Ante la situación que vivimos, ante los giros inesperados de la vida, es posible caer. Caer en el desánimo, caer en la tristeza, que te baje la energía, las ganas de seguir o las fuerzas para hacerlo. A veces, es cansancio y a veces, es incertidumbre por no saber qué hacer o cuál es la mejor decisión. 

Hay momentos en los que necesitamos tomar distancia para retomar la alegría. O como dice Alex Rovira, para preguntarnos cuánto tiempo hace que no la sientes. Aunque si sigues metido en la rueda de la vida, probablemente no puedas ni parar a hacerte esta pregunta.

Solo cuando paras, puedes reflexionar, darte cuenta de lo que te ocurre, y permitirte tomar las medidas necesarias para cambiar el rumbo de tus sensaciones. 

5 caminos para equilibrar tus emociones

Entre las opciones que te puedes plantear para equilibrar tus emociones, te dejo algunas que me parecen importantes. Escoge lo que más fácil te resulte para recuperarte mejor.

Opción 1: Regálate tiempo

En el estar a todo y para todos puede que te olvides de ti. Así que, aunque sea de forma estipulada asegúrate de tener al menos un tiempo para ti al mes. Sí, al mes. ¿Podrías hacerlo cada semana? ¿Cada día? ¡Mejor! Aún recuerdo cuando mi psicóloga me dijo que me cogiera tres días al mes para mí. Me pareció una locura, con una niña pequeña, con el trabajo, atender a los mayores, ver a los amigos, ser el apoyo de todos…imposible!!! De hecho, durante mucho tiempo he sido un mal ejemplo en esto. Pero puedo deciros, que, aunque no haya sido cada mes, ni tres días, sacar ratitos para mí me recarga y me permite seguir. Un tiempo a solas, un libro interesante, un lugar que te dé paz, incluso, rodeada de personas, pero donde puedas aislarte de algún modo. Ese rincón de la cafetería de la esquina que miras con intención cada vez que pasas… Lo importante es eso, ponerle intención para permitirte parar.

Opción 2: Rodéate de personas con las que simplemente estar

Con esas que da igual de lo que hables, o si no hablas. Que no te juzga, ni exige. Que podrías escucharlas y hablar por horas, o estar a su lado compartiendo el silencio sin inquietud por romperlo. Además, el hecho de que te comprendan, que no significa que te compartan tu punto de vista, o que el otro lo viva de igual manera, pero que sin juzgar te entiendan, con empatía es liberador, al dar cabida a esa emocionalidad, permitiéndote sentirte así, tal cual te sientes. Y no pasa nada porque te recogen en esa expresión en la que te has permitido soltar, soltarte.  

Por eso, escoge bien a la persona con quien sabes que es posible que te reciba así. Que te sirva de apoyo y soporte en tu momento. 

A veces, una persona ajena a tu entorno te da más tranquilidad. Quizá porque nos cuesta dejarnos ver en una situación vulnerable ante quienes tenemos cerca, porque nos vayan a dejar de querer, por hacerles perder su imagen de fortaleza que hayamos creado para ellos, porque pensemos que perdemos valor ante los demás si nos ven nuestras debilidades. 

De ahí que haya muchos profesionales de la psicología y el coaching, o incluso en un momento dado un extraño con el que nos encontramos en la silla de al lado, se convierte en un gran apoyo. No tengas miedo de acudir a alguien cuando lo necesites porque en el fondo, a los seres humanos nos encanta ayudar a otros, nos sentimos bien haciéndolo, nos llena la generosidad y dar más que recibir. Así que piensa que quizá estás ayudando tú también a alguien dejándote caer. 

Opción 3: El momento adecuado

Muchas veces sentimos que “fallamos” cuando nos desahogamos con alguien, o cuando sacamos por nuestra boca todo lo que teníamos guardado y acumulado durante tiempo que no hemos podido ir gestionando en su momento.

A veces, el otro no se lo espera porque es desmedido lo que causó la gota que colmó el vaso para todo lo que aprovechaste a vaciar. Eso hace que reaccione mal y, en consecuencia, que no recibamos el apoyo que esperábamos en ese momento. Por eso, si vas cuidando tu gestión emocional, no acumularás tanto. Y también, si vas eligiendo el momento, cada día, para revisar cómo estás, si vas contactando con esa persona elegida y quedas un día para hablar, si vas buscando un hueco en tu agenda para ti para una escapada… podrás planificar el momento y tener más posibilidades de que consigas tu bienestar.

Opción 4: Las hormonas de la felicidad

 Ayudar a tu cuerpo para que se haga consciente de que hay ratos buenos en tu vida, es importante. Te has de creer que no todo lo que te ocurre es malo. Has de contárselo a tu cerebro también. Así que, para soltar todo el cortisol acumulado por el estrés, por la negatividad y por los malos acontecimientos, puedes compensar favoreciendo las hormonas de la felicidad:

  • Dopamina: se consigue haciendo ejercicio o con actividades que te relajen, dormir al menos 7 horas, escuchando música, tomando el sol, celebrando los pequeños éxitos diarios, comiendo carnes y pescados, legumbres, algunas frutas como el plátano, manzana o arándanos y tomando té verde o chocolate negro. 
  • Oxitocina: junto con la dopamina refuerzan los vínculos afectivos. Así que te sentirás mejor si abrazas a las personas que quieres (al menos 8 segundos como dice Marian Rojas Estapé), acaricias a tus mascotas, meditas para estar bien también contigo, cogiéndote con cariño, practicando la generosidad y las relaciones sexuales. Hablar a los demás con amor, hablarnos infundiéndonos ánimo, con palabras llenas de bondad, nos ayudará a aumentar nuestra oxitocina. 
  • Endorfinas: hacer ejercicio siempre ha estado asociado con las endorfinas. Y será más efectivo si es al aire libre, con otras personas y de forma desinhibida. Por ejemplo, canta a grito pelado y baila sin importar si vas al ritmo, ¡suéltate! Es importante reír, que a veces se nos olvida. Así que recuerda momentos divertidos, anécdotas con amigos o familiares o ponte a tus humoristas preferidos. Date gusto, haz aquellas cosas que te sacan una sonrisa o dejan salir a tu niño interior.
  • Serotonina: la podemos aumentar con alimentos ricos en triptófano, como el plátano, el pescado azul, los lácteos, frutos secos, verduras de hoja verde…También la vitamina C te vendrá muy bien. La luz natural es muy importante, por lo que sal a dar paseos o disfruta de la naturaleza. El ejercicio diario, aeróbico o a base de estiramientos y flexibilidad como el yoga, tai-chi o pilates, son grandes aliados. 

Como ves, tú puedes ser facilitador del apoyo emocional que necesitas. Puedes mejorar tu gestión de emociones, facilitar a tu cuerpo la activación de momentos de bienestar y cuidar los pensamientos porque los positivos y las buenas palabras, te impulsan hacia el optimismo para salir adelante. 

Y cuando no sea suficiente o no puedas o no sepas, recuerda que puedes acudir a otros, encontrando el momento oportuno, seleccionando a las personas adecuadas y soltando todo eso que vas cargando para aligerar tu caminar en lo que te ha tocado vivir. 

Ahora que lo sabes, ¿qué vas a comenzar a hacer para recibir el apoyo emocional que necesitas o para dártelo?

Cuida de ti.

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills