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20 septiembre, 2022

El feedback no es algo solo de los jefes o de los directores, ni siquiera tiene su uso exclusivo el área empresarial. El feedback, en realidad, forma parte del proceso de comunicación y ayuda a que podamos tener una conversación acerca de un tema en concreto.

Ya te he hablado de feedback o retroalimentación, de cómo darlo (para lo que te compartí cinco técnicas diferentes de dar feedback) y te he contado que siempre es mucho mejor si lo haces constructivo.

Sin embargo, solemos asociar el feedback a dar malas noticias, a evaluaciones negativas o a exponer aspectos a corregir, mientras que cuando hablamos de buenas noticias, de evaluaciones positivas o a exponer aspectos a potenciar hablamos de reconocimiento.

¿Necesitamos dos palabras diferentes para poder mantener una conversación con otra persona en la que comentar tanto matices positivos como aquellos que haya que mejorar? La respuesta es No.

Cuando hablamos de feedback, en realidad podemos incorporar en una misma conversación lo más destacable, los datos que tenemos sean buenos o malos, las sensaciones o emociones que nos generan, lo que se va a hacer al respecto e incluso, se pueden generar ideas nuevas y alternativas muy creativas…

Conoce tu cerebro para dar el mejor feedback

Necesitamos prepararnos: conseguir dar un feedback completo como el que te comento no lo podemos hacer si cuando nos disponemos a ello no tenemos en cuenta todas las variables, porque resulta que no todas las personas nos fijamos en lo mismo, o nos importan los mismos detalles.

Nuestro cerebro en esto tiene mucho que ver. Como ya te compartimos cuando hablamos del cerebro y de sus habilidades, el cerebro está compuesto, entre otros, por un par de sistemas operativos, los hemisferios que tienen la destreza de basarse en aspectos diferentes obviando el resto.

Si eres una persona que suele utilizar más el hemisferio izquierdo, es probable que bases tu feedback en:

  • Dar datos.
  • En la atención de los detalles.
  • Comparar los objetivos con los resultados.
  • Separar lo interno de lo externo.
  • Poner límites.
  • Medir, calcular, clasificar o fabricar paso a paso.
  • Ir a lo práctico y útil.
  • Ofrecer o valorar la seguridad y el control.
  • Te centres en temas concretos diferenciando unos de otros. “Vamos por partes”.
  • Te expreses sin afección emocional al respecto, manteniendo la distancia entre el otro y tú.
  • Usar las palabras adecuadas.
  • De una forma más analítica enfocada al logro, descriptiva y conceptualizada.
  • Es fácil que juzgues o etiquetes para poder dar comprensión a esos datos.
  • Que polarices la situación.
  • Y puede que te olvides que lo que has comentado forma parte de un todo.

Si eres una persona que suele utilizar más el hemisferio derecho, es probable que bases tu feedback en:

  • Dar una imagen global, de conjunto.
  • Relacionar las diferentes partes entre sí.
  • Poner atención a lo que te ha llegado a través de los sentidos.
  • El lenguaje no verbal.
  • Expresar lo que emocionalmente genera.
  • Reconocer lo que es familiar o ha pasado más veces. Tirar de memoria y recuerdos.
  • Mostrar empatía y compasión.
  • Ver el sentido más profundo del asunto, la trascendencia.
  • Fomentar la relación y los vínculos afectivos.
  • Buscar la cooperación y la integración.
  • Comentar el crecimiento, la mejora y la evolución de la persona.
  • Enfocarte en cómo adaptarte a la situación dada o imaginada.
  • Diseñar alternativas con creatividad y e incluso dibujando, haciéndolo de una forma poco común.
  • Ofrecer serenidad ante una situación compleja o estresante.
  • Actuar a pesar del cansancio, con eficacia y eficiencia.
  • Aprender de la forma más rápida.

Como puedes darte cuenta, si te quedas solo ofreciendo feedback desde uno de los hemisferios, te puedes perder aspectos esenciales, importantes para ti y para el otro interlocutor. La relación es tan importante como la información. Ninguno de los dos hemisferios es mejor que el otro, de ahí que la conexión de ambos cerebros nos dé siempre una visión más completa.

Por eso, en lugar de quedarte con que las cosas son blancas o negras, que diría nuestro hemisferio izquierdo, deja que el hemisferio derecho te dé profundidad y color sobre el tema en cuestión. En lugar de centrarte en un detalle concreto que haría el hemisferio izquierdo, valora el conjunto como hace el hemisferio derecho. Y al revés, a veces no sirven las generalidades, como podría plantear el hemisferio derecho, has de concretar y centrar el foco y la energía.

Por eso, para dar un feedback en que tengamos en cuenta tanto los aspectos concretos de mejora, como los ideales a alcanzar, hemos de utilizar ambos hemisferios. Si queremos que el feedback no sea brusco y frío, es necesario darlo teniendo en cuenta que hay una persona delante, que tiene sentimientos y capacidad de aprendizaje, permitiendo que el hemisferio derecho haga su trabajo.

Hemos de sumar matices y aplicar las mejores interconexiones entre nuestros hemisferios cerebrales para dar el mejor feedback y reconocimiento.

Y ahora que lo sabes, ¿qué vas a comenzar a hacer para ser un gran conversador y dar el mejor feedback posible? Tú puedes, cuentas con lo esencial, un cerebro completo. Utiliza toda su capacidad y saldrás ganando.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Querido compañero,

¿Cómo te relacionas con los demás? ¿Te gustaría mejorar la forma en que te relacionas?  

Seguramente que este verano has tenido que relacionarte con personas conocidas o con gente nueva con la que has tenido que mantener una buena relación. ¿Qué has hecho para no generar conflictos o saberlos bandear? ¿Qué has hecho para relacionarte mejor? En este artículo voy a hablarte sobre la importancia de saber relacionarnos con los demás y te voy a dar algunas claves de cómo lograrlo.

¿Para qué saber relacionarte con los demás?

Una buena relación con los demás genera un sentimiento de satisfacción interna en las interactuaciones con las demás personas. Para 2miradas saber relacionarse con los demás conlleva: comprender, valorar y respetar los sentimientos y emociones de los otros.

Además, llevarte bien con una persona supone que ambas se sientan más motivadas, felices y plenas. Está demostrado que mantener buenas relaciones sociales también mejora la salud, reduce el estrés, retrasa el envejecimiento, facilita la resolución de los problemas, alarga la vida…

Claves para generar mejores relaciones personales

Todos sabemos que las relaciones personales no son fáciles. Algunos no logran mantenerlas por su timidez, otros porque en su entorno familiar no han disfrutado de buenas relaciones… De hecho, saber interactuar adecuadamente con los otros es un aprendizaje y se puede lograr desarrollando habilidades, con esfuerzo y dedicación.

Me gustaría compartirte algunas claves que he practicado conscientemente este verano para generar mejores relaciones con los demás que te pueden ayudar:

  • Comparte tu tiempo. Siendo el tiempo uno de los recursos más importantes para un ser humano, resulta un regalo querer compartirlo con los demás.
  • Acepta a las personas tal y como son. Aceptar a los demás como son implica comprender que, si algo en ellos no nos gusta, el trabajo hemos de hacerlo con nosotros mismos.
  • Aprende a iniciar conversaciones. Es más fácil tener una idea más precisa de alguien cuando comienzas a conversar. ¿Qué preguntas se te ocurren que puedes realizar para iniciar una conversación? Puedes preguntar algo sobre el entorno en el que os encontráis, sus intereses… y siempre ¡en positivo!
  • Perdona las acciones del otro. Si deseas llevarte bien con el otro en el futuro, deberás dejar atrás el resentimiento y practicar la compasión hacia esa persona. Desarrolla la empatía, como habilidad para percibir y relacionarte con los sentimientos y necesidades de ella, sin culpar, ni ordenar, ni juzgar.
  • No siempre hay que hacer lo mismo. Parte de llevarte bien con alguien implica respetar que el otro quiera hacer algo con lo que no confluyes, entendiendo que eso funciona para él.
  • No confrontes todos los desacuerdos que surjan. Llevarse bien no se trata de ganar una pelea, o incluso comunicar cada opinión que tengas. Una persona puede mantener una opinión distinta a la tuya y no es necesario entrar en discusión por cada opinión que sea diferente.
  • Reflexiona cuando te den un punto de vista diferente. No respondas lo primero que te llegue a tu mente. Para y reflexiona antes de contestar. ¿Cómo crees que se siente el otro? ¿Desde dónde lo está expresando? Cada persona tiene su historia y seguro que no coincide con la tuya. Escúchala, porque con su versión abres tú también tu mente.
  • Escucha activamente. Para practicar esta escucha, entre otras cosas, puedes: hacer preguntas al hilo de la conversación, mostrando que te interesa lo que la otra persona está comentando; o explicar cualquier cosa que no haya quedado clara; o darle tiempo a la otra persona para hablar de sus problemas, sus sentimientos, o cualquier tema que lo esté agobiando; o también, puedes parafrasear los mensajes del interlocutor y devolvérselos para su verificación.
  • Sonríe. Se ha comprobado en numerosas investigaciones que las personas tienen mucha más confianza para acercarse a alguien que sonríe que a alguien que no lo hace.

Todas estas claves podrían resumirse en una, trata como te gustaría que te trataran. No hay nada más valioso que este axioma para construir buenas relaciones.

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para generar mejores relaciones?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

Cada vez que miro Facebook o Instagram veo un montón de “me gustas” a diferentes publicaciones. Muchas de ellas están relacionadas con curiosidades, con temas que pueden sorprender, con fotos que atraen… y me doy cuenta de que muchas, pero muchas, están relacionadas de un modo u otro con el AMOR.

En unos casos, ensalzando el amor al prójimo con publicaciones como: una pareja de personas mayores apoyando la cabeza el uno en el otro o cogidos de la mano, amigos abrazándose… Otras, alabando el amor a los animales y es que nos gusta descubrir animales que hacen monerías porque nos dan ternura; o el amor a la naturaleza, al compartir parajes insólitos. También hay muchas publicaciones elogiando el amor a uno mismo, por ejemplo, con frases que nos animan al cuidado propio, y un largo etc.

¿Por qué? ¿Estamos faltos o necesitados de amor?

En nuestro blog os hemos hablado numerosas veces del amor, y me temo que no vamos a dejar de hacerlo porque, como dice el Dr. Mario Alonso Puig, “el amor tiene el poder de curar y la falta de él, tiene la capacidad de enfermar”.

Estudios de física cuántica también muestran la importancia del amor para afrontar la vida, porque el amor es un estado cuántico completo, que es espiritual e incondicional por definición. El amor nos une como seres vivos. Transciende las dimensiones del tiempo y del espacio porque podemos amar a alguien que está muy lejos y a lo largo de los años, ¿verdad?

Así que, de alguna forma, el amor nos conecta, pero eso, no sucede de la nada. Para que haya amor de verdad, ha de reconocerse tanto lo más bonito como lo más feo, lo que más nos gusta como lo que menos, de nosotros y de los demás. Digamos que para que haya amor es importante ver la realidad tal y como es, con todas sus facetas.

¿Acaso disimulas o niegas que te gustan las películas románticas? ¿Vas de fría o frío cuando ves la inocencia de un cachorro? ¿Piensas que una frase del tipo: “tú puedes más de lo que piensas” es una milonga? ¿Sueles evitar relacionarte con otros para que no dependas ni dependan de ti? ¿Prefieres no mirarte al espejo porque si te miras solo te sacas defectos? Todo eso también forma parte de ti. No has de juzgarlo, solo reconocerlo para amarte incondicionalmente.

Incondicional, así es como nació nuestro amor. Luego, al ir creciendo, empezamos a vivir situaciones en las que nos sentíamos queridos cuando hacíamos las cosas bien pero no tanto cuando nos salían mal. Nos miraban con amor cuando dábamos o nos anticipábamos a lo que el otro esperaba, cuando ganábamos, cuando sabíamos las respuestas, cuando éramos divertidos, cuando no dábamos problemas… y aprendimos a amar de forma condicionada.

Por eso, ver el amor incondicional en frases e imágenes nos resuena, nos recuerda aquello con lo que nacimos que en el fondo anhelamos recuperar.

Reconociendo el amor incondicional

Para recuperarlo, es necesario tomar conciencia y conocernos. ¿Cómo funciona en ti el amor? ¿Cómo amas? ¿Cómo te amas? ¿Qué amas? ¿Qué no juzgas? ¿Qué aceptas tal cuál es? Por ejemplo, saber que sueles perder tu bienestar por satisfacer a otra persona es importante para que aprendas a frenarlo, a ponerte límites que te hagan sopesar el hasta dónde conscientemente estás dispuesto a llegar para dar gusto al otro sin perder el darte gusto a ti u obtener un beneficio que te compense.

Otro ejemplo, si te das cuenta de que te pasas el tiempo queriendo que la otra persona sea de otra forma, entonces es que no aceptas que es así, y que en realidad quieres a otra persona distinta a la que tienes delante. Y piensa eso no solo en temas de pareja, sino de compañeros de trabajo, tu jefe o tu padre. No por eso has de dejar a tu pareja o jefe (o quizá sí), sino que tienes la oportunidad (siendo consciente) de aprender a quererle tal y como es.

El amor cuida de nosotros, de los demás y del mundo

Para cuidar de nosotros, para darnos cuenta de que esto o aquello nos sienta bien o, por el contrario, no es para nosotros hemos de parar, observarnos y atendernos desde el amor.

¿Escuchas a tu Pepito Grillo cuando te dice que mejor te alejes? Muchas veces tu bienestar y tu supervivencia depende de que tomes las decisiones adecuadas, quizá desde tu mente analítica o siguiendo un impulso, una fuerza inexplicable que te lleva. Lo importante es que en cada decisión estés alineado contigo, que la tomes desde tu autenticidad, fuera de que sea lo políticamente correcto o lo socialmente establecido. ¿Te tienes en cuenta en cada decisión que tomas? Pon amor siempre desde el respeto hacia ti y hacia los demás.

De igual forma cuidando la naturaleza y a los animales. ¿Te da igual que haya plásticos y latas por el campo? ¿Te hace gracia ver hacer perrerías a animales? El amor lleva a cuidar, no a dañar, agredir ni destruir. El amor lleva a mimo, a compasión, a embellecer, a solidaridad, a generosidad, a relacionarnos de una forma sana con lo que nos rodea, con una perspectiva en la que yo importo tanto como tú y viceversa. Es constructivo.

Al final, cuando miramos a través de los ojos del amor, vibramos en una frecuencia que nos hace que encajemos con quienes vibran en esas mismas frecuencias, que nos acoplemos con la tierra, con la naturaleza, con todo ser vivo, porque ni los animales ni las plantas tienen maldad.

El amor nos permite vivir en armonía con el mundo y hace que nos ocurran cosas buenas porque el Universo siempre busca nuestra supervivencia y crecimiento en equilibrio.

Así que, dejémonos impregnar por todo aquello que nos recuerda nuestro amor incondicional. Tratemos de poner límites al amor con condiciones que nos rodea, con consciencia para aprender a hacerlo mejor cada día y cuidémonos, también a lo que nos rodea, deseando lo mejor para todos los seres vivos, vibrando desde el AMOR.

Ahora que sabes esto, ¿qué vas a hacer para reconocer el amor en ti y el que das, te das y ofreces al mundo?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Querido compañero,

¿Cómo te tomas la crítica? ¿La crítica te ayuda o te daña?  

Hoy quiero hablarte de la importancia de la crítica y de saber ofrecerla para ayudar y no dañar.

Las dos caras de la crítica

Toda crítica puede ser constructiva o destructiva dependiendo de cómo y cuándo se dé o de cómo se interpreta lo que te dice el otro.

La vida nos expone continuamente a situaciones criticables y es importante la intención con la que se critica. Es necesario aprender a reconocerlas para rechazarlas o para aprovecharlas.

Según la RAE criticar tiene dos acepciones:

  1. Analizar pormenorizadamente algo y valorarlo según criterios propios, de la materia que se trate.
  2. Hablar mal de alguien o de algo, o señalar un defecto o unas tachas suyas.

La primera sería aportar una opinión personal sobre algo y la segunda sería dar una crítica destructiva.

Si la crítica es constructiva la intención es ayudar a resolver un problema o ayudar a una persona a mejorar, te aporta algo nuevo, te enriquece y te potencia. Es aquella que llama la atención sobre un aspecto que ignoramos o hemos pasado por alto y que podríamos mejorar. En cambio, con la crítica destructiva lo que se pretende es herir, hacer daño a la persona a la que se hace la crítica o enardecer un hecho que consideras negativo de la persona, haciendo de altavoz de este.

Además, cuando haces una crítica constructiva, hablas desde ti y tu opinión, lo que es totalmente válido, ya sea que algo te guste como si no. En cualquier caso, la crítica en positivo siempre será una mejor opción.

El secreto de una crítica constructiva

Si quieres dar una crítica constructiva te invito a que practiques lo siguiente, Frank A. Clark resumió a la perfección el secreto para hacer una crítica constructiva: “Las críticas, como la lluvia, deben ser lo suficientemente suaves para alimentar el crecimiento de un hombre sin destruir sus raíces”:

  • Practica la autocrítica. Antes de criticar a alguien es conveniente evaluar los propios comportamientos y pensamientos y hacernos conscientes de nuestros errores para mejorar nosotros también.
  • Elige el momento. ¿Cómo se siente la persona que va a recibir la crítica? ¿Es un buen momento o está baja de ánimo o atravesando un mal momento? Valora los sentimientos y las emociones de la otra persona. Si te importa la persona cuida su estado de ánimo y el momento para que te escuche mejor y no le “hunda” más lo que quieres comentarle. No olvidemos tener siempre en cuenta la perspectiva, la situación y las circunstancias en que una persona se encuentra antes de hacerle nuestras sugerencias.
  • Escoge la intimidad. Si quieres comentar algo a alguien, mejor en un lugar tranquilo y a solas que con otras personas para que no se sienta poco valorado o atacado y no hacer latente eso que no es tan positivo a los demás. La idea es que logremos motivar a mejorar, no generar situaciones incómodas o que le resulte un reproche.
  • Separa a la persona de la situación o problema. No le cuestiones como incompetente, centra tu crítica en conductas o resultados no en la persona. “La mejor crítica es la que no responde a la voluntad de ofensa sino a la libertad de juicio”, escribió Fernando Sánchez Dragó.
  • Si vas a criticar algo, conoce el tema del que vas a hablar. Opina sobre temas que sepas, con el fin de sumar y que el otro valore tu opinión y el tiempo que pasa hablando sobre el tema que sugieres.
  • Utiliza un lenguaje claro y conciso. Es importante que profundicemos y detallemos, cuáles son nuestras observaciones y recomendaciones, con el fin de evitar malentendidos. Además, cuida tu comunicación no verbal, cuida tu tono amable, evita dramatizar y háblale como te gustaría que te hablaran a ti con empatía, respeto, asertividad y educación.
  • Valora las posibilidades de la otra persona. ¿Tiene el otro los recursos necesarios para cambiar la situación? Evita criticar si la persona no puede cambiar su situación real y si te importa, ofrécele tu apoyo en la medida que te sea posible.
  • Practica la comunicación bidireccional. Tras terminar tu crítica, es necesario que des la oportunidad a que el otro te dé su punto de vista sobre tus sugerencias y que intercambiéis opiniones.
  • Apóyale. Recuérdale lo que es importante para él, lo que desea y que vale la pena realizar el esfuerzo para lograr sus objetivos. Bríndale sugerencias y apoyo: no cierres puertas sin abrir nuevas posibilidades.

¿Qué otras claves conoces para realizar una crítica constructiva o positiva?

Recuerda, si tras hacerte una crítica alguien te dice por tu reacción o comportamiento, por ejemplo: “tienes la piel muy fina”, “no se te puede decir nada”… ¡plantéate si te han dado una crítica positiva o negativa!

Las personas que con frecuencia hacen críticas destructivas o negativas manifiestan escasa empatía, egoísmo, rigidez mental, intransigencia e insensibilidad. Muestran también su baja autoestima y su pésimo autoconcepto. Criticar es fácil, sin embargo, realizar una crítica constructiva es un arte que pocos conocen.

Winston Churchill dijo que “las críticas no serán agradables, pero son necesarias”.

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para realizar críticas constructivas?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

Querido compañero,

¿Disfrutas con tu vida? ¿Sientes que fluyes o, por el contrario, sientes que vas contra corriente?  

Hoy quiero hablarte de la importancia de disfrutar y fluir con la vida para ser más feliz.

¿Qué es fluir?

Fluir con la vida es encontrar la mezcla perfecta entre disfrutar y tener retos. El doctor en psicología, Mihaly Csikszentmihalyi, formuló la teoría del flow o teoría de la experiencia óptima en 1975.

El Flow o Experiencia Óptima es un “estado en el que la persona se encuentra completamente absorta en una actividad para su propio placer y disfrute, durante la cual el tiempo vuela y las acciones, pensamientos y movimientos se suceden unas a otras sin pausa”.

El nombre de la teoría del flow se debe a que, durante las entrevistas y terapias de este psicólogo, sus pacientes describían estas experiencias utilizando la metáfora de una corriente de agua que los llevaba hacia adelante. Estás haciendo algo que realmente te apetece con tu atención puesta solamente en ese hacer.

Claves para fluir en tu vida

Existen unas claves a tener en cuenta para que las experiencias que vivas sean óptimas y puedas fluir, algunas de las cuales son:

  • Determina tu/s objetivo/s a cumplir. Cuando sabemos lo que queremos, está ya demostrado que el universo te facilita el camino y la información que necesitas para lograrlo o para abandonar cuando no sea lo mejor para ti. Aunque has de saber que los obstáculos están para que se queden atrás aquellos que no lo desean realmente.
  • Ten paciencia y vive más despacio. Reserva tiempo para ti mismo. De esta manera, vamos a prestar más atención en escucharnos y vamos a dedicar más tiempo a observarnos, conocernos y hacer aquello que realmente queremos hacer.
  • Escoge la esperanza en lugar del miedo. Aunque el miedo tenga más argumentos, elige siempre la esperanza, hazlo por ti, busca siempre el modo de vencer lo que pueda detener tu progreso.
  • Elimina el ruido de tu vida y de tu mente. Practica el acallar tu mente, el meditar, el eliminar lo que no te sirve, te agota o no necesitas. De esta manera, te vas a quedar con lo importante, con lo que te causa bienestar o con lo que es valioso para ti.
  • Déjate llevar por tu intuición. Hoy en día, debido a la infoxicación que tenemos resulta muy difícil dejarnos llevar de nuestra propia guía interior, cuando, además, en muchas ocasiones, el mensaje nos llega de una manera complicada de entender. El universo habla con su lenguaje y es necesario conocerlo para fluir con él.
  • Disfruta del camino y no solo del resultado. Aprende a confiar que todo forma parte de nuestra evolución personal. Lo más interesante de un camino no es llegar al objetivo, sino lo que sucede al recorrerlo. En el transcurrir del viaje vas a vivir un disfrute y un aprendizaje incluso mayor que el que supones cuando te fijas llegar a un objetivo, y lo que piensas que experimentarás al lograrlo.

¿Qué otras claves conoces para lograr fluir en la vida?

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para fluir y disfrutar de la vida?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

Llevamos una temporada larga que parece que vamos superando día a día con esfuerzo, un par de años de lucha, de trabajo, de sacar adelante proyectos, relaciones, niños, ideas… y es muy probable que te sientas cansado/a. Sobre todo, si lo has vivido así.

Si coger vacaciones suele ser necesario para recuperar fuerzas cualquier año, éste aún más, porque muchos no se las han podido coger antes, porque la seguridad sanitaria no lo permitía, por miedo, por trabajo, por la economía, etc. Y todo guerrero/guerrera necesita descansar.

La necesidad de hacer un descanso

Cuando estamos cansados nos sentimos más malhumorados, estamos más lentos en nuestras respuestas, podemos contestar de peor manera, hacer lo mismo nos cuesta el doble, tenemos menos energía, también por el calor que hace, y parece que la cabeza, el cuerpo y todo nuestro ser nos pide a gritos ¡VACACIONES!

Puede que no siempre sea tan fácil porque hay que poder, hay que planificarlo, tener días, que la economía te lo permita… Sin embargo, las opciones están a tu medida, no al revés, quizá eres de los que solo con quedarse en casa ya te consideras de vacaciones.

Aunque la recomendación sea que tengas unos 10 días para irte haciendo a la idea de que estás de vacaciones, relajarte y que vayas preparándote para volver, es más importante la calidad del tiempo que desconectas, que los días que lo haces. Porque si te vas de vacaciones y estás mirando el correo del trabajo de forma continua, si sigues dedicando tus pensamientos al trabajo a diario, o si te enganchas a reuniones, aunque sea solo un par de días un par de horas, te va a costar mucho más sentir que vuelves renovado de tus vacaciones.

El secreto para desconectar

El secreto está en la necesidad de soltar por un tiempo las obligaciones. Para algunos esto será no poner el despertador, para otros, no ponerse el uniforme o no hacer tú la comida. Pregúntate: ¿Qué te permites hacer cuando estás de vacaciones? ¿Qué tiene que pasar para considerar que son vacaciones?

Muchas veces resulta más fácil cuando cambias de escenario, de ahí que viajemos, vayamos al pueblo, a la playa, a la montaña, a ciudades distintas o de visitas culturales. No importa en realidad el lugar, ni que esté cerca o lejos. También puedes plantearte que sea un sitio que suponga un premio para ti, un lugar que te llene, que te ilusione, y que el hecho de ir lo conviertas en el reconocimiento que mereces por todo el esfuerzo realizado durante el año.

Cambiar la rutina es clave para que no parezca que sigues en el día a día laboral. Incluso aprovechar a hacer esas gestiones para las que nunca tienes tiempo, como ir a la peluquería toda la mañana o a revisión médica, puede generar una satisfacción y alivio porque ¡por fin! has conseguido hacer esas tareas pendientes. Toda tarea que tienes procrastinando, es decir, postergando de forma continuada, al llevarla a cabo te hace recuperar la energía y la confianza en ti. Te anima. ¡Tú puedes!

Un ritmo diferente a la hora de abordar cada día también te va a facilitar recargarte. El hecho de no tener que ir siempre corriendo a todo, con la sensación de llegar tarde, mil cosas que hacer para atender a tantas preocupaciones, sino darte tiempo sin prisa, poder terminar un libro antes de decidir hacer la siguiente actividad, o para pasear disfrutando de las vistas en lugar de caminar enfocado en llegar, hace que todo resulte ligero. Por el contrario, a veces el cambio de ritmo es para agilizarlo, por ejemplo, visitando siete ciudades en pocos días o haciendo un recorrido fabuloso en el que descubrir cada rincón. Esa energía de la excitación por conocer y por descubrir también te va a animar. Aunque seguramente en este caso, después necesites algo de tiempo para descansar.

Descansar. Sí. Una de las principales acciones para recuperarnos, liberarnos del cortisol acumulado, dormir un poco más. Parar es necesario física, mental y emocionalmente. Nuestro bienestar y salud lo agradecerán.  

En definitiva, se trata de recuperar la energía que necesitas para poder seguir. Como el mundo no se para, aunque nosotros descansemos, para poder seguir avanzando con él, hemos de estar en el mejor estado de forma, cuidando nuestra salud mental, facilitándonos el equilibrio emocional y con nuestras capacidades al mejor nivel para afrontar todo lo que la vida tenga a bien traernos y para seguir dedicando nuestros esfuerzos en todo lo que queramos lograr. Y esto se consigue aprendiendo a parar, sin exigencias ni autoexigencias, dejándonos estar, ser, sin aparentar, respirando...

Por ello, queridos guerreros y guerreras, valientes y resilientes, ahora que sabéis esto, ¿qué vais a comenzar a hacer para estar mejor? Al menos, nuestra recomendación desde 2miradas, es que descanséis estas vacaciones o a ratitos a lo largo del año, para cuidaros y cuidar de quienes queráis. Por muy cortos que puedan ser los días de descanso, en casa o fuera, tened en cuenta estas claves para haceros más fácil la recarga, para conectar de nuevo con vosotros mismos y recuperar vuestras mejores versiones.

¡Feliz verano!

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Querido compañero,

¿Sabes gestionarte emocionalmente? ¿Qué sientes cuando te reconocen?  

Hoy quiero hablarte de la importancia de la gestión emocional en la vida de todos los seres humanos, ya que la forma en que reacciones frente a una emoción en concreto condicionará cómo actúa sobre ti.

No podemos evitar sentir emociones, pero sí que es posible gestionar estas emociones, aunque no podamos eliminarlas ni controlarlas. Esta gestión no es tarea fácil, ya que la mayoría de nosotros no hemos recibido formación sobre cómo podemos hacerlo.

La gestión emocional es el conjunto de procesos psicológicos que nos permiten identificar y modular nuestras emociones.  De hecho, la Inteligencia Emocional (IE), es un concepto que desarrolló Daniel Goleman, y que consiste en la habilidad de identificar, comprender y regular las emociones propias y las de los demás.

Las emociones básicas y la inteligencia emocional

En 2miradas estimamos que existen 6 emociones básicas: alegría, tristeza, miedo, enfado, asco y amor. Hay numerosos estudios que demuestran que la tristeza perdura hasta cuatro veces más que la alegría.

Actualmente una de las habilidades que más valoran las empresas en sus colaboradores y en sus líderes es la inteligencia emocional que permite percibir, asimilar, comprender y regular las propias emociones. Es decir, se buscan personas capaces de identificar y entender tus propios estados de ánimo. Reconocer por qué te sientes como te sientes y actuar sobre las causas y consecuencias.

Las emociones existen porque si no existieran las emociones,​ no tendríamos la capacidad de sentir, pensar, disfrutar y padecer las experiencias de nuestra vida. De alguna manera, las emociones nos ofrecen una imagen intuitiva y rápida de lo que estamos viviendo.

Beneficios de la gestión emocional

Algunos de los beneficios de gestionarnos emocionalmente son:

  • Mejora nuestras relaciones personales. Una gestión emocional adecuada nos lleva a entender la postura y situación del otro y tener una visión más objetiva de lo que está ocurriendo y nos lleva a responder y no reaccionar, evitando situaciones innecesarias desagradables.
  • Logramos una comunicación más asertiva y eficaz. Las personas que se gestionan emocionalmente poseen habilidades sociales, no se sienten intimidadas ante su interlocutor, son persuasivas y tienen mayor capacidad para negociar. Tienen capacidad para pedir ayuda y reducir los conflictos por su capacidad de dialogar.
  • Saber gestionarnos nos lleva a saber expresar nuestros sentimientos, sensaciones y cómo nos sentimos. Esto nos lleva a ser más exitosos en nuestras relaciones personales y evita la aparición de problemas y malentendidos.
  • Gestionarnos emocionalmente nos capacita para saber manejarnos en nuestra vida cotidiana y ver el mundo de forma positiva. Nos permite tener confianza para enfrentar los desafíos diarios, tener más salud, aprovechar las oportunidades y disfrutar de la vida.
  • Mejoran la capacidad de liderazgo. La inteligencia emocional es una competencia imprescindible que poseen los grandes líderes. Las personas con altos niveles de inteligencia emocional obtendrán mejores resultados cuando dirijan un equipo, ya que comprenden las emociones propias y las ajenas, son empáticos, saben dialogar y, además, manejan la escucha.
  • Se consiguen los objetivos y metas con mayor motivación. La gestión emocional nos ayuda a centrarnos en tareas importantes y no dejarnos llevar de las distracciones, no dando prioridad a nuestros impulsos más primarios.
  • Nos ayuda a afrontar y aprender de nuestros errores. La gestión emocional nos da una perspectiva que nos lleva a aceptar nuestras imperfecciones, a perdonarnos y a mejorar aprendiendo de lo que no hicimos bien.
  • Permite reducir el grado de intensidad de las emociones para que no nos desborden. De esta forma se puede llegar a plantear si es la mejor opción para responder ante un hecho sucedido o no, permitiéndonos llevarlo mejor y tener un mayor equilibrio en nuestra vida.

Son múltiples los beneficios de gestionarnos emocionalmente ¿qué otros beneficios te aporta?

Ahora que ya conoces las ventajas de gestionarnos emocionalmente, os recuerdo una técnica para poder llevarlo a cabo, que ya os compartí en otro de mis artículos, los 7 Pasos para poder gestionarte emocionalmente

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para gestionarte emocionalmente? ¿Cómo vas a mejorar tu gestión emocional?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

Cuando estamos bajos de ánimo, preocupados, con estrés, o cuando estamos malitos es difícil dar el 100% en nuestro trabajo o conseguir estar a todo, como haríamos si estuviéramos bien.

El bienestar personal y el bienestar profesional están conectados porque eres tú quien está detrás de los dos. Eres tú, como persona, la que gestiona lo que ocurre en tu entorno personal y laboral. Eres tú quien tiene sueños, quien tiene valores, quien se ocupa de las cuestiones que te acontecen y de las que promueves. Así que no eres ajeno a todo ello y puede que en un determinado momento te afecte.

¿Estás en el círculo vicioso del agotamiento?

Cuando nuestra salud mental se ve afectada, a veces llega al punto de afectarnos físicamente, cargando nuestro cuerpo de cortisol, estando en un estado de agitación y de inflamación, que nos debilita.En esos casos, nos peleamos aún más con nosotros mismos, porque puede que sientas o pienses que no llegas, que te cansas antes, que vas más despacio de lo que te gustaría, que tienes más y más tareas por hacer, que cometes más fallos porque se te pasan por alto detalles que en otro momento no se te pasaban, y para que no “se te note”, te exiges y te esfuerzas aún más, llevando a tu cuerpo a un desgaste aún mayor. Lo que acaba siendo un círculo vicioso de agotamiento.

¿Cómo salir del círculo vicioso del agotamiento?

  • Lo primero: decide salir. Para poder hacerlo has de hacerte consciente de lo que estás haciendo, de cómo te está afectando tu situación, de que tu físico puede ser limitado en un momento dado, o de que te despistas más de lo habitual, o simplemente, que estás tardando más en hacer lo mismo, aunque no tengas tan claro por qué.
  • Empieza por parar. Porque cuando te sobre exiges para conseguir rendir igual que siempre aunque no puedas, te restas tiempo de descanso, haces más horas, te dices que tienes que terminar eso antes de dejarlo… Así que, permítete descansar para recuperar fuerzas. Si no es cada día, que sería recomendable, al menos hazlo cada fin de semana. No te pongas mil quedadas o actividades en los fines de semana. Aprovecha porque precisamente cuando más tienes que hacer, has de descansar mejor. No es que estés parado del todo o sí, si te apetece, sino que te permitas escucharte, hacer lo que te apetezca. Si tienes niños a los que atender, busca las actividades que te permitan fluir a ti. Por ejemplo, llevarlos al parque y que ellos salten y corran mientras tú estás tranquilamente sentada en un banco viéndolos o leyendo o charlando con tu pareja. Sin exigencia para ti.
  • Abandona la prisa. Nos solemos agobiar porque tenemos plazos a los que no llegamos o mil cosas a hacer en esos plazos. Entonces, empieza por las tareas que te llevan más tiempo, sigue las reglas de gestión del tiempo para organizarte mejor, para programarte teniendo en cuenta todo lo que tienes que hacer, pero luego, ponte a hacerlo sin mirar el reloj. El tiempo que tardes en organizarte te valdrá para la tranquilidad de después al hacerlo. Y en tu tiempo no laboral, también, deja que fluya, no te pongas el despertador, ¡no vayas corriendo porque llegas tarde! Llegas cuando puedes. Es mejor que en el tiempo que estés así, no te exijas aún más con el reloj.
  • Haz lo mínimo, pero hazlo. Siempre tratarás de hacer todo perfecto. Y te recuerdo que lo perfecto no existe y la famosa frase de “lo perfecto es enemigo de lo bueno”. Está demostrado que la diferencia entre ese extra que le vas a dar por querer hacerlo perfecto, respecto al tiempo que te supone dárselo, no compensa en cuanto a la eficacia del resultado. Así que quédate con lo bueno. Lo importante es que esté hecho, lo mejor posible, desde luego. Si eres una persona que siempre da lo mejor de sí, por mucho que te quedes en tu mínimo, te aseguro que ya será mucho mejor de lo que otros muchos harían. A veces no nos ponemos en valor, o pensamos que hacerlo perfecto es lo normal. Y te lo digo yo que me enseñaron que sacar un 10 era lo mínimo que se esperaba de mí. Pero no, un 10 es un 10. ¡¡¡Y un 8 está realmente bien!!! Así que cuando hay que sacar adelante muchas cosas, hazlo lo mejor que puedas. Seguro que estará bien.

Cuídate y quiérete

Aunque a veces es tal el estado de agotamiento que ya no puedes hacer lo que deseas, que puede que no tengas ni ganas, ni fuerzas ni el ánimo para empezar, y solo de pensarlo se te hace un mundo. Entonces, en esos momentos, cuida de ti. Haz alguna actividad que te genere bienestar, un paseo, un abrazo, leer un poco algo que te guste, tomar un poco de chocolate negro o pistachos… estimula tus hormonas de la felicidad. Y cuando ya lo hayas hecho, entonces, aprovechando ese mejor estado de ánimo, elige aquello que sea lo que menos te pueda costar hacer. Lo que te suponga menos esfuerzo. Porque si no haces nada, tendrás un sentimiento de culpa que te costará aún más superar. Así que haz algo sencillo, si es mecánico, que puedas hacerlo de manera automática mejor. Aquello que haces bien casi con los ojos cerrados. Solo empieza. Y después te será más fácil seguir.

Háblate bien. Reconócete el esfuerzo. En lugar de estarte fustigando por todo aquello que no haces o por lo que te queda por hacer, respira, empieza a ver lo que sí has hecho. Si en lugar de trabajar 14 horas has trabajado 10, sigue siendo un gran esfuerzo, aunque no hayas llevado el mismo ritmo. Vigila lo que te dices, porque buena parte de tu machaque emocional y mental viene de ahí. Recuerda que lo que te dices y cómo te lo dices, importa.

Cuando más flojitos estamos, es en el tiempo en el que más necesitamos mimarnos, como hacían nuestras madres, queriéndonos para recuperarnos antes. Y eso también es una gran práctica. En lugar de presionarnos más, hemos de querernos más, consentirnos más, ser más generosos con nosotros, perdonarnos más y recuperaremos así más rápido tanto el ánimo como el ritmo.

Ahora que lo sabes, ¿qué vas a empezar a hacer para protegerte en lugar de exigirte más y de ese modo tener más fuerza para avanzar? Recuerda, hacer el mínimo es mucho más de lo que crees. Haz el mínimo con todo lo mejor de ti, por poquito que sea.

¡¡¡Mucho ánimo!!!

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills  

Querido compañero,

¿Te sientes normalmente reconocido? ¿Qué sientes cuando te reconocen?  

Hoy quiero hablarte de la importancia del reconocimiento para continuar haciendo las tareas o lo que necesitas acometer de la mejor manera posible.

¿Qué es el reconocimiento?

El reconocimiento es clave para el desarrollo de un ser humano. Sin embargo, es necesario el practicar el autorreconocimiento para ponernos en valor.

En nuestra infancia nuestra familia debe ser el primer punto donde recibir reconocimiento, que nos ayudará en nuestra autoestima; es decir, en ir creciendo emocional y personalmente. Cuando nuestro entorno nos valora, vamos a crecer con más seguridad y menos miedos, confiando más en nosotros mismos.

Después, durante la adolescencia, la opinión del grupo gana fuerza y de adultos, si mis compañeros y jefes me aprecian por lo que hago y por lo que muestro, estaré utilizando ese reconocimiento también en pro de mi autoconcepto y autoestima.

En cambio, existen personas que lamentablemente conozco que han nacido en familias faltos de afecto, con cierto maltrato, así como invalidados emocionalmente. Lo que lleva a daños como el no sentirse merecedores de amor…

La importancia del refuerzo positivo

Es cierto que desde niños se nos dice que no hagamos tal o cual cosa. La palabra más repetida es el no. Y en muchos momentos se nos pasa por alto ir reflejando las cosas que hacemos bien.

Y es que está más que demostrado que cuando nos refuerzan en nuestras cualidades positivas, nos gusta ponerlas más veces en juego.

El cerebro actúa por dolor y por placer. Por dolor, huyendo de él. Si sabes que te van a regañar, tratarás de hacerlo bien para que no te regañen o evitarás encontrarte con quien te va a regañar, para no pasar un mal rato. Nos alejamos del dolor.

Mientras que, funcionando desde el placer, desde lo que me gusta lo que veo, me gusta lo que haces, me gusta cuando resuelves así… ¿nos acerca al otro? ¿querrá esta persona seguir recibiendo ese mensaje o alguno similar? Sí.

Sinceridad para un auténtico reconocimiento

Pero, ¡cuidado! los halagos o el reconocimiento que hagamos han de ser sinceros. Si no, tendrá el efecto opuesto. Perderá crédito. Si lo vas a decir porque lo sientes de verdad, dilo, si no, mejor no digas nada.

En España no tenemos la tendencia a hacer halagos, ni a felicitar por méritos. De hecho, el que mejor notas sacaba era el “empollón”, el que más trabaja y se deja la piel, “será que se cree que la empresa es suya…” Y no.  Es importante que empecemos a poner en valor a las personas, igual que nos gusta que nos pongan en valor a nosotros.

Los beneficios del reconocimiento

El reconocimiento nos va a ir acercando los unos a los otros, generando más confianza y más ganas de estar esforzándonos, porque se reconoce, se ve, se tiene en cuenta, se escucha y se valora.

De hecho, toda empresa necesita una rentabilidad y una productividad y esto se puede lograr teniendo un equipo de alto rendimiento. Una de las herramientas necesarias para lograr este tipo de equipos es el realizar por parte de los líderes un reconocimiento laboral.

Como líderes podemos participar en la gestión emocional de nuestros colaboradores promoviendo emociones positivas y una forma de lograrlo es a través del reconocimiento.

  • ¿Qué reconocer? Las mejoras que realizan en su día a día, el buen hacer, el esfuerzo y dedicación que realizan, su predisposición a aceptar nuevos cambios, el apoyo que hacen a sus compañeros, su interés al aprendizaje a la mejora continua…
  • ¿Cuándo reconocer? Es importante que el reconocimiento se realice en el momento que muestren  su buen hacer o su actitud o su generosidad frente al resto.
  • ¿Cómo reconocer? Un reconocimiento individual señalando lo que se valora de lo realizado o puede ser un reconocimiento grupal. No solo hay que decir lo malo, también lo bueno y desde luego, la indiferencia, el sentir que no se ve lo que haces es altamente desmotivador.

Reconocer ofreciendo una retribución económica es algo bastante usado sobre todo cuando se cumplen objetivos o cuando hay bonus por beneficios. También se pueden dar días libres, o permitir salir antes de la hora, invitar a tomar algo o a comer, con un obsequio, y también promocionando a una persona, dotándole de mayor autonomía o dándole más formación. E incluso una nota, donde conste lo orgulloso que estás de esa persona es como una caricia para nuestra alma.

¿De qué otras maneras reconoces a los demás?

Oscar Wilde dijo: “Sé tú mismo. El resto de papeles ya están cogidos”, y esto se logra cuando la búsqueda de reconocimiento la colocamos en su justa medida.

Después de lo que te acabo de compartir, ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para reconocer más a los demás? ¿Cómo te vas a reconocer a ti mismo?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

 

Quiero hacer esto. Quiero evitar aquello. Quiero dejar de… ¿Cuántas veces te has dicho estas expresiones? ¿Cómo te has sentido cuando te lo has dicho? ¿Qué has hecho en esos momentos? Puede que incluso hayas tomado ciertas decisiones alineadas con eso que has dicho que quieres, aunque después te hayas podido desinflar.

Claro, pero no es un quiero normal, como el de los niños que parece que tienen el quiero en su boca a todas horas. Es un quiero que sale de todo nuestro cuerpo, no está en el pensamiento solamente, está también en tu corazón, en tus entrañas, en todo tu Ser. Y cuando nos proponemos algo con una firmeza tal que todo nuestro cuerpo está alineado y enfocado en ello, las probabilidades de ponernos en marcha para conseguirlo son mucho mayores.

Lejos de las discusiones sobre la diferencia entre querer y amar, me quiero centrar en la fuerza que tiene querer algo, querer a alguien, querer salir adelante, querer soltar, querer...

Y sí, ya sé que la vida por mucho que quieras no siempre te da lo que deseas. Ahí está el truco. Los deseos, los sueños son efímeros mientras que no te pones en acción para lograrlos. No basta solo decir quiero esto, como si del soplo de tu vela de cumpleaños dependiera. El querer se vuelve voluntad y la voluntad se vuelve acción cuando de verdad es algo que nos importa lo suficiente como para movernos. Cuando tenemos motivos reales para hacerlo.

Pero ojo, que mientras tengas un beneficio para no hacerlo que te compense lo suficientemente como para no moverte, no lo harás.

Buscar la motivación para reforzar lo que quieres

Para demostrarte lo que digo, piensa en cosas que te hayas propuesto en tu vida y hayas logrado. Cosas importantes. ¿Qué hiciste? ¿Qué fue lo primero que te dijiste, pensaste o imaginaste? Incluso con cosas pequeñas, cuando quieres que alguien haga algo por ti, ¿no insistes, persistes, resistes, veces hasta llegar a aburrir al otro? ¿No te buscas las vueltas, incluso dejando caer de vez en cuando el tema como el que no quiere la cosa, para que vaya sonando? Podemos ser muy cabezotas cuando nos proponemos algo.

Por eso, lo primero es quererlo de verdad. Firmemente. Que para ti no quepa duda, que es obvio, cae por su propio peso, es una certeza. No hace falta ser Escarlata O'hara para jurarlo, pero tu convicción hace mucho, tu convicción forjará tu motivación.

En la pandemia hemos visto miles de casos donde hemos logrado muchísimas cosas que nos propusimos para salir adelante e incluso para sobrellevar la situación. Sí, obligado te veas. Eso es porque la necesidad también hace que quieras conseguir cosas. De nuevo, tenemos presente el querer.

Toma conciencia

Querer te lleva también a tomar conciencia tanto de lo que funciona como de lo que no. Al querer estás más atento a lo que ocurre. A veces demasiado si te preocupa el tema. Pero seguro que puedes sacar más información de la que sacabas cuando no prestabas atención o cuando no tenías interés en ello. Te pongo un ejemplo. Mira atentamente el primero objeto que tengas delante. Fíjate en cómo es, gíralo, mira desde diferentes perspectivas, escúchalo o escúchate a ti misma los comentarios que haces en tu mente sobre ello. Tócalo, ¿qué se siente? ¿Huele a algo? Tócalo suavemente, como si fueras a acariciarlo despacio. ¿Para qué sirve? ¿Qué te aporta?

¿Habías sacado antes tanta información sobre ese objeto? Apenas un minuto prestando atención y tienes mucha información. Puede que pienses que toda esa información ya la sabías, y probablemente sí, pero de forma inconsciente. Ahora eres consciente e incluso gracias a esta información estás en una mayor disposición a tomar acciones sobre ese objeto. 

Pon toda tu energía en juego

Hay una parte que también influye cuando queremos algo de verdad, que podemos llamar energética. No sé si te has dado cuenta de que cuando prestas más atención a algo, parece que aparecen cosas, personas, ideas, lecturas...que de algún modo hacen referencia o haces tú la conexión y relación con eso que tienes tú en mente.

Además de que nuestros teléfonos u ordenadores parece que nos escuchan y de repente nos aparecen anuncios relacionados con temas que hayamos hablado, o buscado, igual te ha pasado que cuando estás, por ejemplo, pensando en desamor, te llegan todo frases relacionadas con el desamor o el amor del bueno, la gente te envía mensajes que han visto y los han llevado a acordarse de ti, o de repente ves parejas que se adoran por todas partes. La cuestión, es que el universo juega un poco también a nuestro favor. Si nos llegan tantas cosas al respecto, igual hemos de tenerlas en cuenta porque no te llegarían si no estás en esa "frecuencia" o predisposición o estado de apertura del que también se habla en física cuántica. 

¿Te mueves y tienes ilusión? ¡Buena señal!

Otro aspecto que seguro puedes verificar en todo lo que ya has conseguido que te hayas propuesto, es que cuando quieres algo, te mueves para lograrlo. Puedes llegar a modificar actuaciones, hacer cosas que puede no hayas hecho nunca (por eso obtienes resultados que no habías tenido nunca), tomas la iniciativa volviéndote más proactivo, no pasivo esperando a que las cosas sucedan.

Y también tienes un importante punto de ilusión. Incluso cuando es una cuestión de necesidad, hay una ilusión por salir de eso que te oprime, de estar mejor, no tanto una ilusión fantástica de brillos y purpurina, sino una ilusión real, posible, esencial, que puede que seas capaz de imaginar en tu mente, de sentir en tu corazón y de recoger en tu cuerpo. Una ilusión que te saca una sonrisa, que no tiene por qué ser gigante sino de paz, de sosiego, de contento. Y si es gigante, ¡¡¡mejor!!!

El querer, te da una fuerza que es motivadora en sí misma. El querer te da impulso y te ayuda a levantar cuando caes, te ayuda a recuperar el camino si lo que quieres, lo quieres de verdad.

Ayúdate con tus palabras y di “quiero” ante lo que se te ponga por delante.

Así que, tú, ¿qué quieres? Solo recuerda: quieras lo quieras, que sea bueno para ti y para el mundo.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills