“Basta mirar algo con mucho interés para que se vuelva interesante”

Marian Rojas Estapé.

Imagínate que no tienes ni idea de fútbol, te parece un rollo y no entiendes por qué la gente es tan forofa. Imagina que empiezas a ponerle interés, comienzas a preguntar qué es lo que le gusta del fútbol a quienes conozcas, te explican cómo funciona el fuera de juego, por qué es penalti, cómo han de entrenar para poder pasar el balón exactamente al lugar o a la persona que desean, la agilidad para sortear obstáculos, hacer regates imposibles, remates acrobáticos, jugadas ensayadas, etc. Eso sin contar el propio sentimiento de pertenencia a tu equipo. Seguro que cuanto más vas conociendo, más curiosidad te va generando y más vas entendiendo a medida que te metes en ese mundo. 

Cultivando la atención te harás más consciente, te concentrarás mejor, aumentará tu memoria, obtendrás una mayor información con la que tomar mejores decisiones porque estarás más alerta, podrás discriminar mejor entre las opciones porque descubrirás más fácilmente las diferencias, saborearás más el momento e incluso, podrás alargarlo.

¿Qué podemos hacer para desarrollar nuestra atención?

Para desarrollar la atención necesitamos, como ya te he compartido, una pizca de curiosidad para indagar, desarrollar el interés, para lo cuál solemos necesitar una motivación que nos beneficie, voluntad para descubrir y también, ¡dejarte sorprender!

Además, puedes aprender a desarrollar tu atención si:

  • Observas lo bueno. Haz que tu mirada recorra el lugar eligiendo aquello que le resulte agradable. Por ejemplo, si vas en el transporte público, en lugar de aislarte, mira a tu alrededor. Quizá te encuentres a alguien que ha comprado un ramo de flores, o a quien va estudiando para un examen, o esa pareja de abuelitos que van cogidos de la mano.

Esto, cuando nos lo aplicamos a nosotros o a nuestros compañeros de trabajo, lo podemos extrapolar para ayudarnos a encontrar los momentos en los que hacemos las cosas bien. Estamos demasiado tiempo sacando el error, el pero, y ahora, vamos a poner atención en lo que sí sabemos, en lo que sí sale como esperábamos, en el esfuerzo o dedicación que te lleva o les lleva a los demás lograr los objetivos o completar las tareas lo más adecuadamente posible o incluso de manera excelente.

  • Escuchas lo que hay detrás de las palabras. A veces una palabra encierra un conjunto de emociones veladas, una idea mucho más completa de lo que en realidad se dice o de cuán importante es para esa persona lo que está expresando. Por ejemplo, cuando hablas por teléfono, ¿verdad que eres capaz de extraer mucha más información que las propias palabras? Te invito a que te quedes o busques en la conversación aquello que le importa de verdad al otro. Por ejemplo, que en la conversación te dice que le encantan los caramelos de violeta, que le recuerdan a su infancia, a su abuela y le sale una voz más dulce al contártelo. Pues ya sabes qué puedes regalarle en un momento dado y está garantizado que le arrascarás una sonrisa. Apúntatelo y te ganarás a esa persona.

El oído también es un órgano selectivo por lo que puedes elegir en qué enfocarte para practicar la atención a través de este sentido. Puedes comenzar a escuchar sonidos diferentes dentro de tu entorno. Si estás en el trabajo, seguro que tú mismo haces algún ruido, ya sea al colocar los materiales que utilizas, al escribir en tu ordenador, por sutil que sea. Puede que haya un sonido de un ventilador, de algún aparato electrónico que esté más o menos cerca o también puedes ir eligiendo sonidos más lejanos como conversaciones entre personas a más distancia o el de obras que haya en la calle. Ve cambiando tu atención de unos a otros. Te resultará más fácil hacerlo con los ojos cerrados.

Y otro aspecto de lo que escuchas, es que cuando tengas a alguien hablando de manera continua de un tema es porque es importante para él. Es cierto que a veces algunas personas, sobre todo nos suele ocurrir con personas mayores, parece que siempre nos cuenten las mismas historias, y muchas veces pensamos que es aburrido, que son pesados, y, sin embargo, eso que nos cuentan es precisamente lo que les ha resultado importante o impactante en su vida.

  • Dedica tiempo. El tiempo es el recurso más preciado que poseemos y de hecho el que una persona nos dedique su tiempo sabiendo que es limitado y que podría estar haciendo cualquier otra cosa, es todo un regalo. Por eso, si has de poner una mayor atención en algo, por ejemplo, te piden que realices una nueva tarea que no has hecho hasta el momento. Entonces, no te queda otra que dedicarle tiempo, y ¿qué ocurre al final? ¡Que lo acabas sacando! Es el tiempo que le has estado dedicando, buscando las vueltas, probando, hablando de ello, lo que te ha llevado el éxito.

Si ese tiempo, además, se lo dedicas a una persona, hablando de ella y con ella, pensando en ella, esa persona se vuelve importante para ti. Imagínate lo positivo que es cuando decides aplicarlo con tus amigos, familiares, compañeros de trabajo para tener un mejor ambiente o si tienes un equipo a tu cargo.

  • Actúa al respecto. Lo más bonito de poner nuestra atención en algo o en alguien, además de poner nuestro interés en ello y disfrutar del proceso de observación, escucha y dedicación es tener la posibilidad de tomar parte para ayudar, mejorar, acompañar o resolverlo.

Las personas cuando notamos que alguien nos presta atención a través de sus acciones, nos sentimos escuchadas, queridas y valoradas, sientes que le importas. Y eso nos puede ayudar en nuestra autoestima, en empoderarnos, en creer en la bondad del mundo, nos ayuda a socializar, aumenta la generosidad, la solidaridad, la gratitud… y al final, la felicidad. 

Como dice Harv Eker, “Donde va la atención, la energía fluye y los resultados se muestran”.

Ahora que lo sabes, ¿qué vas a comenzar a hacer para poner una mayor atención en lo importante? ¿De ti? ¿De los demás? ¿Del entorno? Déjate sorprender y reconoce con consciencia lo que descubras.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills