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Querido compañero,

¿Das mucha importancia a la belleza física? ¿Te sientes satisfecho corporalmente? En nuestra sociedad hay una obsesión por la perfección del cuerpo que está generando mucha insatisfacción, especialmente en las mujeres y que ha llevado a una creciente demanda de técnicas con fines estéticos relacionadas con una ilusoria búsqueda de la perfección física.

Insatisfacción corporal y creencias limitantes

La Insatisfacción Corporal (IC), la definen Gardner y Stark, 1999, como “la discrepancia entre la figura que se considera actual y la que se considera ideal”.

El canon de belleza es un concepto que viene de la estética del arte, pero que se utiliza para hacer referencia a las cualidades físicas que ha de tener un hombre o una mujer para ser considerados como personas bellas. El canon se ha modificado con el paso del tiempo, por eso, es una construcción social y no algo natural.

Albert Ellis dice que “las personas no se alteran por los hechos, sino por lo que piensan acerca de los hechos” y cree que buena parte de los problemas psicológicos se deben a patrones de pensamientos e ideas irracionales.

Por si no lo sabes, una idea irracional es una creencia rígida y poco realista que suele estar en lo más profundo de la conciencia y forma parte de nuestros valores fundamentales y de nuestra identidad. Suele incluir contenidos acerca de:

  1. Nosotros mismos, por ejemplo: soy gorda, no valgo nada….
  2. Los demás, por ejemplo: la gente valora a las personas delgadas, los demás me rechazan por mi físico…
  3. La vida y el mundo, por ejemplo: la vida es un asco, mi vida es muy dura…

11 ideas irracionales que dirigen nuestras conductas

Albert Ellis explica once ideas irracionales inculcadas en las sociedades occidentales que dirigen gran parte de nuestras conductas y que, según este autor, cuando estas ideas se instalan en la mente, nos generan unos pensamientos automáticos negativos, que disparan nuestras emociones negativas y nuestras expectativas sobre las diversas situaciones de la vida, haciendo que respondamos ante ellas de manera desadaptativa y fortaleciendo dichas creencias negativas. Estas ideas irracionales son:

  1. “Necesito amor y aprobación de cuantos me rodean” o “tengo que ser amado y tener la aprobación de todas las personas importantes que me rodean”. Esta necesidad de aprobación nos puede llevar a entender muchas conductas relacionadas con la insatisfacción corporal. Un ejemplo de esta idea irracional sería usar expresiones como: “sino me mantengo joven y guapa, mi novio me va a dejar”.
  2. “Para ser valioso debo conseguir todo lo que me propongo” o “si soy una persona valiosa, tengo que ser siempre competente, suficiente y capaz para conseguir todo lo que me propongo”. La autoexigencia nos puede llevar a definir objetivos inalcanzables, incluidos los relacionados con nuestro aspecto corporal. Un ejemplo de esta idea irracional sería: “aunque nos vayamos de viaje, no voy a engordar ni un kilo”.
  3. “La gente siempre debe hacer lo correcto. Cuando la gente se comporta de manera desagradable, injusta o egoísta, debe ser culpada y castigada severamente”. El perfeccionismo nos lleva a pensar que somos infalibles y perfectos, en lugar de aceptar la realidad que es que, a veces, nos podemos comportar de forma estúpida, ignorante o neurótica. Un ejemplo de esta idea irracional sería usar expresiones como: “debería estar más delgada”.
  4. “Es horrible y catastrófico que las cosas no salgan, no sean o no vayan como yo deseo o quiero”. Esta necesidad de control lleva a no aceptar la realidad inmodificable o poco modificable, en lugar de centrarte en cambiar lo que puedas cambiar para que las condiciones sean mejores y si no es posible, aceptarlo y seguir adelante. Ejemplo, “necesito controlar todo lo relacionado con mi cuerpo”.
  5. “Mi infelicidad es causada por cosas que están fuera de mi control, por lo que es poco lo que puedo hacer para sentirme mejor”. La irresponsabilidad lleva a la inacción. Te recuerdo que son tus pensamientos y no los factores externos los que causan tus sentimientos y emociones. Un ejemplo podría ser la tendencia de las personas a querer ser o tener aquello que consideran ideal, que no tienen y que ven en los demás. Un ejemplo sería: “tú lo tienes muy fácil porque eres de constitución delgada”.
  6. “Debo pensar constantemente que puede ocurrir lo peor”. Preocuparse constantemente por cosas que podrían salir mal no evitará que sucedan y te llevará a sentirte disgustado. Ejemplo: “si no me tiño el pelo, voy a parecer mucho más vieja”.
  7. “Puedo ser más feliz evitando las dificultades de la vida, lo desagradable y las responsabilidades”. Posponer los problemas puede empeorarlos con el paso del tiempo. Ejemplo: “Tengo problemas de tiroides y no puedo hacer nada”.
  8. “Hay que tener a alguien más fuerte en quien confiar”. La baja autoestima puede llevar a confiar ciegamente en otra persona y esto puede acarrearte una dependencia. Es importante buscar ayuda cuando sea preciso, pero siempre que aprendas a confiar en ti mismo y en tu propio juicio. Las personas con insatisfacción corporal suelen presentar baja autoestima. Ejemplo: “Voy a hacer lo que me ha dicho Luisa, ayuno durante 3 días seguidos”.
  9. “Mi pasado es determinante de mi presente y de mi futuro”. Algunos modelos educativos recibidos han podido tender a una excesiva rigidez, al perfeccionismo en lo corporal, a la importancia de las apariencias y el qué dirán, a la sobrevaloración de la necesidad de aprobación de los otros… y estos modelos sientes que marcan tu vida. Ejemplo: “tener una talla L o XL es que no te cuidas”. ¿Con qué creencias sobre la imagen física te han educado?
  10. “Debo preocuparme constantemente de los problemas de los demás”. No puedo cambiar los problemas de otras personas preocupándome, enfadándome o sintiéndome infeliz. Ejemplo: “Julia tiene que hacer más ejercicio, la noto muy dejada”.
  11. “Cada problema tiene una solución acertada, y es catastrófico no encontrarla”. Esperar la solución ideal o perfecta puede no llegar nunca. Ejemplo: “me muero si este tratamiento no me quita las patas de gallo”.

Además, de estas creencias irracionales pueden darse experiencias negativas. Por ejemplo, recibir críticas o burlas sobre nuestro cuerpo. Esto aumenta la insatisfacción corporal.

Tampoco están ayudando los medios de comunicación, ni las redes sociales. Es evidente la influencia de los medios de comunicación en el refuerzo de la preocupación excesiva por lo corporal.

Como hemos visto, la insatisfacción corporal lleva a problemas emocionales y malestar general y también es un acicate para tener trastornos alimenticios.

Los trastornos derivados de la excesiva preocupación por el cuerpo que nos inunda en la actualidad se están convirtiendo en un verdadero problema. ¿Vale la pena poner en riesgo nuestra salud?

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para sentirte mejor en tu cuerpo?

En mi próximo artículo te comentaré lo que podemos hacer para trabajar estas creencias irracionales y hasta entonces, te invito a que reflexiones sobre el impacto que generan en ti cada una de ellas.

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

Si te suena el despertador y tu primer pensamiento es que no quieres ir a trabajar, es que algo hay que revisar.

Dedicamos al trabajo la mayor parte de nuestro tiempo despiertos, por lo que tener la sensación de incomodidad, estrés o rechazo al pensar en el trabajo supone un riesgo para nuestra salud mental y física.

Creencias que van en contra del bienestar laboral

Hay muchas creencias que romper para poder plantearse el bienestar laboral. Creencias del tipo: “aquí se viene a trabajar y no a disfrutar, para eso está tu tiempo de ocio”, “el trabajo requiere de esfuerzo”, “hay que trabajar duro”, “si no cumples te echan” … No todas ellas son totalmente erróneas porque efectivamente y sin irnos a extremos, hemos de hacer nuestro trabajo pues por él hemos sido contratados y hay que cumplir. Y por supuesto que cuando no sabes hacer el trabajo te va a llevar tiempo, dedicación y esfuerzo hasta aprender y tener la destreza que te haga realizarlo con mayor soltura, en menos tiempo y de una forma más sencilla.

Por otro lado, tampoco ayuda el adquirir otro tipo de creencias relacionadas con el bienestar y la felicidad en el trabajo como: “el bienestar en el trabajo es no trabajar o hacer lo mínimo”, “ganar dinero sin trabajar” sin incluir el sentido de contraprestación.

Estas creencias no dicen nada sobre que te pueda gustar tu trabajo, que lo hagas lo mejor que sabes y pongas de todo de tu parte para cumplir con los objetivos de la mejor manera posible. Ahí muchas veces está la clave para ese bienestar laboral y el cuidado de la salud mental de los trabajadores que para 2023 es tendencia según los estudios de diferentes consultoras. Es una de las principales preocupaciones para tener en cuenta.

¿Qué puedo hacer para mejorar mi bienestar y salud mental en el trabajo?

Desde 2miradas vamos a darle dos enfoques, porque de una parte está lo que puedes hacer tú y de la otra está lo que cada empresa puede poner en marcha. Por tu parte y comenzando con el sentido de autoconsciencia para trabajar sobre lo que depende de uno mismo y no tirar balones fuera o culpabilizar:

  • Revisa tus valores. ¿Por qué? Tus creencias, principios y valores son la base de lo que vas a considerar que está bien para ti y de lo que no. Cuando algo te incomoda en el trabajo, suele haber detrás algún valor tuyo que está protestando. Puede ser el sentido de justicia cuando se compara entre trabajadores. Y si te comparas tú nunca sueles salir ganando. Puede ser lo que entiendes por respeto a las personas, quizá en las formas de dirigirse o cuidarse unos y otros. Así que haz el ejercicio de reconocimiento de tus valores y asegúrate de qué es lo que te está incomodando. Una vez que lo sabes, puedes pensar en cómo cambiar la situación.
  • Atento a tu autoexigencia. El sentido de responsabilidad de cada uno puede llevarte a límites en los que pongas en juego tu salud. Dejar de dormir, preocuparte por mil y una cosas o querer controlarlo todo… no ayuda. Eres un ser maravilloso y también limitado. Es cierto que tienes una capacidad brutal para superarte, hacer esfuerzos sostenidos en el tiempo, pero el cuerpo no está preparado para estar así por un largo tiempo. Necesitamos ayudarle a parar a recuperar fuerzas.
  • Cambia el chip. Si sigues haciendo lo mismo, el resultado será el que ya tienes. Por eso, has de comenzar a incorporar en tu rutina pequeños cambios que te permitan salir de la rueda en la que estás metido que no te deja ser feliz. Comienza por un detalle simple como ponerte una hora para parar, bajarte una estación antes y caminar hasta casa o hasta el trabajo observando lo que hay a tu alrededor, dándote gusto para demostrarte que no todo en tu día es amargo. Y ese momento disfrútalo con consciencia, en presente, saboréalo.
  • Vigila tus pensamientos. Descubre qué pensamiento está llevándote a ese malestar. Aplica las reglas de gestión emocional para que el nivel de intensidad y cómo te afecta se minimice. Cuando descubres cómo te machacas y dejas de hacerlo se produce un gran alivio mental y físico.
  • Actúa. Puedes seguir igual y quejarte o puedes hacer propuestas de mejora, puedes pedir ayuda si no llegas o no tienes las fuerzas ni el tiempo para abordarlo como quisieras. También puedes decidir dejar ese trabajo, pero no lo hagas como un arrebato sino planifica, busca otro empleo, fórmate en áreas que sean más de tu interés, hasta que tengas la posibilidad de cambiar. Cuando tienes un plan, sientes que el final está más cerca.
  • Pide ayuda. Hay un montón de profesionales para ayudarte si no sabes por dónde empezar. Ayudarte en la gestión de tu tiempo, de tu estrés, en la toma de decisiones, en la búsqueda de empleo, con el plan más adecuado para ti y facilitándote tu autoconocimiento para que aquello que busques vaya más contigo y no caigas en los errores del pasado. Es importante aprender.

¿Qué puede hacer la organización para mejorar mi bienestar y salud mental en el trabajo?

Desde el lado de la empresa también hay varios aspectos que se pueden hacer y que ya muchas están comenzando a tener en cuenta.

  • Identificar los puntos de incomodidad de los trabajadores. Es necesario escuchar, preguntar y saber cómo está la situación. Si es una persona con su forma de proceder la que genera que un equipo esté revuelto o si son las condiciones del trabajo, si es la dificultad de uso de alguna herramienta o sistema, etc. Si no identificamos el problema, será difícil ponerle solución.
  • Tomar medidas que fomenten buenas experiencias en el trabajo. Por ejemplo, reuniones efectivas. Flexibilidad en el trabajo, lo que puede incluir desde la deslocalización a horarios acordes con las necesidades del trabajo y del trabajador. Tener detalles personales con los trabajadores, para lo cual lo más importante es conocerlos. Detalles que generen emociones agradables como que la empresa se acuerde de ellos para lo bueno y no solo para recriminar por no haber alcanzado los objetivos.
  • Desarrollar el liderazgo de los responsables de equipo y el autoliderazgo de cada trabajador. El buen líder es modelo, inspira, motiva, está atento a las personas, se preocupa, facilita… Ha de saber tratar a cada uno de forma individual y a todos de forma grupal. Escucha, se comunica, no juzga. Así que fomentar desde las organizaciones la necesidad de hacer seguimiento de los líderes y responsables de equipos es esencial para desarrollar un mayor bienestar y salud mental de los equipos.
  • Cuidar las emociones. Permitir la expresión emocional, con límites, y gestionar las emociones del equipo y de las personas comenzando por uno mismo. Para ello habrá que formar y capacitar a los equipos en ello.
  • Poner atención a la comunicación. Como nos sintamos, así nos comunicaremos. Utilizar la asertividad, basarse en hechos, separar a las personas de los hechos para evitar conflictos, fomentar el feedback constructivo y el reconocimiento. Dejar claras las bases y los límites son esenciales.
  • Desarrollar talento. Cada vez el talento es más escaso en muchos puestos. Hay profesiones que los jóvenes no quieres desarrollar y no se encuentran personas con las capacidades para desempeñar ciertos puestos de una forma adecuada. De nuevo la formación es clave, y también el conectar con las personas y hacerlas sentir que pueden crecer dentro de las empresas, que pueden desarrollar su carrera y cumplir sus sueños en la empresa. Crecer juntos.
  • Dar a conocer lo positivo del día a día. Estamos acostumbrados a dar noticias de las grandes acciones empresariales y también de los buenos resultados. Por otra parte, las empresas suelen tapar lo menos bonito del día a día.  Sin embargo, en este momento hay que recuperar lo positivo de cada día, de cómo es el trabajo diario, de la dedicación que ponen los trabajadores para que cada trabajo sea el mejor, destacar lo que se hace bien a diario. Eso además es marketing para el exterior. Si cada trabajador dijera lo bueno que hace en su trabajo o lo bueno que ha hecho su empresa, descubriríamos una versión mucho más real del día a día de una empresa.

Con todo lo que te he compartido, tanto tú como la empresa tiene mucho por hacer en este 2023 si queremos de verdad hacer algo por nuestro bienestar y salud laboral. Lo importante no es decirlo, lo importante es hacerlo. Así que, ¿qué vas a hacer para estar mejor en tu trabajo? ¿qué vas a proponer?

Al final del día y al final de la vida, lo que te vas a llevar son las experiencias vividas, por eso, no te compliques y haz lo necesario para cuidar de ti, dar lo mejor de ti y sentirte satisfecho con tu trabajo.

Siempre estamos aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Querido compañero,

¿Crees que es importante tener una actitud positiva ante la vida? ¿Qué actitud tienes para afrontar la vida?

“El mayor descubrimiento de todos los tiempos es que una persona puede cambiar su futuro simplemente cambiando su actitud”

Oprah Winfrey

¿Cuál es tu actitud ante la vida?

Según Andrés Ortiz-Osés, ante la existencia, caben tres actitudes fundamentales: la actitud optimista, la actitud pesimista y la actitud “optimopesimista”, típicamente ambivalente.

Además, puedes adoptar 3 estados mentales:

  • Actitud de víctima. Suelen ser la mayoría. Personas que quieren cambiar, pero siempre tienen una excusa preparada. La culpa está muy presente en su vida, desde uno mismo hasta cualquiera (el gobierno, los ricos, los empresarios, los padres…). Se quejan y no hacen nada para salir de ahí.
  • Actitud de optimista inconsciente. Son una minoría, pero tampoco suelen conseguir lo que se proponen. Están dispuestos a cambiar, pero cuando llega el momento de la verdad, tampoco hacen nada.
  • Actitud luchadora. Este estado mental es el que funciona si deseamos realizar mejoras y cambios en nuestra vida. En lugar de culpar a otros o ilusionarse sin más, pasan a la acción.

Si no cambias es porque realmente no quieres, porque en el fondo, seas optimista o víctima, tu situación actual tiene algún beneficio oculto.

¿Qué es tener una actitud positiva?

Lo que entiendo por tener una actitud positiva ante la vida es la disposición y el ánimo de cada uno para afrontar las situaciones o experiencias que nos suceden; es decir, tu actitud general, tu espíritu de superación, tu visión sobre lo que la vida te ofrece y lo que puedes obtener de ella.

Dicen los expertos en la materia que la actitud ante la vida lo es todo; sin embargo, el saber esto no nos lleva a saber practicarlo en el día a día y es un hecho que personas distintas ante una misma situación, lo afrontan, lo viven y lo ven de forma muy diferente.

Goleman dice que el optimismo y la esperanza impiden caer en la apatía, la desesperación o la depresión frente a las adversidades y aunque todos tenemos una actitud predominante, quisiera compartirte algunas claves que te llevarán a lograr tener una mejor actitud ante la vida:

  1. Practica el agradecimiento. Entre otros beneficios el ser agradecido te va a facilitar conectar y valorar las cosas agradables y positivas que te ocurren en tu vida diaria. También, te va a ayudar a tomar conciencia de que los demás son importantes para ti y expresarlo es una forma de hacérselo saber. El agradecimiento te proporciona bienestar emocional y fortalece tu valía personal, es decir, aumenta tu autoestima. Puedes practicarlo con un simple “gracias”, “eres muy amable por...”, “eres de gran ayuda “, “doy las gracias por…”
  2. Fíjate objetivos y traza planes de acción para lograrlos. Ayuda a que tus sueños se hagan realidad, así tu mente estará ocupada y evitará pensamientos pesimistas o negativos. Además, lograr objetivos lleva a una mayor felicidad, un mayor bienestar y también, mejora la autoestima.
  3. Pasa tiempo con personas que te sienten bien. Personas con las que puedas conversar, personas con las que aprendas, personas a las que quieras escuchar o sepan escucharte, en definitiva, personas que te carguen las pilas. Si te rodeas de personas que son creativas y exitosas, eso es lo que atraerás a tu vida.
  4. Afronta. No uses excusas que no te permitan cambiar.No uses expresiones como: “es que...”, “ya, pero...”, “sí, pero...”. Usa expresiones como: “yo puedo”, “soy capaz”, “voy a intentarlo”, “voy a probar a”…
  5. Gestiona tus emociones. Expresa asertivamente lo que sientes cuando no estés de acuerdo con algo o tengas un problema, de esta manera no vas a acumular estrés y no vas a lastimar a los demás. El equilibrio emocional ayuda al positivismo porque aporta serenidad y te permite responder de una mejor forma ante lo que te suceda.
  6. Aborda tus miedos. Aprende a superar tu miedo, vergüenza, ansiedad, frustración o culpa, pues son sentimientos negativos que nos producen una gran inseguridad, dominando y definiendo nuestra vida de forma negativa gran parte del tiempo.
  7. Dedica tiempo a tu autocuidado. Haz ejercicio, mindfulness, comida saludable, meditación, duerme 8 horas, habitúate a un estilo de vida equilibrado, practica aquello que te guste… obtendrás numerosos beneficios, incluyendo la reducción del estrés y la ansiedad.

¿De qué otras maneras puedes mejorar tu actitud?

Te invito a reflexionar un poco más...

Marco Aurelio, en su obra “Pensamientos”, dijo que «si te sientes dolido por las cosas externas, no son éstas las que te molestan, sino tu propio juicio acerca de ellas. Y está en tu poder el cambiar este juicio ahora mismo».

Goleman nos recuerda que: “Es la combinación entre talento razonable y la capacidad de perseverar ante el fracaso lo que conduce al éxito”.

Para acabar este artículo me gustaría invitarte a reflexionar esto que dijo Gandhi:

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para cuidar tu actitud?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

¿Te has bloqueado por sentirte enfadado, triste, frustrado hasta el punto de no poder continuar con la tarea? ¿O al menos hasta que no se te ha pasado un poco la intensidad de la emoción? ¿Te has dejado llevar por tus emociones en la toma de decisiones importantes? ¿Y en tu día a día?

La importancia de aprender a gestionar las emociones

A veces nos vemos envueltos en emociones con una elevada intensidad que nos llega a limitar. Nos cuesta prestar atención fuera de nosotros porque estamos con el foco en nuestra propia emoción. Esto es más fácil verlo en las personas que tenemos delante que en nosotros mismos. Solemos decir que una persona “se mira el ombligo” cuando está absorta en sus propios sentimientos y es incapaz de mirar fuera de sí misma, empatizar o estar pendiente de los demás. Si has vivido o vives alguna de estas situaciones te sugiero no juzgar, porque seguramente en algún momento te ha pasado a ti.

El otro día un cliente me comentó que se le había acabado la excedencia y tenía que reincorporarse al trabajo. Sin embargo, las emociones que le venían cuando pensaba en ello, a pesar del tiempo pasado fuera de la empresa, eran las mismas que cuando se fue y eso le generaba rechazo y ansiedad en la toma de decisiones. No quería volver.

Mi respuesta fue que, a pesar del tiempo, su pensamiento sobre la situación que vivía en la empresa era el mismo.

Cuando me cuento la misma historia que en su día me hacía sentir mal, enfadado, frustrado, triste… es muy difícil que cambien mis emociones al respecto hoy. Necesitamos gestionar las emociones para que haya realmente un cambio, para vivir las situaciones de una mejor manera. No es algo automático. El tiempo no cura todo, solo nos hace que tomemos perspectiva y que quizá, algo que nos ha pasado quede en una anécdota de nuestra vida, porque habrán pasado mil cosas más que nos habrán provocado otras mil emociones diferentes.

El ciclo de las emociones

¿Qué podemos hacer para obtener un mayor bienestar emocional? Dice el ciclo de las emociones:

Situación – Pensamiento – Emoción – Acción – Resultado

Ante una situación o un hecho, debido a nuestra historia, experiencia, valores, personalidad… vamos a tener unos pensamientos, en función de esos pensamientos nos aflorará una emoción, en función de esa emoción actuaremos y así obtendremos un resultado u otro.

Por eso decimos que no es lo que ocurre, es como tú te lo tomas. Bien es cierto que la mayor parte de las veces este proceso es automático, inconsciente, con lo que no te culpes.

La cuestión es que probablemente el hecho no lo podamos cambiar. Como mucho podremos anticiparlo o preverlo.

Por otro lado, el resultado es lo que ocurrirá a futuro como consecuencia de todo lo anterior, así que está, en general, fuera de nuestro alcance (hablando a nivel emocional).
Entonces, solo podemos abordar la gestión de nuestro bienestar trabajando en las otras 3 áreas:

Pensamiento

Cambia tus pensamientos con técnicas de psicoterapia de la razón. Por ejemplo, siguiendo los 7 pasos que seguimos en 2miradas. Esto también te es útil para el análisis de las creencias limitantes, que son aquellas que más que ayudarte a sentirte mejor te mantienen anclado. Revisa tus creencias cuando te sientas bloqueado y el discurso que te cuentas para detectar qué pensamientos tienes que no te están ayudando en este momento respecto a ese tema que te preocupa o te mantiene en alerta.

Emoción

En el caso de las emociones, el trabajo está en regular su intensidad. Es decir, que si vas conociendo lo que sientes (recuerda que identificarlo es el primer paso para poder gestionarlo) podrás ya ir bajando la intensidad. Solo nombrarlo ya ayuda. Y hacerte consciente de que estás sintiéndote de una determinada forma ante una situación te da un poco de margen antes de que se dé la acción permitiéndote quizá elegir.

Hay numerosas vías para gestionar las emociones que te hemos ido compartiendo. Algunas relacionadas con el cuerpo, la voz, o con cómo promover tu bienestar tomando distancia o perspectiva… Lo importante es dar mejores respuestas ante lo que te suceda en lugar de reaccionar explosivamente.

Acción

Aquí de lo que se trata es de trabajar sobre tu comportamiento. Por ejemplo, me pongo a gritar cuando me enfado. Pues en lugar de eso voy a salir de la habitación hasta que me baje la intensidad de la emoción y sea capaz de escuchar y hablar en un tono de voz razonable y así no herir con las palabras que puedo soltar en caliente o empeorar la situación. También puede servirte realizar acciones apropiadas según la emoción. Es decir, en el caso de la tristeza no tenemos mucha fuerza en el cuerpo, apenas tenemos energía. Entonces, permitirte estar triste, no exigirme con esfuerzos que puedo aplazar para cuando me sienta más fuerte es una gran ayuda. Por el contrario, cuando tenemos miedo las acciones de confirmación, contrastar información, documentarse, buscar certezas, nos van a ser muy útiles.

Reconcíliate con tus emociones

Puedes sacar el lado positivo a cada una de las emociones, pues cuando surgen es por algo. Agradecer lo que te vienen a decir siempre te reconciliará con ellas, en lugar de pelearte por sentirse de una determinada manera. Y si tienes que tomar decisiones importantes y estás algo revuelto emocionalmente, piensa en qué emoción sentirás si tomas una decisión concreta. Si tienes varias opciones hazlo con todas ellas. ¿Con cuál te sientes mejor? ¿Cuál te genera un mayor bienestar?

También puedes tener en cuenta lo que te dice tu intuición. Esto es algo sutil y muchas veces se refleja en emociones. Mantente atento y busca el equilibrio entre la razón y la intuición.

No dejes que las emociones tomen las decisiones por ti, hazlo tú teniéndolas en cuenta.

Ahora que sabes esto, ¿cómo vas a gestionar tus emociones? ¿Qué vas a hacer para sentirte con más serenidad y satisfacción? Recuerda que incluso si eres líder, puedes expresar tus emociones (de una manera adecuada, claro). Está demostrado que expresar tus emociones mejora el liderazgo.

Seguimos aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills 

Querido compañero,

¿Qué proyectos quieres abordar este año? ¿Qué acciones quieres llevar a cabo?

Cada comienzo de año hacemos una reflexión de lo que somos y tenemos, y nos planteamos ser más “felices” si logramos nuevos propósitos como: estar más en forma, adelgazar, buscar un nuevo trabajo, llevar una vida más saludable, ampliar el círculo de amistades, encontrar pareja, mejorar algo personal, promocionarte laboralmente… y al cabo de unas semanas nuestra intención de llevarlos a cabo desaparece y, como consecuencia, ese deseo se esfuma. Esto nos frustra.

¿Por qué abandonamos nuestros objetivos?

¿Qué ocurre para que cesemos en nuestro intento? ¿Qué podemos hacer para mantenernos y lograr lo que es importante para nosotros, lo que queremos conseguir?

Normalmente hay 2 razones para abandonar nuestros objetivos:

  • Una razón es no desear realmente hacerlo, que te parezca aburrido o aversivo.
  • La otra razón es el continuarlo en el tiempo, es decir, no puedes dedicarle tanto tiempo como te gustaría, no eres capaz de organizarte, o te sientes abrumado por lo que te has propuesto lograr.

Claves para lograr lo que te propongas

Quisiera compartirte algunas claves que te llevarán a lograr lo que te propongas:

  1. Haz una lista de todo lo que te gustaría alcanzar. Seguramente escribas una larga lista. Ahora lee esta lista y mientras lo haces respira profundamente. Elige como máximo 3 de las cosas que quieres obtener, teniendo en cuenta las que son más importantes para ti y las que sientes que puedes conseguir, así como las más beneficiosas, si las logras, para ti y para tu entorno. Te recuerdo que “si quieres comerte un elefante has de hacerlo por partes”.
  2. Ahora escribe el objetivo que quieres lograr con cada uno de tus deseos. Te recuerdo que una técnica que puedes usar para saber si tu objetivo está bien definido es SMART-E. Te invito a revisar, si no la conoces, el artículo que habla de esto ¿te animas a definir tus objetivos?
  3. Haz un listado de todos los beneficios que obtendrás si logras cada uno de los objetivos elegidos. Encuentra el significado que hay detrás de cada objetivo, con él es mucho más fácil persistir cuando las cosas se complican o cuando hay algún bache en el camino. Si te conectas con la razón y el propósito por el que quieres lograrlo serás capaz de encontrar la motivación para afrontarlo.
  4. Haz un brainstorming de todas las acciones que puedes llevar a cabo para alcanzar cada uno de tus objetivos. De todas esas ideas, elige como máximo 3 acciones concretas que quieras realizar. Cuando ya las tengas elegidas, evalúa del 1 al 10 cuál es tu motivación para llevarlas a cabo, sabiendo el beneficio que te va a repercutir. Te recuerdo que si tu motivación no es al menos un 8, cesarás en el intento, así que plantéate lo que puedes hacer para que suba tu motivación.
    • Te pongo un ejemplo, quieres ponerte en forma, pero te da mucha pereza ir al gimnasio 3 veces por semana ¿de qué otras maneras puedes lograr estar en forma? Andar, correr por un parque cercano a tu casa… ¿Qué podrías hacer para que la actividad que vayas a realizar te resulte más motivadora? Quizás, ¿hacerlo en compañía de un amigo o de tu pareja? Busca alicientes para que tu ánimo no decaiga y lo consigas. La motivación, cuando está presente, da como resultado emoción, energía positiva, confianza y enfoque.
  5. Escribe tus acciones en tu agenda y los recursos que necesitarás para realizarlas. ¿Cuándo vas a empezar? ¿A qué hora y día vas a realizarlas? ¿Qué necesitas para realizar la tarea que te has propuesto? Las buenas intenciones son maravillosas, pero cuando no tienes el hábito de hacer algo, no te va a salir de forma natural y automática. Si no está agendado es mucho más fácil que no ocurra. Reserva huecos durante la semana y sé realista en el tiempo que vas a dedicar. Póntelo lo más fácil que puedas, elige los mejores momentos para acometer tus acciones y que no te falte lo necesario para ponerte manos a la obra.
  6. Comunica a tus seres queridos tus propósitos. Busca aliados para que favorezcan el logro de lo que quieres conseguir. Está demostrado que el apoyo emocional de quienes nos quieren mejora nuestra motivación.
  7. Si fallas sigue adelante. Te invito a que, si en algún momento, no haces lo que te has propuesto, te perdones y sigas confiando en ti y valores lo que sí ya has hecho en pro de tu objetivo. Sigue visualizando tu objetivo, céntrate en el proceso y no en el resultado final.
    • Intenta disfrutar del camino ¡Anímate! ¡Tú puedes conseguirlo! Y si decides no seguir adelante porque te das cuenta que ha cambiado tu situación o ya no te interesa tu objetivo, acéptalo y no te culpes por abandonar o haberlo intentado. Recuerda que rectificar es de sabios.
  8. Celebra lo que vayas logrando y aprende cuando fallas. Recompénsate y celebra tus pasos, son innumerables los efectos positivos que se pueden lograr cuando uno es agradecido.

Para acabar este artículo me gustaría compartirte que es genial que quieras mejorar y conseguir nuevos propósitos o sueños, aunque quisiera recordarte que también es tanto o más motivador el parar, reconocerte y disfrutar de todo lo que has conseguido hasta el momento.

Te deseo de corazón que logres todo lo que te propongas y que este año Nuevo cubra todas tus ilusiones. Recuerda: ¡Tú puedes ser líder de tu vida!

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para lograr lo que te has propuesto este año nuevo?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

Llega la Navidad, días de encuentros o de soledad. Días de familia y de amigos, de alegrías y melancolía. Los que van y los que no pueden unirse. Los que no quieren saber nada de reuniones y prefieren tomar cierta distancia. Son días de regalos, de lotería, de compras, de dar y recibir… El ritmo se acelera en las fiestas de Navidad.

Y precisamente porque vamos muy acelerados, se nos pasa a veces por alto lo más importante: que el mejor regalo de Navidad eres tú.

Sin ti, la Navidad no sería posible.

Cuida de ti

Por eso, si viajas, recuerda que queremos volver a verte. Así que ten cuidadito y, sobre todo, cuida de ti, de tu bienestar porque cuanto mejor estés física y emocionalmente, mental y energéticamente, mejor podrás relacionarte con los demás, con los que te caen bien y con los que no tanto. Podrás decidir con más tranquilidad irte si ha llegado el momento, o quedarte un poco más y resolver un tema pendiente. No te tomarás como algo personal nada de lo que ocurra y será más difícil que te muestres reactivo.

No te desgastes económicamente

Las cosas materiales nos pueden hacer muy felices, desde luego, sin embargo, cada uno tiene unas posibilidades y no se trata de competir por quien hace el mejor regalo, ni hay ninguna ley escrita sobre que se debe equiparar lo que regalas tú con lo que te regalan a ti. La equidad es importante siempre que puedas. Los regalos hechos con el corazón acaban siendo más significativos que los que haces por mero trámite, por muy costosos que sean.

Contágiate de la magia

Mira alrededor y déjate contagiar de la magia que tiene esta época del año, porque esa magia, saca sonrisas. Aunque no te guste la Navidad, mantente atento a la sonrisa de un niño cuando ve las luces de la ciudad, o si vas a buscar a alguien al aeropuerto o al tren, observa cómo se reciben unas personas a otras. Fíjate en la dedicación que ponen los cocineros de los restaurantes o de cada casa por agasajar a los comensales. Admira el trabajo de los comerciantes que están poniendo su mejor voluntad mientras atienden en el frío mercadillo o lidiando con las exigencias de cada comprador. 

Agradece a la vida porque aquí estás un año más.

Cuida tu salud para que puedas disfrutar de muchas más navidades como tú las quieras vivir. Y si estás malito, déjate mimar. No es tiempo de ser mal enfermo pues tus cuidadores ponen todo su afán en llegar a todo lo que necesitas. También descubre lo que sí puedes hacer, seguro que hay algo dentro de tus limitaciones que te haga sentir bien. ¡Regálatelo!

Y es que, no sé si te has dado cuenta de lo importante que eres.

Cada vez que dedicas el tiempo a quienes más quieres, que acompañas a quien lo necesita, que pones todo tu esfuerzo cada día en que el trabajo salga adelante, que gracias a tu compromiso pueden contar contigo, que sorprendes cuando llegas de forma inesperada, que piensas en alguien y le mandas un mensaje solo porque te has acordado de él/ella y se lo haces saber, que pones tu energía en que los demás también tengan un bonito año nuevo, que cuidas a quienes no tienen la autonomía necesaria, que pones todo tu cariño en quien tienes alrededor, que escuchas, compartes, inspiras, guías, que iluminas los ojos de los demás, tú eres el mejor regalo.

Déjanos disfrutar de ti.

Feliz Navidad y felices fiestas.

Raquel Bonsfills

Querido compañero,

¿Qué planes tienes para estas Navidades? ¿Te reunirás a celebrar estas fiestas?

Dentro de unos días nos reuniremos, los que podemos y queremos, a pasar unos días muy especiales con nuestros seres queridos e intentaremos regalarnos momentos inolvidables.

Sin embargo, los que llegamos a pasar días junto a nuestra familia o amigos, pasados los momentos de buenas intenciones, podemos repetir patrones de conducta que son tóxicos y/o nocivos para nosotros mismos y para nuestro entorno. Estos patrones son acciones que tienen relación con nuestras emociones, pensamientos y comportamiento, y que se presentan de manera constante en nuestra vida.

Los patrones de pensamiento

La gran mayoría de nuestras actividades diarias, las llevamos a cabo gracias a patrones de pensamiento, solo que no somos conscientes de la mayoría de ellos, por ejemplo: ducharnos, conducir, comer, montar en bici, andar, etc.

Nuestro cerebro usa patrones para bien y otros para no tan bien, como: la queja, acciones tóxicas ante hechos similares ya vividos., pensamientos autodestructivos, etiquetas mentales, la resistencia al cambio…

Tiene mucha importancia lo que vivimos en la infancia y esto influye en lo que somos al hacernos adultos. Seguramente que te preguntarás: ¿cómo puede ser que después de tantos años y tantas experiencias vividas podamos seguir repitiendo los mismos patrones? Pues esto ocurre porque a los 7 años formamos nuestras conductas, creencias, valores, nuestra personalidad que nos acompañará hasta la edad adulta.

Como ya decía Freud, desarrollamos impulsos a repetir: actos, pensamientos, sueños, juegos, escenas o situaciones desagradables o incluso dolorosas. Otras tendencias indican que podemos arrastrar una herencia emocional hasta de 4 generaciones, emociones no liberadas de nuestros ancestros que se transmiten a las siguientes generaciones, hasta que alguien corte el patrón y se libere de las mismas.

7 pasos para detectar y reducir patrones tóxicos

Me gustaría compartirte 7 pasos para que puedas dejar de repetir o al menos minimizar estos patrones de conducta tóxicos o nocivos, ya que nuestros patrones mentales o rutinas de vida sí se pueden cambiar gracias a la neuroplasticidad de nuestro cerebro:

  1. Observa y detecta cuáles son tus patrones. ¿Sabes cuándo saltas? ¿Cómo te sientes? ¿Qué dice tu cuerpo? ¿En qué momento sientes que contestas de malas maneras o que pierdes las formas? ¿Qué ocurre para que surja tu mecanismo de resorte y no llegues a gestionar la situación que ocurre? Es necesario el autoconocimiento porque si te cuestionas tendrás la oportunidad de ratificar y sustituir lo que quieras.
  2. Deja de decirte frases como: ¡otra vez lo mismo! ¡siempre me pasa esto! En lugar de esto, felicítate por haberte dado cuenta. Te sentirás mejor y te darás impulso a hacer un cambio.
  3. Asume tu parte de responsabilidad. Ya sabes el refrán: “dos no discuten si uno no quiere” o recuerda la ley de Pareto un 80% de todo lo que pasa en nuestra vida depende de uno y el otro 20% de los otros o el entorno.
  4. El cambio está en ti. No trates de intentar cambiar a la otra persona. La posibilidad de un cambio consciente está en ti, está en tu mente ¿Qué está en tu mano? ¿Qué puedes hacer para manejar mejor desde ti la situación independientemente de lo que haga o diga el otro, independientemente de lo que has aprendido o vivido?
  5. Haz tu propia reprogramación. Crea una nueva realidad en tu cerebro. Lo que quieres vivir, lo que quieres decir, cambia tu realidad. Frases como: “no soy lo que me ha pasado. Soy aquello en lo que decido convertirme”, ”estoy mejorando en mi crecimiento, voy a lograrlo” “no tengo que ser perfecto, basta con que sea lo mejor que pueda”… y luego, pregúntate: ¿qué es lo que te hace enfadar de una forma desproporcionada?
  6. Piensa y crea nuevas rutinas. Practica la metaprogramación esto supone dirigir o cambiar tu comportamiento y condicionamiento y para que tus neuronas se dispongan a crear una nueva vía de comunicación que alimente mejores patrones de pensamiento o de actos, debes hacer la actividad de manera consciente y continua. ¿Qué otras acciones puedes llevar a cabo? ¿Cómo quieres vivir la situación? ¿Qué quieres empezar a hacer diferente? Piensa en las consecuencias de tu comportamiento, obtén ideas para conseguir formas alternativas de actuar, sentir, creer o pensar.
  7. Pide ayuda si no logras cambiar. Hay profesionales que te pueden brindar su ayuda, que te pueden acompañar a que hagas el cambio de tus patrones tóxicos o nocivos.

También quiero comentarte que seas en esos momentos lo más consciente posible, que estés en tu ser, así que te recomiendo no abusar de sustancias que te perjudiquen o te lleven a variar tu comportamiento.

Cambiar ciertos patrones de comportamiento que influyen negativamente en la vida con la familia, amigos, compañeros de trabajo y parejas puede mejorar nuestra dinámica social y calidad de vida.

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para cambiar tus patrones tóxicos o nocivos?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

27 noviembre, 2022

Tenemos refranes en nuestra cultura que nos trasladan cierta sabiduría de la experiencia. Por ejemplo, “ojos que no ven, corazón que no siente”. No quiere decir que hagas la vista gorda o que hagas como si lo que ves no estuviera sucediendo. Más bien significa que no puedes sufrir por aquello que no sabes. Pongamos un ejemplo, si tu madre no te dice que se encuentra mal, que está yendo al médico desde hace un tiempo y tú no estás a su lado para verlo y cuando os llamáis no te lo comenta para no preocuparte, aparentando normalidad, tú no sufres. Es cuando por fin te dice que algo pasa cuando comienzas a hacer preguntas, a tener inquietud o miedo.

Por otra parte, aquellas personas que tienen la capacidad de ponerse en lo peor, de prever escenarios poco halagüeños, en realidad son personas que tienen una gran capacidad mental, creativa y cierta intuición para sospechar de todo, viendo lo que puede incluso no estar pasando. Aunque es cierto que como a veces tienen razón y se da lo que ellos preveían, se reafirman en su capacidad para predecir catástrofes. En cualquier caso, son personas que “ven” lo que puede pasar con mucha otra información que puede que tú no tengas. Y al verlo, se preocupan. De nuevo se ratifica el refrán.

Sin embargo, hay dichos y refranes que si los valoramos literalmente puede que no nos funcionen. Por ejemplo, “cuando te cases ya no te acuerdas” o “el tiempo lo cura todo”. ¿Y si no te casas? ¿El tiempo por sí solo lo va a curar? No. Aunque sí que la perspectiva que te ofrece el tiempo hace que lo valores desde un nuevo punto de vista. Y lo que era tan importante en un momento dado, luego puede resultarte una anécdota. Claro, eso siempre y cuando dejes de estar viviendo con eso que te incomoda de manera frecuente o repetitiva.

“Salir del escenario” para tomar distancia

Las emociones surgen en cada momento según lo que estemos viviendo. Son las que tocan. Incluso la melancolía del pasado la vivo hoy o la incertidumbre por el futuro la siento en este momento. Por eso, cuando mejor podemos tratar las emociones es en este momento y podemos ayudarnos a sentirnos mejor si salimos del escenario en el que se dan esas emociones desagradables.

Un caso frecuente es aquel en el que estás con una pareja con la que no te sientes querida o crees que te infravalora. Siempre te dicen tus conocidos que le dejes, que no puedes seguir así. Porque si sigues en el mismo escenario, es muy fácil que sigas sintiendo lo mismo. Los factores por los que se mantiene la relación son otros diversos desde que quieres aferrarte a las sensaciones agradables que también te provee la relación, a que no sabes cómo seguir adelante tú sola, a que tienes miedo al cambio, etc.

Igual ocurre con el trabajo. Si sientes que eres invisible o que te sobre exigen, o que no se te trata como esperas o mereces, cada vez que vas al trabajo, vuelves al escenario y con las personas con las que sientes eso a diario y al final tu ánimo se desvanece.

5 formas de tomar distancia

¿Qué puedes hacer para resolver esta situación y sentirte mejor?

  • Hacer otra actividad. ¿Cuántas veces te has puesto a trabajar para no sentir lo que sientes y que el trabajo te sirva de distracción? ¿Cuántas veces has querido salir de fin de semana para desconectar de tu trabajo? Si te das cuenta buscamos hacer algo diferente con lo que sentir otra serie de emociones, o eso esperamos. Esas actividades te ofrecen experiencias con las que sentirte mejor, porque además las eliges. Piensa en el beneficio de salir a correr si es algo que te gusta, ir a tomar algo con un amigo con el que te agrada estar, sentarte con tu libro favorito y olvidarte del mundo real.
    • Ahora bien, esto que es una gran ayuda para el momento, es temporal porque cuando vuelvas a la actividad que te provoca esa incomodidad, es muy probable que vuelvas a tener las mismas sensaciones.
  • Cambiar de escenario.  Si has tenido una discusión con alguien en un lugar en concreto, nuestro cuerpo y mente hacen una interesante asociación y graban lo que pasó ahí, lo que sentiste, y asocia el lugar, con lo dicho, con la emoción y con la persona. Por ejemplo, tu jefe te llama a su despacho para comentarte que no has logrado los objetivos, lo que te hace ponerte a la defensiva, tratar de justificarte, etc. Si vuelve a llamarte a su despacho, tu cuerpo va a mandar una señal de “peligro” que ahí no pasan cosas buenas. O si has tenido una discusión con un cliente que ha sido agresivo contigo, cuando le veas en ese mismo lugar, tu cuerpo querrá salir corriendo de allí. Por eso, para resolver esa conexión neuronal y reactiva que hemos adquirido, hemos de reprogramar lo que hemos interiorizado en ese lugar o con esa persona. En especial cuando son personas que vas a seguir viendo y con las que vas a estar en contacto, para evitar estar incómodo cada día.
    • Puedes ayudarte cambiando de escenario. Por ejemplo, proponiendo a tu cliente quedar en otro lugar, sentarte en otra silla, para que te ofrezcas la oportunidad de abrir tu mente a que pueda ser de otra manera. O si estabas trabajando en algo y te has bloqueado, no ves soluciones, sientes que te has estancado, levántate, muévete, haz que tu cuerpo desconecte de ese momento y coja aire nuevo.
  • Conéctate o utiliza el espacio que más te interese. Si no puedes salir de donde estás, acude con tu mente a ese lugar en el que te sientes siempre bien. Visualiza, recuerda o imagina un sitio en el que nada malo puede suceder. Ese lugar en el que te sientes seguro, tranquilo, en el que puedes parar sin más, en el que solo has de estar, conectado con lo que te rodea, dejándote impregnar de cada sonido, cada color, cada sensación, un lugar agradable para ti. En PNL (programación neurolingüística) se enseña a “anclar” esos momentos, cuando estás con la emoción máxima de bienestar en tu visualización tocando un punto de tu cuerpo, por ejemplo, agarrando un dedo de tu mano. Lo mantienes unos instantes y después vuelves a la realidad. Para reforzar el vínculo que has creado, puedes volver a tocar de la misma forma tu dedo, con la misma fuerza y forma, y reconectar con dichas sensaciones que la escena te provoca. Esto es muy útil cuando te supera una situación, porque te puedes “ir” un instante a ese lugar tan positivo para ti, y una vez más sosegado, retomar con una mayor capacidad de respuesta lo que estás viviendo.
    • También puedes establecer un lugar en el que se pueda hablar de todo, en el que no se juzgue y se escuche. Yo tengo con mi pareja el “sofá de las discusiones”. Discutir no es más que compartir opiniones, hablar sobre un tema, contrastar ideas… Cuando parece que no nos entendemos, llega un momento en el que uno de los dos dice: “vamos al sofá de las discusiones” y allí, ya de otro talante, se piden disculpas si es necesario, se aflojan los egos, se respira, se mira a la persona y juntos, al problema. En el trabajo, se puede y se recomienda tener una sala donde se pueda hablar así. Una sala de reuniones, el lugar donde tomamos café, el banco de la entrada en el que parece que se pasa más desapercibido y en el que comentar todo sin miedo.
  • Date un tiempo para sosegar las emociones porque bajar la intensidad no es inmediato. Sobre todo, cuando estamos muy afectados, cuando estamos muy enfadados, molestos o tristes es mejor tomar cierta distancia. Dejar que se enfríe la situación en lugar de seguir echando leña al fuego. Ahora bien, no te vayas a la cama con ello. Trata de resolverlo lo antes posible. En cuanto hayas regulado la intensidad emocional, trata de cerrar el tema para que no vayas acumulando y no te quedes enganchado día tras día a esa emoción. Hablando se entiende la gente. Y cuando es imposible hablar con esa persona, y lo has intentado, puedes hacerlo de forma ficticia, es decir como si le tuvieras delante o hablaras con ella. Le escribes una nota, le hablas a una silla en la que estaría esa persona sentada… Hacer un simulacro de la conversación te ayudará a calmar tus emociones, prever posibles respuestas y anticiparte en las objeciones.
  • Bebe agua, abre una ventana. Son formas de tomar oxígeno que pueda reactivar tu cerebro. La sensación de respirar hondo y de beber agua tranquilamente hacen que nuestro cerebro cambie de situación y piense que no estamos en peligro. Así que también nos ayuda a relajarnos y estar menos en alerta.

Como ves, tomar distancia física y emocional puede ayudarte a regular tus emociones más desagradables. Ahora que lo sabes ¿Qué vas a comenzar a poner en práctica? Puedes aplicar estas técnicas en el momento en el que se dan tus emociones o al cabo de unos días. No lo dejes mucho. Seguro que no quieres seguir sintiéndote así. Tomar cierta perspectiva te permite tomar decisiones desde fuera que desde dentro del problema te costará más valorar.

Así que cambia, muévete, haz algo que te agrade y practica aquello que te haga sentir mejor.

Te acompaño aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Querido compañero,

¿Sientes que no llegas a todo? ¿Qué haces para compaginar tu vida personal y laboral?

Desde siempre hemos dado a nuestra vida laboral una parte importante de nuestro tiempo y dedicación y, a veces, no atendemos lo suficiente a nuestra vida personal. Y aunque la conciliación laboral y familiar implica la igualdad de oportunidades en el trabajo y en la vida personal, en muchas ocasiones no desarrollamos con plenitud nuestra vida personal.

Este conflicto vida personal/vida profesional se considera un riesgo psicosocial que perjudica tanto a trabajadores como a las organizaciones. Los trabajadores afectados presentan síntomas de malestar físico y psicológico como fatiga, ansiedad, depresión y estrés. Por su parte, las organizaciones se ven impactadas por consecuencias como el absentismo, el bajo rendimiento y el abandono de los empleados.

Un informe de The Corporate Executive Board reveló que los empleados con un mejor equilibrio entre el trabajo y la vida trabajan un 21 % más y tienen un 33 % más de probabilidades de permanecer en su empresa.

Tres tipos de conflicto familia / trabajo

Greenhaus y Beutell indican que el conflicto trabajo y familia puede tener tres formas: conflicto basado en el tiempo, conflicto basado en la tensión, o conflicto basado en el comportamiento.

  • El conflicto basado en el tiempo sucede cuando dedicar tiempo excesivo en un rol implica no poder dedicar el tiempo necesario a otro rol.
  • El conflicto basado en la tensión implica que la tensión generada en un rol no permite la satisfacción de las demandas en otro rol. Por ejemplo, estar absorto por un problema en el trabajo o en la familia, no permite concentrarse en el resto de responsabilidades fuera de los laboral, aun disponiendo de tiempo.
  • El conflicto basado en el comportamiento sucede cuando las expectativas de comportamiento en los dos roles son opuestas. Por ejemplo, tener que ser frío, rígido y competitivo en el trabajo, y cálido, emotivo, y generoso en casa.

8 claves para compaginar lo personal y lo laboral

Me gustaría compartirte algunas claves para que puedas compaginar tu vida personal y laboral:

  • Cuídate. El autocuidado es fundamental para sentirnos bien con nosotros mismos. Practica tu autocuidado: descansa, cuida tu dieta, haz deporte y ten un tiempo para ti, esto te va a ayudar a recargar tu energía, a mejorar tu estrés, a gestionar tus emociones…
  • Gestiona tu tiempo y prioriza lo realmente importante. Planifica y programa tu tiempo, elabora un calendario de actividades programadas que incluyan las actividades personales y profesionales. Conocer las acciones que son necesarias que lleves a cabo para cumplir determinados objetivos, así como establecer el orden y el cuándo se van a ejecutar estas acciones nos llevará a ampliar las opciones y aumentar la probabilidad de alcanzar buenos resultados. De hecho, está demostrado que por cada minuto que emplees planificando ahorrarás de 4 a 10 veces el tiempo necesario para su ejecución.
  • Pide ayuda. Analiza tus necesidades y habla con tus compañeros de trabajo y familia o amigos. Un ejemplo, si tienes una reunión y ese día se te ha puesto malito tu hijo, pide que la reunión se realice on line y no presencial o si necesitas que la casa esté más ordenada pide a quien viva contigo que te ayude a lograrlo repartiendo tareas…
  • Delega o contrata las tareas que puedas. Te propongo que hagas un cálculo de lo que vale una hora de tu tiempo ¿cuánto vale tu hora de trabajo? Haz números, luego haz un listado de todas las tareas que llevas a cabo en tu vida cotidiana y el tiempo que empleas en realizarlas. Seguramente verás que llevas a cabo tareas que no te ayudan a conciliar y que empleas mucho tiempo o energía en realizarlas, así que plantéate qué tareas puedes delegar o contratar.
  • Evita desplazamientos y usa la tecnología. Ahorra tiempo y dinero realizando gestiones por internet, desde la compra doméstica o realizar gestiones burocráticas o bancarias o comprar material que necesites…
  • Aléjate de lo que no añada valor a tu vida. Existen distracciones que te hacen perder un tiempo valioso, como sumergirte en programas de tv o en las redes sociales, jugar videojuegos o las conversaciones vacías. Esto te resta tiempo de calidad con tu familia y productividad en tu trabajo.
  • Aprende a desconectar. Deja todo lo que se relacione con el trabajo cuando termines tu jornada laboral. Establece reglas claras de contacto con clientes y compañeros de trabajo. Evita que tu cerebro se agote y realiza otras actividades de tu vida personal y familiar.
  • No te sientas culpable por estar atendiendo tu vida personal y familiar. Hazte consciente de que es preciso integrar con armonía nuestra vida laboral y personal. Nuestros momentos de esparcimiento, momentos sociales y familiares son necesarios para mantener la concentración y la estabilidad emocional.

Es un hecho que conciliar la vida familiar y laboral en España es bastante complicado. Sin embargo, existen ciertos hábitos y acciones que puedes llevar a cabo para conseguir que, al terminar tu jornada laboral, realmente puedas empezar una vida personal.

Después de lo que te acabo de compartir, ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para conciliar tu vida profesional y personal?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

Estamos todo el día dando nuestra opinión y nuestra versión de la realidad. Nuestro cerebro suele etiquetar lo que ocurre, diferenciando entre si está bien o si está mal, si está de acuerdo o no, si le gusta o disgusta. Y como para gustos son los colores, cada uno tendremos nuestra propia versión de los hechos según los hayamos interpretado.

Cada persona puede tener su opinión, sin embargo, cuando se la contamos a alguien y esa opinión es sobre su trabajo, su persona, su comportamiento, su conocimiento, habilidad o actitud, empezamos a tocar fibras sensibles con las que ya no estamos tan conformes y podemos llegar a herir a las personas que nos rodean.

Dicen que una crítica es un regalo porque cuando la crítica es constructiva o positiva, como os compartía en el artículo sobre feedback y cómo darlo teniendo en cuenta los dos hemisferios cerebrales, cuando tenemos en cuenta a la persona y también los hechos, concretando y a la vez acompañando, entonces esa crítica sí que nos va a ayudar a crecer.

Sin embargo, es frecuente que aun cuando nos dan un feedback con cariño y de una forma objetiva, nos lo tomamos mal, entramos en justificaciones, rechazo hacia la persona que nos lo ha dicho, nos incomodamos, procrastinamos eso que nos piden porque nos han hecho ver que no lo hacemos bien.

Diferentes personas, diferentes reacciones a la crítica

¿Por qué nos duele tanto?Es cierto que hay personas que parece que les resbalan las críticas o que incluso hacen una gracia cuando la reciben o se ríen o hacen burla. No siempre ese comportamiento significa que no tengan en cuenta lo que se les está diciendo, sino que puede que no quieran tocar su propio dolor por la crítica recibida y lo utilizan como mecanismo de defensa para huir del malestar que les causa si lo toman en serio.

Otras personas cuando reciben la crítica siguen con su modo de actuación de siempre, como si no les hubieras dicho nada, igual que si les das un vaso de agua: inocuo. Parece que no han escuchado nada de lo que les has dicho. Este comportamiento puede venir por evitar entrar en conflicto, o por no desgastarse para cambiar la forma de actuar o para no comenzar con justificaciones que no llevan a ningún lado, incluso por eludir el esfuerzo de corregir algún comportamiento, una rutina, un trabajo…

También, por tipo de personalidad, les puede costar aceptar una crítica a las personas que viven la corrección de lo que sea de su vida como un fallo personal porque son perfeccionistas y autoexigentes. No pueden fallar porque el error les hace sentir vulnerables, pequeñitos, que no saben algo que deberían saber, aunque lo demás esté todo bien, se van a fijar en el “pero”, y eso cuesta. Lo han hecho mal. Incluso pueden entrar en una inquietud como la que vivían cuando eran pequeños y les regañaban. ¿Te has encontrado con personas que parece que no se les puede decir nada?

También hay personas muy sensibles a las críticas, personas que se sienten insuficientes: insuficientemente buenas, insuficientemente valiosas, insuficientemente queridas, insuficientemente capaces... Cuando la autoestima está bajita nos ponemos menos en valor y que te digan que no haces las cosas bien solo es echar más leña al fuego.  

A veces, decir a alguien que “no se lo tome así” también es decirle que se lo está tomando de forma incorrecta, lo que es otro error por su parte, o así lo entiende. Además de que a nivel de inteligencia emocional estamos negándole su emoción, lo que tampoco ayuda.

¿Cómo cambiar esta reacción ante la crítica?

Es difícil de cambiar esa reacción que nos genera una crítica porque está en la personalidad de cada uno, aunque no es imposible. Se puede aprender a llevarlo mejor y por eso es importante el autoconocimiento.

Has de saber qué es lo que te hace sentir pequeño, por qué te está incomodando tanto esa crítica. ¿Es por quién te la hace? ¿Es porque tú eres el más crítico contigo mismo? ¿Es porque la crítica toca un tema delicado por un trauma anterior que no tienes bien curado? ¿Es por la forma en la que se ha dicho o por cuándo y delante de quién se dijo? ¿Es porque te comparas o minusvaloras? ¿Qué hay debajo de eso que te han dicho que te remueve?

Quédate solo con la frase que se ha dicho y analiza. Escúchate a ti a ver qué te estás diciendo sobre esa crítica. ¿Qué emociones te genera? Descubre las creencias que hay en ti sobre esa crítica y revisa cuánto de facilitadoras son para llevarla mejor. Atrévete a destapar la caja de los truenos para dejarlos salir y que la herida que te causa la crítica se cierre.

Estamos en continuo aprendizaje, una crítica puede ser muy buena para nuestro desarrollo, puede que ni nos hubiéramos dado cuenta y nos abra una luz que nos beneficie enormemente. Incluso puede que no haya nada que hacer con esa crítica porque no merece que le demos ni un momento de nuestra vida a pensarlo. Sin embargo, esa decisión solo la podrás hacer de forma sana desde tu seguridad personal y con humildad.

Toma las críticas como opiniones de los demás, que es lo que son. No tienes que estar de acuerdo con todas las opiniones, ¿verdad? Solo no dejes que te hundan, sino que te sirvan para apoyarte en ellas para ser tu mejor versión.

Toma cada crítica con cariño hacia ti, como un impulso de renovación. No todas se pueden resolver en 2 minutos, aunque siempre se puede hacer algo por mejorar cuando nos lo proponemos. Y me dirás, “ya, pero hay cosas que no están en mi mano, que no las puedo cambiar”. Es cierto que los hechos son, que si tienes una cicatriz en la cabeza no la vas a borrar, ni falta que hace. Lo que sí puedes trabajar es la forma de tomarte los comentarios sobre esa cicatriz, para sentirte mejor. Muchas veces el cambio está en aprender a llevarlo de otra manera, no en modificar el hecho en sí.

Otras veces, cuando el cambio está en tu mano, puede ser cuestión de tesón, dedicación, consciencia para cambiar un hábito o una forma de trabajar. Lo importante es querer. Te dejo el link al artículo sobre técnicas para aceptar mejor las críticas por si te ayuda. Y como no querrás hacer sentir a los demás como no te gusta sentirte a ti, te comparto también otro de nuestros artículos para que puedas hacer críticas constructivas.

Si te supera recibir críticas y te cuesta sobremanera manejarlas, pide ayuda. Como has visto es muy normal, no te avergüences ni tengas miedo, va con nuestra personalidad. Psicólogos, coaches y profesionales de la salud mental estamos ahí para ayudarte. Lo importante es que disfrutes de la vida, que trabajes por tu bienestar tanto personal como profesional, y lo que haya que aprender, ¡se aprende!

Después de lo que te he compartido, ¿qué vas a comenzar a hacer cuando recibas una crítica?

Te acompaño aprendiendo en el camino del crecimiento. Raquel Bonsfills