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22 julio, 2021

Querido compañero,

¿Crees que el Amor va unido al sufrimiento? ¿Sufres por Amor? 

Muchos de nosotros en algún momento hemos creído que el Amor y el sufrimiento van unidos y es que lo llevamos en nuestro ADN, ya que desde pequeños nuestros padres, abuelos o maestros nos han dicho frases como: “quien bien te quiere te hará llorar”, “para estar guapa hay que sufrir”, “para alcanzar cualquier tipo de placer, te tiene que doler” … Tenemos la creencia masoquista de que el sufrimiento es una prueba de Amor.

Defiéndete de creencias erróneas

Nos han hecho creer que el sufrimiento forma parte de vivir una relación, que resulta “inevitable” y que este sufrimiento es directamente proporcional a la profundidad e intensidad del Amor. Desde luego nos han vendido una mentira. ¿Acaso harías algo que conscientemente supieras que iba a causar dolor a alguien que realmente te importa y quieres?

Aquellas personas que no saben vivir el querer o el Amor sanamente y que lo tienen asociado al sufrimiento, te harán daño una y otra vez sobre temas similares. O cuando les menciones que algo te ha dolido, te dirán frases como: “eres una exagerada”, “tienes la piel muy fina y no aguantas nada”, “solo me pasa contigo”, “desde luego, ¡qué cosas tienes!, este tema es tuyo”… Incluso no te escucharán o te dirán que son tonterías. También apoyándose en buenas intenciones habrá algunas personas que te digan que van a cambiar y, sin embargo, es probable que continúen haciéndote daño ya con conocimiento.

Las personas que piensan que el Amor duele es porque sus experiencias pasadas así se lo han confirmado y vuelcan sobre su actual pareja el dolor de relaciones anteriores, donde la amargura y la desconfianza están muy presentes.

Quien te quiere de forma sana puede hacerte daño una vez, pero evitará que vuelva a pasar cualquier situación similar y cuando le digas que algo te ha dolido, te atenderá, te escuchará empáticamente y sabrá conectar con tu dolor. Además, te cuidará, apreciará, te dará paz frente a la adversidad, sabrá crecer a tu lado sabiendo sobrellevar las dificultades y participará en crear una relación sincera basada en la reciprocidad.

 Claves para vivir de manera más sana un Amor o un querer

En mi desarrollo personal sobre este tema me he dado cuenta, de algunas claves para vivir de manera más sana un Amor o un querer:

  1. Trabajar mi consciencia. El Amor es algo que se aprende. Como he indicado tenemos una serie de creencias que nos llevan al dolor, a la dependencia y la carencia afectiva y, por lo tanto, a desarrollar relaciones complejas, muy lejos de lo que es el Amor. Por eso Amar requiere esfuerzo y conocimiento. Erich Fromm nos habla en su libro: “el arte de Amar” que podemos descubrir que el amor más que suerte, es un arte.
  2. Mejorar mi autoestima y mi honestidad conmigo. Amándonos a nosotros mismos y aceptándonos lograremos relaciones sanas con los otros. No podré dar lo mejor de mí al otro sin aprender a amarme a mí. Crea tu propia frase, tu propio mantra, la mía es: “me separo del sufrimiento, elijo vivir en Paz y en Amor”.
  3. Desarrollar mi madurez emocional. Así deja de tener cabida el sufrimiento en una relación donde hay verdadero Amor porque me comprendo, me acompaño, me recompongo, me quiero también cuando algo no me gusta, aprendo a superar situaciones difíciles, a reequilibrar mis emociones para seguir adelante.
  4. Conectar conmigo y lograr mi tranquilidad personal, por ejemplo, practicando mindfulness o meditación. Dedicarme tiempo para escucharme, para darme lo que necesito y para atender a la sabiduría de mi cuerpo. Buscar momentos y espacios de quietud. Respirar.
  5. No abandonarme y ser yo misma; es decir, ser natural, hacer lo que me sienta bien y me parece correcto. Ser auténtica, no tratar solo de agradar y complacer dejando mi forma de proceder, pensar y sentir de lado. Poder compartir mis propias maneras de ver el mundo y expresarme en libertad.
  6. Practicar el hecho de que yo soy tan importante como lo es mi pareja. No olvidar vuestros hobbies, gustos, aficiones, expectativas y sueños, sean compartidos o no. 
  7. Cada persona es diferente. No tenemos que querer todo al mismo tiempo, no tenemos por qué darle la misma importancia a un hecho, no tenemos por qué ser iguales, pero sí tenemos que respetarnos. Y para llevarlo a cabo en la práctica es necesario el permitir al otro ser, no que sea como nosotros queremos que sea, y darle su espacio para lo que quiera. Si le quieres cambiar, no es la persona porque el amor es aceptación de lo que es y ve la belleza en lo que haya, tal cual sea.
  8. Comunicación, comunicación, comunicación. Casi todo se puede resolver hablando. Hasta en una discusión, podemos dejar que pase la tormenta y después con calma retomarlo. Seguro que has experimentado algunas tormentas y diferencias de opinión, porque podemos pensar, actuar y reaccionar de manera muy diferente.  Así que hemos de aprender a escuchar y comprender las diferencias y apoyarnos y reforzar las similitudes. 
  9. Tener el pasado resuelto es fundamental para afrontar de manera sana el presente y, por supuesto, una nueva relación. Tomar el pasado como experiencias y mucho aprendizaje. Si hemos aprendido, el pasado no tiene por qué repetirse.

Como suele decir Raquel Bonsfills, “el amor está en los ojos del que mira”, por lo que has de hacerte consciente de cómo estás mirando a tu pareja, a tus hijos, a tus familiares, a tus amigos para aprender a diferenciar cuando miras con amor, con juicio, con desprecio o con anhelo. Cuando miras para ver la realidad tal cuál es o cuando miras desde la nebulosa de cómo te gustaría que fuese. Cuando es una proyección tuya lo que ves o cuando eres capaz de ver al otro como la persona más bonita del mundo. 

Después de lo que te acabo de comentar espero que veas que el sufrimiento está excluido de lo que es vivir un Amor sano, pues el dolor, lo envenena y lo termina matando.

¿De qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para eliminar la creencia de que dolor va de alguna manera unido al Amor?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García Arranz

Vemos y leemos historias de éxito cada día. Valoramos a aquellos que logran lo que otros apenas se atreven a soñar. Como Carlos Maldonado, que pasó de deambular por diferentes profesiones hasta convertirse, hoy en día, en uno de los chefs revelación con diversos premios en su haber. O como el británico James Arthur que precisamente se hizo mundialmente popular tras ganar el concurso Factor X con la canción Impossible.   

Pero ¿hay que pasar por un concurso de televisión para lograr el éxito? Lo cierto es que no. Tenemos muchos otros ejemplos a nuestro alrededor para darnos cuenta de que lograr lo que nos proponemos es una cualidad humana y que la podemos observar en la propia naturaleza.

Si te paras a pensar en las cosas que a lo largo de tu vida te has propuesto ¿cuántas has logrado? Seguro que muchas por no decir todas. Y si no lo has logrado, ¿estás aún a tiempo? Igual que personas mayores pueden volver a la universidad, la mayor parte de los grandes genios alcanzaron el éxito con edades superiores a los 40 años.

En la naturaleza encontramos muchos ejemplos de superación de dificultades.

Por otra parte, si ya no ha lugar, el tren pasó, ¿hiciste todo lo que estaba en tu mano? Lo importante es que no te quedes con la sensación de que podías haber hecho más, que te arrepientas por no haber intentado algo, por pensar que no era el momento, por no molestar, por educación, porque no era políticamente correcto, etc. Cuando el corazón y el cuerpo nos dicen “hazlo” no podemos obviarlo. Eso sí, siempre con respeto a nosotros mismos y a los demás como máxima. 

A veces da vértigo y otras veces el miedo nos frena. Sin embargo, donde hay miedo, por ahí está el camino, porque no es lo mismo miedo con mariposas en el estómago que rechazo, que te indica claramente que no es por ahí. 

8 claves para hacer posible lo imposible

  1. Escucha a tu cuerpo y a tus emociones. Como ya te he compartido, nuestro cuerpo, como el de todos los seres vivos está creado para la supervivencia y es nuestro aliado. Igual que en la foto de este arbusto, va a buscar la forma de lograr sus metas, lo que nadie dijo que fuese fácil. Sin embargo, si escuchamos a nuestro cuerpo y estamos atentos a nuestras emociones, tendremos muchas más posibilidades de acertar en nuestras decisiones. 
  2. Ilusión. Soñar en grande. No te olvides de seguir mirando al mundo como un mar de oportunidades. A veces está revuelto, pero a veces, está cristalino. Cada sueño nos lleva a anhelar aquello con ilusión. Recuerda cómo esperan los niños a los Reyes Magos, o cómo estás antes de pedir salir a la persona que te gusta, o cómo te sientes cuando estás esperando esa última nota que te permite continuar tu desarrollo profesional o personal… Recuerda los momentos en los que te has ilusionado en tu vida, trae de nuevo esa sensación a este momento, revívela y ahora, piensa en lo siguiente que te gustaría lograr.
  3. Póntelo como objetivo. Hemos de bajar a la realidad esos sueños, hacerlos tangibles. ¿Cómo se materializa eso que quieres? Empieza a trazar el mapa de tu recorrido hasta llegar a eso que quieres. ¿Por qué no? 
  4. Confía en ti. "Tanto si crees que puedes hacerlo como si no, en los dos casos tienes razón" que decía Henry Ford. Por eso, ya que te pones a pensar, elige creer que se puede. Al menos así tendrás más posibilidades de conseguirlo. Lo que te dices y cómo te lo dices importa, porque te potencia o te limita. ¿Qué prefieres?  
  5. Actitud. Dicen que los enfermos de cáncer que mejor responden a los tratamientos, que antes evolucionan, son aquellos que tienen una actitud de superación. La actitud, el humor y el optimismo marcan la diferencia entre unas personas y otras. Incluso la certeza o determinación de que son capaces, de que pueden lograrlo, van a ser clave del éxito.
  6. Acción. Nada se consigue si no lo pones en marcha, si no haces algo al respecto. Por eso, da los primeros pasos, organízate. Tu futuro se está creando desde ya. Comienza a vivir como si ya lo hubieras logrado. ¿Cómo te comportarías si ya tuvieras eso que sueñas? ¿Cómo hablarías, qué harías, qué sentirías, qué pensarías? Permítetelo. Es como cuando nos poníamos los zapatos de tacón de nuestras madres cuando éramos pequeñas o nos sentábamos al volante cuando no llegábamos ni a los pedales. Eso marca la diferencia y mantiene vivo el sueño. Comienza el camino.   
  7. Perseverancia. Ante el bache, sigue adelante. Thomas Edison falló cientos de veces antes de conseguir crear la bombilla incandescente. Y cuando un periodista le preguntó si no tuvo ganas de tirar la toalla con tantos fracasos, él respondió: “¿Fracasos? No sé de qué hablas. En cada intento aprendí el motivo por el cual una bombilla no funciona”. Y aunque te plantees más de una vez por qué sigues ahí, recuerda por qué empezó todo y hazte consciente de que obstáculos habrá porque si no, no aprenderíamos, no perfeccionaríamos nada, no creceríamos como personas ni como profesionales. Es una cuestión de madurez que nos hace más sabios para seguir saltando vallas.
  8. Elige tus compañeros de viaje. No estás solo. Cuando pensamos que algo es imposible solemos caer en la sensación de soledad. Pero la realidad no es esa. Nos podemos sorprender cómo de forma más visible o de forma más anónima podemos encontrar manos a las que agarrarnos. Apoyo e incluso cariño. Déjate sorprender por las personas que te rodean. Hay muchas personas maravillosas ahí fuera.

Por eso, lograr imposibles es algo que podemos hacer si creemos en ello porque si de verdad lo deseamos, buscaremos las infinitas vueltas para lograrlo. A veces, habrá paradas en el tiempo, momentos de frustración o de cansancio, incluso de tristeza si se da el caso. Sin embargo, esa chispa que se ve en nuestros ojos cuando soñamos, esa sonrisa plácida de nuestro rostro cuando pensamos en eso que nos gustaría, nos invitan a seguir adelante. Porque la vida, solo tiene un sentido: adelante. Sigue soñando.

Y recuerda siempre los altos en el camino a conseguir lo que quieres. Los obstáculos son meros focos para que te replantees si lo que estás intentando lograr es de verdad lo suficientemente importante para ti.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Querido compañero,

¿Sabes vivir cuando un ser querido no nos dedica la suficiente atención o se muestra distante y frío? ¿Cómo vives el abandono?

Esta semana de alguna manera estoy sintiendo abandono emocional porque mi querida socia Raquel Bonsfills se va a vivir fuera por un tiempo. Lo vivo con cierto sufrimiento, sin saber exactamente a qué es debido, pues nos conectamos, nos vemos y nos seguimos contando nuestro día a día como si ningún cambio se hubiera producido y he querido indagar sobre mi malestar. ¿Por qué yo lo percibo así?

En este artículo voy a hablarte del abandono emocional, sus causas y síntomas para reconocerlo y compartiré algunas sugerencias para superarlo.

¿Es el abandono real? Lo primero que hemos de valorar es cuándo se trata de un abandono real o cuándo es una sensación o un sentimiento personal. El abandono hace referencia a dejar algo o a alguien, alejarse o descuidarlo, y existen cuatro tipos de abandono: físico, médico, educativo y emocional. Me centraré en este último.

¿Qué es el abandono emocional?

El abandono emocional es el estado emocional subjetivo en el que los individuos se sienten indeseados, dejados de lado, inseguros o rechazados. Las personas que experimentan este abandono pueden sentirlo como una pérdida o como el distanciamiento de una fuente de sustento que se ha retirado ya sea de forma abrupta o gradual.

Síntomas del abandono emocional

Los tipos de síntomas son muy variados, los más comunes suelen ser de tipo depresivo, como tristeza, pérdida de interés por actividades que antes eran placenteras e incluso se puede llegar a evitar interactuar con otras personas, ya sea por miedo a ser herido de nuevo o por falta de ganas.

Cuando un niño sufre abandono emocional puede pasar por muchos sentimientos diferentes, desde odiarse así mismo, hasta tener una baja autoestima o desarrollar a un trastorno psicológico… Sufrir el abandono en la infancia supone muchas veces tener serias dificultades a la hora establecer relaciones estables en la edad adulta.

De hecho, de adultos manifestamos las consecuencias, siendo indiscutible la sensación de indefensión, que es la más impredecible, sobre todo cuando lo vivido ha ocurrido de forma súbita, llevando a la persona a un bucle del que es difícil salir. Otras consecuencias son: sabotear relaciones sanas, crear relaciones superficiales, miedo a ser rechazado, sentirse fácilmente abrumado o desanimado, dificultad en relacionarse con los demás, sensación de vacío interior o de que algo falta, muchas veces no pueden dejar relaciones abusivas o dolorosas, dificultad en comprender las emociones propias y la de los demás, falta de claridad en las expectativas, baja apreciación de uno mismo, apego despedido a una persona, perfeccionismo, ansiedad, miedo a la intimidad…

Claves para poder superar el abandono emocional

  1. Hazte consciente con amabilidad de lo que te pasa. Para y siente lo que estás viviendo. Llora si lo necesitas, no tienes por qué sentirte fuerte y da valor a tus sentimientos y emociones. 
  2. Hay veces que es un verdadero duelo, trátalo como tal. Cuida de ti. Date tiempo para avanzar en el proceso del duelo. Es un periodo de asimilación de la pérdida.
  3. Analiza racionalmente lo que te está pasando y si estás sintiendo que un ser querido te está abandonando emocionalmente, el primer paso para ver hasta qué punto esto es cierto, es hablar con tu ser querido. Echar de menos a alguien no tiene por qué ser que la otra persona te haya abandonado. 
  4. Si no puedes hablar con la persona, detén tus pensamientos automáticos destructivos e identifica tus creencias limitantes o erróneas.
  5. Ámate y siéntete digno de poder recibir amor porque si no, podrías evitar un cumplido que no sientes que mereces, no estarás interesado ni podrás mantener una relación con alguien que sea generoso al amarte.
  6. Comunícate y conecta con las personas que te apoyan y te ayudan para generar relaciones más sanas y no de codependencia. Los expertos en experiencias traumáticas sugieren la importancia aprender a comunicar necesidades emocionales.
  7. Puedes pedir ayuda y superarlo con un profesional especializado en este tema. Existen muchas técnicas para liberar ese dolor (EMDR, TCC…)

Después de lo que te acabo de compartir, ¿de qué te has dado cuenta? ¿qué vas a hacer para superar el abandono emocional?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García Arranz

¿Qué haces cuando recibes malas noticias? ¿Cómo reaccionas? ¿Te quedas amargado, preocupado durante todo el día sin poder pensar en nada más?

La gestión emocional equilibrada

Las malas noticias pueden asustarnos, pueden generarnos tristeza, pueden enfadarnos… Todas son emociones que tienen su propia forma de gestión. Lo que nos digamos al respecto, nuestros pensamientos, también incrementarán el grado de estas emociones, normalmente intensificándolas, porque ante las malas noticias no siempre nos sale el “no será para tanto” o “va a ir todo bien” de primeras.

Si bien es cierto que hay algunas personas que parecen más tranquilas ante las situaciones que les desequilibran, no siempre están tan impasibles como parece. La procesión se lleva por dentro.

Desde luego, las personas que admiro son las que tienen una maravillosa gestión emocional y saben regular su miedo, su tristeza o enfado, permitiéndoselo vivir, pero con una serenidad admirable y de forma más equilibrada. Por supuesto, no es algo que hayan logrado en un día. Requiere de práctica. Por ejemplo, la persona más feliz del mundo ante el retraso de cerca de una hora de otros con los que había quedado (a desesperación de esos otros por el “feo” que esto suponía), simplemente decía: “no pasa nada, tendría que ser así”.

Consejos para aprender a recibir malas noticias

Puede que confiemos en que el Universo nos pone pruebas o baches de los que aprender. Pero si no crees en ello, quiero compartirte algunas de las cosas que yo he ido aprendiendo y trato de practicar para asimilar las malas noticias:

  1. Respiraaaaaaaaaaa. Es algo difícil de hacer cuando estás muy enfadado, pero si lo consigues haces parar los pensamientos automáticos, lo que es muy importante para cambiar el curso de la situación. Por supuesto, es necesario hacerlo con consciencia.
  2. Pregúntate: ¿Es necesaria mi respuesta ahora mismo? No es lo mismo responder que reaccionar. Por eso necesitamos algo más de tiempo y serenidad.
  3. Pregúntate: ¿Estoy capacitado para responder en este momento? Si la respuesta es sí, entonces ya sabes lo que has de hacer, porque cuando puedes responder, es porque tienes la capacidad de análisis, porque has escuchado a tu cuerpo sabiendo que la decisión es la correcta y porque tienes las posibles opciones y soluciones a tu alcance o sabes cómo dar el siguiente paso, al menos.
  4. Cuando no te sientes capacitado para responder, sal del escenario donde se produjo la mala noticia. Puedes ir al baño, salir para que te dé el aire… suele ayudar a desconectar, cambiar de sitio nos ofrece distancia simbólica con el tema en cuestión.Todo esto has de hacerlo manteniendo la compostura y la educación. Si sigues estos pasos, es más fácil que puedas manejar tus emociones, así que practícalos.
  5. ¿Qué estás pensando? Hazte consciente de tus pensamientos. Será la mejor forma de poder cambiarlos y de observar lo que provocan en ti. También te podrás dar cuenta de lo objetivo que estás siendo con la situación. Céntrate en los hechos para poder separar el problema del mensajero, para evitar sacar culpables o mostrarte irracional y para poder buscar posibles soluciones.
  6. Pregúntate: ¿Qué es lo peor que puede pasar? La mayor parte de las veces nos ponemos en “lo peor”: que nos despidan, que se caiga un cliente importante, que nos muramos… Cuando la realidad es que lo que nos va a pasar es que nos caiga una reprimenda, que cometamos un error, que no lleguemos a tiempo para presentar un proyecto y por lo tanto, que haya consecuencias económicas para la organización que no tanto para ti. Si te ha pasado otras veces, ¿qué ocurrió después? Si sigues aquí puede que no sea tan grave como piensas.
  7. La experiencia adquirida y los recursos aprendidos son tus herramientas para avanzar. Plantéate lo que sí puedes hacer. ¿Qué está en tu mano? Quizá no todo lo puedas resolver tú, pero sí que podrías plantearte con quien contar, a quién preguntar o a quién solicitar algo que te sea necesario.
  8. ¿Qué tiene de bueno esta nueva situación? Si no hubieras pasado por el punto anterior, tu respuesta probablemente sería: “no tiene nada bueno”. Pero como ya estás valorando lo que sí puedes hacer, tu manera de ver lo sucedido es diferente. Quizá se planteen nuevas oportunidades que de otra forma no se hubieran abierto. Puede que descubras fortalezas tuyas que ignorabas e incluso te sorprendas por tu actitud. ¿Para qué ha venido esta situación a tu vida? ¿Qué has de aprender de ella o de ti?
  9. Practica la resiliencia. Si piensas que puedes recuperarte, ese optimismo te ayudará a llevarlo mejor. Tu disposición es diferente y más positiva. Estás ya preparado para valorar alternativas con proyección de futuro. Además, esto debería ser una constante en tu vida que te va a servir para entrenarte y para afrontar cualquier revés que te dé la vida.
  10. Ponte en modo soluciones. Ahora ya toca tomar decisiones. ¿Qué vas a hacer? Organízate. Cree que puedes y ponte en acción. Pasamos del dicho al hecho. Toca demostrar de lo que somos capaces. Y si la solución es la aceptación, también has de hacer lo mismo. Que se note que lo aceptas.
  11. Respira otra vez y reconócete. ¿Cómo te sientes? Date cuenta de cómo empezó el proceso y cómo estás ahora. De cómo has respondido sin empeorar la situación. El reconocimiento debe también poner en valor las virtudes que posees, a las que has tenido que echar mano, para que el concepto que tienes de ti y tu autoestima crezcan. Celébralo con todos los partícipes de la solución también.
  12. Sigue adelante. Un bache no es el final del camino. Puede que hayas tenido que ir por otra vía imprevista, que el obstáculo haya costado más o menos superarse en este momento. Eso no es relevante, lo importante es que ya pasó. La vida continúa.

No siempre podemos anticiparnos a todos los imprevistos, ni podemos tener todo súper controlado. Las malas noticias nos llegan, igual que las buenas. Así que aprendamos a gestionarlas de la mejor manera posible para nosotros y para quienes nos rodean. Nuestra actitud va a marcar la diferencia. La buena noticia, es que se puede entrenar. ¿Quieres probar?

Levántate y sigue adelante tras cada caída. El éxito está detrás del error siempre que aprendas de él. Por eso, ¿qué vas a hacer para superar las malas noticias?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

28 junio, 2021

Querido compañero,

¿Aceptas la diversidad sexual y de género? ¿Respetas y apoyas que otros puedan sentir y ser diferentes a ti? 

Lamentablemente, en pleno siglo XXI en muchos países se siguen encarcelando a personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales en aplicación de leyes que penalizan su orientación sexual o su identidad de género y convierten un beso en un delito. Incluso se les tortura para obtener confesiones de "desviación" y se les viola para "curarlos" de ella.

Trabajando por la visibilización y la tolerancia

Hay muchas organizaciones que trabajan en pro de la diversidad afectivo-sexual, los derechos de lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTI), que en muchas partes del mundo como acabo de indicar no son respetados, una de estas organizaciones es Amnistía Internacional que trabaja desde 1991.

En 11 países la homosexualidad podría suponer la pena de muerte y en 70 países se considera ilegal y se castiga con penas de cárcel.

Con el motivo de fomentar la tolerancia y el conocimiento acerca de la diversidad sexual, se conmemora el Día Internacional del Orgullo LGBT cada 28 de junio, recordando los hechos ocurridos ese día en 1969. Entonces, los asistentes del Stonewall Inn, un bar del barrio Greenwich Village en Nueva York muy frecuentado por gays y personas trans, se cansaron del hostigamiento de la policía. Desde entonces, se ha extendido por el mundo entero la celebración de ese día para reflexionar sobre las luchas que este sector de la población mundial todavía enfrenta en la búsqueda de su inclusión social sin discriminaciones.

La pandemia y el colectivo LGTBI

Recientemente he leído un artículo en el que un experto independiente de Naciones Unidas en protección contra la violencia y la discriminación por orientación sexual e identidad de género - IESOGI habla del impacto de la pandemia de Covid’19 en las personas LGTB.

Comenta que la inestabilidad socioeconómica, la incapacidad para salir de entornos abusivos, así como la agravación de la ansiedad y otras condiciones preexistentes relacionadas con el bienestar mental y emocional, las personas LGBT han sufrido un impacto significativo en la pandemia. Los servicios de salud han informado una percepción en el deterioro de la salud mental y un aumento de la demanda de asistencia psicológica: un reporte revela que se han cuadruplicado las cifras de llamadas en las que una persona les contacta por contemplar el suicidio.

Es decir, la respuesta a la pandemia ha reproducido y exacerbado los patrones de exclusión social y violencia ya identificada, ya que, en todas las latitudes, las personas LGBT están desproporcionadamente representadas en los índices de pobreza, falta de acceso a la vivienda y falta de atención médica, lo que significa que se han visto particularmente afectadas como consecuencia de la pandemia.

Un ejemplo sería que al quedarse en casa y colaborar en la lucha contra la pandemia, los niños, niñas, adolescentes y personas mayores LGBT se ven obligados a soportar una exposición prolongada a miembros de la familia que pueden no aceptarlos, lo que ha aumentado las tasas de violencia doméstica y abuso físico y emocional, así como los daños a la salud mental.

LGTBI y el empleo

Quisiera añadir que hoy en día hay muchos estudios que avalan que las personas LGTBI siguen viviendo y percibiendo discriminación y obstáculos en el empleo. Tres de cada cuatro personas encuestadas revelan que alguna vez han sentido miedo a hablar de su orientación sexual o identidad de género.

La mayor parte de las personas LGTBI, un 90%, consideran que su orientación sexual o identidad de género es un inconveniente a la hora de encontrar un trabajo y un porcentaje similar, el 86,6%, considera necesario ocultarlo a la hora de hacer una entrevista de trabajo o para mantener el trabajo.

Un motivo muy frecuente por el que uno permanece en el armario es el temor a los insultos o al despido o a ser víctima de burlas, chistes o cotilleos, sean intencionados o no.

Otra causa principal de permanecer en silencio es el no querer que cambie la valoración profesional que se tiene de ellos. El miedo a que cuando te visibilizas abiertamente, pasas de ser el jefe o la compañera, a poder ser el jefe maricón o la compañera lesbiana.

Es necesaria la aprobación de protocolos contra el acoso laboral por orientación sexual, identidad o expresión de género y de planes de acompañamiento a personas trans y de generar espacios seguros fomentando políticas laborales de diversidad e inclusión.

Como ya os hemos compartido en nuestro blog, podéis leer algunas de las claves de la gestión de la diversidad en las empresas que también aplican para los casos de LGTBI. 

Una llamada a los Estados

Para acabar este artículo me gustaría hacer una llamada a los Estados, que recurran a todos los medios necesarios, para garantizar que no se agraven y que lleguen a desaparecer los prejuicios, estereotipos, desigualdades o los obstáculos estructurales existentes y que se volatilice la violencia y la discriminación contra las personas con diversas orientaciones sexuales e identidades de género.

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para ser más tolerante con la diversidad sexual?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

15 junio, 2021

Querido compañero,

¿Dejas que vaya pasando tu vida? ¿Sientes que todos los días de tu vida son iguales? ¿Tienes un sentido de vida? 

Es claro y existen muchos indicios científicos que demuestran que tener un propósito en la vida nos beneficia y mucho. El sentido de la vida es la dirección que es necesario seguir para vivir en equilibrio, para sentir toda la plenitud de tu ser.

Todo ser humano tiene su propia misión, propósito y sentido de la vida. Y el primer paso es querer encontrarlo y conectar profundamente con él, y después, comprometerte a seguirlo.

Nuestros objetivos, nuestras necesidades y pasiones están en nuestro interior y como explica el neurólogo y psiquiatra austríaco: Viktor Frankl en su libro “el hombre en busca de sentido” cada día y en cada momento tenemos la oportunidad de tomar una decisión que determinará: si quedar sujetos a las propias circunstancias, en manos del destino, o actuar con auténtica dignidad, escuchando a nuestro verdadero yo.

El croata y pionero de la psicología positiva, Mihaly Csikszentmihalyi, se centró en el estudio de los fundamentos del bienestar mental y perfil de personas creativas, artistas y científicos para entender qué les hacía invertir la mayor parte del tiempo en algo de lo que no esperaban conseguir ni fama ni fortuna, pero que sí daba un significado y valor a su existencia. Cuando entramos en estos procesos tan motivadores entramos en lo que denominó “estado Flow”; es decir, en una fluidez que pone en orden nuestro caos interior, nos hace fuertes ante a las adversidades y nos protege de trastornos físicos y psíquicos.

Claves para encontrar el sentido a tu vida

Os propongo unas claves para encontrar vuestro sentido de vida:

  • Tómate tu tiempo. Conócete. Para lograrlo, pasa tiempo de calidad contigo mismo. Te recuerdo que todas las respuestas las tienes tú, así que aprende a escucharte y una buena manera es practicando el mindfulness, la meditación, hacer mandalas… para ser consciente de ti mismo, de las otras personas y de tu entorno.
  • Disfruta y practica la contemplación. Aprecia cada pequeña cosa que sucede en tu vida, los pequeños y grandes placeres que dan sentido a tu vida: practicar un deporte, una comida, pasar el tiempo con un ser querido, ver un museo…
  • Busca modelos de personas felices. Lee libros, escucha audios, ve vídeos… de personas que expresen su felicidad y su sentido de vida y aprende y observa cómo lo hacen.
  • Conéctate con el Amor al otro.  Las personas que amamos son una inspiración constante para vivir y ser mejores.
  • Busca personas que vayan en tu dirección. Conoce gente que sientan ganas de vivir, que sientan orgullo de lo que hacen, que sientan que su vida es plena… Podréis apoyaros y crecer antes juntos.
  • Sal de tu zona de confort. Haz cosas diferentes, crea nuevas rutinas, ponte nuevos retos que te aporten nuevas emociones… nuestro cerebro necesita estimulación y nuevas experiencias. Crea rutinas, hábitos, rituales o acciones que te aporten una mayor calidad de vida.
  • Cuídate. Sigue una alimentación sana, haz ejercicio, quítate adicciones (fumar, beber…), sal de excursión a la naturaleza, vete a dormir a una hora prudente… tu bienestar mejorará notablemente.
  • Soluciona todo lo que pueda estar haciéndote sentir infeliz. Chequea tus relaciones y pon los límites que necesites o directamente, sepárate de las personas tóxicas o por las que sufres. Chequea tus actividades y observa el grado de disfrute que obtienes de cada una y si puedes eliminar o dedicar menos tiempo a las que no te gusten o te provoquen malestar realizarlas. Crea rutinas motivadoras para ti y rodéate de gente que te potencie y sume tu felicidad.
  • Lucha por algo que realmente te merezca la pena y marca tus prioridades. ¿Cuáles son las 5 cosas que tienes o que quieres tener más importantes para ti? Centra la mayor parte de tu tiempo en hacer actividades que vayan encaminadas a la conservación o a la obtención de cada una de estas prioridades. Busca el por qué luchas cada día de tu vida para que tu motivación no desfallezca. Sigue el camino que marca tu corazón para saber dónde quieres llegar.
  • Actúa. Todo lo que puedas aprender de la vida no sirve absolutamente de nada si no aplicas las enseñanzas a todos los días de tu vida.

¿Se te ocurren otras formas de encontrar tu sentido de vida? 

Puedes elegir seguir pasando por la vida de puntillas o malgastando tu vida o puedes experimentar todo lo que quieras y encontrar el sentido de tu vida, tú eliges.

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para encontrar el sentido de tu vida?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

Entramos en conflicto cuando nuestro corazón quiere una cosa, pero nuestro cerebro nos dice otra. También cuando estamos en desacuerdo con otra persona. Hay intereses contrapuestos que nos pueden llevar a una confrontación, emocional, verbal o incluso física, aunque estoy segura de que la principal causa por la que surgen los conflictos es la mala comunicación o la falta de ella, que suele empeorar la situación.

Cuando tenemos un conflicto con una persona, normalmente es por algo sobre lo que tenemos opiniones encontradas, opuestas o antagónicas. Y entonces comenzamos a discutir, que no argumentar, llegando a pasar del hecho en sí y a centrarnos en lo que “tú me has dicho”, “lo que no me has dicho”, tratando de que entiendas que “yo tengo razón” o de que veas las cosas como las veo yo. Quiero que cambies tu postura y aceptes que la mía es la correcta.

El conflicto desde el "yo gano-tú pierdes"

Como mi visión es “la buena”, la mayor parte de las veces no entendemos que el otro pueda tener una versión diferente y mucho menos igual de válida sobre el asunto. Desde mi postura yo solo suelo tener una opinión, me posiciono en una idea concreta de la cuál es difícil sacarme. Si creo que mi opinión es la cierta, ¿por qué voy a querer siquiera plantearme otras opciones?, ¿por qué voy a escucharte si no tienes razón (porque la tengo yo)? Con esta disposición ante el conflicto, voy a afrontarlo desde el “yo gano, tú pierdes” porque solo puedo ganar yo que soy quien tiene la verdad que tú no ves o no entiendes. Si el otro acepta nuestra postura, ha cedido en la suya con lo que ha perdido la discusión. Nos quedamos tranquilos y nos sentimos triunfadores. A veces, hasta con recochineo: ¿ves? ¿ves cómo tenía yo razón? 

Aunque Arthur Schopenhauer nos enseñe en sus libros el arte de tener siempre la razón, cuando es el otro el que tiene siempre la razón, ¿cómo nos quedamos si estamos continuamente sintiendo que perdemos, si estamos cediendo siempre nosotros? Lo más probable es que dejemos de entrar en discusiones, evitemos el conflicto o nuestra autoestima se vea mermada porque no nos valoran o no tienen en cuenta nuestra opinión.

La resolución más eficiente de los conflictos pasa por encima de tener o no razón, porque no se trata de ti o de mí, sino de pasar de un conflicto a un problema objetivo que tiene solución y que juntos podemos encontrarla.

¿Qué se requiere para salir de un conflicto?

  • Querer solucionarlo. No se resuelve solo. Dejarlo pasar funciona en un porcentaje muy pequeño de casos, aunque con el tiempo puede que nos demos cuenta que, aquello a lo que yo di en su día tanta importancia, ahora me parezca una anécdota. Normalmente solemos querer que una situación cambie, que un comportamiento cambie o que se nos comprenda. Para ello, hemos de ponerlo sobre la mesa, hemos de expresarlo. Piensa en qué consecuencias negativas puede tener no afrontarlo.
  • Hay diferentes puntos de vista porque cada persona tiene su propia forma de pensar. Tomar consciencia de que desde mi posición solo veré mi versión del asunto e igual que yo veo solo mi opción, el otro solo verá la suya con la misma sensación de ser una verdad verdadera. 
  • Querer conocer la verdad del otro para comprenderla. Si quiero llegar a un entendimiento, al menos he de escuchar con apertura y flexibilidad mental que haya otras ideas o posiciones diferentes a la mía. Necesito disposición y curiosidad para salir de mi verdad y acercarme a la postura del otro. 
  • Centrarnos en los hechos. El conflicto es subjetivo, lleva una interpretación personal asociado, cargada de suposiciones (creo que el otro lo hace por…, creo que está pensando…, me has hablado mal…, siempre te comportas así…) Hay tantas generalizaciones, resentimientos que se han sumado a los desencuentros pasados que ya de paso ponemos sobre la mesa, expectativas incumplidas que nos frustran o decepcionan... Por lo tanto, hemos de bajar lo sucedido a la realidad lo más que podamos y para ello hemos de centrarnos en los hechos que son obvios para ambas partes, irrefutables por parte de los dos. Si habíamos dejado a un lado el problema de base para enredarnos en nuestra discusión, así podremos recuperar la esencia del conflicto para poder afrontarla. Sin juicios. Solo con hechos.  
  • Dejar de ir contra el otro para ir con el otro a solucionar el problema. Como es un enfrentamiento, solemos estar en frente del otro, lo que nos pone en una posición de boxeadores cada uno en su rincón del ring. Si queremos de verdad salir del conflicto, hemos de dejar de estar en frente y ponernos al lado del otro para así tener una visión conjunta del problema. Os invito a hacerlo también físicamente.
  • El conflicto no es la persona. Puede que lo que haya dicho, lo que haya hecho, lo que piense, sea diferente a lo que yo creo, pero son sus actos, no es la persona en sí el conflicto. Por eso, si queremos mantener una relación futura con esa persona con la que estamos en conflicto, bien porque sea mi pareja, mi compañero de trabajo, mi jefe, mi amigo… entonces, suele ser más inteligente separar el problema de la persona. Aislar el hecho. No es “porque tú me has hecho sentir así”. No. Es “yo siento esto a consecuencia del hecho sucedido”. La persona no es que sea así, sino que se ha comportado de ese modo en ese momento dado y no me ha gustado. Nosotros también tenemos malos días.
  • Esperar el momento adecuado, en el que tengamos la capacidad para argumentar y escuchar. Cuando tenemos una intensidad emocional asociada al tema en cuestión muy elevada no tenemos capacidad de escuchar al otro. Estamos muy embebidos en nuestra emoción, en nuestro enfado, tristeza, miedo que nos impide tener respuestas adecuadas y que nos lleva a ser más reactivos. Desde ese estado es muy difícil llegar al entendimiento mutuo. Por eso, es mejor esperar, dejar que se enfríe un poco. De ahí que se diga que no tomemos decisiones importantes en caliente.
  • Plantearme quién es responsable de la situación. Qué parte de responsabilidad es del otro y qué parte de responsabilidad es mía. ¿Puedo hacer yo algo para cambiar la situación? ¿La he empeorado yo? Puedo haber sido yo quien ha saltado de forma impulsiva, quien ha sido exigente con el otro, quien ha utilizado malas formas al hablar, quien no ha asumido su error, quien ha criticado, quien ha querido imponerse, quien quiere controlar todo, quien está en queja continua, quien no sabe priorizar, quien no tiene claro lo que quiere, quien va a la contra por deporte, quien ralentiza todo un proceso por el perfeccionismo, quien actúa de forma poco comprometida o caótica, quien se deja llevar por los demás perdiendo su propio criterio… 
    • Te invito a que hagas una lista con todos tus comportamientos o actitudes negativas que tienes y trates de analizar qué provoca eso en los demás, e incluso, que pienses por qué lo haces.

Mantén una buena actitud

Dicen que lo que das, recibes, por lo que se cumple el dicho de “no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”. Sé educado, mantén una disposición al entendimiento, utiliza la empatía, la humildad y la compasión, no desdeñes las emociones de los demás solo porque no las compartas, utiliza feedback constructivo y, sobre todo, no añadas leña al fuego, sé consciente de tus respuestas para no empeorarlo.

Hablando, desde la serenidad, somos mucho más capaces de resolver juntos cualquier problema que se nos ponga por delante. 

Cuando ya estéis en modo soluciones ambas partes, podréis entrar en la búsqueda de alternativas de solución, en formas de cubrir los intereses mutuos, en negociaciones hasta llegar a las mejores decisiones, que suelen ser las que dejan a los dos con la sensación de ganar-ganar.

¡Mucho ánimo! Ah, recuerda, si tú solo no puedes resolverlo, siempre puedes acudir a un mediador neutral que os ayude a acercar posiciones y que facilite el diálogo.

Aprende a resolver conflictos y no irte a la cama con ellos. Tu paz interior será la clave para saber que el conflicto está resuelto adecuadamente.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

31 mayo, 2021

Querido compañero,

¿Crees que te conoces? ¿Ante los sucesos de la vida o los conflictos sabes cómo vas a responder?

El pasado 30 de mayo se celebró el día mundial del eneagrama. El objetivo del eneagrama es el propio conocimiento, el propio descubrimiento interior ayudándonos a desembarazar todas las capas de cebolla que nos hemos puesto hasta descubrir nuestra esencia, la base del iceberg y descubrir nuestros automatismos. Es un viaje de autoconocimiento, reflexión e indagación... No es una charla, un libro. Cuando te conoces y te das cuenta, tienes una mirada contigo más compasiva.

Hacia el autoconocimiento con el eneagrama

Según Riso y Hudson, el trabajo que puede ayudarnos a hacer el eneagrama sugiere el siguiente recorrido:

  • Partimos de descubrir o identificar nuestra propia imagen, cómo nos vemos a nosotros mismo, qué decimos de nosotros: Soy puntual, nunca miento, pienso primero en los demás… o cosas negativas como soy torpe con las manualidades, no soy muy listo, no tengo madera de deportista… Cosas que no ponemos en duda y que reaccionamos con fuerza si nos ponen en duda, pero suelen ser aspectos de nuestra personalidad, que se ha creado con nuestro ego. 
  • Saber identificarse. Identificarse no es ponerse un número dentro de los que señala el eneagrama clásico de la personalidad. De hecho, si solo nos fijamos en comportamientos en lugar de buscar las motivaciones de fondo, nos confundiremos, por eso, hay que tener cuidado con la identificación. Muchas personas que se han identificado mal porque se han visto en un momento determinado de su vida actuando como uno de los tipos aunque en realidad sean otro. Han podido hacer test que les han dicho que son un número, han leído el resumen y les ha cuadrado más o menos, pero no han hecho el trabajo interior de descubrir de verdad cuál es su esencia. Entonces, es importante saber el tipo de personalidad correcto y comprender el funcionamiento personal interior.
Enea
Eneagrama clásico
  • Cuando empezamos a profundizar en nosotros, observamos que muchos comportamientos no cumplen esa imagen habitual que tenemos de nosotros. Por ejemplo, podemos pensar que decimos siempre la verdad, pero empezamos a detectar que decimos mentirijillas aunque sean bien intencionadas, para evitar enfrentamientos o para complacer a los demás. 
  • Al seguir trabajándonos y observándonos, podremos comenzar a percibir los motivos y actitudes que hay detrás de nuestros comportamientos, aunque no suele ser fácil decir exactamente qué los causa, sí que nos cuestionaremos ¿qué nos empuja a hacer lo que hacemos?, ¿por qué soy hostil ante una determinada persona?, ¿para qué estoy queriendo llamar la atención? Sobre todo, el miedo y el deseo básico va a ser un elemento clave que mantiene los hábitos y reacciones automáticas de la personalidad. Y de ahí vislumbrar lo que de verdad desea nuestro ser, detectar lo que nos falta y qué buscamos de una u otra forma. Por ejemplo, gracias atención que hemos puesto en nosotros, podremos reconocer que en realidad queremos alejarnos de esa persona con la que estábamos hablando.

El encuentro con uno mismo: reconocer todas nuestras facetas

Al ser más conscientes de nosotros mismos, en el presente, podremos ir percibiendo cómo estamos físicamente, los afectos a los demás, las tensiones musculares y energéticas, donde tengamos bloqueos. Se hace importante la relajación y la respiración para esa toma de consciencia. En nuestro ejemplo, podemos notar la sensación de agitación o de tensión en los hombros, o los pies se inquietan y se disponen hacia una salida.

También vamos a poder descubrir nuestros estados emocionales más primitivos y perturbadores, entre los que están las tres emociones principales del ego: la rabia, la vergüenza y el miedo que rigen lo que en eneagrama se llaman centros: instintos, sentimientos y pensamientos que poseemos todo ser humano. 

Y, además, descubriremos los instintos más primitivos como el instinto de conservación, el instinto de relación social y el instinto sexual, y, también, la relación con el apego, la frustración y el rechazo que tenemos. 

En todos estos descubrimientos habremos de cogernos con cariño, sin juzgarnos porque es la parte más fea o que menos nos va a gustar de nosotros mismos.

Una vez aquí, siendo más conscientes y perceptivos, habiendo reconocido nuestro lado más oscuro, es cuando nos damos cuenta de que con nuestra actuación temperamental, con el ego dirigiendo nuestra vida, nos separamos de nuestra bellísima naturaleza esencial. Hay pena sobre todo por ver cómo funciona el ser humano y a la vez un deseo de orientarnos a la luz. Es un momento de cambio. Estamos preparados.

El momento del cambio: hacia la Trascendencia

Pero necesitamos cierta fe que nos ayude a dar el salto, porque ahora que podemos comprender que la personalidad es un invento que nos hemos montado, una historia que nos hemos contado durante mucho tiempo, ¿cómo lo hago?, ¿qué hago si ya no funciono desde el ego?, ¿cómo actúo? Y podemos sentir cierto vacío. Pero con esa fe, seremos capaces de ver el mundo de posibilidades que se abren ante nosotros. Es nuestra libertad. Libertad para elegir la estrategia más adecuada para cada situación, no quedarnos en solo una que no tiene por qué ser la mejor para todo, pues tenemos otras ocho estrategias más identificadas en el eneagrama que están a nuestra disposición.

Ahora nos podremos centrar en nuestra esencia. Riso y Hudson dicen que nuestros actos estarán guiados por la conciencia divina de nuestro ser y no por proyectos y preocupaciones de nuestra personalidad. Seremos más capaces de ver el amor, la gratitud, el respeto desde una conciencia o percepción personal, individual. 

Hasta llegar a la unión espiritual. Un yo espiritual unido a lo divino. Trascender. Ser el yo infinito en el universo, ligado a él. Y aunque esto parezca de unos pocos místicos, podemos al menos atisbar un poquito si profundizamos en nosotros y en el descubrimiento de nuestro ser. 

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta?, ¿qué vas a hacer para conocerte mejor?, ¿quieres que te acompañemos en tu autoconocimiento?, ¿quieres descubrir el valor de esta herramienta ancestral y actual? 

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

Muchas veces vamos comentando todo lo que nos ocurre desde nuestra mente, con nuestras opiniones, pensamientos y relatando hechos, actuaciones como las hayamos interpretado… O vivimos la vida a través de nuestras emociones, según nos sintamos en cada situación. Y el cuerpo, ¿qué pasa con la parte física del ser humano?

Para los preocupados por su imagen el cuerpo será siempre un punto sobre el que poner el foco. No conozco a nadie que le guste su cuerpo tal cuál es y de ahí que muchas veces tratemos de cambiarlo o decidamos no mirarlo ni prestarle atención. ¿Qué es lo que piensas de tu cuerpo? ¿Qué relación tienes con él? ¿Cuánto respeto tienes a tu cuerpo?

Es posible que tengas ideas como que tu cuerpo es un mero mecanismo que te permite vivir tu vida. Tu cuerpo es un tesoro al que proteger. Quizás, has maltratado a tu cuerpo en ocasiones. Porque has pasado de lo que tu cuerpo te pedía hacer por lo que debías o querías. Tu cuerpo es un componente de ti, pero a veces, lo vemos, como disociado de tu mente o de tus emociones. Piensas que el cuerpo te lleva y te trae. Has exigido mucho a tu cuerpo o le has ignorado. ¿Alguna de estas afirmaciones te resuena?

Hay personas que son muy conocedoras de su cuerpo, que quizá como yo, hemos aprendido a prestarle atención, ya sea porque un día nos dio un susto o por necesidad, interés o por nuestro trabajo. 

Aunque no sea tu caso, es cierto que todos poseemos una sabiduría corporal que podemos decidir desarrollar, que nos permite detectar e interpretar señales que nuestro cuerpo nos lanza. Por ejemplo, para que veas que ya posees las bases para profundizar, seguro que sabes reconocer cuando tu cuerpo te dice que tienes hambre, frío o necesitas ir al baño. Y normalmente estos avisos tienen la función de cuidar de ti.  

Además, nuestro cuerpo en su recorrido desde que se formó hasta hoy ha ido incorporando información en todas y cada una de sus células sobre nuestras vivencias, experiencias y sensaciones de todo lo que ocurría a nuestro alrededor.

Estas vivencias vienen impregnadas de nuestra forma de entender el mundo. Es decir, que nuestros valores, nuestras creencias, nuestra cultura, nuestras experiencias, nuestros intereses, objetivos de vida, nuestra interpretación de lo que sucede… van a incidir en lo que se nos quede grabado, que va a ser, por tanto, absolutamente personal e intransferible. Por eso, suelo decir que a cada uno le duele lo suyo o como expone el dicho popular: “cada uno vive la feria como le va en ella”. 

Carl Rogers, investigador y terapeuta, realizó varios estudios sobre lo que llamó la tendencia actualizante, que viene a decir que todos los seres vivos y todas las personas tenemos una tendencia a la supervivencia, al crecimiento y a la autorrealización. 

Así que, podemos decir, que esas señales de nuestro cuerpo nos están haciendo conscientes de que hay algo que hemos de tener en cuenta, que hemos de revisar o abordar para nuestro mejor crecimiento y nuestro desarrollo personal o profesional, para nuestro beneficio. 

Ahora bien, si nuestro cuerpo, siempre va a buscar lo mejor para nosotros, hemos de procurar escucharlo y saber qué nos dice, o más bien, qué nos quiere decir con esas señales que nos va a enviar. ¿Cuál es ese mensaje que hay detrás tan interesante para nosotros? 

5 claves para entender a tu cuerpo

Para saber descifrar lo que nuestro cuerpo nos dice, hemos de comenzar por el principio: Ir entendiendo que nuestro cuerpo es nuestro mejor aliado y familiarizarnos con él.

  1. Conocer para reconocer: Puede que te guste más o menos tu cuerpo, pero sea como sea, es tu cuerpo, eres tú. Lejos de mirar a otro lado, ve descubriéndolo. Mírate, ¿cómo es tu mano?, ¿cuál es el color de tu piel?, ¿qué estructura tienes?, y profundiza, no te quedes solo en lo que se ve, ¿cómo está tu musculatura?, ¿tienes tensiones?, ¿y tus huesos?, ¿qué tal funciona tu tránsito intestinal?, ¿cómo entra el aire en tu cuerpo al respirar?, ¿cómo cambia tu cuerpo al cambiar de postura? Después, puedes comenzar a reconocer sensaciones más sensibles, como hormigueo en los brazos, palpitaciones, un nudo en el estómago… 
  2. Las emociones también nos pueden ayudar a llegar al cuerpo: De la misma forma que cambia nuestra expresión corporal y sobre todo facial cuando sentimos una emoción, si somos capaces de reconocer la emoción, podemos detectar dónde la está representando nuestro cuerpo o cómo la está viviendo. Puedes comenzar por saber la cara que pones cuando estás más enfado o preocupado, después, descubrir que cuando estás triste no tienes fuerzas o que cuando estás muy contento estás agitado. Además, puedes preguntarte dónde sientes la emoción y seguro que te darás cuenta de si es en los hombros, como un peso, o en la garganta o si estás apretando la mandíbula. 
  3. Hazte un escáner de reconocimiento: igual que pasas por el escáner en un aeropuerto, puedes comenzar tu día pasando tu escáner de toma de conciencia por tu cuerpo. Comienza por la cabeza y ve bajando hasta llegar a los pies. Es un reconocimiento de si todo está bien o tienes algo que te molesta. Si lo haces a diario, aprenderás a notar las diferencias con el día anterior. Te recuerdo que ya hay en ti cierta sabiduría, que puedes reconocer cuándo estás cansado que sería más físico, y también cuándo es barullo más mental o revuelto emocional. Aunque no sepas ponerle nombre sí es bueno comenzar por detectar. 
  4. Comienza a relacionar mente, emociones y cuerpo. Una vez que conoces cómo funcionas, podrás empezar a reconocer qué estás pensando. Técnicas como el mindfulness te pueden ayudar. Cuando piensas que “no te da la vida”, tu emoción puede ser de agobio y tu cuerpo puede reaccionar con dificultad respiratoria, te pueden temblar los brazos, etc. 
  5. Descubre técnicas que nos ayudan a encontrar interpretaciones más precisas. Existen diferentes técnicas de autoconocimiento y desarrollo personal que nos facilitan el reconocimiento de las señales y a ajustar o saber desenmascarar lo que todos los mensajes del cuerpo nos están queriendo indicar. Los descubrimientos que tengamos nos van a dar pistas sobre los siguientes pasos a dar, por ejemplo, en una toma de decisiones, sobre cómo actuar ante una relación con otra persona o sobre qué hacer para quedarte más tranquilo. Te dejo algunas de ellas:
    • Relajación para poder parar a escuchar.
    • Focusing.
    • Bioenergética.
    • Gestalt.
    • Kinesiología.

Sea lo que sea que decidas hacer, recuerda siempre que tu cuerpo eres tú. Conocerlo te ayudará a quererte más y quizá, a descubrir toda la sabiduría que tiene guardada para ti. ¡Escúchalo!

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

17 mayo, 2021

Querido compañero,

¿Crees que el Amor lo puede todo? ¿Tienes pensamientos obsesivos vinculados al ámbito de pareja? ¿Minimizas el conflicto y niegas hechos negativos en la relación?

Por mi experiencia y todo lo que he contrastado, tener dependencia o enganche emocional en la pareja se define como un patrón de necesidad de apego y un vínculo tóxico con otra persona. 

Cuando se siente dependencia emocional normalmente se tienen parejas dominantes, egoístas, presuntuosas, impredecibles, egocéntricos-narcisistas, desconsideradas e incluso déspotas, de baja afectividad, capaces de llegar al maltrato físico y/o psicológico… a las que por el comportamiento que ejercen sobre ti, idealizas con sobrevaloraciones constantes de sus cualidades o de su persona en general o de lo que sientes que podría llegar a ser, aunque en ningún caso es la realidad.

El afectado, a pesar de poder reconocer este maltrato y desconsideración, no puede dejar de estar enganchado. Es capaz de pedir perdón, incluso, por cosas que no ha hecho, con tal de que su pareja “lo quiera” y esté contenta. Quienes llegan a sentir este enganche colmarán de atenciones y regalos a su pareja y prácticamente vivirán pendientes para que su pareja esté bien en todo momento.

Se genera una necesidad afectiva extrema hacia la pareja sentimental y esta necesidad de la persona dependiente es equiparable a lo que experimenta un drogadicto con su dosis y es que en la dependencia emocional operan similares mecanismos de refuerzo positivo como en otras adicciones. Quien sufre de dependencia emocional necesita de su pareja-verdugo y si no la tiene, aparece algo similar al síndrome de abstinencia.

El origen de este enganche emocional puede darse por la entrega incondicional a la otra persona, por el miedo al rechazo o al abandono o por la influencia de creer en mitos románticos (donde se fomenta el sacrificio y el sufrimiento para conseguir aquello que todos necesitamos y sin lo cual permaneceremos infelices e incompletos). En los tres casos, se incrementa la probabilidad de establecer una relación de dependencia en la pareja. 

Los perfiles de una relación de dependencia

Dentro de la dependencia emocional se han reconocido dos perfiles: el demandante que puede ejercer de dador, ayudador o salvador y el que está cómodo con la situación porque no tiene ninguna carencia. Luego existen dos patrones: víctima y verdugo. 

El verdugo se mueve con un apego evasivo, porque siente miedo a que le hagan daño y no se entrega, no se vincula, ni se implica, no está emocionalmente disponible, no abre su corazón, no siente con intensidad, tiene mucho miedo al rechazo y se protege con control marcando el ritmo de la relación. Mientras, la víctima sentirá un apego ansioso, producido por un miedo al abandono, que sufrirá ante las evasiones, las dudas y la falta de valoración que vivirá de su verdugo.

El verdugo establece una rutina en la que nunca hay un equilibrio, ni de forma práctica ni teórica y existen puntos en los que la relación está muy bien y otros en los que todo es muy negativo, provocando una montaña rusa emocional continua. Ojoooo, te recuerdo que sólo el Amor crece cuando te das, cuando te entregas y te implicas y un evasivo con tanto control e independencia no te puede dar amor en mayúsculas, porque, además, ni siquiera es consciente de lo que le pasa.

Normalmente el que siente un apego evasivo puede sentir al inicio de la relación una idealización de la pareja pero cuando empiezan a conectar de verdad, cuando la relación empieza a profundizar, dejan de sentir y empiezan a buscar todos los defectos de la pareja y empiezan a desaparecer y a dudar y buscan razones para no implicarse. Como he dicho no se dan cuenta de su patrón y cuando se alejan te echan de menos. La víctima se siente no valorada, ni vista y comienza a vivir la noria emocional de las idas y venidas de su verdugo, de la incoherencia entre lo que éste dice y hace, de la vehemencia y las críticas devastadoras de su verdugo… y comienza a vivir el enganche emocional, deseando, aspirando y demandando esos momentos buenos que alimentan el continuar en la relación.

Os dejo un vídeo increíble en el que Elma Roura explica perfectamente: Los tres tipos de apegos y cómo trabajarlos.

Síntomas de una víctima de dependencia emocional

Esta dependencia emocional lleva a la víctima a sufrir unos síntomas provocados por su deseo de salvar a su pareja y/o de que no le abandone. Algunos de ellos son: 

  • Baja autoestima. Puede haber una falta de reafirmación personal para mostrar los propios gustos y necesidades y también puede darse el caso de una persona que cuando conoce a su verdugo tenga una sana autoestima que se va perdiendo en el camino por querer ayudar y complacer a su pareja. En la persona enganchada se puede producir una pérdida de la propia naturaleza, despersonalización, complacencia y adaptación a todos los gustos y necesidades de la pareja y pérdida de consciencia de sus deseos y necesidades y mucho menos su expresión, si eso supone frustrar a la pareja. Puede ocasionarle una desatención prolongada de necesidades básicas como comer, asearse, dedicarse tiempo... así como otros aspectos importantes como su familia o su trabajo. 
  • Angustia o miedo exagerado a la separación. Te has dicho frases como: “Voy a hacer todo lo posible para hacerle feliz y que estemos siempre juntos”, “si me deja me muero” … La persona dependiente no se imagina o no acepta que la relación pueda terminar. Y aunque la relación sea desastrosa, va a hacer intentos frenéticos de reanudarla si finalmente se rompe, hasta que se hace consciente.
  • Culpabilidad. La persona enganchada tiende a pensar que todo lo que le pasa a la pareja es su culpa, con lo cual querrá cambiar cualquier cosa suya para que el otro/a se sienta bien a su lado. Si la otra parte no se siente contenta o satisfecha, el dependiente sufre malestar y culpabilidad y se pueden sentir culpables cuando deben contradecir o poner límites a su pareja. En cambio, el verdugo se abruma por todo lo que le das, aunque sea poco, porque no abre su corazón, no se entrega y a menudo dirá frases como “das demasiado”.
  • Inseguridad y miedos. Nunca estás tranquilo con respecto al futuro de la relación. Siempre tienes un estado de alerta e inseguridad. ¿Me quiere o no? ¿Esta relación tiene una base sólida? No siente que pueda dejar de prestar atención a la relación porque no tiene la confianza suficiente en ella.
  • Querer un contacto continuo con la persona. La persona dependiente puede manifestar una dificultad para abstraerse del ámbito de pareja y llegar a tener una presencia de pensamientos continuos vinculados al ámbito de pareja. Ésta suele priorizar la relación de pareja sobre cualquier otra cosa para que la pareja le dedique su atención de una forma más continua, debido a las evasiones continuas del otro. Hay una sensación de “yo estoy disponible para ti siempre y espero que me lo compenses”.  
  • Se puede llegar a idealizar a la pareja. Cuando la persona dependiente sobrevalora las cualidades de su pareja, infravalorará las propias. Si se suma que la pareja no te reconoce e incluso incide sobre tus bajas cualidades, más aún entras en baja autoestima y en admiración del otro. También se puede dar el caso de creer que la persona presenta otras cualidades, habilidades, comportamientos... que están magnificados, idealizados, no tienen por qué ser la realidad, por lo que la persona que la víctima tiene en la mente, la pareja que cree conocer, puede no existir.
  • Sentimiento permanente de vacío y de que nada es suficiente para tu pareja. Necesidad excesiva de agradar, en especial a su pareja. Se plantea ¿cómo puedo hacer más por esa persona?, ¿qué tengo que hacer para que me dedique más tiempo?, ¿cómo le puedo gustar más?, ¿qué puedo hacer para que se ausente menos?, acabando con preocupaciones continuas sobre la propia apariencia física o sobre la impresión que le haya podido generar.
  • Alto grado de sufrimiento. La suma de todo lo anterior lo vive la persona enganchada con un alto sufrimiento y tiende a obsesionarse con el otro, pudiéndose llegar a humillar hasta el extremo a cambio de un poco de “falsa ternura”. La adicción genera una necesidad desmesurada e irracional del otro, que le puede llevar a mantener esa relación a cualquier precio aun con el sufrimiento sin mesura que vive.

3 grandes mentiras que alimentan el enganche emocional

En el libro “Cuando amar demasiado es depender” de Silvia Congost encontramos las tres grandes mentiras que en casi todos los casos se convierten en el principal alimento del enganche emocional. Son las siguientes:

  1. Creer que va a cambiar. Es evidente que nadie deja de ser como es si no hace algo al respecto, por mucho que en momentos de arrepentimiento jure y perjure que cambiará. En realidad, a no ser que viéramos que pide ayuda psicológica por sí mismo, podemos asegurar que no tiene ningún interés en cambiar. 
  2. Pensar que cambiará y que su siguiente pareja disfrutará esa transformación. Esta creencia también tiene una parte sorprendente. «Pensamos que todo el esfuerzo, la lucha y el sufrimiento que hemos vivido para conseguir que él/ella cambie, todo lo que hemos tolerado, lo que le hemos ayudado... el hecho de haberle mantenido incluso, algún día servirá para algo. Queremos creer que llegado el momento nos lo agradecerá y nos recompensará por todo», expone Congost. «Esta creencia es, como la anterior, absolutamente ridícula. Cuando esté con la siguiente, reproducirá fielmente la misma relación que teníamos con él/ella. A no ser, claro, que encuentre a una persona con una buena autoestima e independiente que, a la primera conducta extraña que vea, le diga que no le quiere ver nunca más».
  3. Pensar que nunca jamás encontraré a nadie como él. «Esto, en realidad, debería ser un motivo de alegría», bromea esta psicóloga. «El gran objetivo debería ser, precisamente, no encontrar a otra persona igual». Para ello, recomienda que cada día repasemos la lista de razones por las que sufrimos. «Entonces quizá llegue un momento en el que pensemos que mejor no encontrar a otro que sea así. Y que lo bueno que tiene, lo que nos engancha, tampoco es tan difícil de encontrar».

En este tipo de relaciones la persona dependiente se atribuye la responsabilidad de todo lo que pasa en la pareja.

Algunas maneras de afrontar la situación d3e enganche emocional

Aunque pienso que es necesaria una ayuda psicológica si te encuentras en una relación de estas características, dada la dificultad de salir de este enganche, quisiera compartirte algunas maneras para poder afrontar este tipo de relaciones:

  1. Revisa tu histórico amoroso, la calidad de tus relaciones, ¿han sido sanas o tóxicas…? y observa el histórico amoroso de tu pareja ¿cuál ha sido tu/su tónica a la hora de elegir parejas? ¿Cuál ha sido tu/su papel principal en sus relaciones: víctima o verdugo? Suele ocurrir que, si tu pareja ha tenido relaciones normalmente en el que su papel ha sido de víctima, al no saber llevar una relación sana, si es el tipo de relación que le propones o planteas, el otro/a se abruma y descoloca y muy posiblemente repetirá contigo lo que le han hecho a él/ella y actúe, en esta ocasión, ¡como verdugo!
  2. Haz un listado de cosas que te perjudican y te satisfacen de la relación para hacerte más consciente de lo que es bueno y saludable para ti y para tu entorno y no aceptes migajas.
  3. Tapate los oídos y mira sus acciones. Estas personas saben qué decir y cuándo. Comprueba si sus palabras se sostienen y materializan con sus acciones o son humo. Te recuerdo que las palabras pueden ser increíbles, pero si no van de la mano con los hechos no valen nada.
  4. Mejora tu autoestima. Las fortalezas y la autoestima actúan como un factor de protección frente a la dependencia emocional. Dedícate a tu trabajo, a los logros que puedes conseguir, haz deporte, cuida tu alimentación, lee, viaja, duerme bien, etc. ¡¡Cuídate y ámate como te mereces!!
  5. Empieza a creer que no hay nada mal en ti. Todo no depende de ti. Una relación es de dos personas. ¡Hazte responsable de Ti y de lo que tú haces!
  6. Sal, queda con amigos, rodéate de gente que te quiere bien y date cuenta de lo maravilloso que es sentirte así. Incluso crea un grupo de WhatsApp con tus amigos más leales e íntimos para sentirte apoyado, ¡funciona!
  7. Evita todo lo que suponga control o estar pendiente de la otra persona. WhatsApp, redes sociales, fotos, estados... No repasar conversaciones analizando lo que escribe, cómo lo hace, qué dice... Si eres capaz te invito a que borres históricos de conversaciones, fotos… para que no caigas en la tentación y no realimentes tu dependencia.
  8. Evita suposiciones (" Y si hiciera esto...", "Y si soy yo el/la equivocado/a...") y céntrate en lo realmente sí pasa o ha pasado.
  9. Piensa más en ti. Reconoce y expresa tus necesidades, establece límites. Ponte en primer plano en la relación. No tengas miedo a hacerte una persona más firme, aunque creas que puedes ser insensible o dura, si eres una persona con dependencia emocional nunca serás de esa manera, pero si te atreves a ser menos complaciente y luchar por tus gustos y necesidades tendrás un comportamiento más asertivo y equilibrado en tus relaciones afectivas.
  10. Practica el distanciamiento físico para tomar perspectiva. El distanciamiento físico va a afianzar tu autonomía e independencia, te ayudará a ser más objetivo en todo lo que pasa y esto, te permitirá tomar decisiones más objetivas sobre lo que es mejor para ti.
  11. Desarrolla tu inteligencia emocional. Has de aprender a facilitar la expresión de tus emociones, la superación de miedos y adicciones emocionales que te han generado tanto sufrimiento y suscitar nuevas emociones de tranquilidad y serenidad para sentirte mejor contigo mismo.

¿Se te ocurren otras formas de cómo afrontar una relación de dependencia emocional? 

Puedes elegir quedarte, pero no te mientas. Seguirás estando en una relación de carencia si tú no mejoras o recuperas tu autoestima o si la persona que desempeña el papel de verdugo no reacciona y realmente no hace algo significativo para cambiar, por lo que significas para ella y por su propio bien futuro, o para equilibrar esta relación o sus futuras relaciones. Date cuenta que, en principio, no tiene ninguna necesidad de cambiar.

Por último, quisiera comentaros que si ya eres consciente que estás en una relación de dependencia emocional y lo trabajas con un terapeuta especializado en este tipo de casos, tengo la certeza que no volverás a tener un tipo de relación similar, porque sabrás distinguir fácilmente a este tipo de personas y saldrás corriendo, así que ánimooo, te lo mereces. Mereces que te quieran y que no te dejes castigar o criticar o menospreciar o comparar o que no te acepten tal y como eres… te mereces ser feliz y si eliges tener pareja, que te sume, que sume tu Felicidad, la que ya sientes cuando estás solo y ¡nunca que te la reste!

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para mejorar o no estar en una relación de dependencia emocional?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García