Ante tanto desánimo generalizado, ante el cansancio y las pérdidas, hemos de recordarnos que seguimos aquí, que podemos más de lo que pensamos o estamos viviendo en estos momentos, que tenemos una gran capacidad de aguante y que quien sobrevive es quien mejor se adapta.

Necesitamos recuperar la ilusión, volver a sonreír y en eso el buen tiempo nos va a ayudar un poco. Por eso, quiero dedicar este artículo a ayudarte a mirar al futuro, a mirar a tu interior y a sacar todo lo bueno que tienes y que aún está por venir.

Comencemos por una pregunta: ¿qué quieres?

Tener trabajo, tener mejores condiciones de trabajo, tener más dinero, poder salir y relacionarte con los demás de una forma más natural, sin miedo. Quieres poder darte una alegría, un regalo, hacer algo extraordinario que te saque una sonrisa o rompa tu rutina. Quieres volver a enamorarte, estar más cerca de tus seres queridos. Quieres estar tranquilo o tranquila, sin tantas preocupaciones.

Una herramienta que te puede ayudar es hacer un collage con recortes de revistas o dibujos, o con fotos que puedas componer si lo haces en el ordenador. Coge ese collage y póntelo en un lugar que puedas ver cada mañana, para recordarte que eso es algo que quieres para tu vida.

Y qué pasa si: ¡lo quiero todo! Si es así, prioriza. ¿Qué es lo más importante en este momento para ti?

Elige y define claramente tu objetivo. Recuerda que si no está bien definido puedes desmotivarte incluso antes de empezar. Así que dedícale un tiempo y asegúrate que cumple nuestra regla SMAERT-e.

Visualízate consiguiendo tu objetivo.

Suéñalo. Escucha y siente lo que supondría conseguirlo. Cómo te ves, cómo te oyes hablar, cómo te comportas, cómo vives al haberlo conseguido. Y respira profundamente varias veces acordándote de esa imagen. Si conoces la técnica de PNL (Programación neurolingüística) para generar anclas, utilízala. Solo tienes que tocar una parte de tu cuerpo (por ejemplo, cogerte la muñeca o la barbilla) con una fuerza determinada, firme y suave a la vez, justo en el momento en el que estés sintiendo la máxima intensidad de tu emoción del logro de lo que te has propuesto. Y de vez en cuando vuelve a tocar ese punto de esa forma en concreto para mantener activo el anclaje y, por tanto, la sensación que ahí te has guardado, para que te la recuerdes y te ayude a continuar hacia el objetivo.

Si has llegado hasta aquí, ya habrás podido reconocer que hay algo por hacer más allá de hoy. Eso es lo mínimo necesario para seguir adelante. Así que ¡felicidades!

Valora tus fortalezas

Ahora, necesitas recordarte todo lo que hay en ti, tus fortalezas, lo aprendido. Para ello, haz una lista con todos tus logros tanto personales como profesionales, por pequeños que creas que son. Desde cuando a pesar de tu miedo afrontaste aquella conversación difícil y obtuviste un resultado mejor incluso de lo esperado, o cuando fuiste capaz de responder por encima de las expectativas, cuando conseguiste aquel trabajo, cuando decidiste pensar un poco más en ti y dedicarte tu propio tiempo, cuando conseguiste ese cliente, terminar aquel proyecto, tener un hijo, superar una pérdida y seguir adelante. Estoy segura que tienes mucho mucho que poner en la lista.

En esa historia de logros, seguro que has recogido aprendizajes importantes. Son como mantras o recursos mentales que te ayudaron y te reconociste a ti mismo/a. Por ejemplo, de aquel encuentro con esa persona a la que temías aprendiste que los demás son personas igual que tú, aunque tengan posiciones o roles diferentes al tuyo. O de aquel proyecto que tantas preocupaciones te dio, aprendiste que, con esfuerzo y tesón, con el apoyo y colaboración de todos, se puede lograr mucho más. En aquella pérdida aprendiste que había mucha gente a tu lado en la que apoyarte y que te querían, que no estabas solo. Piensa en todos esos aprendizajes que has ido adquiriendo en tu vida, que te han ido haciendo crecer y creer que se puede.

Recoge esas herramientas adquiridas y ahora plantéate cómo aplicarlas para el logro del objetivo que te propones ahora. ¿En qué te puede apoyar? ¿Con quién puedes contar? ¿Dónde puedes acudir?

Si solo ves el punto negro, pide ayuda para poder tomar distancia, para que el otro te aporte una nueva perspectiva, permítete mirar hacia otros lados que no sean el punto negro para darte cuenta de que hay más opciones. Habla de ello, desahógate, plantea el problema y escucha las respuestas. Después evalúa si te encajan a ti, porque los demás no son tú, pero sí tienen ideas que quizá en este momento a ti no te salgan de forma natural.

Si es un tema laboral, también se puede hablar. Dejarlo pasar no suele arreglarlo. Cuando sientes que pierdes continuamente, al final acabarás pasando de todo, haciendo peor tu trabajo o entrarás en depresión. Así que, actúa. Habla con quien sea necesario. Pide lo que deseas. El no ya lo tienes, ¿y si consigues algo mejor que un no? No lo sabrás si no lo intentas. Pero para pedir eso que deseas, has de prepararte bien. Con buenos argumentos, con objetividad, poniéndote en valor con resultados y hechos. Recuerda que siempre tenemos otra opción, aunque nos de miedo.

Anímate con frases motivadoras. Elige un mantra y entrena a tu cerebro en ella. Siempre en infinitivo, en presente. Por ejemplo, cada día estoy mejor, cada día estoy más cerca de conseguir lo que deseo, voy a lograrlo, puedo conseguirlo, estoy más ágil, sigo estando en forma…

Elige cada día algo que te haga sonreír. Si te has pasado el día enfadado, agobiado, preocupado, llevas muchas horas de entrenamiento de tu cuerpo y cerebro en esa tónica. Por eso, has de compensar o equilibrar un poco toda esa nube de ruido mental. Elige acciones que te generen bienestar, que te den serenidad, que te hagan reír aunque sea a base de chistes o de ese programa que te gusta de la televisión. Algo que te haga olvidar lo anterior y te lleve a pensamientos y emociones más agradables.

Recuérdate por qué deseas lo que deseas. Puedes movilizarte huyendo del dolor o acercándote al placer. Así que, si lo que deseas te da placer, tenlo en mente para que en cada decisión, en cada acción, en cada comportamiento, avances hacia el logro de tu objetivo.

Si necesitas ayuda para avanzar, si necesitas algún recurso que no tienes, lo más importante es reconocerlo, hacerte consciente y luego, enfocarte en conseguirlo.

Nadie dijo que reilusionarse fuera a ser inmediato. Solo hay que permitirse volver a creer, querer algo que puede darse en el futuro, y las fuerzas, las irás ganando poco a poco. Tú puedes. ¡Mucho ánimo!

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills