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Es increíble cómo lo que nos rodea nos puede llegar a afectar. Esto sucede porque no somos inmunes a nuestro entorno, porque somos seres sociales y necesitamos de los demás para estar mejor o para llegar más lejos.

Además, nuestras emociones, en su mayor parte, surgen de las situaciones que vivimos y de nuestra forma de pensar e interpretar el mundo. Cada uno de nosotros hemos nacido en un contexto cultural, social, económico y familiar diferente y eso ha marcado nuestra forma de entender y vivir lo que nos rodea.

A veces no nos damos cuenta que hemos perdido la sonrisa hasta que alguien nos lo hace notar. Nos metemos en la bola de la vida, en la rutina, y no nos planteamos siquiera que podemos hacer algo al respecto para cambiar esa situación que nos hace ir como autómatas o que nos tiene de "capa caída".

Tampoco nos engañemos, días malos tenemos y vamos a tener, no vivimos en un mundo de continuo color rosa. Hemos de ser perseverantes ante las dificultades y perseguir nuestros objetivos si de verdad creemos en ellos y son realistas. No se trata de darnos la media vuelta a la primera de cambio porque eso solo significa que lo que teníamos o buscábamos no era tan importante para nosotros.

Lo que trato de decir es que en ocasiones la mejor respuesta es recolocarnos y permitirnos nuevas perspectivas, nuevos sueños, nuevas ilusiones y abrirnos a las nuevas experiencias o personas que puedan llegar a nuestra vida.

Photo by Mantas Hesthaven on Unsplash

De cuando en cuando necesitamos revisar nuestra orientación profesional y también es importante sentirnos bien en nuestra casa, con los objetos que nos rodean, con las personas con las que nos relacionamos y con nosotros mismos.

¿Cómo podemos alejarnos de aquello que nos quita la sonrisa? Os dejo algunas ideas:

  • Para y toma conciencia. Solo se puede gestionar aquello que conoces. Por tanto, para y mira qué tienes a tu alrededor, mírate en el espejo, mira el lugar en el que estás, en el que trabajas, lo que haces, lo que tienes, dónde colocas cada cosa, con quién te mueves… Y pregúntate ¿Es así como lo quiero? ¿Me hace feliz? Limpia y tira todo aquello que no te sirve. Cuando ya no usamos algo desde hace tiempo, cuando nos desanimamos al ver un objeto que tenemos, es el momento de tirarlo o donarlo. Solo si limpiamos, si lo alejamos de nosotros daremos espacio para que llegue lo nuevo, aquello que nos guste y que nos apetezca en lugar de aquello que nos desanime, fomentando nuestra propia evolución. Joseph Newton explica el hábito que tenemos de guardar cosas por si acaso. Por ejemplo, guardar una documentación en el trastero por si algún día la quisiéramos mirar (lo que nunca sucede). A esto lo llamó el "principio del vacío". Así que revisa, limpia y recicla tus cosas.

 

  • Libérate de viejas ideas. Tenemos creencias adquiridas de pensamientos de los demás, de miedos de los otros que proyectan en nosotros o de formas de actuar que nunca te has planteado por ti mismo y que simplemente lo sigues haciendo como lo has visto hacer hasta el momento. Y por otra parte, es posible que tú mismo/a hayas tenido ideas que te sirvieron en un momento dado en tu historia, pero que ya no aplican porque el momento en el que las necesitaste ya pasó. Por eso, es importante hacerte consciente de cuál es esa idea que te convino en su día pero que ya no va contigo. Solo si las detectas las podrás cambiar.

 

  • Trabaja el desapego, sé independiente emocionalmente. Disfruta de las cosas sin necesitar desesperadamente tenerlas. No es necesaria la posesión solo alégrate por el tiempo que puedes compartirlo, usarlo o vivirlo. Ya sea estar con una persona o ponerte tu jersey preferido. Te dejo algunas técnicas para controlar el desapego en este vídeo del psicólogo Walter Riso:

         

 

  • Sé flexible contigo mismo/a. Permítete el cambio. Libérate de los "debo" y "tengo que" para utilizar mejor los "quiero", "necesito" o "me gustaría". No eres siempre así, puedes ser de otra manera y no dejar de ser tú. Tu vida es tuya. Solo tienes una oportunidad para vivirla. Permítete acercarte a aquello que te haga sonreír, alejarte de lo que te amargue la existencia, deja de engañarte con que la situación cambiará y cámbiala tú. Porque ¿sabes la buena noticia? Puedes hacer algo al respecto. Si no puedes cambiar la situación, al menos puedes cambiar tú cómo vivirla.

 

Somos quienes somos por todo lo que hemos vivido. Y seremos como queramos ser según decidamos. Así que elige ser feliz y di adiós, como dice Madonna en su "power of goodbye", a lo que te quite la sonrisa.

¿De qué te vas a desprender? ¿Qué vas a cambiar?


Aprendiendo en el camino del crecimiento.
Raquel Bonsfills

¿Cómo nos quedamos cuando alguien nos responde como no esperábamos? Normalmente nos desconcertamos, nos desilusionamos si es algo que esperábamos con anhelo y no se hace realidad, nos frustramos, nos enfadamos, pasamos de la persona y nos buscamos la forma de resolverlo nosotros mismos, etc.

feliz el gato

En muchas ocasiones, nos encontramos con que el fallo ha sido por nuestra parte, por ejemplo, cuando hemos sido nosotros quienes no hemos anotado correctamente en la agenda una cita y después de esperar un tiempo prudencial a que la persona llegue, la llamamos y nos dice que la cita era al día siguiente, que está así indicado en varios e-mails. ¡Horror! ¿Qué cara se nos queda? No solo porque nuestro tiempo es un bien preciado sino porque nos sentimos abochornados, pedimos disculpas, y como no podemos culpabilizar a nadie más, podemos incluso fustigarnos nosotros mismos. Los mensajes que nos dedicamos en estos momentos es mejor no repetirlos.

Por otro lado, puede suceder que no tengamos en cuenta la programación del otro. Quizá nosotros hemos pensado que era el mejor momento para hacer algo, para hablar con alguien, o para sorprender. Y la sorpresa nos la llevamos nosotros con una respuesta que no esperábamos y que normalmente que nos desencaja. Nuestras emociones y puede que las de la otra persona se verán afectadas por no haber encontrado un “no” más positivo.

¿Qué podemos hacer?

Cuando se trata de cuestiones en las que necesitamos a los demás para avanzar en equipo, para dar solución inmediata, una buena opción es la de programar el encuentro. ¿Cuándo nos vemos para tratar este tema? Incluso si te encuentras por el pasillo, o si es tu compañero de despacho, seguro que también tiene sus tareas que hacer y prefiere atender lo que tenéis ambos entre manos en un momento determinado acordado por ambos, por ejemplo, ¿qué tal te viene que después de comer nos pongamos con ello?, ¿ahora te viene bien? Esto supone encajar las agendas.

Otras veces, necesitamos del buen ánimo de la otra persona. Si vamos a tratar temas de creatividad, por ejemplo, procuraremos que no sea cuando esté agobiado de trabajo. Aunque es cierto que en momentos de necesidad nos volvemos más creativos, no es menos cierto que la ansiedad reduce el rendimiento. Por tanto, buscaremos el momento, siempre que pueda esperar nuestra cuestión a tratar. Preguntas como ¿cómo estás? suelen ser muy de agradecer y ¿qué planes tienes para hoy? te dice la línea que está predefinida por la otra persona y sobre la cual podremos proponer una cita si tiene cabida. En estos casos estamos predispuestos a aceptar con mayor agrado los cambios y podremos iniciarlos suavemente con un ¿y qué te parece si…?, ¿te apetece que…?

Nosotros mismos podemos dedicarnos un momento para parar y permitirnos recalcular. Nos damos un tiempo para afrontar el cambio de planes, el desaire, resolver la controversia no esperada y no sólo en cuanto a qué hacer a continuación sino a cómo encajarlo emocionalmente, volviendo a nuestra armonía personal. La objetividad, tener en cuenta la postura del otro, la empatía y mantener una buena comunicación con el otro y con nosotros mismos serán claves facilitadoras para ello. Preguntarnos ¿qué ha pasado?, ¿cómo se ha dado?, ¿qué estaba haciendo el otro?, ¿había yo valorado posibles alternativas de respuesta, y entre ellas la que me ha dado?, ¿qué he aprendido?, ¿cómo puedo aplicarlo en el futuro?

La competencia de adaptación al cambio y la flexibilidad son buenas compañeras de camino a practicar sobre todo en las relaciones con los demás. La curiosidad por descubrir alternativas, la humildad para reconocer que la nuestra no tenía por qué ser la única vía, son valores para la adaptación. Ampliar nuestra forma de pensar permitiendo la entrada a nuevas ideas que funcionan para otros, que quizá no compartas o quizá quieras poner en práctica como una alternativa para ti, nos será de utilidad para dejarnos sorprender gratamente frente a sentirnos molestos ante los vaivenes de nuestro entorno.

Poner a prueba estas alternativas requiere de esa práctica, y hemos de recordar que podemos elegir la forma en que gestionamos lo que nos ocurre. Por eso, ¿cómo quieres afrontar lo que no quieres oír?

Te espero en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Querido compañero,

¿Qué te lleva a sentirte desbordado?

 Desbordarte

Hoy quisiera hablarte de algunas situaciones rutinarias que nos llevan a sentirnos desbordados en nuestro día a día, algunas son: 

  • No sabemos decir no, ni poner límites, ni a personas, ni a proyectos.
  • Nos agotamos.  Subestimamos el tiempo y la energía que nos va a llevar un trabajo o compromiso.
  • Ver el todo. A veces el mero hecho de ponerte a pensar en todo lo que tenemos que abordar en un corto espacio de tiempo, nos lleva a sentirnos agotados y/o superados.
  • Sentir incertidumbre. Estar preocupados por saber si voy a poder afrontar todos los pagos a final de mes, si voy a poder entregar el trabajo que me encomendó mi jefe o mi cliente a tiempo, saber si voy a estar ahí para apoyar a mis hijos cuando me necesiten…
  • Estamos preocupados por hacer demasiadas cosas diferentes a la vez. Si esta situación se prolonga en el tiempo, llegamos al estrés, porque estamos preparados para soportar esto durante un breve espacio de tiempo, como en un sprint de una carrera, pero no podemos hacer toda la carrera a modo de sprint.
  • Nos exigimos demasiado. Queremos llegar a todo solos y nos culpabilizamos si no podemos o no vemos cumplidas nuestras propias expectativas.
  • Perfeccionismo. Hacer, rehacer, el volver a leer, revisar lo revisado… esto lleva a un retraso en nuestros otros quehaceres o actividades que puede desbordarnos.
  • Atender a las exigencias de los demás. Desatendernos por atender a los otros, olvidándonos de cubrir, incluso nuestras necesidades.
  • Soportar algo que nos incomoda durante bastante tiempo. Os dejo un vídeo al respecto.  

  • Sentimientos acumulados que uno no sabe manejar. No saber gestionar o manejar tus emociones tras un trauma o un hecho muy relevante acaecido en tu vida en el que no sabes si reírte o llorar, en el que se dan emociones encontradas… Nos cuesta elegir qué sentir.

Es importante ponernos alertas para que no lleguemos a que se desborde el vaso y detectar cuándo vamos saturándonos para tomar medidas antes. Y quienes nos van a ayudar a detectarlo son nuestro hemisferio derecho del cerebro (el de las emociones) y nuestro cuerpo.

Estamos acostumbrados a la parte intelectual, a la de los números, a la lógica, a ¿cuántos años tienes de experiencia en el trabajo?, ¿qué edad tiene tu pareja?, ¿te salen o no las cuentas de la economía familiar?, etc... Y enseñamos así a nuestros hijos de la misma manera: ¿has aprendido una letra más?, ¿ya sabes sumar?, ¿conoces los ríos de España?... Pero... ¿y la parte emocional?

No estamos acostumbrados a detectar lo que sentimos y cómo o dónde lo sentimos. No estamos habituados a hablar de cómo estamos, ni a poner nombre a nuestro estado. Y se trata de aprender a conocernos para equilibrarnos y poder equilibrar nuestras emociones con los demás, con nuestros clientes…

Dicen que “el principio del cambio es el darte cuenta de algo” y Miguel de Unamuno ya nos indicó: “el progreso consiste en el cambio”.

En este link podrás encontrar un libro que complementa todo lo que estamos tratando y que te ofrecerá más información sobre el estrés que puede suponer esta sensación de desbordamiento, “el estrés y el arte de amargarnos la vida” de Miguel Costa, Zulema Aguado e Itziar Cestona. 

 ¿Qué otros hechos pueden llevar a desbordarte? Y ahora que te has dado cuenta de lo que te puede desbordar ¿qué vas a hacer para que esto no te suceda?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso y que te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia tu éxito.

Milagros García