por 4 de septiembre de 2023Coaching

Cómo recuperarte de los momentos más oscuros

Estamos en un momento en el que lo que sabemos de los demás, especialmente a través de las redes sociales, parece todo maravilloso. En el que triunfan las frases que nos dan más esperanza, nos hablan de amor, valoración o nos producen alegría. ¿Es un espejismo de la vida o es en realidad un anhelo o un deseo de plasmar los mejores momentos para afianzarlos en nuestra memoria? ¿No queremos mostrar los momentos oscuros que todos vivimos en algún momento? ¿Sabes cómo superar tus momentos oscuros?

Más que nunca necesitamos el calor de una buena compañía, pensar que las cosas van a salir bien, que el esfuerzo se va a ver recompensado, creer que somos capaces de conseguir lo que deseamos, que encontraremos el amor verdadero o que podremos vivir una vida más sosegada, con un mayor bienestar personal y profesional.

Sin embargo, el hecho de necesitarlo es el reflejo de la carencia en la que podemos estar viviendo. Carencia a veces real y otras veces, como un sentimiento, un pensamiento distorsionado o una falta de objetividad ante nuestra propia situación. En cualquier caso, lo vivimos como un “momento oscuro”.

¿Qué son los momentos oscuros?

En mis propias palabras, los momentos oscuros son aquellos en los que sientes que estás como dentro de un hoyo, en el que te cuesta ver la luz o el camino para seguir adelante, por mucho que hagas. Donde las emociones juegan un papel importante, ganando o prolongándose en el tiempo los sentimientos más desagradables, que nos pueden llevar a enfermar.

Los momentos oscuros se nos presentan por diversos motivos y en áreas diversas de nuestra vida: cuestiones de salud, familiares, de pareja, laborales, relacionales, económicos,… Suelen llegar para ayudarnos a darnos cuenta de algo que hemos de aprender para crecer. Son estímulos para llevarnos a cambios.

La situación que lo desemboca nos supone un reto o una exigencia en la que nos vemos envueltos y que nos saca de la rutina o de la sensación de equilibrio. Y ahí es donde surgen las ansiedades, los conflictos, las añoranzas de tiempos pasados mejores, la huida, la autoexigencia, la comparación, e incluso, el vivir “como si” no pasara nada o no fuera con nosotros.

En todo caso, es una situación sobre la que hay que actuar, por nuestro propio bienestar y salud tanto física como mental. Es imperativo aprender a superar momentos oscuros.

¿Cómo manejamos los momentos oscuros?

Suele haber dos tipos de posiciones ante estos momentos:

  • “Yo soy culpable”
  • “Los demás, el otro, el mundo son los culpables”

El primer error es pensar en culpabilidad. No hay culpables. Normalmente hay hechos y consecuencias. Los hechos ya se han dado, así que, la opción que tenemos nosotros es la de actuar en consecuencia o no hacer nada, que también es una forma de actuación que tiene sus propias consecuencias.

La segunda cuestión es que ni todo soy yo, ni todo son los demás. Es posible que los demás y el mundo gire sin nosotros y hemos de darnos cuenta que casi nunca lo hacen por fastidiarnos, sino que cada uno actúa creyendo que hace lo mejor, o puede que no sepa hacerlo de otro modo. También hay sucesos incomprensibles, e ilógicos a nuestro entender, donde el objetivo no es buscar la causa sino cómo vivir tras ello. Por otra parte, es muy probable que yo haya permitido que algo sucediera por no haber puesto límites, no haber tenido el cuidado necesario o no haber tomado otra clase de decisiones. Como ves, hay numerosas variables que tratamos de justificar para buscar explicaciones a situaciones que nos desequilibran porque necesitamos comprender. Nos preguntamos ¿por qué? en todas sus versiones: ¿por qué a mí? ¿por qué hizo…? ¿por qué lo hice?… Y muchas veces cuando no encontramos esas respuestas rellenamos la historia de forma que nuestra respuesta tenga sentido.

¿Cómo nos recuperamos de momentos oscuros?

1º Análisis, enfado, tristeza

Lo principal para superar momentos oscuros es entender que es un proceso. No se cura en un día ni hay método milagroso cuando has de aprender algo para recuperar tu equilibrio. Para los que, como yo, nos impacientamos, has de saber que esa inquietud solo va a hacer que te frustres más. Llevará el tiempo necesario, ni más ni menos.

  • Haz un análisis de la situación en la que te encuentras de la forma más objetiva posible. Afrontar la realidad tal cual es, puede llevarnos a querer negarlo, a no querer ver lo que ciertamente estamos viviendo, sintiendo y pensando porque reconocerlo es asumir que estamos en el hoyo, donde ni en nuestros peores sueños nos gustaría vernos.
  • Una vez ahí, es muy probable que te enfades. Que entres en el por qué del que hablábamos antes. Es el momento de ver lo injusto de la situación. Es tiempo de reproches, de quejas y fastidio con uno mismo y con los demás. Permítete el enfado porque es parte del proceso. Necesitas sacar todo ese cúmulo de emociones generadas y contenidas. La recomendación aquí es que lo escribas. Poniendo todo, con toda tu rabia. Desahogándote. También puedes utilizar técnicas para la gestión de la ira que te permita canalizarla de una forma sana para ti y para tu entorno.
  • Cuando ya hayas despotricado todo lo necesario, la tristeza tocará tu puerta. Es el momento de rendirse a la evidencia. Es el reconocer la pérdida, la carencia, la falta de aquello que pensabas necesitar para haberlo evitado, si es que se podía, o reconocer que no tendrás lo que esperabas. Es un momento en el que las fuerzas fallan porque aflojamos y dejamos de pelearnos con lo sucedido. Aquí es donde nos sentimos más vulnerables. Pero date cuenta de algo: ya estás en la mitad del proceso. A partir de aquí, comienza la verdadera recuperación.
    • Por eso, llora todo lo que necesites, permítete no estar para nadie, o para nada, en la medida de lo posible. No te exijas nada para no gastar tus pocas fuerzas más que en lo imprescindible. Es el momento en que de verdad toca autocuidado. Déjate querer. Pide que hagan cosas por ti, que te liberen de carga.
  • Así podrás ir recuperando la energía, y ayúdate con aquello que te haga sonreír, que te genere bienestar. Es tiempo de hacer lo que te guste, de activar las hormonas de la felicidad, de abrazar, de leer lo que te apetezca, de visitar lugares en los que puedas ser tú y a la vez sentirte cómoda. Es el momento de hacer entender al cuerpo que puede estar bien, por lo que activa tus sentidos con sensaciones corporales placenteras y hazte consciente de ellas.

2º Creatividad, aceptación, aprendizajes

  • Con más fuerza descubrirás que se irán abriendo opciones a las que antes no aspirabas siquiera pero que ahora sí te sientes capaz de acometer. Se irá despertando tu creatividad para plantear alternativas de posibles actuaciones. Con tranquilidad para no caer de nuevo en la exigencia. Valorando qué es más fácil para comenzar, o qué opción es más tú. ¿Qué oportunidades se presentan ahora? ¿Qué no habrías pensado nunca que harías o pensarías y te lo estás planteando ahora?
  • Aceptada la situación inicial, es el momento de dar el siguiente paso para continuar el viaje de tu vida. Aceptar lo que fue (pues ya habrá pasado un tiempo y hay que dejar el pasado en el pasado) y avanzar.
  • Por último, y como algo en lo que no solemos parar a revisar porque ya estamos de nuevo caminando, es la importancia de reconocer lo aprendido. ¿Qué creencias has desterrado? ¿Qué nuevas creencias te han ayudado a seguir adelante? ¿De qué te has dado cuenta en este proceso? ¿Qué nuevas habilidades has desarrollado? ¿Qué actitudes te han sido útiles en este tiempo? ¿Qué has aprendido?

La voluntad, el amor por la vida, la disposición de superación, la resiliencia y sobre todo, el optimismo van a ser tus grandes aliados para superar momentos oscuros. Vas a sanar, porque te lo mereces, porque brillas aun con el alma rota, porque sonríes incluso con lágrimas en los ojos, y este trance solo ha sucedido para demostrarte que has de creer más en ti. Las cosas volverán a ser fáciles.

También recuerda que pedir ayuda no es una muestra de debilidad, sino que solo los valientes y los que saben hasta dónde pueden llegar y qué se escapa de sus manos, se rodean de aquellos que saben más y que tienen más herramientas para alcanzar el objetivo de forma más fácil y rápida y superar momentos oscuros.

Y si quieres, te acompaño en el proceso, pues como tú, también aprendo en el camino del crecimiento.

Mucho ánimo. Solo es un momento oscuro. Pasará.

Raquel Bonsfills

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SOBRE LA AUTORA:

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Raquel Bonsfills

Licenciada en Administración y Dirección de Empresas con posgrado en Alta Dirección Hotelera por Les Roches, pronto encamina su carrera profesional hacia el área de RRHH realizando el programa superior de Dirección de RRHH de EAE - Deusto. Desde 2009 apuesta por el crecimiento personal y profesional, centrando su carrera en la consultoría y formación para empresas. En la actualidad, es CEO y socia fundadora de www.2miradas.es.

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