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12 enero, 2021

¿Cuántas veces has dejado de hacer algo que te hubiera gustado hacer, por vergüenza? ¿Cuántas veces te has quedado mudo por vergüenza? ¿Cuántas veces la vergüenza ha dominado tu comportamiento?

Sí, la vergüenza que sentimos nos ha jugado malas pasadas en nuestra vida, nos ha puesto rojos como tomates la cara, nos han entrado sudores y nos ha paralizado o dejado hasta sin voz. 

Es posible que la causa de nuestra vergüenza haya sido el miedo al ridículo. Un miedo a lo que nos vayan a decir los demás o a lo que vayan a pensar de nosotros. Sentirnos juzgados nos hiere y, en ocasiones, preferimos no actuar que hacerlo y llevarnos las consecuencias, que prevemos nefastas.

Sin embargo, es año nuevo y entre los propósitos de este año vamos a ayudarnos un poco para conseguir aquello que nos propongamos, sin que nos frene la vergüenza. 

Tenemos mucha esperanza puesta al respecto de este año que comienza. Queremos que sea, sobre todo, más positivo en todos los sentidos para todos. Queremos mantener la salud, mejorar la situación económica y laboral, disfrutar más de nuestros seres queridos, poder estar “cerca” sin riesgo… ¿Qué quieres tú?

6 ámbitos en los que trabajar para dejar atrás la vergüenza

  • Te recomiendo que escribas y dibujes o decores en un papel tus sueños y deseos (así pones en juego tus dos hemisferios cerebrales), asegúrate que ¡sean realistas! Y a la par ilusionantes porque sin ilusiones es más difícil manejar la resiliencia. Necesitamos pensar que hay algo mejor después. Esa fuerza nos va a ayudar a seguir adelante y superar obstáculos. Trabaja tu optimismo. 
  • Como dice Mario Alonso Puig, “si vas a dudar de algo, duda de tus límites y de nada más, no de tus capacidades”. Por eso, comienza el año revisando tus mejores cualidades, haz una lista. Después pregunta a los demás qué creen que es lo mejor de ti. Date un baño de reconocimiento. Te lo mereces. Ahora, eso sí, has de comenzar a creerte lo que has puesto y lo que han añadido los demás porque son grandes cualidades que hay en ti. Mírate al espejo, ¿qué hace que te brillen los ojos? ¿qué te saca una sonrisa? ¿qué se te da bien? ¿cuál es tu marca personal? Trabaja tu autoestima.
  • Además, en estos tiempos la generosidad es importantísima, porque juntos es la forma de salir adelante. Apoyándonos unos en otros. Hoy por ti y mañana por mí. ¿Sabes que está comprobado que el amor por los seres queridos activa los neurotransmisores cerebrales? Así que para cuidar de nosotros y tener una mente más ágil y en forma hemos de practicar el amor y la compasión. Trabaja tu generosidad.
  • Hablando de emociones, cuanto mejor estés, cuanto más gestiones tus emociones, más feliz puedes llegar a ser. Cuida tus pensamientos, deja de ponerte zancadillas mentales. Deja de rumiar con lo que pudo ser, con lo que será que solo te trae angustia y vive. La felicidad se vive en el momento presente. Deja descansar tu cabeza, incluso Einstein o Steve Jobs desconectaban de vez en cuando para ser más creativos y encontrar mejores respuestas o soluciones. Para, respira, disfruta, regálate ratitos de paz interior. Trabaja tu inteligencia emocional. 
  • No te olvides de ti. El liderazgo comienza por uno mismo. Si no eres capaz de poner toda la fuerza necesaria para el logro de tus propios objetivos y metas, ¿cómo vas a poder apoyar o ayudar a otros? No es solo dar, es también saber ponerte a ti en tu lugar para poder dar desde una mejor posición, más plena, más resolutiva, más inspiradora. Trabaja tu liderazgo.
  • Pide lo que necesites porque los demás no tienen los superpoderes para leer tu mente y no todo el mundo tiene la capacidad de estar centrado solamente en ti como para saber en todo momento lo que puedes necesitar y anticiparse a ello. Se nos olvida que de bebés aprendimos que “quien no llora no mama”. Por eso, si queremos algo en esta vida, hemos de hacer algo para conseguirlo. Hasta para que nos toque la lotería hemos de comprar un décimo. Por eso, el primero que ha de cambiar es uno mismo, el primer paso lo ha de dar uno mismo, más aún para pedir ayuda. Por suerte, somos muchos coaches, muchos profesionales de diferentes áreas, los que nos dedicamos a ayudar a los demás a llegar más lejos. Tenemos la mano tendida. Estamos ahí. Solo has de comenzar a moverte. Trabaja tu propio cambio.

Por eso, olvídate de la vergüenza que no te facilita el camino. Agárrate a la esperanza de lo posible. Cuando te entre el miedo, recuérdate a ti mismo: “¡ya me he cansado de tener vergüenza!” Haz un gesto como de desdén para dejarlo atrás y hazlo. 

¡Sigue adelante sin vergüenza! El año acaba de comenzar.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

11 diciembre, 2020

Querido compañero,

¿Qué haces para tener relaciones sanas? Cuando estás en compañía, ¿uno más uno suman más de dos?  

Acabo de terminar el libro de Joan Garriga “El buen amor en la pareja” y es un libro que no te deja impasible. Hay tantas cosas que trabajar para que en las relaciones se dé el buen Amor, que he querido compartiros algunos de mis aprendizajes.

Joan Garriga parte de dos premisas importantes: la primera es que nadie nos puede hacer infelices, cuando leí esto inicialmente no me lo creí porque rápidamente pensé cuando una pareja o un amigo me hace algo que me hiere o me perturba me siento triste; sin embargo, aunque en una relación podemos vivir un amplio abanico de sentimientos y entre ellos el sufrimiento y el desamor, efectivamente no tenemos por qué ser víctimas de ello porque nuestro destino sigue siempre íntegro en nuestras manos y no solo importa lo que vivimos, sino la actitud que adoptamos frente a lo que vivimos.

La segunda premisa es que nadie nos puede hacer felices, a través de las relaciones experimentamos: intimidad, sexualidad, ternura, vinculación, sentido de pertenencia, confrontación, crecimiento… y si lo sabemos llevar bien nos acercaremos a este tipo de bienestar y de gozo. Las relaciones, especialmente la de la pareja, te puede dar felicidad pero no tiene el poder de hacerte feliz.

De todas formas, tengo ciertos reparos sobre estas dos premisas y es que tener una relación de pareja o un amigo especial nos puede hacer sentir completos y motivados para afrontar cada uno de los retos que nos ponga la vida en el día a día y esto sí nos provoca felicidad o infelicidad.

6 condiciones para vivir una relación armónica

Después de daros estas dos duras noticias, voy a comentaros las seis condiciones que es conveniente que existan para tener un bienestar en una relación, para vivir la relación en armonía y que los asuntos resulten alegres y/o serenos:

  1. La primera condición es que la relación fluya sin demasiado esfuerzo, cuando esto se da las cosas resultan fáciles y todo se desenvuelve con naturalidad porque las emociones fluyen sin grandes altibajos y la relación resulta nutritiva para ambos. 
    Quiero añadir a esto, según mi experiencia, que pueden darse relaciones más complicadas en las que, si hay interés genuino por el otro, se pueden modificar las pautas afectivas y de relación que hemos aprendido y resolver asuntos emocionales pendientes que nos han construido en nuestra niñez y que forman parte de nuestra identidad cambiando nuestro estilo relacional afectivo y permitiendo que la relación fluya.
  1. La segunda condición es que se trate la relación de dos naturalezas no demasiado incompatibles, no demasiado diferentes. Que la comprensión del otro no esté más allá de nuestras capacidades. La compatibilidad de cualquier pareja descansa sobre la diferencia, pero cuando la diferencia es excesiva están en riesgo otras cuestiones fundamentales para la compatibilidad como son también la posibilidad de asociación, imbricación y complicidad.
  2. La tercera es que los miembros de la pareja sean verdaderos compañeros, que se sientan como tales, acompañados, ya que el otro es también un amigo y la amistad no se desgasta con el curso de los años. Que puedan compartir sus peculiaridades, gustos, intereses, diferencias, complicidades. Que tengan a alguien al que entienden y que los entienden.
  3. La cuarta condición es tener fe y confianza plena en el otro. Es decir, tener la certeza de que el otro quiere nuestro bien y no nos va a dañar, sabiendo que la confianza no exige garantías, como dice mi pareja, ya que es necesario ser conscientes de que en algún momento el otro tal vez no lo haga y debemos aceptarlo sabiendo que podremos resistirlo y sobreponernos a ello. ¡Ojo que no sea la tónica de la relación!
  4. La quinta condición, la más difícil de cumplir: el deseo espontáneo de que el otro esté bien por encima de nuestros miedos o carencias. Se trata de encontrar la propia felicidad con la plenitud del otro. Difícil en los momentos actuales cuando se vive la pareja más al servicio del yo que del tú o el nosotros. Consiste en ver al otro con la inteligencia del corazón y no solo a través de nuestras proyecciones y anhelos y así lo amaremos como es y le daremos lo que necesita y espera recibir.
  5. La última condición es que haya un equilibrio entre el dar y el recibir, que se dé un rico, positivo, fértil y equilibrado intercambio entre el dar y el tomar manteniéndonos libres y dignos.

Cuantas más condiciones se den mejor resultará la relación, aunque ya Garriga indica que no conoce ninguna relación en la que existan estas seis condiciones.

Ingredientes para una mejorar las relaciones personales

Algunos de los ingredientes principales que considero importantes para lograr un mayor bienestar y una relación personal duradera son:

  1. Mejorar nuestro desarrollo personal, tanto en nuestra gestión emocional, como en lo que la vida nos trae. La felicidad grande consiste en ponernos en sintonía con la vida, con las circunstancias, aunque no encaje con nuestros deseos personales. Amar lo real nos otorga la posibilidad de ser felices.
    Por ejemplo, hay personas que se pierden en la fusión, pues temen encontrarse a sí mismas, y otras que se pierden en el exceso de independencia pues temen diluirse en el otro. En ambos casos conviene trabajarse a sí mismos para flexibilizar posiciones, pues ningún extremo es bueno. El gran reto de todos consiste en aprender a amar lo imperfecto de la vida, de nosotros y de los demás, y volvernos compasivos.
  1. Establecer relaciones de igual a igual. Es fundamental no sentirte superior a la otra persona y por supuesto, no dominarla física, ¡ni psicológicamente! Todos necesitamos sentir nuestro poder, sentir que podemos, que somos adecuados, que nos sostenemos en nuestros pies y que somos válidos.
    Virginia Satir nos enseña que el genuino poder tiene que ver con la congruencia y con lo que ella llama las cinco libertades:
    La libertad de ver y escuchar lo que está aquí en lugar de lo que se supone que debería estar.
    La libertad de sentir lo que se siente en lugar de lo que debería sentirse.
    La libertad de decir lo que uno siente y piensa, en lugar de impostarse.
    La libertad de pedir lo que se quiere, en lugar de pedir permiso.
    La libertad de arriesgar, en lugar de optar únicamente por estar seguro.
  1. Superar juntos los hechos dolorosos, llorar juntos y que nos sostengamos juntos. Es fundamental que no nos separemos internamente, que el peso no nos lleve a vivirlos separados, que nos entreguemos al dolor, cada uno a su manera, pero juntos. En las situaciones difíciles y estresantes es necesario que aceptemos que en algún momento se puede sufrir, sino lo aceptamos no habrá vínculo, ni verdadera experiencia amorosa.
    La vivencia del dolor es un ingrediente necesario para completar con éxito el proceso y llegar a ser capaz de crear un futuro.
  1. Bert Hellinger defiende que cuando se produce un intercambio negativo dentro de una relación, cuando uno de los dos daña al otro, debe compensarlo vengándose con amor; es decir, devolverle el daño pero en una cantidad menor, de esta forma se restablece el equilibrio y la igualdad.
    Este ingrediente me rechinó inicialmente mucho, ya que nos han enseñado a no responder al mal con otro mal, sino con el bien, amando al enemigo poniendo la otra mejilla, frente a la ley de Talión de “ojo por ojo y diente por diente”.
  1. Una relación gana fuerza cuando lo que hemos creado entre dos tiene más peso y más fuerza que nuestras parejas pasadas y nuestras familias de origen. Jorge Bucay explica: “fui a comprar un final feliz, y busqué y busqué, pero no lo pude encontrar y viendo que no lo podía encontrar preferí invertir en un nuevo comienzo”. Lo nuevo se construye sobre lo viejo cuando lo viejo no son ruinas y cadáveres, sino buenos cimientos de amor, respecto y gratitud!!!!!

¿Qué otros ingredientes consideras para lograr un mayor bienestar y una relación personal duradera?

Resumiendo

Recapitulando diría que la gran tarea consiste en aprender a amar, integrar y gozar lo real entre ambos, mientras nos despedimos con cariño de nuestras idealizaciones, quizá para descubrir maravillados, que la entrega a lo real multiplica nuestra alegría interior de una manera que ni siquiera podíamos atrevernos a soñar en nuestras mejores fantasías.

Según mi experiencia una relación se sostiene bien si: nos provee de desarrollo y crecimiento (llamo crecimiento a la inclusión como propio de lo ajeno, al amor a lo diferente), de motivación e impulso en nuestro camino de realización y que nos permita ir abriendo nuestro corazón más y más.

Para acabar me gustaría recordaros los tres componentes de la dicha en una pareja, son tres expresiones mágicas que abren las puerta de la felicidad en una relación: el sí (significa te tomo tal y como eres), el sonreír diciéndole gracias (gracias por existir, gracias por estar aquí, gracias por quererme, por ser como eres, por nuestro camino…) y el sentir y decir por favor o lo siento (acercarnos al otro desde nuestra ternura, desde nuestra vulnerabilidad, nuestra más profunda humanidad, ofreciéndole nuestra fragilidad, nuestra piel sin durezas. Y al arriesgar podemos ser recompensados con las mieles del encuentro verdadero, despojado de roles, formalidades y vestiduras).

Desde luego no concibo una relación sin sonrisas, mostrar una constante sonrisa, aunque sea interior hacia el otro, incluso en momentos de desacuerdo ¡qué difícil!, tampoco concibo una relación sin practicar el reconocimiento y la escucha, el tener al otro en cuenta, el transmitir al otro a través de una sonrisa, mirada, comentario o gesto, a pesar de las dificultades, quiero bailar contigo, bailamos juntos y también si es una relación de pareja, no la concibo sin encuentros personales íntimos, donde te desnudas, sin tapujos al otro, donde te fundes y trasciendes.

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para tener relaciones amorosas?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

2 diciembre, 2020

¿Cuántas veces has dicho a alguien lo que tiene que hacer pensando que así le motivarías a hacerlo y luego te has dado cuenta de que por más que se lo dices, no mueve un dedo? ¿Cuántas veces has comenzado algo y al poco tiempo te has desinflado, perdiendo la motivación, incluso hasta abandonar tu proyecto? ¿Cuántas veces empezaste con una idea en la cabeza clara y acabaste haciendo totalmente lo opuesto?

La buena noticia es que esto es normal, está estudiado y demostrado, y os voy a contar uno de los motivos por los que nos sucede, cuándo y qué necesitamos para continuar hacia nuestros objetivos para concluirlos con éxito. La mala noticia, es que seguiremos dejando caminos a medias, que tomaremos desvíos que nos harán sentir mejor, o cederemos simplemente porque no tenemos la motivación o las fuerzas suficientes para abordarlos.

Ocho pasos para conseguir nuestros objetivos

El hecho de que nos sucedan desvíos de nuestros objetivos fue desarrollado por el filósofo y compositor George Gurdjieff, en lo que se denominó la ley universal del 7. También habla de octavas porque después de los 7 escalones por los que iremos subiendo en el camino hacia el objetivo, el octavo es la repetición del primero, pero con el doble de vibraciones, como en una escala musical. Así que, en realidad, son 8 pasos que vamos dando a lo largo de nuestra vida para conseguir lo que nos proponemos. No es tan importante para nuestro camino el nivel de energía o vibración que hay en cada paso, sino que la clave es saber cuándo se producen los desvíos, pues baja la energía y la motivación, y ahí es cuando debemos estar alertas para saber qué hacer. También, es interesante hacer notar la relación que tiene el número 7 en la naturaleza, en el orden de las cosas y en los ciclos que se concluyen. Por ejemplo, los 7 días de la semana, las etapas de crecimiento del ser humano (cambiando cada 7 años), los 7 chakras, los colores del arcoíris, las 7 energías… 

Gurdjieff vino a decir que ningún proceso es lineal, que todos tienen interrupciones y desviaciones hasta el punto de que podemos llegar a actuar de forma opuesta a como teníamos pensado o como comenzamos en un primer momento. Un ejemplo de nuestra actuación contraria puede ser cuando queremos adelgazar y decidimos dejar de comer ciertos alimentos porque nos engordan y al cabo de un tiempo, te ves dándote permiso para saltarte la dieta, o incluso dándote un atracón de productos muy poco saludables que disfrutas tanto que acabas dejando de lado la dieta, con lo que no solo no adelgazas, sino que favoreces el coger más peso.

Entendiendo el proceso... ¿cuándo suceden estas bajadas de energía en el camino hacia nuestros objetivos? 

Al inicio tenemos el propósito más claro, tenemos más ganas de abordar el salto porque queremos darlo. Pero a los pocos meses, necesitamos recuperar la esencia de la motivación inicial que nos llevó a querer dar el primer paso. Esta primera dificultad es más fácil de salvar porque apenas acabamos de empezar y podemos tener aún muy presente por qué quiero hacerlo.

Por ejemplo, cuando entramos a trabajar en una empresa a la que habíamos deseado incorporarnos. Al principio, tenemos mucho más entusiasmo. Es una motivación inicial cargada de ánimo e ilusión. Con el día a día, nos vamos dando cuenta de lo que es en realidad el trabajo, el ambiente, y esa energía inicial va bajando hasta nivelarse con la de los demás miembros del equipo en unos pocos meses. Ahí es donde se produce el primer posible desvío. Cuando nos cuestionamos si fue la mejor decisión, si es lo que quiero.Para salvar este primer obstáculo, necesitaré recordarme qué me llevó a querer entrar a trabajar en esa empresa. O hablando en general, qué intención tenía yo para querer abordar ese proyecto, reto u objetivo.

Después retomaremos la energía y seguiremos avanzando hacia nuestros objetivos pero justo antes de llegar, entre el séptimo y octavo escalón, volveremos a tener una gran dificultad, esa que nos cuestiona hasta qué punto nos merece la pena llegar hasta el final sin desviarnos. Ya el por qué lo haces del inicio no es suficiente. Necesitamos encontrar un propósito mayor, mejor, saliendo incluso de lo que obtengo yo con ello en pro de lo que es positivo para el mundo y para el ser humano, yendo más allá de uno mismo.

En el el ejemplo del trabajo, ya no es solo lo que tú obtienes a nivel material, salario, estatus, sino que tu motivación está más relacionada con lo que la empresa ofrece al mundo o con lo que aportas a los demás con tu trabajo. En esta dificultad hay que lidiar con nuestra propia soberbia, nuestro ego, el sentido de lo mío. 

Y para superarla, en esta ocasión más que motivación intrínseca necesitamos de motivación trascendente, de determinación. Hemos de apoyarnos en nuestros valores porque si vamos en contra de ellos no concluiremos, estaremos incómodos y esto no es sostenible en el tiempo. Necesitamos de una propuesta para nuestra mejora personal, poner ética, con una consecuencia que sirva a los demás. Un propósito muy nuestro, de nuestro propio ser, que de verdad nos nace hacer o nos guía, alineado con nuestra esencia. De ahí que sea tan importante que nos dediquemos a lo que nos gusta y nos llena porque será más fácil que nos comprometamos y que completemos las octavas de nuestra vida que nos hayamos marcado.

Revisando nuestra historia para comprendernos

Si revisamos nuestra historia o si como responsables de equipos hemos tratado de incentivar a los demás, podemos darnos cuenta de que en numerosas ocasiones hemos puesto mucha motivación o impulso al inicio, pero después ya no hemos tratado de encontrar ese propósito superior que nos mantenga ahí, que nos invite a concluir con el mismo interés o más, generando compromiso (algo tan preciado hoy en las empresas). 

A lo largo de nuestra vida hemos podido dejar proyectos inacabados. Algunos puede que queramos cerrarlos (aún estás a tiempo). Por ejemplo, cuando elegimos una profesión y después de un tiempo vamos cogiendo otros trabajos, pero se nos queda la sensación de haber dejado aquello que era en realidad lo que quería y que por circunstancias no pude completar y querría volver a ello. 

Sin embargo, puede que ante las dificultades hayamos tomado el desvío con total consciencia y conciencia, cediendo a lo que era y eligiendo aquello que nos hacía sentir mejor. Por ejemplo, si al coger esos otros trabajos, me fui dando cuenta que en realidad me siento más identificado con lo que hago ahora.

No se trata de acabar por acabar, por culpa o perfeccionismo, sino acabar lo que hemos decidido empezar siempre que nos merezca la pena, decidiendo superar las dificultades por nosotros mismos. Escuchándonos. Conectándonos con lo que somos, incluso estando atentos a nuestra intuición, porque cuando tomamos el camino correcto, tenemos paz interior y nuestras relaciones con los demás y con el mundo están en mayor armonía.

¿Qué octavas has dejado inacabadas en tu vida? ¿En cuáles estás en este momento inmersa/o? ¿Cómo vas a motivar a los demás para que avancen hacia los objetivos con determinación? 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

6 noviembre, 2020

¿Te has dado cuenta de las personas maravillosas que tienes a tu alrededor, tanto en el ámbito personal como en el laboral? En los momentos duros es cuando más se ve a las personas que merece la pena tener cerca. Esas que no te sueltan la mano, aunque no te puedan dar ni una moneda. Esas que se dejan la piel por llegar a todo de la mejor forma posible.

Motivos por los que pueden ser difícil de encontrar

  • Porque nosotros podemos estar tan enmarañados en nuestros problemas o subidos en la rueda de la vida de forma que no tengamos ojos más que para el punto negro en el que nos vemos inmersos. 
  • Porque a veces nos sentimos solos y esa soledad se da más por nuestro retraimiento, que nos aleja de los demás, que por no permitir entrar a alguien en nuestro mundo.
  • Porque no vamos contando nuestra vida a los demás y creemos que no les va a importar o que tiene cosas mejores que hacer. 
  • Porque pensamos que el conductor de autobús, el señor de la tienda, el chico de recepción, mi alumna, la directora o el policía no pueden ser nuestros amigos.   
  • Porque muchas veces estas personas no destacan, no hacen ruido, solo están, responden cuando te hace falta, te dan aliento si lo ven oportuno, no son pesados, aunque tienen una gran actitud de servicio y suelen estar comprometidos contigo o con una causa mayor que los lleva a actuar así.
  • Porque pasan desapercibidos y no los vemos mientras hacen cosas por y para nosotros, solo nos encontramos sus resultados hechos. Una amiga mía decía que cuando llegaba a casa se encontraba todo hecho, y ella solo se tenía que dedicar a lo suyo. Era cosa ¡de los duendes!  
  • Porque no van con eso de “con lo que hago yo por ti”, sino que lo dan, de forma generosa porque saben que su recompensa está en el hecho de hacerlo, no en el premio que venga de vuelta. 
  • Porque es posible que cada uno de nosotros tengamos nuestro propio criterio sobre qué significa que una persona sea “de las buenas”.

Pon en valor a las maravillosas personas que te rodean

Seguro que encuentras muchos motivos para no tener tan presente como deberías a esas personas maravillosas que tienes a tu lado, sin embargo, esto tiene solución. Un día hemos de parar, bajarnos de la vorágine y mirar alrededor. Y ese día puede ser hoy, ahora. ¡Se lo merecen!

Para ello, te invito a hacer una lista. Si lo escribes, hazlo mejor a mano, tu cerebro se hará aún más consciente. Piensa en las personas con las que tienes contacto que:

  1. Están cuando las necesitas.
  2. Te sorprenden para bien.
  3. Podrías hablar de cualquier cosa con ellas.
  4. Se han ganado tu confianza.
  5. Te sacan una sonrisa.
  6. Te cuidan.
  7. Con ellas todo es fácil.
  8. Puedes estar a su lado sin hablar de nada, sintiéndote a gusto.
  9. No tienes que disimular, ni aparentar, puedes ser tú mismo estando como estés.
  10. Resuelven por ti si hace falta.
  11. Se anticipan.
  12. Actúan más que hablan.
  13. Tienen la palabra adecuada, aunque no te regalen el oído.
  14. Puedes contar con ellas dentro de su ámbito, en lo que sabes que puedes contar.
  15. Te acogen y recogen.
  16. Te dan ese abrazo cuando más lo necesitas.
  17. No te juzgan.
  18. Te escuchan.
  19. Se prestan a ayudar cuando son tareas pesadas o arduas.
  20. Tratan de atenderte lo mejor posible. Ponen su esfuerzo en ello.

No tienen que cumplir toda la lista, con que estén en una de las anotaciones es suficiente para ser una persona especial en tu vida en este momento. Si, además, compartes un largo camino a su lado, puedes sentirte muy afortunado. O si de repente, después de años, has recuperado el contacto con mayor intensidad, es porque algo valioso había ya en la relación que ha hecho que no se pierda del todo. 

Cada persona da lo que sabe, lo que puede y lo que quiere. No siempre van juntas estas tres opciones, ni siempre es todo, porque aun pudiendo más no siempre se da el máximo, o queriendo más no siempre se puede dar lo que uno quisiera. No todas las personas están dispuestas a dedicar el tiempo a otras, ni el tiempo al trabajo, ni la dedicación, ni se pone el cariño al hacer algo o al estar con alguien. 

Así que valora a aquellas personas que están ahí, que no hace falta que sea todo el rato, porque cada una lo hará cuando pueda, en una forma concreta: tratando de hacerte reír, facilitándote el trabajo o solo haciéndote saber que puedes tomarte un café cuando quieras con ellas. Recuerda que no viven solo para ti, también tienen sus propios problemas, y aun así eligen estar pendientes de ti.  

Si en esta lista has puesto al menos una persona, ya puedes sentirte feliz. Incluso tú mismo puedes darte cuenta para quién podrías ser una persona especial. 

Así que cuida de las personas estupendas que tienes cerca, detéctalas para estar tú a la altura con ellas. Para cumplir con la cierta reciprocidad que merecemos en el dar y recibir de la vida. Incluso para amar y ser amado. O para recompensar en el trabajo por el compromiso aportado. 

Abre los ojos y observa, escucha y permítete sentir el calor que los demás te pueden ofrecer. Y actúa en consecuencia. Juntos es mejor. No dejes escapar a “los buenos”. Mantente a su lado. Dales tú también la mano.

Feliz día, personas maravillosas. ¡Gracias por estar en mi vida! 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

27 octubre, 2020

Querido compañero,

¿Estás preparado para modificar tu paradigma vital ante los nuevos modelos de vida? ¿De qué manera ha cambiado tu vida por la situación creada por la Covid-19? ¿Qué nuevos planteamientos estás llevando a cabo?

Hoy quiero hablaros del cambio de paradigma que estamos viviendo todos los seres humanos por la Covid-19. Paradigma es una palabra griega que se usa para denominar elementos que siguen un modelo o diseño. Thomas Kuhn, físico y filósofo estadounidense, acuñó una interpretación nueva en su libro "La estructura de las revoluciones científicas" refiriéndose a los filtros que impone nuestro cerebro; es decir, a las suposiciones, conceptos, valores y previa experiencia con los que miramos las cosas.

Thomas Kuhn indica que un cambio de paradigma supone una transformación tan grande que el paradigma anterior no se puede comparar con el nuevo, porque incluso las palabras que se usan para explicarlo son inéditas.

¿Qué cambios justifican este nuevo paradigma que vivimos?

Está claro que hay muchos cambios que ya estamos viviendo y que nos están afectando radicalmente como son:

  • Pasar en casa mucho más tiempo con la pareja, miembros familiares o compañeros de piso o vivir solo. La convivencia ha cambiado y pasamos más tiempo en casa y menos en la calle y eso lleva a que haya personas que estén sintiendo una mayor soledad, especialmente nuestros mayores o que haya trabajadores que preferirían estar en la oficina para sentirse más concentrados en sus despachos o parejas encantadas de disfrutar más tiempo juntos… ¿Qué vas a hacer para sentirme mejor en los espacios compartidos? ¿Qué límites vas a pedir para mejorar la convivencia? ¿Qué puedes hacer para vivir mejor y disfrutar de la “soledad”?
  • Mayor contacto con nuestros amigos y vecinos. El confinamiento ha desatado una emanación de buena amistad y vecindad que fluirá mucho después de que pase la Covid-19. Hemos desarrollado un mayor contacto con nuestra familia y amigos, por ejemplo, salir a la ventana a tomar el aire, mirar si alguien pasa por la calle, salir a aplaudir… se ha hecho continuamente durante el confinamiento y era un buen momento para entablar una conversación con algún amigo o vecino, sintiéndonos más acompañados durante un rato. ¿Qué te ha aportado tener un mayor contacto con las personas que quieres o con tus vecinos? ¿Qué vas a hacer para mantener estas nuevas relaciones?
  • Dependencia de la tecnología. Para muchos de nosotros las plataformas digitales se han convertido en la única forma en la que podemos trabajar, educarnos, entretenernos o ponernos en forma. Y para poder seguir en el mercado laboral, ¿cómo te estás preparando para poder utilizar de forma eficiente y eficaz las nuevas tecnologías que utiliza tu empresa o la empresa en la que quieres trabajar?
  • Vivir en la incertidumbre e inseguridad. Más que nunca la crisis del coronavirus ha elevado la sensación de vulnerabilidad hasta puntos nunca vividos en el último siglo, pues afecta todos los estratos de la sociedad y afecta a todas las facetas de nuestra vida. Y nos planteamos preguntas sin apenas respuestas como: ¿Cuándo retomaremos ese proyecto profesional que hemos dejado en suspenso por la pandemia? ¿Cuándo podremos salir por la calle sin mascarilla ni miedo? Y es que, ante esto, estamos obligados a actuar para que la incertidumbre no nos paralice, pero en esta situación solo podemos guiarnos por reglas flexibles y revisables cada cierto tiempo; es decir, acostumbrarnos a vivir asumiendo que cualquier decisión que tomemos hoy será provisional y es posible que tengamos que adoptar quizás la contraria en poco tiempo. Desde luego es un hecho que nuestro aparato cognitivo no está diseñado para vivir en permanente desasosiego pero podemos cultivar una disposición psicológica para asumirlo.

    Es también cierto que solo algunos sectores se han visto beneficiados por esta pandemia, la mayoría han sufrido grandes pérdidas y muchas economías familiares se han visto mermadas. Muchos hemos sufrido pérdidas de trabajo o un ERTE o negocios que no sabes si vas a poder abrir o en qué horario… ¿Qué puedes hacer para mantener un coste de vida más bajo? ¿Qué alternativas puedes encontrar para sostener tu economía familiar? 
  • Compramos mucho más por internet. El comercio minorista ya lo estaba pasando mal. Las cuarentenas y sus consecuencias han acelerado los enormes cambios estructurales que ya estaban en curso. Sólo va a sobrevivir el más apto porque las compras por internet se han disparado. Es importante hacerte nuevos planteamientos como: ¿Compras lo que necesitas o te dejas llevar comprando cosas que saben vendernos muy bien a través de campañas de marketing? ¿Sabes elegir sin ver el producto? ¿Qué garantías te ofrece la empresa en la que estás comprando? ¿Puedes devolver el producto, en cuánto tiempo?
  • El trabajo en casa se está normalizando. Utilizar el metro, autobús o el coche era en la mayor parte de vosotros necesario para llegar a nuestras oficinas. El reunirnos con nuestros compañeros formaba parte de nuestro día a día, el tener reuniones habituales con nuestro jefe era lo común. Y ahora, muchos de nosotros estamos solos en casa delante de un ordenador. ¿Cómo te estás cuidando para no sentir ausencias? ¿Qué haces para sentirte en tu día a día apoyado? ¿Cómo te organizas?
  • Cultura y aficiones. El gremio artístico está dividido en partes iguales en cuanto a su futuro después de la pandemia, entre pesimistas y optimistas. Las salas de cine, los teatros, salas de conciertos, museos y galerías prosperarán con una mayor creatividad, en respuesta a los tristes días del virus. ¿De qué forma te diviertes? ¿Qué nuevos hobbies has generado?
  • El traslado diario ha cambiado. Al no podernos apenas desplazar a otros países, menos vuelos generan una subida de precios. Algunas aerolíneas podrían no sobrevivir esta crisis y aquellas que logren superarla saldrán debilitadas. No hay duda de que los encuentros cara a cara ayudan a construir relaciones y a generar confianza, algo muy importante para que tenga éxito un proyecto. Ahora que las empresas y otras organizaciones se ven forzadas a reducir radicalmente o detener los viajes de negocios, quizá se den cuenta de que no son tan esenciales y que se están encontrando otras alternativas que funcionan. Además, el hecho de tener miedo al contagio nos está llevando a usar otros medios de transporte diferentes al transporte público, independientes y ecológicos como la bicicleta y las patinetas motorizadas, que se están volviendo cada vez más populares. ¿Cómo te afecta tener miedo a coger un transporte público? ¿Qué haces para sentirte mejor? ¿Con qué medio de transporte te sientes más cómodo?

    ¿Qué otros cambios estás viviendo?

Plantéate un cambio vital

Como conclusión os plantearía un cambio de vida. El coronavirus puede ser ese hecho externo que redefina en su esencia algunas áreas de nuestra vida.

Pienso que, en lugar de simplemente recuperarnos y volver a como estábamos antes del coronavirus, algunos cambios pueden ser para siempre.

Un nuevo y consciente concepto temporal de la vida y la necesidad de encontrar la eficiencia en todas las áreas de mi vida, en mi caso, me ha llevado a un nuevo replanteamiento vital

  1. Lo primero que he hecho es decidir el valor real que tiene cada área de mi vida.
  2. Después decidir qué tipo de vida deseo para cada área. 
  3. Luego he reflexionado qué tiempo quiero dedicar a lo que es verdaderamente importante.
  4. Y, por último, qué recursos necesito para llevar a cabo mi nueva forma de vida.

En definitiva, he hecho el ejercicio de distinguir lo que hay de necesario en mi vida de lo que no lo es y he anotado todo lo que tengo: el dinero del que dispongo o puedo llegar a disponer, el trabajo que puedo y deseo hacer, los hobbies que quiero realizar, el pasar más tiempo en la naturaleza o disfrutando del mar, el practicar deporte de forma continua, los aprendizajes que quiero llevar a cabo y lo más importante, las personas que quiero que formen parte de mi vida y que quiero cuidar y mantener...

Y a ti, todos estos cambios, ¿cómo te están afectando? Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para sentirte bien en los momentos actuales?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

Querido compañero,

¿Qué haces para evitar la tiranía del cerebro reptiliano? ¿De qué manera te cuidas? 

Como sabemos, el cerebro ha estado en constante evolución a lo largo de más de 250 millones de años y en todo este proceso ha ido adquiriendo nuevas funciones y capacidades cada vez más complejas.

A través de los estudios e investigaciones del médico y neurólogo Paul MacLean podemos comprobar que todos los seres humanos tenemos tres cerebros en uno. Estos tres cerebros son, en orden evolutivo, el Reptiliano (supervivencia inmediata), el Límbico (emociones) y el Neocórtex (razonamientos). Cada uno de ellos ha ido apareciendo en nuestra línea evolutiva de manera secuencial; es decir, que estos tres cerebros son relativamente independientes y que se relacionan entre sí siguiendo una jerarquía, dependiendo de su antigüedad y de sus funciones de cara a nuestra supervivencia. 

Hoy quisiera hablaros de cómo funciona nuestro cerebro reptiliano y lo que podemos hacer para nuestro autocuidado y para mejorar nuestras relaciones.

Para Paul MacLean, el concepto de complejo reptiliano servía para definir la zona más baja del prosencéfalo, donde están los llamados ganglios basales, y también zonas del tronco del encéfalo y el cerebelo. Al ser el primero en aparecer, sería la estructura que lleva a cabo las funciones más básicas y más importantes para sobrevivir en el aquí y el ahora

La función principal de este cerebro es la supervivencia, el mantenernos protegidos ante cualquier amenaza que se presente, así como defender nuestro hogar, cuidar nuestras pertenencias y a las personas más cercanas a nosotros. Además, se encarga de regular las funciones básicas vitales como: la respiración, los procesos digestivos, regulación de la temperatura, funciones cardiacas… También activa nuestro instinto y motivación sexual para que nos atraigan otras personas y podamos reproducirnos.

Este instinto de supervivencia es muy egocéntrico y no tiene paciencia, quiere todo ya (cuando estoy cansado quiero dormir, cuando estoy sediento quiero beber…) y cuando no logramos satisfacer de forma inmediata cualquiera de nuestras necesidades, nos frustramos y aparece la rabia. Esto puede llevar a que no solo nos hagamos daño a nosotros mismos por permitir que nuestro cerebro reptiliano exagere la inmediatez de lograr algo; sino que también podemos dañar nuestras relaciones con los demás.

Quisiera comentaros algunas recomendaciones para amainar la sensación de hostilidad, de rabia no sana que genera este cerebro fruto de los estados de exageración instintiva que nos hace sentir:

  1. Hacernos conscientes de si es realmente una cuestión de supervivencia o no. Este cerebro reptiliano saltará cuando sienta que hay peligro, pero ¿realmente es una cuestión de vida o muerte? O es una cuestión que me duele, me molesta, perturba mi estabilidad económica y sobre la que tengo alternativas. Por suerte, la mayoría de nosotros no estamos en una situación de supervivencia, así que calmemos nuestros pensamientos derrotistas para aplacar al cerebro instintivo.
  2. Practicar la calma, por ejemplo, aprender a respirar profundamente o trabajar el control mental realizando meditación o mindfulness.
  3. Comer sanamente, parar antes de entrar en la gula y elegir lo que le va a sentar mejor a mi cuerpo. Beber agua y no dejar que pase demasiado tiempo sin comer. Debido a toda el hambre que hemos vivido en el pasado tendemos a comer en exceso para que el instinto quede satisfecho y con reservas para poder sobrevivir por si nos faltara el alimento.
  4. Realizar hábitos saludables de vida como: la higiene, el practicar deporte, respirar aire puro, conectar con la naturaleza, reír, tener propósitos y hobbies…
  5. Evitar las adicciones como tabaco, alcohol, drogas, azúcares…
  6. Intentar dormir 8 horas al día. Cuanto menos dormimos y menos descansados estamos, actuaremos de forma más reactiva.
  7. Sal de tu zona de confort. A este cerebro le gustan las rutinas, hábitos, costumbres y que no hagamos cambios, ni improvisaciones. Te propongo que salgas de tu zona de confort siempre que puedas (por ejemplo, vete a trabajar por otro sitio), viaja, prueba cosas nuevas…

Además de practicar todo lo que acabo de indicar para calmarnos a nosotros mismos, para que este cerebro no sea tan reactivo de cara a nuestros encuentros relacionales sería conveniente seguir los siguientes consejos:

  • Cuidar nuestra forma de comunicar, que sea asertiva y efectiva, no andes con rodeos y evita ser malinterpretado.
  • Como es un cerebro tan reactivo, antes de hablar para poder responder y no reaccionar, cuenta hasta 10. Esto es muy importante también para trabajar la demora en la impulsividad o en la gratificación.
  • Cuida la proxemia con el otro, respeta y cuida los cuatro grandes tipos de espacios: íntimo, personal, social y público, según la distancia establecida entre las personas. Mantente atento al lenguaje no verbal para saber dónde está el límite.
  • Para invitar a la buena convivencia, indica al otro lo que te pueda molestar que pueda hacer de forma reptiliana. Por ejemplo, cambiarte de lugar tus cosas o coger tu libro favorito o subirse de pie en el sofá…
  • Aprende a perder con elegancia, perdonar, ceder, aceptar lo que es, aprende a no querer siempre la razón.

¿Qué otras formas tienes tú de cuidarte de tu cerebro reptiliano y que no se dañen tus relaciones?

Después de lo que acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para manejar mejor a tu cerebro reptiliano?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

Querido compañero,

¿Pones límites en tus relaciones personales y profesionales? ¿De qué manera pones límites? En mi anterior artículo te hablé de la necesidad de poner límites , hoy quisiera hablarte de cómo poner límites de una manera asertiva y eficaz.

Como ya indiqué, poner límites en las relaciones significa hacer saber a las demás personas que se tienen deseos y necesidades diferentes a las suyas, y respetarnos como seres humanos únicos que somos.

Existen dos tipos de límites: los emocionales y los físicos. Está demostrado que el poner límite físico a las cosas nos va a ayudar a poner límites emocionales a las personas. Un ejemplo de cómo poner límite físico sería poner distancia: Si no lo compras, si no lo tienes en casa, si no está accesible… no te dejarás llevar de aquello a lo que quieres poner límites, sea una persona o algo material. No dejarte llevar de la gula, sino comprar y comer lo que necesitas y es bueno para tu salud; no disponer de tabaco, alcohol o cualquier otra sustancia para poner un tope a fumar, beber o a cualquier adicción; poner límite a las distracciones alejándonos de ellas y gestionar mi agenda; ver menos frecuentemente a esa persona con la que no sé poner límites…

¿Qué hay que tener en cuenta antes de poner límites?

Lo primero saber en qué situación te encuentras. Para ello, puedes formularte preguntas como ¿cómo me encuentro? ¿cuál es mi emoción en ese momento? ¿a qué te lleva el hecho de no poner límites? ¿qué quieres? ¿te encuentras preparado para recibir alguna respuesta negativa? ¿quieres poner límites por venganza o por el bien de ambas partes? 

Cuando el límite te lo vas a poner a ti mismo, también puedes ayudarte a frenar la situación. Piensa qué beneficio tienes para mantener esa extralimitación. ¿Qué ventajas obtienes? ¿Qué sería lo peor que puede pasar si lo cambias? ¿Hay algún término medio entre la situación actual y la ideal? ¿qué te dices a ti mismo para continuar haciéndolo? Ese mensaje se puede cambiar porque lo que te dices y cómo te lo dices, importa. Y si quieres cambiar algo tú, será mejor que te ayudes con pensamientos que te faciliten el cambio. Adelgazar solo se consigue cuando estás mentalmente preparado. Cambia tu pensamiento.

Cuando el límite has de ponerlo hacia alguien es necesario preparar lo que le quieres transmitir. Prepara el mensaje que vas a expresarle teniendo en cuenta que lo que le vas a decir lo vas a hacer por el bien de la relación; es decir, por el bien de ambas partes.

Además, has de elegir un entorno y un momento adecuado para poner los límites, es importante que el espacio que elijas sea neutro para ambas partes, un lugar agradable en el que podáis comunicaros con el fin de favorecer un buen clima. Perdemos crédito cuando lo que queremos expresar no viene a cuento, porque no es una puya a destiempo, sino que es una conversación, una petición, bien planteada y constructiva. Recuerda que “nunca es tarde si la dicha llega”.

Ten en cuenta el estado de la otra persona. Es fundamental que la otra persona se sienta receptiva a lo que le vas a decir. Para ello, practica la empatía, la escucha y el estar atento a su comunicación verbal y no verbal.

Por último, prepárate y ponte en las diferentes opciones de cómo se puede comportar el otro cuando le pongas límites, pues dependiendo de su temperamento, puede que no se lo tome bien y surjan emociones de enfado, rabia, ira… ayúdale, si es posible, en su gestión emocional para que vuelva a su equilibrio. 

7 pasos para poner límites

Y ahora, seguramente que la pregunta que necesitas resolver es ¿Cómo se ponen los límites? Te voy a explicar los 7 pasos que proponemos desde 2miradas.

  1. Trabaja tus creencias limitantes, si lo necesitas, para poder poner límites. Creencias como pensar que eres egoísta por no ceder a lo que te piden o sentirte culpable por hacerlo.
  2. Analiza las situaciones, lo que ocurre, lo que te dicen y el impacto que te crea y ten claro hasta dónde llegan tus límites, lo que tú necesitas para sentirte bien en tu vida, que sepas lo que vas a permitir y tolerar.
  3. Recuerda a la persona lo importante que es para ti. De esta manera conseguirás que de entrada no se ponga a la defensiva.
  4. Habla de ti. Cuando vayas a poner límites a una persona es indispensable que no le juzgues, ni etiquetes, ni intentes hacerle daño, sino que hables de ti y en primera persona. No evalúes lo que te hace o dice, explícale las situaciones con objetividad y exprésale cómo te sientes. Para ello, separa el hecho de la persona. No es “tú me haces sentir”, sino “yo me siento así cuando esto sucede”. Te recuerdo que una manera de hablar asertivamente con alguien es utilizar la técnica del DEPA y si ya se lo has expresado en varias ocasiones comunícale tu límite a través del DEPCA. Expresa tus límites con educación, respeto, cuidado y con Amor hacia ti y hacia el otro.
  5. Déjale un momento para que el otro asimile y reflexione sobre lo que le has dicho. Puedes plantearle preguntas como: ¿Qué opinas de lo que te he dicho? ¿Cómo te hace sentir hablarme así? ¿Qué te lleva a actuar así conmigo? Es el momento de escuchar y tratar de comprender su parte de la historia, su punto de vista.
  6. Entiende las consecuencias de no poner límites. Para que haya un cambio hay que querer cambiar. Y muchas veces no somos conscientes de por qué se hace necesario ese cambio. Por eso, es importante también que ambos seáis conscientes de las posibles consecuencias de que la situación continúe sin límites y si estáis dispuestos a asumirlas. Son argumentos que pesarán en la posible resolución. 
  7. Llega a un acuerdo siempre que sea posible. ¿Qué vamos a hacer a partir de ahora? ¿Cómo lo vamos a manejar? Y si no hay acuerdo y tú necesitas/quieres poner ese límite, acepta la decisión del otro y toma tu propia decisión. Podrá intentar mejorar su comportamiento, pero también puede darse el caso de que no quiera cambiar. Entonces, tendrás que elegir qué tipo de relación quieres y necesitas para sentirte bien.

Si empiezas a poner límites a la otra persona, no le quedará más remedio que cambiar su manera de tratarte, tú te sentirás más tranquilo y mejor y comenzarás a valorarte.

Como siempre te invito a que aproveches la oportunidad que te regala esa persona para que sea una experiencia en tu vida y te lleves un nuevo aprendizaje.

¿Qué otras formas tienes tú de poner límites?

Después de lo que acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para poner límites?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

26 septiembre, 2020

No sé si tú pensarás igual, pero a mí me da la sensación de que las personas están revueltas. Creo que el confinamiento, la situación laboral, la economía, la salud, las relaciones a distancia o no, la convivencia, todo, nos ha llevado a una reflexión personal y profesional.

Te haya afectado en mayor o menor medida, es probable que te hayas planteado si como está tu vida es como quieres que esté. Si no es así, creo que es buen momento para revisar la rueda de la vida en la que te mueves y cogerla con tus propias manos, liderando tu vida. 

Ya, las circunstancias… Las circunstancias no han impedido que hables con algunas personas, no han impedido innovar, no han impedido la creatividad, no han impedido el apoyo de profesionales y amigos. Por eso, lejos de quejarnos, es tiempo de cuidarnos, querernos mejor y afrontar el futuro.

Ahora bien, ¿cómo se hace? Comenzando por lo que de verdad importa

  • Tú. Pregúntate qué quieres, qué es importante para ti, conócete. ¿Qué te gusta? ¿Qué disfrutas? ¿Cuáles son tus valores para que puedas apoyarte en ellos? ¿Cómo reaccionas ante la incertidumbre? ¿Cómo está tu autoestima? ¿De qué tienes miedo? Sobre todo, recuerda que estamos en este mundo por un tiempo limitado y que lo que de verdad importa es disfrutar esta oportunidad de vivir que tenemos. Así que recuerda qué es para ti la felicidad y qué te da bienestar. Y enfócate en ello.
  • Entrenar las actitudes que nos ayudan. Hay actitudes que nos ayudan a superar las circunstancias. Es una pena que a veces esas actitudes no las aprendemos hasta que no nos pasa algo realmente serio que nos lleve a un cambio de paradigma en nuestra forma de ver el mundo. Sin embargo, es posible aprenderlas. Por ejemplo, como dice Elsa Puncet, hay una actitud que es especial y capacitadora al máximo, el optimismo. Ya está más que demostrado que las personas optimistas, lejos de ver el mundo de color de rosa, son capaces de valorar los obstáculos como retos en lugar de problemas, o de reponerse antes de las situaciones adversas.  
  • Desdramatizar. Nos ponemos muy intensos, todo lo magnificamos. Hemos de poner objetividad, relativizar y tomar perspectiva de las cosas. Ni es todo, ni es como tú quieres que sea todo, ni los demás han de hacer todo lo que tú quieres como tú quieres y cuando tú quieres… Cada persona tiene su historia y circunstancias, su forma de ser y tomar decisiones. Cada empresa tiene su historia y circunstancias, sus responsables. Y hemos de tener claro que cada persona y empresa hace en cada momento lo que cree ser lo mejor, aunque no nos guste. Tenemos dos opciones: aceptación, comprensión, compasión… o cambio. Como decía mi abuelo: “si tiene remedio para qué cabrearse, y si no lo tiene, ¡para qué cabrearse!”. Piensa qué es lo peor que podría pasar y prepárate para ello. Ocúpate en lugar de preocuparte. 

Para si lo necesitas, toma tu tiempo de pensar, de estar en soledad, de estar contigo. Practica el silencio, el autocuidado y, sobre todo, quiérete a ti mismo. Eres lo más importante que tienes.

Para finalizar, te recomiendo un libro que me marcó desde que lo leí por primera vez: “Lo que de verdad importa” de Jan Goldstein.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

En esta pandemia ha quedado patente que podemos vivir con menos. Que necesitamos ciertas cosas para nuestro bienestar y que juntos podemos llegar más lejos. El apoyo y la comprensión entre personas es esencial, así como saber gestionar los recursos verdaderamente necesarios. 

Ahora hemos podido comprobar si es cierto lo que muchas empresas decían: “Las personas son lo más importante, son el centro de nuestra organización, etc.” Y también, si los valores que hemos ido modificando y proclamando se han hecho efectivos o se quedaron en meros carteles decorativos de las salas comunes de las empresas.

Las personas, lo primero. Es una expresión que nos invita a mirar a los ojos de quien tenemos delante. Darnos cuenta de quiénes son las personas que nos rodean. Reconocer a las personas que son importantes en nuestra vida. Que todos tenemos una historia detrás, cada uno la suya. Y que todos buscamos la supervivencia y el bienestar.

Hace mucho tiempo, en mi trabajo personal, descubrí una de las claves que me permitió trabajar mi autoestima. Es una expresión que utilizamos también como base del coaching. Hablo de tratar a los demás como de igual a igual, de persona a persona. Cada una con sus conocimientos, cada una con sus habilidades, cada una con sus carencias y aprendizajes. Cada una con su valía también. 

Esto supone que nadie está por encima de nadie. Solo tiene otra posición social, económica o laboral. Pero es, a fin y al cabo, una persona. Igual que yo. 

Este planteamiento evita poner en pedestales demasiado altos a los demás, así como evita que nos subamos nosotros, pensándonos superiores en algo. Porque cuidado, aquel que menosprecias, puede que te dé a ti una lección en otra área de la vida.

Y si somos todos personas, coincidiendo en este momento de nuestras vidas, en estas circunstancias, creo que lo mejor que podemos hacer es tratarnos con amabilidad.

Acaba de salir, precisamente, una película protagonizada por Tom Hanks que pone en valor la amabilidad: “Un amigo extraordinario”, basada en hechos reales, donde se ponía en duda si su protagonista era verdaderamente así de amable o era una fachada para quedar bien. ¿Ponemos en duda a la gente amable porque la vemos “demasiado buena”? Personas a las que vemos débiles, sin carácter… Muchos prejuicios.

Sin embargo, hoy más que nunca, necesitamos de amabilidad. Una amabilidad que reúne varios aspectos:

  • Atención. La persona amable, está pendiente de lo que puedes necesitar, atenta a lo que te ocurre. Observa. Descubre. Muestra su interés por ti.
  • Movimiento. No se trata de responder sino de resolver. Decimos a una persona que ha sido muy amable cuando ha hecho algo por nosotros, algo que queríamos, que buscábamos, que necesitábamos y nos ha facilitado de algún modo, aunque no lo haya podido resolver del todo. Ha puesto lo que estaba en su mano.
  • Aprecio. La amabilidad tiene un punto de valoración del otro y de afecto. La generosidad viene del amor a los demás. La unión y el clima que se vive tiene que ver con el afecto que se respira entre las personas que conviven, los compañeros o los colaboradores.   
  • Bondad. Aunque pensemos que la línea es fina entre bueno y tonto, la bondad es una gran virtud. Seguramente si pensamos en personas que han marcado nuestras vidas para bien, incluyamos la bondad en la lista de sus cualidades. La bondad tiene que ver con hacer el bien, lo que está bien, lo correcto y, además, de una forma desinteresada. 
  • Locuacidad. Es necesario que sepamos comunicarnos de una forma natural y efectiva. La comunicación evita y resuelve conflictos, nos lleva al entendimiento y nos enamora. Permite la escucha, el silencio, el feedback oportuno y constructivo, tener respuestas en lugar de meras reacciones.
  • Educación. Para poder vivir en armonía. Necesitamos cierta capacidad de entender que no estamos solos en el mundo y que hemos de relacionarnos con los demás. No se trata de pisar a nadie sino de comprender más, de poner el punto ético y moral en nuestros comportamientos. Además, la educación nos ofrece saber estar, una mente más abierta a las diferencias y mejor comprensión de los demás. 

Estas cualidades, bien pueden ser desarrolladas por cualquier persona aunque más necesarias son hoy en día en los líderes, en las empresas, en los equipos…

En el fondo, solo es ir a las bases, a lo simple, a aquello que dice “no hagas lo que no te gustaría que te hicieran a ti”, al karma que te devuelve lo que has sembrado y a convivir poniendo un poco más de AMABILIDAD para ir por la vida.

¿Qué quieres ver en los demás? ¿Qué vas a hacer tú?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

28 julio, 2020

Una guía para gestionar equipos donde figuran los aspectos que el mejor equipo del mundo cumple para ser eficiente, mantener la motivación, tener el máximo desempeño y trabajar con la mayor satisfacción, aprovechando el talento de todas las personas que componen el equipo para alcanzar los objetivos deseados e ir más allá.

¿Qué inspiró a Raquel para escribir este libro? En primer lugar, su trabajo con Milagros García, su socia en 2miradas. Su nivel de entendimiento, cómo trabajan en equipo y lo bien que funcionan, le hizo reflexionar y analizar esta forma de trabajo y extraerla para plasmarla en una obra. Se dio cuenta de que no era suficiente tener una misión común para formar el mejor equipo, había mucho más que hacía que funcionara. Por otro lado, además de sus experiencias en otros proyectos profesionales y observando equipos que trabajan muy bien y que no funcionan también, en el plano personal lleva 24 años haciendo también un maravilloso equipo con su pareja Ricardo.

Concluyó que, tanto en un equipo profesional como uno personal, en el fondo, las ideas que se recopilan en este libro, funcionan en todos los ámbitos.

¿Por qué un libro ilustrado? En el proceso de observación de equipos para descubrir los secretos del mejor equipo, apareció la idea de que el libro estuviera ilustrado y empezó a pensar que a veces los conceptos más abstractos se asimilan mejor con ilustraciones y se ofrecen dos lecturas, una del texto y otra de la ilustración al hilo de este texto. Para ello se contó con la mano del ilustrador Miguel Can.

Imagen de Miguel Cans para el libro "El mejor equipo del mundo", de Raquel Bonsfills.
Imagen de Miguel Cans para el libro "El mejor equipo del mundo", de Raquel Bonsfills.

¿Con qué se debe quedar el lector tras la lectura del libro? Este libro es una guía de ideas que nos lleva en primer lugar a una reflexión. Por ejemplo, la primera idea es "alegrarse de verse". ¿Cuántos de los lectores se alegran de ver a las personas de su equipo cada día cuando llegan? Cuando trabajas bien con alguien, te alegras de verle. En este libro se muestran claves de este tipo, descubrirás cómo son, cómo se relacionan y comportan las personas del mejor equipo del mundo.

Puedes adquirir una copia del libro pinchando aquí.