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12 enero, 2021

¿Cuántas veces has dejado de hacer algo que te hubiera gustado hacer, por vergüenza? ¿Cuántas veces te has quedado mudo por vergüenza? ¿Cuántas veces la vergüenza ha dominado tu comportamiento?

Sí, la vergüenza que sentimos nos ha jugado malas pasadas en nuestra vida, nos ha puesto rojos como tomates la cara, nos han entrado sudores y nos ha paralizado o dejado hasta sin voz. 

Es posible que la causa de nuestra vergüenza haya sido el miedo al ridículo. Un miedo a lo que nos vayan a decir los demás o a lo que vayan a pensar de nosotros. Sentirnos juzgados nos hiere y, en ocasiones, preferimos no actuar que hacerlo y llevarnos las consecuencias, que prevemos nefastas.

Sin embargo, es año nuevo y entre los propósitos de este año vamos a ayudarnos un poco para conseguir aquello que nos propongamos, sin que nos frene la vergüenza. 

Tenemos mucha esperanza puesta al respecto de este año que comienza. Queremos que sea, sobre todo, más positivo en todos los sentidos para todos. Queremos mantener la salud, mejorar la situación económica y laboral, disfrutar más de nuestros seres queridos, poder estar “cerca” sin riesgo… ¿Qué quieres tú?

6 ámbitos en los que trabajar para dejar atrás la vergüenza

  • Te recomiendo que escribas y dibujes o decores en un papel tus sueños y deseos (así pones en juego tus dos hemisferios cerebrales), asegúrate que ¡sean realistas! Y a la par ilusionantes porque sin ilusiones es más difícil manejar la resiliencia. Necesitamos pensar que hay algo mejor después. Esa fuerza nos va a ayudar a seguir adelante y superar obstáculos. Trabaja tu optimismo. 
  • Como dice Mario Alonso Puig, “si vas a dudar de algo, duda de tus límites y de nada más, no de tus capacidades”. Por eso, comienza el año revisando tus mejores cualidades, haz una lista. Después pregunta a los demás qué creen que es lo mejor de ti. Date un baño de reconocimiento. Te lo mereces. Ahora, eso sí, has de comenzar a creerte lo que has puesto y lo que han añadido los demás porque son grandes cualidades que hay en ti. Mírate al espejo, ¿qué hace que te brillen los ojos? ¿qué te saca una sonrisa? ¿qué se te da bien? ¿cuál es tu marca personal? Trabaja tu autoestima.
  • Además, en estos tiempos la generosidad es importantísima, porque juntos es la forma de salir adelante. Apoyándonos unos en otros. Hoy por ti y mañana por mí. ¿Sabes que está comprobado que el amor por los seres queridos activa los neurotransmisores cerebrales? Así que para cuidar de nosotros y tener una mente más ágil y en forma hemos de practicar el amor y la compasión. Trabaja tu generosidad.
  • Hablando de emociones, cuanto mejor estés, cuanto más gestiones tus emociones, más feliz puedes llegar a ser. Cuida tus pensamientos, deja de ponerte zancadillas mentales. Deja de rumiar con lo que pudo ser, con lo que será que solo te trae angustia y vive. La felicidad se vive en el momento presente. Deja descansar tu cabeza, incluso Einstein o Steve Jobs desconectaban de vez en cuando para ser más creativos y encontrar mejores respuestas o soluciones. Para, respira, disfruta, regálate ratitos de paz interior. Trabaja tu inteligencia emocional. 
  • No te olvides de ti. El liderazgo comienza por uno mismo. Si no eres capaz de poner toda la fuerza necesaria para el logro de tus propios objetivos y metas, ¿cómo vas a poder apoyar o ayudar a otros? No es solo dar, es también saber ponerte a ti en tu lugar para poder dar desde una mejor posición, más plena, más resolutiva, más inspiradora. Trabaja tu liderazgo.
  • Pide lo que necesites porque los demás no tienen los superpoderes para leer tu mente y no todo el mundo tiene la capacidad de estar centrado solamente en ti como para saber en todo momento lo que puedes necesitar y anticiparse a ello. Se nos olvida que de bebés aprendimos que “quien no llora no mama”. Por eso, si queremos algo en esta vida, hemos de hacer algo para conseguirlo. Hasta para que nos toque la lotería hemos de comprar un décimo. Por eso, el primero que ha de cambiar es uno mismo, el primer paso lo ha de dar uno mismo, más aún para pedir ayuda. Por suerte, somos muchos coaches, muchos profesionales de diferentes áreas, los que nos dedicamos a ayudar a los demás a llegar más lejos. Tenemos la mano tendida. Estamos ahí. Solo has de comenzar a moverte. Trabaja tu propio cambio.

Por eso, olvídate de la vergüenza que no te facilita el camino. Agárrate a la esperanza de lo posible. Cuando te entre el miedo, recuérdate a ti mismo: “¡ya me he cansado de tener vergüenza!” Haz un gesto como de desdén para dejarlo atrás y hazlo. 

¡Sigue adelante sin vergüenza! El año acaba de comenzar.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

2 diciembre, 2020

¿Cuántas veces has dicho a alguien lo que tiene que hacer pensando que así le motivarías a hacerlo y luego te has dado cuenta de que por más que se lo dices, no mueve un dedo? ¿Cuántas veces has comenzado algo y al poco tiempo te has desinflado, perdiendo la motivación, incluso hasta abandonar tu proyecto? ¿Cuántas veces empezaste con una idea en la cabeza clara y acabaste haciendo totalmente lo opuesto?

La buena noticia es que esto es normal, está estudiado y demostrado, y os voy a contar uno de los motivos por los que nos sucede, cuándo y qué necesitamos para continuar hacia nuestros objetivos para concluirlos con éxito. La mala noticia, es que seguiremos dejando caminos a medias, que tomaremos desvíos que nos harán sentir mejor, o cederemos simplemente porque no tenemos la motivación o las fuerzas suficientes para abordarlos.

Ocho pasos para conseguir nuestros objetivos

El hecho de que nos sucedan desvíos de nuestros objetivos fue desarrollado por el filósofo y compositor George Gurdjieff, en lo que se denominó la ley universal del 7. También habla de octavas porque después de los 7 escalones por los que iremos subiendo en el camino hacia el objetivo, el octavo es la repetición del primero, pero con el doble de vibraciones, como en una escala musical. Así que, en realidad, son 8 pasos que vamos dando a lo largo de nuestra vida para conseguir lo que nos proponemos. No es tan importante para nuestro camino el nivel de energía o vibración que hay en cada paso, sino que la clave es saber cuándo se producen los desvíos, pues baja la energía y la motivación, y ahí es cuando debemos estar alertas para saber qué hacer. También, es interesante hacer notar la relación que tiene el número 7 en la naturaleza, en el orden de las cosas y en los ciclos que se concluyen. Por ejemplo, los 7 días de la semana, las etapas de crecimiento del ser humano (cambiando cada 7 años), los 7 chakras, los colores del arcoíris, las 7 energías… 

Gurdjieff vino a decir que ningún proceso es lineal, que todos tienen interrupciones y desviaciones hasta el punto de que podemos llegar a actuar de forma opuesta a como teníamos pensado o como comenzamos en un primer momento. Un ejemplo de nuestra actuación contraria puede ser cuando queremos adelgazar y decidimos dejar de comer ciertos alimentos porque nos engordan y al cabo de un tiempo, te ves dándote permiso para saltarte la dieta, o incluso dándote un atracón de productos muy poco saludables que disfrutas tanto que acabas dejando de lado la dieta, con lo que no solo no adelgazas, sino que favoreces el coger más peso.

Entendiendo el proceso... ¿cuándo suceden estas bajadas de energía en el camino hacia nuestros objetivos? 

Al inicio tenemos el propósito más claro, tenemos más ganas de abordar el salto porque queremos darlo. Pero a los pocos meses, necesitamos recuperar la esencia de la motivación inicial que nos llevó a querer dar el primer paso. Esta primera dificultad es más fácil de salvar porque apenas acabamos de empezar y podemos tener aún muy presente por qué quiero hacerlo.

Por ejemplo, cuando entramos a trabajar en una empresa a la que habíamos deseado incorporarnos. Al principio, tenemos mucho más entusiasmo. Es una motivación inicial cargada de ánimo e ilusión. Con el día a día, nos vamos dando cuenta de lo que es en realidad el trabajo, el ambiente, y esa energía inicial va bajando hasta nivelarse con la de los demás miembros del equipo en unos pocos meses. Ahí es donde se produce el primer posible desvío. Cuando nos cuestionamos si fue la mejor decisión, si es lo que quiero.Para salvar este primer obstáculo, necesitaré recordarme qué me llevó a querer entrar a trabajar en esa empresa. O hablando en general, qué intención tenía yo para querer abordar ese proyecto, reto u objetivo.

Después retomaremos la energía y seguiremos avanzando hacia nuestros objetivos pero justo antes de llegar, entre el séptimo y octavo escalón, volveremos a tener una gran dificultad, esa que nos cuestiona hasta qué punto nos merece la pena llegar hasta el final sin desviarnos. Ya el por qué lo haces del inicio no es suficiente. Necesitamos encontrar un propósito mayor, mejor, saliendo incluso de lo que obtengo yo con ello en pro de lo que es positivo para el mundo y para el ser humano, yendo más allá de uno mismo.

En el el ejemplo del trabajo, ya no es solo lo que tú obtienes a nivel material, salario, estatus, sino que tu motivación está más relacionada con lo que la empresa ofrece al mundo o con lo que aportas a los demás con tu trabajo. En esta dificultad hay que lidiar con nuestra propia soberbia, nuestro ego, el sentido de lo mío. 

Y para superarla, en esta ocasión más que motivación intrínseca necesitamos de motivación trascendente, de determinación. Hemos de apoyarnos en nuestros valores porque si vamos en contra de ellos no concluiremos, estaremos incómodos y esto no es sostenible en el tiempo. Necesitamos de una propuesta para nuestra mejora personal, poner ética, con una consecuencia que sirva a los demás. Un propósito muy nuestro, de nuestro propio ser, que de verdad nos nace hacer o nos guía, alineado con nuestra esencia. De ahí que sea tan importante que nos dediquemos a lo que nos gusta y nos llena porque será más fácil que nos comprometamos y que completemos las octavas de nuestra vida que nos hayamos marcado.

Revisando nuestra historia para comprendernos

Si revisamos nuestra historia o si como responsables de equipos hemos tratado de incentivar a los demás, podemos darnos cuenta de que en numerosas ocasiones hemos puesto mucha motivación o impulso al inicio, pero después ya no hemos tratado de encontrar ese propósito superior que nos mantenga ahí, que nos invite a concluir con el mismo interés o más, generando compromiso (algo tan preciado hoy en las empresas). 

A lo largo de nuestra vida hemos podido dejar proyectos inacabados. Algunos puede que queramos cerrarlos (aún estás a tiempo). Por ejemplo, cuando elegimos una profesión y después de un tiempo vamos cogiendo otros trabajos, pero se nos queda la sensación de haber dejado aquello que era en realidad lo que quería y que por circunstancias no pude completar y querría volver a ello. 

Sin embargo, puede que ante las dificultades hayamos tomado el desvío con total consciencia y conciencia, cediendo a lo que era y eligiendo aquello que nos hacía sentir mejor. Por ejemplo, si al coger esos otros trabajos, me fui dando cuenta que en realidad me siento más identificado con lo que hago ahora.

No se trata de acabar por acabar, por culpa o perfeccionismo, sino acabar lo que hemos decidido empezar siempre que nos merezca la pena, decidiendo superar las dificultades por nosotros mismos. Escuchándonos. Conectándonos con lo que somos, incluso estando atentos a nuestra intuición, porque cuando tomamos el camino correcto, tenemos paz interior y nuestras relaciones con los demás y con el mundo están en mayor armonía.

¿Qué octavas has dejado inacabadas en tu vida? ¿En cuáles estás en este momento inmersa/o? ¿Cómo vas a motivar a los demás para que avancen hacia los objetivos con determinación? 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

¿Te ha pasado que ante algo que te ha dicho otra persona te has puesto a la defensiva y has reaccionado pensando que era un ataque o una crítica hacia ti? O, por el contrario, cuando tú has querido decir algo a alguien sobre algo que te ha molestado, ¿esa persona en lugar de escucharte te ha empezado a justificar o se ha enfadado?

Nuestro organismo, y sobre todo nuestro cerebro, está creado y entrenado para nuestra supervivencia. Y aunque la supervivencia de hoy en día no es la misma que la supervivencia de los primeros humanos, se nos ha quedado esa alerta del cerebro reptiliano, como os hemos contado en nuestros anteriores artículos.

Cómo evitar estar a la defensiva

Cuando alguien nos critica o nos viene a decir que nuestro comportamiento no le ha gustado o no le ha hecho sentir bien, nos ponemos en guardia, de la misma forma que cuando nos sentimos evaluados. Y ahí, es cuando nuestro cerebro se pone en modo alerta, pensando que es una cuestión de supervivencia porque lo afronta como un ataque. Ahora bien, si esto es así, ¿cómo podemos evitar sentirnos atacados? Existen varios aspectos a cuidar para no hacer saltar nuestro mecanismo de defensa:

  • Elegir el momento. Aunque siempre recomendemos afrontar los conflictos lo antes posible, cuando la persona está tensa no es buena idea tensar más porque la cuerda se puede romper y acabar diciendo lo que uno no quiere. Así que aprovecha el momento en el que el otro esté relajado para que sea más capaz de escuchar lo que quieres decirle, y no solo escucharlo, sino reflexionar sobre ello, o siquiera plantearse un cambio de conducta. Si no puedes esperar más a decir lo que tengas que decir, entonces tendrás un trabajo extra, que será relajar el ambiente, generar un clima de confianza y bienestar. 
  • Evitar frases como: “Tenemos que hablar”. No conozco a nadie que ante esta frase no haya pensado algo así como que le va a caer una bronca, o que ha hecho algo mal. ¡Como para no ponerse en alerta! Por eso, cuando tengas que hablar de algo importante con alguien, simplemente háblalo. Con un “oye, te quería comentar algo que me he quedado dando vueltas” solemos prestar más atención o incluso ponemos en juego la curiosidad. 
  • Utiliza la asertividad. Sobre todo, para poder expresar los hechos con objetividad, solo los hechos. Después podrás expresarle cómo te han hecho sentir esos hechos, no la persona que ha realizado la acción por la cual te hayas sentido mal o creas que sería conveniente que cambiara. 
  • Sin juzgar. Sin insultar al otro, sin etiquetar, sin expresiones del tipo “es que solo se te ocurre a ti hacer tal cosa”, “mira que eres…”, “qué intenso te pones”, “no se te puede decir nada”. Todo esto solo echará más leña al fuego.
  • Sin tomártelo a lo personal. No sabemos lo que el otro ha querido decir o por qué ha hecho lo que ha hecho. Así que no podemos pretender pensar que somos el centro de todas sus actuaciones. Por eso, frases como “es que no me has tenido en cuenta” no tienen sentido. ¿Y tú qué sabes si te ha tenido en cuenta? Eres tú quien se ha sentido así, pero no puedes asegurarlo sin preguntarle si ha sido a propósito. 
  • Habilita un lugar en el que se debe cuestionar lo que el otro diga. Por ejemplo, el sofá de las discusiones. Cuando vamos allí a hablar de algo no podemos simplemente reaccionar, sino que es un lugar en el que lo que se diga ha de ser escuchado y reflexionado. Es como el rincón de pensar, pero al que vais los dos a reflexionar juntos, a entenderos. Es un lugar donde si te sientes mal por lo que escuchas serás recogido por tu acompañante, un lugar donde puedes expresarte sin miedo a herir porque el otro te recibe desde el amor, el entendimiento y la apertura. Un lugar donde incluso abrazados podemos contarnos lo que más nos ha dolido y lo que más deseamos.
  • Evita provocar al ego. Nuestro ego también va a protegernos, a su manera, tratando de mantenernos en su zona de confort, con prisas para todo. Por eso, si tú ves que la persona es tranquila, no la zarandees o la provoques a la acción porque no va a querer y se va a resistir. Si la persona es muy sensible, no la alces la voz ni te pongas muy serio o dramático, cuanto más suave más fácilmente lo va a entender. Si la persona es muy intensa, no le vayas con que son tonterías porque pensará que no le entiendes o que pasas de ella, que no la tienes en cuenta y no la apoyas, que banalizas su molestia. Si la persona es metódica, no le vayas con demasiados sentimientos que no comprende, es más fácil que le pidas claramente lo que quieres. Por tanto, trata de conocer a la persona para poder encontrar la vía por la que será más fácil hacerle llegar el mensaje.

Entrenar la flexibilidad al cambio: la toma de conciencia

Cuidando todo lo comentado anteriormente, es más probable que la persona con la que vas a hablar de algo delicado se sienta algo menos atacada y sea más receptiva a los cambios que le puedas pedir. Aún así, nadie cambia si no quiere y a veces, aunque quiera, necesitará tiempo, porque los cambios, sobre todo cuando forman parte de nuestra personalidad, no se consiguen de un día para otro, habrá una tendencia a volver a lo de siempre, al automático. 

Por eso, para cambiar, para hacer las cosas de forma diferente, hemos de tomar conciencia. Y no podemos tomar conciencia si no estamos dispuestos a escuchar lo que los demás dicen o ven de nosotros mismos que puede que ni nosotros nos hayamos dado cuenta de ello. Piensa que cuando alguien dice algo de ti, por algo será. Si el río suena, agua lleva. Eso no quiere decir que sea todo el tiempo, o que siempre sea así, pero sí que alguna vez o para esa persona, fue así. Por tanto, escúchala. Hazte consciente. Todos podemos aprender a ser mejores y a estar mejor en relación con el mundo y con los demás.

Ahora que sabes cómo afrontar mejor las conversaciones difíciles, ¿qué vas a comenzar a hacer? ¿qué vas a hacer diferente? ¿qué te funciona? 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

6 noviembre, 2020

¿Te has dado cuenta de las personas maravillosas que tienes a tu alrededor, tanto en el ámbito personal como en el laboral? En los momentos duros es cuando más se ve a las personas que merece la pena tener cerca. Esas que no te sueltan la mano, aunque no te puedan dar ni una moneda. Esas que se dejan la piel por llegar a todo de la mejor forma posible.

Motivos por los que pueden ser difícil de encontrar

  • Porque nosotros podemos estar tan enmarañados en nuestros problemas o subidos en la rueda de la vida de forma que no tengamos ojos más que para el punto negro en el que nos vemos inmersos. 
  • Porque a veces nos sentimos solos y esa soledad se da más por nuestro retraimiento, que nos aleja de los demás, que por no permitir entrar a alguien en nuestro mundo.
  • Porque no vamos contando nuestra vida a los demás y creemos que no les va a importar o que tiene cosas mejores que hacer. 
  • Porque pensamos que el conductor de autobús, el señor de la tienda, el chico de recepción, mi alumna, la directora o el policía no pueden ser nuestros amigos.   
  • Porque muchas veces estas personas no destacan, no hacen ruido, solo están, responden cuando te hace falta, te dan aliento si lo ven oportuno, no son pesados, aunque tienen una gran actitud de servicio y suelen estar comprometidos contigo o con una causa mayor que los lleva a actuar así.
  • Porque pasan desapercibidos y no los vemos mientras hacen cosas por y para nosotros, solo nos encontramos sus resultados hechos. Una amiga mía decía que cuando llegaba a casa se encontraba todo hecho, y ella solo se tenía que dedicar a lo suyo. Era cosa ¡de los duendes!  
  • Porque no van con eso de “con lo que hago yo por ti”, sino que lo dan, de forma generosa porque saben que su recompensa está en el hecho de hacerlo, no en el premio que venga de vuelta. 
  • Porque es posible que cada uno de nosotros tengamos nuestro propio criterio sobre qué significa que una persona sea “de las buenas”.

Pon en valor a las maravillosas personas que te rodean

Seguro que encuentras muchos motivos para no tener tan presente como deberías a esas personas maravillosas que tienes a tu lado, sin embargo, esto tiene solución. Un día hemos de parar, bajarnos de la vorágine y mirar alrededor. Y ese día puede ser hoy, ahora. ¡Se lo merecen!

Para ello, te invito a hacer una lista. Si lo escribes, hazlo mejor a mano, tu cerebro se hará aún más consciente. Piensa en las personas con las que tienes contacto que:

  1. Están cuando las necesitas.
  2. Te sorprenden para bien.
  3. Podrías hablar de cualquier cosa con ellas.
  4. Se han ganado tu confianza.
  5. Te sacan una sonrisa.
  6. Te cuidan.
  7. Con ellas todo es fácil.
  8. Puedes estar a su lado sin hablar de nada, sintiéndote a gusto.
  9. No tienes que disimular, ni aparentar, puedes ser tú mismo estando como estés.
  10. Resuelven por ti si hace falta.
  11. Se anticipan.
  12. Actúan más que hablan.
  13. Tienen la palabra adecuada, aunque no te regalen el oído.
  14. Puedes contar con ellas dentro de su ámbito, en lo que sabes que puedes contar.
  15. Te acogen y recogen.
  16. Te dan ese abrazo cuando más lo necesitas.
  17. No te juzgan.
  18. Te escuchan.
  19. Se prestan a ayudar cuando son tareas pesadas o arduas.
  20. Tratan de atenderte lo mejor posible. Ponen su esfuerzo en ello.

No tienen que cumplir toda la lista, con que estén en una de las anotaciones es suficiente para ser una persona especial en tu vida en este momento. Si, además, compartes un largo camino a su lado, puedes sentirte muy afortunado. O si de repente, después de años, has recuperado el contacto con mayor intensidad, es porque algo valioso había ya en la relación que ha hecho que no se pierda del todo. 

Cada persona da lo que sabe, lo que puede y lo que quiere. No siempre van juntas estas tres opciones, ni siempre es todo, porque aun pudiendo más no siempre se da el máximo, o queriendo más no siempre se puede dar lo que uno quisiera. No todas las personas están dispuestas a dedicar el tiempo a otras, ni el tiempo al trabajo, ni la dedicación, ni se pone el cariño al hacer algo o al estar con alguien. 

Así que valora a aquellas personas que están ahí, que no hace falta que sea todo el rato, porque cada una lo hará cuando pueda, en una forma concreta: tratando de hacerte reír, facilitándote el trabajo o solo haciéndote saber que puedes tomarte un café cuando quieras con ellas. Recuerda que no viven solo para ti, también tienen sus propios problemas, y aun así eligen estar pendientes de ti.  

Si en esta lista has puesto al menos una persona, ya puedes sentirte feliz. Incluso tú mismo puedes darte cuenta para quién podrías ser una persona especial. 

Así que cuida de las personas estupendas que tienes cerca, detéctalas para estar tú a la altura con ellas. Para cumplir con la cierta reciprocidad que merecemos en el dar y recibir de la vida. Incluso para amar y ser amado. O para recompensar en el trabajo por el compromiso aportado. 

Abre los ojos y observa, escucha y permítete sentir el calor que los demás te pueden ofrecer. Y actúa en consecuencia. Juntos es mejor. No dejes escapar a “los buenos”. Mantente a su lado. Dales tú también la mano.

Feliz día, personas maravillosas. ¡Gracias por estar en mi vida! 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

23 octubre, 2020

Cuando el resultado que obtenemos tras haber trabajado, estudiado, dedicado nuestro tiempo y esfuerzo no es el que esperábamos o deseábamos, solemos entrar en justificaciones, excusas, balones fuera, culpabilizaciones, en auto-reafirmaciones del tipo “yo lo he dado todo”, en quejas y victimismo porque “el mundo está contra mí” o autodestrucción “yo no valgo para esto”. 

“No puedo” y “todo lo que he hecho no vale para nada” son expresiones que no reflejan la realidad.

Supera tu zona de confort

Y digo esto porque está demostrado que siempre podemos mucho más de lo que pensamos. Nuestro cerebro nos avisa antes de tiempo de nuestro límite porque busca nuestro confort, busca que no nos expongamos demasiado, no sea que nos pase algo. Y su función esencial es nuestra supervivencia. Así que habrá que convencerle de que no pasa nada por sacar la patita de nuestra zona de confort para ir un paso más allá en lo que estamos realizando o queriendo lograr. 

Valora cada paso del camino

Por otra parte, hagamos lo que hagamos siempre vale la pena. Si hemos estado estudiando para un examen y hemos suspendido, cuando tengas que ir a la recuperación lo estudiado será la base, ya no te tienes que estudiar todo de nuevo, será más bien un repaso, porque lo que sabes, ya lo sabes, y si no lo habías aprendido de la forma correcta, te va a servir para aclarar términos y entenderlo mejor. Desde luego llevarás una ventaja frente a otro que ni se lo miró. Además, está el hábito de estudio. Solo se adquiere cuando nos ponemos a estudiar. Los hábitos son acción, práctica. Solo con la repetición se consiguen adoptar. Por lo tanto, todo lo que hacemos nos ayuda porque nunca volveremos a estar en la situación de partida que estábamos cuando no habíamos comenzado aún.

Del mismo modo, con cualquier otro proyecto que nos planteemos en nuestra vida. El camino nos transforma. Emprendedores que crean empresas y cierran o no consiguen vivir de ello. Tampoco es un esfuerzo baldío. La decisión de tener hijos, su búsqueda, el proceso en el que se aprende sobre cómo, cuándo, qué hacer para tener más posibilidades. Pensad en cualquier objetivo que os hayáis puesto y en el que hayáis dedicado vuestra energía y esfuerzo. Desde los principios a cómo finalmente terminó, seguro que aprendisteis mucho, incluso se puede decir que no sois ya la misma persona, habéis crecido personal y/o profesionalmente aun no consiguiendo el resultado deseado. 

Trabaja duro y esfuérzate

Es importante tener confianza en que se va a lograr lo que nos planteamos, porque si no, no empezaríamos, pero también hay que trabajar. Sin hacer nada no se consigue nada. Como ejemplo, os recomiendo leer el libro “La buena suerte” de Alex Rovira y Fernando Trías de Bes.  

Necesitamos confianza, pero no ciega. Toni Nadal cuenta que, para entrenar a Rafa Nadal, todo un ejemplo de esfuerzo y dedicación, le decía: “más vale que sepas a lo que te enfrentas y a partir de ahí vamos a encontrar soluciones”. Aceptar la realidad y no estar todo el tiempo con el mensaje positivo de “eres el mejor” o “lo vas a conseguir”. Aceptar que no tenemos todas con nosotros, que las cosas pueden salir mal, que quizá no eres tan bueno, te pone en disposición de esforzarte, aprenderestar alerta,  prepararte mejor para desarrollar en ti una mayor capacidad que te permita alcanzar los propósitos.

Y luego ir un paso más allá. También Toni Nadal entrenaba a Rafa Nadal diciéndole que jugara cada partido como si le fuera la vida en ello, porque solo así tendría más opciones de victoria. Si quieres sacar un 10 trabaja y estudia como para 12 que si algo se tuerce, aún puedas lograr tu objetivo. Hasta el marketing de guerrilla se basa en eso. Apunta a las estrellas, porque si te quedas corto, aún bailarás en la Luna. Solo si lo has dado todo podrás sentirte satisfecho de verdad, si sabes en el fondo de ti que podrías haber hecho algo más, seguramente te arrepientas toda tu vida.

El carácter de supervivencia lo tenemos todos, ahora bien, para valorar el esfuerzo y no desgastarnos en él, hemos de forjarnos un carácter de superación y de resistencia. “Te molesta, te aguantas”. Recuerdo que Álvaro Cuadrado, gran empresario y persona, contaba que cuando era niño iba a correr a la playa con su padre y cuando él protestaba, su padre le hacía correr por un tramo de playa más, y así hasta que dejó de protestar. El carácter se forja con la dificultad. Podéis pensar en el gimnasio, cualquier entrenador sabe que la serie en la que ya estás al límite diciendo “no puedo más”, ésa, es la que más vale. Después, te das cuenta cada día de que si al inicio llegabas corriendo hasta la primera esquina, siguiendo y siguiendo, podrás llegar a correr la maratón.

Ante el esfuerzo, resiliencia. Saber que podemos superarlo y recomponernos es una gran ventaja. El esfuerzo es solo parte del camino. El esfuerzo nos pone a prueba en alguna de nuestras capacidades físicas, mentales o emocionales. Nos supone un esfuerzo aquello que representa un cambio hasta que lo hacemos nuestro. Tras el esfuerzo, es importante la reflexión y el aprendizaje para no repetir errores y para avanzar hacia un mayor desarrollo personal y profesional, con madurez y caminando hacia la excelencia. Cuando lo vemos con perspectiva, nos damos cuenta que aquello fue y que aquello sirvió, aunque en el momento en el que sentimos esfuerzo nos cueste más verlo.

Al final, aprender depende de cada uno. Podemos vivir situaciones y salir de ellas sin haber aprendido nada, o podemos salir de la situación que nos ha retado y averiguar cómo llegar a los mismos resultados o mejores aplicando menor esfuerzo. Así que, no dejes de poner todo lo mejor de ti en lo que hagas y sigue aprendiendo para que el esfuerzo sea más efectivo.

¿En qué aspectos de tu vida estás poniendo todo tu esfuerzo? ¿Estás aprendiendo? ¿Cómo está calando este esfuerzo en tu carácter? 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills 

Según los estudios sobre el futuro del trabajo, cada vez tomará más relevancia el pensamiento crítico y creativo. Salir de situaciones adversas, responder al mercado cambiante y ofrecer un nuevo producto, requiere de creatividad. No podemos perdernos por querer seguir haciendo lo mismo.

Si lo pensamos bien, hasta en los productos básicos de primera necesidad, como pueden ser la leche o el pan, ya tenemos una amplísima variedad. Variedad que se ha desarrollado a base de creatividad.

Podremos tener ayuda de la inteligencia artificial, e incluso se ha demostrado que la tecnología puede ayudarnos a expandir nuestra creatividad, pero si queremos progresar, hemos de ser nosotros quienes pensemos y creemos y dejar que las máquinas nos faciliten la elaboración. Y no mantenernos al servicio de ella, sino ellas al nuestro. Como dice Isabel Salama, “el ser humano es un organismo, no un mecanismo” y hemos de aprovechar todas nuestras capacidades

La creatividad se va perdiendo con la edad, incluso a una velocidad increíble. Para hacernos una idea, con 15 años ya solo tenemos un 10% de la que teníamos de niños y a partir de los 15 años apenas nos manejamos con un 2%, y vaya lo que somos capaces de hacer con ese 2%. ¡Imagina lo que podríamos lograr si la potenciamos! 

Silvia Leal, en su ebook sobre fresh thinking, habla de la necesidad de leer, de aprender a programar y de estudiar. Si ya decíamos que la sociedad y el mundo requiere de learnability, hoy, ante las circunstancias y necesidades de supervivencia y superación en las que nos encontramos, lo necesitamos más que nunca. No podemos dejar nuestro futuro laboral solo en manos de las empresas en las que trabajamos o de los gobiernos. Hemos de crear, creer en nuestras capacidades y contribuir a nuestro bienestar y el de los demás. Si el mundo no es como te gusta, si tu trabajo no te llena, ¿qué vas a hacer? Invéntalo.

  • Escúchate. Seguro que has dicho más de una vez algo así como: “quitarnos este papeleo nos facilitaría el trabajo” o “si solo pusiéramos una bandeja aquí, accesible para todos, resolveríamos la situación”. Y como estos, mil ejemplos de nuestras ideas para mejorar las cosas. Se nos ocurren procedimientos a mejorar, nos sale el crítico constructivo cuando nos vemos con el conocimiento sobre cómo se agilizarían procesos, se obtendrían mejores resultados o se mantendrían relaciones más óptimas. Así que escúchate, hazte consciente de lo que se te ocurre y como suele hacer Richard Brandon, no dejes la idea ahí, sino haz lo necesario para poner tu idea en acción. Sí, ya lo sé, no siempre depende de ti, pero si no lo propones, no va a hacerse nunca. ¿O esperas que se le ocurra a otro y se lleve el mérito él?
  • Piensa fuera de la caja. Esto es algo que ya se va aplicando al mundo empresarial desde hace años. Sin embargo, ¿cómo se hace? Sobre todo, buscando utilidades diferentes a las habituales. Salir de lo obvio. Por ejemplo, un tenedor, ¿cómo puedo utilizarlo? Además de para comer, me puede servir para recogerme el pelo, como pincho donde ir poniendo comandas o tickets, para rascarme la espalda, para pintar, etc. Y puedes decir, vale eso no es muy original, ya se le ha ocurrido a alguien antes, bien, cuanto más practiques, más irá creciendo tu habilidad para encontrar alternativas más originales.
  • Relaciona ideas. ¿Qué tiene que ver el helado con las bicicletas? ¿Podríamos conseguir hacer una asociación entre ambas que supusiera una idea de negocio? Seguramente sí. De hecho, ya hay una empresa que se dedica a ofrecer helados y bicis para pasar una tarde estupenda. Puedes tomarlo como un juego para encontrar los puntos de unión entre dos cosas diferentes. ¿Qué tiene que ver una pluma con un coche? Podemos pensar en asientos acolchados, que mantienen la temperatura… Sigue jugando.
  • Cambia el diseño de aspectos como el color, la forma, la textura, el orden, la localización… Una buena pregunta es ¿qué pasaría si…? Y esto es válido para cualquier tema laboral, no solo para productos, sino para colocar la recepción de una oficina, decidir poner mesas compartidas, teletrabajar, cambiar la jerarquía y modificar la estructura de la organización hacia una redarquía. Solo tienes que probar y valorar las consecuencias. Validar lo que sea necesario será un tema posterior para tomar decisiones y poner en marcha definitivamente las ideas.
  • Utiliza el método SCAMPER de Bob Eberle. Es una forma de preguntarte sobre los productos, servicios, estructuras, procedimientos, nuevas propuestas, que te dará una mayor perspectiva y te ayudará a la generación de ideas. Hay muchas preguntas que puedes encontrar en internet sobre cada etapa de este método.
    • S: Sustituye - ¿Qué se puede sustituir?
    • C: Combina - ¿Qué puedes combinar con otras cosas?
    • A: Adapta - ¿Qué se puede adaptar para que tenga otra función o aspecto?
    • M: Minimiza o maximiza - ¿A qué se le puede dar más o menos énfasis?
    • P: Pon otra utilidad - ¿En qué otra área se podría aplicar?
    • E: Elimina - ¿Qué se podría eliminar?
    • R: Al revés - ¿Qué se podría hacer en sentido inverso?
  • Comparte tu idea. A muchos no les gusta compartir porque piensan que se las pueden quitar, o que si son una gran idea, mejor no decir nada hasta que esté en marcha. De acuerdo. Hay momentos en los que hay que guardar el secreto profesional. Sin embargo, las actuales teorías de lean management proponen que preguntes a tu público qué les parece tu idea antes de gastarte el dinero de montar toda una estructura empresarial para llevarlo a cabo. Esto ahorra muchos esfuerzos innecesarios. También en agile management se comparten ideas de mejora continua de los productos y proyectos en los que se va trabajando hasta encajar la forma en la que se cubren las expectativas, funcionalidades y las necesidades. Y recuerda la espiral de las ideas, para compartir en lugar de repartir. Con tu idea yo incorporo mi percepción y la mejoramos; con mi aportación tú le vas a dar una nueva perspectiva y la idea crece. Así que fomenta los espacios de creación de ideas.

Y volviendo al principio, dado que de niños nos era más fácil desarrollar nuestra creatividad, suelta tu imaginación, juega, vuela, cambia de escenario, inventa, prueba, mezcla, como un niño, sin prejuicios, porque ya habrá un tiempo posterior de análisis de las ideas. Pero no cortes las alas a la creatividad de antemano. Fomenta la creatividad y después evalúa.

¿Cómo vas a entrenar tu creatividad para cambiar aquello que no te gusta? Aprovecha y diviértete creando. Pon en acción tu hemisferio derecho. 

Y si lo necesitas, estamos a tu disposición para ayudarte. Todos tenemos la capacidad de la creatividad en nosotros. Solo hay que ayudarla a salir. ¡Tú puedes! 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills  

26 septiembre, 2020

No sé si tú pensarás igual, pero a mí me da la sensación de que las personas están revueltas. Creo que el confinamiento, la situación laboral, la economía, la salud, las relaciones a distancia o no, la convivencia, todo, nos ha llevado a una reflexión personal y profesional.

Te haya afectado en mayor o menor medida, es probable que te hayas planteado si como está tu vida es como quieres que esté. Si no es así, creo que es buen momento para revisar la rueda de la vida en la que te mueves y cogerla con tus propias manos, liderando tu vida. 

Ya, las circunstancias… Las circunstancias no han impedido que hables con algunas personas, no han impedido innovar, no han impedido la creatividad, no han impedido el apoyo de profesionales y amigos. Por eso, lejos de quejarnos, es tiempo de cuidarnos, querernos mejor y afrontar el futuro.

Ahora bien, ¿cómo se hace? Comenzando por lo que de verdad importa

  • Tú. Pregúntate qué quieres, qué es importante para ti, conócete. ¿Qué te gusta? ¿Qué disfrutas? ¿Cuáles son tus valores para que puedas apoyarte en ellos? ¿Cómo reaccionas ante la incertidumbre? ¿Cómo está tu autoestima? ¿De qué tienes miedo? Sobre todo, recuerda que estamos en este mundo por un tiempo limitado y que lo que de verdad importa es disfrutar esta oportunidad de vivir que tenemos. Así que recuerda qué es para ti la felicidad y qué te da bienestar. Y enfócate en ello.
  • Entrenar las actitudes que nos ayudan. Hay actitudes que nos ayudan a superar las circunstancias. Es una pena que a veces esas actitudes no las aprendemos hasta que no nos pasa algo realmente serio que nos lleve a un cambio de paradigma en nuestra forma de ver el mundo. Sin embargo, es posible aprenderlas. Por ejemplo, como dice Elsa Puncet, hay una actitud que es especial y capacitadora al máximo, el optimismo. Ya está más que demostrado que las personas optimistas, lejos de ver el mundo de color de rosa, son capaces de valorar los obstáculos como retos en lugar de problemas, o de reponerse antes de las situaciones adversas.  
  • Desdramatizar. Nos ponemos muy intensos, todo lo magnificamos. Hemos de poner objetividad, relativizar y tomar perspectiva de las cosas. Ni es todo, ni es como tú quieres que sea todo, ni los demás han de hacer todo lo que tú quieres como tú quieres y cuando tú quieres… Cada persona tiene su historia y circunstancias, su forma de ser y tomar decisiones. Cada empresa tiene su historia y circunstancias, sus responsables. Y hemos de tener claro que cada persona y empresa hace en cada momento lo que cree ser lo mejor, aunque no nos guste. Tenemos dos opciones: aceptación, comprensión, compasión… o cambio. Como decía mi abuelo: “si tiene remedio para qué cabrearse, y si no lo tiene, ¡para qué cabrearse!”. Piensa qué es lo peor que podría pasar y prepárate para ello. Ocúpate en lugar de preocuparte. 

Para si lo necesitas, toma tu tiempo de pensar, de estar en soledad, de estar contigo. Practica el silencio, el autocuidado y, sobre todo, quiérete a ti mismo. Eres lo más importante que tienes.

Para finalizar, te recomiendo un libro que me marcó desde que lo leí por primera vez: “Lo que de verdad importa” de Jan Goldstein.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

En esta pandemia ha quedado patente que podemos vivir con menos. Que necesitamos ciertas cosas para nuestro bienestar y que juntos podemos llegar más lejos. El apoyo y la comprensión entre personas es esencial, así como saber gestionar los recursos verdaderamente necesarios. 

Ahora hemos podido comprobar si es cierto lo que muchas empresas decían: “Las personas son lo más importante, son el centro de nuestra organización, etc.” Y también, si los valores que hemos ido modificando y proclamando se han hecho efectivos o se quedaron en meros carteles decorativos de las salas comunes de las empresas.

Las personas, lo primero. Es una expresión que nos invita a mirar a los ojos de quien tenemos delante. Darnos cuenta de quiénes son las personas que nos rodean. Reconocer a las personas que son importantes en nuestra vida. Que todos tenemos una historia detrás, cada uno la suya. Y que todos buscamos la supervivencia y el bienestar.

Hace mucho tiempo, en mi trabajo personal, descubrí una de las claves que me permitió trabajar mi autoestima. Es una expresión que utilizamos también como base del coaching. Hablo de tratar a los demás como de igual a igual, de persona a persona. Cada una con sus conocimientos, cada una con sus habilidades, cada una con sus carencias y aprendizajes. Cada una con su valía también. 

Esto supone que nadie está por encima de nadie. Solo tiene otra posición social, económica o laboral. Pero es, a fin y al cabo, una persona. Igual que yo. 

Este planteamiento evita poner en pedestales demasiado altos a los demás, así como evita que nos subamos nosotros, pensándonos superiores en algo. Porque cuidado, aquel que menosprecias, puede que te dé a ti una lección en otra área de la vida.

Y si somos todos personas, coincidiendo en este momento de nuestras vidas, en estas circunstancias, creo que lo mejor que podemos hacer es tratarnos con amabilidad.

Acaba de salir, precisamente, una película protagonizada por Tom Hanks que pone en valor la amabilidad: “Un amigo extraordinario”, basada en hechos reales, donde se ponía en duda si su protagonista era verdaderamente así de amable o era una fachada para quedar bien. ¿Ponemos en duda a la gente amable porque la vemos “demasiado buena”? Personas a las que vemos débiles, sin carácter… Muchos prejuicios.

Sin embargo, hoy más que nunca, necesitamos de amabilidad. Una amabilidad que reúne varios aspectos:

  • Atención. La persona amable, está pendiente de lo que puedes necesitar, atenta a lo que te ocurre. Observa. Descubre. Muestra su interés por ti.
  • Movimiento. No se trata de responder sino de resolver. Decimos a una persona que ha sido muy amable cuando ha hecho algo por nosotros, algo que queríamos, que buscábamos, que necesitábamos y nos ha facilitado de algún modo, aunque no lo haya podido resolver del todo. Ha puesto lo que estaba en su mano.
  • Aprecio. La amabilidad tiene un punto de valoración del otro y de afecto. La generosidad viene del amor a los demás. La unión y el clima que se vive tiene que ver con el afecto que se respira entre las personas que conviven, los compañeros o los colaboradores.   
  • Bondad. Aunque pensemos que la línea es fina entre bueno y tonto, la bondad es una gran virtud. Seguramente si pensamos en personas que han marcado nuestras vidas para bien, incluyamos la bondad en la lista de sus cualidades. La bondad tiene que ver con hacer el bien, lo que está bien, lo correcto y, además, de una forma desinteresada. 
  • Locuacidad. Es necesario que sepamos comunicarnos de una forma natural y efectiva. La comunicación evita y resuelve conflictos, nos lleva al entendimiento y nos enamora. Permite la escucha, el silencio, el feedback oportuno y constructivo, tener respuestas en lugar de meras reacciones.
  • Educación. Para poder vivir en armonía. Necesitamos cierta capacidad de entender que no estamos solos en el mundo y que hemos de relacionarnos con los demás. No se trata de pisar a nadie sino de comprender más, de poner el punto ético y moral en nuestros comportamientos. Además, la educación nos ofrece saber estar, una mente más abierta a las diferencias y mejor comprensión de los demás. 

Estas cualidades, bien pueden ser desarrolladas por cualquier persona aunque más necesarias son hoy en día en los líderes, en las empresas, en los equipos…

En el fondo, solo es ir a las bases, a lo simple, a aquello que dice “no hagas lo que no te gustaría que te hicieran a ti”, al karma que te devuelve lo que has sembrado y a convivir poniendo un poco más de AMABILIDAD para ir por la vida.

¿Qué quieres ver en los demás? ¿Qué vas a hacer tú?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

15 agosto, 2020

El teletrabajo ha llegado para quedarse. No solo porque aún estemos conviviendo con el coronavirus sino porque la transformación digital que se venía augurando se ha visto forzada a la realidad en muchas empresas.

Sin embargo, solo las empresas que ya habían empezado a dar los primeros pasos hacia esta opción de trabajo desde donde quieras, son las que mejores resultados están obteniendo porque ya han tenido el tiempo de aprendizaje y ahora pueden resolver la situación de forma más fluida.

El problema es que, direcciones de empresas con filosofías de presentismo están volviendo a la antigua normalidad sin ser nada normal. Y aquellas que han querido dar el salto al teletrabajo no han tenido el tiempo de aprendizaje y ajuste o adaptación que se requiere para encontrar el equilibrio en cada organización.

Y la cuestión es definir para qué estamos proponiendo el teletrabajo. ¿Es una medida de seguridad e higiene laboral? ¿Es una medida de facilitación y beneficio para los colaboradores? ¿Es una muestra de confianza en la que de verdad se ponen a las personas en el foco de las empresas?

La cultura de la empresa será clave para el éxito. No es un parche para salir del paso. Requiere una mentalidad de transparencia, claridad, comprensión, confianza, compromiso, efectividad, innovación y productividad.

Según el EAE, los principales enemigos del teletrabajo son:

  • Perder de vista la línea de separación entre trabajo y casa.
  • No saber decir que no ante una carga desproporcionada de trabajo.
  • Sentirse aislado.
  • Falta de perspectiva: no saber si estás haciendo las cosas bien.
  • Procrastinación: el «dejar las cosas para mañana» de toda la vida. 

Además, añadimos las circunstancias personales de cada uno:

  • No es lo mismo estar solo en casa que tener niños sin colegio.
  • No es lo mismo tener la tecnología habitual adecuada para el desarrollo del trabajo que se tiene en la oficina, que la tecnología casera y parcialmente adaptada ahora al trabajo desde casa.
  • No es lo mismo tener un horario establecido, con sus pausas y hábitos sociales establecidos, que un horario sin definir.

No todo son ventajas y menos cuando el teletrabajo es de obligado cumplimiento:

El entorno laboral. De la misma forma que los estudiantes buscan bibliotecas o salas de estudio para preparar sus exámenes, o el parque de atracciones invita a la diversión y nos pone en ese escenario, el entorno laboral importa para mantenerse concentrado en la tarea que toca, trabajar. La mayor parte de los trabajadores prefiere acudir a la oficina porque así tiene más claro, mental y emocionalmente que es tiempo de trabajo. ¿O tienes un espacio en casa donde tienes integrado que es tu espacio de trabajo?

El trabajo colaborativo. Igual que estamos recriminando a los jóvenes que ya no se relacionan más que a través de las pantallas aunque se tengan al lado, el trabajo colaborativo que impulsamos con teletrabajo diario va en esta línea. Unas colaboraciones ágiles, con comunicaciones más cortas y específicas, aportando el trabajo, no la relación. 

Se pierden las relaciones sociales, las comunicaciones menos formales de las que salen muchas ideas y cooperación, y también el apoyo emocional en el día a día. Compartir alegrías y penas laborales también impulsa el buen desarrollo de los grandes equipos y del trabajo. El clima laboral ahora es el clima de tu casa o el generado en la reunión virtual.

Falta de seguridad. ¿El ordenador es el de la empresa o es el que tienes en casa? ¿Lo usas solo tú o lo compartes con tus familiares? La ley de protección de datos queda vulnerable ante situaciones en las que se comparten equipos. Un robo puede suponer un gran problema para la empresa. Hay crackers que aprovechan cualquier filón para colarse y la responsabilidad es enorme.

Ya que. El “ya que” sirve para no parar de trabajar y dedicar aún más tiempo que el que dedicabas cuando ibas a la oficina. También aprovechamos el “ya que” para asumir más trabajo porque como tú estás con ese tema, quien mejor que tú. Aunque hablamos más que nunca por teléfono, nos cuesta cogerlo. Resolvemos antes haciéndolo nosotros y pedimos ayuda solo si es necesario.

Lidiar con la frustración. Quiero hacer y no puedo porque me falla la conexión, porque no sé utilizar correctamente estos nuevos sistemas de comunicación virtual, porque tengo otros distractores en casa que no me permiten dedicar todo el tiempo que me gustaría o que no me dejan concentrarme, porque no puedo compartir con nadie lo que me sucede, porque nadie está pendiente de mí…

Ante estas situaciones forzosas de teletrabajo, la emocionalidad de las personas se ve muy afectada. Los líderes han de ocuparse de sus equipos y estar aún más cerca, dar feedback más continuo y saber qué les ocurre. Conocer, facilitar, enfocar y acompañar son las palabras clave de esta nueva normalidad.

Obligar a teletrabajar no es un beneficio social al que acogerse y no todo el mundo lo lleva igual de bien. ¿Sabes cómo lo llevan las personas de tu equipo? ¿Qué has ido aprendiendo en este tiempo de teletrabajo para mejorar y que se convierta en una alternativa viable y cómoda para las personas? ¿Cómo compensas los déficits que ofrece? Reflexiona sobre ello y encuentra la mejor opción para tus equipos. 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

28 julio, 2020

Una guía para gestionar equipos donde figuran los aspectos que el mejor equipo del mundo cumple para ser eficiente, mantener la motivación, tener el máximo desempeño y trabajar con la mayor satisfacción, aprovechando el talento de todas las personas que componen el equipo para alcanzar los objetivos deseados e ir más allá.

¿Qué inspiró a Raquel para escribir este libro? En primer lugar, su trabajo con Milagros García, su socia en 2miradas. Su nivel de entendimiento, cómo trabajan en equipo y lo bien que funcionan, le hizo reflexionar y analizar esta forma de trabajo y extraerla para plasmarla en una obra. Se dio cuenta de que no era suficiente tener una misión común para formar el mejor equipo, había mucho más que hacía que funcionara. Por otro lado, además de sus experiencias en otros proyectos profesionales y observando equipos que trabajan muy bien y que no funcionan también, en el plano personal lleva 24 años haciendo también un maravilloso equipo con su pareja Ricardo.

Concluyó que, tanto en un equipo profesional como uno personal, en el fondo, las ideas que se recopilan en este libro, funcionan en todos los ámbitos.

¿Por qué un libro ilustrado? En el proceso de observación de equipos para descubrir los secretos del mejor equipo, apareció la idea de que el libro estuviera ilustrado y empezó a pensar que a veces los conceptos más abstractos se asimilan mejor con ilustraciones y se ofrecen dos lecturas, una del texto y otra de la ilustración al hilo de este texto. Para ello se contó con la mano del ilustrador Miguel Can.

Imagen de Miguel Cans para el libro "El mejor equipo del mundo", de Raquel Bonsfills.
Imagen de Miguel Cans para el libro "El mejor equipo del mundo", de Raquel Bonsfills.

¿Con qué se debe quedar el lector tras la lectura del libro? Este libro es una guía de ideas que nos lleva en primer lugar a una reflexión. Por ejemplo, la primera idea es "alegrarse de verse". ¿Cuántos de los lectores se alegran de ver a las personas de su equipo cada día cuando llegan? Cuando trabajas bien con alguien, te alegras de verle. En este libro se muestran claves de este tipo, descubrirás cómo son, cómo se relacionan y comportan las personas del mejor equipo del mundo.

Puedes adquirir una copia del libro pinchando aquí.