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11 abril, 2021

La situación y el simple avance en las telecomunicaciones, o la deslocalización del trabajo, hace que cada vez más la selección de personas se realice vía telemática, con entrevistas virtuales o videoconferencias.

Entrevistas de trabajo telemáticas

Ya os hemos hablado en anteriores artículos de cómo prepararse para una entrevista, prepararte, conocer el puesto, la empresa, llegar con tiempo, etc. Muchas de estas cuestiones son muy relevantes en las entrevistas telemáticas, pero aquí vamos a abordar algunos temas a tener en cuenta en las entrevistas virtuales, a diferencia de las entrevistas presenciales.

Cuestiones a tener en cuenta en las entrevistas telemáticas

  • Preguntar cómo será el procedimiento a seguir para la entrevista virtual. Cuando te llamen para la entrevista, si no te lo dicen directamente, pregunta cuál será la herramienta a utilizar durante la entrevista: Skype, Facetime, Zoom, Teams… Asegúrate de preguntar si serán ellos quienes te envíen una convocatoria para la entrevista o qué necesitan para localizarte, un usuario, un correo electrónico, etc. Anota la fecha y hora en tu agenda, prepara y familiarízate con la herramienta que te hayan indicado para la entrevista. 
  • Cuida tu imagen incluyendo la parte que no se va a ver en la pantalla. La mayoría de las personas se preocupan solo en la parte que se supone que se va a ver, es decir, se ponen una camisa o una chaqueta, se peinan, se maquillan… igual que si fueran a ir a una entrevista presencial y descuidan los pantalones, pudiendo ir en pijama incluso. Sin embargo, no será la primera vez que en medio de la entrevista llaman a la puerta, o se desconecta algo y hay que levantarse. Entonces, se te verá todo lo que no hayas previsto que se podía ver, dejando una no tan buena imagen. 
  • Busca un lugar en el que puedas estar tranquilo. Normalmente las entrevistas son concertadas con antelación, por lo tanto, no hay excusa de que te pille en la calle, que haya obras en la vivienda de al lado, que aparezca tu madre, tu hijo o tu pareja pasando por detrás tras salir de la ducha. Los ruidos o las interrupciones harán que se distorsione la comunicación dificultando tu atención y la del entrevistador de lo importante. 
  • Avisa a los demás de que es un tiempo de privacidad. Si no te queda otro remedio que estar en casa con otras personas, ínstales a estar en silencio, a dejarte un tiempo para ti, y que les avisarás en cuanto se acabe la misma para que puedan seguir con su actividad normal. Y si espontáneamente se te colara alguien en la entrevista, tu reacción también va a ser evaluada por tu entrevistador. Así que lo mejor es tomártelo con humor, pedir disculpas y contestar de buenas formas a quien te interrumpió que le atenderás después. 
  • Comprueba anticipadamente que tienes buena conexión a internet. Las entrevistas virtuales, así como cualquier videoconferencia, son muy susceptibles a la calidad de la conexión. Por eso, asegúrate que estás en un lugar con una receptividad adecuada de red para evitar posibles caídas de la llamada. Y si pasase cualquier incidente con la conexión, sé consciente que el entrevistador lo anotará como tu forma de resolver conflictos. Así que, responde de forma tranquila y diligente.
  • Prueba el vídeo y el audio. Lo habitual cuando se hace una entrevista virtual es que se ponga la cámara. Se suele desconfiar cuando el candidato no puede o da excusas para ponerla, ya sea porque no tiene o porque no le funciona. De nuevo, como lo sabes con tiempo, busca las alternativas para poder tener un ordenador con una cámara que funcione. Y también asegúrate que se escucha bien el audio. Puedes probar llamando a un amigo para asegurarte que se te oye bien. En muchos ordenadores se escucha mucho mejor si te pones auriculares. Conéctate antes para poder tener todo a punto. Ah! y recuerda tener el ordenador enchufado a la red, ¡no vayas a quedarte sin batería!
  • La luz de la habitación. Es recomendable que tengas una luz frontal, para que se te vea adecuadamente, que no estés a contraluz (de espaldas a una ventana) y si tienes la luz a un lado, asegúrate que no te deja muy en sombra la cara. Si eso sucediera, pon una lámpara de mesa detrás del ordenador para que te proporcione una luz más frontal.   
  • El fondo habla de ti. El orden que tengas en la habitación o sala en la que te encuentres, va a dar pistas al entrevistador sobre cómo eres, qué te gusta o lo cuidadoso que has sido para atender la entrevista. Imagínate que eres forofo de un equipo de fútbol, y detrás de ti están posters, bufandas, etc. de ese equipo. Puede que al entrevistador le guste ese equipo y eso genere lo que se conoce como efecto halo positivo, que por eso ya te mire con buenos ojos; sin embargo, si el entrevistador fuese seguidor del equipo rival, se generará el efecto contrario, el halo negativo, y superarlo te va a costar un poquito más. Evita utilizar fondos virtuales o poner el fondo borroso con el programa, da una sensación de ocultación y falta de sinceridad que no te va a beneficiar. 
  • Tu expresión no verbal también cuenta. Expresiones faciales, tono de voz y mirada son esenciales. Sonríe. Aunque creas que como solo se te ve la cara no hace falta que muevas las manos para hablar, recuerda que todo tu cuerpo habla de ti y transmite tu energía. Si estás paralizado, lo que hables sonará menos entusiasta y apasionado que si mueves el cuerpo acorde al mensaje que estás emitiendo. Por eso, si puedes separar un poco la pantalla de ti para que se te vea un poco más de torso, será mucho mejor para expresar con coherencia los mensajes que vas a hacer llegar a tu entrevistador. 
  • Las emociones traspasan la pantalla. Es posible que te hayas dado cuenta de que cuando escuchamos a alguien cantar en la televisión a veces como que te llega, incluso se te pone el vello de punta, y otras veces es como que se te queda distante o fría la música. En las entrevistas personales a través de la pantalla pasa igual. La energía que proyectamos, nuestra forma de ser, nuestra alegría o los nervios a través de la pantalla también pueden llegar o no. Hay un obstáculo entre los dos y solo siendo nosotros mismos, en coherencia, podremos parecer auténticos y confiables. Por eso, si algo te apasiona, que se note. Expresa tu alegría, tu interés, remárcalo, pero no hace falta exagerar. Si algo te genera dudas, es mejor decirlo o pedir explicaciones que quedarse con una mala cara en la pantalla del ordenador. Conseguir el efecto de cercanía puede ser clave para la decisión final. 
  • Mira a la cámara, no a la pantalla. Si estás mirando a la pantalla en la que te estás viendo a ti puedes despistarte al entrar en pensamientos sobre cómo te ves a ti mismo, si te despeinaste o que tienes el cuello torcido. Cuando te miras a ti, el otro no notará el contacto visual y será más difícil conectar. Por eso, mira a la cámara para llegar mejor con tu comunicación a tu entrevistador.
  • Mejor sin mascarilla porque bajará nuestro tono de voz y dificulta la comunicación. Solo si estás en un lugar público haciendo la entrevista la deberías llevar, pero lo normal es que, al buscar ese espacio tranquilo, ya no necesites tenerla puesta. Además, el entrevistador podrá verte y conocerte mejor. 
  • Espera unos segundos entre la pregunta y la respuesta. A veces las conexiones a través de videollamada generan cierto retardo en la comunicación, por lo que deja un leve tiempo entre las intervenciones de uno y otro a lo largo de la entrevista.
  • Otra posibilidad que te ofrece la entrevista virtual es la de tener un cuaderno al lado en el que poder anotar lo que te ofrecen o las posibles preguntas que quieras hacer al entrevistador. 

Con todo lo que te he compartido, ¿qué cosas vas a tener en cuenta para preparar tu próxima entrevista virtual? Recuerda que podemos ayudarte y entrenarte para mejorar tus entrevistas, CV, tu comunicación…

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

 

Puedes hacer mil cursos, leer cuarenta libros, pero si no pones en práctica nada, nunca mejorará tu motivación, ni tu bienestar.

Cada año hacemos formaciones en empresas y muchas de ellas piensan de verdad en qué pueden hacer por sus equipos, qué necesitan y qué los puede preparar para el futuro, que les permita aprender alguna clave o alguna técnica nueva para que funcionen mejor como equipo o individualmente, mejorando su productividad y resultados.

Los que nos dedicamos a capacitar a las personas, sabemos que una formación no siempre va a ser suficiente. Sobre todo, cuando hemos de conseguir desarrollar una habilidad.

Muchas veces, salvo que sea una cuestión técnica, práctica, por implementación de un nuevo sistema o procedimiento, los jefes de equipo no hacen ningún tipo de seguimiento sobre todo lo aprendido durante la formación. Y luego, puede que lo queramos evaluar en su desempeño.

Hoy en día, las tendencias indican la necesidad de recuperar las habilidades blandas, también de formar en habilidades para afrontar las nuevas necesidades tecnológicas del puesto (upskilling) y en competencias que permitan a la persona reubicarse en otro puesto o área de la empresa (reskilling).

Capacitar en habilidades y competencias no se consigue dando una píldora formativa. Se consigue dando a la persona vitaminas para que su competencia crezca, se nutra, se desarrolle fuerte y se note en su capacitación y acción. Lo que lleva tiempo.

Por eso, más que nunca, necesitamos planes de formación a largo plazo, acompañamiento en el desarrollo de los profesionales que dedican su tiempo en nuestras empresas para poder mantenernos en el tiempo con la mejor empleabilidad posible.

Esto va a repercutir en una mayor satisfacción de los colaboradores porque se sienten:

  • Atendidos en sus necesidades reales de formación, las que de verdad van a requerir.
  • Acompañados y no dejados a su suerte tras un día de formación. Hay continuidad en el tiempo.
  • Apoyados por los responsables directos, que harán parte de ese seguimiento de sus capacidades. Y apoyados por la empresa que pone los medios a su alcance para poder desarrollarse dentro de la misma.
  • Reconocidos por los avances logrados.
  • Recompensados por el esfuerzo y el tiempo dedicado a su mejora continua.
  • Empoderados por todo lo aprendido e interiorizado.
  • Etc.

Por eso, como líderes, responsables de equipos, personal de RRHH, gestores de la formación, todos hemos de plantearnos una serie de aspectos de cara a ofrecer formación a nuestros equipos:

  • Para qué quiero formar a las personas. Sí, parece obvio. Sin embargo, este objetivo suele quedar diluido porque no llegamos a consolidarlo con los cómo lo voy a lograr. Sobre todo, si el para qué es el desarrollo de una habilidad, y no solo la adquisición de un conocimiento.
  • Qué forma será más efectiva. A veces la formación es la elegida, otras veces es mejor buscar un mentor, o hacer coaching.
  • Plantear cómo a largo plazo, seguimiento adecuado para valorar el aprendizaje, el desarrollo de la habilidad o de la competencia. Si la elección fue coaching o mentoring, va implícito en el proceso, pero si se hace mediante formación, hemos de valorar también ese seguimiento.
  • Quién evalúa el desarrollo. De nuevo, si hay un mentor o coach, puede ser él quien evalúe el proceso y la capacitación de la persona. Si es una formación la vía elegida, puede pedirse al proveedor de la formación que haga dicho seguimiento o puede ser el responsable directo quien tenga la formación necesaria sobre cómo hacer dicha evaluación. Si no sabe qué hay que conseguir, en qué se tiene que fijar, qué aspectos han de ser visibles, qué indicadores son importantes reconocer, … difícilmente se hará una buena evaluación. Hemos de evitar la subjetividad. También el propio evaluado tendrá que evaluarse y ser capaz de reconocer sus avances.
  • Reconocimiento y/o recompensa. Todo esfuerzo ha de ser valorado para aumentar el compromiso y la motivación. Necesitamos darnos cuenta de que se van alcanzando objetivos, que la meta está cada vez más cerca. Cada paso tendrá su premio, que no tiene por qué ser económico. Esto es importantísimo a nivel de nuestro cerebro, para mantenernos enfocados e ilusionados con el cambio y que, de verdad, se llegue a dar para no perdernos por el camino.

¿Cuántas veces pides a tu equipo que te cuente cuál es su plan de acción tras volver de una formación para llevar a la práctica lo aprendido? ¿O es que le mandaste a la formación para pasar el rato? Como no queremos tirar el dinero de la organización y vamos a querer siempre ofrecer formaciones que sean beneficiosas para el bienestar de los colaboradores y para la mejora del rendimiento de los mismos, hemos de bajar a la práctica y acompañar en la implementación de los aprendizajes y del conocimiento adquirido en las formaciones.

¿Qué vas a comenzar a hacer? ¿Cuántas formaciones necesitas para desarrollar la habilidad que estás aprendiendo? ¿En cuánto tiempo se adquiere esa habilidad? Es mejor leer un libro y extraer el aprendizaje para el día a día que leer veinte libros y que se quede en la cabeza.

Mucho ánimo. Estamos en continua evolución y aprendizaje, así que esto es solo el apoyo que necesitas para que se note todo lo que sabes.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

¿Te has visto en una situación delicada física, emocional o mentalmente, sintiendo el riesgo de no poder más, de estar al límite? ¿Te has forzado probando cosas por sentirte más fuerte, más poderoso, más capaz o por la propia adrenalina? ¿Has llegado a hacer por los demás algo que sabías que podía no acabar bien o que no era saludable, por no fallarles y que te dejaran de apreciar?

Ayer fue el Día Internacional de la Mujer, día en el que la mujer sigue expresando al mundo que es capaz de hacer mucho más. Día en el que se desea que se ponga en valor a cada mujer por ser quien es, por sus competencias, por sus cualidades y por sus fortalezas.

Sin embargo, aunque siga habiendo muchos aspectos en los que parece que tengamos que demostrar las capacidades de las mujeres, creo que nadie pone en duda otras muchas cuestiones, como que está en nuestro ADN la capacidad de hacer equipo, de organizar, de preservar, de cuidar, de dar sostenibilidad a la humanidad… lo tengamos más o menos desarrollado.

Al final, no es una cuestión de hombres o mujeres, es una cuestión de ser felices. No es una cuestión de poder o no trabajar, ni de en qué, es de ponernos a ello creyendo en nosotros mismos, trabajando nuestra autoestima para poder ser líderes de nuestra propia vida.

En estos días he tenido algún susto con la moto y he sabido de otras personas que el susto ha sido grave o incluso, han fallecido. Estamos perdiendo a muchos seres queridos, es decir, la vida igual que nace, perece. No podemos desperdiciarla, jugándonosla sin criterio, o peor aún, por gustar a los demás, por no poner límites o no tenernos en cuenta a nosotros mismos.

Claves para vivir con coherencia

  • Mírate en el espejo. Eres tú. Tal cual. Seguro que empiezas a sacarte defectos, porque nunca nos terminamos de gustar del todo. Requiere de mucha aceptación de nosotros mismos. Sí, nací con la piel clara, o sí, soy bajita, o sí, tengo el pelo revuelto. Es solo un ejercicio de reconocimiento, sin juicio.
  • Escucha a tu cuerpo. Si te empieza un tic en el ojo, es porque tu cuerpo te está dando una señal de que has de parar, puede ser síntoma de estrés o cansancio. Si te duele el estómago puede que sea de los nervios. Si te duele la cabeza, quizá la estás dando demasiada caña y has de pararla. Y si algo te dice que “es por ahí”, como una certeza que no puedes explicar, también es el cuerpo quien te va a avisar.
  • ¿Qué te hace sentir bienestar? Haz una lista de las cosas que te sientan bien. Estar con amigos, salir de caminata, ir al cine, leer, una ducha sin prisa, ayudar a los demás, resolver problemas, programar, coordinar, redactar, simplificar, limpiar. Empieza a reconocer los momentos en los que te sientes bien contigo, en los que estás haciendo algo que te gusta, puede ser con temas de trabajo o en cualquier ámbito. Hazte consciente de cada cosa de tu día con lo que te has sentido bien, desde comer hasta hacer ese informe en el que has plasmado todo tu conocimiento.
  • Antes de actuar, para un segundo. ¿Te vas a dejar llevar sin más por la situación? ¿Lo que la vida te pone delante va o no va contigo? ¿Qué ventajas o beneficios tiene para ti en este momento? ¿Qué ganas y qué pierdes? ¿Cómo afecta a los demás? Es un momento para reflexionar.
  • Define qué es importante para poder elegir. Plantéate un: "¿y yo qué quiero?" Y déjate sentir cómo estarás si aceptas hacer o no hacer algo. Que tomes tus propias decisiones puede generar malestares en los demás, pero como no te puedes olvidar de ti, por lo menos, ponte en la ecuación y evalúa hasta qué punto quieres o simplemente estás dispuesto a asumir las consecuencias o lo que supondrá. No tiene que ser un siempre no, ni un siempre sí. La realidad cambia, las circunstancias cambian y podemos elegir en cada momento. Nadie decide por ti, eres tú quien acepta o no la decisión del otro.
  • Alinéalo con tus objetivos y metas personales o profesionales. Aquí hemos de tener claridad con el ¿para qué lo hago? También te puede ayudar el pensar en ¿desde dónde estoy tomando esta decisión? Desde mi inseguridad, desde mis necesidades insatisfechas, desde mi deseo, desde mi ego… Si no es desde tus valores, desde tu serenidad y desde tu esencia o identidad, si no es congruente con lo que piensas, quieres y sientes, vuelve al punto anterior, quizá haya que tomar otra decisión. 
  • Lo que decidas, hazlo a conciencia. Asegúrate, por lo menos, que te quedas tranquilo con la decisión tomada, aunque no sea la que más te hubiera gustado a ti y hayas optado por el bien común. Esto es importante para no entrar en reproches ni contigo, ni con los demás, para no tener que aguantarte en tu propio rumie de pensamientos, de culpas y justificaciones.   
  • Juégate la vida por lo que quieres. Es difícil a veces ir contracorriente, es duro escuchar palabras desalentadoras cuando tú tienes dudas, aunque algo dentro de ti te dice que sigas adelante. Es fácil caer en conformismo, en autosabotaje o autojustificación en lugar de luchar por lo que verdaderamente quieres. Ahora bien, si no lo haces, ¿para cuándo lo vas a dejar?, ¿te vas a perder la oportunidad? Confía en ti. Pon todo de tu parte, todo lo que esté en tu mano. Y si al final, no sale, es porque no tenía que salir, pero nunca te reprocharás no haberlo intentado hasta el final.

coherente contigo, pon pasión en lo que hagas, cree en ti, descúbrete en tu mejor faceta, permítete decir sí, o decir no, con la misma facilidad. Haz de cada día la mejor jugada de tu vida.

¿Por dónde vas a comenzar?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

22 febrero, 2021

"Ojalá un día te veas como yo te veo a ti" ¿Alguna vez alguien te ha dicho esto? ¿Alguna vez has dudado de tus capacidades o no has visto fortalezas que otros te han dicho que poseías?

Como nos ven los demás no suele ser como se ve uno mismo, salvo que se haga un gran trabajo de autoconocimiento personal, y aún así, nos seguiremos sorprendiendo por lo que alguien diga de nosotros en un momento dado.

En esas opiniones influyen numerosos factores, entre otros:

  • Autoestima. Aquí está una de las principales claves. Si tengo una buena autoestima, creeré en mí más y me afectarán menos las críticas o comentarios que otros puedan hacer de mí, porque sabré cuándo son constructivas y cuándo son simplemente comparación, desprecio, juicio, envidia o ataque. Mientras que los comentarios positivos servirán de reconocimiento y reafirmación de nuestras capacidades.  
  • Autoconcepto. Es como pensamos que somos. Suele ser más objetivo y empírico, aunque a veces busquemos cumplir el efecto Pigmalión (sobre lo que decimos que es, buscaremos las señales que nos confirmen esa creencia).
  • Proyecciones. Lo que los demás proyectan de sí mismos con cada opinión también influye, porque ante una misma situación, por ejemplo, un error laboral, una persona que está enfadada verá que no haces bien tu trabajo, mientras que una persona más optimista verá que tienes posibilidades de mejora o sacará lo que cree que sí haces bien. 
  • La autoridad que deposito en la persona que lo dice. Si la persona que me hace un comentario es mi mejor amigo, mi jefe, mi madre, un erudito en una materia… solemos darle una autoridad a su criterio muchas veces por encima de la nuestra propia. Lo alabamos en lo que nos decimos a nosotros mismos: “lo dice porque sabe más”, “lo dice porque me conoce mejor que nadie”, “lo dice porque me quiere”.
  • El momento. No siempre estamos preparados para entender o, más bien, integrar lo que nos están queriendo decir. A veces, hemos dicho a alguien que es brillante en algo y la persona no se lo ha creído, pero llega un día que es como si lo escuchase por primera vez. Cuando esto nos pasa, ponemos atención y nos hace un click interior que es como si de repente lo supiéramos, con certeza absoluta. O al menos, algo dentro de nosotros está diciendo: ¡Sí! Aunque ve con prudencia y sigue alerta para terminar de verificarlo hasta creértelo.

Necesitamos descubrirnos

Todo ser humano tiene múltiples capacidades, virtudes, facetas, caras más amables y caras más oscuras. 

Muchas veces nos vendamos los ojos y no nos queremos ver en el espejo porque puede que nos dé miedo decepcionarnos de lo que la imagen nos muestre, porque sabemos que si lo hacemos seremos muy autocríticos, porque pensemos que no vale la pena o porque no nos reconozcamos. No querer vernos, nos lleva a tampoco saber encontrar nuestro potencial, nuestro talento ni nuestro brillo personal. Si no miras, no verás: ni lo malo, ni lo bueno. 

Hay personas que tienen un ojo especial para descubrir el brillo de los demás. Incluso Gallup lo incluye entre su lista de talentos. Muchos seleccionadores de Recursos Humanos han aprendido a desarrollarlo, pero no es algo exclusivo del ámbito laboral. Saber ver lo bueno que hay dentro de cada persona con la que nos encontramos, con cada amigo o miembro de nuestro equipo, o tener a una persona profesional del desarrollo personal y marca personal que sepa potenciarlo y orientarte, es cada día más importante. 

El mundo nos necesita con todas nuestras capacidades y potencialidades. Salir adelante de situaciones difíciles requiere de dar lo mejor de nosotros. Necesitamos dejar de ver lo negativo para comenzar a ver lo positivo. Necesitamos creernos las altas capacidades que tenemos

Necesitamos confiar

Necesitamos confiar en lo que sabemos, mucho o poco, es lo que nos ha enseñado la experiencia. Y los que tenemos esa capacidad de ver más allá de la superficialidad de los comportamientos de las personas, los que podemos levantar a los que se caen, los que podemos capacitar a quienes lo necesitan, cada uno desde su posición, hemos de volcarnos en ayudar a abrir los ojos a cada persona para que la respuesta a esa frase de “ojalá te vieras como yo te veo” sea sin más: “gracias, ya me veo”.

Hemos de aprender a vernos con una mirada más bondadosa, con amor hacia uno mismo y hacia los demás, con objetividad, con visión de futuro sobre la que proyectarnos y hacia la que avanzar. 

Brillar comienza por uno mismo 

Para brillar solo hay un comienzo: el autoconocimiento y el reconocimiento. Después necesitarás marcarte un objetivo, entrenamiento, práctica, mejora continua, crear o detectar oportunidades, creatividad, estrategia, un plan de acción y querer ser más feliz. 

Dar el paso a la introspección no es fácil, pero el resultado es, sin duda, enormemente satisfactorio. Es un viaje desde dentro de nosotros, desde nuestra esencia, hasta donde queramos llegar. Elige ser tu mejor versión y muéstrasela al mundo. El mundo te necesita. 

¡Permítete brillar! Date la oportunidad. Y recuerda, tu luz, ilumina a los demás. 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills 

8 febrero, 2021

¿Te ha pasado que te has tenido que morder la lengua porque si no hubieras dicho cosas de las que después seguro te arrepentirías? ¿Has mirado para otro lado como disimulando para que no se te notara lo que sentías o incluso lo que pensabas? ¿Estabas aguantando mientras querías estar en otro sitio, haciendo algo diferente? ¿Has querido ser en algún momento como Sharon Stone en Instinto básico, impertérrita y respondiendo con una serenidad y aplomo, como si lo que ocurre a tu alrededor fuese lo más normal del mundo?

Los estudios de protocolo y la convivencia social en armonía nos dicen que hay momentos en los que hemos de cuidar nuestra compostura. En numerosas ocasiones sentimos y pensamos que no es el momento adecuado para decir o hacer lo que nos apetece decir o hacer. 

Como dice una querida coach, hay ocasiones en que algo “no toca”. Y decir “no toca” muchas veces es la gran herramienta que nos permite dejar para luego lo que en este instante puede que me limite, distraiga de lo importante o perjudique.  Por ejemplo, si estoy trabajando en Atención al cliente y tengo un pensamiento sobre un cliente que me revuelve. Mi instinto probablemente me lleve a tratarle mal, o regular, o a lo mejor no tan mal porque somos muy profesionales pero seguro que no tan bien como lo haríamos con otra persona que nos resulta más agradable. Sin embargo, si somos capaces de aplicar el “no toca hacer caso a este pensamiento o sentimiento ahora”, podré atender mucho mejor a esa persona. 

En cuestión de instintos, los que nos resultan más conocidos son los biológicos. Por ejemplo, si estás sintiendo ganas de ir al baño es muy difícil hacer como si no pasara nada y obviarlo. Sin embargo, nuestro cerebro es muy bueno y si le distraes o si de repente pasa algo que te obliga a concentrarte en ello, es muy probable que se te pase. Igual ocurre cuando tenemos hambre. 

Paradójicamente, es curioso que solemos ignorar las señales de nuestro cuerpo. Si estoy liado con algo se me olvida comer. Si me lo estoy pasando bien o me engancho a una peli me puedo acostar a las mil. ¿Acaso no tuvimos hambre o sueño? Sí, pero aprendimos a practicar el “no toca” de forma inconsciente. Es decir, sabemos hacerlo. Sabemos hacer caso a nuestros instintos y sabemos obviarlos, a veces conscientemente y a veces inconscientemente.  

Ahora bien, cuando queremos estar en otra parte, cuando nuestro instinto está llamando nuestra atención, nuestra comunicación no verbal nos suele delatar con pequeñas micro señales de incoherencia, que ojos expertos y no tan expertos son capaces de detectar. 

Lo interesante de los instintos es que están relacionados con la parte más animal de nuestro ser. Y lo mismo que en esta imagen esta preciosa perrita ha aprendido a esperar la señal para poder ir a jugar, o para poder moverse porque sus patitas tienen frío, nosotros también podemos aprender a manejar nuestra vida teniendo en cuenta que poseemos instintos que van a darnos señales y que, ahí ya sí, nuestra parte racional, nos ayudará a discernir cómo manejarlas. 

A veces pienso que tener la cabeza bien amueblada ayuda a que cuando te muestras absolutamente espontáneo lo que salga de ti sea coherente y no estridente. Para ello es importante conocerse y ser auténtico. Cuando hacemos las cosas por aparentar, por disimular, nos suelen pillar, antes o después. 

Reglas para mantener la compostura

Por eso, quiero regalarte unas cuantas reglas para que seamos más conscientes y a la vez podamos mantener las composturas que a veces “nos toca” mantener:

  • Escucha a tu cuerpo, es sabio, tanto para avanzar como para frenar.
  • Obsérvate y observa la situación en la que te encuentras, como desde arriba, como si te vieras en una película.
  • Analiza las posibilidades de dar rienda suelta a tus instintos. ¿Es el momento? ¿Qué pasaría si…? ¿Es tan grave?
  • Enfócate en lo que sí toca en ese momento. Elige.
  • No ignores lo que sientes, solo haz saber a tu cuerpo y a tus emociones que lo atenderás cuando sea más conveniente.
  • Respira. Respira. Para y respira más despacio. 
  • Cultiva tu serenidad mental y equilibrio emocional.
  • Comunícate con asertividad cuando necesites expresarte.
  • Conócete, reconoce tus comportamientos, los que te gustan y los que no, porque también forman parte de ti.
  • Cuídate. Desde las 4 partes del ser humano.
  • Valórate y quiérete porque es la única forma de respetarte tanto como lo vas a hacer con los demás, y te hará entenderles mejor. 
  • Los demás también están ahí, no estás solo en el mundo y se ven afectados por tus comportamientos y decisiones. Tenlo en cuenta. 
  • Enderézate, levanta ligeramente la cabeza, pon una sonrisa en tu cara y sigue adelante. ¡Tú puedes! 
  • Comprueba que tienes mucha más capacidad para adaptarte a lo diferente de lo que crees.
  • Reconoce que eres una persona completa, bella y capaz.

Saber estar es cuestión de educación y de saber dónde estás y quién eres, qué quieres y qué es lo más importante para ti y tu entorno en ese momento. Es importante dar con generosidad y amor, porque instintivamente todos somos extraordinarios, cada uno con su peculiaridad. Y con comprensión del otro, aceptación, empatía y tolerancia, saber estar es mucho más fácil. No hay que aguantar, hay que estar lo mejor posible en cada momento.

Con estas claves, ¿crees que vas a poder contar hasta 10 antes de hablar? ¿O no lo vas a necesitar? ¿Sabrás comportarte de manera que no te arrepientas de tus actos tarde o temprano?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

25 enero, 2021

Cuando te levantas por la mañana vas siempre directo al baño, o a la cocina. Cuando te subes al coche o al autobús, ¿cuál es tu rutina? Estamos llenos de rutinas, costumbres y hábitos que nos hacen la vida más fácil y permiten a nuestro cerebro gastar menos energía.

Sin embargo, muchas de esas rutinas o hábitos puede que no sean los más adecuados para conseguir lo que queremos. Por ejemplo, quieres perder peso y tu costumbre diaria es hacer de la cena la comida más importante de tu día, acostándote justo después. O quieres que tu jefe te tenga en una mayor consideración, pero cada vez que aparece por la misma sala en la que tú estás te escondes detrás del ordenador. No parece muy alineado, ¿no?

Hemos de saber que los hábitos son modos de actuar que repetimos de forma continuada, que hemos aprendido o adquirido para conseguir rutinas que nos satisfagan. Ninguno es innato, sino que es conveniente o lo ha sido en algún momento para nuestra vida.

¿Qué nos aportan los hábitos?

  • Seguridad. Sabemos que, si hacemos eso, la consecuencia será esa, que la acción dura ese tiempo y es algo que tenemos controlado, luego no hemos de preocuparnos por ello. 
  • Orden. Hacer eso a la misma hora, en el mismo sitio, nos prepara para ello. 
  • Confianza. Lejos de tener incertidumbre, la constancia en la repetición de nuestras actuaciones nos aporta confianza y tranquilidad. El mundo es predecible.
  • Perseverancia. Sin querer, solo a base de repetir, cogemos la destreza de la perseverancia. Es decir, que para todos aquellos que creáis que no sois nada constantes, pensad en cuántos hábitos adquiridos tenéis a lo largo de un día cualquiera. ¡Seguro que os sorprendéis!
  • La base del aprendizaje, sobre todo de habilidades. Es difícil aprender a hacer algo habiéndolo realizado solo una vez. Necesitamos de repetición para llegar a coger la destreza en ello. Y todas las habilidades requieren sí o sí de práctica, incluso la de liderazgo, por eso el líder, también se hace.

Adaptar tus hábitos al entorno cambiante. ¿Cómo empezamos?

Si vivimos en un entorno cambiante, si evolucionamos según crecemos, ¿nos podemos quedar para siempre nuestros hábitos? A ver, lavarse los dientes después de las comidas o los buenos hábitos relacionados con la educación que aprendemos de niños, ¡seguro que sí! Ahora bien, de vez en cuando, si queremos ser más felices, si queremos lograr nuestros sueños u objetivos, sería conveniente revisar nuestros hábitos adquiridos o aprendidos. 

Revisar comienza por hacernos conscientes, porque nuestras actuaciones al ser ya hábitos las hemos pasado a nuestro subconsciente. Así que hemos de recuperar la consciencia en nuestros actos para poder darnos cuenta de lo que hacemos, cómo lo hacemos, cuándo lo hacemos, dónde lo hacemos, con quién… Necesitamos un punto de partida.

Después, hemos de tener en mente lo que queremos conseguir, para poder chequear si eso que hacemos se dirige a lo que deseamos o no. Aquí hemos de tener cuidado, sobre todo para los autoexigentes y críticos internos, porque tampoco hemos de macharnos por no estar alineados. Si pasó así era porque quizá aún no estábamos preparados para hacerlo de forma diferente. Todo llega en el momento adecuado y si es ahora cuando has sido consciente, será por algo. Aprovecha el impulso de motivación que esto te da para hacer el cambio y retomar el rumbo hacia tus sueños.

Claves para adquirir hábitos nuevos

Seguro que habéis oído hablar de que para adquirir un hábito hacen falta 21 días, aunque hay estudios que hablan de asentarlos con más tiempo. No vamos a dudar que “la práctica hace al maestro”. Por lo que cuanto más practiquemos una nueva forma de actuar, antes la convertiremos en un hecho automático de nuestra vida.

Hemos de entender que cambiar de hábito es un proceso, no se consigue en un día y es probable que al principio cueste. Por eso póntelo fácil. Al menos el primer paso, para ir ganando confianza y motivación con los resultados que vayas consiguiendo. 

Ponerlo fácil significa también que no te pongas presión. Sí que es mejor que lo planifiques (con unos plazos realistas) y que elijas el mejor momento para hacerlo. Has de saber que hacerlo de forma agradable y tranquila te animará a continuar. Así con cualquier cosa nueva que quieras aprender. Recuerda que “si la lección es divertida, nunca se olvida”. ¿Cómo te lo puedes hacer más llevadero? Ya que eres tú quien se lo propone y quien se pone los pasos a dar para lograrlo, sé listo y háztelo lo más gustoso posible.

Busca referentes o modelos que te inspiren. Si los tienes cerca, mejor. Si los ves con frecuencia, te irán recordando el por qué estás haciendo ese cambio y seguir a esa persona, o incluso, poder hacerlo con él/ella, es aún mejor.

Ten paciencia. Cada uno de nosotros tenemos unos ritmos, unas prioridades, un nivel de desarrollo personal y eso hace que los procesos puedan durar más o menos. Regálate tranquilidad, solo tu ego tiene prisa. Respira y piensa que si sigues perseverando, lo lograrás, es cuestión de tiempo. 

Además, como el hombre es el único ser que tropieza dos veces en la misma piedra, y que necesitamos varias piedras para darnos cuenta que quizá haya algo que sería conveniente aprender, si alguna vez flaqueas, ¡es normal! Elige personas que te acompañen en tu cambio, que te animen, que te alienten en los logros que vayas consiguiendo. En definitiva, que te sirvan de apoyo e incluso, que colaboren contigo siendo tolerantes y firmes a la vez. 

Por eso, piensa qué es lo que quieres y enfócate en ello poniendo toda tu atención. Una mente enfocada se pone las pilas para lograr lo que quiere. Solo has de poner hábitos en tu vida que te ayuden a hacerlo realidad. 

Y ahora que sabes cómo hacerlo, ¿qué quieres cambiar? Te mereces ser feliz. Ve a por ello. 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

12 enero, 2021

¿Cuántas veces has dejado de hacer algo que te hubiera gustado hacer, por vergüenza? ¿Cuántas veces te has quedado mudo por vergüenza? ¿Cuántas veces la vergüenza ha dominado tu comportamiento?

Sí, la vergüenza que sentimos nos ha jugado malas pasadas en nuestra vida, nos ha puesto rojos como tomates la cara, nos han entrado sudores y nos ha paralizado o dejado hasta sin voz. 

Es posible que la causa de nuestra vergüenza haya sido el miedo al ridículo. Un miedo a lo que nos vayan a decir los demás o a lo que vayan a pensar de nosotros. Sentirnos juzgados nos hiere y, en ocasiones, preferimos no actuar que hacerlo y llevarnos las consecuencias, que prevemos nefastas.

Sin embargo, es año nuevo y entre los propósitos de este año vamos a ayudarnos un poco para conseguir aquello que nos propongamos, sin que nos frene la vergüenza. 

Tenemos mucha esperanza puesta al respecto de este año que comienza. Queremos que sea, sobre todo, más positivo en todos los sentidos para todos. Queremos mantener la salud, mejorar la situación económica y laboral, disfrutar más de nuestros seres queridos, poder estar “cerca” sin riesgo… ¿Qué quieres tú?

6 ámbitos en los que trabajar para dejar atrás la vergüenza

  • Te recomiendo que escribas y dibujes o decores en un papel tus sueños y deseos (así pones en juego tus dos hemisferios cerebrales), asegúrate que ¡sean realistas! Y a la par ilusionantes porque sin ilusiones es más difícil manejar la resiliencia. Necesitamos pensar que hay algo mejor después. Esa fuerza nos va a ayudar a seguir adelante y superar obstáculos. Trabaja tu optimismo. 
  • Como dice Mario Alonso Puig, “si vas a dudar de algo, duda de tus límites y de nada más, no de tus capacidades”. Por eso, comienza el año revisando tus mejores cualidades, haz una lista. Después pregunta a los demás qué creen que es lo mejor de ti. Date un baño de reconocimiento. Te lo mereces. Ahora, eso sí, has de comenzar a creerte lo que has puesto y lo que han añadido los demás porque son grandes cualidades que hay en ti. Mírate al espejo, ¿qué hace que te brillen los ojos? ¿qué te saca una sonrisa? ¿qué se te da bien? ¿cuál es tu marca personal? Trabaja tu autoestima.
  • Además, en estos tiempos la generosidad es importantísima, porque juntos es la forma de salir adelante. Apoyándonos unos en otros. Hoy por ti y mañana por mí. ¿Sabes que está comprobado que el amor por los seres queridos activa los neurotransmisores cerebrales? Así que para cuidar de nosotros y tener una mente más ágil y en forma hemos de practicar el amor y la compasión. Trabaja tu generosidad.
  • Hablando de emociones, cuanto mejor estés, cuanto más gestiones tus emociones, más feliz puedes llegar a ser. Cuida tus pensamientos, deja de ponerte zancadillas mentales. Deja de rumiar con lo que pudo ser, con lo que será que solo te trae angustia y vive. La felicidad se vive en el momento presente. Deja descansar tu cabeza, incluso Einstein o Steve Jobs desconectaban de vez en cuando para ser más creativos y encontrar mejores respuestas o soluciones. Para, respira, disfruta, regálate ratitos de paz interior. Trabaja tu inteligencia emocional. 
  • No te olvides de ti. El liderazgo comienza por uno mismo. Si no eres capaz de poner toda la fuerza necesaria para el logro de tus propios objetivos y metas, ¿cómo vas a poder apoyar o ayudar a otros? No es solo dar, es también saber ponerte a ti en tu lugar para poder dar desde una mejor posición, más plena, más resolutiva, más inspiradora. Trabaja tu liderazgo.
  • Pide lo que necesites porque los demás no tienen los superpoderes para leer tu mente y no todo el mundo tiene la capacidad de estar centrado solamente en ti como para saber en todo momento lo que puedes necesitar y anticiparse a ello. Se nos olvida que de bebés aprendimos que “quien no llora no mama”. Por eso, si queremos algo en esta vida, hemos de hacer algo para conseguirlo. Hasta para que nos toque la lotería hemos de comprar un décimo. Por eso, el primero que ha de cambiar es uno mismo, el primer paso lo ha de dar uno mismo, más aún para pedir ayuda. Por suerte, somos muchos coaches, muchos profesionales de diferentes áreas, los que nos dedicamos a ayudar a los demás a llegar más lejos. Tenemos la mano tendida. Estamos ahí. Solo has de comenzar a moverte. Trabaja tu propio cambio.

Por eso, olvídate de la vergüenza que no te facilita el camino. Agárrate a la esperanza de lo posible. Cuando te entre el miedo, recuérdate a ti mismo: “¡ya me he cansado de tener vergüenza!” Haz un gesto como de desdén para dejarlo atrás y hazlo. 

¡Sigue adelante sin vergüenza! El año acaba de comenzar.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

2 diciembre, 2020

¿Cuántas veces has dicho a alguien lo que tiene que hacer pensando que así le motivarías a hacerlo y luego te has dado cuenta de que por más que se lo dices, no mueve un dedo? ¿Cuántas veces has comenzado algo y al poco tiempo te has desinflado, perdiendo la motivación, incluso hasta abandonar tu proyecto? ¿Cuántas veces empezaste con una idea en la cabeza clara y acabaste haciendo totalmente lo opuesto?

La buena noticia es que esto es normal, está estudiado y demostrado, y os voy a contar uno de los motivos por los que nos sucede, cuándo y qué necesitamos para continuar hacia nuestros objetivos para concluirlos con éxito. La mala noticia, es que seguiremos dejando caminos a medias, que tomaremos desvíos que nos harán sentir mejor, o cederemos simplemente porque no tenemos la motivación o las fuerzas suficientes para abordarlos.

Ocho pasos para conseguir nuestros objetivos

El hecho de que nos sucedan desvíos de nuestros objetivos fue desarrollado por el filósofo y compositor George Gurdjieff, en lo que se denominó la ley universal del 7. También habla de octavas porque después de los 7 escalones por los que iremos subiendo en el camino hacia el objetivo, el octavo es la repetición del primero, pero con el doble de vibraciones, como en una escala musical. Así que, en realidad, son 8 pasos que vamos dando a lo largo de nuestra vida para conseguir lo que nos proponemos. No es tan importante para nuestro camino el nivel de energía o vibración que hay en cada paso, sino que la clave es saber cuándo se producen los desvíos, pues baja la energía y la motivación, y ahí es cuando debemos estar alertas para saber qué hacer. También, es interesante hacer notar la relación que tiene el número 7 en la naturaleza, en el orden de las cosas y en los ciclos que se concluyen. Por ejemplo, los 7 días de la semana, las etapas de crecimiento del ser humano (cambiando cada 7 años), los 7 chakras, los colores del arcoíris, las 7 energías… 

Gurdjieff vino a decir que ningún proceso es lineal, que todos tienen interrupciones y desviaciones hasta el punto de que podemos llegar a actuar de forma opuesta a como teníamos pensado o como comenzamos en un primer momento. Un ejemplo de nuestra actuación contraria puede ser cuando queremos adelgazar y decidimos dejar de comer ciertos alimentos porque nos engordan y al cabo de un tiempo, te ves dándote permiso para saltarte la dieta, o incluso dándote un atracón de productos muy poco saludables que disfrutas tanto que acabas dejando de lado la dieta, con lo que no solo no adelgazas, sino que favoreces el coger más peso.

Entendiendo el proceso... ¿cuándo suceden estas bajadas de energía en el camino hacia nuestros objetivos? 

Al inicio tenemos el propósito más claro, tenemos más ganas de abordar el salto porque queremos darlo. Pero a los pocos meses, necesitamos recuperar la esencia de la motivación inicial que nos llevó a querer dar el primer paso. Esta primera dificultad es más fácil de salvar porque apenas acabamos de empezar y podemos tener aún muy presente por qué quiero hacerlo.

Por ejemplo, cuando entramos a trabajar en una empresa a la que habíamos deseado incorporarnos. Al principio, tenemos mucho más entusiasmo. Es una motivación inicial cargada de ánimo e ilusión. Con el día a día, nos vamos dando cuenta de lo que es en realidad el trabajo, el ambiente, y esa energía inicial va bajando hasta nivelarse con la de los demás miembros del equipo en unos pocos meses. Ahí es donde se produce el primer posible desvío. Cuando nos cuestionamos si fue la mejor decisión, si es lo que quiero.Para salvar este primer obstáculo, necesitaré recordarme qué me llevó a querer entrar a trabajar en esa empresa. O hablando en general, qué intención tenía yo para querer abordar ese proyecto, reto u objetivo.

Después retomaremos la energía y seguiremos avanzando hacia nuestros objetivos pero justo antes de llegar, entre el séptimo y octavo escalón, volveremos a tener una gran dificultad, esa que nos cuestiona hasta qué punto nos merece la pena llegar hasta el final sin desviarnos. Ya el por qué lo haces del inicio no es suficiente. Necesitamos encontrar un propósito mayor, mejor, saliendo incluso de lo que obtengo yo con ello en pro de lo que es positivo para el mundo y para el ser humano, yendo más allá de uno mismo.

En el el ejemplo del trabajo, ya no es solo lo que tú obtienes a nivel material, salario, estatus, sino que tu motivación está más relacionada con lo que la empresa ofrece al mundo o con lo que aportas a los demás con tu trabajo. En esta dificultad hay que lidiar con nuestra propia soberbia, nuestro ego, el sentido de lo mío. 

Y para superarla, en esta ocasión más que motivación intrínseca necesitamos de motivación trascendente, de determinación. Hemos de apoyarnos en nuestros valores porque si vamos en contra de ellos no concluiremos, estaremos incómodos y esto no es sostenible en el tiempo. Necesitamos de una propuesta para nuestra mejora personal, poner ética, con una consecuencia que sirva a los demás. Un propósito muy nuestro, de nuestro propio ser, que de verdad nos nace hacer o nos guía, alineado con nuestra esencia. De ahí que sea tan importante que nos dediquemos a lo que nos gusta y nos llena porque será más fácil que nos comprometamos y que completemos las octavas de nuestra vida que nos hayamos marcado.

Revisando nuestra historia para comprendernos

Si revisamos nuestra historia o si como responsables de equipos hemos tratado de incentivar a los demás, podemos darnos cuenta de que en numerosas ocasiones hemos puesto mucha motivación o impulso al inicio, pero después ya no hemos tratado de encontrar ese propósito superior que nos mantenga ahí, que nos invite a concluir con el mismo interés o más, generando compromiso (algo tan preciado hoy en las empresas). 

A lo largo de nuestra vida hemos podido dejar proyectos inacabados. Algunos puede que queramos cerrarlos (aún estás a tiempo). Por ejemplo, cuando elegimos una profesión y después de un tiempo vamos cogiendo otros trabajos, pero se nos queda la sensación de haber dejado aquello que era en realidad lo que quería y que por circunstancias no pude completar y querría volver a ello. 

Sin embargo, puede que ante las dificultades hayamos tomado el desvío con total consciencia y conciencia, cediendo a lo que era y eligiendo aquello que nos hacía sentir mejor. Por ejemplo, si al coger esos otros trabajos, me fui dando cuenta que en realidad me siento más identificado con lo que hago ahora.

No se trata de acabar por acabar, por culpa o perfeccionismo, sino acabar lo que hemos decidido empezar siempre que nos merezca la pena, decidiendo superar las dificultades por nosotros mismos. Escuchándonos. Conectándonos con lo que somos, incluso estando atentos a nuestra intuición, porque cuando tomamos el camino correcto, tenemos paz interior y nuestras relaciones con los demás y con el mundo están en mayor armonía.

¿Qué octavas has dejado inacabadas en tu vida? ¿En cuáles estás en este momento inmersa/o? ¿Cómo vas a motivar a los demás para que avancen hacia los objetivos con determinación? 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

¿Te ha pasado que ante algo que te ha dicho otra persona te has puesto a la defensiva y has reaccionado pensando que era un ataque o una crítica hacia ti? O, por el contrario, cuando tú has querido decir algo a alguien sobre algo que te ha molestado, ¿esa persona en lugar de escucharte te ha empezado a justificar o se ha enfadado?

Nuestro organismo, y sobre todo nuestro cerebro, está creado y entrenado para nuestra supervivencia. Y aunque la supervivencia de hoy en día no es la misma que la supervivencia de los primeros humanos, se nos ha quedado esa alerta del cerebro reptiliano, como os hemos contado en nuestros anteriores artículos.

Cómo evitar estar a la defensiva

Cuando alguien nos critica o nos viene a decir que nuestro comportamiento no le ha gustado o no le ha hecho sentir bien, nos ponemos en guardia, de la misma forma que cuando nos sentimos evaluados. Y ahí, es cuando nuestro cerebro se pone en modo alerta, pensando que es una cuestión de supervivencia porque lo afronta como un ataque. Ahora bien, si esto es así, ¿cómo podemos evitar sentirnos atacados? Existen varios aspectos a cuidar para no hacer saltar nuestro mecanismo de defensa:

  • Elegir el momento. Aunque siempre recomendemos afrontar los conflictos lo antes posible, cuando la persona está tensa no es buena idea tensar más porque la cuerda se puede romper y acabar diciendo lo que uno no quiere. Así que aprovecha el momento en el que el otro esté relajado para que sea más capaz de escuchar lo que quieres decirle, y no solo escucharlo, sino reflexionar sobre ello, o siquiera plantearse un cambio de conducta. Si no puedes esperar más a decir lo que tengas que decir, entonces tendrás un trabajo extra, que será relajar el ambiente, generar un clima de confianza y bienestar. 
  • Evitar frases como: “Tenemos que hablar”. No conozco a nadie que ante esta frase no haya pensado algo así como que le va a caer una bronca, o que ha hecho algo mal. ¡Como para no ponerse en alerta! Por eso, cuando tengas que hablar de algo importante con alguien, simplemente háblalo. Con un “oye, te quería comentar algo que me he quedado dando vueltas” solemos prestar más atención o incluso ponemos en juego la curiosidad. 
  • Utiliza la asertividad. Sobre todo, para poder expresar los hechos con objetividad, solo los hechos. Después podrás expresarle cómo te han hecho sentir esos hechos, no la persona que ha realizado la acción por la cual te hayas sentido mal o creas que sería conveniente que cambiara. 
  • Sin juzgar. Sin insultar al otro, sin etiquetar, sin expresiones del tipo “es que solo se te ocurre a ti hacer tal cosa”, “mira que eres…”, “qué intenso te pones”, “no se te puede decir nada”. Todo esto solo echará más leña al fuego.
  • Sin tomártelo a lo personal. No sabemos lo que el otro ha querido decir o por qué ha hecho lo que ha hecho. Así que no podemos pretender pensar que somos el centro de todas sus actuaciones. Por eso, frases como “es que no me has tenido en cuenta” no tienen sentido. ¿Y tú qué sabes si te ha tenido en cuenta? Eres tú quien se ha sentido así, pero no puedes asegurarlo sin preguntarle si ha sido a propósito. 
  • Habilita un lugar en el que se debe cuestionar lo que el otro diga. Por ejemplo, el sofá de las discusiones. Cuando vamos allí a hablar de algo no podemos simplemente reaccionar, sino que es un lugar en el que lo que se diga ha de ser escuchado y reflexionado. Es como el rincón de pensar, pero al que vais los dos a reflexionar juntos, a entenderos. Es un lugar donde si te sientes mal por lo que escuchas serás recogido por tu acompañante, un lugar donde puedes expresarte sin miedo a herir porque el otro te recibe desde el amor, el entendimiento y la apertura. Un lugar donde incluso abrazados podemos contarnos lo que más nos ha dolido y lo que más deseamos.
  • Evita provocar al ego. Nuestro ego también va a protegernos, a su manera, tratando de mantenernos en su zona de confort, con prisas para todo. Por eso, si tú ves que la persona es tranquila, no la zarandees o la provoques a la acción porque no va a querer y se va a resistir. Si la persona es muy sensible, no la alces la voz ni te pongas muy serio o dramático, cuanto más suave más fácilmente lo va a entender. Si la persona es muy intensa, no le vayas con que son tonterías porque pensará que no le entiendes o que pasas de ella, que no la tienes en cuenta y no la apoyas, que banalizas su molestia. Si la persona es metódica, no le vayas con demasiados sentimientos que no comprende, es más fácil que le pidas claramente lo que quieres. Por tanto, trata de conocer a la persona para poder encontrar la vía por la que será más fácil hacerle llegar el mensaje.

Entrenar la flexibilidad al cambio: la toma de conciencia

Cuidando todo lo comentado anteriormente, es más probable que la persona con la que vas a hablar de algo delicado se sienta algo menos atacada y sea más receptiva a los cambios que le puedas pedir. Aún así, nadie cambia si no quiere y a veces, aunque quiera, necesitará tiempo, porque los cambios, sobre todo cuando forman parte de nuestra personalidad, no se consiguen de un día para otro, habrá una tendencia a volver a lo de siempre, al automático. 

Por eso, para cambiar, para hacer las cosas de forma diferente, hemos de tomar conciencia. Y no podemos tomar conciencia si no estamos dispuestos a escuchar lo que los demás dicen o ven de nosotros mismos que puede que ni nosotros nos hayamos dado cuenta de ello. Piensa que cuando alguien dice algo de ti, por algo será. Si el río suena, agua lleva. Eso no quiere decir que sea todo el tiempo, o que siempre sea así, pero sí que alguna vez o para esa persona, fue así. Por tanto, escúchala. Hazte consciente. Todos podemos aprender a ser mejores y a estar mejor en relación con el mundo y con los demás.

Ahora que sabes cómo afrontar mejor las conversaciones difíciles, ¿qué vas a comenzar a hacer? ¿qué vas a hacer diferente? ¿qué te funciona? 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

6 noviembre, 2020

¿Te has dado cuenta de las personas maravillosas que tienes a tu alrededor, tanto en el ámbito personal como en el laboral? En los momentos duros es cuando más se ve a las personas que merece la pena tener cerca. Esas que no te sueltan la mano, aunque no te puedan dar ni una moneda. Esas que se dejan la piel por llegar a todo de la mejor forma posible.

Motivos por los que pueden ser difícil de encontrar

  • Porque nosotros podemos estar tan enmarañados en nuestros problemas o subidos en la rueda de la vida de forma que no tengamos ojos más que para el punto negro en el que nos vemos inmersos. 
  • Porque a veces nos sentimos solos y esa soledad se da más por nuestro retraimiento, que nos aleja de los demás, que por no permitir entrar a alguien en nuestro mundo.
  • Porque no vamos contando nuestra vida a los demás y creemos que no les va a importar o que tiene cosas mejores que hacer. 
  • Porque pensamos que el conductor de autobús, el señor de la tienda, el chico de recepción, mi alumna, la directora o el policía no pueden ser nuestros amigos.   
  • Porque muchas veces estas personas no destacan, no hacen ruido, solo están, responden cuando te hace falta, te dan aliento si lo ven oportuno, no son pesados, aunque tienen una gran actitud de servicio y suelen estar comprometidos contigo o con una causa mayor que los lleva a actuar así.
  • Porque pasan desapercibidos y no los vemos mientras hacen cosas por y para nosotros, solo nos encontramos sus resultados hechos. Una amiga mía decía que cuando llegaba a casa se encontraba todo hecho, y ella solo se tenía que dedicar a lo suyo. Era cosa ¡de los duendes!  
  • Porque no van con eso de “con lo que hago yo por ti”, sino que lo dan, de forma generosa porque saben que su recompensa está en el hecho de hacerlo, no en el premio que venga de vuelta. 
  • Porque es posible que cada uno de nosotros tengamos nuestro propio criterio sobre qué significa que una persona sea “de las buenas”.

Pon en valor a las maravillosas personas que te rodean

Seguro que encuentras muchos motivos para no tener tan presente como deberías a esas personas maravillosas que tienes a tu lado, sin embargo, esto tiene solución. Un día hemos de parar, bajarnos de la vorágine y mirar alrededor. Y ese día puede ser hoy, ahora. ¡Se lo merecen!

Para ello, te invito a hacer una lista. Si lo escribes, hazlo mejor a mano, tu cerebro se hará aún más consciente. Piensa en las personas con las que tienes contacto que:

  1. Están cuando las necesitas.
  2. Te sorprenden para bien.
  3. Podrías hablar de cualquier cosa con ellas.
  4. Se han ganado tu confianza.
  5. Te sacan una sonrisa.
  6. Te cuidan.
  7. Con ellas todo es fácil.
  8. Puedes estar a su lado sin hablar de nada, sintiéndote a gusto.
  9. No tienes que disimular, ni aparentar, puedes ser tú mismo estando como estés.
  10. Resuelven por ti si hace falta.
  11. Se anticipan.
  12. Actúan más que hablan.
  13. Tienen la palabra adecuada, aunque no te regalen el oído.
  14. Puedes contar con ellas dentro de su ámbito, en lo que sabes que puedes contar.
  15. Te acogen y recogen.
  16. Te dan ese abrazo cuando más lo necesitas.
  17. No te juzgan.
  18. Te escuchan.
  19. Se prestan a ayudar cuando son tareas pesadas o arduas.
  20. Tratan de atenderte lo mejor posible. Ponen su esfuerzo en ello.

No tienen que cumplir toda la lista, con que estén en una de las anotaciones es suficiente para ser una persona especial en tu vida en este momento. Si, además, compartes un largo camino a su lado, puedes sentirte muy afortunado. O si de repente, después de años, has recuperado el contacto con mayor intensidad, es porque algo valioso había ya en la relación que ha hecho que no se pierda del todo. 

Cada persona da lo que sabe, lo que puede y lo que quiere. No siempre van juntas estas tres opciones, ni siempre es todo, porque aun pudiendo más no siempre se da el máximo, o queriendo más no siempre se puede dar lo que uno quisiera. No todas las personas están dispuestas a dedicar el tiempo a otras, ni el tiempo al trabajo, ni la dedicación, ni se pone el cariño al hacer algo o al estar con alguien. 

Así que valora a aquellas personas que están ahí, que no hace falta que sea todo el rato, porque cada una lo hará cuando pueda, en una forma concreta: tratando de hacerte reír, facilitándote el trabajo o solo haciéndote saber que puedes tomarte un café cuando quieras con ellas. Recuerda que no viven solo para ti, también tienen sus propios problemas, y aun así eligen estar pendientes de ti.  

Si en esta lista has puesto al menos una persona, ya puedes sentirte feliz. Incluso tú mismo puedes darte cuenta para quién podrías ser una persona especial. 

Así que cuida de las personas estupendas que tienes cerca, detéctalas para estar tú a la altura con ellas. Para cumplir con la cierta reciprocidad que merecemos en el dar y recibir de la vida. Incluso para amar y ser amado. O para recompensar en el trabajo por el compromiso aportado. 

Abre los ojos y observa, escucha y permítete sentir el calor que los demás te pueden ofrecer. Y actúa en consecuencia. Juntos es mejor. No dejes escapar a “los buenos”. Mantente a su lado. Dales tú también la mano.

Feliz día, personas maravillosas. ¡Gracias por estar en mi vida! 

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills