por 20 de septiembre de 2022Coaching

¿En qué te basas para dar feedback?

El feedback no es algo solo de los jefes o de los directores, ni siquiera tiene su uso exclusivo el área empresarial. El feedback, en realidad, forma parte del proceso de comunicación y ayuda a que podamos tener una conversación acerca de un tema en concreto.

Ya te he hablado de feedback o retroalimentación, de cómo darlo (para lo que te compartí cinco técnicas diferentes de dar feedback) y te he contado que siempre es mucho mejor si lo haces constructivo.

Sin embargo, solemos asociar el feedback a dar malas noticias, a evaluaciones negativas o a exponer aspectos a corregir, mientras que cuando hablamos de buenas noticias, de evaluaciones positivas o a exponer aspectos a potenciar hablamos de reconocimiento.

¿Necesitamos dos palabras diferentes para poder mantener una conversación con otra persona en la que comentar tanto matices positivos como aquellos que haya que mejorar? La respuesta es No.

Cuando hablamos de feedback, en realidad podemos incorporar en una misma conversación lo más destacable, los datos que tenemos sean buenos o malos, las sensaciones o emociones que nos generan, lo que se va a hacer al respecto e incluso, se pueden generar ideas nuevas y alternativas muy creativas…

Conoce tu cerebro para dar el mejor feedback

Necesitamos prepararnos: conseguir dar un feedback completo como el que te comento no lo podemos hacer si cuando nos disponemos a ello no tenemos en cuenta todas las variables, porque resulta que no todas las personas nos fijamos en lo mismo, o nos importan los mismos detalles.

Nuestro cerebro en esto tiene mucho que ver. Como ya te compartimos cuando hablamos del cerebro y de sus habilidades, el cerebro está compuesto, entre otros, por un par de sistemas operativos, los hemisferios que tienen la destreza de basarse en aspectos diferentes obviando el resto.

Si eres una persona que suele utilizar más el hemisferio izquierdo, es probable que bases tu feedback en:

  • Dar datos.
  • En la atención de los detalles.
  • Comparar los objetivos con los resultados.
  • Separar lo interno de lo externo.
  • Poner límites.
  • Medir, calcular, clasificar o fabricar paso a paso.
  • Ir a lo práctico y útil.
  • Ofrecer o valorar la seguridad y el control.
  • Te centres en temas concretos diferenciando unos de otros. “Vamos por partes”.
  • Te expreses sin afección emocional al respecto, manteniendo la distancia entre el otro y tú.
  • Usar las palabras adecuadas.
  • De una forma más analítica enfocada al logro, descriptiva y conceptualizada.
  • Es fácil que juzgues o etiquetes para poder dar comprensión a esos datos.
  • Que polarices la situación.
  • Y puede que te olvides que lo que has comentado forma parte de un todo.

Si eres una persona que suele utilizar más el hemisferio derecho, es probable que bases tu feedback en:

  • Dar una imagen global, de conjunto.
  • Relacionar las diferentes partes entre sí.
  • Poner atención a lo que te ha llegado a través de los sentidos.
  • El lenguaje no verbal.
  • Expresar lo que emocionalmente genera.
  • Reconocer lo que es familiar o ha pasado más veces. Tirar de memoria y recuerdos.
  • Mostrar empatía y compasión.
  • Ver el sentido más profundo del asunto, la trascendencia.
  • Fomentar la relación y los vínculos afectivos.
  • Buscar la cooperación y la integración.
  • Comentar el crecimiento, la mejora y la evolución de la persona.
  • Enfocarte en cómo adaptarte a la situación dada o imaginada.
  • Diseñar alternativas con creatividad y e incluso dibujando, haciéndolo de una forma poco común.
  • Ofrecer serenidad ante una situación compleja o estresante.
  • Actuar a pesar del cansancio, con eficacia y eficiencia.
  • Aprender de la forma más rápida.

Como puedes darte cuenta, si te quedas solo ofreciendo feedback desde uno de los hemisferios, te puedes perder aspectos esenciales, importantes para ti y para el otro interlocutor. La relación es tan importante como la información. Ninguno de los dos hemisferios es mejor que el otro, de ahí que la conexión de ambos cerebros nos dé siempre una visión más completa.

Por eso, en lugar de quedarte con que las cosas son blancas o negras, que diría nuestro hemisferio izquierdo, deja que el hemisferio derecho te dé profundidad y color sobre el tema en cuestión. En lugar de centrarte en un detalle concreto que haría el hemisferio izquierdo, valora el conjunto como hace el hemisferio derecho. Y al revés, a veces no sirven las generalidades, como podría plantear el hemisferio derecho, has de concretar y centrar el foco y la energía.

Por eso, para dar un feedback en que tengamos en cuenta tanto los aspectos concretos de mejora, como los ideales a alcanzar, hemos de utilizar ambos hemisferios. Si queremos que el feedback no sea brusco y frío, es necesario darlo teniendo en cuenta que hay una persona delante, que tiene sentimientos y capacidad de aprendizaje, permitiendo que el hemisferio derecho haga su trabajo.

Hemos de sumar matices y aplicar las mejores interconexiones entre nuestros hemisferios cerebrales para dar el mejor feedback y reconocimiento.

Y ahora que lo sabes, ¿qué vas a comenzar a hacer para ser un gran conversador y dar el mejor feedback posible? Tú puedes, cuentas con lo esencial, un cerebro completo. Utiliza toda su capacidad y saldrás ganando.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

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SOBRE LA AUTORA:

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Raquel Bonsfills

Licenciada en Administración y Dirección de Empresas con posgrado en Alta Dirección Hotelera por Les Roches, pronto encamina su carrera profesional hacia el área de RRHH realizando el programa superior de Dirección de RRHH de EAE - Deusto. Desde 2009 apuesta por el crecimiento personal y profesional, centrando su carrera en la consultoría y formación para empresas. En la actualidad, es CEO y socia fundadora de www.2miradas.es.

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