfecto, lo siento.  Ni tú ni nadie. No sabes todo, porque el conocimiento es infinito, ni tienes todas las respuestas, ni puedes estar omnipresente. Llegas a lo que llegas. Y siempre que pongas lo mejor de ti en cada acción, entonces, no habrá reproche. Por eso, no seas tan duro contigo mismo. Cógete con cariño.
  • Aprender. Lo peor es que todo ser humano tropieza dos veces en la misma piedra en algún momento. Y si es algo que has de aprender, la vida te lo presentará en diferentes versiones hasta que lo aprendas. Cuanto antes, ¡mejor! ¿Cómo lo vas a corregir, compensar, hacer mejor la próxima vez? ¿Qué vas a hacer para que no vuelva a ocurrir?

Cuando el error es de otra persona

¿Qué opciones tengo cuando el error es de otra persona?

  • Si has detectado el error será porque ya lo has reconocido. Sin embargo, antes de juzgar a nadie, averigua de quién es la responsabilidad del error. Asegúrate que la responsabilidad es de esa persona y no de otra, y revisa en qué medida es una responsabilidad compartida por varios individuos. Los errores no siempre son de una sola persona, pueden ser un cúmulo de decisiones y acciones que han acabado por tener un resultado poco acertado.
  • Separa el hecho de la persona. El error es el error y quien lo cometió es la persona. Podemos corregir errores, podemos pedir explicaciones, podemos tomar medidas para reconducir situaciones. No podemos cambiar a las personas, no podemos hablar por ellas, no podemos obligarlas a sentirse de una forma determinada. Por eso, no entraremos a cuestionar a la persona sino al error, que sí es algo que podemos manejar.
  • No lo señales en público. Puede que hacer que sienta vergüenza sea un reactivo para que una persona cambie de actitud. Sin embargo, los estudios demuestran que es más efectivo si haces tu comentario sobre el error a esa persona en privado, mejor que en público. Y si periódicamente tienes reuniones, charlas, con esa persona, la fluidez de la comunicación te facilitará el poder poner sobre la mesa temas delicados, buscando que la persona no se muestre reactiva sino en disposición de escucha. Esto puedes realizarlo tanto si eres el jefe como si es al jefe al que quieres compartirle algo que no te ha gustado o que crees que ha sido un error por su parte.
  • Permite el aprendizaje. Si es importante para ti que las cosas salgan bien, habrás de dejar tiempo para que la otra persona aprenda a hacerlo bien. Es un proceso, no creas que lo va a hacer bien a la primera. ¡Ten paciencia! Si no sabe, y tú sí, puedes enseñarle; y si no sabes o no puedes, o no quieres, puedes recomendarle dónde formarse, tanto si es algo técnico como emocional.

La ventaja hoy sobre el error es que hasta en las entrevistas de trabajo te preguntarán qué error has cometido en tu vida, cómo lo has manejado y qué has aprendido de ello.

¿Por qué se pone en valor el error? Precisamente porque nos cuesta aceptarlo, y hacerlo denota nuestra humildad y humanidad, unos valores en alza. También porque superarlo y hacer algo al respecto requiere de valentía, iniciativa, determinación y afán de superación. Además de la capacidad de aprendizaje tan importante hoy.

Por eso, porque todos cometemos errores, porque los vamos a cometer antes o después y porque es posible hacer algo al respecto, aunque sea aprendiendo a gestionar el sentimiento de culpa que puedas tener, revisa tus errores, responsabilízate, toma acciones para no volver a caer en ellos, cuida cómo planteas a los demás los errores que ves en sus actuaciones, siempre con respeto y cariño, y no olvides que son personas igual que tú y que recibirán el error de forma similar. Así que, no hagas lo que no te gustaría que te hiciesen a ti y trata de dar lo que te gustaría recibir.

Ahora que sabes todo esto, ¿qué vas a hacer mejor para manejar los errores que sucedan en tu vida?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

20 septiembre, 2022

El feedback no es algo solo de los jefes o de los directores, ni siquiera tiene su uso exclusivo el área empresarial. El feedback, en realidad, forma parte del proceso de comunicación y ayuda a que podamos tener una conversación acerca de un tema en concreto.

Ya te he hablado de feedback o retroalimentación, de cómo darlo (para lo que te compartí cinco técnicas diferentes de dar feedback) y te he contado que siempre es mucho mejor si lo haces constructivo.

Sin embargo, solemos asociar el feedback a dar malas noticias, a evaluaciones negativas o a exponer aspectos a corregir, mientras que cuando hablamos de buenas noticias, de evaluaciones positivas o a exponer aspectos a potenciar hablamos de reconocimiento.

¿Necesitamos dos palabras diferentes para poder mantener una conversación con otra persona en la que comentar tanto matices positivos como aquellos que haya que mejorar? La respuesta es No.

Cuando hablamos de feedback, en realidad podemos incorporar en una misma conversación lo más destacable, los datos que tenemos sean buenos o malos, las sensaciones o emociones que nos generan, lo que se va a hacer al respecto e incluso, se pueden generar ideas nuevas y alternativas muy creativas…

Conoce tu cerebro para dar el mejor feedback

Necesitamos prepararnos: conseguir dar un feedback completo como el que te comento no lo podemos hacer si cuando nos disponemos a ello no tenemos en cuenta todas las variables, porque resulta que no todas las personas nos fijamos en lo mismo, o nos importan los mismos detalles.

Nuestro cerebro en esto tiene mucho que ver. Como ya te compartimos cuando hablamos del cerebro y de sus habilidades, el cerebro está compuesto, entre otros, por un par de sistemas operativos, los hemisferios que tienen la destreza de basarse en aspectos diferentes obviando el resto.

Si eres una persona que suele utilizar más el hemisferio izquierdo, es probable que bases tu feedback en:

  • Dar datos.
  • En la atención de los detalles.
  • Comparar los objetivos con los resultados.
  • Separar lo interno de lo externo.
  • Poner límites.
  • Medir, calcular, clasificar o fabricar paso a paso.
  • Ir a lo práctico y útil.
  • Ofrecer o valorar la seguridad y el control.
  • Te centres en temas concretos diferenciando unos de otros. “Vamos por partes”.
  • Te expreses sin afección emocional al respecto, manteniendo la distancia entre el otro y tú.
  • Usar las palabras adecuadas.
  • De una forma más analítica enfocada al logro, descriptiva y conceptualizada.
  • Es fácil que juzgues o etiquetes para poder dar comprensión a esos datos.
  • Que polarices la situación.
  • Y puede que te olvides que lo que has comentado forma parte de un todo.

Si eres una persona que suele utilizar más el hemisferio derecho, es probable que bases tu feedback en:

  • Dar una imagen global, de conjunto.
  • Relacionar las diferentes partes entre sí.
  • Poner atención a lo que te ha llegado a través de los sentidos.
  • El lenguaje no verbal.
  • Expresar lo que emocionalmente genera.
  • Reconocer lo que es familiar o ha pasado más veces. Tirar de memoria y recuerdos.
  • Mostrar empatía y compasión.
  • Ver el sentido más profundo del asunto, la trascendencia.
  • Fomentar la relación y los vínculos afectivos.
  • Buscar la cooperación y la integración.
  • Comentar el crecimiento, la mejora y la evolución de la persona.
  • Enfocarte en cómo adaptarte a la situación dada o imaginada.
  • Diseñar alternativas con creatividad y e incluso dibujando, haciéndolo de una forma poco común.
  • Ofrecer serenidad ante una situación compleja o estresante.
  • Actuar a pesar del cansancio, con eficacia y eficiencia.
  • Aprender de la forma más rápida.

Como puedes darte cuenta, si te quedas solo ofreciendo feedback desde uno de los hemisferios, te puedes perder aspectos esenciales, importantes para ti y para el otro interlocutor. La relación es tan importante como la información. Ninguno de los dos hemisferios es mejor que el otro, de ahí que la conexión de ambos cerebros nos dé siempre una visión más completa.

Por eso, en lugar de quedarte con que las cosas son blancas o negras, que diría nuestro hemisferio izquierdo, deja que el hemisferio derecho te dé profundidad y color sobre el tema en cuestión. En lugar de centrarte en un detalle concreto que haría el hemisferio izquierdo, valora el conjunto como hace el hemisferio derecho. Y al revés, a veces no sirven las generalidades, como podría plantear el hemisferio derecho, has de concretar y centrar el foco y la energía.

Por eso, para dar un feedback en que tengamos en cuenta tanto los aspectos concretos de mejora, como los ideales a alcanzar, hemos de utilizar ambos hemisferios. Si queremos que el feedback no sea brusco y frío, es necesario darlo teniendo en cuenta que hay una persona delante, que tiene sentimientos y capacidad de aprendizaje, permitiendo que el hemisferio derecho haga su trabajo.

Hemos de sumar matices y aplicar las mejores interconexiones entre nuestros hemisferios cerebrales para dar el mejor feedback y reconocimiento.

Y ahora que lo sabes, ¿qué vas a comenzar a hacer para ser un gran conversador y dar el mejor feedback posible? Tú puedes, cuentas con lo esencial, un cerebro completo. Utiliza toda su capacidad y saldrás ganando.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Querido compañero,

¿Cómo te relacionas con los demás? ¿Te gustaría mejorar la forma en que te relacionas?  

Seguramente que este verano has tenido que relacionarte con personas conocidas o con gente nueva con la que has tenido que mantener una buena relación. ¿Qué has hecho para no generar conflictos o saberlos bandear? ¿Qué has hecho para relacionarte mejor? En este artículo voy a hablarte sobre la importancia de saber relacionarnos con los demás y te voy a dar algunas claves de cómo lograrlo.

¿Para qué saber relacionarte con los demás?

Una buena relación con los demás genera un sentimiento de satisfacción interna en las interactuaciones con las demás personas. Para 2miradas saber relacionarse con los demás conlleva: comprender, valorar y respetar los sentimientos y emociones de los otros.

Además, llevarte bien con una persona supone que ambas se sientan más motivadas, felices y plenas. Está demostrado que mantener buenas relaciones sociales también mejora la salud, reduce el estrés, retrasa el envejecimiento, facilita la resolución de los problemas, alarga la vida…

Claves para generar mejores relaciones personales

Todos sabemos que las relaciones personales no son fáciles. Algunos no logran mantenerlas por su timidez, otros porque en su entorno familiar no han disfrutado de buenas relaciones… De hecho, saber interactuar adecuadamente con los otros es un aprendizaje y se puede lograr desarrollando habilidades, con esfuerzo y dedicación.

Me gustaría compartirte algunas claves que he practicado conscientemente este verano para generar mejores relaciones con los demás que te pueden ayudar:

  • Comparte tu tiempo. Siendo el tiempo uno de los recursos más importantes para un ser humano, resulta un regalo querer compartirlo con los demás.
  • Acepta a las personas tal y como son. Aceptar a los demás como son implica comprender que, si algo en ellos no nos gusta, el trabajo hemos de hacerlo con nosotros mismos.
  • Aprende a iniciar conversaciones. Es más fácil tener una idea más precisa de alguien cuando comienzas a conversar. ¿Qué preguntas se te ocurren que puedes realizar para iniciar una conversación? Puedes preguntar algo sobre el entorno en el que os encontráis, sus intereses… y siempre ¡en positivo!
  • Perdona las acciones del otro. Si deseas llevarte bien con el otro en el futuro, deberás dejar atrás el resentimiento y practicar la compasión hacia esa persona. Desarrolla la empatía, como habilidad para percibir y relacionarte con los sentimientos y necesidades de ella, sin culpar, ni ordenar, ni juzgar.
  • No siempre hay que hacer lo mismo. Parte de llevarte bien con alguien implica respetar que el otro quiera hacer algo con lo que no confluyes, entendiendo que eso funciona para él.
  • No confrontes todos los desacuerdos que surjan. Llevarse bien no se trata de ganar una pelea, o incluso comunicar cada opinión que tengas. Una persona puede mantener una opinión distinta a la tuya y no es necesario entrar en discusión por cada opinión que sea diferente.
  • Reflexiona cuando te den un punto de vista diferente. No respondas lo primero que te llegue a tu mente. Para y reflexiona antes de contestar. ¿Cómo crees que se siente el otro? ¿Desde dónde lo está expresando? Cada persona tiene su historia y seguro que no coincide con la tuya. Escúchala, porque con su versión abres tú también tu mente.
  • Escucha activamente. Para practicar esta escucha, entre otras cosas, puedes: hacer preguntas al hilo de la conversación, mostrando que te interesa lo que la otra persona está comentando; o explicar cualquier cosa que no haya quedado clara; o darle tiempo a la otra persona para hablar de sus problemas, sus sentimientos, o cualquier tema que lo esté agobiando; o también, puedes parafrasear los mensajes del interlocutor y devolvérselos para su verificación.
  • Sonríe. Se ha comprobado en numerosas investigaciones que las personas tienen mucha más confianza para acercarse a alguien que sonríe que a alguien que no lo hace.

Todas estas claves podrían resumirse en una, trata como te gustaría que te trataran. No hay nada más valioso que este axioma para construir buenas relaciones.

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para generar mejores relaciones?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

Querido compañero,

¿Disfrutas con tu vida? ¿Sientes que fluyes o, por el contrario, sientes que vas contra corriente?  

Hoy quiero hablarte de la importancia de disfrutar y fluir con la vida para ser más feliz.

¿Qué es fluir?

Fluir con la vida es encontrar la mezcla perfecta entre disfrutar y tener retos. El doctor en psicología, Mihaly Csikszentmihalyi, formuló la teoría del flow o teoría de la experiencia óptima en 1975.

El Flow o Experiencia Óptima es un “estado en el que la persona se encuentra completamente absorta en una actividad para su propio placer y disfrute, durante la cual el tiempo vuela y las acciones, pensamientos y movimientos se suceden unas a otras sin pausa”.

El nombre de la teoría del flow se debe a que, durante las entrevistas y terapias de este psicólogo, sus pacientes describían estas experiencias utilizando la metáfora de una corriente de agua que los llevaba hacia adelante. Estás haciendo algo que realmente te apetece con tu atención puesta solamente en ese hacer.

Claves para fluir en tu vida

Existen unas claves a tener en cuenta para que las experiencias que vivas sean óptimas y puedas fluir, algunas de las cuales son:

  • Determina tu/s objetivo/s a cumplir. Cuando sabemos lo que queremos, está ya demostrado que el universo te facilita el camino y la información que necesitas para lograrlo o para abandonar cuando no sea lo mejor para ti. Aunque has de saber que los obstáculos están para que se queden atrás aquellos que no lo desean realmente.
  • Ten paciencia y vive más despacio. Reserva tiempo para ti mismo. De esta manera, vamos a prestar más atención en escucharnos y vamos a dedicar más tiempo a observarnos, conocernos y hacer aquello que realmente queremos hacer.
  • Escoge la esperanza en lugar del miedo. Aunque el miedo tenga más argumentos, elige siempre la esperanza, hazlo por ti, busca siempre el modo de vencer lo que pueda detener tu progreso.
  • Elimina el ruido de tu vida y de tu mente. Practica el acallar tu mente, el meditar, el eliminar lo que no te sirve, te agota o no necesitas. De esta manera, te vas a quedar con lo importante, con lo que te causa bienestar o con lo que es valioso para ti.
  • Déjate llevar por tu intuición. Hoy en día, debido a la infoxicación que tenemos resulta muy difícil dejarnos llevar de nuestra propia guía interior, cuando, además, en muchas ocasiones, el mensaje nos llega de una manera complicada de entender. El universo habla con su lenguaje y es necesario conocerlo para fluir con él.
  • Disfruta del camino y no solo del resultado. Aprende a confiar que todo forma parte de nuestra evolución personal. Lo más interesante de un camino no es llegar al objetivo, sino lo que sucede al recorrerlo. En el transcurrir del viaje vas a vivir un disfrute y un aprendizaje incluso mayor que el que supones cuando te fijas llegar a un objetivo, y lo que piensas que experimentarás al lograrlo.

¿Qué otras claves conoces para lograr fluir en la vida?

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para fluir y disfrutar de la vida?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

Querido compañero,

¿Te sientes normalmente reconocido? ¿Qué sientes cuando te reconocen?  

Hoy quiero hablarte de la importancia del reconocimiento para continuar haciendo las tareas o lo que necesitas acometer de la mejor manera posible.

¿Qué es el reconocimiento?

El reconocimiento es clave para el desarrollo de un ser humano. Sin embargo, es necesario el practicar el autorreconocimiento para ponernos en valor.

En nuestra infancia nuestra familia debe ser el primer punto donde recibir reconocimiento, que nos ayudará en nuestra autoestima; es decir, en ir creciendo emocional y personalmente. Cuando nuestro entorno nos valora, vamos a crecer con más seguridad y menos miedos, confiando más en nosotros mismos.

Después, durante la adolescencia, la opinión del grupo gana fuerza y de adultos, si mis compañeros y jefes me aprecian por lo que hago y por lo que muestro, estaré utilizando ese reconocimiento también en pro de mi autoconcepto y autoestima.

En cambio, existen personas que lamentablemente conozco que han nacido en familias faltos de afecto, con cierto maltrato, así como invalidados emocionalmente. Lo que lleva a daños como el no sentirse merecedores de amor…

La importancia del refuerzo positivo

Es cierto que desde niños se nos dice que no hagamos tal o cual cosa. La palabra más repetida es el no. Y en muchos momentos se nos pasa por alto ir reflejando las cosas que hacemos bien.

Y es que está más que demostrado que cuando nos refuerzan en nuestras cualidades positivas, nos gusta ponerlas más veces en juego.

El cerebro actúa por dolor y por placer. Por dolor, huyendo de él. Si sabes que te van a regañar, tratarás de hacerlo bien para que no te regañen o evitarás encontrarte con quien te va a regañar, para no pasar un mal rato. Nos alejamos del dolor.

Mientras que, funcionando desde el placer, desde lo que me gusta lo que veo, me gusta lo que haces, me gusta cuando resuelves así… ¿nos acerca al otro? ¿querrá esta persona seguir recibiendo ese mensaje o alguno similar? Sí.

Sinceridad para un auténtico reconocimiento

Pero, ¡cuidado! los halagos o el reconocimiento que hagamos han de ser sinceros. Si no, tendrá el efecto opuesto. Perderá crédito. Si lo vas a decir porque lo sientes de verdad, dilo, si no, mejor no digas nada.

En España no tenemos la tendencia a hacer halagos, ni a felicitar por méritos. De hecho, el que mejor notas sacaba era el “empollón”, el que más trabaja y se deja la piel, “será que se cree que la empresa es suya…” Y no.  Es importante que empecemos a poner en valor a las personas, igual que nos gusta que nos pongan en valor a nosotros.

Los beneficios del reconocimiento

El reconocimiento nos va a ir acercando los unos a los otros, generando más confianza y más ganas de estar esforzándonos, porque se reconoce, se ve, se tiene en cuenta, se escucha y se valora.

De hecho, toda empresa necesita una rentabilidad y una productividad y esto se puede lograr teniendo un equipo de alto rendimiento. Una de las herramientas necesarias para lograr este tipo de equipos es el realizar por parte de los líderes un reconocimiento laboral.

Como líderes podemos participar en la gestión emocional de nuestros colaboradores promoviendo emociones positivas y una forma de lograrlo es a través del reconocimiento.

  • ¿Qué reconocer? Las mejoras que realizan en su día a día, el buen hacer, el esfuerzo y dedicación que realizan, su predisposición a aceptar nuevos cambios, el apoyo que hacen a sus compañeros, su interés al aprendizaje a la mejora continua…
  • ¿Cuándo reconocer? Es importante que el reconocimiento se realice en el momento que muestren  su buen hacer o su actitud o su generosidad frente al resto.
  • ¿Cómo reconocer? Un reconocimiento individual señalando lo que se valora de lo realizado o puede ser un reconocimiento grupal. No solo hay que decir lo malo, también lo bueno y desde luego, la indiferencia, el sentir que no se ve lo que haces es altamente desmotivador.

Reconocer ofreciendo una retribución económica es algo bastante usado sobre todo cuando se cumplen objetivos o cuando hay bonus por beneficios. También se pueden dar días libres, o permitir salir antes de la hora, invitar a tomar algo o a comer, con un obsequio, y también promocionando a una persona, dotándole de mayor autonomía o dándole más formación. E incluso una nota, donde conste lo orgulloso que estás de esa persona es como una caricia para nuestra alma.

¿De qué otras maneras reconoces a los demás?

Oscar Wilde dijo: “Sé tú mismo. El resto de papeles ya están cogidos”, y esto se logra cuando la búsqueda de reconocimiento la colocamos en su justa medida.

Después de lo que te acabo de compartir, ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para reconocer más a los demás? ¿Cómo te vas a reconocer a ti mismo?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García