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27 noviembre, 2022

Tenemos refranes en nuestra cultura que nos trasladan cierta sabiduría de la experiencia. Por ejemplo, “ojos que no ven, corazón que no siente”. No quiere decir que hagas la vista gorda o que hagas como si lo que ves no estuviera sucediendo. Más bien significa que no puedes sufrir por aquello que no sabes. Pongamos un ejemplo, si tu madre no te dice que se encuentra mal, que está yendo al médico desde hace un tiempo y tú no estás a su lado para verlo y cuando os llamáis no te lo comenta para no preocuparte, aparentando normalidad, tú no sufres. Es cuando por fin te dice que algo pasa cuando comienzas a hacer preguntas, a tener inquietud o miedo.

Por otra parte, aquellas personas que tienen la capacidad de ponerse en lo peor, de prever escenarios poco halagüeños, en realidad son personas que tienen una gran capacidad mental, creativa y cierta intuición para sospechar de todo, viendo lo que puede incluso no estar pasando. Aunque es cierto que como a veces tienen razón y se da lo que ellos preveían, se reafirman en su capacidad para predecir catástrofes. En cualquier caso, son personas que “ven” lo que puede pasar con mucha otra información que puede que tú no tengas. Y al verlo, se preocupan. De nuevo se ratifica el refrán.

Sin embargo, hay dichos y refranes que si los valoramos literalmente puede que no nos funcionen. Por ejemplo, “cuando te cases ya no te acuerdas” o “el tiempo lo cura todo”. ¿Y si no te casas? ¿El tiempo por sí solo lo va a curar? No. Aunque sí que la perspectiva que te ofrece el tiempo hace que lo valores desde un nuevo punto de vista. Y lo que era tan importante en un momento dado, luego puede resultarte una anécdota. Claro, eso siempre y cuando dejes de estar viviendo con eso que te incomoda de manera frecuente o repetitiva.

“Salir del escenario” para tomar distancia

Las emociones surgen en cada momento según lo que estemos viviendo. Son las que tocan. Incluso la melancolía del pasado la vivo hoy o la incertidumbre por el futuro la siento en este momento. Por eso, cuando mejor podemos tratar las emociones es en este momento y podemos ayudarnos a sentirnos mejor si salimos del escenario en el que se dan esas emociones desagradables.

Un caso frecuente es aquel en el que estás con una pareja con la que no te sientes querida o crees que te infravalora. Siempre te dicen tus conocidos que le dejes, que no puedes seguir así. Porque si sigues en el mismo escenario, es muy fácil que sigas sintiendo lo mismo. Los factores por los que se mantiene la relación son otros diversos desde que quieres aferrarte a las sensaciones agradables que también te provee la relación, a que no sabes cómo seguir adelante tú sola, a que tienes miedo al cambio, etc.

Igual ocurre con el trabajo. Si sientes que eres invisible o que te sobre exigen, o que no se te trata como esperas o mereces, cada vez que vas al trabajo, vuelves al escenario y con las personas con las que sientes eso a diario y al final tu ánimo se desvanece.

5 formas de tomar distancia

¿Qué puedes hacer para resolver esta situación y sentirte mejor?

  • Hacer otra actividad. ¿Cuántas veces te has puesto a trabajar para no sentir lo que sientes y que el trabajo te sirva de distracción? ¿Cuántas veces has querido salir de fin de semana para desconectar de tu trabajo? Si te das cuenta buscamos hacer algo diferente con lo que sentir otra serie de emociones, o eso esperamos. Esas actividades te ofrecen experiencias con las que sentirte mejor, porque además las eliges. Piensa en el beneficio de salir a correr si es algo que te gusta, ir a tomar algo con un amigo con el que te agrada estar, sentarte con tu libro favorito y olvidarte del mundo real.
    • Ahora bien, esto que es una gran ayuda para el momento, es temporal porque cuando vuelvas a la actividad que te provoca esa incomodidad, es muy probable que vuelvas a tener las mismas sensaciones.
  • Cambiar de escenario.  Si has tenido una discusión con alguien en un lugar en concreto, nuestro cuerpo y mente hacen una interesante asociación y graban lo que pasó ahí, lo que sentiste, y asocia el lugar, con lo dicho, con la emoción y con la persona. Por ejemplo, tu jefe te llama a su despacho para comentarte que no has logrado los objetivos, lo que te hace ponerte a la defensiva, tratar de justificarte, etc. Si vuelve a llamarte a su despacho, tu cuerpo va a mandar una señal de “peligro” que ahí no pasan cosas buenas. O si has tenido una discusión con un cliente que ha sido agresivo contigo, cuando le veas en ese mismo lugar, tu cuerpo querrá salir corriendo de allí. Por eso, para resolver esa conexión neuronal y reactiva que hemos adquirido, hemos de reprogramar lo que hemos interiorizado en ese lugar o con esa persona. En especial cuando son personas que vas a seguir viendo y con las que vas a estar en contacto, para evitar estar incómodo cada día.
    • Puedes ayudarte cambiando de escenario. Por ejemplo, proponiendo a tu cliente quedar en otro lugar, sentarte en otra silla, para que te ofrezcas la oportunidad de abrir tu mente a que pueda ser de otra manera. O si estabas trabajando en algo y te has bloqueado, no ves soluciones, sientes que te has estancado, levántate, muévete, haz que tu cuerpo desconecte de ese momento y coja aire nuevo.
  • Conéctate o utiliza el espacio que más te interese. Si no puedes salir de donde estás, acude con tu mente a ese lugar en el que te sientes siempre bien. Visualiza, recuerda o imagina un sitio en el que nada malo puede suceder. Ese lugar en el que te sientes seguro, tranquilo, en el que puedes parar sin más, en el que solo has de estar, conectado con lo que te rodea, dejándote impregnar de cada sonido, cada color, cada sensación, un lugar agradable para ti. En PNL (programación neurolingüística) se enseña a “anclar” esos momentos, cuando estás con la emoción máxima de bienestar en tu visualización tocando un punto de tu cuerpo, por ejemplo, agarrando un dedo de tu mano. Lo mantienes unos instantes y después vuelves a la realidad. Para reforzar el vínculo que has creado, puedes volver a tocar de la misma forma tu dedo, con la misma fuerza y forma, y reconectar con dichas sensaciones que la escena te provoca. Esto es muy útil cuando te supera una situación, porque te puedes “ir” un instante a ese lugar tan positivo para ti, y una vez más sosegado, retomar con una mayor capacidad de respuesta lo que estás viviendo.
    • También puedes establecer un lugar en el que se pueda hablar de todo, en el que no se juzgue y se escuche. Yo tengo con mi pareja el “sofá de las discusiones”. Discutir no es más que compartir opiniones, hablar sobre un tema, contrastar ideas… Cuando parece que no nos entendemos, llega un momento en el que uno de los dos dice: “vamos al sofá de las discusiones” y allí, ya de otro talante, se piden disculpas si es necesario, se aflojan los egos, se respira, se mira a la persona y juntos, al problema. En el trabajo, se puede y se recomienda tener una sala donde se pueda hablar así. Una sala de reuniones, el lugar donde tomamos café, el banco de la entrada en el que parece que se pasa más desapercibido y en el que comentar todo sin miedo.
  • Date un tiempo para sosegar las emociones porque bajar la intensidad no es inmediato. Sobre todo, cuando estamos muy afectados, cuando estamos muy enfadados, molestos o tristes es mejor tomar cierta distancia. Dejar que se enfríe la situación en lugar de seguir echando leña al fuego. Ahora bien, no te vayas a la cama con ello. Trata de resolverlo lo antes posible. En cuanto hayas regulado la intensidad emocional, trata de cerrar el tema para que no vayas acumulando y no te quedes enganchado día tras día a esa emoción. Hablando se entiende la gente. Y cuando es imposible hablar con esa persona, y lo has intentado, puedes hacerlo de forma ficticia, es decir como si le tuvieras delante o hablaras con ella. Le escribes una nota, le hablas a una silla en la que estaría esa persona sentada… Hacer un simulacro de la conversación te ayudará a calmar tus emociones, prever posibles respuestas y anticiparte en las objeciones.
  • Bebe agua, abre una ventana. Son formas de tomar oxígeno que pueda reactivar tu cerebro. La sensación de respirar hondo y de beber agua tranquilamente hacen que nuestro cerebro cambie de situación y piense que no estamos en peligro. Así que también nos ayuda a relajarnos y estar menos en alerta.

Como ves, tomar distancia física y emocional puede ayudarte a regular tus emociones más desagradables. Ahora que lo sabes ¿Qué vas a comenzar a poner en práctica? Puedes aplicar estas técnicas en el momento en el que se dan tus emociones o al cabo de unos días. No lo dejes mucho. Seguro que no quieres seguir sintiéndote así. Tomar cierta perspectiva te permite tomar decisiones desde fuera que desde dentro del problema te costará más valorar.

Así que cambia, muévete, haz algo que te agrade y practica aquello que te haga sentir mejor.

Te acompaño aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Solo porque te has sentido vulnerable, te has hecho fuerte. Solo porque has visto tu debilidad sabes lo que significa superarse. Hasta en las historias y las películas el héroe/la heroína es una persona normal que acaba desarrollando una habilidad o haciendo algo que otros no se atreven, que se esfuerza, que actúa y se encamina a sus sueños u objetivos, normalmente por el bien común.

Hoy incluso desde Harvard nos explican que el líder no tiene que ser perfecto, que puede mostrar su vulnerabilidad, hablar de sus miedos o de la ansiedad que le producen los acontecimientos. Y hacerlo le permite desarrollar una mayor confianza, flexibilidad y apertura mental. Ya no tiene que saberlo todo, sino que su objetivo es crear un equipo que sepa resolver las situaciones y los conflictos juntos. El líder ha de crear líderes que hagan crecer las empresas, y nada mejor que facilitándoles la posibilidad de pensar.

Si el líder lo sabe todo, las cosas se harán como dictamine el líder, sin posibilidad de cambio o mejora, con una sola visión, con una sola opción, yendo por un camino marcado ajeno a posibles mejoras que aportarían otras perspectivas.

¿Un líder que expresa sus emociones?

Cuando el líder muestra sus dudas sobre el futuro, los que escuchan comienzan a pensar en cómo podría ser ese futuro. Cuando el líder se enfada porque alguien ha cruzado un límite, el equipo entiende que se deben mantener unas reglas comunes para todos, unos valores y la identidad de la empresa u organización, y comienza a pensar en cómo actuar sin cruzar los límites o en cómo flexibilizar esos límites si fuese necesario.

Cuando el líder se alegra por el trabajo realizado por el equipo, les reconoce y reconforta, los anima a seguir haciendo un buen trabajo. Cuando el líder se entristece porque no se han obtenido los resultados esperados, al igual que lo siente el equipo, se dan cuenta que el líder es realista, que no vive ajeno a lo que ellos hacen y, sobre todo, le permite al líder evaluar si los objetivos marcados eran los adecuados o si han de revisarlos juntos. Si eran asequibles, entonces podrán pensar en cómo tratar de conseguirlos la siguiente vez.

Además, cuando una persona pide ayuda, como seres humanos nos disponemos a tratar de hacer lo que esté en nuestra mano de una mejor gana que si nos imponen o nos expresan la directriz de forma ruda y dictatorial. Por eso, el líder que pide ayuda a su equipo para hacer un buen trabajo día a día, para salir adelante, expresándoles el fin que se desea obtener (mejor cuando se hace ver que es un fin común del que todos son partícipes), tendrá a su equipo más dispuesto a lograrlo

¿Qué tiene que ver el dar al equipo la capacidad de pensar con expresar emociones?

La expresión de las emociones del líder ha de ser previamente regulada. Es necesario el desarrollo de la inteligencia emocional de líder.  Un buen líder es aquel que maneja bien sus emociones, que sabe autogestionarse, sabe reconocer la emocionalidad del equipo e influir adecuadamente para canalizarla hacia un mayor bienestar que repercutirá en productividad. Para ello, ha de comenzar por uno mismo y saber reconocer sus emociones, preguntándose ¿qué siente?

Una vez que toma consciencia de las emociones que vive, si están impidiéndole manejar la situación de una forma adecuada habrá de gestionarlas. La influencia de las emociones del líder sobre el equipo es enorme, hasta el punto de que las personas que lo componen quieran acercarse, confíen o admiren a su líder, o, todo lo contrario.

Cuando comience a saber cómo funcionan las emociones en él/ella, podrá descubrirlas más fácilmente en los demás, en su equipo. Cuando comience a practicar técnicas de gestión emocional y vea qué le funciona, podrá aplicarlas con el equipo, ayudarles a expresarlas de forma más adecuada e incluso, saber cómo actuar cuando algún miembro del equipo se desborde.

Espacios seguros en el trabajo para una buena salud mental

Dado que hoy la salud mental es fundamental también laboralmente, esta tarea del líder emocionalmente inteligente se hace cada vez más importante. Y como ejemplo que es para su equipo, será el primero en crear espacios en los que se permita la expresión de las emociones sin dejar que esa comunicación sea tóxica para los compañeros. Velará por el bienestar emocional del equipo.

Si hemos de tener cuidado con las emociones es porque pueden llegar a causar estrés y enfermedades. No queremos personas enfermas en nuestro equipo, no queremos que estén de baja y mucho menos que acaben yéndose de nuestro lado porque no hayamos sabido cuidar de ellos. Siempre partiendo de la premisa de que queremos a nuestro equipo, que cada persona está ahí porque ha sido “la elegida” en cada caso y porque esa persona también ha querido estar en ese puesto con nosotros.

La importancia de la capacitación emocional

Expresar emociones es necesario, hacerlo de la forma más adecuada también y muy especialmente cuando hablamos de emociones desagradables como la irá, el miedo o la tristeza. Por cuestiones principalmente culturales, parece que un líder no puede enfadarse porque parecería agresivo y tampoco puede mostrar su vulnerabilidad porque parecerá pasivo, incapaz o débil.

Sin embargo, reconocer que no sabes es un acto de valentía. Reconocer que te has equivocado es humildad. Reconocer que no puedes, da pie a que te ayude quien sí pueda o a conseguir los recursos necesarios. Reconocer que no tienes fuerzas para hacerlo solo, es una invitación para quien quiera sumarse. Reconocer que no sabe todo, o que no tiene la certeza del futuro próximo, le pone en una disposición de aprendizaje y de escucha para descubrir o crear junto con su equipo mejores respuestas o soluciones, de forma que las decisiones no provengan de una sola mente pensante sino de la suma de las capacidades de todo el equipo.

Así que, ahora que sabes algunos de los beneficios de mostrar tus dificultades, ¿qué vas a comenzar a hacer? Capacítate en inteligencia emocional, comienza por ti, no tienes que ser el líder para promoverlo, puedes comenzar en tu ámbito personal. Y si eres el líder, trata de ser ese héroe normal que se propone hacer algo diferente, como expresar sus emociones y su vulnerabilidad para conseguir ser el mejor líder del mundo.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Estamos todo el día dando nuestra opinión y nuestra versión de la realidad. Nuestro cerebro suele etiquetar lo que ocurre, diferenciando entre si está bien o si está mal, si está de acuerdo o no, si le gusta o disgusta. Y como para gustos son los colores, cada uno tendremos nuestra propia versión de los hechos según los hayamos interpretado.

Cada persona puede tener su opinión, sin embargo, cuando se la contamos a alguien y esa opinión es sobre su trabajo, su persona, su comportamiento, su conocimiento, habilidad o actitud, empezamos a tocar fibras sensibles con las que ya no estamos tan conformes y podemos llegar a herir a las personas que nos rodean.

Dicen que una crítica es un regalo porque cuando la crítica es constructiva o positiva, como os compartía en el artículo sobre feedback y cómo darlo teniendo en cuenta los dos hemisferios cerebrales, cuando tenemos en cuenta a la persona y también los hechos, concretando y a la vez acompañando, entonces esa crítica sí que nos va a ayudar a crecer.

Sin embargo, es frecuente que aun cuando nos dan un feedback con cariño y de una forma objetiva, nos lo tomamos mal, entramos en justificaciones, rechazo hacia la persona que nos lo ha dicho, nos incomodamos, procrastinamos eso que nos piden porque nos han hecho ver que no lo hacemos bien.

Diferentes personas, diferentes reacciones a la crítica

¿Por qué nos duele tanto?Es cierto que hay personas que parece que les resbalan las críticas o que incluso hacen una gracia cuando la reciben o se ríen o hacen burla. No siempre ese comportamiento significa que no tengan en cuenta lo que se les está diciendo, sino que puede que no quieran tocar su propio dolor por la crítica recibida y lo utilizan como mecanismo de defensa para huir del malestar que les causa si lo toman en serio.

Otras personas cuando reciben la crítica siguen con su modo de actuación de siempre, como si no les hubieras dicho nada, igual que si les das un vaso de agua: inocuo. Parece que no han escuchado nada de lo que les has dicho. Este comportamiento puede venir por evitar entrar en conflicto, o por no desgastarse para cambiar la forma de actuar o para no comenzar con justificaciones que no llevan a ningún lado, incluso por eludir el esfuerzo de corregir algún comportamiento, una rutina, un trabajo…

También, por tipo de personalidad, les puede costar aceptar una crítica a las personas que viven la corrección de lo que sea de su vida como un fallo personal porque son perfeccionistas y autoexigentes. No pueden fallar porque el error les hace sentir vulnerables, pequeñitos, que no saben algo que deberían saber, aunque lo demás esté todo bien, se van a fijar en el “pero”, y eso cuesta. Lo han hecho mal. Incluso pueden entrar en una inquietud como la que vivían cuando eran pequeños y les regañaban. ¿Te has encontrado con personas que parece que no se les puede decir nada?

También hay personas muy sensibles a las críticas, personas que se sienten insuficientes: insuficientemente buenas, insuficientemente valiosas, insuficientemente queridas, insuficientemente capaces... Cuando la autoestima está bajita nos ponemos menos en valor y que te digan que no haces las cosas bien solo es echar más leña al fuego.  

A veces, decir a alguien que “no se lo tome así” también es decirle que se lo está tomando de forma incorrecta, lo que es otro error por su parte, o así lo entiende. Además de que a nivel de inteligencia emocional estamos negándole su emoción, lo que tampoco ayuda.

¿Cómo cambiar esta reacción ante la crítica?

Es difícil de cambiar esa reacción que nos genera una crítica porque está en la personalidad de cada uno, aunque no es imposible. Se puede aprender a llevarlo mejor y por eso es importante el autoconocimiento.

Has de saber qué es lo que te hace sentir pequeño, por qué te está incomodando tanto esa crítica. ¿Es por quién te la hace? ¿Es porque tú eres el más crítico contigo mismo? ¿Es porque la crítica toca un tema delicado por un trauma anterior que no tienes bien curado? ¿Es por la forma en la que se ha dicho o por cuándo y delante de quién se dijo? ¿Es porque te comparas o minusvaloras? ¿Qué hay debajo de eso que te han dicho que te remueve?

Quédate solo con la frase que se ha dicho y analiza. Escúchate a ti a ver qué te estás diciendo sobre esa crítica. ¿Qué emociones te genera? Descubre las creencias que hay en ti sobre esa crítica y revisa cuánto de facilitadoras son para llevarla mejor. Atrévete a destapar la caja de los truenos para dejarlos salir y que la herida que te causa la crítica se cierre.

Estamos en continuo aprendizaje, una crítica puede ser muy buena para nuestro desarrollo, puede que ni nos hubiéramos dado cuenta y nos abra una luz que nos beneficie enormemente. Incluso puede que no haya nada que hacer con esa crítica porque no merece que le demos ni un momento de nuestra vida a pensarlo. Sin embargo, esa decisión solo la podrás hacer de forma sana desde tu seguridad personal y con humildad.

Toma las críticas como opiniones de los demás, que es lo que son. No tienes que estar de acuerdo con todas las opiniones, ¿verdad? Solo no dejes que te hundan, sino que te sirvan para apoyarte en ellas para ser tu mejor versión.

Toma cada crítica con cariño hacia ti, como un impulso de renovación. No todas se pueden resolver en 2 minutos, aunque siempre se puede hacer algo por mejorar cuando nos lo proponemos. Y me dirás, “ya, pero hay cosas que no están en mi mano, que no las puedo cambiar”. Es cierto que los hechos son, que si tienes una cicatriz en la cabeza no la vas a borrar, ni falta que hace. Lo que sí puedes trabajar es la forma de tomarte los comentarios sobre esa cicatriz, para sentirte mejor. Muchas veces el cambio está en aprender a llevarlo de otra manera, no en modificar el hecho en sí.

Otras veces, cuando el cambio está en tu mano, puede ser cuestión de tesón, dedicación, consciencia para cambiar un hábito o una forma de trabajar. Lo importante es querer. Te dejo el link al artículo sobre técnicas para aceptar mejor las críticas por si te ayuda. Y como no querrás hacer sentir a los demás como no te gusta sentirte a ti, te comparto también otro de nuestros artículos para que puedas hacer críticas constructivas.

Si te supera recibir críticas y te cuesta sobremanera manejarlas, pide ayuda. Como has visto es muy normal, no te avergüences ni tengas miedo, va con nuestra personalidad. Psicólogos, coaches y profesionales de la salud mental estamos ahí para ayudarte. Lo importante es que disfrutes de la vida, que trabajes por tu bienestar tanto personal como profesional, y lo que haya que aprender, ¡se aprende!

Después de lo que te he compartido, ¿qué vas a comenzar a hacer cuando recibas una crítica?

Te acompaño aprendiendo en el camino del crecimiento. Raquel Bonsfills

¿Bien o mal? Parece que estemos siempre juzgando lo que es correcto y lo que no lo es. Aún más en el trabajo donde por supuesto hemos de hacerlo todo a la perfección porque es lo que se espera de nosotros, ¿no? Aunque quizá hemos de preguntarnos: ¿Es correcto para quién? ¿Respecto de qué?

Hay muchas cuestiones que responder y reflexionar sobre este tema:

  • ¿Qué consideras un error?
  • ¿Qué haces respecto al error cometido por ti?
  • ¿Y si lo comete otra persona? ¿Cómo reaccionas?
  • ¿Permites el error o te muestras condescendiente por afecto a la persona que lo ha cometido?
  • ¿Y cuando no tienes apego a la persona que lo realizó?
  • ¿Te castigas, fustigas y te culpabilizas cuando sientes que has errado?
  • ¿Por qué?

Tus principios y creencias: la base sobre la que actúas

El sentimiento que nos genera un error y nuestra actuación al respecto está relacionada con nuestros valores, nuestra cultura, nuestra infancia, nuestra historia, nuestros aprendizajes y experiencias, en definitiva, nuestros principios y creencias para movernos por la vida.

Como cada uno tiene unas bases diferentes, podríamos esperar que lo que para una persona está bien, para otra puede ser deplorable. Sin embargo, no es casualidad que en general todos estemos de acuerdo sobre lo que entendemos por comportamientos aceptables y no aceptables, por ejemplo, en lo relacionado con la integridad física o moral, o con la educación y amabilidad o debido a las normas y leyes que dictaminan cuándo es inapropiada nuestra conducta en sociedad, aunque es cierto que una misma norma puede ser aceptada en una cultura y no aceptada en otra.

Desde niños hemos recibido numerosos “no”, “deja eso”, “así no” … siendo el “no” una de las palabras más repetidas por los padres de todas las generaciones ante el desconocimiento del mundo de los más pequeños. Ha sido la forma generalizada de hacernos entender qué estaba bien y qué no.

Como lo aprendimos de pequeños, tenemos automatizado el poner el foco en lo que está mal. Nos es muy fácil detectar el error, incluso pensar que algo va a salir mal, oler la catástrofe, verla venir, hasta desarrollar un sexto sentido sobre las capacidades de las personas que han de realizar ciertas tareas.

También, gracias al desarrollo de nuestro cerebro, hemos aprendido a etiquetar (“sucio”, “roto”, “falta de respeto”) y, por otra parte, a encontrar explicaciones a los “malos comportamientos” dentro de un contexto (estaba enfadada y por eso reaccionó así, estaba cansado y ya no se aguantaba ni él, es exigente consigo mismo y con los demás también, nunca habla de sentimientos y por eso no sabe expresar cuánto te quiere).

¿Qué pasa cuando el error ocurre en el trabajo?

Lo que ocurre cuando el error se comete en el trabajo es que también nuestros compañeros y nuestros jefes, al igual que nosotros, tenemos esa habilidad para detectar el error. No es una excepción.

Salvo que no te guste nada tu trabajo y estés ahí por estar, con lo que tu efectividad y productividad baja, llevándote a cometer más errores que te podrían dar más igual (aunque en mi opinión eso no lo justificaría), en general, nos molesta que nos hagan ver el error, por vergüenza, por baja autoestima, porque muchas veces no hemos sido ni conscientes de haberlo cometido, porque nos dejan en evidencia si lo plantean delante de otras personas y esto ocurre, porque nuestro cerebro y nosotros como seres humanos, estamos diseñados para hacer lo mejor que sabemos con la información que poseemos en cada momento.

Esto me lleva a dos reflexiones más:

  1. Aprender para tener más opciones y poder hacerlo mejor. Elegir la mejora continua.
  2. Canalizar lo que me supone haber cometido el error para no salpicar a nadie, ni que se quede estancado en mi memoria, impidiéndome avanzar.

El aprendizaje en cualquier caso es: Se puede hacer de otra manera.

Sí, tenemos la tendencia a detectar el error, así que cuando lo detectamos es cuando hemos de plantearnos qué vamos a hacer.

 Cuando el error es mío

Cuando el error es mío, las opciones que tengo para avanzar son:

  • Reconocerlo. Tirar balones fuera no te hará responsabilizarte. No todo es por culpa de los demás. Seguro que tu intervención o no intervención ha influido. Te recomiendo eliminar las excusas y aprender a ver cuál ha sido tu papel en lo ocurrido.
  • Disculparte. Pedir perdón a quien corresponda es necesario como parte de asumir esa responsabilidad y hacer notar que te has dado cuenta del error.
  • Poner soluciones. Vale, la has liado. Ahora toca arreglarlo. Lo que esté en tu mano por pequeño que sea, merece la pena. Dejarlo correr a ver si se olvida no siempre da resultado. Si no, prueba. Aunque luego no esperes que, si un día permitiste algo, cuando quieras que no vuelva a pasar y pongas el límite, se entienda. Mejor piensa cómo puedes compensar por error.
  • Perdonarte. No eres perfecto, lo siento.  Ni tú ni nadie. No sabes todo, porque el conocimiento es infinito, ni tienes todas las respuestas, ni puedes estar omnipresente. Llegas a lo que llegas. Y siempre que pongas lo mejor de ti en cada acción, entonces, no habrá reproche. Por eso, no seas tan duro contigo mismo. Cógete con cariño.
  • Aprender. Lo peor es que todo ser humano tropieza dos veces en la misma piedra en algún momento. Y si es algo que has de aprender, la vida te lo presentará en diferentes versiones hasta que lo aprendas. Cuanto antes, ¡mejor! ¿Cómo lo vas a corregir, compensar, hacer mejor la próxima vez? ¿Qué vas a hacer para que no vuelva a ocurrir?

Cuando el error es de otra persona

¿Qué opciones tengo cuando el error es de otra persona?

  • Si has detectado el error será porque ya lo has reconocido. Sin embargo, antes de juzgar a nadie, averigua de quién es la responsabilidad del error. Asegúrate que la responsabilidad es de esa persona y no de otra, y revisa en qué medida es una responsabilidad compartida por varios individuos. Los errores no siempre son de una sola persona, pueden ser un cúmulo de decisiones y acciones que han acabado por tener un resultado poco acertado.
  • Separa el hecho de la persona. El error es el error y quien lo cometió es la persona. Podemos corregir errores, podemos pedir explicaciones, podemos tomar medidas para reconducir situaciones. No podemos cambiar a las personas, no podemos hablar por ellas, no podemos obligarlas a sentirse de una forma determinada. Por eso, no entraremos a cuestionar a la persona sino al error, que sí es algo que podemos manejar.
  • No lo señales en público. Puede que hacer que sienta vergüenza sea un reactivo para que una persona cambie de actitud. Sin embargo, los estudios demuestran que es más efectivo si haces tu comentario sobre el error a esa persona en privado, mejor que en público. Y si periódicamente tienes reuniones, charlas, con esa persona, la fluidez de la comunicación te facilitará el poder poner sobre la mesa temas delicados, buscando que la persona no se muestre reactiva sino en disposición de escucha. Esto puedes realizarlo tanto si eres el jefe como si es al jefe al que quieres compartirle algo que no te ha gustado o que crees que ha sido un error por su parte.
  • Permite el aprendizaje. Si es importante para ti que las cosas salgan bien, habrás de dejar tiempo para que la otra persona aprenda a hacerlo bien. Es un proceso, no creas que lo va a hacer bien a la primera. ¡Ten paciencia! Si no sabe, y tú sí, puedes enseñarle; y si no sabes o no puedes, o no quieres, puedes recomendarle dónde formarse, tanto si es algo técnico como emocional.

La ventaja hoy sobre el error es que hasta en las entrevistas de trabajo te preguntarán qué error has cometido en tu vida, cómo lo has manejado y qué has aprendido de ello.

¿Por qué se pone en valor el error? Precisamente porque nos cuesta aceptarlo, y hacerlo denota nuestra humildad y humanidad, unos valores en alza. También porque superarlo y hacer algo al respecto requiere de valentía, iniciativa, determinación y afán de superación. Además de la capacidad de aprendizaje tan importante hoy.

Por eso, porque todos cometemos errores, porque los vamos a cometer antes o después y porque es posible hacer algo al respecto, aunque sea aprendiendo a gestionar el sentimiento de culpa que puedas tener, revisa tus errores, responsabilízate, toma acciones para no volver a caer en ellos, cuida cómo planteas a los demás los errores que ves en sus actuaciones, siempre con respeto y cariño, y no olvides que son personas igual que tú y que recibirán el error de forma similar. Así que, no hagas lo que no te gustaría que te hiciesen a ti y trata de dar lo que te gustaría recibir.

Ahora que sabes todo esto, ¿qué vas a hacer mejor para manejar los errores que sucedan en tu vida?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Siempre oímos que, para lo bueno, estamos todos, pero que los verdaderos amigos son los que están ahí en los malos momentos, los que no se alejan cuando las cosas no van tan bien, los que se alegran por tus éxitos y los que te cogen la mano cuando flaqueas.

Recientemente hemos visto a Rafa Nadal cogiendo la mano a Federer, dándole su apoyo en un momento especial de su vida. Es solo un ejemplo de los miles que podemos encontrar con personas de nuestro entorno personal, profesional, hasta con personas que cuidan de nosotros como parte de su trabajo, como es el caso de los terapeutas ocupacionales.

Aún recuerdo una vez que estaba malita con neumonía y mi doctora me pasó la mano por la espalda con cariño. Fue más reconfortante que la medicina que me recetó. O cuando una de mis mejores amigas me llamó a las 12 de la noche porque había discutido con su pareja y ahí estaba yo para escucharla. Personas que están a nuestro lado, que simplemente están, que puede que no nos digan nada, y que, sobre todo, nos acompañan en el momento por el que estamos pasando.

Lo que nos aporta tener a alguien a nuestro lado

Tener una persona a nuestro lado nos beneficia porque somos seres sociales, aunque necesitemos nuestra independencia y momentos de recogimiento en los que estar solo con nosotros mismos.

Tener una persona que nos hace sentirnos parte del mundo, que no estamos solos.

Una persona que nos dedica su tiempo que es lo más valioso que nos puede ofrecer porque no se recupera. Una persona que nos aporte calidez, cercanía, amabilidad y que nos ofrezca su cariño. Quizá con una sonrisa, con una mirada compasiva, comprensiva, con ese tomar la mano o prestarnos su hombro en el que descansar.

Nos escucha sin juzgarnos, nos deja desahogarnos.

Además, nos anima, a veces nos dice cosas bonitas y trata de hacernos reír. Esta persona nos ayuda a tomar nuevas perspectivas, a sacar el foco de eso que nos preocupa u ocupa, nos distrae y a veces, hasta nos da soluciones (aunque ¡cuidado! son las suyas, sus opiniones, que hemos de cogerlas como tales, luego ya valoraremos nosotros si son soluciones óptimas para nosotros).

Es de agradecer tener a una persona que nos vea, que nos de su apoyo y nos ayuda, y sepa que somos capaces de salir adelante. También que pueda decirnos lo que no le parece oportuno de lo que le contemos, lo que puede haber “fallado”, tanto si es de nosotros como de otros y así ofrecernos una objetividad que nosotros, estando involucrados, no tenemos.

En el ámbito laboral

Lo más curioso es que tener a alguien a nuestro lado apoyándonos no tiene por qué pasarnos solo en nuestro ámbito personal. También laboralmente podemos encontrar personas que nos acompañan en nuestro día a día. Ese compañero de trabajo que se nos acerca a preguntar cómo estamos. Podemos darle más o menos explicaciones, pero es una persona que está ahí a nuestro lado y que se ha parado con nosotros. Así que ¡gracias!

No siempre tenemos las ganas o queremos exponer asuntos que nos atañen en nuestro ámbito privado a las personas del trabajo. Quizá seas como yo, que me gusta preservar mi intimidad. Sin embargo, te aseguro que habrá personas o momentos en los que merece soltar lastre, eso que te está perturbando y no te deja actuar como sueles hacerlo, que te tiene encogido, y que está afectando en cierta forma a tu trabajo.

Por eso, una pequeña explicación a tiempo, a quien tú consideres, te ayuda a ti porque reconociendo lo que te ocurre bajarás la intensidad con la que lo vives. Además, con ello ayudas a los demás a entenderte porque en lugar de juzgarte y dar pie a inventarse historias sobre lo raro que estás, les das la oportunidad de empatizar y normalizar la situación.  Incluso, si estás en el trabajo, puede que te dejen más tranquilo porque saben que no estás para muchas tonterías o esfuerzos. Y así puedes seguir con más tranquilidad haciendo tu trabajo.

Yo algún día digo: “hoy no me hagas mucho caso que estoy que no me aguanto ni yo” o “que estoy como un perro verde” (haciendo referencia a un sketch de humor sobre el programa de Jesús Quintero de finales de los años 80). Es una forma de informar a tu entorno o justificar que no es tu mejor momento y de pedir disculpas por anticipado.

¿Esto lo pueden hacer los jefes? Los mejores líderes están atentos a sus equipos y saben cuándo han de acercarse a recogernos, cuándo nos pasa algo, cuándo animarnos, cuándo es mejor dejarnos tranquilos o cuándo sacarnos de ahí. Si tienes un equipo a tu cargo, por favor, ¡hazlo! Y respeta que no te quieran contar nada, y deja saber que estás ahí, preocupándote por su bienestar.

Y si eres un trabajador al que su jefe te viene a preguntar qué te pasa y no tienes humor para contárselo o no sientes la confianza, díselo con educación y asertividad, y agradece que esté pendiente de ti.

Agradece y reconoce

Ya os escribí hace tiempo que hemos de poner en valor a las personas maravillosas de nuestra vida, y ahora, me gustaría que eches un vistazo a tu alrededor para reconocer a todos aquellos que tienes a tu lado, a quienes te ven, a quienes te dedican su tiempo, a quienes están ahí para ti. Y aunque no lo creas, tu jefe/a es uno/a de ellos. Sigo creyendo en los buenos responsables de equipos que todos podemos ser.

Ahora que has reconocido a esas personas que tienes a tu lado, ¿qué vas a hacer? Aunque no sea un sentimiento recíproco, sé agradecido, sé amable, y disfruta de lo afortunado que eres por tener a alguien que se preocupa por ti y cree en ti.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

20 septiembre, 2022

El feedback no es algo solo de los jefes o de los directores, ni siquiera tiene su uso exclusivo el área empresarial. El feedback, en realidad, forma parte del proceso de comunicación y ayuda a que podamos tener una conversación acerca de un tema en concreto.

Ya te he hablado de feedback o retroalimentación, de cómo darlo (para lo que te compartí cinco técnicas diferentes de dar feedback) y te he contado que siempre es mucho mejor si lo haces constructivo.

Sin embargo, solemos asociar el feedback a dar malas noticias, a evaluaciones negativas o a exponer aspectos a corregir, mientras que cuando hablamos de buenas noticias, de evaluaciones positivas o a exponer aspectos a potenciar hablamos de reconocimiento.

¿Necesitamos dos palabras diferentes para poder mantener una conversación con otra persona en la que comentar tanto matices positivos como aquellos que haya que mejorar? La respuesta es No.

Cuando hablamos de feedback, en realidad podemos incorporar en una misma conversación lo más destacable, los datos que tenemos sean buenos o malos, las sensaciones o emociones que nos generan, lo que se va a hacer al respecto e incluso, se pueden generar ideas nuevas y alternativas muy creativas…

Conoce tu cerebro para dar el mejor feedback

Necesitamos prepararnos: conseguir dar un feedback completo como el que te comento no lo podemos hacer si cuando nos disponemos a ello no tenemos en cuenta todas las variables, porque resulta que no todas las personas nos fijamos en lo mismo, o nos importan los mismos detalles.

Nuestro cerebro en esto tiene mucho que ver. Como ya te compartimos cuando hablamos del cerebro y de sus habilidades, el cerebro está compuesto, entre otros, por un par de sistemas operativos, los hemisferios que tienen la destreza de basarse en aspectos diferentes obviando el resto.

Si eres una persona que suele utilizar más el hemisferio izquierdo, es probable que bases tu feedback en:

  • Dar datos.
  • En la atención de los detalles.
  • Comparar los objetivos con los resultados.
  • Separar lo interno de lo externo.
  • Poner límites.
  • Medir, calcular, clasificar o fabricar paso a paso.
  • Ir a lo práctico y útil.
  • Ofrecer o valorar la seguridad y el control.
  • Te centres en temas concretos diferenciando unos de otros. “Vamos por partes”.
  • Te expreses sin afección emocional al respecto, manteniendo la distancia entre el otro y tú.
  • Usar las palabras adecuadas.
  • De una forma más analítica enfocada al logro, descriptiva y conceptualizada.
  • Es fácil que juzgues o etiquetes para poder dar comprensión a esos datos.
  • Que polarices la situación.
  • Y puede que te olvides que lo que has comentado forma parte de un todo.

Si eres una persona que suele utilizar más el hemisferio derecho, es probable que bases tu feedback en:

  • Dar una imagen global, de conjunto.
  • Relacionar las diferentes partes entre sí.
  • Poner atención a lo que te ha llegado a través de los sentidos.
  • El lenguaje no verbal.
  • Expresar lo que emocionalmente genera.
  • Reconocer lo que es familiar o ha pasado más veces. Tirar de memoria y recuerdos.
  • Mostrar empatía y compasión.
  • Ver el sentido más profundo del asunto, la trascendencia.
  • Fomentar la relación y los vínculos afectivos.
  • Buscar la cooperación y la integración.
  • Comentar el crecimiento, la mejora y la evolución de la persona.
  • Enfocarte en cómo adaptarte a la situación dada o imaginada.
  • Diseñar alternativas con creatividad y e incluso dibujando, haciéndolo de una forma poco común.
  • Ofrecer serenidad ante una situación compleja o estresante.
  • Actuar a pesar del cansancio, con eficacia y eficiencia.
  • Aprender de la forma más rápida.

Como puedes darte cuenta, si te quedas solo ofreciendo feedback desde uno de los hemisferios, te puedes perder aspectos esenciales, importantes para ti y para el otro interlocutor. La relación es tan importante como la información. Ninguno de los dos hemisferios es mejor que el otro, de ahí que la conexión de ambos cerebros nos dé siempre una visión más completa.

Por eso, en lugar de quedarte con que las cosas son blancas o negras, que diría nuestro hemisferio izquierdo, deja que el hemisferio derecho te dé profundidad y color sobre el tema en cuestión. En lugar de centrarte en un detalle concreto que haría el hemisferio izquierdo, valora el conjunto como hace el hemisferio derecho. Y al revés, a veces no sirven las generalidades, como podría plantear el hemisferio derecho, has de concretar y centrar el foco y la energía.

Por eso, para dar un feedback en que tengamos en cuenta tanto los aspectos concretos de mejora, como los ideales a alcanzar, hemos de utilizar ambos hemisferios. Si queremos que el feedback no sea brusco y frío, es necesario darlo teniendo en cuenta que hay una persona delante, que tiene sentimientos y capacidad de aprendizaje, permitiendo que el hemisferio derecho haga su trabajo.

Hemos de sumar matices y aplicar las mejores interconexiones entre nuestros hemisferios cerebrales para dar el mejor feedback y reconocimiento.

Y ahora que lo sabes, ¿qué vas a comenzar a hacer para ser un gran conversador y dar el mejor feedback posible? Tú puedes, cuentas con lo esencial, un cerebro completo. Utiliza toda su capacidad y saldrás ganando.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Cada vez que miro Facebook o Instagram veo un montón de “me gustas” a diferentes publicaciones. Muchas de ellas están relacionadas con curiosidades, con temas que pueden sorprender, con fotos que atraen… y me doy cuenta de que muchas, pero muchas, están relacionadas de un modo u otro con el AMOR.

En unos casos, ensalzando el amor al prójimo con publicaciones como: una pareja de personas mayores apoyando la cabeza el uno en el otro o cogidos de la mano, amigos abrazándose… Otras, alabando el amor a los animales y es que nos gusta descubrir animales que hacen monerías porque nos dan ternura; o el amor a la naturaleza, al compartir parajes insólitos. También hay muchas publicaciones elogiando el amor a uno mismo, por ejemplo, con frases que nos animan al cuidado propio, y un largo etc.

¿Por qué? ¿Estamos faltos o necesitados de amor?

En nuestro blog os hemos hablado numerosas veces del amor, y me temo que no vamos a dejar de hacerlo porque, como dice el Dr. Mario Alonso Puig, “el amor tiene el poder de curar y la falta de él, tiene la capacidad de enfermar”.

Estudios de física cuántica también muestran la importancia del amor para afrontar la vida, porque el amor es un estado cuántico completo, que es espiritual e incondicional por definición. El amor nos une como seres vivos. Transciende las dimensiones del tiempo y del espacio porque podemos amar a alguien que está muy lejos y a lo largo de los años, ¿verdad?

Así que, de alguna forma, el amor nos conecta, pero eso, no sucede de la nada. Para que haya amor de verdad, ha de reconocerse tanto lo más bonito como lo más feo, lo que más nos gusta como lo que menos, de nosotros y de los demás. Digamos que para que haya amor es importante ver la realidad tal y como es, con todas sus facetas.

¿Acaso disimulas o niegas que te gustan las películas románticas? ¿Vas de fría o frío cuando ves la inocencia de un cachorro? ¿Piensas que una frase del tipo: “tú puedes más de lo que piensas” es una milonga? ¿Sueles evitar relacionarte con otros para que no dependas ni dependan de ti? ¿Prefieres no mirarte al espejo porque si te miras solo te sacas defectos? Todo eso también forma parte de ti. No has de juzgarlo, solo reconocerlo para amarte incondicionalmente.

Incondicional, así es como nació nuestro amor. Luego, al ir creciendo, empezamos a vivir situaciones en las que nos sentíamos queridos cuando hacíamos las cosas bien pero no tanto cuando nos salían mal. Nos miraban con amor cuando dábamos o nos anticipábamos a lo que el otro esperaba, cuando ganábamos, cuando sabíamos las respuestas, cuando éramos divertidos, cuando no dábamos problemas… y aprendimos a amar de forma condicionada.

Por eso, ver el amor incondicional en frases e imágenes nos resuena, nos recuerda aquello con lo que nacimos que en el fondo anhelamos recuperar.

Reconociendo el amor incondicional

Para recuperarlo, es necesario tomar conciencia y conocernos. ¿Cómo funciona en ti el amor? ¿Cómo amas? ¿Cómo te amas? ¿Qué amas? ¿Qué no juzgas? ¿Qué aceptas tal cuál es? Por ejemplo, saber que sueles perder tu bienestar por satisfacer a otra persona es importante para que aprendas a frenarlo, a ponerte límites que te hagan sopesar el hasta dónde conscientemente estás dispuesto a llegar para dar gusto al otro sin perder el darte gusto a ti u obtener un beneficio que te compense.

Otro ejemplo, si te das cuenta de que te pasas el tiempo queriendo que la otra persona sea de otra forma, entonces es que no aceptas que es así, y que en realidad quieres a otra persona distinta a la que tienes delante. Y piensa eso no solo en temas de pareja, sino de compañeros de trabajo, tu jefe o tu padre. No por eso has de dejar a tu pareja o jefe (o quizá sí), sino que tienes la oportunidad (siendo consciente) de aprender a quererle tal y como es.

El amor cuida de nosotros, de los demás y del mundo

Para cuidar de nosotros, para darnos cuenta de que esto o aquello nos sienta bien o, por el contrario, no es para nosotros hemos de parar, observarnos y atendernos desde el amor.

¿Escuchas a tu Pepito Grillo cuando te dice que mejor te alejes? Muchas veces tu bienestar y tu supervivencia depende de que tomes las decisiones adecuadas, quizá desde tu mente analítica o siguiendo un impulso, una fuerza inexplicable que te lleva. Lo importante es que en cada decisión estés alineado contigo, que la tomes desde tu autenticidad, fuera de que sea lo políticamente correcto o lo socialmente establecido. ¿Te tienes en cuenta en cada decisión que tomas? Pon amor siempre desde el respeto hacia ti y hacia los demás.

De igual forma cuidando la naturaleza y a los animales. ¿Te da igual que haya plásticos y latas por el campo? ¿Te hace gracia ver hacer perrerías a animales? El amor lleva a cuidar, no a dañar, agredir ni destruir. El amor lleva a mimo, a compasión, a embellecer, a solidaridad, a generosidad, a relacionarnos de una forma sana con lo que nos rodea, con una perspectiva en la que yo importo tanto como tú y viceversa. Es constructivo.

Al final, cuando miramos a través de los ojos del amor, vibramos en una frecuencia que nos hace que encajemos con quienes vibran en esas mismas frecuencias, que nos acoplemos con la tierra, con la naturaleza, con todo ser vivo, porque ni los animales ni las plantas tienen maldad.

El amor nos permite vivir en armonía con el mundo y hace que nos ocurran cosas buenas porque el Universo siempre busca nuestra supervivencia y crecimiento en equilibrio.

Así que, dejémonos impregnar por todo aquello que nos recuerda nuestro amor incondicional. Tratemos de poner límites al amor con condiciones que nos rodea, con consciencia para aprender a hacerlo mejor cada día y cuidémonos, también a lo que nos rodea, deseando lo mejor para todos los seres vivos, vibrando desde el AMOR.

Ahora que sabes esto, ¿qué vas a hacer para reconocer el amor en ti y el que das, te das y ofreces al mundo?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

A veces nos encontramos muy cansados o nos enfocamos tanto en un problema que sin querer lo maximizamos, y dramatizamos la situación hasta tal punto que se nos hace mucho más dura y cuesta arriba.

¿Por qué es importante bajar la intensidad?

Es cierto que hay personalidades que necesitan vivir las emociones de forma más intensa para sentirse más vitales, sin embargo, dramatizar suele tener consecuencias que pueden afectarnos incluso a la salud.

Poner intensidad a las emociones que nos provocan un mayor bienestar puede hacer que exageremos. Seguro que conoces personas que en su forma de hablar utilizan frases o palabras del tipo: “Lo mejor que he probado en la vida”, no rico, sino “delicioso”… siempre con una sensación de que lo que te está contando es lo más.

Mientras que poner intensidad en las emociones más desagradables hace que suframos y que generemos mucha más negatividad y catastrofismo. Además, alimentamos las dificultades buscando factores que sumen a empeorar lo que ocurre o puede llegar a suceder.

En cualquier caso, dramatizar forma parte de idealizar, de traer algo a la realidad que no es del todo así y tiene como base la continua observación, la atención insistente de la realidad, de las personas, de las situaciones y de las relaciones entre unas y otras, o con uno mismo.

¿Qué podemos hacer para desdramatizar?

Ponle objetividad. Trata de plantear los hechos reales que han sucedido, las palabras concretas que se han dicho, la secuencia en la que se dado… Lo importante es darte cuenta de cuándo estás haciendo una montaña de un grano de arena o saber que estás creando una película, normalmente bastante fea, de lo ocurrido, que en cualquier caso es irreal. Bajar a la realidad será de gran ayuda para no exagerar.

Tomar distancia y perspectiva. Cuando algo nos afecta sobremanera, enfriar la situación suele ser una opción muy beneficiosa. Por eso, alejarnos de ella, ya sea físicamente o incluso mentalmente, pensando en otras cosas, nos ayudará a distraernos y darnos tiempo para actuar después de una mejor manera.

Utiliza un diario de emociones en el que anotar también el nivel de intensidad en el que estás viviendo cada una. De esta forma podrás tomar consciencia de qué situaciones te generan una mayor inestabilidad emocional y podrás comenzar a plantearte cómo gestionarlas de una forma más adecuada.

Rodéate de personas que han superado esa situación y averigua cómo lo han hecho. A veces necesitamos referentes. Tener un modelo con el que comprobar que se puede, te da esperanza. Nunca va a ser exactamente igual la situación vivida por el otro que la tuya, pero seguro que puedes aprender formas que te pueden resultar de ayuda para probar, al menos, para dejar de dramatizar.

Ponte en lo peor y busca la solución para ello. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Si te pones en la peor posición, todo lo que pase distinto será mejor. Y si has podido idear un plan de acción en caso de que ocurra lo peor, te sentirás más tranquilo, ya que no te sorprenderá ninguna situación para mal y sabrás qué hacer, saliendo del desasosiego y la incertidumbre y avanzando por un plan que te genera un mayor bienestar.

Foco en las soluciones. Si en lugar de enfocarte en el problema de forma continua, comienzas a ponerte en modo soluciones, en buscar el cómo dejar de dramatizar, ya tu cerebro se pone a plantearse alternativas. Así que, querer cambiar te ayudará y te pondrá en una mejor disposición para estar mejor.

Nunca va a pasar tal y como te lo imaginas. Tener esta frase en mente te puede servir para bajar un poco la intensidad. No podemos controlar lo que no esté en tu mano o lo que el otro va a hacer, no estamos en su cabeza, no sabemos si actuará como tenemos en mente o no. Entonces, no te atormentes con lo que te estás imaginando pues puede que no se dé.

En cualquier caso, si quieres saber si eres una persona dramática, te dejo el enlace al test que desarrolló el psicólogo Scott Frankowski traducido y compartido por el equipo de la revista Moi.

Por si te ha salido que tienes un alto nivel de drama en tu vida, piensa que la dramatización en determinadas ocasiones puede ser de gran ayuda, porque en psicología se utiliza el psicodrama para poder expresar inhibiciones, superar límites, abordar frustraciones o anticipar situaciones que presentan cierta agresividad ensayando para conseguir controlarlo antes de afrontar el momento en la realidad. Se hace representando roles, teatralizando la escena. Pero, eso sí, siempre con ayuda de psicólogos y para casos concretos, no dejes que domine tu vida.

Con lo que te he compartido, ¿qué vas a comenzar a hacer? ¿Cómo vas a desdramatizar eso que estás maximizando y no te hace bien? Recuerda que la toma de consciencia será tu aliada para mejorar tu bienestar y reducir el drama.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Llevamos una temporada larga que parece que vamos superando día a día con esfuerzo, un par de años de lucha, de trabajo, de sacar adelante proyectos, relaciones, niños, ideas… y es muy probable que te sientas cansado/a. Sobre todo, si lo has vivido así.

Si coger vacaciones suele ser necesario para recuperar fuerzas cualquier año, éste aún más, porque muchos no se las han podido coger antes, porque la seguridad sanitaria no lo permitía, por miedo, por trabajo, por la economía, etc. Y todo guerrero/guerrera necesita descansar.

La necesidad de hacer un descanso

Cuando estamos cansados nos sentimos más malhumorados, estamos más lentos en nuestras respuestas, podemos contestar de peor manera, hacer lo mismo nos cuesta el doble, tenemos menos energía, también por el calor que hace, y parece que la cabeza, el cuerpo y todo nuestro ser nos pide a gritos ¡VACACIONES!

Puede que no siempre sea tan fácil porque hay que poder, hay que planificarlo, tener días, que la economía te lo permita… Sin embargo, las opciones están a tu medida, no al revés, quizá eres de los que solo con quedarse en casa ya te consideras de vacaciones.

Aunque la recomendación sea que tengas unos 10 días para irte haciendo a la idea de que estás de vacaciones, relajarte y que vayas preparándote para volver, es más importante la calidad del tiempo que desconectas, que los días que lo haces. Porque si te vas de vacaciones y estás mirando el correo del trabajo de forma continua, si sigues dedicando tus pensamientos al trabajo a diario, o si te enganchas a reuniones, aunque sea solo un par de días un par de horas, te va a costar mucho más sentir que vuelves renovado de tus vacaciones.

El secreto para desconectar

El secreto está en la necesidad de soltar por un tiempo las obligaciones. Para algunos esto será no poner el despertador, para otros, no ponerse el uniforme o no hacer tú la comida. Pregúntate: ¿Qué te permites hacer cuando estás de vacaciones? ¿Qué tiene que pasar para considerar que son vacaciones?

Muchas veces resulta más fácil cuando cambias de escenario, de ahí que viajemos, vayamos al pueblo, a la playa, a la montaña, a ciudades distintas o de visitas culturales. No importa en realidad el lugar, ni que esté cerca o lejos. También puedes plantearte que sea un sitio que suponga un premio para ti, un lugar que te llene, que te ilusione, y que el hecho de ir lo conviertas en el reconocimiento que mereces por todo el esfuerzo realizado durante el año.

Cambiar la rutina es clave para que no parezca que sigues en el día a día laboral. Incluso aprovechar a hacer esas gestiones para las que nunca tienes tiempo, como ir a la peluquería toda la mañana o a revisión médica, puede generar una satisfacción y alivio porque ¡por fin! has conseguido hacer esas tareas pendientes. Toda tarea que tienes procrastinando, es decir, postergando de forma continuada, al llevarla a cabo te hace recuperar la energía y la confianza en ti. Te anima. ¡Tú puedes!

Un ritmo diferente a la hora de abordar cada día también te va a facilitar recargarte. El hecho de no tener que ir siempre corriendo a todo, con la sensación de llegar tarde, mil cosas que hacer para atender a tantas preocupaciones, sino darte tiempo sin prisa, poder terminar un libro antes de decidir hacer la siguiente actividad, o para pasear disfrutando de las vistas en lugar de caminar enfocado en llegar, hace que todo resulte ligero. Por el contrario, a veces el cambio de ritmo es para agilizarlo, por ejemplo, visitando siete ciudades en pocos días o haciendo un recorrido fabuloso en el que descubrir cada rincón. Esa energía de la excitación por conocer y por descubrir también te va a animar. Aunque seguramente en este caso, después necesites algo de tiempo para descansar.

Descansar. Sí. Una de las principales acciones para recuperarnos, liberarnos del cortisol acumulado, dormir un poco más. Parar es necesario física, mental y emocionalmente. Nuestro bienestar y salud lo agradecerán.  

En definitiva, se trata de recuperar la energía que necesitas para poder seguir. Como el mundo no se para, aunque nosotros descansemos, para poder seguir avanzando con él, hemos de estar en el mejor estado de forma, cuidando nuestra salud mental, facilitándonos el equilibrio emocional y con nuestras capacidades al mejor nivel para afrontar todo lo que la vida tenga a bien traernos y para seguir dedicando nuestros esfuerzos en todo lo que queramos lograr. Y esto se consigue aprendiendo a parar, sin exigencias ni autoexigencias, dejándonos estar, ser, sin aparentar, respirando...

Por ello, queridos guerreros y guerreras, valientes y resilientes, ahora que sabéis esto, ¿qué vais a comenzar a hacer para estar mejor? Al menos, nuestra recomendación desde 2miradas, es que descanséis estas vacaciones o a ratitos a lo largo del año, para cuidaros y cuidar de quienes queráis. Por muy cortos que puedan ser los días de descanso, en casa o fuera, tened en cuenta estas claves para haceros más fácil la recarga, para conectar de nuevo con vosotros mismos y recuperar vuestras mejores versiones.

¡Feliz verano!

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Cuando piensas en alguien a quien consideras que es un líder o una líder, ¿qué cualidades destacas? Seguramente la mayoría de ellas estén relacionadas con la comunicación y con un trato especial hacia las personas.

El foco del liderazgo: la empatía

El liderazgo pone el foco más en la persona que en la tarea o al menos en ambas facetas, a diferencia de cómo suele funcionar la dirección o gestión del equipo, tal y como te conté en el artículo “dirigir o liderar”.  Y en ese “tener en cuenta a las personas” la empatía juega un papel importante.

La empatía, nos lleva a ponernos en la piel de la otra persona, sin ser ella, pero comprendiéndola mental, emocional y conductualmente. Sobre todo, entendiendo su emoción, porque nos informa de cómo se siente por lo ocurrido, con lo que le decimos, el porqué de una reacción, o los sentimientos que le tienen actuando de una determinada manera.

Poner atención a las emociones en el trabajo es esencial sobre todo ahora que se valora tanto la experiencia del empleado, para ser una buena marca empleadora, para que la empresa pueda atraer talento y, sobre todo, para que los mejores quieran quedarse a dedicar su tiempo y esfuerzo en ella.

¿Cómo vas a ser un gran líder si no te preocupas por las emociones de tu equipo? ¿O de su bienestar? ¿O de lo que de verdad les importa a las personas con las que pasas tu día a día laboral? La empatía te será de gran ayuda.

¿Cómo se puede desarrollar la empatía para ser un mejor líder?

Lo primero es poner tu atención en el equipo, hacer un alto en tu discurso para mirar a la cara a las personas que están contigo. No es solo mandar correos y no ver a las personas, como si fuera algo ajeno. Verse y escucharse, es importante. Es necesario dedicarse tiempo para saber cómo van, cómo están, qué tal lo llevan o si necesitan algo. Por mucho que confiemos en que están bien y en que saben hacer su trabajo, la atención es muy importante para generar esa conexión necesaria para poder empatizar.

Escuchar. Escucha de verdad, de forma consciente, centrado en el presente, atento a lo que se dice y lo que no se dice. Averigua lo que hay detrás de lo que se expresa, las emociones, la expresión verbal y no verbal de quien tengas delante.

La escucha es la puerta a la empatía. Si no escuchas, no puedes empatizar. Si no escuchas, ¿con qué empatizarías? La escucha atenta y completa a tu interlocutor, además de hacerle sentir importante, va a reconfortarle. Has de hacerle notar que le estás escuchando y puedes hacerlo con diferentes técnicas muy fáciles para que se sienta escuchado. Es la mejor forma para que una persona se abra, te exprese sus sentimientos y motivaciones, y puedas generar una confianza mayor con tu equipo.

Conocer tus propias emociones. ¿Cómo vas a comprender las emociones de los demás si no las sabes reconocer? Habrás de comenzar por ti, por tus emociones, por cómo funcionan en ti, cómo las expresas, cómo las vives… ¿Qué sientes en este momento? ¿Con qué nivel de intensidad del 1 al 10? ¿Qué haces cuando te sientes así? ¿Cómo te comportas o actúas? Aprende a poner nombre a tus emociones para irlas reconociendo en ti. Trabaja tu inteligencia emocional.

Conocer las emociones de los demás. En esa observación que realizas a tu equipo has de prestar atención a la postura corporal, a los gestos que hacen, a la mirada que entraña mucha información y a  la expresión facial porque es la parte de nuestro cuerpo que más rápidamente nos hace reaccionar con relación a las emociones. Además, has de descubrir cómo les llegan o impactan tus emociones a los demás. Es decir, cuando tú entras por la puerta, ¿cómo actúan? O ¿cómo responden ante una información que les has dado? Cuanto mejor conozcas las emociones de tu equipo mejor podrás empatizar con ellos.

Esforzarte por entenderles. Descubre la razón de las emociones que muestran. Trata de ponerte en su lugar. Si yo pienso como él, si yo escucho lo que acabo de escuchar, si estas fueran mis circunstancias, ¿cómo me sentiría? Para poder hacer este ejercicio habrás de descubrir qué piensa, siente y vive esa persona, si no, negarás sus emociones y con ello, les harás sentir menos escuchados, o que no te importan, que no les tienes en cuenta o que tú no te das cuenta de cómo están. Esto es algo que cada vez es más importante para que las personas estén a gusto en sus puestos de trabajo.

Respetar el ritmo y el espacio de cada persona. No todos reaccionamos igual. A veces como líderes nos entra la impaciencia, queremos todo para anteayer, cuando decimos algo queremos que se cumpla inmediatamente. Y nuestro equipo necesita tiempo para asimilarlo. A veces las personas lo captan rápidamente y otras veces, tienen otras tareas prioritarias en las que encajar lo que les pedimos y por compromiso o responsabilidad han de cerrar. Hemos de tratar de entender en qué punto están para poder incorporar una petición que descoloque toda su planificación. ¿Cómo te sienta que te trastoquen a ti los planes? Si esperabas cerrar algo y no puedes porque ha llegado un tema urgente, ¿qué haces? ¿cómo te sientes? ¿cuánto tardas en reubicarte y recolocar tu agenda? Este es otro ejercicio de empatía.

Identificar el momento más adecuado para intervenir. Precisamente cuando has prestado esa atención a tu equipo, sabes con qué están, además de tener más argumentos para poder ayudarles a encajar nuevas acciones o peticiones, te va a servir para encontrar el mejor momento para hablar con una persona. Si sabes que acaba de terminar una tarea, decírselo antes de empezar con otra es mucho mejor, o incluso un poquito antes, para que le puedas decir que cuando termine se ponga con lo que le pides. También si sabes que un miembro de tu equipo está muy desbordado, agobiado porque no llega, también evitarás sobrecargarle aún más. Pero para eso, has de saber cómo están. La comunicación continua con tu equipo es esencial para poder empatizar.

Mostrar interés verdadero por cada persona. Si no te importa la gente de tu equipo, en nuestra opinión, ya tienes un problema de base. Has de rodearte de personas con las que quieras estar. Si no, no las contrates. Y si te viene impuesto, aprende a quererlas. Trata de conocerlas y descubrirlas. Déjate sorprender. Y muestra de verdad interés por ellas, preocúpate por su bienestar, trata de ponerte en su lugar y así podrás disfrutar mucho más de cada persona. Enriqueciéndote con ellas.

Haciendo todo lo que te acabo de compartir, el líder será más empático, será mucho más querido, una persona con la que se quiera trabajar y en muchos casos, un modelo a seguir. ¿Quieres ser un líder así?

¿Qué vas a comenzar a hacer para ser tú más empático?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills