¿Te has visto en una situación delicada física, emocional o mentalmente, sintiendo el riesgo de no poder más, de estar al límite? ¿Te has forzado probando cosas por sentirte más fuerte, más poderoso, más capaz o por la propia adrenalina? ¿Has llegado a hacer por los demás algo que sabías que podía no acabar bien o que no era saludable, por no fallarles y que te dejaran de apreciar?

Ayer fue el Día Internacional de la Mujer, día en el que la mujer sigue expresando al mundo que es capaz de hacer mucho más. Día en el que se desea que se ponga en valor a cada mujer por ser quien es, por sus competencias, por sus cualidades y por sus fortalezas.

Sin embargo, aunque siga habiendo muchos aspectos en los que parece que tengamos que demostrar las capacidades de las mujeres, creo que nadie pone en duda otras muchas cuestiones, como que está en nuestro ADN la capacidad de hacer equipo, de organizar, de preservar, de cuidar, de dar sostenibilidad a la humanidad… lo tengamos más o menos desarrollado.

Al final, no es una cuestión de hombres o mujeres, es una cuestión de ser felices. No es una cuestión de poder o no trabajar, ni de en qué, es de ponernos a ello creyendo en nosotros mismos, trabajando nuestra autoestima para poder ser líderes de nuestra propia vida.

En estos días he tenido algún susto con la moto y he sabido de otras personas que el susto ha sido grave o incluso, han fallecido. Estamos perdiendo a muchos seres queridos, es decir, la vida igual que nace, perece. No podemos desperdiciarla, jugándonosla sin criterio, o peor aún, por gustar a los demás, por no poner límites o no tenernos en cuenta a nosotros mismos.

Claves para vivir con coherencia

  • Mírate en el espejo. Eres tú. Tal cual. Seguro que empiezas a sacarte defectos, porque nunca nos terminamos de gustar del todo. Requiere de mucha aceptación de nosotros mismos. Sí, nací con la piel clara, o sí, soy bajita, o sí, tengo el pelo revuelto. Es solo un ejercicio de reconocimiento, sin juicio.
  • Escucha a tu cuerpo. Si te empieza un tic en el ojo, es porque tu cuerpo te está dando una señal de que has de parar, puede ser síntoma de estrés o cansancio. Si te duele el estómago puede que sea de los nervios. Si te duele la cabeza, quizá la estás dando demasiada caña y has de pararla. Y si algo te dice que “es por ahí”, como una certeza que no puedes explicar, también es el cuerpo quien te va a avisar.
  • ¿Qué te hace sentir bienestar? Haz una lista de las cosas que te sientan bien. Estar con amigos, salir de caminata, ir al cine, leer, una ducha sin prisa, ayudar a los demás, resolver problemas, programar, coordinar, redactar, simplificar, limpiar. Empieza a reconocer los momentos en los que te sientes bien contigo, en los que estás haciendo algo que te gusta, puede ser con temas de trabajo o en cualquier ámbito. Hazte consciente de cada cosa de tu día con lo que te has sentido bien, desde comer hasta hacer ese informe en el que has plasmado todo tu conocimiento.
  • Antes de actuar, para un segundo. ¿Te vas a dejar llevar sin más por la situación? ¿Lo que la vida te pone delante va o no va contigo? ¿Qué ventajas o beneficios tiene para ti en este momento? ¿Qué ganas y qué pierdes? ¿Cómo afecta a los demás? Es un momento para reflexionar.
  • Define qué es importante para poder elegir. Plantéate un: "¿y yo qué quiero?" Y déjate sentir cómo estarás si aceptas hacer o no hacer algo. Que tomes tus propias decisiones puede generar malestares en los demás, pero como no te puedes olvidar de ti, por lo menos, ponte en la ecuación y evalúa hasta qué punto quieres o simplemente estás dispuesto a asumir las consecuencias o lo que supondrá. No tiene que ser un siempre no, ni un siempre sí. La realidad cambia, las circunstancias cambian y podemos elegir en cada momento. Nadie decide por ti, eres tú quien acepta o no la decisión del otro.
  • Alinéalo con tus objetivos y metas personales o profesionales. Aquí hemos de tener claridad con el ¿para qué lo hago? También te puede ayudar el pensar en ¿desde dónde estoy tomando esta decisión? Desde mi inseguridad, desde mis necesidades insatisfechas, desde mi deseo, desde mi ego… Si no es desde tus valores, desde tu serenidad y desde tu esencia o identidad, si no es congruente con lo que piensas, quieres y sientes, vuelve al punto anterior, quizá haya que tomar otra decisión. 
  • Lo que decidas, hazlo a conciencia. Asegúrate, por lo menos, que te quedas tranquilo con la decisión tomada, aunque no sea la que más te hubiera gustado a ti y hayas optado por el bien común. Esto es importante para no entrar en reproches ni contigo, ni con los demás, para no tener que aguantarte en tu propio rumie de pensamientos, de culpas y justificaciones.   
  • Juégate la vida por lo que quieres. Es difícil a veces ir contracorriente, es duro escuchar palabras desalentadoras cuando tú tienes dudas, aunque algo dentro de ti te dice que sigas adelante. Es fácil caer en conformismo, en autosabotaje o autojustificación en lugar de luchar por lo que verdaderamente quieres. Ahora bien, si no lo haces, ¿para cuándo lo vas a dejar?, ¿te vas a perder la oportunidad? Confía en ti. Pon todo de tu parte, todo lo que esté en tu mano. Y si al final, no sale, es porque no tenía que salir, pero nunca te reprocharás no haberlo intentado hasta el final.

coherente contigo, pon pasión en lo que hagas, cree en ti, descúbrete en tu mejor faceta, permítete decir sí, o decir no, con la misma facilidad. Haz de cada día la mejor jugada de tu vida.

¿Por dónde vas a comenzar?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills