El teletrabajo ha llegado para quedarse. No solo porque aún estemos conviviendo con el coronavirus sino porque la transformación digital que se venía augurando se ha visto forzada a la realidad en muchas empresas.

Sin embargo, solo las empresas que ya habían empezado a dar los primeros pasos hacia esta opción de trabajo desde donde quieras, son las que mejores resultados están obteniendo porque ya han tenido el tiempo de aprendizaje y ahora pueden resolver la situación de forma más fluida.

El problema es que, direcciones de empresas con filosofías de presentismo están volviendo a la antigua normalidad sin ser nada normal. Y aquellas que han querido dar el salto al teletrabajo no han tenido el tiempo de aprendizaje y ajuste o adaptación que se requiere para encontrar el equilibrio en cada organización.

Y la cuestión es definir para qué estamos proponiendo el teletrabajo. ¿Es una medida de seguridad e higiene laboral? ¿Es una medida de facilitación y beneficio para los colaboradores? ¿Es una muestra de confianza en la que de verdad se ponen a las personas en el foco de las empresas?

La cultura de la empresa será clave para el éxito. No es un parche para salir del paso. Requiere una mentalidad de transparencia, claridad, comprensión, confianza, compromiso, efectividad, innovación y productividad.

Según el EAE, los principales enemigos del teletrabajo son:

  • Perder de vista la línea de separación entre trabajo y casa.
  • No saber decir que no ante una carga desproporcionada de trabajo.
  • Sentirse aislado.
  • Falta de perspectiva: no saber si estás haciendo las cosas bien.
  • Procrastinación: el «dejar las cosas para mañana» de toda la vida. 

Además, añadimos las circunstancias personales de cada uno:

  • No es lo mismo estar solo en casa que tener niños sin colegio.
  • No es lo mismo tener la tecnología habitual adecuada para el desarrollo del trabajo que se tiene en la oficina, que la tecnología casera y parcialmente adaptada ahora al trabajo desde casa.
  • No es lo mismo tener un horario establecido, con sus pausas y hábitos sociales establecidos, que un horario sin definir.

No todo son ventajas y menos cuando el teletrabajo es de obligado cumplimiento:

El entorno laboral. De la misma forma que los estudiantes buscan bibliotecas o salas de estudio para preparar sus exámenes, o el parque de atracciones invita a la diversión y nos pone en ese escenario, el entorno laboral importa para mantenerse concentrado en la tarea que toca, trabajar. La mayor parte de los trabajadores prefiere acudir a la oficina porque así tiene más claro, mental y emocionalmente que es tiempo de trabajo. ¿O tienes un espacio en casa donde tienes integrado que es tu espacio de trabajo?

El trabajo colaborativo. Igual que estamos recriminando a los jóvenes que ya no se relacionan más que a través de las pantallas aunque se tengan al lado, el trabajo colaborativo que impulsamos con teletrabajo diario va en esta línea. Unas colaboraciones ágiles, con comunicaciones más cortas y específicas, aportando el trabajo, no la relación. 

Se pierden las relaciones sociales, las comunicaciones menos formales de las que salen muchas ideas y cooperación, y también el apoyo emocional en el día a día. Compartir alegrías y penas laborales también impulsa el buen desarrollo de los grandes equipos y del trabajo. El clima laboral ahora es el clima de tu casa o el generado en la reunión virtual.

Falta de seguridad. ¿El ordenador es el de la empresa o es el que tienes en casa? ¿Lo usas solo tú o lo compartes con tus familiares? La ley de protección de datos queda vulnerable ante situaciones en las que se comparten equipos. Un robo puede suponer un gran problema para la empresa. Hay crackers que aprovechan cualquier filón para colarse y la responsabilidad es enorme.

Ya que. El “ya que” sirve para no parar de trabajar y dedicar aún más tiempo que el que dedicabas cuando ibas a la oficina. También aprovechamos el “ya que” para asumir más trabajo porque como tú estás con ese tema, quien mejor que tú. Aunque hablamos más que nunca por teléfono, nos cuesta cogerlo. Resolvemos antes haciéndolo nosotros y pedimos ayuda solo si es necesario.

Lidiar con la frustración. Quiero hacer y no puedo porque me falla la conexión, porque no sé utilizar correctamente estos nuevos sistemas de comunicación virtual, porque tengo otros distractores en casa que no me permiten dedicar todo el tiempo que me gustaría o que no me dejan concentrarme, porque no puedo compartir con nadie lo que me sucede, porque nadie está pendiente de mí…

Ante estas situaciones forzosas de teletrabajo, la emocionalidad de las personas se ve muy afectada. Los líderes han de ocuparse de sus equipos y estar aún más cerca, dar feedback más continuo y saber qué les ocurre. Conocer, facilitar, enfocar y acompañar son las palabras clave de esta nueva normalidad.

Obligar a teletrabajar no es un beneficio social al que acogerse y no todo el mundo lo lleva igual de bien. ¿Sabes cómo lo llevan las personas de tu equipo? ¿Qué has ido aprendiendo en este tiempo de teletrabajo para mejorar y que se convierta en una alternativa viable y cómoda para las personas? ¿Cómo compensas los déficits que ofrece? Reflexiona sobre ello y encuentra la mejor opción para tus equipos. 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills