Hemos escrito mucho sobre el miedo porque el miedo nos genera una sensación desagradable que viene por una situación real o imaginada de peligro. Es una emoción que nos limita, coarta, reduce nuestra capacidad para dar lo mejor de nosotros, nos angustia y nos puede generar estrés.

Una nueva visión sobre el miedo: el apego

En esta ocasión, quiero compartiros la versión budista del miedo y sus recomendaciones para prevenirlo. 

Para los budistas, y según las explicaciones del Lama Rinchen Gyaltsen, “en la medida que estés apegado, en esa medida tienes miedo”. Cuando nos aferramos a algo, tenemos miedo de perderlo. Esto parece muy sencillo de entender, y por ahí empieza nuestro miedo, siempre como algo lógico y funcional. Pero como no solemos parar ahí, sino que rumiamos, distorsionamos, exageramos el riesgo y las consecuencias que me puede traer perder eso a lo que nos aferramos, empeoramos la situación sintiéndonos cada vez peor.

Así que, el primer paso para afrontar nuestros miedos será reconocer aquellas cosas de nuestra vida a las que estamos apegados. Desde el apego a la vida, poniéndonos más trascendentales, hasta el apego a una persona, al trabajo, a mi manera de pensar, a mis rutinas, a la estrategia que utilizo para relacionarme con la gente, a mi coche, a mi físico (de ahí que nos cueste tanto vernos envejecer), etc. 

Comprende lo que hay detrás de tu miedo

La comprensión de todo a lo que nos aferramos nos hace más competentes frente al miedo. Saber por qué me está costando dejar una relación en la que no me siento querida, reconocer por qué cambio continuamente de trabajo, descubrir el motivo de mi desazón cuando no he podido hacer lo que deseaba, cuando no me han seguido en mi iniciativa… nos lleva a gestionar mejor la incertidumbre que nos genera. Y es importante detectar los pensamientos que nos decimos al respecto porque una cosa es el miedo y otra es el referente del miedo, que es la idea que nos obsesiona y hace aumentar el miedo, a modo de combustible. 

Si conseguimos conocer mejor el miedo y sus referentes, además, podremos ser más hábiles en su gestión. Cuanto más hábiles seamos, tendremos más confianza en nosotros y en el mundo, una confianza que se va a traducir en menos miedo. Así que, date cuenta de lo poderoso que es el hecho de parar a tomar consciencia de qué hay detrás de tu miedo, del autoconocimiento. Solo con la comprensión mental ya habrás avanzado en la gestión de tu miedo.

¿Estás compensando tu miedo?

A veces tratamos de compensar ese miedo que sentimos. Por ejemplo, cuando empezamos a tener cierta edad, ante el miedo a envejecer, a que no nos quieran si somos más mayores o no sentimos tan atractivos, nos puede dar el arrebato de vestirnos con ropa más juvenil, de teñirnos el pelo de colores, o de raparnos al cero para evitar que se noten las entradas o que se nos vea la coronilla pelada. 

Muchas veces estas formas de compensar los miedos nos hacen actuar de forma descompensada, por ejemplo, por miedo a arruinarme, todos mis ingresos los acumulo en el banco mientras tengo la nevera casi vacía o me niego a ir de vacaciones o comprar un jersey nuevo. Otras veces, jugamos al “más vale malo conocido” por el miedo a salir de la zona de confort y ampliar nuestras posibilidades. De ahí, que el miedo a perder nos lleve a desesperar por ganar. Que el miedo a ser criticados nos invite a desear alabanzas, que el miedo al malestar nos apremie a buscar placer o que el miedo al anonimato nos movilice a buscar fama. 

4 estrategias para trabajar el miedo

Dependiendo de nuestro temperamento, unos miedos destacarán por encima de los demás aunque todos podamos tener todos en algún momento, como te explicábamos a través de la técnica del Eneagrama. ¿Cuál es tu principal miedo? Hemos de detectar en dónde estamos depositando nuestra felicidad porque ahí es donde estamos poniendo nuestras expectativas, esperanzas y de ahí viene el miedo. Te invito a cuestionarte: ¿De dónde espero que venga mi felicidad? ¿En qué invierto mi tiempo, mi energía, mi dinero? Cuidado que nuestro cerebro está preparado para responder lo que queremos escuchar, trata de ir más al fondo de ti para que te sea útil de verdad.

Una vez detectado, como dice la teoría budista, es más conveniente trabajar a nivel preventivo, para lo cual, han determinado cuatro estrategias a cultivar para prevenir el miedo, que además los maestros nos recomiendan avanzar en ellas en el siguiente orden

  1. Cultiva la virtud. En este sentido nos invitan a desarrollar:
    • La generosidad. Porque ante el miedo a perder, está la energía de la abundancia, el estar dispuestos a compartir lo que tengamos. Abrir nuestra vida a los demás, ser útil y servicial, con lo que tengamos. No tiene que ser dinero, puede ser tiempo, sabiduría, experiencia… Hazte consciente de cuándo estás actuando desde la generosidad. Estate atento a las muestras que tengas de amabilidad hacia los demás. Si es con personas desconocidas y de forma espontánea, mejor. 
    • La autoestima. Porque el autodesprecio crea muchos problemas. En lugar de tratar de recibir la confirmación de otros de que yo valgo, sirvo y puedo, que nos desgasta mucho, comprobar tu propio valor en tus acciones, conciliarte con tu imagen de ti y enorgullecerte de ti mismo. 
  2. Cultivar el equilibrio mental. Desarrollar un estado meditativo. Recuperar el estado natural de la mente que hoy está muy agitada. Queremos tener tranquilidad, estabilidad, claridad y lucidez, una mente tranquila y despierta. Para ello:
    • Estar plenamente presente. Así paramos los pensamientos disruptivos y obsesivos con lo que pasará. Por ejemplo, si haces ejercicio, date cuenta de cómo apoyas los pies, el frío o el calor de la sala, lo cómodo que te encuentras, con quién estás…
    • Toma contacto con tu cuerpo. El miedo está relacionado con ideas, con el discurso de nuestra mente. Entonces, la estrategia, en vez de pensar, es sentir el cuerpo. Y te centras cada vez más en la respiración. ¿Cómo estoy? ¿Qué me dice mi cuerpo? Recuerda que tu cuerpo es tu aliado
  3. Cultivar el altruismo. Esto supone desarrollar amor y compasión. Cuando otro sufre y le acogemos desde el amor y la compasión, relativizamos nuestros problemas. Y mejor si, además, somos capaces de salir del “a mí” y conectarnos con que “esto que me pasa a mí, le está pasando a muchas personas a la vez”, y que al igual que yo no quiero estar en esta situación, deseo que otros también encuentren paz y estabilidad. Eso neutraliza el egocentrismo y el miedo favoreciendo nuestro bienestar.
  4. Cultivar la realidad. Esto nos vienen a decir que la realidad es la que es. Nos invita a salir de nuestra película, de nuestra distorsión y recuperar la realidad, lo que realmente está pasando, con objetividad. Hay dos características que nos van a ayudar a ponernos en esa disposición:
    1. El movimiento. Aceptar que todo está en movimiento. Nada es estático. No podemos controlar el tiempo, simplemente evolucionamos. Por eso hemos de ver el cambio como un juego. Que sea algo divertido porque sería muy aburrido si no hubiera cambio, viviendo continuamente en el día de la marmota. Si hay cambio hay posibilidad de mejorar. Podemos ver el futuro desconocido con una sonrisa, pensar que el futuro va a darme algo con lo que trabajar, con lo que aprender. Déjate sorprender.
    2. La interdependencia. Nuestra mente suele separar las cosas. Quiere dividirlo todo en fotogramas para archivarlo en nuestra mente conceptual, pero nada está aislado. Una semilla cuando encuentra las condiciones propicias germina. Sale un tallo, luego la planta, hojas, flores, fruto, y de ahí, nuevas semillas. Una nube vino de la evaporación del agua. No desaparece. Es un ciclo. Un ecosistema en el que vivimos. Este planteamiento ayuda a disipar el miedo porque todo forma parte del ciclo de nuestra vida. De lo que hemos venido a hacer y a aprender.

Bajar el nivel de nuestro miedo nos va a ayudar a sentirnos más capaces y a fluir mejor con lo que se nos presente en la vida. Afrontar el riesgo que entraña cada miedo dependerá de lo que estamos dispuestos a asumir y de nuestra madurez personal. Y para ver el miedo desde el otro lado, si hay algo que quieres hacer de verdad, con lo que sueñas, pero te da ese nerviosismo que te frena, hazlo a pesar del miedo. Una vez dado el paso, seguramente te des cuenta de que no había sido para tanto. 

Con lo que te he compartido, ¿qué quieres empezar a hacer para prevenir el ir sintiendo miedo por la vida? Trabajar en tu gestión emocional parte de ti. ¡Mucho ánimo!

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills