por 15 de octubre de 2022Coaching

Cometer un error es posible

¿Bien o mal? Parece que estemos siempre juzgando lo que es correcto y lo que no lo es. Aún más en el trabajo donde por supuesto hemos de hacerlo todo a la perfección porque es lo que se espera de nosotros, ¿no? Aunque quizá hemos de preguntarnos: ¿Es correcto para quién? ¿Respecto de qué?

Hay muchas cuestiones que responder y reflexionar sobre este tema:

  • ¿Qué consideras un error?
  • ¿Qué haces respecto al error cometido por ti?
  • ¿Y si lo comete otra persona? ¿Cómo reaccionas?
  • ¿Permites el error o te muestras condescendiente por afecto a la persona que lo ha cometido?
  • ¿Y cuando no tienes apego a la persona que lo realizó?
  • ¿Te castigas, fustigas y te culpabilizas cuando sientes que has errado?
  • ¿Por qué?

Tus principios y creencias: la base sobre la que actúas

El sentimiento que nos genera un error y nuestra actuación al respecto está relacionada con nuestros valores, nuestra cultura, nuestra infancia, nuestra historia, nuestros aprendizajes y experiencias, en definitiva, nuestros principios y creencias para movernos por la vida.

Como cada uno tiene unas bases diferentes, podríamos esperar que lo que para una persona está bien, para otra puede ser deplorable. Sin embargo, no es casualidad que en general todos estemos de acuerdo sobre lo que entendemos por comportamientos aceptables y no aceptables, por ejemplo, en lo relacionado con la integridad física o moral, o con la educación y amabilidad o debido a las normas y leyes que dictaminan cuándo es inapropiada nuestra conducta en sociedad, aunque es cierto que una misma norma puede ser aceptada en una cultura y no aceptada en otra.

Desde niños hemos recibido numerosos “no”, “deja eso”, “así no” … siendo el “no” una de las palabras más repetidas por los padres de todas las generaciones ante el desconocimiento del mundo de los más pequeños. Ha sido la forma generalizada de hacernos entender qué estaba bien y qué no.

Como lo aprendimos de pequeños, tenemos automatizado el poner el foco en lo que está mal. Nos es muy fácil detectar el error, incluso pensar que algo va a salir mal, oler la catástrofe, verla venir, hasta desarrollar un sexto sentido sobre las capacidades de las personas que han de realizar ciertas tareas.

También, gracias al desarrollo de nuestro cerebro, hemos aprendido a etiquetar (“sucio”, “roto”, “falta de respeto”) y, por otra parte, a encontrar explicaciones a los “malos comportamientos” dentro de un contexto (estaba enfadada y por eso reaccionó así, estaba cansado y ya no se aguantaba ni él, es exigente consigo mismo y con los demás también, nunca habla de sentimientos y por eso no sabe expresar cuánto te quiere).

¿Qué pasa cuando el error ocurre en el trabajo?

Lo que ocurre cuando el error se comete en el trabajo es que también nuestros compañeros y nuestros jefes, al igual que nosotros, tenemos esa habilidad para detectar el error. No es una excepción.

Salvo que no te guste nada tu trabajo y estés ahí por estar, con lo que tu efectividad y productividad baja, llevándote a cometer más errores que te podrían dar más igual (aunque en mi opinión eso no lo justificaría), en general, nos molesta que nos hagan ver el error, por vergüenza, por baja autoestima, porque muchas veces no hemos sido ni conscientes de haberlo cometido, porque nos dejan en evidencia si lo plantean delante de otras personas y esto ocurre, porque nuestro cerebro y nosotros como seres humanos, estamos diseñados para hacer lo mejor que sabemos con la información que poseemos en cada momento.

Esto me lleva a dos reflexiones más:

  1. Aprender para tener más opciones y poder hacerlo mejor. Elegir la mejora continua.
  2. Canalizar lo que me supone haber cometido el error para no salpicar a nadie, ni que se quede estancado en mi memoria, impidiéndome avanzar.

El aprendizaje en cualquier caso es: Se puede hacer de otra manera.

Sí, tenemos la tendencia a detectar el error, así que cuando lo detectamos es cuando hemos de plantearnos qué vamos a hacer.

 Cuando el error es mío

Cuando el error es mío, las opciones que tengo para avanzar son:

  • Reconocerlo. Tirar balones fuera no te hará responsabilizarte. No todo es por culpa de los demás. Seguro que tu intervención o no intervención ha influido. Te recomiendo eliminar las excusas y aprender a ver cuál ha sido tu papel en lo ocurrido.
  • Disculparte. Pedir perdón a quien corresponda es necesario como parte de asumir esa responsabilidad y hacer notar que te has dado cuenta del error.
  • Poner soluciones. Vale, la has liado. Ahora toca arreglarlo. Lo que esté en tu mano por pequeño que sea, merece la pena. Dejarlo correr a ver si se olvida no siempre da resultado. Si no, prueba. Aunque luego no esperes que, si un día permitiste algo, cuando quieras que no vuelva a pasar y pongas el límite, se entienda. Mejor piensa cómo puedes compensar por error.
  • Perdonarte. No eres perfecto, lo siento.  Ni tú ni nadie. No sabes todo, porque el conocimiento es infinito, ni tienes todas las respuestas, ni puedes estar omnipresente. Llegas a lo que llegas. Y siempre que pongas lo mejor de ti en cada acción, entonces, no habrá reproche. Por eso, no seas tan duro contigo mismo. Cógete con cariño.
  • Aprender. Lo peor es que todo ser humano tropieza dos veces en la misma piedra en algún momento. Y si es algo que has de aprender, la vida te lo presentará en diferentes versiones hasta que lo aprendas. Cuanto antes, ¡mejor! ¿Cómo lo vas a corregir, compensar, hacer mejor la próxima vez? ¿Qué vas a hacer para que no vuelva a ocurrir?

Cuando el error es de otra persona

¿Qué opciones tengo cuando el error es de otra persona?

  • Si has detectado el error será porque ya lo has reconocido. Sin embargo, antes de juzgar a nadie, averigua de quién es la responsabilidad del error. Asegúrate que la responsabilidad es de esa persona y no de otra, y revisa en qué medida es una responsabilidad compartida por varios individuos. Los errores no siempre son de una sola persona, pueden ser un cúmulo de decisiones y acciones que han acabado por tener un resultado poco acertado.
  • Separa el hecho de la persona. El error es el error y quien lo cometió es la persona. Podemos corregir errores, podemos pedir explicaciones, podemos tomar medidas para reconducir situaciones. No podemos cambiar a las personas, no podemos hablar por ellas, no podemos obligarlas a sentirse de una forma determinada. Por eso, no entraremos a cuestionar a la persona sino al error, que sí es algo que podemos manejar.
  • No lo señales en público. Puede que hacer que sienta vergüenza sea un reactivo para que una persona cambie de actitud. Sin embargo, los estudios demuestran que es más efectivo si haces tu comentario sobre el error a esa persona en privado, mejor que en público. Y si periódicamente tienes reuniones, charlas, con esa persona, la fluidez de la comunicación te facilitará el poder poner sobre la mesa temas delicados, buscando que la persona no se muestre reactiva sino en disposición de escucha. Esto puedes realizarlo tanto si eres el jefe como si es al jefe al que quieres compartirle algo que no te ha gustado o que crees que ha sido un error por su parte.
  • Permite el aprendizaje. Si es importante para ti que las cosas salgan bien, habrás de dejar tiempo para que la otra persona aprenda a hacerlo bien. Es un proceso, no creas que lo va a hacer bien a la primera. ¡Ten paciencia! Si no sabe, y tú sí, puedes enseñarle; y si no sabes o no puedes, o no quieres, puedes recomendarle dónde formarse, tanto si es algo técnico como emocional.

La ventaja hoy sobre el error es que hasta en las entrevistas de trabajo te preguntarán qué error has cometido en tu vida, cómo lo has manejado y qué has aprendido de ello.

¿Por qué se pone en valor el error? Precisamente porque nos cuesta aceptarlo, y hacerlo denota nuestra humildad y humanidad, unos valores en alza. También porque superarlo y hacer algo al respecto requiere de valentía, iniciativa, determinación y afán de superación. Además de la capacidad de aprendizaje tan importante hoy.

Por eso, porque todos cometemos errores, porque los vamos a cometer antes o después y porque es posible hacer algo al respecto, aunque sea aprendiendo a gestionar el sentimiento de culpa que puedas tener, revisa tus errores, responsabilízate, toma acciones para no volver a caer en ellos, cuida cómo planteas a los demás los errores que ves en sus actuaciones, siempre con respeto y cariño, y no olvides que son personas igual que tú y que recibirán el error de forma similar. Así que, no hagas lo que no te gustaría que te hiciesen a ti y trata de dar lo que te gustaría recibir.

Ahora que sabes todo esto, ¿qué vas a hacer mejor para manejar los errores que sucedan en tu vida?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

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SOBRE LA AUTORA:

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Raquel Bonsfills

Licenciada en Administración y Dirección de Empresas con posgrado en Alta Dirección Hotelera por Les Roches, pronto encamina su carrera profesional hacia el área de RRHH realizando el programa superior de Dirección de RRHH de EAE - Deusto. Desde 2009 apuesta por el crecimiento personal y profesional, centrando su carrera en la consultoría y formación para empresas. En la actualidad, es CEO y socia fundadora de www.2miradas.es.

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