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He estado últimamente pensando en la importancia de la superación y en poder acompañar a los equipos a que se superen y a que superen los vaivenes y baches que, a veces, frenan o golpean a nuestros departamentos.

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Podemos llegar más lejos de lo que creemos, somos más fuertes de lo que pensamos, y tenemos mayor capacidad de aguante y resistencia de lo que sentimos, incluso resiliencia, como ya comenté en un artículo anterior.

Tenemos muchísimos ejemplos de esto, como el que os dejo en este vídeo:

Sin embargo, hemos también de cuidar de nosotros mismos, y conocer nuestros límites. Hablamos a veces de heroicidades que atentan contra nuestra vida o nuestra salud, sin ser una cuestión de supervivencia, llevando al extremo la superación personal o profesional, con una excesiva sobre-exigencia.   

Superación

Os recuerdo la definición de superación. Según la RAE es: Acción y efecto de vencer obstáculos, exceder límites y dejar atrás.

Cuando nos superamos, se amplía nuestra zona de confort, ampliamos nuestro mapa mental y crecemos.  ºan situaciones que nos obligan a superarnos de forma forzada, y esto suele dejarnos ciertas "heridas" que hemos de ayudar a cicatrizar.

Por ejemplo, en el caso de equipos que han trabajado duro por conseguir un proyecto y no ha salido. Es un tiempo dedicado, un esfuerzo, una ilusión que se ha desvanecido. Hay que recuperarse y seguir adelante, acompañando al equipo también emocionalmente. Dejar atrás este proyecto y coger fuerzas para afrontar uno nuevo, con un nuevo objetivo y una ilusión renovada. ¿Cómo lo hacemos?

 Me he dado cuenta que todos nos superamos muy a menudo en nuestra vida. Cada vez que queremos avanzar hacemos algo que no habíamos hecho hasta entonces, rebasando nuestros límites conocidos. Por ejemplo, visto desde nuestra perspectiva personal, serían situaciones como: casarnos, irnos a vivir solos, tener un hijo, salir de nuestra ciudad natal, aprender otra lengua...

Por tanto, la superación tiene mucho que ver con querer, atreverse y con el aprendizaje.

Y visto desde nuestra perspectiva profesional, podemos encontrar situaciones en las que nos superamos como: comenzar unos estudios, aprobarlos, trabajar en una empresa, montar una empresa propia, cambiar de puesto, proponer una campaña diferente de marketing... Estamos continuamente realizando tareas y acciones nuevas  para crecer profesionalmente.

Entonces, la superación, también tiene mucho que ver con la acción, la innovación y la mejora continua.

Necesitamos superarnos para avanzar en el camino de nuestra vida.

Y tú, ¿quieres superarte?

Te espero aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Querido compañero,

¿Conoces la misión, la visión y la cultura empresarial de tu empresa? ¿Conoces tu misión, visión y valores?

Misión, visión, valores, cultura empresarial

Hoy quiero compartir contigo la importancia de conocer a tu empresa, de conocer la misión, la visión y su cultura empresarial, ya que son el pilar de toda organización, lucrativa o no.

Me gustaría partir de algo para entender la importancia de conocer todo esto y para ello, voy a explicar algunas premisas:

Quisiera comenzar por preguntar ¿qué entiendes por una organización? Para mí una organización es:

Un grupo de personas, coordinadas por un dirigente/líder con un sueño por cumplir, que tiene un objetivo común a medio y largo plazo y que se adapta a los cambios que se encuentren en el camino hacia el objetivo. Este grupo de personas tiene una cultura específica y sus miembros trabajan siguiendo determinadas “reglas de juego”. Además, una organización cuenta con una estructura que relaciona recursos y personas entre sí y con el exterior, y hace uso de herramientas de planificación, producción, análisis y control.

La visión establece una meta futura, es decir, lo que la empresa anhela.

Responde a la pregunta: ¿Cómo queremos que sea en el futuro?

La visión para mí es la que guía cuanto hago. Antes de decidir o hacer algo pienso en la visión y me ayuda a tomar la mejor decisión posible. ¿Por qué quiero esto? ¿Encaja con lo que quiero? Incluso hago un ejercicio que es visualizarme habiendo conseguido lo que pretendía, antes de que esto suceda, anticipándome a lo que veré, escucharé y a cómo me sentiré.

La Misión explica la existencia de una organización. Responde a la pregunta: ¿Cuál es nuestra razón de ser?

En la misión se exponen: las intenciones de la empresa, las actividades que piensa desarrollar y la dirección que seguirá la empresa para alcanzar dicha visión.

Una declaración de la misión bien elaborada y comunicada cumple en la organización las siguientes funciones:

  • Cristalizar o materializar la visión.
  • Dotar de coherencia a todas las acciones desarrolladas en todos los niveles.
  • Transmitir un propósito y una identidad.
  • Evitar una dirección sin visión y sin sentido.
  • Preparar a la empresa para el futuro.

Te dejo más información sobre la dirección estratégica de la empresa, para que puedas profundizar en fundamentos empresariales como estos, aquí.

La Cultura empresarial sería el conjunto de principios, valores y creencias de la organización.

Determina la forma de actuar más o menos habitual. El cómo hacer.

Se convierte en su rango distintivo y diferenciador.

  • Los Valores serían los principios morales, la ética de la organización.

Determinan la forma de relacionarse, de actuar de la empresa, con los colaboradores, clientes, proveedores, competidores, administraciones públicas, etc. Y permiten el reconocimiento social y ético desde la mirada externa de la empresa, así como el marco en la manera de trabajar dede la mirada interna de la empresa.

Normalmente, el número de valores de una organización suele estar entre 5 y 7. El motivo es que es muy complicado que las organizaciones basen sus decisiones y el día a día en más de 5 criterios. Hoy día es una práctica habitual revisar la definición y selección de los valores de la organización para adaptarse a los nuevos tiempos, y es una acción que como consultores realizamos para ayudar a las empresas a marcar su identidad.

¿Cómo trabaja tu empresa para llevar a la práctica todos sus valores? ¿Cómo traslada tu empresa los valores a su día a día?

Está garantizado que las empresas que disponen de una declaración explícita y compartida (tanto con clientes como empleados) de su misión, visión y de la cultura empresarial elegida para lograrlas, orientan mejor sus acciones y afrontan mejor sus decisiones, ya que tanto sus directivos como los colaboradores saben perfectamente dentro de esta organización: quiénes son, quiénes quieren ser en un futuro y los valores a seguir para poder conseguirlo. Y esto, además, facilitará el estar más alineados con los objetivos de la propia compañía.

Este conocimiento, unido a su competencia técnica y a la capacidad de escucharse mutuamente, hace que todos los miembros de la organización se enfoquen y sumen en la elaboración de esta visión compartida. Y es necesaria para llevar a los equipos a su desarrollo en equipos de alto rendimiento.

De hecho, de no compartir la visión, la misión y la cultura empresarial, o si no se siente el equipo cómodo con ellas, la relación entre los colaboradores y la empresa puede ser menos positiva y más desgastante, pudiendo llevar a la desmotivación por parte de las personas que así lo sientan.

Con el fin de complementar lo que estoy hablando te dejo un vídeo sobre la misión y la visión que aporta más información sobre su importancia.

Después de lo que acabo de compartir, ¿de qué te has dado cuenta? ¿Cuál es tu misión, visión y valores? ¿Conoces la misión, la visión y la cultura empresarial de tu organización? Si no la conoces ¿qué vas a hacer para conocerla y llevarla a tu día a día?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso y que te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

¿Te preocupas por lo que pasará en el futuro o te ocupas de planificar lo que quieres para ti en el futuro y cómo conseguirlo?

¿Te preocupas por la incertidumbre o te ocupas de lo que está en tu mano hacer, lo que sí conoces, lo que sí puedes "prever" dentro de la incertidumbre? ¿O te ocupas de aprender a bailar con el cambio? Como nos explica Cristina Llagostera, aprender a tolerar la incertidumbre.

 Preocupada

Nadie sabe qué pasará mañana. El prefijo pre-. significa anterioridad local o temporal, y aplicado a nuestro caso, nos lleva a ocuparnos antes de tiempo en cuestiones que luego pueden o no darse. Nos llevan a vivir antes de tiempo o en otro sitio lo que está o no por venir.

Por este motivo, y desde el sentido de fluir del que ya hemos hablado, que nos permite disfrutar del aquí y ahora de cada día de nuestra vida, se trata de ocuparnos de lo que toca en cada momento. Ocuparse de parar y marcarse objetivos para después plantear cómo dirigirse a ellos, actuar de forma proactiva hacia el futuro deseado, marcando qué queremos que pase y poner los medios para que ocurra, en lugar de perdernos en elucubraciones y desesperarnos por una opción única que nos hemos hecho en la cabeza sin ver otras muchas opciones posibles que pueden darse.

Cuando nos preocupamos, ponemos nuestro foco en aquello que nos perturba y mental y emocionalmente adquiere más importancia cuanto más pensamos en ello. Y,  al final, lo que queremos evitar, se va haciendo más grande.

Que nos lleguen alertas sobre futuras situaciones es muy beneficioso porque, en muchos casos, nos ayudará a evitar posteriores problemas e incluso,  sobrevivir. La capacidad de prever del ser humano no sólo es muy útil sino necesaria y se puede aprender. Sin embargo, si estas alertas las tomamos como preocupaciones nos pueden limitar y bloquear más que favorecer.  La preocupación nos puede llevar a un estado de tensión y estrés, de negatividad y de ansiedad que puede que nos desborde.

¿Y qué podemos hacer para dejar de preocuparnos y ocuparnos en lo que sea necesario? Por ejemplo, hacer un mapa mental con diversas alternativas sobre lo que puede ocurrir, planteando diferentes escenarios. Así comenzamos a ocuparnos en el problema, empezamos a anticiparnos y a poner los medios para evitar aquello que no deseamos. O al menos, a diseñar estrategias para, dado el caso, que suceda lo que no queremos, preparar la forma de actuar más sana para nosotros y nuestro entorno.

Ahora bien, nos puede costar mucho ponernos frente a la situación que nos preocupa desde diferentes puntos de vista y plantear alternativas distintas a la que está permanentemente ofuscando nuestro pensamiento. De hecho, con obtener sólo una alternativa bajará la intensidad de la ansiedad que nos genera. "Ya no es lo que estamos pensando que va a pasar sí o sí".

Con el fin de utilizar alternativas diferentes, podemos utilizar la técnica de los "6 sombreros para pensar" de Edward de Bono, y podemos utilizarla de forma grupal (que es como se definió) si queremos compartir la problemática con un grupo y también de forma individual. Nosotros mismos podemos tratar de ponernos en la posición a la que hace referencia cada sombrero y generar desde ahí una alternativa a nuestra situación inicial.

Otra herramienta ¿Y sí...? nos sirve para abrir opciones, aunque puede darnos un doble juego del que hemos de ser conscientes. Podemos utilizarla en nuestra contra, poniendo todos los "y si" alineados a nuestro problema, o poniendo el "y si" para darnos nuevas perspectivas y crear supuestos diferentes que nos permitan ampliar el abanico de posibilidades a desarrollar o a prever.

Por ejemplo, nos dice nuestro jefe que quiere hablar con nosotros en el despacho.

  • Opción 1 habitual: ¿Y si me va a echar la bronca por algo?
  • Opción 2 alternativa: ¿Y si me quiere proponer un nuevo reto?

¿Qué está en mi mano? Hay aspectos que no dependen de nosotros: llueve, viene un cliente gritando, se rompe la impresora justo en el momento más oportuno... Lo que hagamos al respecto sí que depende de nosotros. Cómo nos lo tomemos, la importancia que le demos, la gestión emocional que hagamos va a ser clave para afrontar las distintas situaciones que el futuro nos traiga.

Para disfrutar del presente os invito a vivirlo, y si estamos pensando en mañana, nos estamos perdiendo hoy. Ocupémonos de lo que podemos hacer hoy, que mañana ya llegará. 

¿Quieres ocuparte más que preocuparte?

Te espero aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Muchas veces nos encontramos envueltos en conversaciones que bien podrían ser monólogos realizados por las distintas personas que se han reunido. Saber conversar y conversar mejor supone un arte en el que no se puede ser espectador sino actor.

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Por este motivo, mantener una comunicación más participativa supondría evitar algunas cuestiones clave:

  • El orgullo: el exceso de estimación propia nos impide ponernos al mismo nivel de los demás porque implica cierta superioridad y puede que nos haga inaccesibles a sus ojos. Puede llevar a una personalidad narcisista.
  • El desinterés: ¡cuántas veces nos hemos pillado diciendo para nuestros adentros… me importa bastante poco lo que me dices, ¿para qué me lo cuentas?, ¿por qué a mí?, ya me ha cogido por banda… No querer escuchar es el principal síntoma de las No-conversaciones.
  • El negativismo: es difícil conversar con alguien muy negativo para el que todo lo que se diga sea menospreciado, o sea una complicación, o sea un desastre. Suele llevar a justificar lo que se diga y puede resultar agotador.
  • La superficialidad: muchas conversaciones tratan de cuestiones con fondo, en las que profundizar. Quedarnos en la superficie, no querer entrar en un tema nos puede hacer perdernos la esencia de lo que nos quieren contar, o lo que de verdad nos quieren decir, además de que si no lo hacemos nunca (¡aunque es muy rico y necesario a veces!), nos costará mostrarnos como personas coherentes e íntegras.
  • La impaciencia: querer acabar pronto, completar las frases, acelerar la conversación para ir al grano, interrumpir mientras el otro está tratando de explicarse, la ansiedad por irse situando el cuerpo ya hacia una salida, puede resultar poco confortable y no sirve para nada.
  • La susceptibilidad: tomarse las cosas como algo personal impide que se ponga el foco en el otro, que sólo nos miremos a nosotros y a cómo nos afecta los que nos han dicho, percibiendo todo como una crítica.
  • El perfeccionismo: bien para pensarse mucho lo que decir y cómo decirlo pues ralentiza la conversación, como para redecir de veinte formas diferentes lo mismo. ¿Llegará un momento en el que lo dicho sea perfecto?
  • La razón: tener la razón siempre limita las posibilidades de abrirnos a nuevos mundos, a la creatividad, a que pueda ser de otra manera. Además, tras expresiones categóricas suele haber un silencio en busca de vías para poder seguir conversando. “¡Porque lo digo yo!”
  • La inseguridad: “casi mejor me callo, así no meto la pata”. ¿A caso no tenemos opinión de todo? Para conversar será necesario arriesgarse y dar nuestro parecer, sin hablar no podemos ser convincentes. Como se suele decir, mejor pedir perdón que pedir permiso.
  • El etiquetado: cuando nos hacemos una primera impresión, cuesta mucho cambiarla. Y ya nos pueden explicar que si no nos abrimos a que pueda ser diferente, no lo será.
  • El malhumor: cuando estamos malhumorados nos cuesta escuchar al otro y más que hablar parecerá que ladremos. Como cantaba el grupo Tenesse, ¡vete! ya no aguanto tu malhumor.
  • La antipatía: expresada como falta de empatía, que no comprende las emociones del otro, que las rehuye y le incomodan. Ignorar los sentimientos de los demás, hacen que buena parte de la comunicación se pierda, ya que el lenguaje es sólo una pequeña parte, el tono, el timbre, el ritmo…en definitiva, la paralingüística va a venir muy influenciada por la emoción sobre lo que se está diciendo.
  • El monopolio: uno solo no puede jugar un partido de tenis. Solo habla una persona y cuando se quiere meter baza, vuelve a hablar de nuevo ella un rato más,… ¿para conversar no hacen falta al menos dos? ¿Y esto no iba por turnos?

Poniendo alertas a estas cuestiones para que nos avisen de cuándo se están dando en nosotros o en los otros, podremos reconducir nuestras conversaciones y éstas serán mucho más agradables para todos los partícipes de las mismas.

¿Quieres disfrutar de una mejor comunicación y de mejores relaciones?

Te espero en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Querido compañero,

¿Cuándo escuchas a alguien realmente estás escuchando o estás pensando?

Saber Escuchar, con mayúsculas, de manera verdadera lo que alguien está diciendo es todo un arte.

Cuando se practica una escucha activa o una escucha completa, quien escucha está más enfocado en la otra persona más enfocado en ti que en mí. Empiezo a saber y sentir quién eres por escuchar tu expresión completa.

Hoy quiero compartir algunas claves para que practiques este tipo de escucha:

  • Escucha la expresión completa de tu interlocutor/a. No interrumpas a la persona que habla, escuchale de principio a fin.
  • Pider precisión y/o clarificación para verificar lo que no hayas entendido. Es importante tener cuidado cuidado con nuestras percepciones, interpretaciones o lo que imaginamos que la otra persona nos indica. Si tenemos cualquier duda, es conveniente pedir aclaración y de esta forma saber que lo que realmente nos quiere indicar quien habla.
  • No caigas en las presuposiciones: nuestra propia experiencia 'filtra' lo que escuchamos.
  • Evita soluciones inmediatas o querer arreglar el problema. A menudo, cuando escuchamos a alguien solemos saber lo que necesita o es mejor para él y solemos dar soluciones. Pero realmente, con esta conducta, nos equivocamos, ya que nadie mejor que uno mismo sabe lo que quiere y lo que le conviene.
  • Evita juzgar. ¿Quién soy yo para juzgar o catalogar a otro?
  • Evita dar consejos salvo que te los pidan. Cuando alguien habla, la mayoría de las veces solo necesita y quiere ser escuchado, desahogarse o compartir algo.
  • Evita interrumpir a quien habla y menos para dar tu opinión. Si interrumpimos al que habla lo normal es que pierda el hilo de lo que dice. Además, se sentirá poco atendido.
  • Evita rechazar lo que esté sintiendo el otro. A los participantes de mis cursos siempre les pongo un ejemplo para explicar esta clave. Les cuento que en una ocasión estuve en un dentista de urgencia un sábado, por lo que no era mi dentista habitual. Llevaba ya dos noches sin dormir a causa del dolor que me producía una muela. Cuando llegué al dentista le comenté lo que me pasaba y me dijo: “No pasa nada”. ¿Cómo que no pasa nada? Pensé. Este dentista no me dio confianza y me fui. Él bien podría haberme dicho: “Entiendo lo que te pasa, yo voy a ayudarte para que estés mejor…” pero no lo hizo y sentí malestar.

El desafío de la escucha implica: ¿Estás realmente escuchando? o ¿Estás preparando tu respuesta y esperando tu turno para hablar? ¿Cómo puedes practicar una escucha activa?

Estoy siempre a tu disposición si quieres comentar tu caso o que responda a tus dudas y preguntas. 

Te acompaño con pasión hacia tu éxito.

Milagros García.

Hubo un tiempo en el que había maestros que enseñaban la profesión a sus aprendices para que pasaran a ser ellos mismos maestros, dando así sostenibilidad y continuidad a sus negocios.

La evolución ha llevado a valorar de nuevo a las Personas, creyendo en sus capacidades no solo presentes sino también futuras.

Hoy queremos proactividad, entornos que hagan más fácil el trabajo, ganas para ir a trabajar, talento y conocimientos para sacar adelante nuestras empresas. Ahora los directivos nos formamos en liderazgo, gestión de equipos, empowerment, para ser mejores “jefes”, tener a la gente más contenta, tener buenos resultados de calidad, etc.

Sabiendo que todo esto es de mí hacia fuera, yo me pregunto, ¿qué tengo que trabajar yo para ser ese mejor líder, ese mejor acompañante de mis colaboradores que les ayude a desarrollar y dar lo mejor de sí mismos? ¿Me conozco? ¿Sé cómo afectan mis decisiones, mis comportamientos, mi gestión de los buenos y malos momentos? ¿Sé lo que me perturba y lo que me resulta tremendamente sencillo en la gestión de mi equipo?

Y es que mi equipo funciona de alguna forma como yo defino, se estresa si me estreso, se preocupa por lo que yo me preocupo, se alegra cuando estoy contento. Es decir, soy modelo.

Soy responsable

Y entonces ¿qué puedes hacer tú?

Puedes comenzar por hacer un autoanálisis. A continuación te dejo unas unas preguntas que seguro te ayudarán:

1. ¿A qué le doy importancia en el día a día y a qué le doy menos?

2. ¿Cómo me siento y qué hago cuando hay algo urgente?

3. ¿Qué expreso cuando hay un resultado que considero como un fallo/error/fracaso y cómo lo gestiono? ¿Lo asumo o busco culpables?

4. ¿Tomo la iniciativa ante las situaciones difíciles?

5. ¿Celebro los éxitos conseguidos?

6. ¿Soy autoexigente para cumplir los horarios, las fechas límite y los objetivos?

7. ¿Me centro en el resultado o en el proceso para conseguirlo?

8. ¿Dedico tiempo a ver, escuchar y sentir a mi equipo? ¿Me parece importante?

9. ¿Cómo traslado o comunico a los demás las necesidades o las tareas a realizar?

10. ¿Me pongo en el lugar de quien lo recibe para saber adecuarme en mi discurso?

11. ¿Me aseguro de que mi mensaje ha llegado correctamente?

12. ¿Exijo y facilito no necesario para conseguirlo?

13. ¿Veo las situaciones inesperadas como retos o como dificultades?

14. ¿Promuevo que haya libertad para expresar opiniones diferentes o para realizar cambios en la forma de trabajar que puedan ser más eficientes?

15. ¿Me quedo en el dato puntual o tengo visión global?

16. ¿Tomo las riendas o voy detrás de ellas? ¿En qué situaciones?

17. ¿Estoy yo motivado para abordar mi día a día?

18. ¿Cómo de comprometido estoy yo con mi trabajo y lo que aporto a la empresa?

19. ¿Yo soy creativo?

20. ¿Cómo desarrollo mi autoridad? ¿Cuánto uso el “porque lo digo yo”?

Y todas estas preguntas, que provienen de las diferentes áreas: comunicación, dirección, motivación, liderazgo, autoridad, gestión del tiempo, etc. ¿Cómo las vive tu equipo?

Seguro que se te ocurren muchas preguntas más para este autoanálisis. Te invito a compartirlas y que las comentemos juntos.  ¿De qué eres responsable?

Te espero en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Querido compañero, ¿Crees que son importantes los objetivos? ¿Qué tienes en cuenta a la hora de fijar tus metas? Para empezar, te diré que está demostrado que, en la medida en que un ser humano va acometiendo y alcanzando los objetivos que se fija, es más feliz. Y tú, ¿quieres ser más feliz?
    metas-y-objetivos-de-empresa[1]
    Quisiera compartir contigo la técnica SMART-E para fijar objetivos. Te aseguro, que si la empleas, sentirás confianza y no la frustración por no conseguir tus objetivos. Sigue leyendo y sabrás cómo puede beneficiarte aplicar esta técnica.
  • S de Específicos: tus objetivos han de ser más concretos posibles. "Quiero ser feliz" ¿De verdad consideras que este objetivo es concreto? En este punto, antes de formular el objetivo, viene otra pregunta, el qué. ¿Qué es para ti ser feliz? La respuesta podría ser: tener un coche impresionante. Pero sigue siendo una respuesta poco específica, imprecisa, por lo que tendrías que seguir preguntándote ¿Qué es para mí un coche impresionante? Y así sucesivamente hasta conseguir una respuesta totalmente concreta.
  • M de Medibles: ¿cómo sabrás que vas avanzando a tus objetivos, que los alcanzas? Utiliza indicadores con los que puedas chequear el qué punto del camino hacia tu(s) objetivo(s) estás. ¿Estás al inicio? ¿En mitad del camino? ¿A punto de lograrlo? ¿Cómo lo sabes?
  • A de Ambiciosos: para que, cuando lo consigas, te haga sentir más que orgullo. El objetivo, realmente, tiene que tener un valor extra para ti. Tu objetivo ha de suponerte un reto porque, si te resulta demasiado fácil, acabarás por no importancia. Y créeme: los siguientes pasos serán la apatía,  la desgana para emprender el camino...  Y esto es precisamente lo que hay que evitar si queremos estar plenamente motivados para actuar. Un objetivo debe empujarnos a su logro, y su importancia debe convertirlo en necesidad hasta en los momentos más difíciles.
  • R de Realistas: tienes que poder lograrlo. Un chico con 16 años dice: "el año que viene seré el mejor cirujano del mundo" ¿Realista? Es muy importante  que un objetivo no sea tan costoso como para hacerte caer en la frustración si no lo puedes conseguir. Tienes que poder abordarlo, aunque sea dividiéndolo en pequeñas etapas. Si es demasiado idealista, el no tener los pies en la tierra, te impide afrontarlo desde tu realidad actual.
  • T de Temporizados: es imprescindible que el objetivo esté acotado en el tiempo. Si es un objetivo sin plazos, es un objetivo eterno.
    Por mi parte, además de esta técnica, procuro emplear otra: la Ecología. Según una de las acepciones que recoge la RAE, 'ecología' hace referencia a "una parte de la sociología que estudia la relación entre los grupos humanos y su ambiente, tanto físico, como social". Por tanto, y aplicándolo al tema que nos ocupa, se trata de que tus objetivos no se opongan a tus intereses en otras áreas, sino que tienen que producir un bienestar en ti y en tu alrededor.
    Algunas preguntas que te ayudarán a evaluar la ecología de tu objetivo en el momento en que lo estás fijando es  ¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes de tu estado actual para ti y tu entorno? ¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes de lo que quieres conseguir para  ti y para la gente de tu alrededor?
    Y tú, ¿qué vas a tener en cuenta para fijarte tus objetivos cotidianos? Y a medida que los vayas consiguiendo ¿qué vas hacer con su logro?
    Estoy siempre a tu disposición si quieres comentar tu caso o que responda a tus dudas y preguntas.
    Te acompaño con pasión hacia tu éxito.
Milagros García