¿Cómo nos quedamos cuando alguien nos responde como no esperábamos? Normalmente nos desconcertamos, nos desilusionamos si es algo que esperábamos con anhelo y no se hace realidad, nos frustramos, nos enfadamos, pasamos de la persona y nos buscamos la forma de resolverlo nosotros mismos, etc.

feliz el gato

En muchas ocasiones, nos encontramos con que el fallo ha sido por nuestra parte, por ejemplo, cuando hemos sido nosotros quienes no hemos anotado correctamente en la agenda una cita y después de esperar un tiempo prudencial a que la persona llegue, la llamamos y nos dice que la cita era al día siguiente, que está así indicado en varios e-mails. ¡Horror! ¿Qué cara se nos queda? No solo porque nuestro tiempo es un bien preciado sino porque nos sentimos abochornados, pedimos disculpas, y como no podemos culpabilizar a nadie más, podemos incluso fustigarnos nosotros mismos. Los mensajes que nos dedicamos en estos momentos es mejor no repetirlos.

Por otro lado, puede suceder que no tengamos en cuenta la programación del otro. Quizá nosotros hemos pensado que era el mejor momento para hacer algo, para hablar con alguien, o para sorprender. Y la sorpresa nos la llevamos nosotros con una respuesta que no esperábamos y que normalmente que nos desencaja. Nuestras emociones y puede que las de la otra persona se verán afectadas por no haber encontrado un “no” más positivo.

¿Qué podemos hacer?

Cuando se trata de cuestiones en las que necesitamos a los demás para avanzar en equipo, para dar solución inmediata, una buena opción es la de programar el encuentro. ¿Cuándo nos vemos para tratar este tema? Incluso si te encuentras por el pasillo, o si es tu compañero de despacho, seguro que también tiene sus tareas que hacer y prefiere atender lo que tenéis ambos entre manos en un momento determinado acordado por ambos, por ejemplo, ¿qué tal te viene que después de comer nos pongamos con ello?, ¿ahora te viene bien? Esto supone encajar las agendas.

Otras veces, necesitamos del buen ánimo de la otra persona. Si vamos a tratar temas de creatividad, por ejemplo, procuraremos que no sea cuando esté agobiado de trabajo. Aunque es cierto que en momentos de necesidad nos volvemos más creativos, no es menos cierto que la ansiedad reduce el rendimiento. Por tanto, buscaremos el momento, siempre que pueda esperar nuestra cuestión a tratar. Preguntas como ¿cómo estás? suelen ser muy de agradecer y ¿qué planes tienes para hoy? te dice la línea que está predefinida por la otra persona y sobre la cual podremos proponer una cita si tiene cabida. En estos casos estamos predispuestos a aceptar con mayor agrado los cambios y podremos iniciarlos suavemente con un ¿y qué te parece si…?, ¿te apetece que…?

Nosotros mismos podemos dedicarnos un momento para parar y permitirnos recalcular. Nos damos un tiempo para afrontar el cambio de planes, el desaire, resolver la controversia no esperada y no sólo en cuanto a qué hacer a continuación sino a cómo encajarlo emocionalmente, volviendo a nuestra armonía personal. La objetividad, tener en cuenta la postura del otro, la empatía y mantener una buena comunicación con el otro y con nosotros mismos serán claves facilitadoras para ello. Preguntarnos ¿qué ha pasado?, ¿cómo se ha dado?, ¿qué estaba haciendo el otro?, ¿había yo valorado posibles alternativas de respuesta, y entre ellas la que me ha dado?, ¿qué he aprendido?, ¿cómo puedo aplicarlo en el futuro?

La competencia de adaptación al cambio y la flexibilidad son buenas compañeras de camino a practicar sobre todo en las relaciones con los demás. La curiosidad por descubrir alternativas, la humildad para reconocer que la nuestra no tenía por qué ser la única vía, son valores para la adaptación. Ampliar nuestra forma de pensar permitiendo la entrada a nuevas ideas que funcionan para otros, que quizá no compartas o quizá quieras poner en práctica como una alternativa para ti, nos será de utilidad para dejarnos sorprender gratamente frente a sentirnos molestos ante los vaivenes de nuestro entorno.

Poner a prueba estas alternativas requiere de esa práctica, y hemos de recordar que podemos elegir la forma en que gestionamos lo que nos ocurre. Por eso, ¿cómo quieres afrontar lo que no quieres oír?

Te espero en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills