Category Archives for funcionamiento-empresarial

4 octubre, 2021

¿Eres de los que siente que tiene que hacerlo todo? ¿Que nadie lo sabe hacer o lo hace como tú? ¿Que para tener que hacerlo de nuevo, ya lo haces tú? ¿Que entre que lo mandas hacer y le dices cómo, ya lo has terminado tú? Si has contestado al menos a 2 de estas preguntas que sí, seguro que te cuesta delegar.

¿Qué es delegar?

Delegar es otorgar tareas cuya responsabilidad es tuya a los demás. Es decir, se delega la tarea, pero no la responsabilidad. Por eso, aunque le dejes a alguien a cargo de hacer algo, si sale mal, luego no puedes ir echándole la culpa, porque la responsabilidad de supervisar que aquello era lo correcto era tuya. No es un “ya te encargas tú”. Es un “lo haces, y yo lo superviso”, porque al final, la responsabilidad es mía. Es decir, si tengo que responder yo por ello, al menos que sepa de qué va, qué se ha hecho y cómo. Si no, pocas explicaciones podré dar o simplemente, poco podré saber si estoy de acuerdo con lo que se ha hecho o expresado en mi nombre.

Otra cosa es que tengas confianza total en alguien y que sepas, sin lugar a duda, que va a actuar como tú lo harías o de forma con la que estás totalmente conforme. En esos casos, solemos obviar la supervisión en pro de dicha confianza. Pero recuerda que sigues respondiendo tú.

¿A quién delegar?

Encontrar a alguien en quien delegar una tarea no suele ser algo sencillo. Para ser una persona apta para delegarle algo, es necesario que la persona cumpla estos tres requisitos:

  • Que quiera.
  • Que sepa.
  • Que pueda.

Si alguno no se cumple, sabremos que algo puede fallar. Porque si quiere y sabe, pero no puede porque no tiene tiempo, al final no quedará hecho lo que deseamos. Si puede y sabe pero no quiere, lo postergará o lo hará rápido sin prestarle toda la atención de la que es capaz, pudiendo incluso llegar tarde con la tarea o no estar tan bien. Y si no quiere, por mucho que pueda y sepa, pasa del tema y deja de ser un candidato propicio

¿Cómo delegar?

Cuando delegamos es imprescindible tener en cuenta:

  • Dar marco: De qué va lo que te voy a pedir. En relación a qué. Cuál es nuestra postura (de la empresa, mía personal…) al respecto.
  • Explicar lo que se quiere conseguir: esto es decir el qué quiero. Más o menos detallado. A modo de objetivo. Cuanto más claro sea más fácil le va a ser al otro conseguirlo. Recuerda la técnica del Smart-e para la definición de objetivos. Siempre te va a ayudar.
  • Para cuándo: necesitas dar un tiempo límite para la ejecución. No es un “vete haciendo”. Aunque no lo sepas, establece tú un período o fecha límite en el que te gustaría tenerlo. ¡Ten en cuenta el tiempo para tu propia revisión! Si lo tienes que enviar el último día del mes, no se lo pidas para ese día sino para unos días antes, porque si se retrasa, que aún tenga tiempo de hacer los cambios posteriores y tú de supervisarlo. 
  • El cómo lo pone la persona que lo va a hacer. Si no confías, le darás pautas más claras, concretas y meticulosas de lo que quieres. Sin suposiciones para evitar sorpresas. Probablemente ya cuentas con que no va a saber hacerlo o lo intuyes, luego no se cumplen los requisitos anteriores. Pero si delegas, has de permitir que la persona lo haga a su manera.
  • Haz seguimiento: De vez en cuando pregunta cómo va, qué ha hecho ya, qué le falta y qué necesita. Puedes hacerlo en reuniones ágiles que te permiten conocer el estado de la tarea, si tiene los recursos para realizar la tarea y podrás ir evaluando si va por buen camino ofreciendo un feedback oportuno.
  • Supervisa: Cuando está completada la tarea, antes de entregarla o enviarlo a quien corresponda o darlo por finalizado, es el momento de evaluar el trabajo. Si estás desbordado y no tienes tiempo de supervisar, pide que te cuente al menos la idea de lo que ha hecho, en una llamada, en 10 líneas, en una imagen... Para que al menos tú puedas responder si te llaman a preguntar qué es eso que has mandado. Ojalá tengas siempre tiempo de revisar las cosas, pero todos sabemos que a veces no es así.

Delegar con confianza: mentoring

Ahora bien, si te ves obligado a repartir tus tareas porque no llegas y necesitas ayuda y no tienes claro que puedas confiar en el buen resultado que quisieras porque las personas que tienes alrededor no cumplen los requisitos, practica el mentoring

El mentoring consiste en facilitar el desarrollo de una persona (el mentorizado o aprendiz) a través del intercambio de recursos, conocimientos, valores, habilidades, perspectivas, competencias… Y actúa en tres niveles:

Se plantea el punto de partida, lo que se quiere conseguir que aprenda y se hace un plan de acción consensuado sobre cómo irlo desarrollando. 

El mentor, es decir, tú, asumes la responsabilidad durante el tiempo que dure el aprendizaje, y al delegar, ¡siempre! Y aunque alguna cosa no se la enseñes tú personalmente, te puedes coordinar con otros y hacer seguimiento de lo que haya aprendido con ellos. 

El mentoring tiene la ventaja de que vas a ir supervisando el aprendizaje, ganándote la confianza de la persona que lo va a hacer porque le estás enseñando a hacerlo como lo harías tú. Además, le dejarás la capacidad de implementar su propio criterio en pro de la mejora de lo que se le esté pidiendo hacer.

Si practicas el mentoring, quizá en un primer momento te lleve tiempo, pero mucho más rápidamente obtendrás los objetivos cumplidos gracias al buen trabajo de una persona que sabe la importancia que tiene esa tarea y el punto de vista que le debe dar.

La relación entre la persona a quien delegas y tú se fortalece gracias a una comunicación abierta, reflexión compartida, retroalimentación continua y una forma establecida de preguntar y responder que enriquece a los dos, mejorando la franqueza y la seguridad en el otro. Ha de haber una disponibilidad y cercanía clara por tu parte para estar pendiente de ella.

Aunque te cueste en un primer momento, recuerda que es mejor dedicar tiempo a lo importante ahora, que seguir toda la vida viviendo en lo urgente, superado por la cantidad de trabajo, estresado en el mundo del “no llego” o “no puedo con todo”. Por eso, permítete enseñar para poder delegar con la confianza que necesitas para hacerlo. Mentoriza.

¿Crees que puedes comenzar a analizar en quién puedes delegar? ¿Qué les falta para poder ser candidatos para delegar en ellos? ¿Qué vas a empezar a hacer para que pronto lo sean y tengas la ayuda real que necesitas?

Aprendiendo en el camino del crecimiento. 

Raquel Bonsfills

22 junio, 2021

No nos gustan los “jefes”, queremos líderes que nos inspiren. ¿Cuántas veces has pensado o dicho algo similar? A menudo leemos eso de jefe = malo, líder = bueno. ¿De verdad crees que es así? 

Un poco de historia...

Hagamos un poco de historia. Hace unos años, en la época de nuestros abuelos, al trabajo se iba a trabajar. Trabajar era una necesidad. Eran tiempos de guerra y de postguerra en los que, a mayor producción, mayores beneficios. Tiempos en los que cuanto más horas pasaras en un mismo puesto de trabajo, se suponía que conseguías mayores resultados. Los responsables de los equipos (para quitar la etiqueta de jefes o líderes) al nivel que fuera, supervisaban que el trabajo estuviera bien hecho, porque lo que salía mal, suponía pérdidas. Se enseñaba a hacer la labor y listo. Lo único realmente importante era lo que podías hacer, el trabajo que podías sacar adelante. 

La siguiente generación ha visto en casa esa forma de trabajar, con esfuerzo y dedicación. Eso los ha llevado a seguir trabajando para vivir, pero en un tiempo de menos necesidad, se podían sentir menos esclavos del trabajo, podían elegir mejor sus opciones y lugares en los que trabajar. Seguían enfocados en el trabajo que sacaban, pero ya se permitían mantener relaciones laborales, estar más distendidos… 

Nuestra generación llegó en tiempos en los que las personas no son números, son personas que trabajan a diario para alguien, para ofrecer un producto o servicio. Han visto el tiempo que dedican sus mayores al trabajo y eso les hace pensar que el trabajo hace perderte la vida. Así llegan a conclusiones de que no quieren vivir para trabajar, sino que quieren también disfrutar. En este sentido, se empieza a plantear que las personas son importantes, se empieza a hablar de la felicidad en el trabajo, de que te guste lo que haces para que así el esfuerzo de “estar trabajando” sea más llevadero.

Entre las generaciones del siglo XXI está habiendo mucha diversidad. Desde los famosos ni-ni (ni estudias, ni trabajas porque te mantiene tu familia) hasta los que han vivido las crisis en las que, aunque querían trabajar, no había dónde. Se pide experiencia, se piden titulaciones y cuando las tienes estás sobrecualificado. El mundo es un lugar en el que trabajar, no solo una ciudad. Y han dado la vuelta al tema, ahora son ellos los que eligen a las empresas en las que trabajar, salvo que tengan necesidad. Por tanto, elegirán las empresas que ofrezcan el puesto que les resulte interesante (eso es lo mínimo) y que, además, tengan los mejores “extras”, las que cuiden mejor de sus equipos, las que ofrezcan posibilidades que les apetezcan como trabajar desde donde quieran (home office), horarios flexibles, estabilidad laboral, salarios acordes a lo que consideran justo, etc. La experiencia del empleado marca la diferencia

Funciones relacionadas con la dirección y el liderazgo de equipos

¿Quién dentro de la empresa es el encargado de facilitar todo esto a las nuevas generaciones? ¿Quién es en el día a día el facilitador para que se consiga una buena experiencia de los trabajadores? ¿Quién ha de estar pendiente de sus equipos sin agobiarles ni presionarles? Sí, sí, ¡el responsable directo! 

Dicho esto, vamos a ver qué tareas realiza este responsable directo o debería realizar:

Funciones de la dirección de equipos:

  • Crear el equipo comenzando por saber cuántas personas necesita para poder hacer el trabajo y seleccionarlas adecuadamente.
  • Organizar el trabajo y evaluar los puestos de su gente.
  • Dar foco al equipo, señalando los objetivos, lo que se espera, lo que hay que lograr.
  • Asegurarse de que todos saben hacer su trabajo y hacerle seguimiento.
  • Optimizar procesos, conociendo las cargas de trabajo de cada puesto.
  • Planificar tareas.
  • Evaluar resultados.
  • Gestión de presupuesto que tenga el equipo.
  • Coordinar tareas y personas, para evitar duplicidades.
  • Aprovechar los recursos al máximo y abastecer al equipo de los necesarios para su trabajo.
  • Eliminar obstáculos.
  • Valoración de alternativas, ideas, propuestas de mejora, de innovación, de automatización.
  • Tomar las decisiones más beneficiosas para obtener los resultados exigidos.
  • Filosofía de hacer-hacer.
  • Otorgar responsabilidades.
  • Buscar la máxima eficiencia y eficacia en el trabajo, tanto en el rendimiento como en el desempeño.
  • Análisis de la productividad.
  • Determinación de indicadores clave y su seguimiento.
  • Asumir el rol que ha de desempeñar dentro de la organización, conociendo y ejecutando el papel que ha de desempeñar.
  • Gestión del cambio.
  • Mantener informado al equipo de lo que sea relevante para ellos.
  • Formación de los equipos.
  • Promoción de personas con potencial. 

En definitiva, orientación a resultados.

Funciones del liderazgo de equipos

  • Fomentar la felicidad en el trabajo.
  • Comunicar con base en la escucha, la empatía, la comprensión…
  • Inspirar al equipo hacia el logro de los objetivos y a dar lo mejor de sí mismos.
  • Movilizar el cambio.
  • Promueve ideas y genera seguidores de éstas.
  • Acompañar a las personas en sus inquietudes y en sus progresos. 
  • Ponen en valor a las personas y el trabajo que desempeñan, con reconocimiento.
  • Motivar a los equipos.
  • Interesarse por el equilibrio entre el área personal y el profesional de cada trabajador, ayudando a conciliar.
  • Conocer y preocuparse por las personas.
  • Favorecer que la empresa resulte un buen lugar en el que trabajar.
  • Prestar el tiempo necesario a cada miembro del equipo.
  • Cuidar la gestión emocional propia y saber detectar y canalizar la emocionalidad de los miembros del equipo, así como del equipo en su conjunto.
  • Tener una visión de dónde se quiere llegar para hacer soñar a los demás con ella.
  • Dar sentido al trabajo.
  • Fomentar la colaboración entre personas.
  • Mostrar iniciativa en situaciones difíciles.
  • Ser ejemplo de adaptabilidad.
  • Transmitir la filosofía y valores de la empresa.
  • Mostrar y fomentar la capacidad de aprendizaje continuo.
  • Orientarse al servicio de los miembros del equipo. Ser facilitador.
  • Asesorar al equipo para darle apoyo cuando lo necesiten.
  • Generar vínculos de confianza entre los miembros del equipo.
  • Crear espacios de atención a las personas.
  • Involucrar a los miembros del equipo en las distintas tareas.
  • Ser coherente, consecuente y persistente para generar confianza entre los miembros del equipo.
  • Premiar y celebrar los éxitos.
  • Animar y motivar a la mejora continua en los errores.
  • Sostener al equipo, mantenerlo unido, fuerte, colaborativo, receptivo, flexible y enfocado. 

En definitiva, orientación a las personas.

Equilibrio entre dirección y liderazgo

Los rasgos de personalidad del responsable del equipo van a afectar al estilo de dirección y de liderazgo de los mismos. Su comportamiento, en qué hacen hincapié, dónde ponen el foco, si en la orientación a las personas o en la orientación a la tarea, les va a hacer más líderes que directores, o más directores que líderes. 

El equilibrio entre dirección y liderazgo será la clave del éxito, porque una empresa funciona mejor cuando todos saben hacia dónde se dirigen, cuando están perfectamente organizados, cuando las tareas salen y salen bien, cuando las personas están capacitadas para hacer su trabajo y no se desperdician recursos. Y a la vez, cuando las personas que trabajan en ella tienen la sensación de ser importantes, de ser valoradas, saben que se les tiene en cuenta, tienen a una persona que es un ejemplo a seguir, que sabe motivar cuando es necesario y parar a escuchar cuando hace falta, median en los conflictos con sabiduría, inspiran a todos a hacer un mejor trabajo, con una comunicación fluida, constructiva y sin juicios. 

Aunque vengamos de modelos más orientados a la tarea es tiempo de sumar y hacer palpable, la orientación a las personas en las organizaciones. Que no quede solo en palabras o en carteles dentro de las oficinas, sino que se creen políticas y formas de actuación que lo demuestren. Y en momentos de crisis, es donde más se ve qué empresas de verdad ponen el foco en las personas y cuáles han vuelto a ponerlo solo en las tareas. ¿En cuál querrías trabajar tú?

Poner el foco en las personas ya no es una elección para las empresas, es una necesidad. La felicidad en el trabajo genera beneficios y atrae talento. Si no se hace, las empresas empezarán a perder talento, bajará el compromiso de las personas que se queden y por tanto, la productividad.   Hemos de cambiar el chip. ¡Se puede! ¿Qué vas a comenzar a hacer? ¿Por dónde vas a comenzar? ¿Es esa empresa el lugar donde quieres estar la mayor parte de tu día?

Y ahora que sabes que no es mala la dirección de equipos y que además, es necesaria la figura de la jefatura y su función, solo hemos de recordar poner el foco también en las personas y en la necesidad de dedicarles nuestro tiempo. Lo que la gente se lleva de los trabajos son las personas, no solo a nivel relacional sino también a nivel del buen recuerdo de esa persona con la que se trabajaba tan bien. El trabajo lo dejan ahí, fue lo que hicieron. La experiencia adquirida se pondrá en valor en la siguiente empresa. Así que, para que no se la lleven, hagamos lo posible por entender qué necesita esa persona para seguir en la empresa.

Sigamos al día en nuestras organizaciones. 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Entramos en conflicto cuando nuestro corazón quiere una cosa, pero nuestro cerebro nos dice otra. También cuando estamos en desacuerdo con otra persona. Hay intereses contrapuestos que nos pueden llevar a una confrontación, emocional, verbal o incluso física, aunque estoy segura de que la principal causa por la que surgen los conflictos es la mala comunicación o la falta de ella, que suele empeorar la situación.

Cuando tenemos un conflicto con una persona, normalmente es por algo sobre lo que tenemos opiniones encontradas, opuestas o antagónicas. Y entonces comenzamos a discutir, que no argumentar, llegando a pasar del hecho en sí y a centrarnos en lo que “tú me has dicho”, “lo que no me has dicho”, tratando de que entiendas que “yo tengo razón” o de que veas las cosas como las veo yo. Quiero que cambies tu postura y aceptes que la mía es la correcta.

El conflicto desde el "yo gano-tú pierdes"

Como mi visión es “la buena”, la mayor parte de las veces no entendemos que el otro pueda tener una versión diferente y mucho menos igual de válida sobre el asunto. Desde mi postura yo solo suelo tener una opinión, me posiciono en una idea concreta de la cuál es difícil sacarme. Si creo que mi opinión es la cierta, ¿por qué voy a querer siquiera plantearme otras opciones?, ¿por qué voy a escucharte si no tienes razón (porque la tengo yo)? Con esta disposición ante el conflicto, voy a afrontarlo desde el “yo gano, tú pierdes” porque solo puedo ganar yo que soy quien tiene la verdad que tú no ves o no entiendes. Si el otro acepta nuestra postura, ha cedido en la suya con lo que ha perdido la discusión. Nos quedamos tranquilos y nos sentimos triunfadores. A veces, hasta con recochineo: ¿ves? ¿ves cómo tenía yo razón? 

Aunque Arthur Schopenhauer nos enseñe en sus libros el arte de tener siempre la razón, cuando es el otro el que tiene siempre la razón, ¿cómo nos quedamos si estamos continuamente sintiendo que perdemos, si estamos cediendo siempre nosotros? Lo más probable es que dejemos de entrar en discusiones, evitemos el conflicto o nuestra autoestima se vea mermada porque no nos valoran o no tienen en cuenta nuestra opinión.

La resolución más eficiente de los conflictos pasa por encima de tener o no razón, porque no se trata de ti o de mí, sino de pasar de un conflicto a un problema objetivo que tiene solución y que juntos podemos encontrarla.

¿Qué se requiere para salir de un conflicto?

  • Querer solucionarlo. No se resuelve solo. Dejarlo pasar funciona en un porcentaje muy pequeño de casos, aunque con el tiempo puede que nos demos cuenta que, aquello a lo que yo di en su día tanta importancia, ahora me parezca una anécdota. Normalmente solemos querer que una situación cambie, que un comportamiento cambie o que se nos comprenda. Para ello, hemos de ponerlo sobre la mesa, hemos de expresarlo. Piensa en qué consecuencias negativas puede tener no afrontarlo.
  • Hay diferentes puntos de vista porque cada persona tiene su propia forma de pensar. Tomar consciencia de que desde mi posición solo veré mi versión del asunto e igual que yo veo solo mi opción, el otro solo verá la suya con la misma sensación de ser una verdad verdadera. 
  • Querer conocer la verdad del otro para comprenderla. Si quiero llegar a un entendimiento, al menos he de escuchar con apertura y flexibilidad mental que haya otras ideas o posiciones diferentes a la mía. Necesito disposición y curiosidad para salir de mi verdad y acercarme a la postura del otro. 
  • Centrarnos en los hechos. El conflicto es subjetivo, lleva una interpretación personal asociado, cargada de suposiciones (creo que el otro lo hace por…, creo que está pensando…, me has hablado mal…, siempre te comportas así…) Hay tantas generalizaciones, resentimientos que se han sumado a los desencuentros pasados que ya de paso ponemos sobre la mesa, expectativas incumplidas que nos frustran o decepcionan... Por lo tanto, hemos de bajar lo sucedido a la realidad lo más que podamos y para ello hemos de centrarnos en los hechos que son obvios para ambas partes, irrefutables por parte de los dos. Si habíamos dejado a un lado el problema de base para enredarnos en nuestra discusión, así podremos recuperar la esencia del conflicto para poder afrontarla. Sin juicios. Solo con hechos.  
  • Dejar de ir contra el otro para ir con el otro a solucionar el problema. Como es un enfrentamiento, solemos estar en frente del otro, lo que nos pone en una posición de boxeadores cada uno en su rincón del ring. Si queremos de verdad salir del conflicto, hemos de dejar de estar en frente y ponernos al lado del otro para así tener una visión conjunta del problema. Os invito a hacerlo también físicamente.
  • El conflicto no es la persona. Puede que lo que haya dicho, lo que haya hecho, lo que piense, sea diferente a lo que yo creo, pero son sus actos, no es la persona en sí el conflicto. Por eso, si queremos mantener una relación futura con esa persona con la que estamos en conflicto, bien porque sea mi pareja, mi compañero de trabajo, mi jefe, mi amigo… entonces, suele ser más inteligente separar el problema de la persona. Aislar el hecho. No es “porque tú me has hecho sentir así”. No. Es “yo siento esto a consecuencia del hecho sucedido”. La persona no es que sea así, sino que se ha comportado de ese modo en ese momento dado y no me ha gustado. Nosotros también tenemos malos días.
  • Esperar el momento adecuado, en el que tengamos la capacidad para argumentar y escuchar. Cuando tenemos una intensidad emocional asociada al tema en cuestión muy elevada no tenemos capacidad de escuchar al otro. Estamos muy embebidos en nuestra emoción, en nuestro enfado, tristeza, miedo que nos impide tener respuestas adecuadas y que nos lleva a ser más reactivos. Desde ese estado es muy difícil llegar al entendimiento mutuo. Por eso, es mejor esperar, dejar que se enfríe un poco. De ahí que se diga que no tomemos decisiones importantes en caliente.
  • Plantearme quién es responsable de la situación. Qué parte de responsabilidad es del otro y qué parte de responsabilidad es mía. ¿Puedo hacer yo algo para cambiar la situación? ¿La he empeorado yo? Puedo haber sido yo quien ha saltado de forma impulsiva, quien ha sido exigente con el otro, quien ha utilizado malas formas al hablar, quien no ha asumido su error, quien ha criticado, quien ha querido imponerse, quien quiere controlar todo, quien está en queja continua, quien no sabe priorizar, quien no tiene claro lo que quiere, quien va a la contra por deporte, quien ralentiza todo un proceso por el perfeccionismo, quien actúa de forma poco comprometida o caótica, quien se deja llevar por los demás perdiendo su propio criterio… 
    • Te invito a que hagas una lista con todos tus comportamientos o actitudes negativas que tienes y trates de analizar qué provoca eso en los demás, e incluso, que pienses por qué lo haces.

Mantén una buena actitud

Dicen que lo que das, recibes, por lo que se cumple el dicho de “no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti”. Sé educado, mantén una disposición al entendimiento, utiliza la empatía, la humildad y la compasión, no desdeñes las emociones de los demás solo porque no las compartas, utiliza feedback constructivo y, sobre todo, no añadas leña al fuego, sé consciente de tus respuestas para no empeorarlo.

Hablando, desde la serenidad, somos mucho más capaces de resolver juntos cualquier problema que se nos ponga por delante. 

Cuando ya estéis en modo soluciones ambas partes, podréis entrar en la búsqueda de alternativas de solución, en formas de cubrir los intereses mutuos, en negociaciones hasta llegar a las mejores decisiones, que suelen ser las que dejan a los dos con la sensación de ganar-ganar.

¡Mucho ánimo! Ah, recuerda, si tú solo no puedes resolverlo, siempre puedes acudir a un mediador neutral que os ayude a acercar posiciones y que facilite el diálogo.

Aprende a resolver conflictos y no irte a la cama con ellos. Tu paz interior será la clave para saber que el conflicto está resuelto adecuadamente.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Ante tanto desánimo generalizado, ante el cansancio y las pérdidas, hemos de recordarnos que seguimos aquí, que podemos más de lo que pensamos o estamos viviendo en estos momentos, que tenemos una gran capacidad de aguante y que quien sobrevive es quien mejor se adapta.

Necesitamos recuperar la ilusión, volver a sonreír y en eso el buen tiempo nos va a ayudar un poco. Por eso, quiero dedicar este artículo a ayudarte a mirar al futuro, a mirar a tu interior y a sacar todo lo bueno que tienes y que aún está por venir.

Comencemos por una pregunta: ¿qué quieres?

Tener trabajo, tener mejores condiciones de trabajo, tener más dinero, poder salir y relacionarte con los demás de una forma más natural, sin miedo. Quieres poder darte una alegría, un regalo, hacer algo extraordinario que te saque una sonrisa o rompa tu rutina. Quieres volver a enamorarte, estar más cerca de tus seres queridos. Quieres estar tranquilo o tranquila, sin tantas preocupaciones.

Una herramienta que te puede ayudar es hacer un collage con recortes de revistas o dibujos, o con fotos que puedas componer si lo haces en el ordenador. Coge ese collage y póntelo en un lugar que puedas ver cada mañana, para recordarte que eso es algo que quieres para tu vida.

Y qué pasa si: ¡lo quiero todo! Si es así, prioriza. ¿Qué es lo más importante en este momento para ti?

Elige y define claramente tu objetivo. Recuerda que si no está bien definido puedes desmotivarte incluso antes de empezar. Así que dedícale un tiempo y asegúrate que cumple nuestra regla SMAERT-e.

Visualízate consiguiendo tu objetivo.

Suéñalo. Escucha y siente lo que supondría conseguirlo. Cómo te ves, cómo te oyes hablar, cómo te comportas, cómo vives al haberlo conseguido. Y respira profundamente varias veces acordándote de esa imagen. Si conoces la técnica de PNL (Programación neurolingüística) para generar anclas, utilízala. Solo tienes que tocar una parte de tu cuerpo (por ejemplo, cogerte la muñeca o la barbilla) con una fuerza determinada, firme y suave a la vez, justo en el momento en el que estés sintiendo la máxima intensidad de tu emoción del logro de lo que te has propuesto. Y de vez en cuando vuelve a tocar ese punto de esa forma en concreto para mantener activo el anclaje y, por tanto, la sensación que ahí te has guardado, para que te la recuerdes y te ayude a continuar hacia el objetivo.

Si has llegado hasta aquí, ya habrás podido reconocer que hay algo por hacer más allá de hoy. Eso es lo mínimo necesario para seguir adelante. Así que ¡felicidades!

Valora tus fortalezas

Ahora, necesitas recordarte todo lo que hay en ti, tus fortalezas, lo aprendido. Para ello, haz una lista con todos tus logros tanto personales como profesionales, por pequeños que creas que son. Desde cuando a pesar de tu miedo afrontaste aquella conversación difícil y obtuviste un resultado mejor incluso de lo esperado, o cuando fuiste capaz de responder por encima de las expectativas, cuando conseguiste aquel trabajo, cuando decidiste pensar un poco más en ti y dedicarte tu propio tiempo, cuando conseguiste ese cliente, terminar aquel proyecto, tener un hijo, superar una pérdida y seguir adelante. Estoy segura que tienes mucho mucho que poner en la lista.

En esa historia de logros, seguro que has recogido aprendizajes importantes. Son como mantras o recursos mentales que te ayudaron y te reconociste a ti mismo/a. Por ejemplo, de aquel encuentro con esa persona a la que temías aprendiste que los demás son personas igual que tú, aunque tengan posiciones o roles diferentes al tuyo. O de aquel proyecto que tantas preocupaciones te dio, aprendiste que, con esfuerzo y tesón, con el apoyo y colaboración de todos, se puede lograr mucho más. En aquella pérdida aprendiste que había mucha gente a tu lado en la que apoyarte y que te querían, que no estabas solo. Piensa en todos esos aprendizajes que has ido adquiriendo en tu vida, que te han ido haciendo crecer y creer que se puede.

Recoge esas herramientas adquiridas y ahora plantéate cómo aplicarlas para el logro del objetivo que te propones ahora. ¿En qué te puede apoyar? ¿Con quién puedes contar? ¿Dónde puedes acudir?

Si solo ves el punto negro, pide ayuda para poder tomar distancia, para que el otro te aporte una nueva perspectiva, permítete mirar hacia otros lados que no sean el punto negro para darte cuenta de que hay más opciones. Habla de ello, desahógate, plantea el problema y escucha las respuestas. Después evalúa si te encajan a ti, porque los demás no son tú, pero sí tienen ideas que quizá en este momento a ti no te salgan de forma natural.

Si es un tema laboral, también se puede hablar. Dejarlo pasar no suele arreglarlo. Cuando sientes que pierdes continuamente, al final acabarás pasando de todo, haciendo peor tu trabajo o entrarás en depresión. Así que, actúa. Habla con quien sea necesario. Pide lo que deseas. El no ya lo tienes, ¿y si consigues algo mejor que un no? No lo sabrás si no lo intentas. Pero para pedir eso que deseas, has de prepararte bien. Con buenos argumentos, con objetividad, poniéndote en valor con resultados y hechos. Recuerda que siempre tenemos otra opción, aunque nos de miedo.

Anímate con frases motivadoras. Elige un mantra y entrena a tu cerebro en ella. Siempre en infinitivo, en presente. Por ejemplo, cada día estoy mejor, cada día estoy más cerca de conseguir lo que deseo, voy a lograrlo, puedo conseguirlo, estoy más ágil, sigo estando en forma…

Elige cada día algo que te haga sonreír. Si te has pasado el día enfadado, agobiado, preocupado, llevas muchas horas de entrenamiento de tu cuerpo y cerebro en esa tónica. Por eso, has de compensar o equilibrar un poco toda esa nube de ruido mental. Elige acciones que te generen bienestar, que te den serenidad, que te hagan reír aunque sea a base de chistes o de ese programa que te gusta de la televisión. Algo que te haga olvidar lo anterior y te lleve a pensamientos y emociones más agradables.

Recuérdate por qué deseas lo que deseas. Puedes movilizarte huyendo del dolor o acercándote al placer. Así que, si lo que deseas te da placer, tenlo en mente para que en cada decisión, en cada acción, en cada comportamiento, avances hacia el logro de tu objetivo.

Si necesitas ayuda para avanzar, si necesitas algún recurso que no tienes, lo más importante es reconocerlo, hacerte consciente y luego, enfocarte en conseguirlo.

Nadie dijo que reilusionarse fuera a ser inmediato. Solo hay que permitirse volver a creer, querer algo que puede darse en el futuro, y las fuerzas, las irás ganando poco a poco. Tú puedes. ¡Mucho ánimo!

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

11 abril, 2021

La situación y el simple avance en las telecomunicaciones, o la deslocalización del trabajo, hace que cada vez más la selección de personas se realice vía telemática, con entrevistas virtuales o videoconferencias.

Entrevistas de trabajo telemáticas

Ya os hemos hablado en anteriores artículos de cómo prepararse para una entrevista, prepararte, conocer el puesto, la empresa, llegar con tiempo, etc. Muchas de estas cuestiones son muy relevantes en las entrevistas telemáticas, pero aquí vamos a abordar algunos temas a tener en cuenta en las entrevistas virtuales, a diferencia de las entrevistas presenciales.

Cuestiones a tener en cuenta en las entrevistas telemáticas

  • Preguntar cómo será el procedimiento a seguir para la entrevista virtual. Cuando te llamen para la entrevista, si no te lo dicen directamente, pregunta cuál será la herramienta a utilizar durante la entrevista: Skype, Facetime, Zoom, Teams… Asegúrate de preguntar si serán ellos quienes te envíen una convocatoria para la entrevista o qué necesitan para localizarte, un usuario, un correo electrónico, etc. Anota la fecha y hora en tu agenda, prepara y familiarízate con la herramienta que te hayan indicado para la entrevista. 
  • Cuida tu imagen incluyendo la parte que no se va a ver en la pantalla. La mayoría de las personas se preocupan solo en la parte que se supone que se va a ver, es decir, se ponen una camisa o una chaqueta, se peinan, se maquillan… igual que si fueran a ir a una entrevista presencial y descuidan los pantalones, pudiendo ir en pijama incluso. Sin embargo, no será la primera vez que en medio de la entrevista llaman a la puerta, o se desconecta algo y hay que levantarse. Entonces, se te verá todo lo que no hayas previsto que se podía ver, dejando una no tan buena imagen. 
  • Busca un lugar en el que puedas estar tranquilo. Normalmente las entrevistas son concertadas con antelación, por lo tanto, no hay excusa de que te pille en la calle, que haya obras en la vivienda de al lado, que aparezca tu madre, tu hijo o tu pareja pasando por detrás tras salir de la ducha. Los ruidos o las interrupciones harán que se distorsione la comunicación dificultando tu atención y la del entrevistador de lo importante. 
  • Avisa a los demás de que es un tiempo de privacidad. Si no te queda otro remedio que estar en casa con otras personas, ínstales a estar en silencio, a dejarte un tiempo para ti, y que les avisarás en cuanto se acabe la misma para que puedan seguir con su actividad normal. Y si espontáneamente se te colara alguien en la entrevista, tu reacción también va a ser evaluada por tu entrevistador. Así que lo mejor es tomártelo con humor, pedir disculpas y contestar de buenas formas a quien te interrumpió que le atenderás después. 
  • Comprueba anticipadamente que tienes buena conexión a internet. Las entrevistas virtuales, así como cualquier videoconferencia, son muy susceptibles a la calidad de la conexión. Por eso, asegúrate que estás en un lugar con una receptividad adecuada de red para evitar posibles caídas de la llamada. Y si pasase cualquier incidente con la conexión, sé consciente que el entrevistador lo anotará como tu forma de resolver conflictos. Así que, responde de forma tranquila y diligente.
  • Prueba el vídeo y el audio. Lo habitual cuando se hace una entrevista virtual es que se ponga la cámara. Se suele desconfiar cuando el candidato no puede o da excusas para ponerla, ya sea porque no tiene o porque no le funciona. De nuevo, como lo sabes con tiempo, busca las alternativas para poder tener un ordenador con una cámara que funcione. Y también asegúrate que se escucha bien el audio. Puedes probar llamando a un amigo para asegurarte que se te oye bien. En muchos ordenadores se escucha mucho mejor si te pones auriculares. Conéctate antes para poder tener todo a punto. Ah! y recuerda tener el ordenador enchufado a la red, ¡no vayas a quedarte sin batería!
  • La luz de la habitación. Es recomendable que tengas una luz frontal, para que se te vea adecuadamente, que no estés a contraluz (de espaldas a una ventana) y si tienes la luz a un lado, asegúrate que no te deja muy en sombra la cara. Si eso sucediera, pon una lámpara de mesa detrás del ordenador para que te proporcione una luz más frontal.   
  • El fondo habla de ti. El orden que tengas en la habitación o sala en la que te encuentres, va a dar pistas al entrevistador sobre cómo eres, qué te gusta o lo cuidadoso que has sido para atender la entrevista. Imagínate que eres forofo de un equipo de fútbol, y detrás de ti están posters, bufandas, etc. de ese equipo. Puede que al entrevistador le guste ese equipo y eso genere lo que se conoce como efecto halo positivo, que por eso ya te mire con buenos ojos; sin embargo, si el entrevistador fuese seguidor del equipo rival, se generará el efecto contrario, el halo negativo, y superarlo te va a costar un poquito más. Evita utilizar fondos virtuales o poner el fondo borroso con el programa, da una sensación de ocultación y falta de sinceridad que no te va a beneficiar. 
  • Tu expresión no verbal también cuenta. Expresiones faciales, tono de voz y mirada son esenciales. Sonríe. Aunque creas que como solo se te ve la cara no hace falta que muevas las manos para hablar, recuerda que todo tu cuerpo habla de ti y transmite tu energía. Si estás paralizado, lo que hables sonará menos entusiasta y apasionado que si mueves el cuerpo acorde al mensaje que estás emitiendo. Por eso, si puedes separar un poco la pantalla de ti para que se te vea un poco más de torso, será mucho mejor para expresar con coherencia los mensajes que vas a hacer llegar a tu entrevistador. 
  • Las emociones traspasan la pantalla. Es posible que te hayas dado cuenta de que cuando escuchamos a alguien cantar en la televisión a veces como que te llega, incluso se te pone el vello de punta, y otras veces es como que se te queda distante o fría la música. En las entrevistas personales a través de la pantalla pasa igual. La energía que proyectamos, nuestra forma de ser, nuestra alegría o los nervios a través de la pantalla también pueden llegar o no. Hay un obstáculo entre los dos y solo siendo nosotros mismos, en coherencia, podremos parecer auténticos y confiables. Por eso, si algo te apasiona, que se note. Expresa tu alegría, tu interés, remárcalo, pero no hace falta exagerar. Si algo te genera dudas, es mejor decirlo o pedir explicaciones que quedarse con una mala cara en la pantalla del ordenador. Conseguir el efecto de cercanía puede ser clave para la decisión final. 
  • Mira a la cámara, no a la pantalla. Si estás mirando a la pantalla en la que te estás viendo a ti puedes despistarte al entrar en pensamientos sobre cómo te ves a ti mismo, si te despeinaste o que tienes el cuello torcido. Cuando te miras a ti, el otro no notará el contacto visual y será más difícil conectar. Por eso, mira a la cámara para llegar mejor con tu comunicación a tu entrevistador.
  • Mejor sin mascarilla porque bajará nuestro tono de voz y dificulta la comunicación. Solo si estás en un lugar público haciendo la entrevista la deberías llevar, pero lo normal es que, al buscar ese espacio tranquilo, ya no necesites tenerla puesta. Además, el entrevistador podrá verte y conocerte mejor. 
  • Espera unos segundos entre la pregunta y la respuesta. A veces las conexiones a través de videollamada generan cierto retardo en la comunicación, por lo que deja un leve tiempo entre las intervenciones de uno y otro a lo largo de la entrevista.
  • Otra posibilidad que te ofrece la entrevista virtual es la de tener un cuaderno al lado en el que poder anotar lo que te ofrecen o las posibles preguntas que quieras hacer al entrevistador. 

Con todo lo que te he compartido, ¿qué cosas vas a tener en cuenta para preparar tu próxima entrevista virtual? Recuerda que podemos ayudarte y entrenarte para mejorar tus entrevistas, CV, tu comunicación…

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

 

Puedes hacer mil cursos, leer cuarenta libros, pero si no pones en práctica nada, nunca mejorará tu motivación, ni tu bienestar.

Cada año hacemos formaciones en empresas y muchas de ellas piensan de verdad en qué pueden hacer por sus equipos, qué necesitan y qué los puede preparar para el futuro, que les permita aprender alguna clave o alguna técnica nueva para que funcionen mejor como equipo o individualmente, mejorando su productividad y resultados.

Los que nos dedicamos a capacitar a las personas, sabemos que una formación no siempre va a ser suficiente. Sobre todo, cuando hemos de conseguir desarrollar una habilidad.

Muchas veces, salvo que sea una cuestión técnica, práctica, por implementación de un nuevo sistema o procedimiento, los jefes de equipo no hacen ningún tipo de seguimiento sobre todo lo aprendido durante la formación. Y luego, puede que lo queramos evaluar en su desempeño.

Hoy en día, las tendencias indican la necesidad de recuperar las habilidades blandas, también de formar en habilidades para afrontar las nuevas necesidades tecnológicas del puesto (upskilling) y en competencias que permitan a la persona reubicarse en otro puesto o área de la empresa (reskilling).

Capacitar en habilidades y competencias no se consigue dando una píldora formativa. Se consigue dando a la persona vitaminas para que su competencia crezca, se nutra, se desarrolle fuerte y se note en su capacitación y acción. Lo que lleva tiempo.

Por eso, más que nunca, necesitamos planes de formación a largo plazo, acompañamiento en el desarrollo de los profesionales que dedican su tiempo en nuestras empresas para poder mantenernos en el tiempo con la mejor empleabilidad posible.

Esto va a repercutir en una mayor satisfacción de los colaboradores porque se sienten:

  • Atendidos en sus necesidades reales de formación, las que de verdad van a requerir.
  • Acompañados y no dejados a su suerte tras un día de formación. Hay continuidad en el tiempo.
  • Apoyados por los responsables directos, que harán parte de ese seguimiento de sus capacidades. Y apoyados por la empresa que pone los medios a su alcance para poder desarrollarse dentro de la misma.
  • Reconocidos por los avances logrados.
  • Recompensados por el esfuerzo y el tiempo dedicado a su mejora continua.
  • Empoderados por todo lo aprendido e interiorizado.
  • Etc.

Por eso, como líderes, responsables de equipos, personal de RRHH, gestores de la formación, todos hemos de plantearnos una serie de aspectos de cara a ofrecer formación a nuestros equipos:

  • Para qué quiero formar a las personas. Sí, parece obvio. Sin embargo, este objetivo suele quedar diluido porque no llegamos a consolidarlo con los cómo lo voy a lograr. Sobre todo, si el para qué es el desarrollo de una habilidad, y no solo la adquisición de un conocimiento.
  • Qué forma será más efectiva. A veces la formación es la elegida, otras veces es mejor buscar un mentor, o hacer coaching.
  • Plantear cómo a largo plazo, seguimiento adecuado para valorar el aprendizaje, el desarrollo de la habilidad o de la competencia. Si la elección fue coaching o mentoring, va implícito en el proceso, pero si se hace mediante formación, hemos de valorar también ese seguimiento.
  • Quién evalúa el desarrollo. De nuevo, si hay un mentor o coach, puede ser él quien evalúe el proceso y la capacitación de la persona. Si es una formación la vía elegida, puede pedirse al proveedor de la formación que haga dicho seguimiento o puede ser el responsable directo quien tenga la formación necesaria sobre cómo hacer dicha evaluación. Si no sabe qué hay que conseguir, en qué se tiene que fijar, qué aspectos han de ser visibles, qué indicadores son importantes reconocer, … difícilmente se hará una buena evaluación. Hemos de evitar la subjetividad. También el propio evaluado tendrá que evaluarse y ser capaz de reconocer sus avances.
  • Reconocimiento y/o recompensa. Todo esfuerzo ha de ser valorado para aumentar el compromiso y la motivación. Necesitamos darnos cuenta de que se van alcanzando objetivos, que la meta está cada vez más cerca. Cada paso tendrá su premio, que no tiene por qué ser económico. Esto es importantísimo a nivel de nuestro cerebro, para mantenernos enfocados e ilusionados con el cambio y que, de verdad, se llegue a dar para no perdernos por el camino.

¿Cuántas veces pides a tu equipo que te cuente cuál es su plan de acción tras volver de una formación para llevar a la práctica lo aprendido? ¿O es que le mandaste a la formación para pasar el rato? Como no queremos tirar el dinero de la organización y vamos a querer siempre ofrecer formaciones que sean beneficiosas para el bienestar de los colaboradores y para la mejora del rendimiento de los mismos, hemos de bajar a la práctica y acompañar en la implementación de los aprendizajes y del conocimiento adquirido en las formaciones.

¿Qué vas a comenzar a hacer? ¿Cuántas formaciones necesitas para desarrollar la habilidad que estás aprendiendo? ¿En cuánto tiempo se adquiere esa habilidad? Es mejor leer un libro y extraer el aprendizaje para el día a día que leer veinte libros y que se quede en la cabeza.

Mucho ánimo. Estamos en continua evolución y aprendizaje, así que esto es solo el apoyo que necesitas para que se note todo lo que sabes.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

15 marzo, 2021
Qué hacer durante una entrevista

Querido compañero,

¿Qué dices durante una entrevista? ¿Cómo te comportas durante una entrevista?  ¿Cuál ha sido el resultado tras realizar una entrevista?

Seguramente que tras acudir a alguna entrevista de trabajo has sentido que podías haberlo hecho mejor o que te han faltado cosas que decir o que estabas muy nervioso y no has demostrado tu valía para el puesto ofertado o que no has obtenido toda la información para tomar una decisión en caso de que te llamen como candidato idóneo…

En mi anterior artículo ya te hablé de cómo ir preparado a una entrevista, hoy me gustaría compartirte algunas claves para abordar de la mejor manera las entrevistas de trabajo:

  1. Ve solo a la entrevista, no vayas acompañado. Aparecer en la entrevista acompañado de amigos, padres, familiares, da imagen de poca independencia e iniciativa. Evítalo.
  2. Apaga tu teléfono móvil o siléncialo. Siempre que acudas a una entrevista de trabajo asegúrate de tener apagado el teléfono móvil, ya que podría sonarte en mitad de la conversación y esto te pondrá nervioso o te distraerá y provocará una situación incómoda.
  3. Llega sonriente y tranquilo, que lo primero que vea tu entrevistador es una sonrisa, que eres una persona agradable, que le puedes caer bien, que sabes estar y que puedes transmitir confianza. Por supuesto, establece contacto visual cuando veas por primera vez a tu entrevistador.
  4. Saluda cordialmente. El saludo óptimo sería con un con un apretón de manos que transmita seguridad, mano recta y con una ligera presión en el saludo (ni flojo, ni demasiado firme). Si la situación no permite un apretón de manos, haz un gesto cordial, por ejemplo, llevándote la mano derecha al pecho.
  5. Si donde vas a hacer la entrevista observas que se guardan las medidas de seguridad por la Covid’19 de: distancia, higiene en las manos, ventilación… y el entrevistador te sugiere hacer la entrevista sin mascarilla, tómatelo como una oportunidad y un beneficio, podrás mostrar tu sonrisa y todos los gestos agradables de tu cara, no entres en pánico si te sientes seguro.
  6. Participa en la conversación previa a la entrevista. Está demostrado en numerosos estudios que la primera impresión impacta decisivamente sobre el resultado final. Esta primera charla puede crear la afinidad necesaria para que se genere esa química que caracteriza a todas las relaciones.
  7. Cuida tu postura. Siéntate recto en la silla, que los pies estén en el suelo y que se te vean las manos en todo momento, manos abiertas o entrecruzadas. Mostrar las palmas de tus manos es una muestra de sinceridad, mientras que presionar unos dedos contra otros entrecruzándolos indica confianza.
  8. Es muy importante durante toda la entrevista la escucha y no interrumpir al entrevistador. Escucha bien lo que te están preguntando, pues hay veces en las que comenzamos a responder con información irrelevante o monosílabos, sin dejarle terminar su pregunta, pecando de impulsividad, lo que te llevará a meter la pata.
  9. Cuida en todo momento tu lenguaje. Un discurso expresivo, con modulaciones en tono y volumen, además de hacer pausas mínimas, aumenta la credibilidad y transmite una sensación de inteligencia. No hables deprisa, habla siempre con claridad, confianza y seguridad. Además, no mientas, pues si lo averiguan estás descartado automáticamente. Dirígete a tu entrevistador por su nombre, esto demuestra interés. Siempre que puedas señala que realmente es el trabajo que estás buscando, convence al reclutador de que te apasiona ese puesto, que tu preparación te hace la persona perfecta para él y que, si te contratan, vas a dar lo mejor de ti por la empresa.
  10. Vigila tu comunicación no verbal. Gesticula lo necesario para reforzar tus argumentos. No mires constantemente el reloj porque da imagen de ansiedad y de que se tienen cosas más importantes que hacer, no te comas las uñas o muevas un objeto entre las manos continuamente o te cambies a menudo de postura en la silla… estas acciones dan muestra al entrevistador de estrés o nervios. No cruces los brazos ni las piernas porque suelen demostrar desaprobación. Cuida tus gestos exagerados o los movimientos bruscos con las manos, si te mueves demasiado puedes transmitir o provocar nerviosismo. Mira al entrevistador a los ojos, con esto trasmites confianza y seguridad.
  11.  Haz preguntas especialmente cuando acabe la entrevista. No pierdas esta oportunidad para demostrar que te interesa la empresa y que quieres conocer más detalles del puesto al que quieres optar.
  12. Agradece la oportunidad que te han dado por tener la entrevista. Despídete del entrevistador agradeciendo la oportunidad que te han dado, procura sonreír y mirarle a los ojos. Debes darle un apretón de manos (si se puede), y despedirte con un estado de ánimo tan positivo como el que tenías al saludarle inicialmente. Halaga a la organización y al entrevistador, ya que indican tu entusiasmo ante la oportunidad de trabajar en la empresa.
  13. Mejora cada entrevista. Para ello es necesario que tras la entrevista escribas los detalles de la misma y que anotes los puntos en los que crees que debes mejorar y los puntos en los que consideras que todo fue bien.
  14. Guarda los datos de tu entrevistador en la agenda que lleves para tu búsqueda de empleo. Nunca sabes dónde te vas a volver a encontrar con la misma persona. 
  15. Si no te eligen, sigue adelante. Una entrevista no es el fin, es solo un paso más. Persigue tus sueños, sigue enfocado en el puesto que deseas y para lograrlo trabaja tu automotivación y no te desanimes.

¿Se te ocurren otras formas de cómo hacer una exitosa entrevista? 

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para mejorar tus entrevistas?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

22 febrero, 2021

"Ojalá un día te veas como yo te veo a ti" ¿Alguna vez alguien te ha dicho esto? ¿Alguna vez has dudado de tus capacidades o no has visto fortalezas que otros te han dicho que poseías?

Como nos ven los demás no suele ser como se ve uno mismo, salvo que se haga un gran trabajo de autoconocimiento personal, y aún así, nos seguiremos sorprendiendo por lo que alguien diga de nosotros en un momento dado.

En esas opiniones influyen numerosos factores, entre otros:

  • Autoestima. Aquí está una de las principales claves. Si tengo una buena autoestima, creeré en mí más y me afectarán menos las críticas o comentarios que otros puedan hacer de mí, porque sabré cuándo son constructivas y cuándo son simplemente comparación, desprecio, juicio, envidia o ataque. Mientras que los comentarios positivos servirán de reconocimiento y reafirmación de nuestras capacidades.  
  • Autoconcepto. Es como pensamos que somos. Suele ser más objetivo y empírico, aunque a veces busquemos cumplir el efecto Pigmalión (sobre lo que decimos que es, buscaremos las señales que nos confirmen esa creencia).
  • Proyecciones. Lo que los demás proyectan de sí mismos con cada opinión también influye, porque ante una misma situación, por ejemplo, un error laboral, una persona que está enfadada verá que no haces bien tu trabajo, mientras que una persona más optimista verá que tienes posibilidades de mejora o sacará lo que cree que sí haces bien. 
  • La autoridad que deposito en la persona que lo dice. Si la persona que me hace un comentario es mi mejor amigo, mi jefe, mi madre, un erudito en una materia… solemos darle una autoridad a su criterio muchas veces por encima de la nuestra propia. Lo alabamos en lo que nos decimos a nosotros mismos: “lo dice porque sabe más”, “lo dice porque me conoce mejor que nadie”, “lo dice porque me quiere”.
  • El momento. No siempre estamos preparados para entender o, más bien, integrar lo que nos están queriendo decir. A veces, hemos dicho a alguien que es brillante en algo y la persona no se lo ha creído, pero llega un día que es como si lo escuchase por primera vez. Cuando esto nos pasa, ponemos atención y nos hace un click interior que es como si de repente lo supiéramos, con certeza absoluta. O al menos, algo dentro de nosotros está diciendo: ¡Sí! Aunque ve con prudencia y sigue alerta para terminar de verificarlo hasta creértelo.

Necesitamos descubrirnos

Todo ser humano tiene múltiples capacidades, virtudes, facetas, caras más amables y caras más oscuras. 

Muchas veces nos vendamos los ojos y no nos queremos ver en el espejo porque puede que nos dé miedo decepcionarnos de lo que la imagen nos muestre, porque sabemos que si lo hacemos seremos muy autocríticos, porque pensemos que no vale la pena o porque no nos reconozcamos. No querer vernos, nos lleva a tampoco saber encontrar nuestro potencial, nuestro talento ni nuestro brillo personal. Si no miras, no verás: ni lo malo, ni lo bueno. 

Hay personas que tienen un ojo especial para descubrir el brillo de los demás. Incluso Gallup lo incluye entre su lista de talentos. Muchos seleccionadores de Recursos Humanos han aprendido a desarrollarlo, pero no es algo exclusivo del ámbito laboral. Saber ver lo bueno que hay dentro de cada persona con la que nos encontramos, con cada amigo o miembro de nuestro equipo, o tener a una persona profesional del desarrollo personal y marca personal que sepa potenciarlo y orientarte, es cada día más importante. 

El mundo nos necesita con todas nuestras capacidades y potencialidades. Salir adelante de situaciones difíciles requiere de dar lo mejor de nosotros. Necesitamos dejar de ver lo negativo para comenzar a ver lo positivo. Necesitamos creernos las altas capacidades que tenemos

Necesitamos confiar

Necesitamos confiar en lo que sabemos, mucho o poco, es lo que nos ha enseñado la experiencia. Y los que tenemos esa capacidad de ver más allá de la superficialidad de los comportamientos de las personas, los que podemos levantar a los que se caen, los que podemos capacitar a quienes lo necesitan, cada uno desde su posición, hemos de volcarnos en ayudar a abrir los ojos a cada persona para que la respuesta a esa frase de “ojalá te vieras como yo te veo” sea sin más: “gracias, ya me veo”.

Hemos de aprender a vernos con una mirada más bondadosa, con amor hacia uno mismo y hacia los demás, con objetividad, con visión de futuro sobre la que proyectarnos y hacia la que avanzar. 

Brillar comienza por uno mismo 

Para brillar solo hay un comienzo: el autoconocimiento y el reconocimiento. Después necesitarás marcarte un objetivo, entrenamiento, práctica, mejora continua, crear o detectar oportunidades, creatividad, estrategia, un plan de acción y querer ser más feliz. 

Dar el paso a la introspección no es fácil, pero el resultado es, sin duda, enormemente satisfactorio. Es un viaje desde dentro de nosotros, desde nuestra esencia, hasta donde queramos llegar. Elige ser tu mejor versión y muéstrasela al mundo. El mundo te necesita. 

¡Permítete brillar! Date la oportunidad. Y recuerda, tu luz, ilumina a los demás. 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills 

8 febrero, 2021

¿Te ha pasado que te has tenido que morder la lengua porque si no hubieras dicho cosas de las que después seguro te arrepentirías? ¿Has mirado para otro lado como disimulando para que no se te notara lo que sentías o incluso lo que pensabas? ¿Estabas aguantando mientras querías estar en otro sitio, haciendo algo diferente? ¿Has querido ser en algún momento como Sharon Stone en Instinto básico, impertérrita y respondiendo con una serenidad y aplomo, como si lo que ocurre a tu alrededor fuese lo más normal del mundo?

Los estudios de protocolo y la convivencia social en armonía nos dicen que hay momentos en los que hemos de cuidar nuestra compostura. En numerosas ocasiones sentimos y pensamos que no es el momento adecuado para decir o hacer lo que nos apetece decir o hacer. 

Como dice una querida coach, hay ocasiones en que algo “no toca”. Y decir “no toca” muchas veces es la gran herramienta que nos permite dejar para luego lo que en este instante puede que me limite, distraiga de lo importante o perjudique.  Por ejemplo, si estoy trabajando en Atención al cliente y tengo un pensamiento sobre un cliente que me revuelve. Mi instinto probablemente me lleve a tratarle mal, o regular, o a lo mejor no tan mal porque somos muy profesionales pero seguro que no tan bien como lo haríamos con otra persona que nos resulta más agradable. Sin embargo, si somos capaces de aplicar el “no toca hacer caso a este pensamiento o sentimiento ahora”, podré atender mucho mejor a esa persona. 

En cuestión de instintos, los que nos resultan más conocidos son los biológicos. Por ejemplo, si estás sintiendo ganas de ir al baño es muy difícil hacer como si no pasara nada y obviarlo. Sin embargo, nuestro cerebro es muy bueno y si le distraes o si de repente pasa algo que te obliga a concentrarte en ello, es muy probable que se te pase. Igual ocurre cuando tenemos hambre. 

Paradójicamente, es curioso que solemos ignorar las señales de nuestro cuerpo. Si estoy liado con algo se me olvida comer. Si me lo estoy pasando bien o me engancho a una peli me puedo acostar a las mil. ¿Acaso no tuvimos hambre o sueño? Sí, pero aprendimos a practicar el “no toca” de forma inconsciente. Es decir, sabemos hacerlo. Sabemos hacer caso a nuestros instintos y sabemos obviarlos, a veces conscientemente y a veces inconscientemente.  

Ahora bien, cuando queremos estar en otra parte, cuando nuestro instinto está llamando nuestra atención, nuestra comunicación no verbal nos suele delatar con pequeñas micro señales de incoherencia, que ojos expertos y no tan expertos son capaces de detectar. 

Lo interesante de los instintos es que están relacionados con la parte más animal de nuestro ser. Y lo mismo que en esta imagen esta preciosa perrita ha aprendido a esperar la señal para poder ir a jugar, o para poder moverse porque sus patitas tienen frío, nosotros también podemos aprender a manejar nuestra vida teniendo en cuenta que poseemos instintos que van a darnos señales y que, ahí ya sí, nuestra parte racional, nos ayudará a discernir cómo manejarlas. 

A veces pienso que tener la cabeza bien amueblada ayuda a que cuando te muestras absolutamente espontáneo lo que salga de ti sea coherente y no estridente. Para ello es importante conocerse y ser auténtico. Cuando hacemos las cosas por aparentar, por disimular, nos suelen pillar, antes o después. 

Reglas para mantener la compostura

Por eso, quiero regalarte unas cuantas reglas para que seamos más conscientes y a la vez podamos mantener las composturas que a veces “nos toca” mantener:

  • Escucha a tu cuerpo, es sabio, tanto para avanzar como para frenar.
  • Obsérvate y observa la situación en la que te encuentras, como desde arriba, como si te vieras en una película.
  • Analiza las posibilidades de dar rienda suelta a tus instintos. ¿Es el momento? ¿Qué pasaría si…? ¿Es tan grave?
  • Enfócate en lo que sí toca en ese momento. Elige.
  • No ignores lo que sientes, solo haz saber a tu cuerpo y a tus emociones que lo atenderás cuando sea más conveniente.
  • Respira. Respira. Para y respira más despacio. 
  • Cultiva tu serenidad mental y equilibrio emocional.
  • Comunícate con asertividad cuando necesites expresarte.
  • Conócete, reconoce tus comportamientos, los que te gustan y los que no, porque también forman parte de ti.
  • Cuídate. Desde las 4 partes del ser humano.
  • Valórate y quiérete porque es la única forma de respetarte tanto como lo vas a hacer con los demás, y te hará entenderles mejor. 
  • Los demás también están ahí, no estás solo en el mundo y se ven afectados por tus comportamientos y decisiones. Tenlo en cuenta. 
  • Enderézate, levanta ligeramente la cabeza, pon una sonrisa en tu cara y sigue adelante. ¡Tú puedes! 
  • Comprueba que tienes mucha más capacidad para adaptarte a lo diferente de lo que crees.
  • Reconoce que eres una persona completa, bella y capaz.

Saber estar es cuestión de educación y de saber dónde estás y quién eres, qué quieres y qué es lo más importante para ti y tu entorno en ese momento. Es importante dar con generosidad y amor, porque instintivamente todos somos extraordinarios, cada uno con su peculiaridad. Y con comprensión del otro, aceptación, empatía y tolerancia, saber estar es mucho más fácil. No hay que aguantar, hay que estar lo mejor posible en cada momento.

Con estas claves, ¿crees que vas a poder contar hasta 10 antes de hablar? ¿O no lo vas a necesitar? ¿Sabrás comportarte de manera que no te arrepientas de tus actos tarde o temprano?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

25 enero, 2021

Cuando te levantas por la mañana vas siempre directo al baño, o a la cocina. Cuando te subes al coche o al autobús, ¿cuál es tu rutina? Estamos llenos de rutinas, costumbres y hábitos que nos hacen la vida más fácil y permiten a nuestro cerebro gastar menos energía.

Sin embargo, muchas de esas rutinas o hábitos puede que no sean los más adecuados para conseguir lo que queremos. Por ejemplo, quieres perder peso y tu costumbre diaria es hacer de la cena la comida más importante de tu día, acostándote justo después. O quieres que tu jefe te tenga en una mayor consideración, pero cada vez que aparece por la misma sala en la que tú estás te escondes detrás del ordenador. No parece muy alineado, ¿no?

Hemos de saber que los hábitos son modos de actuar que repetimos de forma continuada, que hemos aprendido o adquirido para conseguir rutinas que nos satisfagan. Ninguno es innato, sino que es conveniente o lo ha sido en algún momento para nuestra vida.

¿Qué nos aportan los hábitos?

  • Seguridad. Sabemos que, si hacemos eso, la consecuencia será esa, que la acción dura ese tiempo y es algo que tenemos controlado, luego no hemos de preocuparnos por ello. 
  • Orden. Hacer eso a la misma hora, en el mismo sitio, nos prepara para ello. 
  • Confianza. Lejos de tener incertidumbre, la constancia en la repetición de nuestras actuaciones nos aporta confianza y tranquilidad. El mundo es predecible.
  • Perseverancia. Sin querer, solo a base de repetir, cogemos la destreza de la perseverancia. Es decir, que para todos aquellos que creáis que no sois nada constantes, pensad en cuántos hábitos adquiridos tenéis a lo largo de un día cualquiera. ¡Seguro que os sorprendéis!
  • La base del aprendizaje, sobre todo de habilidades. Es difícil aprender a hacer algo habiéndolo realizado solo una vez. Necesitamos de repetición para llegar a coger la destreza en ello. Y todas las habilidades requieren sí o sí de práctica, incluso la de liderazgo, por eso el líder, también se hace.

Adaptar tus hábitos al entorno cambiante. ¿Cómo empezamos?

Si vivimos en un entorno cambiante, si evolucionamos según crecemos, ¿nos podemos quedar para siempre nuestros hábitos? A ver, lavarse los dientes después de las comidas o los buenos hábitos relacionados con la educación que aprendemos de niños, ¡seguro que sí! Ahora bien, de vez en cuando, si queremos ser más felices, si queremos lograr nuestros sueños u objetivos, sería conveniente revisar nuestros hábitos adquiridos o aprendidos. 

Revisar comienza por hacernos conscientes, porque nuestras actuaciones al ser ya hábitos las hemos pasado a nuestro subconsciente. Así que hemos de recuperar la consciencia en nuestros actos para poder darnos cuenta de lo que hacemos, cómo lo hacemos, cuándo lo hacemos, dónde lo hacemos, con quién… Necesitamos un punto de partida.

Después, hemos de tener en mente lo que queremos conseguir, para poder chequear si eso que hacemos se dirige a lo que deseamos o no. Aquí hemos de tener cuidado, sobre todo para los autoexigentes y críticos internos, porque tampoco hemos de macharnos por no estar alineados. Si pasó así era porque quizá aún no estábamos preparados para hacerlo de forma diferente. Todo llega en el momento adecuado y si es ahora cuando has sido consciente, será por algo. Aprovecha el impulso de motivación que esto te da para hacer el cambio y retomar el rumbo hacia tus sueños.

Claves para adquirir hábitos nuevos

Seguro que habéis oído hablar de que para adquirir un hábito hacen falta 21 días, aunque hay estudios que hablan de asentarlos con más tiempo. No vamos a dudar que “la práctica hace al maestro”. Por lo que cuanto más practiquemos una nueva forma de actuar, antes la convertiremos en un hecho automático de nuestra vida.

Hemos de entender que cambiar de hábito es un proceso, no se consigue en un día y es probable que al principio cueste. Por eso póntelo fácil. Al menos el primer paso, para ir ganando confianza y motivación con los resultados que vayas consiguiendo. 

Ponerlo fácil significa también que no te pongas presión. Sí que es mejor que lo planifiques (con unos plazos realistas) y que elijas el mejor momento para hacerlo. Has de saber que hacerlo de forma agradable y tranquila te animará a continuar. Así con cualquier cosa nueva que quieras aprender. Recuerda que “si la lección es divertida, nunca se olvida”. ¿Cómo te lo puedes hacer más llevadero? Ya que eres tú quien se lo propone y quien se pone los pasos a dar para lograrlo, sé listo y háztelo lo más gustoso posible.

Busca referentes o modelos que te inspiren. Si los tienes cerca, mejor. Si los ves con frecuencia, te irán recordando el por qué estás haciendo ese cambio y seguir a esa persona, o incluso, poder hacerlo con él/ella, es aún mejor.

Ten paciencia. Cada uno de nosotros tenemos unos ritmos, unas prioridades, un nivel de desarrollo personal y eso hace que los procesos puedan durar más o menos. Regálate tranquilidad, solo tu ego tiene prisa. Respira y piensa que si sigues perseverando, lo lograrás, es cuestión de tiempo. 

Además, como el hombre es el único ser que tropieza dos veces en la misma piedra, y que necesitamos varias piedras para darnos cuenta que quizá haya algo que sería conveniente aprender, si alguna vez flaqueas, ¡es normal! Elige personas que te acompañen en tu cambio, que te animen, que te alienten en los logros que vayas consiguiendo. En definitiva, que te sirvan de apoyo e incluso, que colaboren contigo siendo tolerantes y firmes a la vez. 

Por eso, piensa qué es lo que quieres y enfócate en ello poniendo toda tu atención. Una mente enfocada se pone las pilas para lograr lo que quiere. Solo has de poner hábitos en tu vida que te ayuden a hacerlo realidad. 

Y ahora que sabes cómo hacerlo, ¿qué quieres cambiar? Te mereces ser feliz. Ve a por ello. 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills