Querido compañero,

¿Dices o escribes siempre lo que piensas? ¿Realmente lo piensas? ¿Tienes en cuenta a los demás al ejercer tu libertad de expresión? ¿Ejerces esa libertad por igual en todos tus canales de comunicación, digital y personalmente?

¿Por qué hacernos daño “digitalmente”?

En una sociedad conectada, libre y con distintos polos de opinión, definir qué es correcto y qué es censurable, fuera de la protección jurídica resulta una tarea difícil. La subjetividad, el sesgo de cada uno y los intereses personales puede hacer que estos "límites de la libertad de expresión” se sitúen solo a conveniencia de lo que uno piensa o siente y si añadimos la elección de los medios de difusión, la responsabilidad, la coherencia y el valor se pueden difuminar.

La libertad de expresión

La libertad de expresión fue inicialmente concebida en Inglaterra como una garantía de la libertad de palabra en los debates parlamentarios, hoy ha sufrido profundas transformaciones. Lo que se pretende ejerciendo la libertad de expresión es asegurar el derecho de buscar, recibir y difundir el pensamiento propio. Este derecho topa con límites claramente establecidos relacionados con la vida privada, la intimidad, el honor, y la moral, entre otros.

La comunicación en la era digital

Hoy en día la comunicación no solo realiza a través de los medios tradicionales (libros, diarios, revistas impresas) o a través del contacto personal o en espacios públicos físicos (lugares abiertos, plazas, calles, etc.). Es un hecho que cada día la comunicación entre personas y en las empresas se realiza más de manera digital, especialmente mediante el uso de internet y las redes sociales (social media). Un espacio en el que parece estar todo permitido, donde lo expresado queda escrito/ guardado para siempre y muchas veces ni siquiera se sabe quién es la fuente real del comentario. Antes poníamos cuidado porque “lo que se escribe se lee” y ahora es “cuidado con lo que se publica”.

Esta última forma de ejercer la libertad de expresión, amparándonos en el anonimato o en la distancia del interlocutor, está generando y posibilitando la capacidad de hacerse daño “digitalmente”, de generar heridas que no son visibles pero si profundas y que emocionalmente pueden afectar tanto a la autoestima como a nuestra vida “no digital”.  Esta “escritura” nace del fracaso de la palabra, de lo que no se puede o se atreve uno a decir o no se sabe decir. ¿Por qué? ¿Es respeto al otro o miedo a nuestra libertad por las consecuencias?

Lo "políticamente correcto" en la actualidad

En estos momentos lo “políticamente” correcto atiende a la utilización de expresiones que conlleven a evitar roces, diferencias, enfrentamientos entre personas o grupos. El inicio de la idea de que algo dicho o hecho es “políticamente correcto” data de la década de los 60, con la publicación del libro “The Little Red Book” de Mao Zedong y nace como forma de proteger específicamente a las minorías.

Cuando digo ser políticamente correcto no me refiero a ser correcto en sí, sino a ser respetuoso y considerado con los demás, a ser y saber estar, a la coherencia entre lo que decimos, escribimos y hacemos, a tener una buena y madura salud relacional, a creer y demostrar la igualdad de todas las personas, independientemente de la etnia, la cultura, la religión, el género y la orientación sexual. Son personas, igual que tú.

Claves para ejercer tu libertad de expresión sin dejar de ser políticamente correcto

En cuanto a la libertad de expresión y lo que es políticamente correcto son conceptos que considero se complementan, ya que se puede usar la libertad de expresar lo que se piensa, sin desarmonizar el contexto o momento en el que dicha expresión se lleve a cabo; es decir, tener el cuidado, el tacto y el empeño por no herir u ofender, preservando las relaciones en nuestras comunicaciones.

La convivencia pacífica necesita de ciertos consensos básicos, como el respeto a la vida, a la diversidad, a las opiniones distintas, al Estado de Derecho, etc.

¿Y cómo se puede ejercer la libertad siendo políticamente correcto? Os dejo algunas claves:

  1. Comunícate con asertividad. Todos escribimos o hablamos para ser leídos o escuchados, hazlo sin miedos, defendiendo tus ideas, opiniones y sentimientos pero respetando los del otro. Practica la ecuanimidad. 
  2. Recuerda practicar la empatía. Si te pones en la piel del otro, no querrás lastimar u ofender a los demás.
  3. Ejerce tu libertad de expresión escogiendo un lenguaje respetuoso y amable. Presta atención y reflexiona acerca de las expresiones, los pensamientos y las acciones irrespetuosas y piensa en qué interpretarán las personas que te lean, vean o escuchen para no resultar irreverente o imprudente. Por ejemplo, evita expresiones que insulten o menosprecien a otras personas, evita vocabulario discriminatorio…
  4. Interactúa, conversa y haz amistades nuevas con personas distintas a ti. Ser políticamente correcto no significa tan solo escoger las palabras correctas para expresarte, sino aprender a respetar las diferencias. Cuando consideramos a alguien amigo, le aceptamos como es, por lo que nos resulta más fácil respetar sus ideas y diferencias respecto a nosotros.
  5. Saber usar el humor y las palabras que pueden generar controversias, palabras como: “negro”, “indígena”, “maricón”… antes podrían generar risas, hoy podrían resultar ofensivas. Si el otro no se ríe, deja de ser de buen gusto.
  6. Enfócate en ser amable y bondadoso cuando expreses tus opiniones. Comprende que tus palabras pueden herir a los demás y relacionarse con las experiencias dolorosas que puedan haber sufrido a lo largo de sus vidas. Para lograrlo, te sugiero te enfoques menos en ti mismo y en tus palabras, y más en el impacto que las mismas tienen en los demás.
  7. Responde de manera educada si una persona te dice que tus palabras han herido a alguien. No lo tomes de manera personal ni te pongas a la defensiva. Acepta la decisión de cada persona o grupo de rechazar tu forma de expresarte. Si no te ha gustado escucharlo quizá tengas que revisar algo en ti.
  8. Comprende que la libertad de expresión debe ser recíproca. Las diferencias de opinión son algo natural. El saber aceptar y tomarse con tranquilidad las críticas es fundamental para crecer y mejorar. Y si no te gusta que te critiquen, no lo hagas tú. Además, entender que el otro puede tener razón igual que tú, su razón, igual de válida que la tuya, te servirá para no ser tan coercitivo. 
  9. No difundas mentiras sobre alguien. De media, las informaciones falsas reciben un 70% más retuits que las veraces, es decir, que los usuarios las comparten mucho más entre sus seguidores, ayudando a multiplicar su difusión. Del análisis pormenorizado de 126.000 afirmaciones difundidas en Twitter entre 2006 y 2017 los investigadores han descubierto que las mentiras, además, triunfan porque suelen provocar respuestas de temor, indignación y sorpresa. Si tienes que atacar a alguien con mentiras quizá sea porque no tienes tú argumentos propios que te validen.
  10. Aprende más acerca de los distintos tipos de prejuicios. Entender los prejuicios de la sociedad y del mundo puede ayudarte a abrir los ojos. Comprende que las personas tienen problemas distintos a los tuyos para reflexionar acerca de tus prejuicios.
  11. No utilices términos religiosos específicos cuando estés con personas de distintas religiones. Existen muchas creencias religiosas diferentes, y no todas las personas comparten las mismas ideas. Al hablar con un grupo de personas, recuerda que algunas podrían ser religiosas, agnósticas o ateas. Si quieres describir ciertas características específicas o académicas de un grupo religioso hazlo de forma generalizada, por ejemplo, los miembros de la fe judía celebran como día importante el Yom Kipur.

¿De qué otras maneras puedes ejercer la libertad siendo políticamente correcto?

Después de lo que te acabo de compartir ¿de qué te has dado cuenta? ¿Qué vas a hacer para ejercer tu libertad de expresión siendo políticamente correcto?

Te recuerdo que en 2miradas podemos ayudarte a que puedas expresarte y sentirte libre comunicándote con los demás y contigo mismo de una forma asertiva y sana, estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García