¿Te ha pasado que por la mañana hasta que dejas los niños en el colegio y llegas al trabajo has estado estresado? No llego, vamos tarde, ¡como siempre! Corriendo todo el día. Y eso acaba generándote un mal humor que no es nada beneficioso para comenzar cada jornada.

No es lo mismo que estés tú solo, que un día te hayas dormido y tengas que salir sin desayunar, porque eso debería ser algo puntual. Si no lo es, también te pueden venir bien alguna de estas ideas.

Quiero hacer referencia más bien a esos días en los que te levantas y, de repente, o es que has ido haciendo todo más despacio, o te ha tomado más tiempo despertarte, o has estado detrás de tus hijos para levantarlos, que desayunen, se aseen, vistan y cojan sus cosas para salir hacia el colegio. En definitiva, días en los que se te echa el tiempo encima. Y si ya de camino a la escuela hay más tráfico de lo normal, vas tirando del brazo al niño porque no avanza al ritmo que quisieras, ¡desesperas! ¡Ufff, respiraaaaaa!

Buenas costumbres para alejar el estrés por la mañana

No se trata de correr más, sino de ajustar mejor los tiempos que necesitas para hacer las cosas. A veces, creemos que con una hora desde que suena el despertador tenemos suficiente para estar listos para salir y llegar a tiempo al trabajo. Pero cuando no tienes que depender solo de ti, esto cambia, y hay que tenerlo en cuenta. Por eso, te invito a probar alguna de estas claves para que no estés atacado de los nervios desde primera hora de la mañana.

  1. Calcula el tiempo mínimo que necesitas para estar listo tú. Comienza por prestar atención al tiempo que utilizas en asearte, porque no es lo mismo una ducha rápida que si además tienes que lavarte el pelo, echarte mascarilla o depilarte. Sí, ya sé que lo haces muy rápido, pero es tiempo que se consume. Yo tengo estudiado que lavarme el pelo me lleva 10 minutos más. Igual pasa con el desayuno, que no se tarda lo mismo tomar un café con tostadas y mantequilla que beberse un batido nutritivo. No te hagas trampas con los tiempos, eso solo va a favorecer tu estrés. 
  2. Suma el tiempo que necesitas en atender a los demás. Si tienes niños, ellos también tienen sus tiempos. Invítales a que se den cuenta también del tiempo que los lleva estar preparados para salir. Os ayudará a saber la hora a la que poner el despertador. Añade tú ese tiempo que tardas en preparar su desayuno, su ropa, hacer su cama cuando son pequeños, ayudarles a vestir… Igual si tienes una persona mayor a tu cargo que has de dejar todo lo que necesite preparado. Sé consciente del tiempo que te lleva y súmalo al tiempo que necesitas tú. Te ayudará dejar todo lo que se pueda preparado la noche anterior.
  3. Tu despertador suena primero. Con esos tiempos que necesitas y que ya eres consciente, pon tu despertador de forma que puedas estar tú lista para acompañar a los demás en su rutina matutina. Decide qué momentos puedes compartir con los demás, como desayunar juntos, o si es mejor que tú lo hagas antes para después solo estar a sus cosas.
  4. Pon tiempos límite. Si sabes que para ir tranquila tienes que salir a las 8 de casa ponte una alarma a las 7:55 AM que te indique que ya es momento de coger tus cosas y salir. Antes de eso puedes ponerte otras alarmas para el momento en el que ya hay que estar lavándose los dientes o que has de estar ya desayunando. Aunque no lo creas facilita mucho porque en lugar de empezar con el “ya vamos tarde”, simplemente, dejas lo que estabas haciendo y te pones con la siguiente tarea. Si un día desayunas menos o te entretienes menos en elegir la ropa, no pasa nada.
  5. Implementa pautas que permitan a cada uno saber lo que puede hacer. Por ejemplo, si tu hija se despierta mientras estás en la ducha, podría decidir irse al sofá a ver la televisión y no ponerse a desayunar. Si quieres que vaya ganando tiempo ha de tener esa pauta clara. Todos han de conocer la rutina que mejor les va cada mañana.
  6. Emocionalmente preparado. Si has sido previsor y por lo que sea no se ha dado bien, no es una tragedia. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Tener que pedir disculpas, aceptar una regañina, pasar vergüenza… si te das cuenta, estamos hablando de cosas que pueden pasar a cualquiera. Hay días que el tráfico es muy intenso y lo sabes porque haces cada día el mismo recorrido o similar. Hay días que se tuercen las cosas, pero al final, todo se reconduce, y se hará mejor con paciencia. Respira. No es tan grave. Mantén tu flexibilidad emocional y mental para actuar con más serenidad.
  7. Ejercicio al amanecer. Desde los que han estudiado que levantarse a las 5 de la mañana te puede hacer más productivo, hasta los que se van al gimnasio antes de ir al trabajo, todos valoran los beneficios que tiene hacer ejercicio por la mañana. Taichi, salir a correr, estiramientos… levántate un poco antes y activa tu cuerpo con la luz del amanecer, verás que también tu humor con las endorfinas y la dopamina te animan y te permiten tomarte de otra forma lo que venga después.
  8. Medita y agradece. La serotonina y la oxitocina también juegan un papel importante en nuestra vida. Agradecer las oportunidades que trae un nuevo día, poder estar en contacto con los demás, con nuestros seres queridos, tener trabajo, vivir… hemos de hacernos conscientes de todo lo bueno que hay en nuestra vida porque igual evita que nos pongamos tan rápido a protestar por llegar tarde.
  9. Cambia de marcha, agiliza lo que puedas. El “vísteme despacio que tengo prisa” de Napoleón tiene sentido porque cuando vas como un loco, lo más probable es que hagas las cosas mal, te dejes olvidado algo, tengas un percance, choques con la gente o con otro vehículo… y eso solo va a hacer que llegues aún más tarde. Pero tampoco se trata de ir despacio como si no pasara nada. Lo mejor es agilizar, cambiar el ritmo de la marcha sin perder el control.
  10. Creatividad para encontrar atajos. Cuando necesitamos optimizar, hemos de agudizar el ingenio para descubrir atajos que nos permitan obtener buenos resultados en menos tiempo. ¿Quién dice que no puedas coser el polo a la falda para ponerte la ropa de una vez? ¿Sabes que si te metes por esa callejuela te evitas dos semáforos? ¿Y si desayunas por el camino y te llevas el cepillo de dientes para cuando llegues lavártelos? ¿O si dejas por la noche preparada la mesa del desayuno? Ten en mente unos cuantos “atajos” para los días que se complican.

Y si aun haciendo todo esto, llegas al trabajo estresado, para. Todo lo vivido por la mañana ya pasó. Ahora estás en otro lugar, con otras personas, con otra tarea por delante. Ponte en el presente. Haz ejercicios para equilibrar y gestionar tus emociones. Y comienza tu jornada enfocada en lo que tienes delante.

Espero que alguna de estas ideas te ayude, aunque solo lo sabrás si lo pruebas. ¿Cómo vas a mejorar tus mañanas para no sentir que vas corriendo desde que te levantas?

Disfruta del comienzo de tu día sin complicarte más de la cuenta.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills