"Ojalá un día te veas como yo te veo a ti" ¿Alguna vez alguien te ha dicho esto? ¿Alguna vez has dudado de tus capacidades o no has visto fortalezas que otros te han dicho que poseías?

Como nos ven los demás no suele ser como se ve uno mismo, salvo que se haga un gran trabajo de autoconocimiento personal, y aún así, nos seguiremos sorprendiendo por lo que alguien diga de nosotros en un momento dado.

En esas opiniones influyen numerosos factores, entre otros:

  • Autoestima. Aquí está una de las principales claves. Si tengo una buena autoestima, creeré en mí más y me afectarán menos las críticas o comentarios que otros puedan hacer de mí, porque sabré cuándo son constructivas y cuándo son simplemente comparación, desprecio, juicio, envidia o ataque. Mientras que los comentarios positivos servirán de reconocimiento y reafirmación de nuestras capacidades.  
  • Autoconcepto. Es como pensamos que somos. Suele ser más objetivo y empírico, aunque a veces busquemos cumplir el efecto Pigmalión (sobre lo que decimos que es, buscaremos las señales que nos confirmen esa creencia).
  • Proyecciones. Lo que los demás proyectan de sí mismos con cada opinión también influye, porque ante una misma situación, por ejemplo, un error laboral, una persona que está enfadada verá que no haces bien tu trabajo, mientras que una persona más optimista verá que tienes posibilidades de mejora o sacará lo que cree que sí haces bien. 
  • La autoridad que deposito en la persona que lo dice. Si la persona que me hace un comentario es mi mejor amigo, mi jefe, mi madre, un erudito en una materia… solemos darle una autoridad a su criterio muchas veces por encima de la nuestra propia. Lo alabamos en lo que nos decimos a nosotros mismos: “lo dice porque sabe más”, “lo dice porque me conoce mejor que nadie”, “lo dice porque me quiere”.
  • El momento. No siempre estamos preparados para entender o, más bien, integrar lo que nos están queriendo decir. A veces, hemos dicho a alguien que es brillante en algo y la persona no se lo ha creído, pero llega un día que es como si lo escuchase por primera vez. Cuando esto nos pasa, ponemos atención y nos hace un click interior que es como si de repente lo supiéramos, con certeza absoluta. O al menos, algo dentro de nosotros está diciendo: ¡Sí! Aunque ve con prudencia y sigue alerta para terminar de verificarlo hasta creértelo.

Necesitamos descubrirnos

Todo ser humano tiene múltiples capacidades, virtudes, facetas, caras más amables y caras más oscuras. 

Muchas veces nos vendamos los ojos y no nos queremos ver en el espejo porque puede que nos dé miedo decepcionarnos de lo que la imagen nos muestre, porque sabemos que si lo hacemos seremos muy autocríticos, porque pensemos que no vale la pena o porque no nos reconozcamos. No querer vernos, nos lleva a tampoco saber encontrar nuestro potencial, nuestro talento ni nuestro brillo personal. Si no miras, no verás: ni lo malo, ni lo bueno. 

Hay personas que tienen un ojo especial para descubrir el brillo de los demás. Incluso Gallup lo incluye entre su lista de talentos. Muchos seleccionadores de Recursos Humanos han aprendido a desarrollarlo, pero no es algo exclusivo del ámbito laboral. Saber ver lo bueno que hay dentro de cada persona con la que nos encontramos, con cada amigo o miembro de nuestro equipo, o tener a una persona profesional del desarrollo personal y marca personal que sepa potenciarlo y orientarte, es cada día más importante. 

El mundo nos necesita con todas nuestras capacidades y potencialidades. Salir adelante de situaciones difíciles requiere de dar lo mejor de nosotros. Necesitamos dejar de ver lo negativo para comenzar a ver lo positivo. Necesitamos creernos las altas capacidades que tenemos

Necesitamos confiar

Necesitamos confiar en lo que sabemos, mucho o poco, es lo que nos ha enseñado la experiencia. Y los que tenemos esa capacidad de ver más allá de la superficialidad de los comportamientos de las personas, los que podemos levantar a los que se caen, los que podemos capacitar a quienes lo necesitan, cada uno desde su posición, hemos de volcarnos en ayudar a abrir los ojos a cada persona para que la respuesta a esa frase de “ojalá te vieras como yo te veo” sea sin más: “gracias, ya me veo”.

Hemos de aprender a vernos con una mirada más bondadosa, con amor hacia uno mismo y hacia los demás, con objetividad, con visión de futuro sobre la que proyectarnos y hacia la que avanzar. 

Brillar comienza por uno mismo 

Para brillar solo hay un comienzo: el autoconocimiento y el reconocimiento. Después necesitarás marcarte un objetivo, entrenamiento, práctica, mejora continua, crear o detectar oportunidades, creatividad, estrategia, un plan de acción y querer ser más feliz. 

Dar el paso a la introspección no es fácil, pero el resultado es, sin duda, enormemente satisfactorio. Es un viaje desde dentro de nosotros, desde nuestra esencia, hasta donde queramos llegar. Elige ser tu mejor versión y muéstrasela al mundo. El mundo te necesita. 

¡Permítete brillar! Date la oportunidad. Y recuerda, tu luz, ilumina a los demás. 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills