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11 abril, 2021

La situación y el simple avance en las telecomunicaciones, o la deslocalización del trabajo, hace que cada vez más la selección de personas se realice vía telemática, con entrevistas virtuales o videoconferencias.

Entrevistas de trabajo telemáticas

Ya os hemos hablado en anteriores artículos de cómo prepararse para una entrevista, prepararte, conocer el puesto, la empresa, llegar con tiempo, etc. Muchas de estas cuestiones son muy relevantes en las entrevistas telemáticas, pero aquí vamos a abordar algunos temas a tener en cuenta en las entrevistas virtuales, a diferencia de las entrevistas presenciales.

Cuestiones a tener en cuenta en las entrevistas telemáticas

  • Preguntar cómo será el procedimiento a seguir para la entrevista virtual. Cuando te llamen para la entrevista, si no te lo dicen directamente, pregunta cuál será la herramienta a utilizar durante la entrevista: Skype, Facetime, Zoom, Teams… Asegúrate de preguntar si serán ellos quienes te envíen una convocatoria para la entrevista o qué necesitan para localizarte, un usuario, un correo electrónico, etc. Anota la fecha y hora en tu agenda, prepara y familiarízate con la herramienta que te hayan indicado para la entrevista. 
  • Cuida tu imagen incluyendo la parte que no se va a ver en la pantalla. La mayoría de las personas se preocupan solo en la parte que se supone que se va a ver, es decir, se ponen una camisa o una chaqueta, se peinan, se maquillan… igual que si fueran a ir a una entrevista presencial y descuidan los pantalones, pudiendo ir en pijama incluso. Sin embargo, no será la primera vez que en medio de la entrevista llaman a la puerta, o se desconecta algo y hay que levantarse. Entonces, se te verá todo lo que no hayas previsto que se podía ver, dejando una no tan buena imagen. 
  • Busca un lugar en el que puedas estar tranquilo. Normalmente las entrevistas son concertadas con antelación, por lo tanto, no hay excusa de que te pille en la calle, que haya obras en la vivienda de al lado, que aparezca tu madre, tu hijo o tu pareja pasando por detrás tras salir de la ducha. Los ruidos o las interrupciones harán que se distorsione la comunicación dificultando tu atención y la del entrevistador de lo importante. 
  • Avisa a los demás de que es un tiempo de privacidad. Si no te queda otro remedio que estar en casa con otras personas, ínstales a estar en silencio, a dejarte un tiempo para ti, y que les avisarás en cuanto se acabe la misma para que puedan seguir con su actividad normal. Y si espontáneamente se te colara alguien en la entrevista, tu reacción también va a ser evaluada por tu entrevistador. Así que lo mejor es tomártelo con humor, pedir disculpas y contestar de buenas formas a quien te interrumpió que le atenderás después. 
  • Comprueba anticipadamente que tienes buena conexión a internet. Las entrevistas virtuales, así como cualquier videoconferencia, son muy susceptibles a la calidad de la conexión. Por eso, asegúrate que estás en un lugar con una receptividad adecuada de red para evitar posibles caídas de la llamada. Y si pasase cualquier incidente con la conexión, sé consciente que el entrevistador lo anotará como tu forma de resolver conflictos. Así que, responde de forma tranquila y diligente.
  • Prueba el vídeo y el audio. Lo habitual cuando se hace una entrevista virtual es que se ponga la cámara. Se suele desconfiar cuando el candidato no puede o da excusas para ponerla, ya sea porque no tiene o porque no le funciona. De nuevo, como lo sabes con tiempo, busca las alternativas para poder tener un ordenador con una cámara que funcione. Y también asegúrate que se escucha bien el audio. Puedes probar llamando a un amigo para asegurarte que se te oye bien. En muchos ordenadores se escucha mucho mejor si te pones auriculares. Conéctate antes para poder tener todo a punto. Ah! y recuerda tener el ordenador enchufado a la red, ¡no vayas a quedarte sin batería!
  • La luz de la habitación. Es recomendable que tengas una luz frontal, para que se te vea adecuadamente, que no estés a contraluz (de espaldas a una ventana) y si tienes la luz a un lado, asegúrate que no te deja muy en sombra la cara. Si eso sucediera, pon una lámpara de mesa detrás del ordenador para que te proporcione una luz más frontal.   
  • El fondo habla de ti. El orden que tengas en la habitación o sala en la que te encuentres, va a dar pistas al entrevistador sobre cómo eres, qué te gusta o lo cuidadoso que has sido para atender la entrevista. Imagínate que eres forofo de un equipo de fútbol, y detrás de ti están posters, bufandas, etc. de ese equipo. Puede que al entrevistador le guste ese equipo y eso genere lo que se conoce como efecto halo positivo, que por eso ya te mire con buenos ojos; sin embargo, si el entrevistador fuese seguidor del equipo rival, se generará el efecto contrario, el halo negativo, y superarlo te va a costar un poquito más. Evita utilizar fondos virtuales o poner el fondo borroso con el programa, da una sensación de ocultación y falta de sinceridad que no te va a beneficiar. 
  • Tu expresión no verbal también cuenta. Expresiones faciales, tono de voz y mirada son esenciales. Sonríe. Aunque creas que como solo se te ve la cara no hace falta que muevas las manos para hablar, recuerda que todo tu cuerpo habla de ti y transmite tu energía. Si estás paralizado, lo que hables sonará menos entusiasta y apasionado que si mueves el cuerpo acorde al mensaje que estás emitiendo. Por eso, si puedes separar un poco la pantalla de ti para que se te vea un poco más de torso, será mucho mejor para expresar con coherencia los mensajes que vas a hacer llegar a tu entrevistador. 
  • Las emociones traspasan la pantalla. Es posible que te hayas dado cuenta de que cuando escuchamos a alguien cantar en la televisión a veces como que te llega, incluso se te pone el vello de punta, y otras veces es como que se te queda distante o fría la música. En las entrevistas personales a través de la pantalla pasa igual. La energía que proyectamos, nuestra forma de ser, nuestra alegría o los nervios a través de la pantalla también pueden llegar o no. Hay un obstáculo entre los dos y solo siendo nosotros mismos, en coherencia, podremos parecer auténticos y confiables. Por eso, si algo te apasiona, que se note. Expresa tu alegría, tu interés, remárcalo, pero no hace falta exagerar. Si algo te genera dudas, es mejor decirlo o pedir explicaciones que quedarse con una mala cara en la pantalla del ordenador. Conseguir el efecto de cercanía puede ser clave para la decisión final. 
  • Mira a la cámara, no a la pantalla. Si estás mirando a la pantalla en la que te estás viendo a ti puedes despistarte al entrar en pensamientos sobre cómo te ves a ti mismo, si te despeinaste o que tienes el cuello torcido. Cuando te miras a ti, el otro no notará el contacto visual y será más difícil conectar. Por eso, mira a la cámara para llegar mejor con tu comunicación a tu entrevistador.
  • Mejor sin mascarilla porque bajará nuestro tono de voz y dificulta la comunicación. Solo si estás en un lugar público haciendo la entrevista la deberías llevar, pero lo normal es que, al buscar ese espacio tranquilo, ya no necesites tenerla puesta. Además, el entrevistador podrá verte y conocerte mejor. 
  • Espera unos segundos entre la pregunta y la respuesta. A veces las conexiones a través de videollamada generan cierto retardo en la comunicación, por lo que deja un leve tiempo entre las intervenciones de uno y otro a lo largo de la entrevista.
  • Otra posibilidad que te ofrece la entrevista virtual es la de tener un cuaderno al lado en el que poder anotar lo que te ofrecen o las posibles preguntas que quieras hacer al entrevistador. 

Con todo lo que te he compartido, ¿qué cosas vas a tener en cuenta para preparar tu próxima entrevista virtual? Recuerda que podemos ayudarte y entrenarte para mejorar tus entrevistas, CV, tu comunicación…

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

 

Puedes hacer mil cursos, leer cuarenta libros, pero si no pones en práctica nada, nunca mejorará tu motivación, ni tu bienestar.

Cada año hacemos formaciones en empresas y muchas de ellas piensan de verdad en qué pueden hacer por sus equipos, qué necesitan y qué los puede preparar para el futuro, que les permita aprender alguna clave o alguna técnica nueva para que funcionen mejor como equipo o individualmente, mejorando su productividad y resultados.

Los que nos dedicamos a capacitar a las personas, sabemos que una formación no siempre va a ser suficiente. Sobre todo, cuando hemos de conseguir desarrollar una habilidad.

Muchas veces, salvo que sea una cuestión técnica, práctica, por implementación de un nuevo sistema o procedimiento, los jefes de equipo no hacen ningún tipo de seguimiento sobre todo lo aprendido durante la formación. Y luego, puede que lo queramos evaluar en su desempeño.

Hoy en día, las tendencias indican la necesidad de recuperar las habilidades blandas, también de formar en habilidades para afrontar las nuevas necesidades tecnológicas del puesto (upskilling) y en competencias que permitan a la persona reubicarse en otro puesto o área de la empresa (reskilling).

Capacitar en habilidades y competencias no se consigue dando una píldora formativa. Se consigue dando a la persona vitaminas para que su competencia crezca, se nutra, se desarrolle fuerte y se note en su capacitación y acción. Lo que lleva tiempo.

Por eso, más que nunca, necesitamos planes de formación a largo plazo, acompañamiento en el desarrollo de los profesionales que dedican su tiempo en nuestras empresas para poder mantenernos en el tiempo con la mejor empleabilidad posible.

Esto va a repercutir en una mayor satisfacción de los colaboradores porque se sienten:

  • Atendidos en sus necesidades reales de formación, las que de verdad van a requerir.
  • Acompañados y no dejados a su suerte tras un día de formación. Hay continuidad en el tiempo.
  • Apoyados por los responsables directos, que harán parte de ese seguimiento de sus capacidades. Y apoyados por la empresa que pone los medios a su alcance para poder desarrollarse dentro de la misma.
  • Reconocidos por los avances logrados.
  • Recompensados por el esfuerzo y el tiempo dedicado a su mejora continua.
  • Empoderados por todo lo aprendido e interiorizado.
  • Etc.

Por eso, como líderes, responsables de equipos, personal de RRHH, gestores de la formación, todos hemos de plantearnos una serie de aspectos de cara a ofrecer formación a nuestros equipos:

  • Para qué quiero formar a las personas. Sí, parece obvio. Sin embargo, este objetivo suele quedar diluido porque no llegamos a consolidarlo con los cómo lo voy a lograr. Sobre todo, si el para qué es el desarrollo de una habilidad, y no solo la adquisición de un conocimiento.
  • Qué forma será más efectiva. A veces la formación es la elegida, otras veces es mejor buscar un mentor, o hacer coaching.
  • Plantear cómo a largo plazo, seguimiento adecuado para valorar el aprendizaje, el desarrollo de la habilidad o de la competencia. Si la elección fue coaching o mentoring, va implícito en el proceso, pero si se hace mediante formación, hemos de valorar también ese seguimiento.
  • Quién evalúa el desarrollo. De nuevo, si hay un mentor o coach, puede ser él quien evalúe el proceso y la capacitación de la persona. Si es una formación la vía elegida, puede pedirse al proveedor de la formación que haga dicho seguimiento o puede ser el responsable directo quien tenga la formación necesaria sobre cómo hacer dicha evaluación. Si no sabe qué hay que conseguir, en qué se tiene que fijar, qué aspectos han de ser visibles, qué indicadores son importantes reconocer, … difícilmente se hará una buena evaluación. Hemos de evitar la subjetividad. También el propio evaluado tendrá que evaluarse y ser capaz de reconocer sus avances.
  • Reconocimiento y/o recompensa. Todo esfuerzo ha de ser valorado para aumentar el compromiso y la motivación. Necesitamos darnos cuenta de que se van alcanzando objetivos, que la meta está cada vez más cerca. Cada paso tendrá su premio, que no tiene por qué ser económico. Esto es importantísimo a nivel de nuestro cerebro, para mantenernos enfocados e ilusionados con el cambio y que, de verdad, se llegue a dar para no perdernos por el camino.

¿Cuántas veces pides a tu equipo que te cuente cuál es su plan de acción tras volver de una formación para llevar a la práctica lo aprendido? ¿O es que le mandaste a la formación para pasar el rato? Como no queremos tirar el dinero de la organización y vamos a querer siempre ofrecer formaciones que sean beneficiosas para el bienestar de los colaboradores y para la mejora del rendimiento de los mismos, hemos de bajar a la práctica y acompañar en la implementación de los aprendizajes y del conocimiento adquirido en las formaciones.

¿Qué vas a comenzar a hacer? ¿Cuántas formaciones necesitas para desarrollar la habilidad que estás aprendiendo? ¿En cuánto tiempo se adquiere esa habilidad? Es mejor leer un libro y extraer el aprendizaje para el día a día que leer veinte libros y que se quede en la cabeza.

Mucho ánimo. Estamos en continua evolución y aprendizaje, así que esto es solo el apoyo que necesitas para que se note todo lo que sabes.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

15 marzo, 2021
Qué hacer durante una entrevista

Querido compañero,

¿Qué dices durante una entrevista? ¿Cómo te comportas durante una entrevista?  ¿Cuál ha sido el resultado tras realizar una entrevista?

Seguramente que tras acudir a alguna entrevista de trabajo has sentido que podías haberlo hecho mejor o que te han faltado cosas que decir o que estabas muy nervioso y no has demostrado tu valía para el puesto ofertado o que no has obtenido toda la información para tomar una decisión en caso de que te llamen como candidato idóneo…

En mi anterior artículo ya te hablé de cómo ir preparado a una entrevista, hoy me gustaría compartirte algunas claves para abordar de la mejor manera las entrevistas de trabajo:

  1. Ve solo a la entrevista, no vayas acompañado. Aparecer en la entrevista acompañado de amigos, padres, familiares, da imagen de poca independencia e iniciativa. Evítalo.
  2. Apaga tu teléfono móvil o siléncialo. Siempre que acudas a una entrevista de trabajo asegúrate de tener apagado el teléfono móvil, ya que podría sonarte en mitad de la conversación y esto te pondrá nervioso o te distraerá y provocará una situación incómoda.
  3. Llega sonriente y tranquilo, que lo primero que vea tu entrevistador es una sonrisa, que eres una persona agradable, que le puedes caer bien, que sabes estar y que puedes transmitir confianza. Por supuesto, establece contacto visual cuando veas por primera vez a tu entrevistador.
  4. Saluda cordialmente. El saludo óptimo sería con un con un apretón de manos que transmita seguridad, mano recta y con una ligera presión en el saludo (ni flojo, ni demasiado firme). Si la situación no permite un apretón de manos, haz un gesto cordial, por ejemplo, llevándote la mano derecha al pecho.
  5. Si donde vas a hacer la entrevista observas que se guardan las medidas de seguridad por la Covid’19 de: distancia, higiene en las manos, ventilación… y el entrevistador te sugiere hacer la entrevista sin mascarilla, tómatelo como una oportunidad y un beneficio, podrás mostrar tu sonrisa y todos los gestos agradables de tu cara, no entres en pánico si te sientes seguro.
  6. Participa en la conversación previa a la entrevista. Está demostrado en numerosos estudios que la primera impresión impacta decisivamente sobre el resultado final. Esta primera charla puede crear la afinidad necesaria para que se genere esa química que caracteriza a todas las relaciones.
  7. Cuida tu postura. Siéntate recto en la silla, que los pies estén en el suelo y que se te vean las manos en todo momento, manos abiertas o entrecruzadas. Mostrar las palmas de tus manos es una muestra de sinceridad, mientras que presionar unos dedos contra otros entrecruzándolos indica confianza.
  8. Es muy importante durante toda la entrevista la escucha y no interrumpir al entrevistador. Escucha bien lo que te están preguntando, pues hay veces en las que comenzamos a responder con información irrelevante o monosílabos, sin dejarle terminar su pregunta, pecando de impulsividad, lo que te llevará a meter la pata.
  9. Cuida en todo momento tu lenguaje. Un discurso expresivo, con modulaciones en tono y volumen, además de hacer pausas mínimas, aumenta la credibilidad y transmite una sensación de inteligencia. No hables deprisa, habla siempre con claridad, confianza y seguridad. Además, no mientas, pues si lo averiguan estás descartado automáticamente. Dirígete a tu entrevistador por su nombre, esto demuestra interés. Siempre que puedas señala que realmente es el trabajo que estás buscando, convence al reclutador de que te apasiona ese puesto, que tu preparación te hace la persona perfecta para él y que, si te contratan, vas a dar lo mejor de ti por la empresa.
  10. Vigila tu comunicación no verbal. Gesticula lo necesario para reforzar tus argumentos. No mires constantemente el reloj porque da imagen de ansiedad y de que se tienen cosas más importantes que hacer, no te comas las uñas o muevas un objeto entre las manos continuamente o te cambies a menudo de postura en la silla… estas acciones dan muestra al entrevistador de estrés o nervios. No cruces los brazos ni las piernas porque suelen demostrar desaprobación. Cuida tus gestos exagerados o los movimientos bruscos con las manos, si te mueves demasiado puedes transmitir o provocar nerviosismo. Mira al entrevistador a los ojos, con esto trasmites confianza y seguridad.
  11.  Haz preguntas especialmente cuando acabe la entrevista. No pierdas esta oportunidad para demostrar que te interesa la empresa y que quieres conocer más detalles del puesto al que quieres optar.
  12. Agradece la oportunidad que te han dado por tener la entrevista. Despídete del entrevistador agradeciendo la oportunidad que te han dado, procura sonreír y mirarle a los ojos. Debes darle un apretón de manos (si se puede), y despedirte con un estado de ánimo tan positivo como el que tenías al saludarle inicialmente. Halaga a la organización y al entrevistador, ya que indican tu entusiasmo ante la oportunidad de trabajar en la empresa.
  13. Mejora cada entrevista. Para ello es necesario que tras la entrevista escribas los detalles de la misma y que anotes los puntos en los que crees que debes mejorar y los puntos en los que consideras que todo fue bien.
  14. Guarda los datos de tu entrevistador en la agenda que lleves para tu búsqueda de empleo. Nunca sabes dónde te vas a volver a encontrar con la misma persona. 
  15. Si no te eligen, sigue adelante. Una entrevista no es el fin, es solo un paso más. Persigue tus sueños, sigue enfocado en el puesto que deseas y para lograrlo trabaja tu automotivación y no te desanimes.

¿Se te ocurren otras formas de cómo hacer una exitosa entrevista? 

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para mejorar tus entrevistas?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

22 febrero, 2021

"Ojalá un día te veas como yo te veo a ti" ¿Alguna vez alguien te ha dicho esto? ¿Alguna vez has dudado de tus capacidades o no has visto fortalezas que otros te han dicho que poseías?

Como nos ven los demás no suele ser como se ve uno mismo, salvo que se haga un gran trabajo de autoconocimiento personal, y aún así, nos seguiremos sorprendiendo por lo que alguien diga de nosotros en un momento dado.

En esas opiniones influyen numerosos factores, entre otros:

  • Autoestima. Aquí está una de las principales claves. Si tengo una buena autoestima, creeré en mí más y me afectarán menos las críticas o comentarios que otros puedan hacer de mí, porque sabré cuándo son constructivas y cuándo son simplemente comparación, desprecio, juicio, envidia o ataque. Mientras que los comentarios positivos servirán de reconocimiento y reafirmación de nuestras capacidades.  
  • Autoconcepto. Es como pensamos que somos. Suele ser más objetivo y empírico, aunque a veces busquemos cumplir el efecto Pigmalión (sobre lo que decimos que es, buscaremos las señales que nos confirmen esa creencia).
  • Proyecciones. Lo que los demás proyectan de sí mismos con cada opinión también influye, porque ante una misma situación, por ejemplo, un error laboral, una persona que está enfadada verá que no haces bien tu trabajo, mientras que una persona más optimista verá que tienes posibilidades de mejora o sacará lo que cree que sí haces bien. 
  • La autoridad que deposito en la persona que lo dice. Si la persona que me hace un comentario es mi mejor amigo, mi jefe, mi madre, un erudito en una materia… solemos darle una autoridad a su criterio muchas veces por encima de la nuestra propia. Lo alabamos en lo que nos decimos a nosotros mismos: “lo dice porque sabe más”, “lo dice porque me conoce mejor que nadie”, “lo dice porque me quiere”.
  • El momento. No siempre estamos preparados para entender o, más bien, integrar lo que nos están queriendo decir. A veces, hemos dicho a alguien que es brillante en algo y la persona no se lo ha creído, pero llega un día que es como si lo escuchase por primera vez. Cuando esto nos pasa, ponemos atención y nos hace un click interior que es como si de repente lo supiéramos, con certeza absoluta. O al menos, algo dentro de nosotros está diciendo: ¡Sí! Aunque ve con prudencia y sigue alerta para terminar de verificarlo hasta creértelo.

Necesitamos descubrirnos

Todo ser humano tiene múltiples capacidades, virtudes, facetas, caras más amables y caras más oscuras. 

Muchas veces nos vendamos los ojos y no nos queremos ver en el espejo porque puede que nos dé miedo decepcionarnos de lo que la imagen nos muestre, porque sabemos que si lo hacemos seremos muy autocríticos, porque pensemos que no vale la pena o porque no nos reconozcamos. No querer vernos, nos lleva a tampoco saber encontrar nuestro potencial, nuestro talento ni nuestro brillo personal. Si no miras, no verás: ni lo malo, ni lo bueno. 

Hay personas que tienen un ojo especial para descubrir el brillo de los demás. Incluso Gallup lo incluye entre su lista de talentos. Muchos seleccionadores de Recursos Humanos han aprendido a desarrollarlo, pero no es algo exclusivo del ámbito laboral. Saber ver lo bueno que hay dentro de cada persona con la que nos encontramos, con cada amigo o miembro de nuestro equipo, o tener a una persona profesional del desarrollo personal y marca personal que sepa potenciarlo y orientarte, es cada día más importante. 

El mundo nos necesita con todas nuestras capacidades y potencialidades. Salir adelante de situaciones difíciles requiere de dar lo mejor de nosotros. Necesitamos dejar de ver lo negativo para comenzar a ver lo positivo. Necesitamos creernos las altas capacidades que tenemos

Necesitamos confiar

Necesitamos confiar en lo que sabemos, mucho o poco, es lo que nos ha enseñado la experiencia. Y los que tenemos esa capacidad de ver más allá de la superficialidad de los comportamientos de las personas, los que podemos levantar a los que se caen, los que podemos capacitar a quienes lo necesitan, cada uno desde su posición, hemos de volcarnos en ayudar a abrir los ojos a cada persona para que la respuesta a esa frase de “ojalá te vieras como yo te veo” sea sin más: “gracias, ya me veo”.

Hemos de aprender a vernos con una mirada más bondadosa, con amor hacia uno mismo y hacia los demás, con objetividad, con visión de futuro sobre la que proyectarnos y hacia la que avanzar. 

Brillar comienza por uno mismo 

Para brillar solo hay un comienzo: el autoconocimiento y el reconocimiento. Después necesitarás marcarte un objetivo, entrenamiento, práctica, mejora continua, crear o detectar oportunidades, creatividad, estrategia, un plan de acción y querer ser más feliz. 

Dar el paso a la introspección no es fácil, pero el resultado es, sin duda, enormemente satisfactorio. Es un viaje desde dentro de nosotros, desde nuestra esencia, hasta donde queramos llegar. Elige ser tu mejor versión y muéstrasela al mundo. El mundo te necesita. 

¡Permítete brillar! Date la oportunidad. Y recuerda, tu luz, ilumina a los demás. 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills 

8 febrero, 2021

¿Te ha pasado que te has tenido que morder la lengua porque si no hubieras dicho cosas de las que después seguro te arrepentirías? ¿Has mirado para otro lado como disimulando para que no se te notara lo que sentías o incluso lo que pensabas? ¿Estabas aguantando mientras querías estar en otro sitio, haciendo algo diferente? ¿Has querido ser en algún momento como Sharon Stone en Instinto básico, impertérrita y respondiendo con una serenidad y aplomo, como si lo que ocurre a tu alrededor fuese lo más normal del mundo?

Los estudios de protocolo y la convivencia social en armonía nos dicen que hay momentos en los que hemos de cuidar nuestra compostura. En numerosas ocasiones sentimos y pensamos que no es el momento adecuado para decir o hacer lo que nos apetece decir o hacer. 

Como dice una querida coach, hay ocasiones en que algo “no toca”. Y decir “no toca” muchas veces es la gran herramienta que nos permite dejar para luego lo que en este instante puede que me limite, distraiga de lo importante o perjudique.  Por ejemplo, si estoy trabajando en Atención al cliente y tengo un pensamiento sobre un cliente que me revuelve. Mi instinto probablemente me lleve a tratarle mal, o regular, o a lo mejor no tan mal porque somos muy profesionales pero seguro que no tan bien como lo haríamos con otra persona que nos resulta más agradable. Sin embargo, si somos capaces de aplicar el “no toca hacer caso a este pensamiento o sentimiento ahora”, podré atender mucho mejor a esa persona. 

En cuestión de instintos, los que nos resultan más conocidos son los biológicos. Por ejemplo, si estás sintiendo ganas de ir al baño es muy difícil hacer como si no pasara nada y obviarlo. Sin embargo, nuestro cerebro es muy bueno y si le distraes o si de repente pasa algo que te obliga a concentrarte en ello, es muy probable que se te pase. Igual ocurre cuando tenemos hambre. 

Paradójicamente, es curioso que solemos ignorar las señales de nuestro cuerpo. Si estoy liado con algo se me olvida comer. Si me lo estoy pasando bien o me engancho a una peli me puedo acostar a las mil. ¿Acaso no tuvimos hambre o sueño? Sí, pero aprendimos a practicar el “no toca” de forma inconsciente. Es decir, sabemos hacerlo. Sabemos hacer caso a nuestros instintos y sabemos obviarlos, a veces conscientemente y a veces inconscientemente.  

Ahora bien, cuando queremos estar en otra parte, cuando nuestro instinto está llamando nuestra atención, nuestra comunicación no verbal nos suele delatar con pequeñas micro señales de incoherencia, que ojos expertos y no tan expertos son capaces de detectar. 

Lo interesante de los instintos es que están relacionados con la parte más animal de nuestro ser. Y lo mismo que en esta imagen esta preciosa perrita ha aprendido a esperar la señal para poder ir a jugar, o para poder moverse porque sus patitas tienen frío, nosotros también podemos aprender a manejar nuestra vida teniendo en cuenta que poseemos instintos que van a darnos señales y que, ahí ya sí, nuestra parte racional, nos ayudará a discernir cómo manejarlas. 

A veces pienso que tener la cabeza bien amueblada ayuda a que cuando te muestras absolutamente espontáneo lo que salga de ti sea coherente y no estridente. Para ello es importante conocerse y ser auténtico. Cuando hacemos las cosas por aparentar, por disimular, nos suelen pillar, antes o después. 

Reglas para mantener la compostura

Por eso, quiero regalarte unas cuantas reglas para que seamos más conscientes y a la vez podamos mantener las composturas que a veces “nos toca” mantener:

  • Escucha a tu cuerpo, es sabio, tanto para avanzar como para frenar.
  • Obsérvate y observa la situación en la que te encuentras, como desde arriba, como si te vieras en una película.
  • Analiza las posibilidades de dar rienda suelta a tus instintos. ¿Es el momento? ¿Qué pasaría si…? ¿Es tan grave?
  • Enfócate en lo que sí toca en ese momento. Elige.
  • No ignores lo que sientes, solo haz saber a tu cuerpo y a tus emociones que lo atenderás cuando sea más conveniente.
  • Respira. Respira. Para y respira más despacio. 
  • Cultiva tu serenidad mental y equilibrio emocional.
  • Comunícate con asertividad cuando necesites expresarte.
  • Conócete, reconoce tus comportamientos, los que te gustan y los que no, porque también forman parte de ti.
  • Cuídate. Desde las 4 partes del ser humano.
  • Valórate y quiérete porque es la única forma de respetarte tanto como lo vas a hacer con los demás, y te hará entenderles mejor. 
  • Los demás también están ahí, no estás solo en el mundo y se ven afectados por tus comportamientos y decisiones. Tenlo en cuenta. 
  • Enderézate, levanta ligeramente la cabeza, pon una sonrisa en tu cara y sigue adelante. ¡Tú puedes! 
  • Comprueba que tienes mucha más capacidad para adaptarte a lo diferente de lo que crees.
  • Reconoce que eres una persona completa, bella y capaz.

Saber estar es cuestión de educación y de saber dónde estás y quién eres, qué quieres y qué es lo más importante para ti y tu entorno en ese momento. Es importante dar con generosidad y amor, porque instintivamente todos somos extraordinarios, cada uno con su peculiaridad. Y con comprensión del otro, aceptación, empatía y tolerancia, saber estar es mucho más fácil. No hay que aguantar, hay que estar lo mejor posible en cada momento.

Con estas claves, ¿crees que vas a poder contar hasta 10 antes de hablar? ¿O no lo vas a necesitar? ¿Sabrás comportarte de manera que no te arrepientas de tus actos tarde o temprano?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

25 enero, 2021

Cuando te levantas por la mañana vas siempre directo al baño, o a la cocina. Cuando te subes al coche o al autobús, ¿cuál es tu rutina? Estamos llenos de rutinas, costumbres y hábitos que nos hacen la vida más fácil y permiten a nuestro cerebro gastar menos energía.

Sin embargo, muchas de esas rutinas o hábitos puede que no sean los más adecuados para conseguir lo que queremos. Por ejemplo, quieres perder peso y tu costumbre diaria es hacer de la cena la comida más importante de tu día, acostándote justo después. O quieres que tu jefe te tenga en una mayor consideración, pero cada vez que aparece por la misma sala en la que tú estás te escondes detrás del ordenador. No parece muy alineado, ¿no?

Hemos de saber que los hábitos son modos de actuar que repetimos de forma continuada, que hemos aprendido o adquirido para conseguir rutinas que nos satisfagan. Ninguno es innato, sino que es conveniente o lo ha sido en algún momento para nuestra vida.

¿Qué nos aportan los hábitos?

  • Seguridad. Sabemos que, si hacemos eso, la consecuencia será esa, que la acción dura ese tiempo y es algo que tenemos controlado, luego no hemos de preocuparnos por ello. 
  • Orden. Hacer eso a la misma hora, en el mismo sitio, nos prepara para ello. 
  • Confianza. Lejos de tener incertidumbre, la constancia en la repetición de nuestras actuaciones nos aporta confianza y tranquilidad. El mundo es predecible.
  • Perseverancia. Sin querer, solo a base de repetir, cogemos la destreza de la perseverancia. Es decir, que para todos aquellos que creáis que no sois nada constantes, pensad en cuántos hábitos adquiridos tenéis a lo largo de un día cualquiera. ¡Seguro que os sorprendéis!
  • La base del aprendizaje, sobre todo de habilidades. Es difícil aprender a hacer algo habiéndolo realizado solo una vez. Necesitamos de repetición para llegar a coger la destreza en ello. Y todas las habilidades requieren sí o sí de práctica, incluso la de liderazgo, por eso el líder, también se hace.

Adaptar tus hábitos al entorno cambiante. ¿Cómo empezamos?

Si vivimos en un entorno cambiante, si evolucionamos según crecemos, ¿nos podemos quedar para siempre nuestros hábitos? A ver, lavarse los dientes después de las comidas o los buenos hábitos relacionados con la educación que aprendemos de niños, ¡seguro que sí! Ahora bien, de vez en cuando, si queremos ser más felices, si queremos lograr nuestros sueños u objetivos, sería conveniente revisar nuestros hábitos adquiridos o aprendidos. 

Revisar comienza por hacernos conscientes, porque nuestras actuaciones al ser ya hábitos las hemos pasado a nuestro subconsciente. Así que hemos de recuperar la consciencia en nuestros actos para poder darnos cuenta de lo que hacemos, cómo lo hacemos, cuándo lo hacemos, dónde lo hacemos, con quién… Necesitamos un punto de partida.

Después, hemos de tener en mente lo que queremos conseguir, para poder chequear si eso que hacemos se dirige a lo que deseamos o no. Aquí hemos de tener cuidado, sobre todo para los autoexigentes y críticos internos, porque tampoco hemos de macharnos por no estar alineados. Si pasó así era porque quizá aún no estábamos preparados para hacerlo de forma diferente. Todo llega en el momento adecuado y si es ahora cuando has sido consciente, será por algo. Aprovecha el impulso de motivación que esto te da para hacer el cambio y retomar el rumbo hacia tus sueños.

Claves para adquirir hábitos nuevos

Seguro que habéis oído hablar de que para adquirir un hábito hacen falta 21 días, aunque hay estudios que hablan de asentarlos con más tiempo. No vamos a dudar que “la práctica hace al maestro”. Por lo que cuanto más practiquemos una nueva forma de actuar, antes la convertiremos en un hecho automático de nuestra vida.

Hemos de entender que cambiar de hábito es un proceso, no se consigue en un día y es probable que al principio cueste. Por eso póntelo fácil. Al menos el primer paso, para ir ganando confianza y motivación con los resultados que vayas consiguiendo. 

Ponerlo fácil significa también que no te pongas presión. Sí que es mejor que lo planifiques (con unos plazos realistas) y que elijas el mejor momento para hacerlo. Has de saber que hacerlo de forma agradable y tranquila te animará a continuar. Así con cualquier cosa nueva que quieras aprender. Recuerda que “si la lección es divertida, nunca se olvida”. ¿Cómo te lo puedes hacer más llevadero? Ya que eres tú quien se lo propone y quien se pone los pasos a dar para lograrlo, sé listo y háztelo lo más gustoso posible.

Busca referentes o modelos que te inspiren. Si los tienes cerca, mejor. Si los ves con frecuencia, te irán recordando el por qué estás haciendo ese cambio y seguir a esa persona, o incluso, poder hacerlo con él/ella, es aún mejor.

Ten paciencia. Cada uno de nosotros tenemos unos ritmos, unas prioridades, un nivel de desarrollo personal y eso hace que los procesos puedan durar más o menos. Regálate tranquilidad, solo tu ego tiene prisa. Respira y piensa que si sigues perseverando, lo lograrás, es cuestión de tiempo. 

Además, como el hombre es el único ser que tropieza dos veces en la misma piedra, y que necesitamos varias piedras para darnos cuenta que quizá haya algo que sería conveniente aprender, si alguna vez flaqueas, ¡es normal! Elige personas que te acompañen en tu cambio, que te animen, que te alienten en los logros que vayas consiguiendo. En definitiva, que te sirvan de apoyo e incluso, que colaboren contigo siendo tolerantes y firmes a la vez. 

Por eso, piensa qué es lo que quieres y enfócate en ello poniendo toda tu atención. Una mente enfocada se pone las pilas para lograr lo que quiere. Solo has de poner hábitos en tu vida que te ayuden a hacerlo realidad. 

Y ahora que sabes cómo hacerlo, ¿qué quieres cambiar? Te mereces ser feliz. Ve a por ello. 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

31 diciembre, 2020

Cuando una persona cruza una puerta algo de ella queda en el lugar del que salió. Además, el hecho de haberse dispuesto a cruzar conlleva valentía y esperanza. El corazón, la mente y el cuerpo se disponen a lo nuevo que pueda percibir al otro lado. A veces con miedo se da el paso porque hay ilusión y porque la vida no espera, no para, y nos mueve a seguir adelante.

La ilusión, que en ocasiones parece mágica, no tiene edad, ni sabe de culturas o economía, solo va con las personas. Personas que pasamos el umbral del año nuevo con sueños y objetivos por cumplir. Magia que ejercen los Reyes Magos al hacernos conscientes de la importancia de dar, de reconocer el trabajo bien hecho durante el año y que, además, estimula al logro de lo deseado para el año que comienza. 

Para el año nuevo, necesitamos recordarnos que cada día es un regalo, que cada día tenemos la oportunidad de hacer algo especial por nosotros y por los demás, que cada día podemos cambiar nuestro rumbo con pequeñas o grandes decisiones. Cada día tenemos permiso para ser o dejar de ser lo que queramos y elegir.

¿Y si comenzamos por hacernos algunas preguntas?

  • ¿Cómo ha sido tu año? 
  • ¿Qué quieres aprender de él? 
  • ¿Qué quieres dejar atrás?
  • ¿Qué quieres para el año nuevo? 
  • ¿Qué vas a hacer diferente? 
  • ¿Con quien compartirás tu día a día?
  • ¿Con qué cuentas ya?

Son preguntas que nos invitan a crecer y a enfocarnos ante el año nuevo. 

Feliz 2021. 2miradas

En este tiempo de deseos y propósitos, desde 2miradas elegimos estar a vuestro lado, apoyando las ilusiones de las personas y de las empresas. Queremos convertir cada día en algo valioso para alguien, para el mundo. Cada día un pequeño gesto que haga la diferencia.

Queremos conseguir una sonrisa diaria que nos haga sentir que cada día ha merecido la pena. 

¿Qué quieres conseguir tú? ¿Cómo puedes poner tu granito de arena para estar mejor y para hacer más bonita la vida a alguien?

Que tengas un muy feliz año nuevo. 

Este 2021, ¡regálate cada día! 

Raquel Bonsfills y Milagros García

Equipo 2miradas.

11 diciembre, 2020

Querido compañero,

¿Qué haces para tener relaciones sanas? Cuando estás en compañía, ¿uno más uno suman más de dos?  

Acabo de terminar el libro de Joan Garriga “El buen amor en la pareja” y es un libro que no te deja impasible. Hay tantas cosas que trabajar para que en las relaciones se dé el buen Amor, que he querido compartiros algunos de mis aprendizajes.

Joan Garriga parte de dos premisas importantes: la primera es que nadie nos puede hacer infelices, cuando leí esto inicialmente no me lo creí porque rápidamente pensé cuando una pareja o un amigo me hace algo que me hiere o me perturba me siento triste; sin embargo, aunque en una relación podemos vivir un amplio abanico de sentimientos y entre ellos el sufrimiento y el desamor, efectivamente no tenemos por qué ser víctimas de ello porque nuestro destino sigue siempre íntegro en nuestras manos y no solo importa lo que vivimos, sino la actitud que adoptamos frente a lo que vivimos.

La segunda premisa es que nadie nos puede hacer felices, a través de las relaciones experimentamos: intimidad, sexualidad, ternura, vinculación, sentido de pertenencia, confrontación, crecimiento… y si lo sabemos llevar bien nos acercaremos a este tipo de bienestar y de gozo. Las relaciones, especialmente la de la pareja, te puede dar felicidad pero no tiene el poder de hacerte feliz.

De todas formas, tengo ciertos reparos sobre estas dos premisas y es que tener una relación de pareja o un amigo especial nos puede hacer sentir completos y motivados para afrontar cada uno de los retos que nos ponga la vida en el día a día y esto sí nos provoca felicidad o infelicidad.

6 condiciones para vivir una relación armónica

Después de daros estas dos duras noticias, voy a comentaros las seis condiciones que es conveniente que existan para tener un bienestar en una relación, para vivir la relación en armonía y que los asuntos resulten alegres y/o serenos:

  1. La primera condición es que la relación fluya sin demasiado esfuerzo, cuando esto se da las cosas resultan fáciles y todo se desenvuelve con naturalidad porque las emociones fluyen sin grandes altibajos y la relación resulta nutritiva para ambos. 
    Quiero añadir a esto, según mi experiencia, que pueden darse relaciones más complicadas en las que, si hay interés genuino por el otro, se pueden modificar las pautas afectivas y de relación que hemos aprendido y resolver asuntos emocionales pendientes que nos han construido en nuestra niñez y que forman parte de nuestra identidad cambiando nuestro estilo relacional afectivo y permitiendo que la relación fluya.
  1. La segunda condición es que se trate la relación de dos naturalezas no demasiado incompatibles, no demasiado diferentes. Que la comprensión del otro no esté más allá de nuestras capacidades. La compatibilidad de cualquier pareja descansa sobre la diferencia, pero cuando la diferencia es excesiva están en riesgo otras cuestiones fundamentales para la compatibilidad como son también la posibilidad de asociación, imbricación y complicidad.
  2. La tercera es que los miembros de la pareja sean verdaderos compañeros, que se sientan como tales, acompañados, ya que el otro es también un amigo y la amistad no se desgasta con el curso de los años. Que puedan compartir sus peculiaridades, gustos, intereses, diferencias, complicidades. Que tengan a alguien al que entienden y que los entienden.
  3. La cuarta condición es tener fe y confianza plena en el otro. Es decir, tener la certeza de que el otro quiere nuestro bien y no nos va a dañar, sabiendo que la confianza no exige garantías, como dice mi pareja, ya que es necesario ser conscientes de que en algún momento el otro tal vez no lo haga y debemos aceptarlo sabiendo que podremos resistirlo y sobreponernos a ello. ¡Ojo que no sea la tónica de la relación!
  4. La quinta condición, la más difícil de cumplir: el deseo espontáneo de que el otro esté bien por encima de nuestros miedos o carencias. Se trata de encontrar la propia felicidad con la plenitud del otro. Difícil en los momentos actuales cuando se vive la pareja más al servicio del yo que del tú o el nosotros. Consiste en ver al otro con la inteligencia del corazón y no solo a través de nuestras proyecciones y anhelos y así lo amaremos como es y le daremos lo que necesita y espera recibir.
  5. La última condición es que haya un equilibrio entre el dar y el recibir, que se dé un rico, positivo, fértil y equilibrado intercambio entre el dar y el tomar manteniéndonos libres y dignos.

Cuantas más condiciones se den mejor resultará la relación, aunque ya Garriga indica que no conoce ninguna relación en la que existan estas seis condiciones.

Ingredientes para una mejorar las relaciones personales

Algunos de los ingredientes principales que considero importantes para lograr un mayor bienestar y una relación personal duradera son:

  1. Mejorar nuestro desarrollo personal, tanto en nuestra gestión emocional, como en lo que la vida nos trae. La felicidad grande consiste en ponernos en sintonía con la vida, con las circunstancias, aunque no encaje con nuestros deseos personales. Amar lo real nos otorga la posibilidad de ser felices.
    Por ejemplo, hay personas que se pierden en la fusión, pues temen encontrarse a sí mismas, y otras que se pierden en el exceso de independencia pues temen diluirse en el otro. En ambos casos conviene trabajarse a sí mismos para flexibilizar posiciones, pues ningún extremo es bueno. El gran reto de todos consiste en aprender a amar lo imperfecto de la vida, de nosotros y de los demás, y volvernos compasivos.
  1. Establecer relaciones de igual a igual. Es fundamental no sentirte superior a la otra persona y por supuesto, no dominarla física, ¡ni psicológicamente! Todos necesitamos sentir nuestro poder, sentir que podemos, que somos adecuados, que nos sostenemos en nuestros pies y que somos válidos.
    Virginia Satir nos enseña que el genuino poder tiene que ver con la congruencia y con lo que ella llama las cinco libertades:
    La libertad de ver y escuchar lo que está aquí en lugar de lo que se supone que debería estar.
    La libertad de sentir lo que se siente en lugar de lo que debería sentirse.
    La libertad de decir lo que uno siente y piensa, en lugar de impostarse.
    La libertad de pedir lo que se quiere, en lugar de pedir permiso.
    La libertad de arriesgar, en lugar de optar únicamente por estar seguro.
  1. Superar juntos los hechos dolorosos, llorar juntos y que nos sostengamos juntos. Es fundamental que no nos separemos internamente, que el peso no nos lleve a vivirlos separados, que nos entreguemos al dolor, cada uno a su manera, pero juntos. En las situaciones difíciles y estresantes es necesario que aceptemos que en algún momento se puede sufrir, sino lo aceptamos no habrá vínculo, ni verdadera experiencia amorosa.
    La vivencia del dolor es un ingrediente necesario para completar con éxito el proceso y llegar a ser capaz de crear un futuro.
  1. Bert Hellinger defiende que cuando se produce un intercambio negativo dentro de una relación, cuando uno de los dos daña al otro, debe compensarlo vengándose con amor; es decir, devolverle el daño pero en una cantidad menor, de esta forma se restablece el equilibrio y la igualdad.
    Este ingrediente me rechinó inicialmente mucho, ya que nos han enseñado a no responder al mal con otro mal, sino con el bien, amando al enemigo poniendo la otra mejilla, frente a la ley de Talión de “ojo por ojo y diente por diente”.
  1. Una relación gana fuerza cuando lo que hemos creado entre dos tiene más peso y más fuerza que nuestras parejas pasadas y nuestras familias de origen. Jorge Bucay explica: “fui a comprar un final feliz, y busqué y busqué, pero no lo pude encontrar y viendo que no lo podía encontrar preferí invertir en un nuevo comienzo”. Lo nuevo se construye sobre lo viejo cuando lo viejo no son ruinas y cadáveres, sino buenos cimientos de amor, respecto y gratitud!!!!!

¿Qué otros ingredientes consideras para lograr un mayor bienestar y una relación personal duradera?

Resumiendo

Recapitulando diría que la gran tarea consiste en aprender a amar, integrar y gozar lo real entre ambos, mientras nos despedimos con cariño de nuestras idealizaciones, quizá para descubrir maravillados, que la entrega a lo real multiplica nuestra alegría interior de una manera que ni siquiera podíamos atrevernos a soñar en nuestras mejores fantasías.

Según mi experiencia una relación se sostiene bien si: nos provee de desarrollo y crecimiento (llamo crecimiento a la inclusión como propio de lo ajeno, al amor a lo diferente), de motivación e impulso en nuestro camino de realización y que nos permita ir abriendo nuestro corazón más y más.

Para acabar me gustaría recordaros los tres componentes de la dicha en una pareja, son tres expresiones mágicas que abren las puerta de la felicidad en una relación: el sí (significa te tomo tal y como eres), el sonreír diciéndole gracias (gracias por existir, gracias por estar aquí, gracias por quererme, por ser como eres, por nuestro camino…) y el sentir y decir por favor o lo siento (acercarnos al otro desde nuestra ternura, desde nuestra vulnerabilidad, nuestra más profunda humanidad, ofreciéndole nuestra fragilidad, nuestra piel sin durezas. Y al arriesgar podemos ser recompensados con las mieles del encuentro verdadero, despojado de roles, formalidades y vestiduras).

Desde luego no concibo una relación sin sonrisas, mostrar una constante sonrisa, aunque sea interior hacia el otro, incluso en momentos de desacuerdo ¡qué difícil!, tampoco concibo una relación sin practicar el reconocimiento y la escucha, el tener al otro en cuenta, el transmitir al otro a través de una sonrisa, mirada, comentario o gesto, a pesar de las dificultades, quiero bailar contigo, bailamos juntos y también si es una relación de pareja, no la concibo sin encuentros personales íntimos, donde te desnudas, sin tapujos al otro, donde te fundes y trasciendes.

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para tener relaciones amorosas?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

2 diciembre, 2020

¿Cuántas veces has dicho a alguien lo que tiene que hacer pensando que así le motivarías a hacerlo y luego te has dado cuenta de que por más que se lo dices, no mueve un dedo? ¿Cuántas veces has comenzado algo y al poco tiempo te has desinflado, perdiendo la motivación, incluso hasta abandonar tu proyecto? ¿Cuántas veces empezaste con una idea en la cabeza clara y acabaste haciendo totalmente lo opuesto?

La buena noticia es que esto es normal, está estudiado y demostrado, y os voy a contar uno de los motivos por los que nos sucede, cuándo y qué necesitamos para continuar hacia nuestros objetivos para concluirlos con éxito. La mala noticia, es que seguiremos dejando caminos a medias, que tomaremos desvíos que nos harán sentir mejor, o cederemos simplemente porque no tenemos la motivación o las fuerzas suficientes para abordarlos.

Ocho pasos para conseguir nuestros objetivos

El hecho de que nos sucedan desvíos de nuestros objetivos fue desarrollado por el filósofo y compositor George Gurdjieff, en lo que se denominó la ley universal del 7. También habla de octavas porque después de los 7 escalones por los que iremos subiendo en el camino hacia el objetivo, el octavo es la repetición del primero, pero con el doble de vibraciones, como en una escala musical. Así que, en realidad, son 8 pasos que vamos dando a lo largo de nuestra vida para conseguir lo que nos proponemos. No es tan importante para nuestro camino el nivel de energía o vibración que hay en cada paso, sino que la clave es saber cuándo se producen los desvíos, pues baja la energía y la motivación, y ahí es cuando debemos estar alertas para saber qué hacer. También, es interesante hacer notar la relación que tiene el número 7 en la naturaleza, en el orden de las cosas y en los ciclos que se concluyen. Por ejemplo, los 7 días de la semana, las etapas de crecimiento del ser humano (cambiando cada 7 años), los 7 chakras, los colores del arcoíris, las 7 energías… 

Gurdjieff vino a decir que ningún proceso es lineal, que todos tienen interrupciones y desviaciones hasta el punto de que podemos llegar a actuar de forma opuesta a como teníamos pensado o como comenzamos en un primer momento. Un ejemplo de nuestra actuación contraria puede ser cuando queremos adelgazar y decidimos dejar de comer ciertos alimentos porque nos engordan y al cabo de un tiempo, te ves dándote permiso para saltarte la dieta, o incluso dándote un atracón de productos muy poco saludables que disfrutas tanto que acabas dejando de lado la dieta, con lo que no solo no adelgazas, sino que favoreces el coger más peso.

Entendiendo el proceso... ¿cuándo suceden estas bajadas de energía en el camino hacia nuestros objetivos? 

Al inicio tenemos el propósito más claro, tenemos más ganas de abordar el salto porque queremos darlo. Pero a los pocos meses, necesitamos recuperar la esencia de la motivación inicial que nos llevó a querer dar el primer paso. Esta primera dificultad es más fácil de salvar porque apenas acabamos de empezar y podemos tener aún muy presente por qué quiero hacerlo.

Por ejemplo, cuando entramos a trabajar en una empresa a la que habíamos deseado incorporarnos. Al principio, tenemos mucho más entusiasmo. Es una motivación inicial cargada de ánimo e ilusión. Con el día a día, nos vamos dando cuenta de lo que es en realidad el trabajo, el ambiente, y esa energía inicial va bajando hasta nivelarse con la de los demás miembros del equipo en unos pocos meses. Ahí es donde se produce el primer posible desvío. Cuando nos cuestionamos si fue la mejor decisión, si es lo que quiero.Para salvar este primer obstáculo, necesitaré recordarme qué me llevó a querer entrar a trabajar en esa empresa. O hablando en general, qué intención tenía yo para querer abordar ese proyecto, reto u objetivo.

Después retomaremos la energía y seguiremos avanzando hacia nuestros objetivos pero justo antes de llegar, entre el séptimo y octavo escalón, volveremos a tener una gran dificultad, esa que nos cuestiona hasta qué punto nos merece la pena llegar hasta el final sin desviarnos. Ya el por qué lo haces del inicio no es suficiente. Necesitamos encontrar un propósito mayor, mejor, saliendo incluso de lo que obtengo yo con ello en pro de lo que es positivo para el mundo y para el ser humano, yendo más allá de uno mismo.

En el el ejemplo del trabajo, ya no es solo lo que tú obtienes a nivel material, salario, estatus, sino que tu motivación está más relacionada con lo que la empresa ofrece al mundo o con lo que aportas a los demás con tu trabajo. En esta dificultad hay que lidiar con nuestra propia soberbia, nuestro ego, el sentido de lo mío. 

Y para superarla, en esta ocasión más que motivación intrínseca necesitamos de motivación trascendente, de determinación. Hemos de apoyarnos en nuestros valores porque si vamos en contra de ellos no concluiremos, estaremos incómodos y esto no es sostenible en el tiempo. Necesitamos de una propuesta para nuestra mejora personal, poner ética, con una consecuencia que sirva a los demás. Un propósito muy nuestro, de nuestro propio ser, que de verdad nos nace hacer o nos guía, alineado con nuestra esencia. De ahí que sea tan importante que nos dediquemos a lo que nos gusta y nos llena porque será más fácil que nos comprometamos y que completemos las octavas de nuestra vida que nos hayamos marcado.

Revisando nuestra historia para comprendernos

Si revisamos nuestra historia o si como responsables de equipos hemos tratado de incentivar a los demás, podemos darnos cuenta de que en numerosas ocasiones hemos puesto mucha motivación o impulso al inicio, pero después ya no hemos tratado de encontrar ese propósito superior que nos mantenga ahí, que nos invite a concluir con el mismo interés o más, generando compromiso (algo tan preciado hoy en las empresas). 

A lo largo de nuestra vida hemos podido dejar proyectos inacabados. Algunos puede que queramos cerrarlos (aún estás a tiempo). Por ejemplo, cuando elegimos una profesión y después de un tiempo vamos cogiendo otros trabajos, pero se nos queda la sensación de haber dejado aquello que era en realidad lo que quería y que por circunstancias no pude completar y querría volver a ello. 

Sin embargo, puede que ante las dificultades hayamos tomado el desvío con total consciencia y conciencia, cediendo a lo que era y eligiendo aquello que nos hacía sentir mejor. Por ejemplo, si al coger esos otros trabajos, me fui dando cuenta que en realidad me siento más identificado con lo que hago ahora.

No se trata de acabar por acabar, por culpa o perfeccionismo, sino acabar lo que hemos decidido empezar siempre que nos merezca la pena, decidiendo superar las dificultades por nosotros mismos. Escuchándonos. Conectándonos con lo que somos, incluso estando atentos a nuestra intuición, porque cuando tomamos el camino correcto, tenemos paz interior y nuestras relaciones con los demás y con el mundo están en mayor armonía.

¿Qué octavas has dejado inacabadas en tu vida? ¿En cuáles estás en este momento inmersa/o? ¿Cómo vas a motivar a los demás para que avancen hacia los objetivos con determinación? 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

28 noviembre, 2020

Querido compañero,

¿Para qué empleas el humor? ¿En qué momentos te ríes?  

En mi anterior artículo ya hablé de la importancia del humor a la hora de resolver conflictos porque está demostrado que el juego y el humor ayudan a reducir la tensión y pueden crear una oportunidad para una mayor conexión e intimidad, suaviza el impacto de mensajes negativos, atrae y mantiene la atención del otro, ayuda a romper el hielo y aumenta la sensación de control. El humor permite equilibrar mente, cuerpo, y espíritu, el mensaje se vuelve más persuasivo, crea cercanía social…

¿Risa, sonrisa y humor son lo mismo? 

Quisiera contarte la diferencia. La risa aparece cuando algo nos hace gracia, tiene un cierto componente mental y fisiológicamente segregamos endorfinas. Es importante reírse porque ayuda a descargar tensiones y rompe barreras. 

El humor o humorismo (del latín: humor, -ōris) es definido como el modo de presentar, enjuiciar o comentar la realidad resaltando el lado cómico, risueño o ridículo de las cosas. Lleva incorporado un factor de inteligencia e ingenio más elevado que la risa, es más mental y menos fisiológico que la risa. Tiene mucho que ver con la gestión emocional, es una actitud ante la vida, y conlleva otros elementos como optimismo o fluidez emocional.

La risa y la apreciación del humor son componentes vitales de la función adaptativa social, emocional y cognitiva.

Y la sonrisa, por su parte, es el primer contacto con la risa y el humor. Se podría decir que es el nivel más básico, siempre podemos esbozar una sonrisa ante cualquier situación.

Consecuencias del humor mal gestionado

Definitivamente, aunque cada persona tenga su propio sentido del humor, éste no siempre es utilizado de forma positiva. Aunque todos hemos escuchado que la risa alarga la vida, la realidad es que el humor mal gestionado puede acarrear consecuencias negativas como: 

  • Que la otra persona sienta que te rías de ella, no con ella, puede llevar a que el otro se moleste y enfade. Burlarse, ridiculizar o humillar a otras personas a causa de sus errores, de sus limitaciones, de sus creencias, de sus defectos físicos, de su apariencia o de cualquier otra circunstancia personal o social por mucho que te rías mientras lo dices, no tiene nada de positivo. Además, normalmente quien bromea sobre otra persona es porque envidia alguna característica de la víctima y eso le produce inferioridad frente a él.
  • Cuando lo usamos para encubrir y evitar emociones o recuerdos dolorosos. La risa puede ser usada por algunas personas para disfrazar sentimientos de temor, nervios, ira, frustración y decepción en vez de estrategias constructivas para sobrellevar las situaciones. Podemos reírnos de la verdad, pero no debemos usar la risa para esconder la verdad. 
  • Contar un chiste inapropiado u ofensivo puede ser dañino para la imagen de cualquiera. El humor prejuicioso, racista, clasista o machista solo hace gracia al que tiene esos prejuicios. Y hoy en día los humoristas comentan que les es mucho más difícil hacer chistes que antes, porque ahora estamos mucho más susceptibles en estas cuestiones y no se trata de hacer sentir mal a nadie. 
  • Usar el sarcasmo puede llevar a malos entendidos. Este tipo de lenguaje conlleva una artillería de agresiones encubiertas y desprecios sutiles que desconciertan y destruyen autoestimas.
  • Una broma a destiempo puede provocar distracción y alejar nuestra atención de cierta información. Cuando has de decir “ay, era broma…” es que la cosa ha ido mal y, sobre todo, la intención de relajar el ambiente con la broma ha llevado al otro al desprecio por la persona que la ha dicho, queriendo apartarse de esa persona y buscando volver al punto de la conversación o decidiendo irse por no sentirse escuchado. 
  • Si a la persona no le parece graciosa la situación, para de inmediato. El humor debe disfrutarse entre todos los participantes. Si el tono de voz, el lenguaje corporal o cualquier otra señal te indica que al otro le molesta, reconsidera tu posición y analiza el contexto de la otra persona.

Comparto lo que indica José María Perceval y es que el humor tiene cuatro límites: 

  • La ley (hay que tener mucho cuidado con ella porque puede matarte el humor, la creatividad y la democracia).
  • La moral (que también puede ser decisiva porque podemos tener grandes grupos que se ofenden ante determinadas cosas cuando a lo mejor habría que pasar o hacer que la persona que está haciendo el chiste se quede sin que la gente se ría).
  • Los grupos sociales (se ríen de unas cosas y no de otras).
  • Las personas individuales (los límites que yo pongo a mi humor).

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta?¿Qué otras maneras encuentras en las que el humor no es positivo? ¿Qué vas a hacer para usar positivamente el humor? 

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García