¿A qué tienes miedo? ¿Qué haces cuando sientes miedo?

Los seres humanos somos temerosos, vulnerables, inseguros y muy emocionales. Además, uno de nuestros peores enemigos son nuestros miedos.

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Está claro que todos los seres humanos sentimos miedo, ya que es una de nuestras emociones básicas. Nuestro cerebro está diseñado para nuestra supervivencia y a través del miedo nos hacemos conscientes de los peligros externos que nos pueden amenazar. El miedo actúa de mecanismo de defensa cuando nos enfrentamos a determinados estímulos, tanto reales como imaginarios, y también nos estimula a hacer cambios.

Un experimento llevado a cabo por científicos del Centro de Salud Mental de la Universidad de Texas en Dallas (EEUU), entre ellos John Hart, muestra la reacción emocional que el miedo provoca en las personas, ya sea positiva o negativa. Se trata de la primera vez que un trabajo de investigación identifica un marcador electrofisiológico del miedo en el cerebro, esto es, la manera en la que nuestro cerebro procesa esta emoción.

Bambi de la Rosa, líder del estudio publicado en la revista Brain and Cognition comenta: “Hemos sabido durante mucho tiempo que el cerebro da prioridad a la información amenazante sobre otros procesos cognitivos. Estos resultados nos muestran cómo sucede esto. La actividad de las ondas theta se inicia en la parte posterior del cerebro, en el centro del control emocional - la amígdala – en este caso con miedo, y luego interactúa con el centro de memoria del cerebro - el hipocampo - antes de viajar al lóbulo frontal, donde se encuentran las áreas de procesamiento de pensamientos. Al mismo tiempo, la actividad de ondas beta indica que la corteza motora calienta motores en el caso de que las piernas, por ejemplo, necesiten moverse para evitar la amenaza percibida”

En un artículo del National Geographic nos explican cómo primero los sentidos captan el foco de peligro, pasando a ser interpretado por el cerebro, y de ahí pasa a la acción el sistema límbico. Cuando esto ocurre, se activa la amígdala, que se encarga de desencadenar todo el sistema del miedo, y entonces nuestro cuerpo pasa a sufrir las siguientes reacciones:

  • Aumento de la presión arterial.
  • Aumento de la velocidad en el metabolismo.
  • Aumento de la glucosa en sangre.
  • Detención de las funciones no esenciales.
  • Aumento de adrenalina.
  • Aumento de la tensión muscular.
  • Apertura de ojos y dilatación de pupilas.

En determinados momentos de miedo, puede llegar el pánico, que hará que se desactiven nuestros lóbulos frontales, retroalimentando el miedo y haciendo que se pierda la noción de la magnitud de éste y en muchas ocasiones el control sobre la conducta de uno mismo.

El miedo está en nuestro ADN. Fue muy útil para nuestros antepasados en determinadas épocas de la prehistoria con el fin de que no muriéramos a manos de otros animales y de otras amenazas y peligros, como las inclemencias meteorológicas. Este miedo nos ha ayudado a que nuestra especie sobreviva durante tantos millones de años, actuando como mecanismo adaptativo de nuestro entorno.

Si seguimos la historia podemos encontrar que el miedo ha sido utilizado para bien y para mal. Muchos líderes se han valido del miedo para lograr sus objetivos como el caso de Adolf Hitler y que incluso, algunas religiones a través del miedo han hecho que muchos seguidores hicieran lo que se les pedía, por ejemplo, el seguir los 10 mandamientos para evitar ir al infierno tras la muerte.

En la actualidad, uno de los miedos más enraizados en nuestra sociedad es el miedo a lo diferente y a lo desconocido. Por ejemplo, el tema de las diferencias de orientación sexual que siguen causando tantos conflictos y es hoy en día aún un foco de polémica.

El miedo en sí mismo, como emoción, es positivo, nos ayuda a alejarnos de un suceso para el cual todavía no estamos preparados. El miedo es necesario, el problema es cuando ese miedo es disfuncional; es decir, cuando nuestras creencias e interpretaciones hacen que sintamos miedo de forma desproporcionada o no adecuada a la situación dada.

Según Eduardo Ortega Pérez, nuestras forma de afrontar las situaciones ante la vida están condicionadas por las experiencias=actitudes y por los pensamientos=creencias, que hacen que nos comportemos de diversas maneras ante una situación que nos infunde terror y van desde la tristeza=entierro social hasta el pánico, activando las alarmas, las fobias…

El miedo nos puede llevar a la huida, a la paralización o al ataque. Un ejemplo de actuación de huida puede ser cuando me voy a casar. Justo antes de ir al altar siento miedo y salgo corriendo dejando todo atrás. Un ejemplo de una actuación de paralización podría ser el sentir miedo al hablar en público, al expresar nuestras ideas o a que nos salga bien… y decidimos dejar de hacerlo perdiendo oportunidades de negocios, colaboraciones, llegar a acuerdos… Y un ejemplo de cómo el miedo puede llevarnos al ataque, ante el ejemplo que he puesto antes de penalizar, encarcelar, juzgar o incluso llegar a matar a un ser humano por ser homosexual. Según Amnistía Internacional, más de setenta países persiguen a los homosexuales y ocho hasta los condenan a muerte.

Como estoy comentando, los miedos cuando se les deja, crecen, y normalmente generan unas consecuencias perjudiciales para nosotros o para nuestro entorno, y además, nos restan objetividad. Cuando el miedo es una constante perdemos la confianza en nosotros mismos y en nuestra propia capacidad pero cuando decidimos entenderlo y comprenderlo, el miedo se transforma y cuando lo afrontamos, nos damos cuenta que la mayoría de los temores fueron provocados por nuestro propio miedo y lo que ocasionó ese miedo fue el temor a afrontarlo.

Hoy en día no podemos vivir con un miedo permanente, el miedo nos protege pero no nos tiene que limitar y como dice Paulo Coelho  “Sólo una cosa vuelve un sueño imposible: el miedo a fracasar”

Con el fin de complementar lo que te acabo de compartir te dejo un vídeo de Elsa Punset que habla sobre el Miedo:

 

Después de lo que te he compartido, ¿qué vas a hacer con tus miedos? ¿Cuándo vas a empezar a llevarlo a cabo?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso y que te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García