Cuando te levantas por la mañana vas siempre directo al baño, o a la cocina. Cuando te subes al coche o al autobús, ¿cuál es tu rutina? Estamos llenos de rutinas, costumbres y hábitos que nos hacen la vida más fácil y permiten a nuestro cerebro gastar menos energía.

Sin embargo, muchas de esas rutinas o hábitos puede que no sean los más adecuados para conseguir lo que queremos. Por ejemplo, quieres perder peso y tu costumbre diaria es hacer de la cena la comida más importante de tu día, acostándote justo después. O quieres que tu jefe te tenga en una mayor consideración, pero cada vez que aparece por la misma sala en la que tú estás te escondes detrás del ordenador. No parece muy alineado, ¿no?

Hemos de saber que los hábitos son modos de actuar que repetimos de forma continuada, que hemos aprendido o adquirido para conseguir rutinas que nos satisfagan. Ninguno es innato, sino que es conveniente o lo ha sido en algún momento para nuestra vida.

¿Qué nos aportan los hábitos?

  • Seguridad. Sabemos que, si hacemos eso, la consecuencia será esa, que la acción dura ese tiempo y es algo que tenemos controlado, luego no hemos de preocuparnos por ello. 
  • Orden. Hacer eso a la misma hora, en el mismo sitio, nos prepara para ello. 
  • Confianza. Lejos de tener incertidumbre, la constancia en la repetición de nuestras actuaciones nos aporta confianza y tranquilidad. El mundo es predecible.
  • Perseverancia. Sin querer, solo a base de repetir, cogemos la destreza de la perseverancia. Es decir, que para todos aquellos que creáis que no sois nada constantes, pensad en cuántos hábitos adquiridos tenéis a lo largo de un día cualquiera. ¡Seguro que os sorprendéis!
  • La base del aprendizaje, sobre todo de habilidades. Es difícil aprender a hacer algo habiéndolo realizado solo una vez. Necesitamos de repetición para llegar a coger la destreza en ello. Y todas las habilidades requieren sí o sí de práctica, incluso la de liderazgo, por eso el líder, también se hace.

Adaptar tus hábitos al entorno cambiante. ¿Cómo empezamos?

Si vivimos en un entorno cambiante, si evolucionamos según crecemos, ¿nos podemos quedar para siempre nuestros hábitos? A ver, lavarse los dientes después de las comidas o los buenos hábitos relacionados con la educación que aprendemos de niños, ¡seguro que sí! Ahora bien, de vez en cuando, si queremos ser más felices, si queremos lograr nuestros sueños u objetivos, sería conveniente revisar nuestros hábitos adquiridos o aprendidos. 

Revisar comienza por hacernos conscientes, porque nuestras actuaciones al ser ya hábitos las hemos pasado a nuestro subconsciente. Así que hemos de recuperar la consciencia en nuestros actos para poder darnos cuenta de lo que hacemos, cómo lo hacemos, cuándo lo hacemos, dónde lo hacemos, con quién… Necesitamos un punto de partida.

Después, hemos de tener en mente lo que queremos conseguir, para poder chequear si eso que hacemos se dirige a lo que deseamos o no. Aquí hemos de tener cuidado, sobre todo para los autoexigentes y críticos internos, porque tampoco hemos de macharnos por no estar alineados. Si pasó así era porque quizá aún no estábamos preparados para hacerlo de forma diferente. Todo llega en el momento adecuado y si es ahora cuando has sido consciente, será por algo. Aprovecha el impulso de motivación que esto te da para hacer el cambio y retomar el rumbo hacia tus sueños.

Claves para adquirir hábitos nuevos

Seguro que habéis oído hablar de que para adquirir un hábito hacen falta 21 días, aunque hay estudios que hablan de asentarlos con más tiempo. No vamos a dudar que “la práctica hace al maestro”. Por lo que cuanto más practiquemos una nueva forma de actuar, antes la convertiremos en un hecho automático de nuestra vida.

Hemos de entender que cambiar de hábito es un proceso, no se consigue en un día y es probable que al principio cueste. Por eso póntelo fácil. Al menos el primer paso, para ir ganando confianza y motivación con los resultados que vayas consiguiendo. 

Ponerlo fácil significa también que no te pongas presión. Sí que es mejor que lo planifiques (con unos plazos realistas) y que elijas el mejor momento para hacerlo. Has de saber que hacerlo de forma agradable y tranquila te animará a continuar. Así con cualquier cosa nueva que quieras aprender. Recuerda que “si la lección es divertida, nunca se olvida”. ¿Cómo te lo puedes hacer más llevadero? Ya que eres tú quien se lo propone y quien se pone los pasos a dar para lograrlo, sé listo y háztelo lo más gustoso posible.

Busca referentes o modelos que te inspiren. Si los tienes cerca, mejor. Si los ves con frecuencia, te irán recordando el por qué estás haciendo ese cambio y seguir a esa persona, o incluso, poder hacerlo con él/ella, es aún mejor.

Ten paciencia. Cada uno de nosotros tenemos unos ritmos, unas prioridades, un nivel de desarrollo personal y eso hace que los procesos puedan durar más o menos. Regálate tranquilidad, solo tu ego tiene prisa. Respira y piensa que si sigues perseverando, lo lograrás, es cuestión de tiempo. 

Además, como el hombre es el único ser que tropieza dos veces en la misma piedra, y que necesitamos varias piedras para darnos cuenta que quizá haya algo que sería conveniente aprender, si alguna vez flaqueas, ¡es normal! Elige personas que te acompañen en tu cambio, que te animen, que te alienten en los logros que vayas consiguiendo. En definitiva, que te sirvan de apoyo e incluso, que colaboren contigo siendo tolerantes y firmes a la vez. 

Por eso, piensa qué es lo que quieres y enfócate en ello poniendo toda tu atención. Una mente enfocada se pone las pilas para lograr lo que quiere. Solo has de poner hábitos en tu vida que te ayuden a hacerlo realidad. 

Y ahora que sabes cómo hacerlo, ¿qué quieres cambiar? Te mereces ser feliz. Ve a por ello. 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills