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5 abril, 2021

Querido compañero,

¿Te quieres a ti mismo? ¿Cómo te comportas?

Estoy leyendo el libro de Walter Riso: “Ámate a ti mismo” porque tengo muchas dudas de cómo se puede amar uno a sí mismo sin resultar egocéntrico y quisiera compartirte algunas conclusiones a las que estoy llegando.

¿Amarse a uno mismo es egocentrismo?

Una vez que entramos en la adolescencia, cuando desplegamos nuestra área social, comenzamos a poner el foco en el prójimo, pudiendo llegar a pensar en muchos casos, que amar al prójimo es más importante y valioso que amarse a uno mismo.

Si partimos del hecho de que quererse a uno mismo es considerarse digno de lo mejor, fortalecer el autorespeto y darse la oportunidad de ser feliz por el solo hecho, y sin más razón, de estar vivo. ¿No crees que no es necesario el sufrimiento masoquista que nos propiciamos a nosotros mismos en aras de “limpiar culpas” o “tratar de ser dignos” para que alguien nos ame?

Quererse a uno mismo es quizás el hecho más importante que garantiza nuestra supervivencia en un mundo complejo y cada vez más difícil de sobrellevar. Aun así, y curiosamente, gran parte del aprendizaje social se orienta a sancionar o subestimar el valor del amor propio, posiblemente para evitar caer en las garras del engreimiento. Por ejemplo, si decides felicitarte con cualquier gesto, es probable que las personas que te rodean evalúen tu conducta como ridícula, narcisista o pedante.

Sin embargo, una cosa es ser ególatra (endiosado de sí mismo), egoísta (avaricioso e incapaz de amar al prójimo) o egocéntrico (incompetente para reconocer puntos de vista distintos), y otra muy distinta es ser capaz de aceptarse a sí mismo de manera honesta y genuina

¿Cómo se puede amar uno a sí mismo sin resultar narcisista?

Es verdad que no hace falta gritar a todo pulmón lo maravillosos que somos ni publicarlo en primera página, vanagloriándonos, pero reprimir lo que sí somos, negarlo o contradecirlo termina por herirnos emocionalmente, por ejemplo, cuando caemos en la vergüenza de ser lo que somos o cuando nos sentimos mal por ejercer o ignorar nuestros derechos personales o cuando pensamos que no los merecemos… ¿Hasta qué punto nos estamos poniendo en valor? Esta puesta en valor está relacionada con nuestra autoestima.

Será importante, entonces, desarrollar nuestra Autoestima. La autoestima nos ayuda a sentirnos mucho mejor con nosotros mismos, lo que influye en nuestro comportamiento. Por lo tanto, una buena autoestima puede ayudarnos a conseguir querernos tal y como somos.

¿Cuáles son los beneficios de mejorar nuestra autoestima?

Algunos de los beneficios que vas a encontrar al mejorar tu autoestima son:

  • Tener una mayor autoconfianza para afrontar cualquier proyecto o propósito en la vida. No te darás por vencido muy fácilmente, perseverarás en las metas y te sentirás competente y capaz de lograr lo que te propongas en la vida.
  • Incrementar las emociones positivas y mejorar la salud mental. Te alejarás de la ansiedad, la tristeza y la depresión, y te acercarás a la alegría y a las ganas de vivir mejor.
  • Asumir responsabilidades y afrontar problemas. Afrontarás los problemas y responsabilidades porque te sentirás seguro y confiado de tus capacidades para lograrlo.
  • Conectar mejor con las personas. Te quitarás de encima el incómodo miedo al ridículo y la necesidad de aprobación, porque tú serás el principal juez de tu conducta. No es que no te interesen los demás, sino que no estarás pendiente de los aplausos y los refuerzos externos, y tomarás las críticas más objetivamente. Además, tendrás una mayor facilidad para relacionarte de forma adaptativa con las demás personas y preferirás evitar interactuar con personas conflictivas y/o negativas.
  • Conseguir relaciones sanas y armoniosas con los otros, ya sean amorosas o de amistad. Podrás amar a tu pareja y querer a tus amigos más tranquilamente. Dependerás menos y establecerás un vínculo más equilibrado e inteligente, creando lazos de igualdad, sin el terrible miedo de perder a los otros.
  • Ser una persona más independiente y autónoma. Te sentirás más libre y segura a la hora de tomar decisiones y guiar tu vida.

Peligros de una autoestima baja

Los hallazgos realizados en el campo de la psicología cognitiva en los últimos veinte años muestran claramente que la visión negativa que se tiene de uno mismo es un factor determinante para que aparezcan trastornos psicológicos como: fobias, depresión, estrés, ansiedad, inseguridad interpersonal, alteraciones psicosomáticas, problemas de pareja, bajo rendimiento académico y laboral, abuso de sustancias, problemas de imagen corporal, incapacidad de regular las emociones y muchos más. La conclusión de los especialistas es clara: si la autoestima no posee suficiente fuerza, viviremos mal, seremos infelices y nos mostraremos ansiosos.

¿Narcisismo o autoestima?

Tanto el narcisismo como la autoestima buscan de alguna manera la legitimación del ser pero existen algunas diferencias como: el narcisista se da una importancia exagerada y realmente distorsionada, quien tiene una alta autoestima alude a una satisfacción mucho más interior, menos inflada y mejor argumentada. Otra diferencia es que una persona con autoestima es asertiva, sin embargo, un narcisista su foco es la necesidad de atención. Además, una persona con sana autoestima es colaboradora y un narcisista no es generoso, si no va a obtener un beneficio.  También el narcisista muestra compasión por sí mismo, mientras que quien tiene autoestima tiene presente el reto que supone ayudar a los demás y basa su bienestar en las relaciones satisfactorias.

¿Narcisismo o Autoestima? 2miradas.es

¿Se te ocurren formas de cómo quererte a ti mismo para que no te pase algo de todo esto? En mi próximo artículo te lo contaré, hasta entonces te invito a ser valiente y enamorarte de ti para que cada día seas más feliz y más resistente a las embestidas de la vida cotidiana.

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para mejorar el Amor a ti mismo?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

¿Te has visto en una situación delicada física, emocional o mentalmente, sintiendo el riesgo de no poder más, de estar al límite? ¿Te has forzado probando cosas por sentirte más fuerte, más poderoso, más capaz o por la propia adrenalina? ¿Has llegado a hacer por los demás algo que sabías que podía no acabar bien o que no era saludable, por no fallarles y que te dejaran de apreciar?

Ayer fue el Día Internacional de la Mujer, día en el que la mujer sigue expresando al mundo que es capaz de hacer mucho más. Día en el que se desea que se ponga en valor a cada mujer por ser quien es, por sus competencias, por sus cualidades y por sus fortalezas.

Sin embargo, aunque siga habiendo muchos aspectos en los que parece que tengamos que demostrar las capacidades de las mujeres, creo que nadie pone en duda otras muchas cuestiones, como que está en nuestro ADN la capacidad de hacer equipo, de organizar, de preservar, de cuidar, de dar sostenibilidad a la humanidad… lo tengamos más o menos desarrollado.

Al final, no es una cuestión de hombres o mujeres, es una cuestión de ser felices. No es una cuestión de poder o no trabajar, ni de en qué, es de ponernos a ello creyendo en nosotros mismos, trabajando nuestra autoestima para poder ser líderes de nuestra propia vida.

En estos días he tenido algún susto con la moto y he sabido de otras personas que el susto ha sido grave o incluso, han fallecido. Estamos perdiendo a muchos seres queridos, es decir, la vida igual que nace, perece. No podemos desperdiciarla, jugándonosla sin criterio, o peor aún, por gustar a los demás, por no poner límites o no tenernos en cuenta a nosotros mismos.

Claves para vivir con coherencia

  • Mírate en el espejo. Eres tú. Tal cual. Seguro que empiezas a sacarte defectos, porque nunca nos terminamos de gustar del todo. Requiere de mucha aceptación de nosotros mismos. Sí, nací con la piel clara, o sí, soy bajita, o sí, tengo el pelo revuelto. Es solo un ejercicio de reconocimiento, sin juicio.
  • Escucha a tu cuerpo. Si te empieza un tic en el ojo, es porque tu cuerpo te está dando una señal de que has de parar, puede ser síntoma de estrés o cansancio. Si te duele el estómago puede que sea de los nervios. Si te duele la cabeza, quizá la estás dando demasiada caña y has de pararla. Y si algo te dice que “es por ahí”, como una certeza que no puedes explicar, también es el cuerpo quien te va a avisar.
  • ¿Qué te hace sentir bienestar? Haz una lista de las cosas que te sientan bien. Estar con amigos, salir de caminata, ir al cine, leer, una ducha sin prisa, ayudar a los demás, resolver problemas, programar, coordinar, redactar, simplificar, limpiar. Empieza a reconocer los momentos en los que te sientes bien contigo, en los que estás haciendo algo que te gusta, puede ser con temas de trabajo o en cualquier ámbito. Hazte consciente de cada cosa de tu día con lo que te has sentido bien, desde comer hasta hacer ese informe en el que has plasmado todo tu conocimiento.
  • Antes de actuar, para un segundo. ¿Te vas a dejar llevar sin más por la situación? ¿Lo que la vida te pone delante va o no va contigo? ¿Qué ventajas o beneficios tiene para ti en este momento? ¿Qué ganas y qué pierdes? ¿Cómo afecta a los demás? Es un momento para reflexionar.
  • Define qué es importante para poder elegir. Plantéate un: "¿y yo qué quiero?" Y déjate sentir cómo estarás si aceptas hacer o no hacer algo. Que tomes tus propias decisiones puede generar malestares en los demás, pero como no te puedes olvidar de ti, por lo menos, ponte en la ecuación y evalúa hasta qué punto quieres o simplemente estás dispuesto a asumir las consecuencias o lo que supondrá. No tiene que ser un siempre no, ni un siempre sí. La realidad cambia, las circunstancias cambian y podemos elegir en cada momento. Nadie decide por ti, eres tú quien acepta o no la decisión del otro.
  • Alinéalo con tus objetivos y metas personales o profesionales. Aquí hemos de tener claridad con el ¿para qué lo hago? También te puede ayudar el pensar en ¿desde dónde estoy tomando esta decisión? Desde mi inseguridad, desde mis necesidades insatisfechas, desde mi deseo, desde mi ego… Si no es desde tus valores, desde tu serenidad y desde tu esencia o identidad, si no es congruente con lo que piensas, quieres y sientes, vuelve al punto anterior, quizá haya que tomar otra decisión. 
  • Lo que decidas, hazlo a conciencia. Asegúrate, por lo menos, que te quedas tranquilo con la decisión tomada, aunque no sea la que más te hubiera gustado a ti y hayas optado por el bien común. Esto es importante para no entrar en reproches ni contigo, ni con los demás, para no tener que aguantarte en tu propio rumie de pensamientos, de culpas y justificaciones.   
  • Juégate la vida por lo que quieres. Es difícil a veces ir contracorriente, es duro escuchar palabras desalentadoras cuando tú tienes dudas, aunque algo dentro de ti te dice que sigas adelante. Es fácil caer en conformismo, en autosabotaje o autojustificación en lugar de luchar por lo que verdaderamente quieres. Ahora bien, si no lo haces, ¿para cuándo lo vas a dejar?, ¿te vas a perder la oportunidad? Confía en ti. Pon todo de tu parte, todo lo que esté en tu mano. Y si al final, no sale, es porque no tenía que salir, pero nunca te reprocharás no haberlo intentado hasta el final.

coherente contigo, pon pasión en lo que hagas, cree en ti, descúbrete en tu mejor faceta, permítete decir sí, o decir no, con la misma facilidad. Haz de cada día la mejor jugada de tu vida.

¿Por dónde vas a comenzar?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

2 marzo, 2021

Querido compañero,

¿Qué preparas antes de ir a una entrevista? ¿Acabada la entrevista tienes toda la información del puesto al que quieres optar?  

Seguramente que tras realizar alguna entrevista de trabajo os habéis sentido que no habéis dicho todo lo que queríais, que se os han olvidado datos importantes a aportar, que habéis metido la pata en algo, que os habéis quedado en blanco ante alguna pregunta que os hace el entrevistador o que se os ha olvidado preguntar datos sobre el puesto ofertado…

Todos estos errores son normales si no hemos preparado la entrevista o no nos han ayudado a saber cómo hacer entrevistas.

Claves para ir preparado a una entrevista laboral

Quiero compartirte algunas claves para ir preparado cuando vayas a realizar una entrevista:

  1. Actualiza y completa tu perfil en LinkedIn. Muy probablemente una de las primeras acciones que va a hacer el seleccionador es buscarte en LinkedIn. Como en el CV, te sugiero que des protagonismo a lo que puedes aportar gracias a los trabajos y aptitudes que has desarrollado y enfocarlos al puesto al que quieres optar.
  2. Comienza la selección de las ofertas de empleo y empresas que más encajan contigo. ¡Cotillea! Conoce la empresa y el puesto vacante, para ello puedes entrar en su web, Twitter, Facebook, Instagram, LinkedIn… ¿A qué se dedica? ¿Cuál es su misión y visión? ¿Qué valores tiene? ¿Qué opiniones y comentarios sobre esa empresa hay en las redes sociales? ¿Qué piden para el puesto? 
  3. Para que te den la opción de poder acceder a una entrevista es importante que prepares un Curriculum Vitae acorde con el puesto que quieres conseguir y prepara una carta personalizada para esa empresa y puesto. Si es posible, adjúntala o incorpora parte de ella en el propio CV.
  4. Obtén información sobre la entrevista. Cuando te llamen para realizar la entrevista, pregunta, si no te dicen antes: el puesto a desempeñar y los requisitos, nombre de quien va a realizar la entrevista y el puesto que ocupa en la empresa, si va a ser una entrevista individual o grupal, pregunta si te van a realizar una prueba y por supuesto, ten claro, día, hora y lugar o plataforma de videoconferencia donde te van a hacer la entrevista.
  5. Conoce al posible entrevistador. Entra en sus redes sociales para conocer sus gustos, hobbies, comentarios, tendencias… Todo esto te puede favorecer en un momento dado de la entrevista, por ejemplo, imagínate que es forofo del fútbol y concretamente del Real Madrid y tú eres del Atleti, sabes que si saca este tema el entrevistador tendrás que tener cuidado con lo que dices y tú no podrás sacar este tema en la entrevista porque puede llegar a resultar un problema para ambos.
  6. ¡Prepárate! Es fundamental que sepas comunicar de manera distendida tu CV, practica frente al espejo o cuéntaselo a tu pareja o algún amigo y pídeles que sean críticos y te digan si les ha resultado convincente cómo lo has hecho o si has resultado aburrido y si tu comunicación verbal y no verbal ha sido adecuada.
  7. ¡Conócete! Es necesario que sepas tus conocimientos, ¿qué sabes?, tus habilidades, ¿qué sabes hacer?, tus actitudes, ¿cómo sueles afrontar lo que tienes que hacer?. Conoce tus valores indispensables para ti, ten claras las tareas que te gustan realizar y las que no, conoce si te gusta o no trabajar en equipo y lo que puedes aportar en un equipo, descubre si te gusta ser muy autónomo o eres más dependiente…
  8. ¡Prepara las posibles preguntas que te pueden hacer! Algunas podrían ser: ¿Has encontrado fácilmente la oficina? ¿Conoces esta zona? ¿Cómo supiste de esta vacante? ¿Conoces a alguien que trabaje aquí? Cuéntame algo sobre ti, dime tres puntos fuertes y tres debilidades. ¿Cuáles son tus hobbies? ¿Qué te gusta de este puesto de trabajo? ¿Por qué crees que eres la persona adecuada para el puesto? ¿Dónde te ves en los próximos 5 años? ¿Por qué deseas este puesto? ¿Cuál ha sido tu mayor logro profesional? ¿Qué es lo que menos te gustaba de tu anterior empleo? ¿Por qué dejaste tu último empleo? ¿Qué diría de ti un compañero/jefe si le preguntáramos? ¿Cómo enfrentas el fracaso y el estrés? ¿Podrías poner un ejemplo de cómo resuelves un problema que surja con un compañero? ¿Cuál es tu salario deseado?
  9. Prepara documentos a llevar. Imprime el CV por si tienes que mirar alguna fecha o algún dato, lleva todos los documentos que te puedan pedir y los proyectos o cosas que quieras mostrar al entrevistador.
  10. Prepara las preguntas que necesitas te respondan. Prepara todas las cuestiones que necesitas saber tras la entrevista por si no te lo indica el entrevistador. Por ejemplo, tareas específicas del puesto, lugar de trabajo, horario, salario, tipo de contrato, si el puesto es de nueva creación…
  11. ¡Prepara lo que vas a llevar puesto! Muchas veces, la primera impresión que causamos es determinante, así que mejor no te lo juegues, cuida tu imagen. Dijo Coco Chanel: “Viste de forma vulgar y recordarán el vestido. Viste de forma elegante y recordarán a la mujer”. Elige ropa que vaya acorde con el puesto, busca que tu imagen sea impecable y que los colores no sean estridentes, no lleves complementos muy llamativos porque el foco de atención del entrevistador estará en lo llamativo y no en tu persona. Utiliza colores oscuros, especialmente el azul marino genera confianza. Poner atención en no llevar ninguna mancha y que la ropa esté planchada.
  12. Cuida tu higiene. Vete limpio, cuida tu aspecto, ojo, si llevas barba, bien cuidada y recortada, atención con el maquillaje, si es una entrevista de mañana especialmente que sea discreto. Si vas a ponerte perfume que no sea de un aroma muy intenso, algo tan simple como un olor, puede llevar al entrevistador a que no le caigas tan bien y lo digo por experiencia propia. Color de labios y uñas de un tono no chirriante…
  13. Duerme lo suficiente el día anterior. Estar descansado es fundamental para dar lo mejor de ti. Esa noche procura dormir ocho o diez horas para sentirte en plena forma y reposado.
  14. Sé puntual. Llega cinco minutos antes de la hora, si llegas tarde es muy probable que no te contraten, así que calcula bien los pormenores que puedan pasar antes de llegar al lugar donde se realizará la entrevista y vete con tiempo suficiente.
  15. Durante el desplazamiento al lugar de la entrevista. Gestiona tus emociones ¿qué sientes? ¿Cuál es tu emoción? ¿Qué pensamientos estás teniendo de forma automática? ¿Qué puedes hacer para sentirte más tranquilo y más seguro?

¿Se te ocurren otras formas de prepararte antes de ir a una entrevista?

Te recuerdo una de mis frases: “lo bien preparado, resultado esperado,
lo mal preparado, resultado caótico”.

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para preparar mejor tus entrevistas?

En mi próximo post hablaré de algunas claves de cómo realizar una entrevista. Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, y que desde 2miradas te entrenamos para afrontar las entrevistas con una mayor confianza y con mayores posibilidades de éxito. Si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

15 febrero, 2021

Querido compañero,

¿Te quejas continuamente o tienes a tu alrededor gente que lo hace? ¿Qué haces para evitar la queja? ¿De qué te beneficias viviendo en la queja?  

Cómo dejar de quejarse para ser más feliz

Ya en mi anterior artículo te comenté los perjuicios que vivimos cuando estamos en queja constante: El hábito de la queja: una expresión de la insatisfacción vital.  Hoy quiero hablarte de cómo vivir más sanamente y no en la queja.

Quiero esta vez comenzar indicándote qué es la queja:

  • La queja puede ser un discurso interno, cuando lo que nos molesta nos lo decimos a nosotros mismos, no verbalizando nuestro malestar, pero mentalmente suponiendo un discurso rumiativo y repetitivo que nos acaba generando un malestar emocional.
  • La queja puede tener un discurso externo, que es cuando se lo contamos a otros, que se trasmite con la intención de expresar, aliviar un malestar, dolor, sufrimiento o con la intención de criticar algo o alguien.

¡Ojo! como ya he indicado, quejarse puede ayudar a la persona a ser consciente del asunto que le preocupa y elaborar un plan de cambio para solucionarlo. El problema es cuando la queja se vuelve un hábito y las personas dejan de ocuparse en buscar soluciones, acomodándose en una posición de víctima.

Como ya os he indicado en otros artículos, nuestro cerebro está educado para detectar el peligro ante cualquier cosa o situación, estamos programados y esto nos ha hecho perdurar como especie. Lo que ocurre es que si no controlamos nuestro cerebro, sigue funcionando con los mismos miedos e inseguridades y sigue actuando, llevando las situaciones al extremo y, claro, vemos peligros donde muchas veces no los hay.

Claves para abandonar el hábito de la queja

Claves para abandonar el hábito de la queja

Me gustaría compartirte algunas de las claves que conozco para dejar de quejarnos son:

  • Párate y observa si te estás quejando y respóndete para qué lo haces o porqué lo haces. Lo primero es poner consciencia de que podemos ser una persona que utiliza la queja para no actuar ni responsabilizarse en cambiar el hecho o situación que critica. 
  • Detecta sobre qué temas te quejas. Pueden ser quejas de temas del hogar, tareas de casa, salud, los demás, el trabajo...
  • Toma consciencia de las veces que te quejas. Una forma de darnos cuenta de la cantidad de veces que nos quejamos, es hacer una pequeña marca cada vez que te quejes, en un papel o en una nota de tu móvil, al final del día verás todas tus quejas.
  • Comprométete a cambiar tu actitud si vives en la queja. Está probado el cambio tan positivo que se produce al comprometernos a cambiar nuestra actitud de quejarnos ante la vida diaria. Además, este compromiso nos va a llevar a dejar de quejarnos significativamente. Una forma de llevar a cabo este compromiso es ponerte en la muñeca una goma de color que te lo recuerde o un post-it recordatorio en algún lugar visible.
  • Rodéate de personas optimistas y escúchalas. Una persona optimista te ayudará a ver otros puntos de vista que no ves.
  • Pide a alguna persona de tu entorno más íntimo que cada vez que te quejes te lo haga saber. Con esto lograremos dos beneficios, por un lado, compartir a ese amigo, familiar o pareja que queremos cambiar, con lo cual no le generaremos malestar ante nuestras quejas y, por otro lado, nos ayudará a cambiar con esa costumbre. Ponte un plan de acción con el que esta persona pueda irte haciendo seguimiento, por ejemplo, 3 quejas menos a la semana.
  • Emplea la energía que gastas en quejarte en buscar posibles soluciones. Si no haces nada para resolverlo, las cosas no van a cambiar solas, nunca. Escribe en un papel, para encontrar una mayor objetividad, qué cosas te gustan de esa situación concreta y qué es lo positivo que vives de esa situación. Siempre hay un motivo beneficioso por el que mantenemos algo que nos incomoda y de lo que nos quejamos. Descúbrelo.
  • Expresa lo que no te hace sentir bien, pero no te quejes. Aprende o mejora tu forma de comunicarte con asertividad y empatía. Entrena habilidades sociales y de comunicación para expresar de forma adecuada los aspectos negativos de tu vida, pero sin que se conviertan en una queja continua. 
  • Comienza a valorar todo lo que tienes y a disfrutar en tu día a día. Sé consciente de la realidad y agradece lo que tienes y eres. Un ejercicio podría ser generar conversaciones con nuestros amigos o familia sobre las cosas que tenemos que agradecer en nuestro día a día y hablar sobre la suerte que tenemos, sobre todo lo bueno que nos ha pasado durante el día. 

¿Se te ocurren otras formas para dejar de quejarte? 

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para dejar de quejarte continuamente o de las mismas cosas?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

8 febrero, 2021

¿Te ha pasado que te has tenido que morder la lengua porque si no hubieras dicho cosas de las que después seguro te arrepentirías? ¿Has mirado para otro lado como disimulando para que no se te notara lo que sentías o incluso lo que pensabas? ¿Estabas aguantando mientras querías estar en otro sitio, haciendo algo diferente? ¿Has querido ser en algún momento como Sharon Stone en Instinto básico, impertérrita y respondiendo con una serenidad y aplomo, como si lo que ocurre a tu alrededor fuese lo más normal del mundo?

Los estudios de protocolo y la convivencia social en armonía nos dicen que hay momentos en los que hemos de cuidar nuestra compostura. En numerosas ocasiones sentimos y pensamos que no es el momento adecuado para decir o hacer lo que nos apetece decir o hacer. 

Como dice una querida coach, hay ocasiones en que algo “no toca”. Y decir “no toca” muchas veces es la gran herramienta que nos permite dejar para luego lo que en este instante puede que me limite, distraiga de lo importante o perjudique.  Por ejemplo, si estoy trabajando en Atención al cliente y tengo un pensamiento sobre un cliente que me revuelve. Mi instinto probablemente me lleve a tratarle mal, o regular, o a lo mejor no tan mal porque somos muy profesionales pero seguro que no tan bien como lo haríamos con otra persona que nos resulta más agradable. Sin embargo, si somos capaces de aplicar el “no toca hacer caso a este pensamiento o sentimiento ahora”, podré atender mucho mejor a esa persona. 

En cuestión de instintos, los que nos resultan más conocidos son los biológicos. Por ejemplo, si estás sintiendo ganas de ir al baño es muy difícil hacer como si no pasara nada y obviarlo. Sin embargo, nuestro cerebro es muy bueno y si le distraes o si de repente pasa algo que te obliga a concentrarte en ello, es muy probable que se te pase. Igual ocurre cuando tenemos hambre. 

Paradójicamente, es curioso que solemos ignorar las señales de nuestro cuerpo. Si estoy liado con algo se me olvida comer. Si me lo estoy pasando bien o me engancho a una peli me puedo acostar a las mil. ¿Acaso no tuvimos hambre o sueño? Sí, pero aprendimos a practicar el “no toca” de forma inconsciente. Es decir, sabemos hacerlo. Sabemos hacer caso a nuestros instintos y sabemos obviarlos, a veces conscientemente y a veces inconscientemente.  

Ahora bien, cuando queremos estar en otra parte, cuando nuestro instinto está llamando nuestra atención, nuestra comunicación no verbal nos suele delatar con pequeñas micro señales de incoherencia, que ojos expertos y no tan expertos son capaces de detectar. 

Lo interesante de los instintos es que están relacionados con la parte más animal de nuestro ser. Y lo mismo que en esta imagen esta preciosa perrita ha aprendido a esperar la señal para poder ir a jugar, o para poder moverse porque sus patitas tienen frío, nosotros también podemos aprender a manejar nuestra vida teniendo en cuenta que poseemos instintos que van a darnos señales y que, ahí ya sí, nuestra parte racional, nos ayudará a discernir cómo manejarlas. 

A veces pienso que tener la cabeza bien amueblada ayuda a que cuando te muestras absolutamente espontáneo lo que salga de ti sea coherente y no estridente. Para ello es importante conocerse y ser auténtico. Cuando hacemos las cosas por aparentar, por disimular, nos suelen pillar, antes o después. 

Reglas para mantener la compostura

Por eso, quiero regalarte unas cuantas reglas para que seamos más conscientes y a la vez podamos mantener las composturas que a veces “nos toca” mantener:

  • Escucha a tu cuerpo, es sabio, tanto para avanzar como para frenar.
  • Obsérvate y observa la situación en la que te encuentras, como desde arriba, como si te vieras en una película.
  • Analiza las posibilidades de dar rienda suelta a tus instintos. ¿Es el momento? ¿Qué pasaría si…? ¿Es tan grave?
  • Enfócate en lo que sí toca en ese momento. Elige.
  • No ignores lo que sientes, solo haz saber a tu cuerpo y a tus emociones que lo atenderás cuando sea más conveniente.
  • Respira. Respira. Para y respira más despacio. 
  • Cultiva tu serenidad mental y equilibrio emocional.
  • Comunícate con asertividad cuando necesites expresarte.
  • Conócete, reconoce tus comportamientos, los que te gustan y los que no, porque también forman parte de ti.
  • Cuídate. Desde las 4 partes del ser humano.
  • Valórate y quiérete porque es la única forma de respetarte tanto como lo vas a hacer con los demás, y te hará entenderles mejor. 
  • Los demás también están ahí, no estás solo en el mundo y se ven afectados por tus comportamientos y decisiones. Tenlo en cuenta. 
  • Enderézate, levanta ligeramente la cabeza, pon una sonrisa en tu cara y sigue adelante. ¡Tú puedes! 
  • Comprueba que tienes mucha más capacidad para adaptarte a lo diferente de lo que crees.
  • Reconoce que eres una persona completa, bella y capaz.

Saber estar es cuestión de educación y de saber dónde estás y quién eres, qué quieres y qué es lo más importante para ti y tu entorno en ese momento. Es importante dar con generosidad y amor, porque instintivamente todos somos extraordinarios, cada uno con su peculiaridad. Y con comprensión del otro, aceptación, empatía y tolerancia, saber estar es mucho más fácil. No hay que aguantar, hay que estar lo mejor posible en cada momento.

Con estas claves, ¿crees que vas a poder contar hasta 10 antes de hablar? ¿O no lo vas a necesitar? ¿Sabrás comportarte de manera que no te arrepientas de tus actos tarde o temprano?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

1 febrero, 2021

Querido compañero,

¿Eres de los que te quejas constantemente? ¿Crees que te ayuda en algo?  

Es algo más que probado que todos nosotros tenemos un acopio de quejas queriendo ser expresadas. Una lista infinita de hechos o cosas que nos incomodan, desde temas laborales, de amistad, de pareja, de cómo nos han tratado en una tienda o restaurante, del tiempo, de la pandemia…

En mi opinión una persona que se queja por todo es una persona insatisfecha, alguien que no ha encontrado esas razones que le dan sabor o sentido a la vida. Otra razón que considero es que el quejarse llegue a ser un hábito, una forma de vivir la vida. Y una tercera razón podría ser el hecho de un profundo egocentrismo sustentando en la falta de empatía. En los tres casos considero que estas personas asumen los lamentos como parte de su comunicación y no conciben una conversación sin ella. Y es que estoy observando que, ¡quejarse se está volviendo una adicción en esta sociedad!

“Si tu mal tiene remedio, ¿por qué te quejas?
Y si no lo tiene, ¿por qué te quejas?”

Proverbio oriental

Por supuesto que entiendo que la queja pueda surgir de un motivo razonable, por ejemplo: una pérdida o una experiencia muy negativa. Además, hemos pasado, en general, un año difícil y estamos teniendo un comienzo de año nuevo nada fácil para la mayoría y comprendo que podemos utilizar la queja en algunos momentos, como modo de desahogo o como una válvula de escape o una forma de encontrar el apoyo de quienes nos rodean. El problema viene cuando nos aferramos a ella y la convertimos en algo imprescindible en nuestra vida.

¿Cuáles son los inconvenientes de vivir en una queja diaria?

  • Por un lado, lo que considero más importante es que la queja evita la responsabilidad. Es muy fácil culpar a los demás de lo que nos pasa y no coger las riendas de lo que está sucediendo. Esto en sí mismo es un beneficio porque acusamos a los demás o a las circunstancias o a nuestro pasado de nuestro malestar o de nuestra infelicidad y nos irresponsabilizamos de nuestro bienestar. Lanzando balones fuera alimentamos nuestra pasividad y nuestra falta de acción y nos llevan al inmovilismo, a no tomar las riendas de nuestra vida y a abandonarnos culpando de nuestra situación ¡a factores externos a nosotros mismos!
  • La queja nos dificulta encontrar soluciones. Las personas que viven en la queja se entretienen, deleitan o recrean en la pena (todo me pasa a mí) o en culpar a los demás (si es que es culpa del gobierno, de mi jefe…) o en culpar a las circunstancias (a mi edad ya nadie me va a contratar). Y es que la queja nos lleva a una falta de iniciativa a la hora de encontrar soluciones a los problemas y a que las personas no seamos capaces de ver la parte positiva, en definitiva, a no sacar provecho de la situación. Además, apuesto que, aunque la fortuna tocase a nuestra puerta, no podríamos verla y aprovechar la oportunidad que nos surja. Quejarnos evita que nos centremos en las posibilidades, asentándonos en lo negativo y cegándonos a lo positivo. Además, como todo lo que nos decimos se vuelve realidad lo que ocurre es que la queja continua se convierte en una profecía autocumplida. 
  • La queja nos debilita, nos consume mucha energía. Se consume energía inútilmente cada vez que nos lamentamos de los errores del pasado, de las oportunidades que no supimos aprovechar o de los problemas del presente… y esto nos agota a nosotros y a quienes nos escuchan.
  • La queja nos lleva a tener un estado de ánimo negativo.  Estar pendientes de la peor parte de las cosas, como mínimo, nos puede provocar: tristeza, rabia o frustración. De hecho, está probado que las personas que se quejan mucho están casi siempre de mal humor, viven en permanente amargura y pueden sufrir síntomas de estrés, ansiedad o depresión.
  • Creamos situaciones sociales incómodas ya que normalmente la persona que se queja por todo no es consciente de ello y lleva a los demás a “sufrir” la carga de la conciencia, si es que se sintieran parte culpable de esa queja. Quienes las soportan porque están cerca, a veces ni siquiera se lo pueden expresar porque sienten, y lo digo por experiencia personal, que le estarían dando un motivo más para lamentarse: “la profunda e insondable incomprensión de los demás”. Esto puede llevar a que lamentarse sea un mecanismo válido para manipular a los demás.

Además, me gustaría indicar que, aunque la forma más común de quejarnos sea a través de la escritura o de la palabra, existe otra forma que se nos olvida y es a través de la comunicación no verbal, con la que, sin expresar nada, estamos quejándonos abiertamente. Hay que tener en cuenta también que, aunque es responsabilidad del otro la gestión de sus emociones, estamos en muchos momentos preocupándonos y preocupando a los demás por quejas repetitivas o innecesarias.
¿Se te ocurren otros inconvenientes que acarrean las quejas?

¡El reto!

¿De qué te has quejado hoy? Te propongo un reto, estar una semana sin quejarte de cosas sin importancia. Cambia la queja por el agradecimiento por lo que sí tienes, lo que salió bien o lo que mejoraste, en lugar de centrarte en lo que no tienes o lo que salió mal. Intuyo que no tendrás ni ganas, ni tiempo para quejarte.

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para quejarte menos?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

25 enero, 2021

Cuando te levantas por la mañana vas siempre directo al baño, o a la cocina. Cuando te subes al coche o al autobús, ¿cuál es tu rutina? Estamos llenos de rutinas, costumbres y hábitos que nos hacen la vida más fácil y permiten a nuestro cerebro gastar menos energía.

Sin embargo, muchas de esas rutinas o hábitos puede que no sean los más adecuados para conseguir lo que queremos. Por ejemplo, quieres perder peso y tu costumbre diaria es hacer de la cena la comida más importante de tu día, acostándote justo después. O quieres que tu jefe te tenga en una mayor consideración, pero cada vez que aparece por la misma sala en la que tú estás te escondes detrás del ordenador. No parece muy alineado, ¿no?

Hemos de saber que los hábitos son modos de actuar que repetimos de forma continuada, que hemos aprendido o adquirido para conseguir rutinas que nos satisfagan. Ninguno es innato, sino que es conveniente o lo ha sido en algún momento para nuestra vida.

¿Qué nos aportan los hábitos?

  • Seguridad. Sabemos que, si hacemos eso, la consecuencia será esa, que la acción dura ese tiempo y es algo que tenemos controlado, luego no hemos de preocuparnos por ello. 
  • Orden. Hacer eso a la misma hora, en el mismo sitio, nos prepara para ello. 
  • Confianza. Lejos de tener incertidumbre, la constancia en la repetición de nuestras actuaciones nos aporta confianza y tranquilidad. El mundo es predecible.
  • Perseverancia. Sin querer, solo a base de repetir, cogemos la destreza de la perseverancia. Es decir, que para todos aquellos que creáis que no sois nada constantes, pensad en cuántos hábitos adquiridos tenéis a lo largo de un día cualquiera. ¡Seguro que os sorprendéis!
  • La base del aprendizaje, sobre todo de habilidades. Es difícil aprender a hacer algo habiéndolo realizado solo una vez. Necesitamos de repetición para llegar a coger la destreza en ello. Y todas las habilidades requieren sí o sí de práctica, incluso la de liderazgo, por eso el líder, también se hace.

Adaptar tus hábitos al entorno cambiante. ¿Cómo empezamos?

Si vivimos en un entorno cambiante, si evolucionamos según crecemos, ¿nos podemos quedar para siempre nuestros hábitos? A ver, lavarse los dientes después de las comidas o los buenos hábitos relacionados con la educación que aprendemos de niños, ¡seguro que sí! Ahora bien, de vez en cuando, si queremos ser más felices, si queremos lograr nuestros sueños u objetivos, sería conveniente revisar nuestros hábitos adquiridos o aprendidos. 

Revisar comienza por hacernos conscientes, porque nuestras actuaciones al ser ya hábitos las hemos pasado a nuestro subconsciente. Así que hemos de recuperar la consciencia en nuestros actos para poder darnos cuenta de lo que hacemos, cómo lo hacemos, cuándo lo hacemos, dónde lo hacemos, con quién… Necesitamos un punto de partida.

Después, hemos de tener en mente lo que queremos conseguir, para poder chequear si eso que hacemos se dirige a lo que deseamos o no. Aquí hemos de tener cuidado, sobre todo para los autoexigentes y críticos internos, porque tampoco hemos de macharnos por no estar alineados. Si pasó así era porque quizá aún no estábamos preparados para hacerlo de forma diferente. Todo llega en el momento adecuado y si es ahora cuando has sido consciente, será por algo. Aprovecha el impulso de motivación que esto te da para hacer el cambio y retomar el rumbo hacia tus sueños.

Claves para adquirir hábitos nuevos

Seguro que habéis oído hablar de que para adquirir un hábito hacen falta 21 días, aunque hay estudios que hablan de asentarlos con más tiempo. No vamos a dudar que “la práctica hace al maestro”. Por lo que cuanto más practiquemos una nueva forma de actuar, antes la convertiremos en un hecho automático de nuestra vida.

Hemos de entender que cambiar de hábito es un proceso, no se consigue en un día y es probable que al principio cueste. Por eso póntelo fácil. Al menos el primer paso, para ir ganando confianza y motivación con los resultados que vayas consiguiendo. 

Ponerlo fácil significa también que no te pongas presión. Sí que es mejor que lo planifiques (con unos plazos realistas) y que elijas el mejor momento para hacerlo. Has de saber que hacerlo de forma agradable y tranquila te animará a continuar. Así con cualquier cosa nueva que quieras aprender. Recuerda que “si la lección es divertida, nunca se olvida”. ¿Cómo te lo puedes hacer más llevadero? Ya que eres tú quien se lo propone y quien se pone los pasos a dar para lograrlo, sé listo y háztelo lo más gustoso posible.

Busca referentes o modelos que te inspiren. Si los tienes cerca, mejor. Si los ves con frecuencia, te irán recordando el por qué estás haciendo ese cambio y seguir a esa persona, o incluso, poder hacerlo con él/ella, es aún mejor.

Ten paciencia. Cada uno de nosotros tenemos unos ritmos, unas prioridades, un nivel de desarrollo personal y eso hace que los procesos puedan durar más o menos. Regálate tranquilidad, solo tu ego tiene prisa. Respira y piensa que si sigues perseverando, lo lograrás, es cuestión de tiempo. 

Además, como el hombre es el único ser que tropieza dos veces en la misma piedra, y que necesitamos varias piedras para darnos cuenta que quizá haya algo que sería conveniente aprender, si alguna vez flaqueas, ¡es normal! Elige personas que te acompañen en tu cambio, que te animen, que te alienten en los logros que vayas consiguiendo. En definitiva, que te sirvan de apoyo e incluso, que colaboren contigo siendo tolerantes y firmes a la vez. 

Por eso, piensa qué es lo que quieres y enfócate en ello poniendo toda tu atención. Una mente enfocada se pone las pilas para lograr lo que quiere. Solo has de poner hábitos en tu vida que te ayuden a hacerlo realidad. 

Y ahora que sabes cómo hacerlo, ¿qué quieres cambiar? Te mereces ser feliz. Ve a por ello. 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

12 enero, 2021

¿Cuántas veces has dejado de hacer algo que te hubiera gustado hacer, por vergüenza? ¿Cuántas veces te has quedado mudo por vergüenza? ¿Cuántas veces la vergüenza ha dominado tu comportamiento?

Sí, la vergüenza que sentimos nos ha jugado malas pasadas en nuestra vida, nos ha puesto rojos como tomates la cara, nos han entrado sudores y nos ha paralizado o dejado hasta sin voz. 

Es posible que la causa de nuestra vergüenza haya sido el miedo al ridículo. Un miedo a lo que nos vayan a decir los demás o a lo que vayan a pensar de nosotros. Sentirnos juzgados nos hiere y, en ocasiones, preferimos no actuar que hacerlo y llevarnos las consecuencias, que prevemos nefastas.

Sin embargo, es año nuevo y entre los propósitos de este año vamos a ayudarnos un poco para conseguir aquello que nos propongamos, sin que nos frene la vergüenza. 

Tenemos mucha esperanza puesta al respecto de este año que comienza. Queremos que sea, sobre todo, más positivo en todos los sentidos para todos. Queremos mantener la salud, mejorar la situación económica y laboral, disfrutar más de nuestros seres queridos, poder estar “cerca” sin riesgo… ¿Qué quieres tú?

6 ámbitos en los que trabajar para dejar atrás la vergüenza

  • Te recomiendo que escribas y dibujes o decores en un papel tus sueños y deseos (así pones en juego tus dos hemisferios cerebrales), asegúrate que ¡sean realistas! Y a la par ilusionantes porque sin ilusiones es más difícil manejar la resiliencia. Necesitamos pensar que hay algo mejor después. Esa fuerza nos va a ayudar a seguir adelante y superar obstáculos. Trabaja tu optimismo. 
  • Como dice Mario Alonso Puig, “si vas a dudar de algo, duda de tus límites y de nada más, no de tus capacidades”. Por eso, comienza el año revisando tus mejores cualidades, haz una lista. Después pregunta a los demás qué creen que es lo mejor de ti. Date un baño de reconocimiento. Te lo mereces. Ahora, eso sí, has de comenzar a creerte lo que has puesto y lo que han añadido los demás porque son grandes cualidades que hay en ti. Mírate al espejo, ¿qué hace que te brillen los ojos? ¿qué te saca una sonrisa? ¿qué se te da bien? ¿cuál es tu marca personal? Trabaja tu autoestima.
  • Además, en estos tiempos la generosidad es importantísima, porque juntos es la forma de salir adelante. Apoyándonos unos en otros. Hoy por ti y mañana por mí. ¿Sabes que está comprobado que el amor por los seres queridos activa los neurotransmisores cerebrales? Así que para cuidar de nosotros y tener una mente más ágil y en forma hemos de practicar el amor y la compasión. Trabaja tu generosidad.
  • Hablando de emociones, cuanto mejor estés, cuanto más gestiones tus emociones, más feliz puedes llegar a ser. Cuida tus pensamientos, deja de ponerte zancadillas mentales. Deja de rumiar con lo que pudo ser, con lo que será que solo te trae angustia y vive. La felicidad se vive en el momento presente. Deja descansar tu cabeza, incluso Einstein o Steve Jobs desconectaban de vez en cuando para ser más creativos y encontrar mejores respuestas o soluciones. Para, respira, disfruta, regálate ratitos de paz interior. Trabaja tu inteligencia emocional. 
  • No te olvides de ti. El liderazgo comienza por uno mismo. Si no eres capaz de poner toda la fuerza necesaria para el logro de tus propios objetivos y metas, ¿cómo vas a poder apoyar o ayudar a otros? No es solo dar, es también saber ponerte a ti en tu lugar para poder dar desde una mejor posición, más plena, más resolutiva, más inspiradora. Trabaja tu liderazgo.
  • Pide lo que necesites porque los demás no tienen los superpoderes para leer tu mente y no todo el mundo tiene la capacidad de estar centrado solamente en ti como para saber en todo momento lo que puedes necesitar y anticiparse a ello. Se nos olvida que de bebés aprendimos que “quien no llora no mama”. Por eso, si queremos algo en esta vida, hemos de hacer algo para conseguirlo. Hasta para que nos toque la lotería hemos de comprar un décimo. Por eso, el primero que ha de cambiar es uno mismo, el primer paso lo ha de dar uno mismo, más aún para pedir ayuda. Por suerte, somos muchos coaches, muchos profesionales de diferentes áreas, los que nos dedicamos a ayudar a los demás a llegar más lejos. Tenemos la mano tendida. Estamos ahí. Solo has de comenzar a moverte. Trabaja tu propio cambio.

Por eso, olvídate de la vergüenza que no te facilita el camino. Agárrate a la esperanza de lo posible. Cuando te entre el miedo, recuérdate a ti mismo: “¡ya me he cansado de tener vergüenza!” Haz un gesto como de desdén para dejarlo atrás y hazlo. 

¡Sigue adelante sin vergüenza! El año acaba de comenzar.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

11 diciembre, 2020

Querido compañero,

¿Qué haces para tener relaciones sanas? Cuando estás en compañía, ¿uno más uno suman más de dos?  

Acabo de terminar el libro de Joan Garriga “El buen amor en la pareja” y es un libro que no te deja impasible. Hay tantas cosas que trabajar para que en las relaciones se dé el buen Amor, que he querido compartiros algunos de mis aprendizajes.

Joan Garriga parte de dos premisas importantes: la primera es que nadie nos puede hacer infelices, cuando leí esto inicialmente no me lo creí porque rápidamente pensé cuando una pareja o un amigo me hace algo que me hiere o me perturba me siento triste; sin embargo, aunque en una relación podemos vivir un amplio abanico de sentimientos y entre ellos el sufrimiento y el desamor, efectivamente no tenemos por qué ser víctimas de ello porque nuestro destino sigue siempre íntegro en nuestras manos y no solo importa lo que vivimos, sino la actitud que adoptamos frente a lo que vivimos.

La segunda premisa es que nadie nos puede hacer felices, a través de las relaciones experimentamos: intimidad, sexualidad, ternura, vinculación, sentido de pertenencia, confrontación, crecimiento… y si lo sabemos llevar bien nos acercaremos a este tipo de bienestar y de gozo. Las relaciones, especialmente la de la pareja, te puede dar felicidad pero no tiene el poder de hacerte feliz.

De todas formas, tengo ciertos reparos sobre estas dos premisas y es que tener una relación de pareja o un amigo especial nos puede hacer sentir completos y motivados para afrontar cada uno de los retos que nos ponga la vida en el día a día y esto sí nos provoca felicidad o infelicidad.

6 condiciones para vivir una relación armónica

Después de daros estas dos duras noticias, voy a comentaros las seis condiciones que es conveniente que existan para tener un bienestar en una relación, para vivir la relación en armonía y que los asuntos resulten alegres y/o serenos:

  1. La primera condición es que la relación fluya sin demasiado esfuerzo, cuando esto se da las cosas resultan fáciles y todo se desenvuelve con naturalidad porque las emociones fluyen sin grandes altibajos y la relación resulta nutritiva para ambos. 
    Quiero añadir a esto, según mi experiencia, que pueden darse relaciones más complicadas en las que, si hay interés genuino por el otro, se pueden modificar las pautas afectivas y de relación que hemos aprendido y resolver asuntos emocionales pendientes que nos han construido en nuestra niñez y que forman parte de nuestra identidad cambiando nuestro estilo relacional afectivo y permitiendo que la relación fluya.
  1. La segunda condición es que se trate la relación de dos naturalezas no demasiado incompatibles, no demasiado diferentes. Que la comprensión del otro no esté más allá de nuestras capacidades. La compatibilidad de cualquier pareja descansa sobre la diferencia, pero cuando la diferencia es excesiva están en riesgo otras cuestiones fundamentales para la compatibilidad como son también la posibilidad de asociación, imbricación y complicidad.
  2. La tercera es que los miembros de la pareja sean verdaderos compañeros, que se sientan como tales, acompañados, ya que el otro es también un amigo y la amistad no se desgasta con el curso de los años. Que puedan compartir sus peculiaridades, gustos, intereses, diferencias, complicidades. Que tengan a alguien al que entienden y que los entienden.
  3. La cuarta condición es tener fe y confianza plena en el otro. Es decir, tener la certeza de que el otro quiere nuestro bien y no nos va a dañar, sabiendo que la confianza no exige garantías, como dice mi pareja, ya que es necesario ser conscientes de que en algún momento el otro tal vez no lo haga y debemos aceptarlo sabiendo que podremos resistirlo y sobreponernos a ello. ¡Ojo que no sea la tónica de la relación!
  4. La quinta condición, la más difícil de cumplir: el deseo espontáneo de que el otro esté bien por encima de nuestros miedos o carencias. Se trata de encontrar la propia felicidad con la plenitud del otro. Difícil en los momentos actuales cuando se vive la pareja más al servicio del yo que del tú o el nosotros. Consiste en ver al otro con la inteligencia del corazón y no solo a través de nuestras proyecciones y anhelos y así lo amaremos como es y le daremos lo que necesita y espera recibir.
  5. La última condición es que haya un equilibrio entre el dar y el recibir, que se dé un rico, positivo, fértil y equilibrado intercambio entre el dar y el tomar manteniéndonos libres y dignos.

Cuantas más condiciones se den mejor resultará la relación, aunque ya Garriga indica que no conoce ninguna relación en la que existan estas seis condiciones.

Ingredientes para una mejorar las relaciones personales

Algunos de los ingredientes principales que considero importantes para lograr un mayor bienestar y una relación personal duradera son:

  1. Mejorar nuestro desarrollo personal, tanto en nuestra gestión emocional, como en lo que la vida nos trae. La felicidad grande consiste en ponernos en sintonía con la vida, con las circunstancias, aunque no encaje con nuestros deseos personales. Amar lo real nos otorga la posibilidad de ser felices.
    Por ejemplo, hay personas que se pierden en la fusión, pues temen encontrarse a sí mismas, y otras que se pierden en el exceso de independencia pues temen diluirse en el otro. En ambos casos conviene trabajarse a sí mismos para flexibilizar posiciones, pues ningún extremo es bueno. El gran reto de todos consiste en aprender a amar lo imperfecto de la vida, de nosotros y de los demás, y volvernos compasivos.
  1. Establecer relaciones de igual a igual. Es fundamental no sentirte superior a la otra persona y por supuesto, no dominarla física, ¡ni psicológicamente! Todos necesitamos sentir nuestro poder, sentir que podemos, que somos adecuados, que nos sostenemos en nuestros pies y que somos válidos.
    Virginia Satir nos enseña que el genuino poder tiene que ver con la congruencia y con lo que ella llama las cinco libertades:
    La libertad de ver y escuchar lo que está aquí en lugar de lo que se supone que debería estar.
    La libertad de sentir lo que se siente en lugar de lo que debería sentirse.
    La libertad de decir lo que uno siente y piensa, en lugar de impostarse.
    La libertad de pedir lo que se quiere, en lugar de pedir permiso.
    La libertad de arriesgar, en lugar de optar únicamente por estar seguro.
  1. Superar juntos los hechos dolorosos, llorar juntos y que nos sostengamos juntos. Es fundamental que no nos separemos internamente, que el peso no nos lleve a vivirlos separados, que nos entreguemos al dolor, cada uno a su manera, pero juntos. En las situaciones difíciles y estresantes es necesario que aceptemos que en algún momento se puede sufrir, sino lo aceptamos no habrá vínculo, ni verdadera experiencia amorosa.
    La vivencia del dolor es un ingrediente necesario para completar con éxito el proceso y llegar a ser capaz de crear un futuro.
  1. Bert Hellinger defiende que cuando se produce un intercambio negativo dentro de una relación, cuando uno de los dos daña al otro, debe compensarlo vengándose con amor; es decir, devolverle el daño pero en una cantidad menor, de esta forma se restablece el equilibrio y la igualdad.
    Este ingrediente me rechinó inicialmente mucho, ya que nos han enseñado a no responder al mal con otro mal, sino con el bien, amando al enemigo poniendo la otra mejilla, frente a la ley de Talión de “ojo por ojo y diente por diente”.
  1. Una relación gana fuerza cuando lo que hemos creado entre dos tiene más peso y más fuerza que nuestras parejas pasadas y nuestras familias de origen. Jorge Bucay explica: “fui a comprar un final feliz, y busqué y busqué, pero no lo pude encontrar y viendo que no lo podía encontrar preferí invertir en un nuevo comienzo”. Lo nuevo se construye sobre lo viejo cuando lo viejo no son ruinas y cadáveres, sino buenos cimientos de amor, respecto y gratitud!!!!!

¿Qué otros ingredientes consideras para lograr un mayor bienestar y una relación personal duradera?

Resumiendo

Recapitulando diría que la gran tarea consiste en aprender a amar, integrar y gozar lo real entre ambos, mientras nos despedimos con cariño de nuestras idealizaciones, quizá para descubrir maravillados, que la entrega a lo real multiplica nuestra alegría interior de una manera que ni siquiera podíamos atrevernos a soñar en nuestras mejores fantasías.

Según mi experiencia una relación se sostiene bien si: nos provee de desarrollo y crecimiento (llamo crecimiento a la inclusión como propio de lo ajeno, al amor a lo diferente), de motivación e impulso en nuestro camino de realización y que nos permita ir abriendo nuestro corazón más y más.

Para acabar me gustaría recordaros los tres componentes de la dicha en una pareja, son tres expresiones mágicas que abren las puerta de la felicidad en una relación: el sí (significa te tomo tal y como eres), el sonreír diciéndole gracias (gracias por existir, gracias por estar aquí, gracias por quererme, por ser como eres, por nuestro camino…) y el sentir y decir por favor o lo siento (acercarnos al otro desde nuestra ternura, desde nuestra vulnerabilidad, nuestra más profunda humanidad, ofreciéndole nuestra fragilidad, nuestra piel sin durezas. Y al arriesgar podemos ser recompensados con las mieles del encuentro verdadero, despojado de roles, formalidades y vestiduras).

Desde luego no concibo una relación sin sonrisas, mostrar una constante sonrisa, aunque sea interior hacia el otro, incluso en momentos de desacuerdo ¡qué difícil!, tampoco concibo una relación sin practicar el reconocimiento y la escucha, el tener al otro en cuenta, el transmitir al otro a través de una sonrisa, mirada, comentario o gesto, a pesar de las dificultades, quiero bailar contigo, bailamos juntos y también si es una relación de pareja, no la concibo sin encuentros personales íntimos, donde te desnudas, sin tapujos al otro, donde te fundes y trasciendes.

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para tener relaciones amorosas?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

2 diciembre, 2020

¿Cuántas veces has dicho a alguien lo que tiene que hacer pensando que así le motivarías a hacerlo y luego te has dado cuenta de que por más que se lo dices, no mueve un dedo? ¿Cuántas veces has comenzado algo y al poco tiempo te has desinflado, perdiendo la motivación, incluso hasta abandonar tu proyecto? ¿Cuántas veces empezaste con una idea en la cabeza clara y acabaste haciendo totalmente lo opuesto?

La buena noticia es que esto es normal, está estudiado y demostrado, y os voy a contar uno de los motivos por los que nos sucede, cuándo y qué necesitamos para continuar hacia nuestros objetivos para concluirlos con éxito. La mala noticia, es que seguiremos dejando caminos a medias, que tomaremos desvíos que nos harán sentir mejor, o cederemos simplemente porque no tenemos la motivación o las fuerzas suficientes para abordarlos.

Ocho pasos para conseguir nuestros objetivos

El hecho de que nos sucedan desvíos de nuestros objetivos fue desarrollado por el filósofo y compositor George Gurdjieff, en lo que se denominó la ley universal del 7. También habla de octavas porque después de los 7 escalones por los que iremos subiendo en el camino hacia el objetivo, el octavo es la repetición del primero, pero con el doble de vibraciones, como en una escala musical. Así que, en realidad, son 8 pasos que vamos dando a lo largo de nuestra vida para conseguir lo que nos proponemos. No es tan importante para nuestro camino el nivel de energía o vibración que hay en cada paso, sino que la clave es saber cuándo se producen los desvíos, pues baja la energía y la motivación, y ahí es cuando debemos estar alertas para saber qué hacer. También, es interesante hacer notar la relación que tiene el número 7 en la naturaleza, en el orden de las cosas y en los ciclos que se concluyen. Por ejemplo, los 7 días de la semana, las etapas de crecimiento del ser humano (cambiando cada 7 años), los 7 chakras, los colores del arcoíris, las 7 energías… 

Gurdjieff vino a decir que ningún proceso es lineal, que todos tienen interrupciones y desviaciones hasta el punto de que podemos llegar a actuar de forma opuesta a como teníamos pensado o como comenzamos en un primer momento. Un ejemplo de nuestra actuación contraria puede ser cuando queremos adelgazar y decidimos dejar de comer ciertos alimentos porque nos engordan y al cabo de un tiempo, te ves dándote permiso para saltarte la dieta, o incluso dándote un atracón de productos muy poco saludables que disfrutas tanto que acabas dejando de lado la dieta, con lo que no solo no adelgazas, sino que favoreces el coger más peso.

Entendiendo el proceso... ¿cuándo suceden estas bajadas de energía en el camino hacia nuestros objetivos? 

Al inicio tenemos el propósito más claro, tenemos más ganas de abordar el salto porque queremos darlo. Pero a los pocos meses, necesitamos recuperar la esencia de la motivación inicial que nos llevó a querer dar el primer paso. Esta primera dificultad es más fácil de salvar porque apenas acabamos de empezar y podemos tener aún muy presente por qué quiero hacerlo.

Por ejemplo, cuando entramos a trabajar en una empresa a la que habíamos deseado incorporarnos. Al principio, tenemos mucho más entusiasmo. Es una motivación inicial cargada de ánimo e ilusión. Con el día a día, nos vamos dando cuenta de lo que es en realidad el trabajo, el ambiente, y esa energía inicial va bajando hasta nivelarse con la de los demás miembros del equipo en unos pocos meses. Ahí es donde se produce el primer posible desvío. Cuando nos cuestionamos si fue la mejor decisión, si es lo que quiero.Para salvar este primer obstáculo, necesitaré recordarme qué me llevó a querer entrar a trabajar en esa empresa. O hablando en general, qué intención tenía yo para querer abordar ese proyecto, reto u objetivo.

Después retomaremos la energía y seguiremos avanzando hacia nuestros objetivos pero justo antes de llegar, entre el séptimo y octavo escalón, volveremos a tener una gran dificultad, esa que nos cuestiona hasta qué punto nos merece la pena llegar hasta el final sin desviarnos. Ya el por qué lo haces del inicio no es suficiente. Necesitamos encontrar un propósito mayor, mejor, saliendo incluso de lo que obtengo yo con ello en pro de lo que es positivo para el mundo y para el ser humano, yendo más allá de uno mismo.

En el el ejemplo del trabajo, ya no es solo lo que tú obtienes a nivel material, salario, estatus, sino que tu motivación está más relacionada con lo que la empresa ofrece al mundo o con lo que aportas a los demás con tu trabajo. En esta dificultad hay que lidiar con nuestra propia soberbia, nuestro ego, el sentido de lo mío. 

Y para superarla, en esta ocasión más que motivación intrínseca necesitamos de motivación trascendente, de determinación. Hemos de apoyarnos en nuestros valores porque si vamos en contra de ellos no concluiremos, estaremos incómodos y esto no es sostenible en el tiempo. Necesitamos de una propuesta para nuestra mejora personal, poner ética, con una consecuencia que sirva a los demás. Un propósito muy nuestro, de nuestro propio ser, que de verdad nos nace hacer o nos guía, alineado con nuestra esencia. De ahí que sea tan importante que nos dediquemos a lo que nos gusta y nos llena porque será más fácil que nos comprometamos y que completemos las octavas de nuestra vida que nos hayamos marcado.

Revisando nuestra historia para comprendernos

Si revisamos nuestra historia o si como responsables de equipos hemos tratado de incentivar a los demás, podemos darnos cuenta de que en numerosas ocasiones hemos puesto mucha motivación o impulso al inicio, pero después ya no hemos tratado de encontrar ese propósito superior que nos mantenga ahí, que nos invite a concluir con el mismo interés o más, generando compromiso (algo tan preciado hoy en las empresas). 

A lo largo de nuestra vida hemos podido dejar proyectos inacabados. Algunos puede que queramos cerrarlos (aún estás a tiempo). Por ejemplo, cuando elegimos una profesión y después de un tiempo vamos cogiendo otros trabajos, pero se nos queda la sensación de haber dejado aquello que era en realidad lo que quería y que por circunstancias no pude completar y querría volver a ello. 

Sin embargo, puede que ante las dificultades hayamos tomado el desvío con total consciencia y conciencia, cediendo a lo que era y eligiendo aquello que nos hacía sentir mejor. Por ejemplo, si al coger esos otros trabajos, me fui dando cuenta que en realidad me siento más identificado con lo que hago ahora.

No se trata de acabar por acabar, por culpa o perfeccionismo, sino acabar lo que hemos decidido empezar siempre que nos merezca la pena, decidiendo superar las dificultades por nosotros mismos. Escuchándonos. Conectándonos con lo que somos, incluso estando atentos a nuestra intuición, porque cuando tomamos el camino correcto, tenemos paz interior y nuestras relaciones con los demás y con el mundo están en mayor armonía.

¿Qué octavas has dejado inacabadas en tu vida? ¿En cuáles estás en este momento inmersa/o? ¿Cómo vas a motivar a los demás para que avancen hacia los objetivos con determinación? 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills