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Cuando piensas en alguien a quien consideras que es un líder o una líder, ¿qué cualidades destacas? Seguramente la mayoría de ellas estén relacionadas con la comunicación y con un trato especial hacia las personas.

El foco del liderazgo: la empatía

El liderazgo pone el foco más en la persona que en la tarea o al menos en ambas facetas, a diferencia de cómo suele funcionar la dirección o gestión del equipo, tal y como te conté en el artículo “dirigir o liderar”.  Y en ese “tener en cuenta a las personas” la empatía juega un papel importante.

La empatía, nos lleva a ponernos en la piel de la otra persona, sin ser ella, pero comprendiéndola mental, emocional y conductualmente. Sobre todo, entendiendo su emoción, porque nos informa de cómo se siente por lo ocurrido, con lo que le decimos, el porqué de una reacción, o los sentimientos que le tienen actuando de una determinada manera.

Poner atención a las emociones en el trabajo es esencial sobre todo ahora que se valora tanto la experiencia del empleado, para ser una buena marca empleadora, para que la empresa pueda atraer talento y, sobre todo, para que los mejores quieran quedarse a dedicar su tiempo y esfuerzo en ella.

¿Cómo vas a ser un gran líder si no te preocupas por las emociones de tu equipo? ¿O de su bienestar? ¿O de lo que de verdad les importa a las personas con las que pasas tu día a día laboral? La empatía te será de gran ayuda.

¿Cómo se puede desarrollar la empatía para ser un mejor líder?

Lo primero es poner tu atención en el equipo, hacer un alto en tu discurso para mirar a la cara a las personas que están contigo. No es solo mandar correos y no ver a las personas, como si fuera algo ajeno. Verse y escucharse, es importante. Es necesario dedicarse tiempo para saber cómo van, cómo están, qué tal lo llevan o si necesitan algo. Por mucho que confiemos en que están bien y en que saben hacer su trabajo, la atención es muy importante para generar esa conexión necesaria para poder empatizar.

Escuchar. Escucha de verdad, de forma consciente, centrado en el presente, atento a lo que se dice y lo que no se dice. Averigua lo que hay detrás de lo que se expresa, las emociones, la expresión verbal y no verbal de quien tengas delante.

La escucha es la puerta a la empatía. Si no escuchas, no puedes empatizar. Si no escuchas, ¿con qué empatizarías? La escucha atenta y completa a tu interlocutor, además de hacerle sentir importante, va a reconfortarle. Has de hacerle notar que le estás escuchando y puedes hacerlo con diferentes técnicas muy fáciles para que se sienta escuchado. Es la mejor forma para que una persona se abra, te exprese sus sentimientos y motivaciones, y puedas generar una confianza mayor con tu equipo.

Conocer tus propias emociones. ¿Cómo vas a comprender las emociones de los demás si no las sabes reconocer? Habrás de comenzar por ti, por tus emociones, por cómo funcionan en ti, cómo las expresas, cómo las vives… ¿Qué sientes en este momento? ¿Con qué nivel de intensidad del 1 al 10? ¿Qué haces cuando te sientes así? ¿Cómo te comportas o actúas? Aprende a poner nombre a tus emociones para irlas reconociendo en ti. Trabaja tu inteligencia emocional.

Conocer las emociones de los demás. En esa observación que realizas a tu equipo has de prestar atención a la postura corporal, a los gestos que hacen, a la mirada que entraña mucha información y a  la expresión facial porque es la parte de nuestro cuerpo que más rápidamente nos hace reaccionar con relación a las emociones. Además, has de descubrir cómo les llegan o impactan tus emociones a los demás. Es decir, cuando tú entras por la puerta, ¿cómo actúan? O ¿cómo responden ante una información que les has dado? Cuanto mejor conozcas las emociones de tu equipo mejor podrás empatizar con ellos.

Esforzarte por entenderles. Descubre la razón de las emociones que muestran. Trata de ponerte en su lugar. Si yo pienso como él, si yo escucho lo que acabo de escuchar, si estas fueran mis circunstancias, ¿cómo me sentiría? Para poder hacer este ejercicio habrás de descubrir qué piensa, siente y vive esa persona, si no, negarás sus emociones y con ello, les harás sentir menos escuchados, o que no te importan, que no les tienes en cuenta o que tú no te das cuenta de cómo están. Esto es algo que cada vez es más importante para que las personas estén a gusto en sus puestos de trabajo.

Respetar el ritmo y el espacio de cada persona. No todos reaccionamos igual. A veces como líderes nos entra la impaciencia, queremos todo para anteayer, cuando decimos algo queremos que se cumpla inmediatamente. Y nuestro equipo necesita tiempo para asimilarlo. A veces las personas lo captan rápidamente y otras veces, tienen otras tareas prioritarias en las que encajar lo que les pedimos y por compromiso o responsabilidad han de cerrar. Hemos de tratar de entender en qué punto están para poder incorporar una petición que descoloque toda su planificación. ¿Cómo te sienta que te trastoquen a ti los planes? Si esperabas cerrar algo y no puedes porque ha llegado un tema urgente, ¿qué haces? ¿cómo te sientes? ¿cuánto tardas en reubicarte y recolocar tu agenda? Este es otro ejercicio de empatía.

Identificar el momento más adecuado para intervenir. Precisamente cuando has prestado esa atención a tu equipo, sabes con qué están, además de tener más argumentos para poder ayudarles a encajar nuevas acciones o peticiones, te va a servir para encontrar el mejor momento para hablar con una persona. Si sabes que acaba de terminar una tarea, decírselo antes de empezar con otra es mucho mejor, o incluso un poquito antes, para que le puedas decir que cuando termine se ponga con lo que le pides. También si sabes que un miembro de tu equipo está muy desbordado, agobiado porque no llega, también evitarás sobrecargarle aún más. Pero para eso, has de saber cómo están. La comunicación continua con tu equipo es esencial para poder empatizar.

Mostrar interés verdadero por cada persona. Si no te importa la gente de tu equipo, en nuestra opinión, ya tienes un problema de base. Has de rodearte de personas con las que quieras estar. Si no, no las contrates. Y si te viene impuesto, aprende a quererlas. Trata de conocerlas y descubrirlas. Déjate sorprender. Y muestra de verdad interés por ellas, preocúpate por su bienestar, trata de ponerte en su lugar y así podrás disfrutar mucho más de cada persona. Enriqueciéndote con ellas.

Haciendo todo lo que te acabo de compartir, el líder será más empático, será mucho más querido, una persona con la que se quiera trabajar y en muchos casos, un modelo a seguir. ¿Quieres ser un líder así?

¿Qué vas a comenzar a hacer para ser tú más empático?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Cuando estamos bajos de ánimo, preocupados, con estrés, o cuando estamos malitos es difícil dar el 100% en nuestro trabajo o conseguir estar a todo, como haríamos si estuviéramos bien.

El bienestar personal y el bienestar profesional están conectados porque eres tú quien está detrás de los dos. Eres tú, como persona, la que gestiona lo que ocurre en tu entorno personal y laboral. Eres tú quien tiene sueños, quien tiene valores, quien se ocupa de las cuestiones que te acontecen y de las que promueves. Así que no eres ajeno a todo ello y puede que en un determinado momento te afecte.

¿Estás en el círculo vicioso del agotamiento?

Cuando nuestra salud mental se ve afectada, a veces llega al punto de afectarnos físicamente, cargando nuestro cuerpo de cortisol, estando en un estado de agitación y de inflamación, que nos debilita.En esos casos, nos peleamos aún más con nosotros mismos, porque puede que sientas o pienses que no llegas, que te cansas antes, que vas más despacio de lo que te gustaría, que tienes más y más tareas por hacer, que cometes más fallos porque se te pasan por alto detalles que en otro momento no se te pasaban, y para que no “se te note”, te exiges y te esfuerzas aún más, llevando a tu cuerpo a un desgaste aún mayor. Lo que acaba siendo un círculo vicioso de agotamiento.

¿Cómo salir del círculo vicioso del agotamiento?

  • Lo primero: decide salir. Para poder hacerlo has de hacerte consciente de lo que estás haciendo, de cómo te está afectando tu situación, de que tu físico puede ser limitado en un momento dado, o de que te despistas más de lo habitual, o simplemente, que estás tardando más en hacer lo mismo, aunque no tengas tan claro por qué.
  • Empieza por parar. Porque cuando te sobre exiges para conseguir rendir igual que siempre aunque no puedas, te restas tiempo de descanso, haces más horas, te dices que tienes que terminar eso antes de dejarlo… Así que, permítete descansar para recuperar fuerzas. Si no es cada día, que sería recomendable, al menos hazlo cada fin de semana. No te pongas mil quedadas o actividades en los fines de semana. Aprovecha porque precisamente cuando más tienes que hacer, has de descansar mejor. No es que estés parado del todo o sí, si te apetece, sino que te permitas escucharte, hacer lo que te apetezca. Si tienes niños a los que atender, busca las actividades que te permitan fluir a ti. Por ejemplo, llevarlos al parque y que ellos salten y corran mientras tú estás tranquilamente sentada en un banco viéndolos o leyendo o charlando con tu pareja. Sin exigencia para ti.
  • Abandona la prisa. Nos solemos agobiar porque tenemos plazos a los que no llegamos o mil cosas a hacer en esos plazos. Entonces, empieza por las tareas que te llevan más tiempo, sigue las reglas de gestión del tiempo para organizarte mejor, para programarte teniendo en cuenta todo lo que tienes que hacer, pero luego, ponte a hacerlo sin mirar el reloj. El tiempo que tardes en organizarte te valdrá para la tranquilidad de después al hacerlo. Y en tu tiempo no laboral, también, deja que fluya, no te pongas el despertador, ¡no vayas corriendo porque llegas tarde! Llegas cuando puedes. Es mejor que en el tiempo que estés así, no te exijas aún más con el reloj.
  • Haz lo mínimo, pero hazlo. Siempre tratarás de hacer todo perfecto. Y te recuerdo que lo perfecto no existe y la famosa frase de “lo perfecto es enemigo de lo bueno”. Está demostrado que la diferencia entre ese extra que le vas a dar por querer hacerlo perfecto, respecto al tiempo que te supone dárselo, no compensa en cuanto a la eficacia del resultado. Así que quédate con lo bueno. Lo importante es que esté hecho, lo mejor posible, desde luego. Si eres una persona que siempre da lo mejor de sí, por mucho que te quedes en tu mínimo, te aseguro que ya será mucho mejor de lo que otros muchos harían. A veces no nos ponemos en valor, o pensamos que hacerlo perfecto es lo normal. Y te lo digo yo que me enseñaron que sacar un 10 era lo mínimo que se esperaba de mí. Pero no, un 10 es un 10. ¡¡¡Y un 8 está realmente bien!!! Así que cuando hay que sacar adelante muchas cosas, hazlo lo mejor que puedas. Seguro que estará bien.

Cuídate y quiérete

Aunque a veces es tal el estado de agotamiento que ya no puedes hacer lo que deseas, que puede que no tengas ni ganas, ni fuerzas ni el ánimo para empezar, y solo de pensarlo se te hace un mundo. Entonces, en esos momentos, cuida de ti. Haz alguna actividad que te genere bienestar, un paseo, un abrazo, leer un poco algo que te guste, tomar un poco de chocolate negro o pistachos… estimula tus hormonas de la felicidad. Y cuando ya lo hayas hecho, entonces, aprovechando ese mejor estado de ánimo, elige aquello que sea lo que menos te pueda costar hacer. Lo que te suponga menos esfuerzo. Porque si no haces nada, tendrás un sentimiento de culpa que te costará aún más superar. Así que haz algo sencillo, si es mecánico, que puedas hacerlo de manera automática mejor. Aquello que haces bien casi con los ojos cerrados. Solo empieza. Y después te será más fácil seguir.

Háblate bien. Reconócete el esfuerzo. En lugar de estarte fustigando por todo aquello que no haces o por lo que te queda por hacer, respira, empieza a ver lo que sí has hecho. Si en lugar de trabajar 14 horas has trabajado 10, sigue siendo un gran esfuerzo, aunque no hayas llevado el mismo ritmo. Vigila lo que te dices, porque buena parte de tu machaque emocional y mental viene de ahí. Recuerda que lo que te dices y cómo te lo dices, importa.

Cuando más flojitos estamos, es en el tiempo en el que más necesitamos mimarnos, como hacían nuestras madres, queriéndonos para recuperarnos antes. Y eso también es una gran práctica. En lugar de presionarnos más, hemos de querernos más, consentirnos más, ser más generosos con nosotros, perdonarnos más y recuperaremos así más rápido tanto el ánimo como el ritmo.

Ahora que lo sabes, ¿qué vas a empezar a hacer para protegerte en lugar de exigirte más y de ese modo tener más fuerza para avanzar? Recuerda, hacer el mínimo es mucho más de lo que crees. Haz el mínimo con todo lo mejor de ti, por poquito que sea.

¡¡¡Mucho ánimo!!!

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills  

“Basta mirar algo con mucho interés para que se vuelva interesante”

Marian Rojas Estapé.

Imagínate que no tienes ni idea de fútbol, te parece un rollo y no entiendes por qué la gente es tan forofa. Imagina que empiezas a ponerle interés, comienzas a preguntar qué es lo que le gusta del fútbol a quienes conozcas, te explican cómo funciona el fuera de juego, por qué es penalti, cómo han de entrenar para poder pasar el balón exactamente al lugar o a la persona que desean, la agilidad para sortear obstáculos, hacer regates imposibles, remates acrobáticos, jugadas ensayadas, etc. Eso sin contar el propio sentimiento de pertenencia a tu equipo. Seguro que cuanto más vas conociendo, más curiosidad te va generando y más vas entendiendo a medida que te metes en ese mundo. 

Cultivando la atención te harás más consciente, te concentrarás mejor, aumentará tu memoria, obtendrás una mayor información con la que tomar mejores decisiones porque estarás más alerta, podrás discriminar mejor entre las opciones porque descubrirás más fácilmente las diferencias, saborearás más el momento e incluso, podrás alargarlo.

¿Qué podemos hacer para desarrollar nuestra atención?

Para desarrollar la atención necesitamos, como ya te he compartido, una pizca de curiosidad para indagar, desarrollar el interés, para lo cuál solemos necesitar una motivación que nos beneficie, voluntad para descubrir y también, ¡dejarte sorprender!

Además, puedes aprender a desarrollar tu atención si:

  • Observas lo bueno. Haz que tu mirada recorra el lugar eligiendo aquello que le resulte agradable. Por ejemplo, si vas en el transporte público, en lugar de aislarte, mira a tu alrededor. Quizá te encuentres a alguien que ha comprado un ramo de flores, o a quien va estudiando para un examen, o esa pareja de abuelitos que van cogidos de la mano.

Esto, cuando nos lo aplicamos a nosotros o a nuestros compañeros de trabajo, lo podemos extrapolar para ayudarnos a encontrar los momentos en los que hacemos las cosas bien. Estamos demasiado tiempo sacando el error, el pero, y ahora, vamos a poner atención en lo que sí sabemos, en lo que sí sale como esperábamos, en el esfuerzo o dedicación que te lleva o les lleva a los demás lograr los objetivos o completar las tareas lo más adecuadamente posible o incluso de manera excelente.

  • Escuchas lo que hay detrás de las palabras. A veces una palabra encierra un conjunto de emociones veladas, una idea mucho más completa de lo que en realidad se dice o de cuán importante es para esa persona lo que está expresando. Por ejemplo, cuando hablas por teléfono, ¿verdad que eres capaz de extraer mucha más información que las propias palabras? Te invito a que te quedes o busques en la conversación aquello que le importa de verdad al otro. Por ejemplo, que en la conversación te dice que le encantan los caramelos de violeta, que le recuerdan a su infancia, a su abuela y le sale una voz más dulce al contártelo. Pues ya sabes qué puedes regalarle en un momento dado y está garantizado que le arrascarás una sonrisa. Apúntatelo y te ganarás a esa persona.

El oído también es un órgano selectivo por lo que puedes elegir en qué enfocarte para practicar la atención a través de este sentido. Puedes comenzar a escuchar sonidos diferentes dentro de tu entorno. Si estás en el trabajo, seguro que tú mismo haces algún ruido, ya sea al colocar los materiales que utilizas, al escribir en tu ordenador, por sutil que sea. Puede que haya un sonido de un ventilador, de algún aparato electrónico que esté más o menos cerca o también puedes ir eligiendo sonidos más lejanos como conversaciones entre personas a más distancia o el de obras que haya en la calle. Ve cambiando tu atención de unos a otros. Te resultará más fácil hacerlo con los ojos cerrados.

Y otro aspecto de lo que escuchas, es que cuando tengas a alguien hablando de manera continua de un tema es porque es importante para él. Es cierto que a veces algunas personas, sobre todo nos suele ocurrir con personas mayores, parece que siempre nos cuenten las mismas historias, y muchas veces pensamos que es aburrido, que son pesados, y, sin embargo, eso que nos cuentan es precisamente lo que les ha resultado importante o impactante en su vida.

  • Dedica tiempo. El tiempo es el recurso más preciado que poseemos y de hecho el que una persona nos dedique su tiempo sabiendo que es limitado y que podría estar haciendo cualquier otra cosa, es todo un regalo. Por eso, si has de poner una mayor atención en algo, por ejemplo, te piden que realices una nueva tarea que no has hecho hasta el momento. Entonces, no te queda otra que dedicarle tiempo, y ¿qué ocurre al final? ¡Que lo acabas sacando! Es el tiempo que le has estado dedicando, buscando las vueltas, probando, hablando de ello, lo que te ha llevado el éxito.

Si ese tiempo, además, se lo dedicas a una persona, hablando de ella y con ella, pensando en ella, esa persona se vuelve importante para ti. Imagínate lo positivo que es cuando decides aplicarlo con tus amigos, familiares, compañeros de trabajo para tener un mejor ambiente o si tienes un equipo a tu cargo.

  • Actúa al respecto. Lo más bonito de poner nuestra atención en algo o en alguien, además de poner nuestro interés en ello y disfrutar del proceso de observación, escucha y dedicación es tener la posibilidad de tomar parte para ayudar, mejorar, acompañar o resolverlo.

Las personas cuando notamos que alguien nos presta atención a través de sus acciones, nos sentimos escuchadas, queridas y valoradas, sientes que le importas. Y eso nos puede ayudar en nuestra autoestima, en empoderarnos, en creer en la bondad del mundo, nos ayuda a socializar, aumenta la generosidad, la solidaridad, la gratitud… y al final, la felicidad. 

Como dice Harv Eker, “Donde va la atención, la energía fluye y los resultados se muestran”.

Ahora que lo sabes, ¿qué vas a comenzar a hacer para poner una mayor atención en lo importante? ¿De ti? ¿De los demás? ¿Del entorno? Déjate sorprender y reconoce con consciencia lo que descubras.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills  

Quiero hacer esto. Quiero evitar aquello. Quiero dejar de… ¿Cuántas veces te has dicho estas expresiones? ¿Cómo te has sentido cuando te lo has dicho? ¿Qué has hecho en esos momentos? Puede que incluso hayas tomado ciertas decisiones alineadas con eso que has dicho que quieres, aunque después te hayas podido desinflar.

Claro, pero no es un quiero normal, como el de los niños que parece que tienen el quiero en su boca a todas horas. Es un quiero que sale de todo nuestro cuerpo, no está en el pensamiento solamente, está también en tu corazón, en tus entrañas, en todo tu Ser. Y cuando nos proponemos algo con una firmeza tal que todo nuestro cuerpo está alineado y enfocado en ello, las probabilidades de ponernos en marcha para conseguirlo son mucho mayores.

Lejos de las discusiones sobre la diferencia entre querer y amar, me quiero centrar en la fuerza que tiene querer algo, querer a alguien, querer salir adelante, querer soltar, querer...

Y sí, ya sé que la vida por mucho que quieras no siempre te da lo que deseas. Ahí está el truco. Los deseos, los sueños son efímeros mientras que no te pones en acción para lograrlos. No basta solo decir quiero esto, como si del soplo de tu vela de cumpleaños dependiera. El querer se vuelve voluntad y la voluntad se vuelve acción cuando de verdad es algo que nos importa lo suficiente como para movernos. Cuando tenemos motivos reales para hacerlo.

Pero ojo, que mientras tengas un beneficio para no hacerlo que te compense lo suficientemente como para no moverte, no lo harás.

Buscar la motivación para reforzar lo que quieres

Para demostrarte lo que digo, piensa en cosas que te hayas propuesto en tu vida y hayas logrado. Cosas importantes. ¿Qué hiciste? ¿Qué fue lo primero que te dijiste, pensaste o imaginaste? Incluso con cosas pequeñas, cuando quieres que alguien haga algo por ti, ¿no insistes, persistes, resistes, veces hasta llegar a aburrir al otro? ¿No te buscas las vueltas, incluso dejando caer de vez en cuando el tema como el que no quiere la cosa, para que vaya sonando? Podemos ser muy cabezotas cuando nos proponemos algo.

Por eso, lo primero es quererlo de verdad. Firmemente. Que para ti no quepa duda, que es obvio, cae por su propio peso, es una certeza. No hace falta ser Escarlata O'hara para jurarlo, pero tu convicción hace mucho, tu convicción forjará tu motivación.

En la pandemia hemos visto miles de casos donde hemos logrado muchísimas cosas que nos propusimos para salir adelante e incluso para sobrellevar la situación. Sí, obligado te veas. Eso es porque la necesidad también hace que quieras conseguir cosas. De nuevo, tenemos presente el querer.

Toma conciencia

Querer te lleva también a tomar conciencia tanto de lo que funciona como de lo que no. Al querer estás más atento a lo que ocurre. A veces demasiado si te preocupa el tema. Pero seguro que puedes sacar más información de la que sacabas cuando no prestabas atención o cuando no tenías interés en ello. Te pongo un ejemplo. Mira atentamente el primero objeto que tengas delante. Fíjate en cómo es, gíralo, mira desde diferentes perspectivas, escúchalo o escúchate a ti misma los comentarios que haces en tu mente sobre ello. Tócalo, ¿qué se siente? ¿Huele a algo? Tócalo suavemente, como si fueras a acariciarlo despacio. ¿Para qué sirve? ¿Qué te aporta?

¿Habías sacado antes tanta información sobre ese objeto? Apenas un minuto prestando atención y tienes mucha información. Puede que pienses que toda esa información ya la sabías, y probablemente sí, pero de forma inconsciente. Ahora eres consciente e incluso gracias a esta información estás en una mayor disposición a tomar acciones sobre ese objeto. 

Pon toda tu energía en juego

Hay una parte que también influye cuando queremos algo de verdad, que podemos llamar energética. No sé si te has dado cuenta de que cuando prestas más atención a algo, parece que aparecen cosas, personas, ideas, lecturas...que de algún modo hacen referencia o haces tú la conexión y relación con eso que tienes tú en mente.

Además de que nuestros teléfonos u ordenadores parece que nos escuchan y de repente nos aparecen anuncios relacionados con temas que hayamos hablado, o buscado, igual te ha pasado que cuando estás, por ejemplo, pensando en desamor, te llegan todo frases relacionadas con el desamor o el amor del bueno, la gente te envía mensajes que han visto y los han llevado a acordarse de ti, o de repente ves parejas que se adoran por todas partes. La cuestión, es que el universo juega un poco también a nuestro favor. Si nos llegan tantas cosas al respecto, igual hemos de tenerlas en cuenta porque no te llegarían si no estás en esa "frecuencia" o predisposición o estado de apertura del que también se habla en física cuántica. 

¿Te mueves y tienes ilusión? ¡Buena señal!

Otro aspecto que seguro puedes verificar en todo lo que ya has conseguido que te hayas propuesto, es que cuando quieres algo, te mueves para lograrlo. Puedes llegar a modificar actuaciones, hacer cosas que puede no hayas hecho nunca (por eso obtienes resultados que no habías tenido nunca), tomas la iniciativa volviéndote más proactivo, no pasivo esperando a que las cosas sucedan.

Y también tienes un importante punto de ilusión. Incluso cuando es una cuestión de necesidad, hay una ilusión por salir de eso que te oprime, de estar mejor, no tanto una ilusión fantástica de brillos y purpurina, sino una ilusión real, posible, esencial, que puede que seas capaz de imaginar en tu mente, de sentir en tu corazón y de recoger en tu cuerpo. Una ilusión que te saca una sonrisa, que no tiene por qué ser gigante sino de paz, de sosiego, de contento. Y si es gigante, ¡¡¡mejor!!!

El querer, te da una fuerza que es motivadora en sí misma. El querer te da impulso y te ayuda a levantar cuando caes, te ayuda a recuperar el camino si lo que quieres, lo quieres de verdad.

Ayúdate con tus palabras y di “quiero” ante lo que se te ponga por delante.

Así que, tú, ¿qué quieres? Solo recuerda: quieras lo quieras, que sea bueno para ti y para el mundo.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Hoy en día, un cliente o un paciente busca y compara, se informa, revisa los comentarios y las valoraciones que puedan tener las distintas empresas de tu sector. Entonces, ¿cómo puedes atraerle a la tuya? Te ofrecemos el canvas 2miradas, una herramienta que te permitirá un análisis de tu situación empresarial para una toma de decisiones estratégica y coherente.

Analiza tu punto de partida

Hazte estas preguntas:

  • ¿En qué te diferencias de las empresas de tu sector o tu zona?
  • ¿Por qué y para qué un cliente o paciente debería acudir solo a ti?
  • ¿Qué es lo mejor que ofreces a tus clientes o pacientes?
  • ¿En qué eres único o el primero?
  • ¿Sabes en qué tienes que poner el foco para actualizar tu negocio y adaptarte a las circunstancias de hoy?

Lo primero hemos de reconocer cuál es nuestro punto de partida en este escenario tan distópico y disruptor que estamos viviendo, tras las nuevas circunstancias y la rapidísima digitalización en la que nos hemos visto inmersos. Es posible que tengas la mirada más centrada en lo que ocurre fuera, en el entorno, y que no sepas cómo actuar para adaptarte a él. O puede que pongas el foco en lo que haces, en los procesos de tu empresa, sin tener en cuenta del todo lo que se necesita fuera. Por eso, en 2miradas creemos que es indispensable abrir el foco, ampliar el campo de visión, de forma que adquiramos una visión 360º de la realidad actual para tomar mejores decisiones

Para ello, hemos desarrollado una herramienta sencilla y muy valiosa: el canvas 2miradas, porque queremos ayudar a desarrollar la que tengáis menos trabajada: la interna o la externa.

  • La mirada externa: orientada al futuro, a donde quieres estar, a tus objetivos.
  • La mirada interna: centrada en el presente, que nos da las claves de dónde estamos, con qué contamos, qué falta, y en la que ponemos en valor la experiencia, los recursos y habilidades desarrolladas para llegar hasta aquí.

Integramos estas 2miradas para tener una visión completa que te permita llevar tu negocio hacia esta nueva realidad de forma más exitosa.

¿En qué consiste el canvas 2miradas?

Nuestro canvas 2miradas está basado en el business model canvas, pero actualizado a las necesidades de hoy, a la era postcovid y al que hemos incorporado aspectos muy valiosos como:

  • LAS PERSONAS, que son las que hacen que el trabajo salga adelante, que son las que pueden hacer sentir al cliente y paciente la mejor de las experiencias contigo, son quienes tienen las ideas, las que reflexionan y analizan y las que están en mejora continua, incluyéndote a ti.
  • También tiene en cuenta la importancia de saber a dónde te diriges, EL PROPÓSITO que te empuja a estar ahí, en primera línea, para tomar las mejores decisiones y motivarte para seguir atrayendo clientes, mejorando las ventas y beneficiando aún más al negocio y a la sociedad.
  • Y te permite reconocer TU IDENTIDAD, la base del por qué haces las cosas así y no de otra forma, lo que se respira en tu empresa, lo que se percibe de ti, lo que te diferencia, y eso atraerá a un público determinado que te escogerá a ti porque eres quien mejor sabe captar lo que necesita, porque sabes entender y anticiparte a sus necesidades, porque sabes cómo relacionarte con esos clientes y pacientes a los que haces realmente felices.

Beneficios del canvas 2miradas

Utilizar esta herramienta te será de mucha utilidad tanto en la parte de análisis como para después en la toma de decisiones, sumando la mirada externa y la mirada interna. Y ofrece múltiples beneficios:

  • Analizar lo que ocurre en el entorno, lo que es tendencia en el sector, lo que está pasando y de todo eso, averiguar cómo te afecta a ti.
  • Conocer mejor a los clientes de hoy. ¿Quiénes son tus clientes? ¿Cómo son? ¿Cuáles son más valiosos para ti?
  • Te da una visión de futuro a la que querer enfocarte. ¿A dónde quieres llegar?
  • Te hace consciente de la imagen que percibe tu cliente. ¿Es la que quieres que tenga de ti?
  • Te hace consciente de los apoyos y posibles recursos que favorecen tu crecimiento. ¿Quién te puede ayudar?
  • Te permite conocer las bases de tu forma de trabajar particular. ¿Cuáles son tus valores? ¿Qué es importante para ti que se haga y qué no?
  • Te hace reconocer todo lo que tienes y ofreces en tu empresa. ¿Qué valoran más tus clientes y pacientes?
  • Te lleva a reconocer aún más el valor del equipo. ¿Cómo influye en lo que percibe el cliente?
  • Te muestra el análisis económico-financiero de tu empresa. ¿Qué te genera mayores beneficios? ¿En qué puedes dejar de invertir?
  • Te ayuda a identificar tu propuesta única de venta. ¿Por qué tú?

¿Por qué profundizar en estas dos miradas con la herramienta canvas 2miradas?

Profundizar en la mirada externa, nos permite mirar de lejos, de nosotros hacia fuera de nuestro negocio. Hacia nuestros objetivos y a lo que hay alrededor, a lo que está ocurriendo. Tomamos perspectiva y detectamos las posibles amenazas y las oportunidades que la situación actual nos está demandando.

Profundizar en la mirada interna nos dirige a lo que tenemos, a nuestra forma particular de hacer las cosas, al equipo, a los procedimientos…miramos hacia el interior de nuestro negocio. ¿Es lo que tu cliente espera y le hace volver? Nos permite detectar las debilidades y las fortalezas en las que podemos apoyarnos para adaptarnos a la situación actual.

Integramos estas 2miradas para tomar decisiones con coherencia. Descubriendo las oportunidades que hay ahí fuera, detectando las amenazas que te pueden perjudicar, reconociendo las debilidades que has de mejorar para no quedarte atrás y las fortalezas en las que has de apoyarte, que seguro, son muchas.

Como ves, nuestro lienzo permite un análisis simple, concreto y visual de la situación para una toma de decisiones estratégica y coherente. Ofrece todos los elementos clave y a tener en cuenta, en un solo vistazo, lo que facilita la gestión del negocio.

Además, es una herramienta dinámica, que permite actualizaciones y revisiones, modificaciones según lo que vayas analizando o descubriendo. De hecho, su uso continuado permite reconocer las novedades del entorno, así como los avances, aprendizajes y el crecimiento desarrollado a lo largo del tiempo. Os recomendamos revisarlo y analizarlo anualmente o cada vez que suceda algo que os desequilibre, como lo que estamos viviendo en los últimos años.

También, tiene la ventaja de que puede realizarse en equipo, de forma colaborativa, con lo que se alinean las visiones y posiciones de todos los colaboradores, lo que lleva a implicarse mucho más en los objetivos a conseguir. Genera un compromiso más elevado y un trabajo en común sobre las acciones que se definan en conjunto.

Así es más sencillo desarrollar acciones para superar obstáculos, cubrir necesidades, potenciar talento, generar sinergias, elegir las mejores formas de poder llegar al cliente de hoy, atraer nuevos clientes y pacientes, y con todo ello, en consecuencia, obtener mejores resultados.

Recuerda, como decía Albert Einstein: “Locura es esperar resultados distintos haciendo lo mismo”.

Desde 2miradas, te acompañamos en el análisis y uso de esta herramienta: el canvas 2miradas, para facilitarte por dónde comenzar o seguir en la actualización de tu negocio. Estamos a tu lado.

¡Contacta con nosotras!

Raquel Bonsfills

Se pone mi hijo enfermo y llamo a mi jefe para decirle que llegaré más tarde o que no puedo ir. Mi madre tiene una caída y se rompe la cadera, tengo que salir corriendo al hospital y cogerme unos días para estar con ella en el hospital y en casa hasta que pueda organizar todo para dejarla atendida, si no tengo la opción de teletrabajar. Mi vecino de arriba me hace una gotera, y he de quedarme a solucionarlo antes de poder acudir al trabajo. Hay un accidente de tráfico que para una carretera principal durante horas que me retrasa o me hace darme la vuelta a mi casa. ¿Te ha pasado esto o algo similar alguna vez?

Además, estas necesidades van a ir en aumento, sobre todo lo relacionado con que nuestra sociedad se va envejeciendo y que los de mediana edad han de cuidar de sus mayores, llevarlos a los médicos y atenderles porque no todo el mundo puede contratar a personas que les ayuden y acompañen a sus mayores en el día a día.

Hace años los sueldos permitían llegar a una mediana edad con un mayor bienestar económico. Hoy una persona que trabaja por ejemplo en hostelería puede pasarse toda la vida trabajando y ganando en torno a los 1200€ hasta que se jubile, aunque se le vaya subiendo un poco por el plus de antigüedad.

A veces es complicado si somos los responsables de abrir una tienda que tiene un horario y solo estamos nosotros en ella ese día o esa mañana. Si me retraso, la tienda no se abre. O si eres autónomo y te pones malo, lo que no hagas es dinero que pierdes, de ahí que se diga que los autónomos somos los trabajadores con menos absentismo laboral y con una salud de hierro. Y no es que la tengamos, es que apenas nos lo permitimos.

Necesitamos flexibilidad en el trabajo, lo que hoy es una de las condiciones más solicitadas por los trabajadores.

¿Qué entendemos por flexibilidad en 2miradas?

Entendemos en 2miradas que la flexibilidad te ayuda a conciliar y significa tener la responsabilidad para poder organizarte individualmente y seguir rindiendo de igual manera o más, sin tener que realizar un horario rígido en la empresa.

  • La flexibilidad no está solo en tener una franja horaria de entrada y salida de la empresa, no es solo el hecho de tener horario flexible, porque la mayoría de los trabajadores comprometidos hacen más horas de las que están estipuladas en sus contratos y más aún desde la llegada del teletrabajo.
  • La flexibilidad es también el poder decir “hoy trabajo desde casa” o desde Berlín. Sí, para eso cada persona ha de tener cierto grado de autonomía, tener claros sus objetivos, saber lo que tiene que hacer, tener los medios para hacerlo y sentido común para saber cuándo es más necesario estar y cuándo no tanto o cuándo es posible hacerlo simplemente de forma virtual.
  • La flexibilidad es tener la posibilidad de decir “me tengo que ir” o “hoy no puedo ir” y que no pase nada. Hay empresas que dan unos días para uso personal, los llamados días de asuntos propios, que no es necesario justificar, aunque en general no son retribuidos. Para asegurarte si los tienes habrás de revisar tu convenio colectivo o tu contrato laboral.
  • La flexibilidad también se puede relacionar con permitir que cada uno elija los beneficios que más le convengan, y no siempre el “igual para todos” como norma.
  • La flexibilidad se nota cuando el líder sabe adaptarse a cada situación y a cada trabajador. Cuando entiende que hay veces que hay que motivar e impulsar, y a veces hay que defender o parar a reflexionar.
  • La flexibilidad se ejerce con reglas del juego básicas y dejando jugar a cada uno a la manera que prefiera. Hay que saber qué está permitido y qué no. Dónde están los límites y saber las consecuencias de cruzarlos. El resto, será facilitar y escuchar para permitir que cada uno ponga en juego sus mejores cualidades, motivando a ser mejores.

Cuestión de confianza mutua

Hay una tendencia a pensar que la gente va a abusar o aprovecharse de esta “libertad” para trabajar menos. Sin embargo, son contados los casos en los que las personas se escaquean. Y, por otra parte, si hacemos desde las empresas una buena labor de cuidado de nuestros equipos, será más difícil que quieran abusar de la confianza que se les da, porque estarán a gusto, se les pondrá en valor y se reconocerá su trabajo y esfuerzo diario.

Porque igual que puede tener repercusión que se trabaje de menos, tendrá que haber contraprestación por trabajar de más. En temporadas de alto estrés, también hay que saber recompensarlo. Por mucho que los mejores trabajadores nos saquen adelante mucho trabajo, no es condición para sobrecargarles de manera continua, porque se acabarán quemando o agotando.

Ahora bien, para los trabajadores también es necesario tomar conciencia de las condiciones laborales por las que se les contrató. Saber que hemos de cumplir, hacer una serie de horas, lograr unos objetivos, y que, si hoy no he podido, veré yo mismo cuándo o cómo recuperarlo para sacar el trabajo que tengo encomendado.  Y de la misma forma saber estar y hacer todo lo que esté en mi mano por estar cuando sabes que hay que estar.

Habrán de entender que hacer lo mínimo, escabullirse, etc. no es solo hacer trampas a la empresa con la cual firmaron un acuerdo, un compromiso, sino que también se hacen trampa a sí mismos con su mala actitud que les puede costar el puesto, y entonces sí que no van a hacer nada de verdad y sin contraprestación económica. Como dice el refrán “no muerdas la mano de quien te da de comer”.

Merece más la pena dar lo mejor de ti, crecer con la organización, disfrutar del trabajo que amargarse día tras día en un puesto en el que no queremos estar. El mundo está lleno de posibilidades si nos queremos mover. Las tareas que a uno no le gustan a otro le pueden encantar. Lo único que a veces los que no tenemos flexibilidad somos nosotros, ni para movernos de ciudad, ni para cambiar de empresa, ni para aventurarnos a nuevas oportunidades.

En cualquier caso, tanto desde el lado del trabajador como desde el lado de la empresa, necesitamos poner humanidad y empatía para entender las circunstancias de las personas, de todos los que realizamos un trabajo y que también tenemos otras circunstancias en nuestra vida que a veces, requieren de nosotros como prioridad.

Con todo lo que te he comentado, ¿qué crees que puedes plantearte para tener más flexibilidad o para dar más flexibilidad laboral?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

¿Sabías que el 82% de los clientes se van por la percepción de indiferencia o por la mala atención de quién les atendió? Así nos lo cuentan desde Insight Squared.

¿Y cómo podemos ofrecer una atención que cumpla las expectativas de nuestro cliente si no le conocemos, si no sabemos lo que le gustaría recibir por nuestra parte o lo que pone en valor?

¿Para qué conocer a los clientes?

No es lo mismo tener un cliente millenial que un senior, ni un cliente leal que un indeciso. No trataremos de la misma forma a un cliente digital que a un cliente emocional.

Tenemos muchas clasificaciones de tipologías de clientes. La mayoría de ellas se han obtenido gracias a los estudios de técnicas como el DISC, el Eneagrama, o las diferencias generacionales. Todo el trabajo de autoconocimiento del ser humano ha llevado a poder extraer características concretas y generales de personalidades, o formas de comportarse particulares de unos tipos u otros.

Ahora bien, ¿para qué queremos conocer a los clientes? Si no te has hecho esta pregunta o si te la haces ahora, has de saber que es tan importante hoy en día que de ello puede depender el futuro de tu negocio.

Hoy la sociedad está tan sobre informada que solo si adecúas tu lenguaje y tu forma de comunicarte a un tipo de cliente (el que te interese), va a prestar atención a tu mensaje, porque de otro modo no le va a llegar, no le va a generar interés y va a sentir que no va con él. Con tantos mensajes que puede recibir esa persona, que se fije en el tuyo es todo un éxito.

Segmentar clientes: conocerlos y empatizar

¿Cómo conseguir que el cliente se fije en nuestro mensaje para él? Para conseguirlo has de:

Segmentar a tus clientes. Separa y diferencia a los distintos tipos de clientes que tienes. Hoy los datos de los clientes suponen una gran ventaja en tiempo y en conocimiento de ellos. Si tienes algún tipo de sistema de gestión de la información de tus clientes, tipo CRM, por ejemplo, te va a ser aquí de mucha utilidad.

Puedes separarlos por los tipos de productos que compran. Y después por edad, por ejemplo. O puedes agruparlos por ticket medio de compra, por la forma en la que requieren ser tratados, por el tiempo de dedicación que les has de prestar, etc. Lo importante es partir de una base que te sirva para agrupar tipologías de clientes.

Elige el segmento de clientes con el que quieres trabajar preferiblemente, que es lo que se suele llamar: define tu público objetivo o yendo más allá, tu nicho de mercado. ¿Cómo es ese tipo de cliente que has elegido? Es el momento de ponerle atributos, características, de identificar comportamientos, necesidades, y toda la información que puedas recopilar.

Puedes hacerte unas cuantas preguntas, que podemos englobar en 5 categorías:

  • Información tradicional: edad, género, nivel económico, estudios que posee, profesión, dónde vive…
  • Necesidades que tiene: lo que demanda a nivel de productos o servicio, lo que aclama y de lo que se queja que no tiene… y no tienen que ser solo aspectos funcionales, sino también emocionales porque al final, pesan más que los funcionales en la toma de decisiones.
  • Comportamiento: qué le gusta hacer, qué rutinas o hábitos tiene, por dónde se mueve, cómo y dónde suele comprar, por qué, qué herramientas suele utilizar, qué tecnología maneja, cómo se comunica…
  • Beneficios: qué resultados espera, qué tipo de atención le agrada, cómo podemos superar sus expectativas, qué busca, con qué sueña, qué es importante para él.
  • Frustraciones: qué le genera un esfuerzo, qué le disgusta, cuáles son sus valores básicos, qué riesgo siente, qué consecuencias tiene, qué teme…

 Y para poder contestar habrás de hacer un ejercicio de empatía, es decir, ponerte en sus zapatos, como si fueras esa tipología de persona y vieras el mundo desde su perspectiva, sintiendo lo que sentiría, oyendo lo que oiría, viendo lo que vería y diciendo lo que diría. Puedes utilizar el mapa de empatía creado por Dave Gray para ayudarte.

Validación y trabajo en equipo

Como todo esto lo has hecho desde ti, será importante validar con los clientes de tu público elegido si les encaja o no, si es cierto lo que he planteado. Si te cuesta establecer conversaciones con tus clientes, puedes leer el libro de Jon Fitzpatrick “el Mom test”.

Por supuesto, todos los ejercicios que conciernen al cliente son interesantes, por no decir necesario, que los hagamos con el equipo porque, por un lado, todos tratamos al cliente, y por otro, de cómo actúe el equipo dependerá la experiencia del cliente. Así que, cuando nos enfoquemos todos a una tipología de cliente: les sabremos detectar mejor, sabremos cómo comunicarnos con ellos, personalizar nuestra publicidad, generarles curiosidad, resolver sus dudas, cubrir sus necesidades incluso antes de que ellos mismos puedan darse cuenta de que las tienen, reducir sus frustraciones, y con cada acción y revisando cómo me funciona, iremos perfeccionando el trato al cliente, caminando hacia la excelencia.

Y ahora que sabes todo esto: ¿Quién va a ser tu público objetivo? ¿A quiénes vas a dirigir tus esfuerzos? Recuerda que no por querer llegar a todo el mundo consigues más clientes, pues tu comunicación no puede calarle de la misma forma a unas personas y a otras. Necesitan que les hables de una forma que les llegue y que lo hagas por su canal preferido. Es decir, has de estar donde te puedan ver y que cuando te vean, tenga sentido para ellos lo que digas.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Siempre recuerdo la frase de Coco Chanel que decía: “viste vulgar y solo verán el vestido, viste elegante y solo verán a la mujer”. Y lo mismo aplicado a cualquier persona.

No nos gusta que se nos etiquete en función de nuestras apariencias porque en realidad quienes lo hacen, nos están juzgando. A veces, nos resistimos a ir vestidos siguiendo unas determinadas normas porque sentimos que nos perdemos a nosotros mismos o nos sentimos disfrazados. También hay personas que eligen un tipo de ropa en concreto para ocultarse detrás de ella, muchas veces por falta de autoestima, porque no se sienten cómodos en la situación que se encuentran, para pasar desapercibidos o para que el grupo les acepte. Mientras que hay otras personas que alteran su forma de vestir por resistirse a crecer o por rebeldía.

¿Qué podemos considerar elegancia?

Ahora bien, la elegancia no está solo en la ropa que llevas o lo bien peinado o peinada que vas, y del mismo modo la vulgaridad. La elegancia tiene un fondo mucho más profundo que podemos aplicar para determinar cuan elegante es una persona. Está en su SER.

Elegante es aquel que:

  • Muestra nobleza en sus comportamientos.
  • Abierto a la escucha.
  • Atiende con generosidad.
  • No busca venganzas ni va con maldad.
  • Va de frente, sin ambigüedades.
  • Aporta claridad y transparencia, sin hipocresía.
  • Hace del “menos es más” un valor.
  • No necesita de accesorios innecesarios porque su belleza está en la luz que transmite solo con estar presente.
  • No sobrecarga ni su comunicación ni su imagen.
  • No se enreda en demasiadas vueltas ni explicaciones aún sin faltarle un detalle.
  • Posee soltura en sus movimientos y en su comunicación.
  • Con capacidad de respuesta.
  • Tiene facilidad para cambiar de tema y no resultar pesado.
  • Sabe estar y sabe irse.
  • Sabe reconocer a los demás, posicionándoles en el lugar más destacado.
  • Tiene talante y talento.
  • Sabe reconducir una situación con estilo, sea su interlocutor afín a él o no.
  • Muestra su buen gusto en todo lo que hace y disfruta, desde el arte hasta la comida.
  • Distinguido por la forma que tiene de expresarse y mostrarse con los demás.
  • Cuidadoso y respetuoso, incluso cariñoso, con mimo.
  • Admira al ser humano.
  • Tiene la capacidad de ver la belleza que hay a su alrededor.
  • No utiliza palabras malsonantes, no las necesita.
  • Su humor es blanco.
  • Sus gestos son suaves, no agresivos.
  • La voz es clara y se expresa con el volumen adecuado.
  • No pierde el tiempo en luchas de poder porque todos somos igualmente personas.
  • La empatía es su virtud.
  • La sutileza de sus insinuaciones es suficiente para inspirar.
  • Sabe guardar un secreto.
  • Es honesto y humilde.
  • Dedicado e implicado sin avasallar.
  • Deja a cada uno su espacio y su ritmo.
  • Brilla y hace brillar.

¿Cuántas de estas cualidades también las posees tú? ¿Cómo de elegante eres en tu forma de ser y estar?

La elegancia de tu interior

Como ves, la elegancia no trata de la ropa que llevas sino de la imagen que transmites, lo que va también en tu comunicación verbal y no verbal, y en la energía que emites. Está relacionada con la veracidad que hay en ti, con la coherencia, la educación y la amabilidad con la que te relacionas. Y se alimenta de la identidad de quien realmente eres.

Ahora que lo sabes, ¿crees que tú también puedes ser una persona elegante? ¿Qué vas a hacer para serlo un poco más y que te vean a ti en lugar de perderse en calificativos? Esto está muy relacionado con tu marca personal. ¿Sabes la huella que dejas en los demás? ¿Alguien te tiene es su mente como una persona elegante? Si es que sí, sigue practicando la elegancia. Si es que no, ¿por qué no? ¿Quieres serlo? Ponte un plan de acción. Aquí ya tienes una buena lista de ideas por donde empezar a trabajar.

Te mando mucho ánimo para lograrlo porque recuerda, si quieres, tú puedes ser elegante.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

13 febrero, 2022

Ya sabes que sin clientes no hay negocio. Todo serían costes y no habría beneficio alguno si no tienes quien te compre aquello que ofreces. Da igual si eres un artista o un escritor, si eres consultor o ingeniero. Si tienes tu empresa, si ofreces tus productos o servicios o tratamientos, necesitas clientes.

Como las personas cambiamos, también cambian nuestras necesidades, intereses y formas de comprar productos y adquirir servicios. No podemos seguir haciendo lo mismo que hace 20 años, porque el mundo hoy no es igual que hace 20 años. Me puedes decir que la tradición, la manufactura, la artesanía está valorada. Sí, cada vez más. Sin embargo, habrás de elegir bien cómo mostrar y hacer llegar esa artesanía al público que la busca y dónde o cómo pueden encontrarla mejor.

Conoce a tu cliente

Lo primero es saber quién es tu cliente, a quién te diriges. Tenemos la costumbre de pensar que lo que ofrecemos es beneficioso para todo el mundo y de ahí que no segmentemos a los clientes. Al final, no hacerlo es un perjuicio, porque no podrás ajustar tu oferta una tipología de cliente concreta.

Por ejemplo, si ofreces servicios de coaching, que son muy positivos para cualquier persona, tanto en el ámbito personal como en el profesional. Cuando comuniques las ventajas de hacer coaching, lo harás de una forma muy general, el lenguaje será muy abierto, para que le pueda valer a todo el mundo. Aparentemente, está bien. Sin embargo, un adolescente no va a pensar igual ni va a tener las mismas necesidades que un profesional que quiere crecer en su carrera profesional y que se siente limitado, ni va a ser igual que alguien que quiere cambiar de rumbo su vida y no se atreve, ni va a convencer a madres que están lidiando con sus hijos.

Cada uno de estos perfiles y todos los que se te ocurran que pueden ser tu público clave o público objetivo, tienen unos comportamientos, unos intereses, una forma de pensar, unas frustraciones, unas necesidades… Y si no lo especificas, es mucho más difícil hablar su propio lenguaje, con el que se sientan identificados. Y si no se sienten identificados, no van a pensar que eso que ofreces es para ellos. Luego, no tendrás clientes.

Piensa en qué tipo de clientes son los que más acuden a ti, los que se te dan mejor, los que más aprecian tus productos o servicios, y elígelos como tu público objetivo. No tiene por qué ser un solo tipo, puedes tener más de uno, aunque no muchos. Si tienes en mente 3 o 4, echa un vistazo a en quién se está enfocando tu competencia y si alguno de ellos no está cubierto por los demás, ése será tu filón para arrancar. 

¿Dónde te buscará tu potencial cliente?

Otro aspecto clave es dónde te buscarían tus potenciales clientes. Ahora que tienes elegido tu público objetivo, has de preguntarte dónde suele ir a comprar ese tipo de cliente. Por ejemplo, desde la pandemia, se ha incrementado enormemente el uso de internet como vía para adquirir productos y servicios. Las personas de mediana edad, que echan muchas horas en el trabajo se están animando cada vez más a hacer compras online, y los jóvenes, con el móvil en la mano, pueden adquirir rápidamente productos y servicios en un click. Sin embargo, si es una persona mayor, quizá no le sea tan fácil el manejo de la tecnología y los comercios de la zona sean su mejor opción.

Así que, ¿dónde has de estar para que te encuentren? ¡Donde te vayan a buscar!

Si tu público es joven, quizá una app sea la solución, o las redes sociales, pues son los principales usuarios. Internet, lejos de ser un riesgo para ti, se convierte en un aliado, y tienes herramientas como el lead generation de Facebook que te puede ir ayudando a concretar quienes son aquellos que se fijan en ti, los que hacen click en tus anuncios, y con la información que te ofrece, puedes ir ajustando tu comunicación a ellos, enviarles newsletters, optimizando tu captación de clientes.

También te será de gran ayuda un CRM (Customer Relations Management), en el que puedes ir incorporando información de tus clientes para luego sacar estadísticas de la tipología de los mismos, y puedes preguntarles cómo te conocieron para entender mejor dónde has de estar. Al ser ya clientes puedes aprovechar a hacerles encuestas, para saber qué es eso que más valoran, o qué les gusta de ti, pedirles feedback para tu mejora continua. 

Cuida las valoraciones de tus clientes

Es importante que también aproveches a preguntarles cómo se sienten de satisfechos para invitarles a que dejen su opinión y valoraciones en la red. Quiero decir, pide que te valoren en Google, que dejen un comentario de cómo les fue contigo o cómo de beneficiosos son tus servicios o productos.

Si te das cuenta, cuando alguien busca, por ejemplo, una óptica cerca de su casa es muy probable que mire en Google. Y ¿a cuál va a acudir? Seguramente que a la que salga mejor valorada.

Por eso, las valoraciones de los demás influyen en la decisión de compra, de igual manera que elegimos productos en amazon que estén mejor valorados, o los restaurantes, hoteles que mejores comentarios tienen. Los comentarios también van a ser importantes, pues, aunque la opinión de cada uno, es personal, a nosotros nos puede llevar a pensar si ese comentario es relevante para nosotros o no. Por ejemplo, si un comentario dice algo así como:

Si soy una persona que estoy jubilada, o que puedo organizarme para ir sin prisa, no será una opinión que me afecte demasiado. Sin embargo, si ando todo el día corriendo, será un comentario que pese mucho en mi decisión de acudir a ese lugar.

Por otra parte, cuando comentamos con las personas de nuestro alrededor que estamos buscando algún servicio o producto, somos todo oídos ante su recomendación. Cuando alguien cercano, en el que confiamos, nos dice: “vete a este sitio”, “que te atienda Milagros, que es una gran profesional”, Milagros o ese lugar se convierten casi al 100% en nuestra primera opción para acudir.

Así que, las referencias hoy pesan mucho en la toma de decisiones. Por eso, no las dejes al azar, cuida de tus clientes al máximo para que tengan una muy buena impresión de ti y animen a otros a ir a verte, a comprar tus productos o adquirir tus servicios.

Hoy más que nunca, se trata de estar en el mapa de tus potenciales clientes, ya sea en el mapa digital, para que te encuentren, o en su mapa mental, para que te recuerden como su mejor opción. Haz de la tecnología una aliada, utiliza datos, obtén información de tus clientes y ajusta tus productos y servicios a ellos y a su satisfacción.

Ahora que sabes todo esto, ¿qué vas a comenzar a hacer para conseguir a los clientes de hoy?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

¿Cuántas veces te has agotado solo pensando en toda la lista de “tengo que” que tenías por delante? ¿Cuántas veces te has agobiado por sentir que no llegas a todo lo que se supone que has de hacer?

La mala noticia es que esto te ocurre por tu propia autoexigencia, porque como bien dice la palabra, es “auto”, es decir que te lo provocas tú, te lo impones tú y depende de ti si te lo impones para hoy o para mañana o simplemente dejas de tomártelo como una imposición.

Definiendo la autoexigencia

La autoexigencia excesiva la podemos definir como el efecto de pedirte imperiosamente algo, de forma desmedida, sin tener en cuenta tus límites y con el objetivo de cumplir unas metas o estándares muy elevados.

Como ya te he compartido en varias ocasiones, cómo te dices las cosas repercute en cómo las vas a vivir, y los “tengo que”, “debería”… te suponen una obligación con la que no te estás teniendo en cuenta, no te estás cuidando, sino que te estás machacando y llevando al límite.

Además, con los “tengo qué” ni te planteas opciones, es simplemente lo que tienes que hacer porque a ver quién lo va a hacer si no. ¿Te suena haber dicho esta frase o haberla pensado? Pero cuanta más obligación sentimos, menos nos apetece hacerlo, y más pereza da ponernos a ello, nos genera rechazo y lo posponemos. Entonces te vas sintiendo culpable por no ponerte a hacerlo y vuelves a entrar en el círculo vicioso de “tengo que” y, sigo sin hacerlo, lo tengo pendiente, porque sigue sin ser una prioridad, empeorando tu malestar respecto a la tarea que te has planteado. Lo que ocurre al final es que hay que hacerlo, sí o sí, puede que se acabe el plazo que tenías para realizarlo, y lo haces con prisa, con esfuerzo, acabando agotado.

Paso 1. Comenzando a gestionar tu autoexigencia: ¿por qué la genero?

La buena noticia es que se puede gestionar la autoexigencia de otra manera.

Primero has de reconocer el por qué te generas esa autoexigencia, seguramente sea por alguna de estas opciones:

  • Es lo correcto, estaría mal por mi parte no hacerlo.
  • Es porque si no lo hago van a dejar de tenerme en cuenta, de pensar en mí, de quererme.
  • Es necesario para mantener mi imagen y ser el/la mejor.
  • Me exijo lo que quiero, hoy sí, mañana no, según me da. Y no me exijas tú porque si no, me alejo.
  • Me exijo porque necesito saber más y tener todo controlado.
  • Me exijo porque me lo ha pedido alguien con la autoridad suficiente, alguien a quien soy leal y no le puedo fallar.
  • Me llevo más allá, aunque mi cuerpo esté cansado o no sea sano, es estimulante y gusta a los demás.
  • Me exijo porque puedo, porque otros más débiles que yo no podrían ni tendrían la capacidad de hacerlo.
  • Es por no discutir, por dejar de escuchar al otro pidiéndolo.

Paso 2. Organiza tus prioridades

Cuando ya sabes por qué lo haces, entonces cuestiónate si es lo mejor para ti. Porque cuando lo haces de forma sana, cuando hay una exigencia personal con autocuidado, lo que haces es disfrutar, sin ese peso de la obligación.

Organízate. Cuando entramos en la lista de cosas por hacer y se nos hace un mundo, lo importante es agruparlas en las que se puedan hacer de paso, o que estén relacionadas, para poder hacerlas seguidas. Se trata de ir tachando de la lista y como para algunas tareas sentirás más presión que para otras, prioriza por aquellas que quitártelas te vaya liberando, que te quites un peso de encima al hacerlas. Así irás cogiendo fuerzas para hacer las siguientes. Ten en cuenta y haz saber a quien te lo pida, cuándo es viable para ti tenerlo hecho. Ponte objetivos. Otras preguntas que te puedes hacer son:

  • ¿Cómo de importante es para mí hacerlo?
  • ¿He de hacerlo necesariamente yo o puedo delegarlo?
  • ¿Cuándo es el día límite para hacerlo?
  • ¿Puedo hacerlo mañana?
  • ¿Estoy en condiciones de hacerlo en este momento?
  • ¿Qué necesito o me hace falta para hacerlo mejor?

Se trata de que cuando hagas lo que hagas, disfrutes. Lo importante es el camino, el momento y tratar de llevarlo lo mejor posible, sacándole el lado bueno a hacerlo.

Paso 3. Simplifica tu vida

Simplifica. Menos, es más. A veces nos complicamos nosotros solos la vida. Por eso busca la manera de hacer fácil lo difícil, determina qué es lo imprescindible, lo mínimo necesario y empieza por ahí. Póntelo fácil. Luego una vez que hayas empezado, te irá resultando más sencillo continuar porque irás cogiendo ritmo. Por eso has de ayudarte con el primer paso.

Paso 4. Quiérete como eres

Mírate con cariño. No eres superman, ni superwoman. No se trata de ser perfecta/o. Eres de carne y hueso, con múltiples capacidades para lograr muchísimas cosas y humana/o. Puedes revolverte, agobiarte, contradecirte, enredarte…no te fustigues por ello. No eches más leña al fuego. No pasa nada, es natural. Acoge en ti ese estado, reconócelo y vívelo, sin juzgarte. Y después plantéate cómo seguir, cuidando de ti. Ponte en valor.

Paso 5. Reconoce tus logros

Reconócete lo que sí haces. Puede que te digas que con todo lo que tienes que hacer y no has hecho nada, que te has entretenido con no sé qué en lugar de ponerte con lo que era más urgente. Lo que se te está pasando por alto es que no has estado pasando de todo. Que si te has quedado dormida/o en el sofá es porque tu cuerpo necesitaba descansar para poder continuar, que si te has liado con otra cosa ha sido porque eso también te pareció importante o más entretenido para ese momento, porque seguro que has hecho otras mil cosas que también estaban en la lista, o nuevas que han surgido, aunque no hayas hecho eso por lo que te estás reprochando. Sé amable contigo. Sí has hecho muchas cosas o cosas importantes.

Paso 6. Date tiempo para vivir tus procesos

Dale tiempo al tiempo. Vamos con muchas prisas, cada vez nos molestan más las esperas debido al ritmo en el que nos metemos, los hábitos digitales nos están enseñando a vivir en la inmediatez, como no cargue una página en menos de 1 segundo nos molestamos. Odiamos perder el tiempo. Pero todo lleva su tiempo. Las cosas no se hacen solas ni en un chasquido de dedos. Todo tiene su proceso y hacerlo bien requiere más tiempo que hacerlo de cualquier manera.

Paso 7. Activa tu motivación

Pon en marcha tu motivación para hacer lo que quieres hacer. Sal de la obligación y elige. Puedes elegir hacer ciertas cosas con la misma libertad que elegir no hacer otras. Eso sí, recuerda que toda elección tiene una consecuencia que habrás de asumir con responsabilidad, sin exigencia.

La motivación te permite querer hacer las cosas en cada momento. Que sea porque quieres hacerlo y no porque “tienes que” hacerlo. Y el resultado será sentirte mejor.

Por eso, cuida de ti. Ya que decides ser tú quien haga lo que te propones, organízate para hacerlo cuando vayas a poner lo mejor de ti en ello. Disfruta, porque será la clave del equilibrio, para que la exigencia no sea excesiva, sino sana. Que el reto que te pongas por delante lo vivas desde el mayor bienestar.

Y ahora que sabes todo esto, ¿qué vas a comenzar a hacer para no entrar en autoexigencia desmedida? ¿Cómo vas a cuidar de ti?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel