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31 diciembre, 2020

Cuando una persona cruza una puerta algo de ella queda en el lugar del que salió. Además, el hecho de haberse dispuesto a cruzar conlleva valentía y esperanza. El corazón, la mente y el cuerpo se disponen a lo nuevo que pueda percibir al otro lado. A veces con miedo se da el paso porque hay ilusión y porque la vida no espera, no para, y nos mueve a seguir adelante.

La ilusión, que en ocasiones parece mágica, no tiene edad, ni sabe de culturas o economía, solo va con las personas. Personas que pasamos el umbral del año nuevo con sueños y objetivos por cumplir. Magia que ejercen los Reyes Magos al hacernos conscientes de la importancia de dar, de reconocer el trabajo bien hecho durante el año y que, además, estimula al logro de lo deseado para el año que comienza. 

Para el año nuevo, necesitamos recordarnos que cada día es un regalo, que cada día tenemos la oportunidad de hacer algo especial por nosotros y por los demás, que cada día podemos cambiar nuestro rumbo con pequeñas o grandes decisiones. Cada día tenemos permiso para ser o dejar de ser lo que queramos y elegir.

¿Y si comenzamos por hacernos algunas preguntas?

  • ¿Cómo ha sido tu año? 
  • ¿Qué quieres aprender de él? 
  • ¿Qué quieres dejar atrás?
  • ¿Qué quieres para el año nuevo? 
  • ¿Qué vas a hacer diferente? 
  • ¿Con quien compartirás tu día a día?
  • ¿Con qué cuentas ya?

Son preguntas que nos invitan a crecer y a enfocarnos ante el año nuevo. 

Feliz 2021. 2miradas

En este tiempo de deseos y propósitos, desde 2miradas elegimos estar a vuestro lado, apoyando las ilusiones de las personas y de las empresas. Queremos convertir cada día en algo valioso para alguien, para el mundo. Cada día un pequeño gesto que haga la diferencia.

Queremos conseguir una sonrisa diaria que nos haga sentir que cada día ha merecido la pena. 

¿Qué quieres conseguir tú? ¿Cómo puedes poner tu granito de arena para estar mejor y para hacer más bonita la vida a alguien?

Que tengas un muy feliz año nuevo. 

Este 2021, ¡regálate cada día! 

Raquel Bonsfills y Milagros García

Equipo 2miradas.

11 diciembre, 2020

Querido compañero,

¿Qué haces para tener relaciones sanas? Cuando estás en compañía, ¿uno más uno suman más de dos?  

Acabo de terminar el libro de Joan Garriga “El buen amor en la pareja” y es un libro que no te deja impasible. Hay tantas cosas que trabajar para que en las relaciones se dé el buen Amor, que he querido compartiros algunos de mis aprendizajes.

Joan Garriga parte de dos premisas importantes: la primera es que nadie nos puede hacer infelices, cuando leí esto inicialmente no me lo creí porque rápidamente pensé cuando una pareja o un amigo me hace algo que me hiere o me perturba me siento triste; sin embargo, aunque en una relación podemos vivir un amplio abanico de sentimientos y entre ellos el sufrimiento y el desamor, efectivamente no tenemos por qué ser víctimas de ello porque nuestro destino sigue siempre íntegro en nuestras manos y no solo importa lo que vivimos, sino la actitud que adoptamos frente a lo que vivimos.

La segunda premisa es que nadie nos puede hacer felices, a través de las relaciones experimentamos: intimidad, sexualidad, ternura, vinculación, sentido de pertenencia, confrontación, crecimiento… y si lo sabemos llevar bien nos acercaremos a este tipo de bienestar y de gozo. Las relaciones, especialmente la de la pareja, te puede dar felicidad pero no tiene el poder de hacerte feliz.

De todas formas, tengo ciertos reparos sobre estas dos premisas y es que tener una relación de pareja o un amigo especial nos puede hacer sentir completos y motivados para afrontar cada uno de los retos que nos ponga la vida en el día a día y esto sí nos provoca felicidad o infelicidad.

6 condiciones para vivir una relación armónica

Después de daros estas dos duras noticias, voy a comentaros las seis condiciones que es conveniente que existan para tener un bienestar en una relación, para vivir la relación en armonía y que los asuntos resulten alegres y/o serenos:

  1. La primera condición es que la relación fluya sin demasiado esfuerzo, cuando esto se da las cosas resultan fáciles y todo se desenvuelve con naturalidad porque las emociones fluyen sin grandes altibajos y la relación resulta nutritiva para ambos. 
    Quiero añadir a esto, según mi experiencia, que pueden darse relaciones más complicadas en las que, si hay interés genuino por el otro, se pueden modificar las pautas afectivas y de relación que hemos aprendido y resolver asuntos emocionales pendientes que nos han construido en nuestra niñez y que forman parte de nuestra identidad cambiando nuestro estilo relacional afectivo y permitiendo que la relación fluya.
  1. La segunda condición es que se trate la relación de dos naturalezas no demasiado incompatibles, no demasiado diferentes. Que la comprensión del otro no esté más allá de nuestras capacidades. La compatibilidad de cualquier pareja descansa sobre la diferencia, pero cuando la diferencia es excesiva están en riesgo otras cuestiones fundamentales para la compatibilidad como son también la posibilidad de asociación, imbricación y complicidad.
  2. La tercera es que los miembros de la pareja sean verdaderos compañeros, que se sientan como tales, acompañados, ya que el otro es también un amigo y la amistad no se desgasta con el curso de los años. Que puedan compartir sus peculiaridades, gustos, intereses, diferencias, complicidades. Que tengan a alguien al que entienden y que los entienden.
  3. La cuarta condición es tener fe y confianza plena en el otro. Es decir, tener la certeza de que el otro quiere nuestro bien y no nos va a dañar, sabiendo que la confianza no exige garantías, como dice mi pareja, ya que es necesario ser conscientes de que en algún momento el otro tal vez no lo haga y debemos aceptarlo sabiendo que podremos resistirlo y sobreponernos a ello. ¡Ojo que no sea la tónica de la relación!
  4. La quinta condición, la más difícil de cumplir: el deseo espontáneo de que el otro esté bien por encima de nuestros miedos o carencias. Se trata de encontrar la propia felicidad con la plenitud del otro. Difícil en los momentos actuales cuando se vive la pareja más al servicio del yo que del tú o el nosotros. Consiste en ver al otro con la inteligencia del corazón y no solo a través de nuestras proyecciones y anhelos y así lo amaremos como es y le daremos lo que necesita y espera recibir.
  5. La última condición es que haya un equilibrio entre el dar y el recibir, que se dé un rico, positivo, fértil y equilibrado intercambio entre el dar y el tomar manteniéndonos libres y dignos.

Cuantas más condiciones se den mejor resultará la relación, aunque ya Garriga indica que no conoce ninguna relación en la que existan estas seis condiciones.

Ingredientes para una mejorar las relaciones personales

Algunos de los ingredientes principales que considero importantes para lograr un mayor bienestar y una relación personal duradera son:

  1. Mejorar nuestro desarrollo personal, tanto en nuestra gestión emocional, como en lo que la vida nos trae. La felicidad grande consiste en ponernos en sintonía con la vida, con las circunstancias, aunque no encaje con nuestros deseos personales. Amar lo real nos otorga la posibilidad de ser felices.
    Por ejemplo, hay personas que se pierden en la fusión, pues temen encontrarse a sí mismas, y otras que se pierden en el exceso de independencia pues temen diluirse en el otro. En ambos casos conviene trabajarse a sí mismos para flexibilizar posiciones, pues ningún extremo es bueno. El gran reto de todos consiste en aprender a amar lo imperfecto de la vida, de nosotros y de los demás, y volvernos compasivos.
  1. Establecer relaciones de igual a igual. Es fundamental no sentirte superior a la otra persona y por supuesto, no dominarla física, ¡ni psicológicamente! Todos necesitamos sentir nuestro poder, sentir que podemos, que somos adecuados, que nos sostenemos en nuestros pies y que somos válidos.
    Virginia Satir nos enseña que el genuino poder tiene que ver con la congruencia y con lo que ella llama las cinco libertades:
    La libertad de ver y escuchar lo que está aquí en lugar de lo que se supone que debería estar.
    La libertad de sentir lo que se siente en lugar de lo que debería sentirse.
    La libertad de decir lo que uno siente y piensa, en lugar de impostarse.
    La libertad de pedir lo que se quiere, en lugar de pedir permiso.
    La libertad de arriesgar, en lugar de optar únicamente por estar seguro.
  1. Superar juntos los hechos dolorosos, llorar juntos y que nos sostengamos juntos. Es fundamental que no nos separemos internamente, que el peso no nos lleve a vivirlos separados, que nos entreguemos al dolor, cada uno a su manera, pero juntos. En las situaciones difíciles y estresantes es necesario que aceptemos que en algún momento se puede sufrir, sino lo aceptamos no habrá vínculo, ni verdadera experiencia amorosa.
    La vivencia del dolor es un ingrediente necesario para completar con éxito el proceso y llegar a ser capaz de crear un futuro.
  1. Bert Hellinger defiende que cuando se produce un intercambio negativo dentro de una relación, cuando uno de los dos daña al otro, debe compensarlo vengándose con amor; es decir, devolverle el daño pero en una cantidad menor, de esta forma se restablece el equilibrio y la igualdad.
    Este ingrediente me rechinó inicialmente mucho, ya que nos han enseñado a no responder al mal con otro mal, sino con el bien, amando al enemigo poniendo la otra mejilla, frente a la ley de Talión de “ojo por ojo y diente por diente”.
  1. Una relación gana fuerza cuando lo que hemos creado entre dos tiene más peso y más fuerza que nuestras parejas pasadas y nuestras familias de origen. Jorge Bucay explica: “fui a comprar un final feliz, y busqué y busqué, pero no lo pude encontrar y viendo que no lo podía encontrar preferí invertir en un nuevo comienzo”. Lo nuevo se construye sobre lo viejo cuando lo viejo no son ruinas y cadáveres, sino buenos cimientos de amor, respecto y gratitud!!!!!

¿Qué otros ingredientes consideras para lograr un mayor bienestar y una relación personal duradera?

Resumiendo

Recapitulando diría que la gran tarea consiste en aprender a amar, integrar y gozar lo real entre ambos, mientras nos despedimos con cariño de nuestras idealizaciones, quizá para descubrir maravillados, que la entrega a lo real multiplica nuestra alegría interior de una manera que ni siquiera podíamos atrevernos a soñar en nuestras mejores fantasías.

Según mi experiencia una relación se sostiene bien si: nos provee de desarrollo y crecimiento (llamo crecimiento a la inclusión como propio de lo ajeno, al amor a lo diferente), de motivación e impulso en nuestro camino de realización y que nos permita ir abriendo nuestro corazón más y más.

Para acabar me gustaría recordaros los tres componentes de la dicha en una pareja, son tres expresiones mágicas que abren las puerta de la felicidad en una relación: el sí (significa te tomo tal y como eres), el sonreír diciéndole gracias (gracias por existir, gracias por estar aquí, gracias por quererme, por ser como eres, por nuestro camino…) y el sentir y decir por favor o lo siento (acercarnos al otro desde nuestra ternura, desde nuestra vulnerabilidad, nuestra más profunda humanidad, ofreciéndole nuestra fragilidad, nuestra piel sin durezas. Y al arriesgar podemos ser recompensados con las mieles del encuentro verdadero, despojado de roles, formalidades y vestiduras).

Desde luego no concibo una relación sin sonrisas, mostrar una constante sonrisa, aunque sea interior hacia el otro, incluso en momentos de desacuerdo ¡qué difícil!, tampoco concibo una relación sin practicar el reconocimiento y la escucha, el tener al otro en cuenta, el transmitir al otro a través de una sonrisa, mirada, comentario o gesto, a pesar de las dificultades, quiero bailar contigo, bailamos juntos y también si es una relación de pareja, no la concibo sin encuentros personales íntimos, donde te desnudas, sin tapujos al otro, donde te fundes y trasciendes.

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para tener relaciones amorosas?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

2 diciembre, 2020

¿Cuántas veces has dicho a alguien lo que tiene que hacer pensando que así le motivarías a hacerlo y luego te has dado cuenta de que por más que se lo dices, no mueve un dedo? ¿Cuántas veces has comenzado algo y al poco tiempo te has desinflado, perdiendo la motivación, incluso hasta abandonar tu proyecto? ¿Cuántas veces empezaste con una idea en la cabeza clara y acabaste haciendo totalmente lo opuesto?

La buena noticia es que esto es normal, está estudiado y demostrado, y os voy a contar uno de los motivos por los que nos sucede, cuándo y qué necesitamos para continuar hacia nuestros objetivos para concluirlos con éxito. La mala noticia, es que seguiremos dejando caminos a medias, que tomaremos desvíos que nos harán sentir mejor, o cederemos simplemente porque no tenemos la motivación o las fuerzas suficientes para abordarlos.

Ocho pasos para conseguir nuestros objetivos

El hecho de que nos sucedan desvíos de nuestros objetivos fue desarrollado por el filósofo y compositor George Gurdjieff, en lo que se denominó la ley universal del 7. También habla de octavas porque después de los 7 escalones por los que iremos subiendo en el camino hacia el objetivo, el octavo es la repetición del primero, pero con el doble de vibraciones, como en una escala musical. Así que, en realidad, son 8 pasos que vamos dando a lo largo de nuestra vida para conseguir lo que nos proponemos. No es tan importante para nuestro camino el nivel de energía o vibración que hay en cada paso, sino que la clave es saber cuándo se producen los desvíos, pues baja la energía y la motivación, y ahí es cuando debemos estar alertas para saber qué hacer. También, es interesante hacer notar la relación que tiene el número 7 en la naturaleza, en el orden de las cosas y en los ciclos que se concluyen. Por ejemplo, los 7 días de la semana, las etapas de crecimiento del ser humano (cambiando cada 7 años), los 7 chakras, los colores del arcoíris, las 7 energías… 

Gurdjieff vino a decir que ningún proceso es lineal, que todos tienen interrupciones y desviaciones hasta el punto de que podemos llegar a actuar de forma opuesta a como teníamos pensado o como comenzamos en un primer momento. Un ejemplo de nuestra actuación contraria puede ser cuando queremos adelgazar y decidimos dejar de comer ciertos alimentos porque nos engordan y al cabo de un tiempo, te ves dándote permiso para saltarte la dieta, o incluso dándote un atracón de productos muy poco saludables que disfrutas tanto que acabas dejando de lado la dieta, con lo que no solo no adelgazas, sino que favoreces el coger más peso.

Entendiendo el proceso... ¿cuándo suceden estas bajadas de energía en el camino hacia nuestros objetivos? 

Al inicio tenemos el propósito más claro, tenemos más ganas de abordar el salto porque queremos darlo. Pero a los pocos meses, necesitamos recuperar la esencia de la motivación inicial que nos llevó a querer dar el primer paso. Esta primera dificultad es más fácil de salvar porque apenas acabamos de empezar y podemos tener aún muy presente por qué quiero hacerlo.

Por ejemplo, cuando entramos a trabajar en una empresa a la que habíamos deseado incorporarnos. Al principio, tenemos mucho más entusiasmo. Es una motivación inicial cargada de ánimo e ilusión. Con el día a día, nos vamos dando cuenta de lo que es en realidad el trabajo, el ambiente, y esa energía inicial va bajando hasta nivelarse con la de los demás miembros del equipo en unos pocos meses. Ahí es donde se produce el primer posible desvío. Cuando nos cuestionamos si fue la mejor decisión, si es lo que quiero.Para salvar este primer obstáculo, necesitaré recordarme qué me llevó a querer entrar a trabajar en esa empresa. O hablando en general, qué intención tenía yo para querer abordar ese proyecto, reto u objetivo.

Después retomaremos la energía y seguiremos avanzando hacia nuestros objetivos pero justo antes de llegar, entre el séptimo y octavo escalón, volveremos a tener una gran dificultad, esa que nos cuestiona hasta qué punto nos merece la pena llegar hasta el final sin desviarnos. Ya el por qué lo haces del inicio no es suficiente. Necesitamos encontrar un propósito mayor, mejor, saliendo incluso de lo que obtengo yo con ello en pro de lo que es positivo para el mundo y para el ser humano, yendo más allá de uno mismo.

En el el ejemplo del trabajo, ya no es solo lo que tú obtienes a nivel material, salario, estatus, sino que tu motivación está más relacionada con lo que la empresa ofrece al mundo o con lo que aportas a los demás con tu trabajo. En esta dificultad hay que lidiar con nuestra propia soberbia, nuestro ego, el sentido de lo mío. 

Y para superarla, en esta ocasión más que motivación intrínseca necesitamos de motivación trascendente, de determinación. Hemos de apoyarnos en nuestros valores porque si vamos en contra de ellos no concluiremos, estaremos incómodos y esto no es sostenible en el tiempo. Necesitamos de una propuesta para nuestra mejora personal, poner ética, con una consecuencia que sirva a los demás. Un propósito muy nuestro, de nuestro propio ser, que de verdad nos nace hacer o nos guía, alineado con nuestra esencia. De ahí que sea tan importante que nos dediquemos a lo que nos gusta y nos llena porque será más fácil que nos comprometamos y que completemos las octavas de nuestra vida que nos hayamos marcado.

Revisando nuestra historia para comprendernos

Si revisamos nuestra historia o si como responsables de equipos hemos tratado de incentivar a los demás, podemos darnos cuenta de que en numerosas ocasiones hemos puesto mucha motivación o impulso al inicio, pero después ya no hemos tratado de encontrar ese propósito superior que nos mantenga ahí, que nos invite a concluir con el mismo interés o más, generando compromiso (algo tan preciado hoy en las empresas). 

A lo largo de nuestra vida hemos podido dejar proyectos inacabados. Algunos puede que queramos cerrarlos (aún estás a tiempo). Por ejemplo, cuando elegimos una profesión y después de un tiempo vamos cogiendo otros trabajos, pero se nos queda la sensación de haber dejado aquello que era en realidad lo que quería y que por circunstancias no pude completar y querría volver a ello. 

Sin embargo, puede que ante las dificultades hayamos tomado el desvío con total consciencia y conciencia, cediendo a lo que era y eligiendo aquello que nos hacía sentir mejor. Por ejemplo, si al coger esos otros trabajos, me fui dando cuenta que en realidad me siento más identificado con lo que hago ahora.

No se trata de acabar por acabar, por culpa o perfeccionismo, sino acabar lo que hemos decidido empezar siempre que nos merezca la pena, decidiendo superar las dificultades por nosotros mismos. Escuchándonos. Conectándonos con lo que somos, incluso estando atentos a nuestra intuición, porque cuando tomamos el camino correcto, tenemos paz interior y nuestras relaciones con los demás y con el mundo están en mayor armonía.

¿Qué octavas has dejado inacabadas en tu vida? ¿En cuáles estás en este momento inmersa/o? ¿Cómo vas a motivar a los demás para que avancen hacia los objetivos con determinación? 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

28 noviembre, 2020

Querido compañero,

¿Para qué empleas el humor? ¿En qué momentos te ríes?  

En mi anterior artículo ya hablé de la importancia del humor a la hora de resolver conflictos porque está demostrado que el juego y el humor ayudan a reducir la tensión y pueden crear una oportunidad para una mayor conexión e intimidad, suaviza el impacto de mensajes negativos, atrae y mantiene la atención del otro, ayuda a romper el hielo y aumenta la sensación de control. El humor permite equilibrar mente, cuerpo, y espíritu, el mensaje se vuelve más persuasivo, crea cercanía social…

¿Risa, sonrisa y humor son lo mismo? 

Quisiera contarte la diferencia. La risa aparece cuando algo nos hace gracia, tiene un cierto componente mental y fisiológicamente segregamos endorfinas. Es importante reírse porque ayuda a descargar tensiones y rompe barreras. 

El humor o humorismo (del latín: humor, -ōris) es definido como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. Lleva incorporado un factor de inteligencia e ingenio más elevado que la risa, es más mental y menos fisiológico que la risa. Tiene mucho que ver con la gestión emocional, es una actitud ante la vida, y conlleva otros elementos como optimismo o fluidez emocional.

La risa y la apreciación del humor son componentes vitales de la función adaptativa social, emocional y cognitiva.

Y la sonrisa, por su parte, es el primer contacto con la risa y el humor. Se podría decir que es el nivel más básico, siempre podemos esbozar una sonrisa ante cualquier situación.

Consecuencias del humor mal gestionado

Definitivamente, aunque cada persona tenga su propio sentido del humor, éste no siempre es utilizado de forma positiva. Aunque todos hemos escuchado que la risa alarga la vida, la realidad es que el humor mal gestionado puede acarrear consecuencias negativas como: 

  • Que la otra persona sienta que te rías de ella, no con ella, puede llevar a que el otro se moleste y enfade. Burlarse, ridiculizar o humillar a otras personas a causa de sus errores, de sus limitaciones, de sus creencias, de sus defectos físicos, de su apariencia o de cualquier otra circunstancia personal o social por mucho que te rías mientras lo dices, no tiene nada de positivo. Además, normalmente quien bromea sobre otra persona es porque envidia alguna característica de la víctima y eso le produce inferioridad frente a él.
  • Cuando lo usamos para encubrir y evitar emociones o recuerdos dolorosos. La risa puede ser usada por algunas personas para disfrazar sentimientos de temor, nervios, ira, frustración y decepción en vez de estrategias constructivas para sobrellevar las situaciones. Podemos reírnos de la verdad, pero no debemos usar la risa para esconder la verdad. 
  • Contar un chiste inapropiado u ofensivo puede ser dañino para la imagen de cualquiera. El humor prejuicioso, racista, clasista o machista solo hace gracia al que tiene esos prejuicios. Y hoy en día los humoristas comentan que les es mucho más difícil hacer chistes que antes, porque ahora estamos mucho más susceptibles en estas cuestiones y no se trata de hacer sentir mal a nadie. 
  • Usar el sarcasmo puede llevar a malos entendidos. Este tipo de lenguaje conlleva una artillería de agresiones encubiertas y desprecios sutiles que desconciertan y destruyen autoestimas.
  • Una broma a destiempo puede provocar distracción y alejar nuestra atención de cierta información. Cuando has de decir “ay, era broma…” es que la cosa ha ido mal y, sobre todo, la intención de relajar el ambiente con la broma ha llevado al otro al desprecio por la persona que la ha dicho, queriendo apartarse de esa persona y buscando volver al punto de la conversación o decidiendo irse por no sentirse escuchado. 
  • Si a la persona no le parece graciosa la situación, para de inmediato. El humor debe disfrutarse entre todos los participantes. Si el tono de voz, el lenguaje corporal o cualquier otra señal te indica que al otro le molesta, reconsidera tu posición y analiza el contexto de la otra persona.

Comparto lo que indica José María Perceval y es que el humor tiene cuatro límites: 

  • La ley (hay que tener mucho cuidado con ella porque puede matarte el humor, la creatividad y la democracia).
  • La moral (que también puede ser decisiva porque podemos tener grandes grupos que se ofenden ante determinadas cosas cuando a lo mejor habría que pasar o hacer que la persona que está haciendo el chiste se quede sin que la gente se ría).
  • Los grupos sociales (se ríen de unas cosas y no de otras).
  • Las personas individuales (los límites que yo pongo a mi humor).

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta?¿Qué otras maneras encuentras en las que el humor no es positivo? ¿Qué vas a hacer para usar positivamente el humor? 

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

Querido compañero,

¿Qué haces para evitar la tiranía del cerebro reptiliano? ¿De qué manera te cuidas? 

Como sabemos, el cerebro ha estado en constante evolución a lo largo de más de 250 millones de años y en todo este proceso ha ido adquiriendo nuevas funciones y capacidades cada vez más complejas.

A través de los estudios e investigaciones del médico y neurólogo Paul MacLean podemos comprobar que todos los seres humanos tenemos tres cerebros en uno. Estos tres cerebros son, en orden evolutivo, el Reptiliano (supervivencia inmediata), el Límbico (emociones) y el Neocórtex (razonamientos). Cada uno de ellos ha ido apareciendo en nuestra línea evolutiva de manera secuencial; es decir, que estos tres cerebros son relativamente independientes y que se relacionan entre sí siguiendo una jerarquía, dependiendo de su antigüedad y de sus funciones de cara a nuestra supervivencia. 

Hoy quisiera hablaros de cómo funciona nuestro cerebro reptiliano y lo que podemos hacer para nuestro autocuidado y para mejorar nuestras relaciones.

Para Paul MacLean, el concepto de complejo reptiliano servía para definir la zona más baja del prosencéfalo, donde están los llamados ganglios basales, y también zonas del tronco del encéfalo y el cerebelo. Al ser el primero en aparecer, sería la estructura que lleva a cabo las funciones más básicas y más importantes para sobrevivir en el aquí y el ahora

La función principal de este cerebro es la supervivencia, el mantenernos protegidos ante cualquier amenaza que se presente, así como defender nuestro hogar, cuidar nuestras pertenencias y a las personas más cercanas a nosotros. Además, se encarga de regular las funciones básicas vitales como: la respiración, los procesos digestivos, regulación de la temperatura, funciones cardiacas… También activa nuestro instinto y motivación sexual para que nos atraigan otras personas y podamos reproducirnos.

Este instinto de supervivencia es muy egocéntrico y no tiene paciencia, quiere todo ya (cuando estoy cansado quiero dormir, cuando estoy sediento quiero beber…) y cuando no logramos satisfacer de forma inmediata cualquiera de nuestras necesidades, nos frustramos y aparece la rabia. Esto puede llevar a que no solo nos hagamos daño a nosotros mismos por permitir que nuestro cerebro reptiliano exagere la inmediatez de lograr algo; sino que también podemos dañar nuestras relaciones con los demás.

Quisiera comentaros algunas recomendaciones para amainar la sensación de hostilidad, de rabia no sana que genera este cerebro fruto de los estados de exageración instintiva que nos hace sentir:

  1. Hacernos conscientes de si es realmente una cuestión de supervivencia o no. Este cerebro reptiliano saltará cuando sienta que hay peligro, pero ¿realmente es una cuestión de vida o muerte? O es una cuestión que me duele, me molesta, perturba mi estabilidad económica y sobre la que tengo alternativas. Por suerte, la mayoría de nosotros no estamos en una situación de supervivencia, así que calmemos nuestros pensamientos derrotistas para aplacar al cerebro instintivo.
  2. Practicar la calma, por ejemplo, aprender a respirar profundamente o trabajar el control mental realizando meditación o mindfulness.
  3. Comer sanamente, parar antes de entrar en la gula y elegir lo que le va a sentar mejor a mi cuerpo. Beber agua y no dejar que pase demasiado tiempo sin comer. Debido a toda el hambre que hemos vivido en el pasado tendemos a comer en exceso para que el instinto quede satisfecho y con reservas para poder sobrevivir por si nos faltara el alimento.
  4. Realizar hábitos saludables de vida como: la higiene, el practicar deporte, respirar aire puro, conectar con la naturaleza, reír, tener propósitos y hobbies…
  5. Evitar las adicciones como tabaco, alcohol, drogas, azúcares…
  6. Intentar dormir 8 horas al día. Cuanto menos dormimos y menos descansados estamos, actuaremos de forma más reactiva.
  7. Sal de tu zona de confort. A este cerebro le gustan las rutinas, hábitos, costumbres y que no hagamos cambios, ni improvisaciones. Te propongo que salgas de tu zona de confort siempre que puedas (por ejemplo, vete a trabajar por otro sitio), viaja, prueba cosas nuevas…

Además de practicar todo lo que acabo de indicar para calmarnos a nosotros mismos, para que este cerebro no sea tan reactivo de cara a nuestros encuentros relacionales sería conveniente seguir los siguientes consejos:

  • Cuidar nuestra forma de comunicar, que sea asertiva y efectiva, no andes con rodeos y evita ser malinterpretado.
  • Como es un cerebro tan reactivo, antes de hablar para poder responder y no reaccionar, cuenta hasta 10. Esto es muy importante también para trabajar la demora en la impulsividad o en la gratificación.
  • Cuida la proxemia con el otro, respeta y cuida los cuatro grandes tipos de espacios: íntimo, personal, social y público, según la distancia establecida entre las personas. Mantente atento al lenguaje no verbal para saber dónde está el límite.
  • Para invitar a la buena convivencia, indica al otro lo que te pueda molestar que pueda hacer de forma reptiliana. Por ejemplo, cambiarte de lugar tus cosas o coger tu libro favorito o subirse de pie en el sofá…
  • Aprende a perder con elegancia, perdonar, ceder, aceptar lo que es, aprende a no querer siempre la razón.

¿Qué otras formas tienes tú de cuidarte de tu cerebro reptiliano y que no se dañen tus relaciones?

Después de lo que acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para manejar mejor a tu cerebro reptiliano?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

En esta pandemia ha quedado patente que podemos vivir con menos. Que necesitamos ciertas cosas para nuestro bienestar y que juntos podemos llegar más lejos. El apoyo y la comprensión entre personas es esencial, así como saber gestionar los recursos verdaderamente necesarios. 

Ahora hemos podido comprobar si es cierto lo que muchas empresas decían: “Las personas son lo más importante, son el centro de nuestra organización, etc.” Y también, si los valores que hemos ido modificando y proclamando se han hecho efectivos o se quedaron en meros carteles decorativos de las salas comunes de las empresas.

Las personas, lo primero. Es una expresión que nos invita a mirar a los ojos de quien tenemos delante. Darnos cuenta de quiénes son las personas que nos rodean. Reconocer a las personas que son importantes en nuestra vida. Que todos tenemos una historia detrás, cada uno la suya. Y que todos buscamos la supervivencia y el bienestar.

Hace mucho tiempo, en mi trabajo personal, descubrí una de las claves que me permitió trabajar mi autoestima. Es una expresión que utilizamos también como base del coaching. Hablo de tratar a los demás como de igual a igual, de persona a persona. Cada una con sus conocimientos, cada una con sus habilidades, cada una con sus carencias y aprendizajes. Cada una con su valía también. 

Esto supone que nadie está por encima de nadie. Solo tiene otra posición social, económica o laboral. Pero es, a fin y al cabo, una persona. Igual que yo. 

Este planteamiento evita poner en pedestales demasiado altos a los demás, así como evita que nos subamos nosotros, pensándonos superiores en algo. Porque cuidado, aquel que menosprecias, puede que te dé a ti una lección en otra área de la vida.

Y si somos todos personas, coincidiendo en este momento de nuestras vidas, en estas circunstancias, creo que lo mejor que podemos hacer es tratarnos con amabilidad.

Acaba de salir, precisamente, una película protagonizada por Tom Hanks que pone en valor la amabilidad: “Un amigo extraordinario”, basada en hechos reales, donde se ponía en duda si su protagonista era verdaderamente así de amable o era una fachada para quedar bien. ¿Ponemos en duda a la gente amable porque la vemos “demasiado buena”? Personas a las que vemos débiles, sin carácter… Muchos prejuicios.

Sin embargo, hoy más que nunca, necesitamos de amabilidad. Una amabilidad que reúne varios aspectos:

  • Atención. La persona amable, está pendiente de lo que puedes necesitar, atenta a lo que te ocurre. Observa. Descubre. Muestra su interés por ti.
  • Movimiento. No se trata de responder sino de resolver. Decimos a una persona que ha sido muy amable cuando ha hecho algo por nosotros, algo que queríamos, que buscábamos, que necesitábamos y nos ha facilitado de algún modo, aunque no lo haya podido resolver del todo. Ha puesto lo que estaba en su mano.
  • Aprecio. La amabilidad tiene un punto de valoración del otro y de afecto. La generosidad viene del amor a los demás. La unión y el clima que se vive tiene que ver con el afecto que se respira entre las personas que conviven, los compañeros o los colaboradores.   
  • Bondad. Aunque pensemos que la línea es fina entre bueno y tonto, la bondad es una gran virtud. Seguramente si pensamos en personas que han marcado nuestras vidas para bien, incluyamos la bondad en la lista de sus cualidades. La bondad tiene que ver con hacer el bien, lo que está bien, lo correcto y, además, de una forma desinteresada. 
  • Locuacidad. Es necesario que sepamos comunicarnos de una forma natural y efectiva. La comunicación evita y resuelve conflictos, nos lleva al entendimiento y nos enamora. Permite la escucha, el silencio, el feedback oportuno y constructivo, tener respuestas en lugar de meras reacciones.
  • Educación. Para poder vivir en armonía. Necesitamos cierta capacidad de entender que no estamos solos en el mundo y que hemos de relacionarnos con los demás. No se trata de pisar a nadie sino de comprender más, de poner el punto ético y moral en nuestros comportamientos. Además, la educación nos ofrece saber estar, una mente más abierta a las diferencias y mejor comprensión de los demás. 

Estas cualidades, bien pueden ser desarrolladas por cualquier persona aunque más necesarias son hoy en día en los líderes, en las empresas, en los equipos…

En el fondo, solo es ir a las bases, a lo simple, a aquello que dice “no hagas lo que no te gustaría que te hicieran a ti”, al karma que te devuelve lo que has sembrado y a convivir poniendo un poco más de AMABILIDAD para ir por la vida.

¿Qué quieres ver en los demás? ¿Qué vas a hacer tú?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

4 septiembre, 2020

Querido compañero,

¿Qué haces cuando sientes miedo? ¿Te bloquean tus miedos?

La Real Academia Española define el miedo como “angustia por un riesgo o daño real o imaginario”.

Hoy en día, probablemente el miedo es el principal obstáculo en la consecución de sueños y metas; sin embargo, el miedo es una conducta adaptativa que nos ha permitido sobrevivir a los depredadores y a los desastres naturales. Ha sido el elemento básico que nos ha mantenido vivos y ha permitido que la especie se desarrolle hasta nuestros tiempos.

Tengo miedo del miedo

El miedo es una emoción y como emoción no podemos dejar de vivirla en muchos momentos de nuestra vida. Tenemos asociado el miedo a una emoción negativa, que resulta desagradable porque es una emoción que puede bloquearnos o paralizarnos y, por este motivo, es tan importante saber vencerla y superarla para lograr una vida más plena.

Es normal que hoy sintamos más miedo de lo habitual, porque, además, de las circunstancias personales que estamos afrontando cada uno, se añade el hecho de estar viviendo una pandemia (por supuesto, ante la pandemia no hay mejor vacuna que la prudencia y la empatía). Sin embargo, la mayor parte del miedo es aprendido y los temores se desarrollan por asociación según vamos siendo mayores, aunque nacemos con ciertos miedos, como: el miedo a las alturas, a fuertes ruidos, a la oscuridad, a estar solos… que nos ayudan a garantizar nuestra supervivencia.

Tipos de miedo

Podemos sentir diferentes tipos de miedo dependiendo si el estímulo que lo provoca existe o no:

  • Miedo racional. Lo sentimos cuando percibimos una amenaza real y nos lleva a evitar el peligro de manera inmediata, nuestra mente desencadena la reacción de miedo para protegernos y ponernos a salvo. Sería un miedo normal que aparece cuando surgen estímulos dañinos. Normalmente tiene corta duración y no interfiere con la vida cotidiana. Un ejemplo sería el miedo que podemos sentir cuando alguien nos quiere robar.
  • Miedos irracionales. Son miedos que tienen su origen en un pensamiento imaginario, distorsionado y catastrofista, que experimentan muchas personas y pueden prolongarse indefinidamente en el tiempo. Un ejemplo de este tipo de miedo son las fobias (zoofobia, acrofobia, aerofobia, agorafobia, claustrofobia, amaxofobia, fobia social…).

Las respuestas ante el miedo

La respuesta del miedo es autónoma, es decir, no la activamos voluntariamente de forma consciente. Los expertos establecen cuatro respuestas automáticas: huida, defensa agresiva, inmovilidad y sumisión. Si consideramos que podemos afrontar el miedo pondremos en marcha los recursos necesarios para superar la situación. En caso contrario, iniciaremos la escapada o la huida para alejarnos porque no nos vemos capaces de lograr afrontarlo.

Además, el miedo produce reacciones físicas como: sudoración, dilatación de pupilas, contracción y/o descenso de las cejas, separación de los labios, un aumento de la presión cardiaca, palpitaciones, descenso de la temperatura corporal, aumento de conductancia de la piel, aumento del tono muscular pudiendo provocar el agarrotamiento o el incremento de la entrada de oxígeno en el organismo, aumentando la respiración para dar lugar a una mayor energía … Además, los circuitos sanguíneos se reactivan y fluyen con mayor velocidad especialmente hacia las extremidades para prepararnos para la huida y hacia el cerebro, para mejorar la toma de decisiones y pensar con mayor rapidez.

Hay estudios que indican que más del 50% de las personas que experimentan temor presentan silencios y en muchos casos se produce un aumento del tono de la voz.

Cuando sentimos miedo tenemos una sensación de angustia y todo nuestro cuerpo se pone en estado de alerta y esto es normal, ya que es una reacción de alarma y nuestro cerebro entiende que debe de prepararnos con todos los recursos que contamos, para enfrentarnos a la situación que nos ha generado el miedo. Esta situación puede ser emocional (tener miedo de que nos abandonen, de no tener trabajo o dinero, de fracasar…) o física (sentir miedo de alguien que está sintiendo rabia y nos puede maltratar…)

Fases para superar el miedo

Te propongo según mi experiencia y la de 2miradas las siguientes fases para superar el miedo:

  1. Reconocer que siento miedo. El primer paso es aceptar lo que sientes e identificarlo como miedo. Puedes formularte preguntas como: ¿Dónde siento mi miedo? ¿Qué señales me indica mi cuerpo para identificar que lo que siento es miedo?
  2. Aceptar que tengo miedo. Este paso consiste en ser consciente de la emoción que estamos viviendo. Tener temor ante algo amenazante nos lleva a asustarnos y cuanto más intentemos combatir el sentimiento más fuerte se hará. Para aceptar el miedo puedes formularte preguntas como: ¿De qué tengo miedo? ¿Desde cuándo siento miedo? ¿Qué me dice mi miedo? ¿Cómo funciona el miedo en mí? ¿Qué defensas utilizo contra el miedo? ¿Cuándo me permito tener miedo? ¿Me permito hablar de mi miedo? ¿Cómo me hace sentir hablar de él?
  3. Dar las gracias al miedo por la protección que te está queriendo ofrecer. Gracias miedo por ponerme en alerta, por prevenirme.
  4. Evaluar la gravedad de la situación. Ante el miedo solemos ponernos en la peor de las situaciones, te invito a que contrastes la situación que estás viviendo con la realidad. Además, date cuenta de que el peor escenario posible a menudo no es tan espantoso como lo imaginas. Puedes formularte preguntas como: ¿Este miedo es real o irreal? ¿Qué ha ocurrido para que tenga miedo?  ¿Qué es lo que me estoy imaginando? ¿Cuál es la situación real? ¿Qué beneficio me da tener miedo en esta situación? Un ejercicio que podrías hacer es practicar respiración para disminuir el impacto que el miedo causa en tu cuerpo porque así serás más objetivo. También ayuda beber un gran vaso de agua despacio. El cerebro bajará la alerta porque en caso de que hubiera un peligro real ¿quién se iba a poner a beber tranquilamente un buen vaso de agua?
  5. Acoge el miedo. No permitas que el miedo te paralice, cree en ti y en tus capacidades. Vive el miedo y si es un miedo muy intenso, vívelo de forma gradual. Por ejemplo, si tienes miedo a la oscuridad, ve poco a poco bajando la intensidad de la luz a medida que van pasando los días.
    • Te propongo que escribas en un folio: “Tengo miedo de….” (escribes tu miedo) Ejemplo: “tengo miedo a la soledad” y debajo escribes: “Quiero o amo…” (escribes tu miedo) Ejemplo: “quiero la soledad”. Haciendo este ejercicio lograrás aceptar el miedo. Después de escribirlo lo lees lentamente y cuando acabes de leerlo, respiras profundamente haciendo apnea al inspirar (mantén el aire unos segundos antes de expirar), verás como practicando esta respiración lograrás una mayor tranquilidad.
  1. Ver si la experiencia vivida nos ha traído un nuevo aprendizaje. Escúchate, siéntete, date cuenta de los cambios en la intensidad de tu emoción, ponte a prueba cambiando el pensamiento que te sueles decir al respecto de tu miedo y obsérvate. ¿Qué harías si tuvieras la certeza de que no va a pasar eso que temes? Recuerda que no se trata de no tener miedo, sino de avanzar a pesar de tener miedo y acogerte y aceptarte a ti mismo con ese miedo.

Con el fin de complementar lo explicado te anexo un vídeo explicativo sobre el miedo: Estrategias para superar el miedo

Después de lo que acabo de compartir, ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para afrontar mejorar tus miedos?

“El hombre valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo”

Nelson Mandela.

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

15 agosto, 2020

El teletrabajo ha llegado para quedarse. No solo porque aún estemos conviviendo con el coronavirus sino porque la transformación digital que se venía augurando se ha visto forzada a la realidad en muchas empresas.

Sin embargo, solo las empresas que ya habían empezado a dar los primeros pasos hacia esta opción de trabajo desde donde quieras, son las que mejores resultados están obteniendo porque ya han tenido el tiempo de aprendizaje y ahora pueden resolver la situación de forma más fluida.

El problema es que, direcciones de empresas con filosofías de presentismo están volviendo a la antigua normalidad sin ser nada normal. Y aquellas que han querido dar el salto al teletrabajo no han tenido el tiempo de aprendizaje y ajuste o adaptación que se requiere para encontrar el equilibrio en cada organización.

Y la cuestión es definir para qué estamos proponiendo el teletrabajo. ¿Es una medida de seguridad e higiene laboral? ¿Es una medida de facilitación y beneficio para los colaboradores? ¿Es una muestra de confianza en la que de verdad se ponen a las personas en el foco de las empresas?

La cultura de la empresa será clave para el éxito. No es un parche para salir del paso. Requiere una mentalidad de transparencia, claridad, comprensión, confianza, compromiso, efectividad, innovación y productividad.

Según el EAE, los principales enemigos del teletrabajo son:

  • Perder de vista la línea de separación entre trabajo y casa.
  • No saber decir que no ante una carga desproporcionada de trabajo.
  • Sentirse aislado.
  • Falta de perspectiva: no saber si estás haciendo las cosas bien.
  • Procrastinación: el «dejar las cosas para mañana» de toda la vida. 

Además, añadimos las circunstancias personales de cada uno:

  • No es lo mismo estar solo en casa que tener niños sin colegio.
  • No es lo mismo tener la tecnología habitual adecuada para el desarrollo del trabajo que se tiene en la oficina, que la tecnología casera y parcialmente adaptada ahora al trabajo desde casa.
  • No es lo mismo tener un horario establecido, con sus pausas y hábitos sociales establecidos, que un horario sin definir.

No todo son ventajas y menos cuando el teletrabajo es de obligado cumplimiento:

El entorno laboral. De la misma forma que los estudiantes buscan bibliotecas o salas de estudio para preparar sus exámenes, o el parque de atracciones invita a la diversión y nos pone en ese escenario, el entorno laboral importa para mantenerse concentrado en la tarea que toca, trabajar. La mayor parte de los trabajadores prefiere acudir a la oficina porque así tiene más claro, mental y emocionalmente que es tiempo de trabajo. ¿O tienes un espacio en casa donde tienes integrado que es tu espacio de trabajo?

El trabajo colaborativo. Igual que estamos recriminando a los jóvenes que ya no se relacionan más que a través de las pantallas aunque se tengan al lado, el trabajo colaborativo que impulsamos con teletrabajo diario va en esta línea. Unas colaboraciones ágiles, con comunicaciones más cortas y específicas, aportando el trabajo, no la relación. 

Se pierden las relaciones sociales, las comunicaciones menos formales de las que salen muchas ideas y cooperación, y también el apoyo emocional en el día a día. Compartir alegrías y penas laborales también impulsa el buen desarrollo de los grandes equipos y del trabajo. El clima laboral ahora es el clima de tu casa o el generado en la reunión virtual.

Falta de seguridad. ¿El ordenador es el de la empresa o es el que tienes en casa? ¿Lo usas solo tú o lo compartes con tus familiares? La ley de protección de datos queda vulnerable ante situaciones en las que se comparten equipos. Un robo puede suponer un gran problema para la empresa. Hay crackers que aprovechan cualquier filón para colarse y la responsabilidad es enorme.

Ya que. El “ya que” sirve para no parar de trabajar y dedicar aún más tiempo que el que dedicabas cuando ibas a la oficina. También aprovechamos el “ya que” para asumir más trabajo porque como tú estás con ese tema, quien mejor que tú. Aunque hablamos más que nunca por teléfono, nos cuesta cogerlo. Resolvemos antes haciéndolo nosotros y pedimos ayuda solo si es necesario.

Lidiar con la frustración. Quiero hacer y no puedo porque me falla la conexión, porque no sé utilizar correctamente estos nuevos sistemas de comunicación virtual, porque tengo otros distractores en casa que no me permiten dedicar todo el tiempo que me gustaría o que no me dejan concentrarme, porque no puedo compartir con nadie lo que me sucede, porque nadie está pendiente de mí…

Ante estas situaciones forzosas de teletrabajo, la emocionalidad de las personas se ve muy afectada. Los líderes han de ocuparse de sus equipos y estar aún más cerca, dar feedback más continuo y saber qué les ocurre. Conocer, facilitar, enfocar y acompañar son las palabras clave de esta nueva normalidad.

Obligar a teletrabajar no es un beneficio social al que acogerse y no todo el mundo lo lleva igual de bien. ¿Sabes cómo lo llevan las personas de tu equipo? ¿Qué has ido aprendiendo en este tiempo de teletrabajo para mejorar y que se convierta en una alternativa viable y cómoda para las personas? ¿Cómo compensas los déficits que ofrece? Reflexiona sobre ello y encuentra la mejor opción para tus equipos. 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

29 julio, 2020

Querido compañero,

¿Cómo te preparas para tener una reunión virtual?

Es cierto que las reuniones cara a cara han sido la forma natural y hasta ahora más eficaz de comunicarse; sin embargo, cuando se trabaja para una multinacional o en empresas con empleados que están dispersos por todo el mundo, las llamadas reuniones virtuales son la mejor o la única opción.

Además, tras el confinamiento por la pandemia en España, más de tres millones de personas se han visto abocadas a trabajar desde su domicilio y a utilizar con frecuencia las videollamadas. Ya hay encuestas con datos analizados sobre ellas, como una realizada a más de 400 personas y llevada a cabo por Natalia Gómez del Pozuelo, que recoge las siguientes conclusiones:

  1. La edad no es un factor clave en la percepción de las videollamadas.
  2. Lo que más molesta son los problemas técnicos.
  3. Las videollamadas nos cuestan más esfuerzo y energía que las reuniones presenciales.
  4. Impone más una sala llena de gente que una cámara.
  5. La principal diferencia entre una reunión presencial y una videollamada es que se pierden los gestos y parte de la comunicación no verbal.
  6. Nos vestimos de manera más informal para una videollamada.
  7. Para las videollamadas de trabajo se utiliza más el interior que en las de ocio.
  8. Lo que más nos gusta hacer por videollamada es asistir a cursos y a conferencias.

Sabemos que haciendo reuniones virtuales “efectivas” ahorramos tiempo, dinero y energía, pero no se pueden hacer de cualquier manera porque sigue estando en juego tu imagen y profesionalidad. No todos lo están teniendo en cuenta. Además, la comunicación verbal se maximiza y, salvo que nos distraigamos, los participantes están más pendientes de todo lo que sucede en la reunión.

Te comparto algunas reglas fundamentales para lograr realizar reuniones virtuales exitosas:

  1. Es esencial tener una adecuada iluminación. Carlos González Armesto, fotógrafo especializado en retrato y moda, explica que la luz debe ser siempre frontal, porque ilumina de forma uniforme la piel y los rasgos. Nunca cenital ni proyectada desde abajo, porque crearía un efecto tenebroso. “Sea natural o artificial, la luz siempre debe venir de frente. No es aconsejable tener una ventana detrás, porque crea contraluz, se ‘quema’ el fondo y la cara aparece recortada. Tampoco colocar fuentes de luz a los lados, porque provocarían sombras en el rostro. Una buena idea es emplear una mesa blanca o aprovechar la luz del portátil, incluso subiendo su intensidad; lo que añade claridad y mejora el resultado”. Esa luz fría es fantástica, añade, si es más cálida se ve más amarillento el tono de la piel. Tom Ford, el prestigioso diseñador y cineasta, sugiere un truco que a él le gusta utilizar en estos casos: añadir una lámpara alta junto al ordenador en el lado del rostro que consideremos más favorecedor. Debe estar alineada y ligeramente detrás del portátil.
  2. Cuidar el fondo de la imagen. Utilizar un fondo nítido, limpio y poco recargado. Naturalmente, si uno tiene un espacio fantástico en el hogar y quiere mostrarlo, adelante, pero ante la duda, mejor minimalismo que un fondo recargado. Favorecen los fondos claros y no son favorecedores los tonos oscuros o los colores estridentes. Menos es más, sé elegante, desde el respaldo de tu silla hasta la taza o vaso forman parte de ti y de lo que quieres comunicar.
  3. Cuidar y colocar la cámara. Antes de nada, es importante limpiar el objetivo, después colocar a una posición adecuada la cámara, medio metro evita la deformación del rostro. La cámara debe estar colocada mínimo a la altura de los ojos, si la cámara enfoca desde abajo provocaremos el efecto papada. Además, al colocar bien la cámara evitaremos cabeza deformada o sombras en el rostro.
  4. Preparar y cuidar la imagen. No vale todo, van a verte, así que arréglate, cuida tu imagen y vístete adecuadamente, según el tipo de reunión que vayas a tener. Usa colores sólidos favorecedores cerca de la cara y puedes exagerar un poco más el maquillaje, la cámara atenúa el efecto, no se ve tan recargado como al natural. No olvides sentarte en una postura cómoda con la espalda recta y los hombros no caídos, de esta manera parecerás más tranquilo y no te sentirás incómodo.
    • Es relevante el cuidar todo lo referente a tu comunicación verbal: modula, vocaliza y cuida el volumen a la hora de hablar.
    • Antes de entrar en la reunión comprueba cómo te ves, revisa los elementos técnicos como el sonido, la iluminación, batería del dispositivo…, evita entrar en polémica, que en pantalla no hagas referencias a temas polémicos, como fútbol, religión o política (no se trata de mentir sino, son solo características básicas de etiqueta)...
    • Según sus estudios de Amy Cuddy permanecer dos minutos en una postura poderosa hace que se reduzcan los niveles de cortisol (hormona del estrés) y se incrementen los de testosterona, la hormona que nos hace reaccionar ante el estrés. Te recomiendo que, si no te sientes cómodo hablando en público o estar frente a una cámara, antes de sentarte frente al ordenador adopta una postura de poder durante dos minutos.
  5. Evitar distracciones y mantener la concentración. Es importante conseguir un buen nivel de concentración. Puedes lograrlo de muchas maneras, algunas de ellas: Elige un espacio apropiado en tu casa, lejano de las distracciones, evitando los ambientes comunes de la casa. Mantén el contacto visual. Deja de ver o leer otras cosas que no sean propias de la reunión (no te distraigas con el móvil, ver otras noticias o artículos…).   Aprende a utilizar la herramienta que vas a utilizar para realizar la reunión virtual, si la conoces, te distraerá menos. Realiza reuniones virtuales cuando sea necesario, seguramente algunas se pueden evitar con un correo electrónico, mensajes de WhatsApp, mensaje de texto… Evita que en el espacio en el que vas a realizar la reunión haya ruidos, los ruidos crean distracciones, utiliza auriculares, cierra ventanas…
  6. Respetar la palabra y hablar por turnos. Es muy importante respetar el turno de palabra de cada una de las partes que estén dialogando, facilitando de esta forma el entendimiento de las posiciones que se exponen, para llegar a conocer los argumentos de cada participante. Evita las interrupciones, que unas pocas personas acaparen la conversación o que hablen todos a la vez, incluso silenciar el micrófono, si no estás hablando.

Además, os dejo otras claves que ya he explicado en otro artículo sobre 10 Claves para realizar una reunión efectiva

Con el fin de afianzar lo explicado te anexo un vídeo explicativo sobre las reuniones virtuales:

https://www.danielcolombo.com/13-tips-para-hacer-reuniones-productivas-on-line-por-daniel-colombo/

Después de lo que acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para mejorar tus reuniones virtuales?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

28 julio, 2020

Una guía para gestionar equipos donde figuran los aspectos que el mejor equipo del mundo cumple para ser eficiente, mantener la motivación, tener el máximo desempeño y trabajar con la mayor satisfacción, aprovechando el talento de todas las personas que componen el equipo para alcanzar los objetivos deseados e ir más allá.

¿Qué inspiró a Raquel para escribir este libro? En primer lugar, su trabajo con Milagros García, su socia en 2miradas. Su nivel de entendimiento, cómo trabajan en equipo y lo bien que funcionan, le hizo reflexionar y analizar esta forma de trabajo y extraerla para plasmarla en una obra. Se dio cuenta de que no era suficiente tener una misión común para formar el mejor equipo, había mucho más que hacía que funcionara. Por otro lado, además de sus experiencias en otros proyectos profesionales y observando equipos que trabajan muy bien y que no funcionan también, en el plano personal lleva 24 años haciendo también un maravilloso equipo con su pareja Ricardo.

Concluyó que, tanto en un equipo profesional como uno personal, en el fondo, las ideas que se recopilan en este libro, funcionan en todos los ámbitos.

¿Por qué un libro ilustrado? En el proceso de observación de equipos para descubrir los secretos del mejor equipo, apareció la idea de que el libro estuviera ilustrado y empezó a pensar que a veces los conceptos más abstractos se asimilan mejor con ilustraciones y se ofrecen dos lecturas, una del texto y otra de la ilustración al hilo de este texto. Para ello se contó con la mano del ilustrador Miguel Can.

Imagen de Miguel Cans para el libro "El mejor equipo del mundo", de Raquel Bonsfills.
Imagen de Miguel Cans para el libro "El mejor equipo del mundo", de Raquel Bonsfills.

¿Con qué se debe quedar el lector tras la lectura del libro? Este libro es una guía de ideas que nos lleva en primer lugar a una reflexión. Por ejemplo, la primera idea es "alegrarse de verse". ¿Cuántos de los lectores se alegran de ver a las personas de su equipo cada día cuando llegan? Cuando trabajas bien con alguien, te alegras de verle. En este libro se muestran claves de este tipo, descubrirás cómo son, cómo se relacionan y comportan las personas del mejor equipo del mundo.

Puedes adquirir una copia del libro pinchando aquí.