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¿Te cuesta delegar?  ¿Te cuesta mucho tomar decisiones? ¿Crees que haces las cosas mejor que los demás?

Foto de pixabay

Hoy quiero hablarte de "la importancia de dejar de ser perfeccionista" y lo hago porque me estoy encontrando muchas personas a mi alrededor tanto alumnos, como compañeros y familiares que se empeñan en ser perfectos y esto, les está robando, entre otras cosas, muchas oportunidades de lograr nuevos éxitos.

El perfeccionismo, según la RAE, es la tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado. Algunos sinónimos serían: concienzudo, detallista, exigente, cuidadoso, prolijo, exacto, minucioso…

¿Eres una persona perfeccionista? Emol nos recuerda que en diciembre de 2013 The Huffington Post publicó un artículo en el que indicaba 14 signos característicos de las personas perfeccionistas que a continuación paso a explicaros:

  1. Siempre estás dispuesto a agradar. Desde que somos pequeños nuestros mayores, nos premian y castigan en función de nuestros éxitos o logros, por lo que se incentiva el querer gustar y agradar.
  2. Sientes que nunca es suficiente. Un perfeccionista siempre siente que algo les falta y que no consiguen lo que desean, ya que la perfección no existe.
  3. Tienes un alma culpable. Un perfeccionista no se deja ver, no muestra cómo es en realidad, ya que no muestra su fragilidad, ni su vulnerabilidad.
  4. Te cuesta abrirte hacia los demás. Al buscar la aceptación, evitan tocar con los demás sus inseguridades, miedos o debilidades.
  5. Te gusta dilatar. Un perfeccionista teme equivocarse y fracasar, luego dilatan la toma de decisiones y posponen tareas.
  6. Ser del "montón" te pone nervioso. Los perfeccionistas quieren ser los mejores y sobresalir entre los demás.
  7. Criticas a los otros. Una manera de defenderse un perfeccionista es juzgando o etiquetando a los demás, su exigencia les lleva a no aceptar en los demás lo que no aceptan de sí mismos.
  8. Apuntas siempre a lo grande. Un perfeccionista no se arriesga si no piensa que juega a caballo ganador, si no piensa que el proyecto será exitoso.
  9. Lloras sobre la leche derramada, aunque sabes que no debes hacerlo. Los perfeccionistas no admiten los errores y cuando cometen alguno lo toman como un gran fracaso por muy pequeño que sea.
  10. Disfrutas con los errores de los otros. Al no aceptar sus errores cuando otros los cometen se sienten mejor, otro de sus lemas es “mal de muchos consuelo de todos”.
  11. Tomas todo a modo personalUn perfeccionista en lugar de ver el problema cada vez que pasa algo piensan que son el problema.
  12. Sientes nostalgia de tu época escolar. En la época colegial conocíamos fácilmente quien iba bien o mal en los estudios por las notas y esto les hacía sentir seguros a los perfeccionistas.
  13. Te pones a la defensiva cuando te critican. Un perfeccionista se esfuerza mucho por cuidar su imagen y tienden a defenderse ante la más mínima crítica.
  14. Sabes que buscar la perfección te hace daño, pero crees que es el precio que debes pagar por el éxito. Desde su niñez les dicen que “lo que cuesta es lo que vale”. Este es uno de los lemas de un perfeccionista.

El perfeccionismo aunque para muchos puede resultar una conducta positiva puede en realidad provocar serios daños colaterales. Te indico algunos daños que padecen los perfeccionistas:

Pueden presentar problemas físicos. La Universidad de Brock, en Ontario tras un estudio elaborado sobre la relación entre perfeccionismo y salud física de 492 personas, de entre 24 y 35 años de edad, concluyeron que las personas perfeccionistas son más propensas a sentirse mal, y a quejarse de falta de sueño, dolor y fatigas que aquellas que no lo son. E incluso, presentar problemas digestivos, intestinales, cefaleas tensionales, jaquecas, dermatitis, etc.

Un perfeccionista presenta una baja autoestima y una falta de confianza y seguridad, como he indicado rechazan cualquier error, fracaso e imperfección, nunca están conformes con lo que consiguen.

Además de que son personas que temen mucho un fracaso y necesitan siempre ser perfectos y como todo esto es imposible de lograrse en cada momento, pueden sentir mucha frustración e incluso, llegar a estados depresivos.

Los perfeccionistas quieren todo bajo control y son obsesivos. Las personas demasiado perfeccionistas podrían llegar a tener el temido trastorno obsesivo-compulsivo.

También las personas perfeccionistas son pesimistas al marcarse objetivos poco realistas y muy altos, su exigencia les obliga a esforzarse tanto por sus metas que les impide disfrutar de cada momento.

En el artículo paradoja del perfeccionismo puedes ver más síntomas físicos y emocionales.

Thomas Curran nos recuerda que nuestra peligrosa obsesión por el perfeccionismo está empeorando.

Después de lo que acabo de compartir ¿qué vas a hacer para dejar de ser perfeccionista? ¿Cuándo vas a empezar a hacerlo?

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso, yo te responderé a cualquier duda o pregunta que quieras realizarme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

Recientemente he tenido un aprendizaje importante, que ocurre, como en muchas ocasiones, cuando las situaciones inesperadas nos desestabilizan: "Aquellas cosas que no aprecias realmente, las puedes perder fácilmente".

 perder

Aunque puede sonar sentencioso, lo cierto es que me he dado cuenta que puede ocurrirnos en diferentes ámbitos de la vida. Si no cuidas una relación porque empiezas a no apreciar a esa persona o no aceptas varios de sus comportamientos, es muy posible que esa relación muera y que esa persona desaparezca de tu vida. Si no tienes verdadero aprecio por tu trabajo, lo irás desestimando y puede que el rendimiento que vayas consiguiendo sea cada vez menor, llevándote a un posible despido o un abandono. Como dice Porta, un joven rapero español, en su canción "Aprecia lo que tienes" antes de que sea tarde.

Cuando tenemos algo que consideramos de gran valor, lo protegemos, lo guardamos como si fuera un tesoro, lo mimamos, lo sacamos a la luz para que brille, presumimos y hablamos de ello con pasión y admiración.

Esto me ha llevado a preguntarme y os invito a hacer lo mismo, ¿a qué cosas materiales no tenéis verdadero aprecio? ¿A qué personas no profesáis verdadero afecto? y después, ¿por qué lo seguís manteniendo? ¿Cuál es el beneficio de mantenerlo? ¿Nos hace más feliz? 

A veces no nos atrevemos a avanzar y salir de la comodidad de nuestra zona de confort porque el cambio nos genera incertidumbre, "tener que" movilizarnos y hacer algo diferente a lo que venimos haciendo. ¡¡Cuesta!!

Éste es el momento de apelar a nuestro interés por el crecimiento personal y también profesional (si es en este ámbito en el que no estamos apreciando nuestro tiempo dedicado a ello con la pasión que nos haría felices), en definitiva, plantearnos qué queremos para nuestra vida.

 Vaciarse

Para poder evolucionar muchas veces hemos de vaciarnos de aquello que ya no nos sirve, aunque en su día fuese muy necesario e importante para nosotros. Ya tuvo su función. Existe una fábula oriental que nos explica la importancia de vaciarse. Aquí os la dejo.

Vaciarnos para poder llenarnos de nuevas perspectivas, actualizarnos, acoger a nuevas personas que pueden enriquecernos, descubrir nuevos caminos, permitirnos pequeños cambios, pequeñas acciones diferentes, que nos apetecen y no nos atrevíamos a realizar, y que van ampliando nuestro Ser, nuestras capacidades, despertando inquietudes y dejándonos volar y soñar.

 Qué quieres en la vida

La invitación, por tanto, es a:

  • Revisar lo que tienes a tu alrededor y valorar tu nivel de aprecio por ello. Revisar todo: lo tangible y lo intangible, como el cariño hacia ciertas personas, la confianza con un determinado grupo, el ambiente en el trabajo...
  • Separar lo que no aprecias realmente de lo que aprecias de verdad y esto último, ¡¡cuidarlo!!
  • Sobre lo que ya no aprecias de igual forma, decidir qué quieres y qué eres capaz de hacer por mantenerlo en tu vida y qué no te atreves a hacer para alejarlo de tu vida.
  • Agradecer el tiempo pasado y la utilidad ofrecida mientras estuvo a tu lado. Y despedirnos. En muchos casos podemos elegir el nuevo destino de algunas de las cosas de las que nos desvinculemos.
  • Respirar profundamente y plantearnos qué nuevos aspectos queremos que entren en nuestra vida.
  • Enfocarnos en ellos, plantear un plan de acción para conseguirlo y fluir para lograr que sean nuestros nuevos compañeros en el camino de la vida.

¿Cómo quieres que sea tu vida? ¿Qué quieres que tenga? ¿Qué ya no es necesario?  ¿Qué vas a hacer para lograrlo?

Con todo esto, ¡felicidades! estás avanzando y, como siempre, yo te acompaño en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

 

Me he encontrado en varias empresas que en momentos en los que hay que pensar en alguien para un puesto o un proyecto nos dejamos llevar por la gente que conocemos, por las referencias de determinadas personas que a nivel técnico conocen la tarea, o por las potencialidades que vemos en algún colaborador. Sin embargo, a veces no conocemos si esas personas quieren o no acudir a esos proyectos, si quieren desplazarse, si están interesados en cambiar de departamento, etc.

tirar de la cuerda

Por este motivo, para no quemar a nuestros colaboradores, para no frustrar las expectativas de desarrollo que puedan tener y, también, para mantener el acuerdo que ambas partes en su día firmamos para trabajar juntos, hemos de conocer a nuestros equipos.

Una buena opción para recopilar esta información de forma centralizada, es dejar anotaciones en los informes que cada uno de nuestros colaboradores tiene dentro de la empresa. Hay herramientas informáticas muy útiles para ello.

Esta tarea puede realizarse por parte de RRHH (si hubiera) o por parte de la propia dirección, mediante una recogida en cascada (según el organigrama).  Dejar constancia de lo hablado en las reuniones de evaluación de desempeño, o en las de firma de condiciones de contratación, nos resultará de gran utilidad para después, en los momentos de toma de decisiones, poder avanzar habiendo tenido en cuenta a todos.

Algunas cuestiones a saber sobre nuestro colaborador:

  • Si quiere salir al extranjero o cambiar de ciudad (y no sólo si tiene movilidad)
  • Si quiere cambiar de departamento
  • Si está planteándose tener familia
  • Si quiere ascender o promocionar
  • Si está conformes con la retribución económica y no económica
  • Si se siente valorado y qué le falta o necesita para sentirse así
  • Si quiere aprender nuevas tareas en nuevos proyectos
  • Si quiere asumir nuevas responsabilidades
  • Etc.

Por supuesto, será más fácil acertar con las preguntas sobre sus intereses sabiendo los intereses que la propia empresa tenga o prevea para el futuro de la misma.

trabajo en el mundo

Pongamos un ejemplo. La empresa se encuentra, como muchas hoy día, tratando de abrir mercado en el extranjero. Necesita localizar a las personas que estén dispuestas a viajar o pasar largas temporadas fuera, incluso ir previendo que se puedan desplazar como lo que se llama “expatriados”.

Habrá que tener claros los perfiles profesionales adecuados. Comerciales, técnicos, directivos… En definitiva, los puestos necesarios para desarrollar el proyecto allí. Entonces, buscaremos a las personas que puedan cubrir esos puestos sabiendo sus condicionantes y sus intereses que nos permita dar sostenibilidad al proyecto.

Si no las tenemos en el momento, habrá que ir formándolas y preparándolas o habrá que contratar nuevo personal para que llegado el momento, el salto tenga éxito (De la promoción interna y externa y sus beneficios e inconvenientes hablaré en futuros posts).

Por tanto, para no encontrarnos con los incómodos casos de “yo vine aquí para hacer esto y ahora me mandan hacer esto otro”, “ahora que ya me he instalado me dicen que me vaya a otra ciudad”, “yo ya tengo bastante con lo mío como para meterme en otra cosa”, o “acabo de tener un bebé y tengo que estar viajando todo el día que ni le veo”, etcétera, será de gran utilidad ir conociendo a nuestro equipo para cuando nos sea necesario.

¿Por qué es beneficioso interesarse por nuestros colaboradores? Porque lo más probable es que si no tenemos en cuenta estas cuestiones, nuestros colaboradores en lugar de dar lo mejor de sí mismos para el buen desarrollo de la empresa, comenzarán a decaer en su motivación y en su sentido de pertenencia en la misma. Y porque cuestiones como conciliación, se demuestra cada día que son factores clave para retener el talento y para el crecimiento empresarial.

Y tú, ¿conoces a tu equipo?

Recuerda que te espero en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Querido compañero,

¿Cuándo escuchas a alguien realmente estás escuchando o estás pensando?

Saber Escuchar, con mayúsculas, de manera verdadera lo que alguien está diciendo es todo un arte.

Cuando se practica una escucha activa o una escucha completa, quien escucha está más enfocado en la otra persona más enfocado en ti que en mí. Empiezo a saber y sentir quién eres por escuchar tu expresión completa.

Hoy quiero compartir algunas claves para que practiques este tipo de escucha:

  • Escucha la expresión completa de tu interlocutor/a. No interrumpas a la persona que habla, escuchale de principio a fin.
  • Pider precisión y/o clarificación para verificar lo que no hayas entendido. Es importante tener cuidado cuidado con nuestras percepciones, interpretaciones o lo que imaginamos que la otra persona nos indica. Si tenemos cualquier duda, es conveniente pedir aclaración y de esta forma saber que lo que realmente nos quiere indicar quien habla.
  • No caigas en las presuposiciones: nuestra propia experiencia 'filtra' lo que escuchamos.
  • Evita soluciones inmediatas o querer arreglar el problema. A menudo, cuando escuchamos a alguien solemos saber lo que necesita o es mejor para él y solemos dar soluciones. Pero realmente, con esta conducta, nos equivocamos, ya que nadie mejor que uno mismo sabe lo que quiere y lo que le conviene.
  • Evita juzgar. ¿Quién soy yo para juzgar o catalogar a otro?
  • Evita dar consejos salvo que te los pidan. Cuando alguien habla, la mayoría de las veces solo necesita y quiere ser escuchado, desahogarse o compartir algo.
  • Evita interrumpir a quien habla y menos para dar tu opinión. Si interrumpimos al que habla lo normal es que pierda el hilo de lo que dice. Además, se sentirá poco atendido.
  • Evita rechazar lo que esté sintiendo el otro. A los participantes de mis cursos siempre les pongo un ejemplo para explicar esta clave. Les cuento que en una ocasión estuve en un dentista de urgencia un sábado, por lo que no era mi dentista habitual. Llevaba ya dos noches sin dormir a causa del dolor que me producía una muela. Cuando llegué al dentista le comenté lo que me pasaba y me dijo: “No pasa nada”. ¿Cómo que no pasa nada? Pensé. Este dentista no me dio confianza y me fui. Él bien podría haberme dicho: “Entiendo lo que te pasa, yo voy a ayudarte para que estés mejor…” pero no lo hizo y sentí malestar.

El desafío de la escucha implica: ¿Estás realmente escuchando? o ¿Estás preparando tu respuesta y esperando tu turno para hablar? ¿Cómo puedes practicar una escucha activa?

Estoy siempre a tu disposición si quieres comentar tu caso o que responda a tus dudas y preguntas. 

Te acompaño con pasión hacia tu éxito.

Milagros García.

Ofrecer servicios o vender productos supone un acto de 'dar'.

A veces, nos encontramos con desánimo para estar en el puesto de trabajo ya sea por  pensamientos acerca de la bajada en las compras, por creencias y valores no compartidos con el producto o la empresa a la que representamos, por deseos de encontrarnos en otro lugar que no sea el del puesto de trabajo, esperando que pasen las horas...

Es como si dejásemos de estar presentes. Pero si no estamos presentes es difícil que nos reconozcamos nuestro buen trabajo o que los demás nos valoren. Además, perdemos las ganas de saludar a quien entra por la puerta, de poner la mejor de nuestras sonrisas acogiendo a quien llega, cayendo poco a poco en cierta apatía por nuestro trabajo.

Nos despersonalizamos y podemos llegar a convertirnos en máquinas dispensadoras incapaces de reconocer al cliente, llegando a creer que estamos ahí situados para que nos den dinero y le demos lo que piden sin más intercambio.

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Por este motivo, creo que es importante no olvidar el sentido de 'dar' al que hacía referencia al inicio y recuperar la posición de ofrecimiento que forma parte de nuestra función como comerciales, personas dedicadas a la atención pública, personas que trabajan en tiendas, restaurantes, etc…

-        Hay quien da poco de lo mucho que tiene buscando el agradecimiento, pero su deseo oculto corrompe sus dones.

-        Hay quien poco tiene y que lo da por entero.

-        Hay quien da sin más, sin pensar en perjuicios o loas.

-        Hay quien dan con alegría, y esta alegría es su recompensa.

Y es que podemos dar de diversas formas, y nosotras proponemos dar:

·         Reconociéndonos y reconociendo a la persona a la que damos

·         Aportando generosidad

·         Con la actitud de querer dar

·         Con conciencia en lo que estamos haciendo

“Bueno es dar cuando se es solicitado pero mejor es dar sin ser solicitados, por comprensión; y buscar al que ha de recibir es para los generosos, una alegría más grande que el mismo don” (Khalil Gibran)

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Elegimos no ser máquinas dispensadoras que despachan de forma impersonal,  y  atender, manteniendo y fomentando la relación entre las personas que somos, siguiendo, por ejemplo, las pautas que os ofrecíamos en nuestro post en relación a las buenas prácticas en la atención al cliente.

Y vosotr@s, ¿qué dais en vuestro trabajo, en vuestro día a día? ¿qué ponéis de vosotr@s mism@s en lo que hacéis de forma proactiva y no reactiva?

Recuerda que te espero en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Hubo un tiempo en el que había maestros que enseñaban la profesión a sus aprendices para que pasaran a ser ellos mismos maestros, dando así sostenibilidad y continuidad a sus negocios.

La evolución ha llevado a valorar de nuevo a las Personas, creyendo en sus capacidades no solo presentes sino también futuras.

Hoy queremos proactividad, entornos que hagan más fácil el trabajo, ganas para ir a trabajar, talento y conocimientos para sacar adelante nuestras empresas. Ahora los directivos nos formamos en liderazgo, gestión de equipos, empowerment, para ser mejores “jefes”, tener a la gente más contenta, tener buenos resultados de calidad, etc.

Sabiendo que todo esto es de mí hacia fuera, yo me pregunto, ¿qué tengo que trabajar yo para ser ese mejor líder, ese mejor acompañante de mis colaboradores que les ayude a desarrollar y dar lo mejor de sí mismos? ¿Me conozco? ¿Sé cómo afectan mis decisiones, mis comportamientos, mi gestión de los buenos y malos momentos? ¿Sé lo que me perturba y lo que me resulta tremendamente sencillo en la gestión de mi equipo?

Y es que mi equipo funciona de alguna forma como yo defino, se estresa si me estreso, se preocupa por lo que yo me preocupo, se alegra cuando estoy contento. Es decir, soy modelo.

Soy responsable

Y entonces ¿qué puedes hacer tú?

Puedes comenzar por hacer un autoanálisis. A continuación te dejo unas unas preguntas que seguro te ayudarán:

1. ¿A qué le doy importancia en el día a día y a qué le doy menos?

2. ¿Cómo me siento y qué hago cuando hay algo urgente?

3. ¿Qué expreso cuando hay un resultado que considero como un fallo/error/fracaso y cómo lo gestiono? ¿Lo asumo o busco culpables?

4. ¿Tomo la iniciativa ante las situaciones difíciles?

5. ¿Celebro los éxitos conseguidos?

6. ¿Soy autoexigente para cumplir los horarios, las fechas límite y los objetivos?

7. ¿Me centro en el resultado o en el proceso para conseguirlo?

8. ¿Dedico tiempo a ver, escuchar y sentir a mi equipo? ¿Me parece importante?

9. ¿Cómo traslado o comunico a los demás las necesidades o las tareas a realizar?

10. ¿Me pongo en el lugar de quien lo recibe para saber adecuarme en mi discurso?

11. ¿Me aseguro de que mi mensaje ha llegado correctamente?

12. ¿Exijo y facilito no necesario para conseguirlo?

13. ¿Veo las situaciones inesperadas como retos o como dificultades?

14. ¿Promuevo que haya libertad para expresar opiniones diferentes o para realizar cambios en la forma de trabajar que puedan ser más eficientes?

15. ¿Me quedo en el dato puntual o tengo visión global?

16. ¿Tomo las riendas o voy detrás de ellas? ¿En qué situaciones?

17. ¿Estoy yo motivado para abordar mi día a día?

18. ¿Cómo de comprometido estoy yo con mi trabajo y lo que aporto a la empresa?

19. ¿Yo soy creativo?

20. ¿Cómo desarrollo mi autoridad? ¿Cuánto uso el “porque lo digo yo”?

Y todas estas preguntas, que provienen de las diferentes áreas: comunicación, dirección, motivación, liderazgo, autoridad, gestión del tiempo, etc. ¿Cómo las vive tu equipo?

Seguro que se te ocurren muchas preguntas más para este autoanálisis. Te invito a compartirlas y que las comentemos juntos.  ¿De qué eres responsable?

Te espero en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills