por 19 de junio de 2023Coaching

Cambio de planes. Qué poco cuesta… ¿o es mucho?

No nos gusta que nos cambien los planes, ni que nos saquen de nuestro “mundo”. Solo lo aceptamos a regañadientes cuando está justificado o le vemos cierto sentido. Sin embargo, a veces pequeñas acciones o cambios en lo que tenías previsto pueden tener un efecto maravilloso en los demás y, en consecuencia, en ti.

Se trata de cubrir necesidades o deseos que el equipo o las personas de tu alrededor tienen y que, aunque a nosotros no nos parezcan importantes, la persona que lo recibe agradece. A veces solo es cuestión de ser detallista.

La dificultad de cambiar lo que tenías en mente

Cuando tenemos un plan establecido en nuestra mente como, por ejemplo: “cuando llegue al trabajo lo primero que voy a hacer es responder el email de Rocío y después llamar a Juan para resolver el tema pendiente de una vez. Hecho eso, ya me podré poner tranquila con mi parte del proyecto para avanzar, que he de terminarlo para el viernes”, es bastante fácil que algo suceda que interrumpa mis planes. Sin embargo, en ese caso la interrupción no sería algo que yo decido, sería un ladrón del tiempo ajeno que me veo “obligada” a gestionar.

La dificultad está en recalcular y sucede por varios motivos:

  • Estamos orientados al logro. Cuando nos planteamos hacer algo o conseguir algo, nuestro cerebro se pone en disposición de lograrlo. Esto es bueno para ayudarnos a alcanzar lo que deseamos, no obstante, es un reto cuando nos encontramos con obstáculos que nos quieren desviar del camino.
  • El hacer planes nos da seguridad. Lo conocido nos da mayor seguridad y tranquilidad. Cuando no sabemos lo que va a ocurrir podemos entrar en ansiedad debido a la incertidumbre. De ahí que nos imaginemos diferentes escenarios para que, si se da uno de ellos, nos resulte familiar. Eso hace que nos asuste menos.
  • Las rutinas generan confianza. El hacer siempre lo mismo o, al menos, realizar algo de forma repetida nos lleva a convertirnos en expertos. Al practicar vamos cogiendo habilidad, destreza, y nos llevará a hacerlo cada vez mejor, más rápido y de forma más optimizada. Por eso, vamos ganando confianza en nuestras propias capacidades para abordarlo creyendo que podemos. Sacarnos de lo que nos genera tal sensación nos hace incomodarnos. De ahí el dicho: más vale lo malo conocido.
  • Nos gusta la autonomía. Poder hacer las cosas con la libertad de elegir cuándo y cómo. A mi manera. Incluso cuando nos sumamos a otras causas o a lo que quieren hacer los demás, nos gusta pensar que es porque confluimos, no porque se nos imponga. No nos gusta recalcular por el hecho de vernos obligados a ello.

Beneficios de hacer pequeños giros a nuestros planes

Dado que la vida no es plana, sino que tiene la capacidad de sorprendernos a diario, nos vemos en situaciones y relaciones que, si aprendemos a verlas de una forma beneficiosa, acabarán siendo mucho más enriquecedoras para nosotros y para nuestro entorno.

Cuando viene una persona y nos desmonta el plan, podemos acogerlo como una oportunidad que tendrá una ventaja final para mí o como un fastidio. Según nos lo tomemos, nos sentiremos más motivados a cambiar de rumbo o no. Lo importante es saber que podemos elegir cómo tomárnoslo. “Si tiene remedio, ¿para qué preocuparse?; si no lo tiene, ¿para qué preocuparse?”. Te dejo algunas acciones que puedes realizar según sean las personas de tu entorno para que veas lo positivo que tiene hacer pequeños cambios en tus planes (puede incluso ¡anotártelo en la agenda como tarea a realizar!):

  • Para una persona a la que le importan las relaciones, el hecho de que te pares un minuto a darle los buenos días y preguntarle cómo está marcará la diferencia. Esa persona y tú generaréis un nuevo vínculo que será de gran utilidad y apoyo en el día a día. Por tanto, merece la pena.
  • Para una persona a la que le gusta tener cierta notoriedad, dedicarle un momento a escucharle, que se sienta protagonista, le hará muy feliz. Te valorará más y contará contigo cuando lo necesite, haciéndolo por las buenas y mostrándose más comprensivo con tus necesidades.
  • Para una persona que necesita sentirse valorado, reconocer su progreso será ilusionante. Puede que no lo tenga todo hecho; sin embargo, esa muestra de haber visto lo que sí ha hecho  le animará a seguir con mayor motivación.
  • Para una persona que es metódica y analítica, evitarle distracciones innecesarias o reuniones que le puedes resumir en un mail, será todo un regalo y tiempo que también te ahorras tú. Si le haces notar que es por cuidar de él, también lo tendrá en cuenta para hacer algo por ti.
  • Para una persona a la que le importa que haya coherencia entre palabras y hechos, que te muestres lo más auténtico posible le hará confiar en ti. Y si le explicas con criterio y detalladamente lo que quieres, esperas y necesitas, será más fácil que se una a tu causa y lo dé todo por ti.
  • Para una persona creativa lo más interesante es que le invites a dar ideas y que tenga una participación en los cambios que necesites realizar le puede gustar. Tampoco te olvides de preguntarle en caso de no ver opciones posibles, si estás en un callejón sin salida o te ofuscas con un problema al que no le ves solución.
  • Para una persona con un fuerte sentido de pertenencia y gran confianza en sí misma y en lo que puede hacer, recuerda darle medios para que logre lo que se propone y verás cómo hace crecer lo que le rodea. Se va a implicar al máximo.
  • Para una persona tranquila, a la que no le gustan los conflictos, no le pongas entre la espada y la pared. No le hagas responder delante de todos. Habla en privado, pide su opinión en petit comité, escúchalo… que no sea por el hecho de que no da guerra que se te olvide tenerle presente. Es un corredor de fondo.
  • Para una persona que tiene que tener la razón y que tiene claro cómo deben ser las cosas, dedica un tiempo a entender su visión y a ser posible, dejarle movilizarse hacia ella. Si su visión no es la misma que la tuya trata de alinearlas para que se sienta implicado y dé lo mejor de sí.

Cada uno somos de una forma diferente y todos tenemos unas necesidades que será siempre mejor tener cubiertas para sentirnos más felices. ¿Podemos hacerlo en el trabajo? Sí, si nos fijamos en cómo somos, si tratamos de conocernos y si nos lo proponemos. Al final, el bienestar es cosa de todos. 

La capacidad de adaptación de tengamos va a ser muy importante para superar con éxito el día a día, y hacerlo nos ofrece un buen entrenamiento para podernos adaptar a situaciones más complejas con las que nos encontremos, a las que nuestro mapa mental no está acostumbrado.

Por eso, cuando te cambien de planes, piensa en tus necesidades y en las de quien te lo pide para que juntos podamos más fácilmente superar los giros de la vida.

Ahora que lo sabes, ¿te sumas a hacer pequeños gestos para llevar mejor y hacer más fácil el día a día de todos?

Aprendiendo en el camino de crecimiento. Raquel Bonsfills

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SOBRE LA AUTORA:

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Raquel Bonsfills

Licenciada en Administración y Dirección de Empresas con posgrado en Alta Dirección Hotelera por Les Roches, pronto encamina su carrera profesional hacia el área de RRHH realizando el programa superior de Dirección de RRHH de EAE - Deusto. Desde 2009 apuesta por el crecimiento personal y profesional, centrando su carrera en la consultoría y formación para empresas. En la actualidad, es CEO y socia fundadora de www.2miradas.es.

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