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La diferencia entre el pasado, el presente y el futuro es sólo una ilusión persistente.

Como te explicamos en nuestro último artículo, las buenas acciones mueven el mundo. Y las buenas acciones generan en nosotros ilusión, satisfacción, bienestar y emociones agradables. Nos entra un cosquilleo interior, se nos pone una sonrisa tierna, a veces hasta se nos pone el bello de punta. Hacer cosas buenas, nos sienta bien y nos estimula.

La ilusión, además, nos ayuda a conseguir nuestros propósitos y es necesaria para nuestro desarrollo personal y profesional.

Photo by Almos Bechtold on Unsplash

Según Google, la ilusión se define como la esperanza, con o sin fundamento real, de lograr o de que suceda algo que se anhela o se persigue y cuya consecución parece especialmente atractiva.

La ilusión nos permite superarnos y superar dificultades, porque como dice Marian Rojas-Estapé en su libro "Cómo hacer que te pasen cosas buenas", "la manera de afrontar los problemas de cada día influyen en el resultado. La actitud determina el resultado".

Ilusionarnos activa nuestro cerebro, nos predispone, nos alienta y embauca de forma positiva hacia el cumplimiento de metas y al logro de deseos, motivándonos.

Por eso es tan necesario tener ilusión, así que te dejo 7 claves para mantener la ilusión en tu vida:

Revisa tu sistema de creencias sobre tu vida. ¿Un obstáculo es para ti un problema o un reto? Según tus creencias y pensamientos, se activan o desactivan células de tu cuerpo que van a llevarte a estar más o menos sano, a sentirte mejor o peor, como demuestran diferentes estudios, por ejemplo, los de Bruce Lipton. Por tanto, revisa tus creencias y detecta cuáles son limitantes para trabajar sobre ellas y que te permitan seguir avanzando.

Es igual si te lo imaginas que si lo vives. Nuestro cerebro y nuestro cuerpo no sabe diferenciar entre lo que es real y lo que no lo es. Lo vivimos de la misma forma y lo sentimos como si fuera verdad. Por eso, estemos atentos a lo que soñamos, cuidemos lo que nos imaginamos que pasará, porque seguramente lo atraigamos. Así que ¡imagina todo aquello que sí quieres que ocurra!

Lo que dices y cómo lo  dices importa. Como ya te compartí en nuestro artículo, nuestra voz interior nos puede apoyar al logro de nuestros objetivos o nos puede boicotear. Así que dite cosas bonitas, háblate con cariño y piensa en positivo.

Sigue soñando. Tener retos por cumplir, una lista de acciones a realizar antes de morirte, ideas que a veces desestimas pero que son recurrentes, rescátalas y vívelas porque si las comienzas a vivir, quizá un día se hagan realidad. De hecho, hay quien dice que comiences a vivir como si ya hubieras logrado aquello que deseas.

Atrévete. Las grandes decisiones siempre van asociadas a un punto de miedo, un miedo que superamos con ilusión, con esa fuerza que nos lleva a saltar obstáculos. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Si tienes miedo es porque realmente te importa que salga bien, o es determinante para ti, y si pones todo tu empeño, saldrá mejor.

Muévete. Toda ilusión requiere de una acción. A veces hay que escribir un whatsapp a alguien para decirle "te quiero", "¿quedamos?" y hacerlo nos reconforta y estimula a la vez. No dejes de decir todo lo bueno que sientes y deseas a los demás. Puede que no sea su momento para recibirlo, por lo que hazlo con empatía. Pero dar ese primer paso puede ser la chispa para recuperar tu ilusión. ¿Qué te nace del corazón hacer o decir?

Déjate sorprender. Las cosas son así o pueden ser de otra manera. Incluso tú mismo vas cambiando. Cuando queremos tener seguridad, necesitamos un punto de esperanza ante la incertidumbre en la que dejar que la vida nos sorprenda, para que nos lleguen mensajes inesperados, para descubrir algo nuevo, para dejar la puerta abierta a la ilusión.

Eduard Punset dice que "en la búsqueda, en la expectativa, radica la mayor parte de la felicidad”. ¿Quieres ser más feliz? ¡Ilusiónate!

Y ahora, en tiempos de Navidad, más se habla de ilusión porque es una época de reencuentros, de recuerdos, de recuperar el niño/a que llevamos dentro, de relativizar, de soñar… Así que, no dejes escapar la ilusión de la Navidad y mantenla durante todo el año.

Raquel Bonsfills

La creación de ideas o tan solo el permitirnos hacer algo de forma diferente nos suele costar, ya sea por la costumbre adquirida o por miedo.

Las excusas más frecuentes parten de frases del tipo “yo no soy creativo”, “no puedo”, “total, si no va a funcionar”, “nadie me comprende”, “mis ideas no se tienen en cuenta”, "ya empezaré más tarde"… Bien porque alguna vez los hechos nos hayan dado la razón o bien porque nos resistimos a salir de nuestra zona de confort, nos cuesta atrevernos ante situaciones nuevas o propuestas nuevas.

En este vídeo de Inknowation nos explicaban cómo avanzar hacia el futuro, partiendo de nuestra zona de confort:

Y es que soñar es el primer paso para ponerse en marcha en una dirección. Y para ello muchas veces hemos de decirnos a nosotros mismos "¿y por qué no?" Aunque animarnos a ese primer paso sea tan costoso...

Recuerdo que, siendo yo pequeña, mi abuela hizo su primer pato con uvas pasas. En aquel momento y como niña que era, mi primera reacción fue “¡aaahhhggg, si está dulce!”  Entonces mi abuela me invitó a probarlo un poco más, a sacarle el gusto, a que me abriera a aquello que era diferente. Hoy soy una fan de las comidas agridulces, y pruebo para tener el criterio propio o la capacidad de decisión de seguir con ello o desecharlo (si queréis probar, aquí tenéis unas cuantas recetas).

Extrapolando esto al día a día, creo que es importante abrir la puerta a lo nuevo, a lo que nuestra intuición nos insta a abordar, a dejarnos llevar por la ilusión y por  la tensión creativa. Ya sea en proyectos empresariales, en abrir nuevas áreas de negocio, realizar una pequeña modificación en un producto, variar la forma en la que dar formación o en la que ir al trabajo cada día. Y es que pequeñas diferencias obtienen grandes resultados además de ser muy positivo para la regeneración de nuestras neuronas.

Tenemos ejemplos en todas partes: desde Apple para quien el tamaño importa, primero haciendo ordenadores más pequeños para luego pasar del móvil a la tablet haciéndolo un poco más grande, hasta Danone, que después de animarnos a meter una cucharilla en un Petit Suisse pone yogures más grandes para meterlos al congelador y tener helado. Porque a veces, tan solo es cuestión de imaginación, de necesidad o de buscar alternativas a un mismo producto... 

 Para ello, unas pautas que os invito a practicar son:

·         Preguntarnos  ¿y si…?

·         No juzgar lo que se nos ocurra

·         Tener una libreta a mano para no dejar escapar las ideas

·         Plantearnos ¿qué es lo peor que podría pasar?

·         Tener en cuenta las posibles reacciones

·         Poner alertas ante los “no puedo” que nos digamos para cambiarlo por ¿y si pudiera?

·         Preguntar lo que dudemos y pedir lo que necesitemos

·         Como tenemos opinión sobre todo lo que ocurre, sin necesidad de tener más conocimiento o menos, exponer el caso como si fuera de otra persona y contestarnos a la pregunta ¿en este caso, tú qué harías?

·         Y leer Los niños estaban solos el cuento de Jorge Bucay para extraer nuestra propia moraleja.

 

Si bien es cierto que yo tuve el apoyo y acompañamiento de mi abuela, tanto en las empresas como en nuestro entorno personal podemos contar con estupendo modelos, coaches, mentores y líderes facilitadores que nos ayuden a dar ese primer paso.

¡Atrévete y confía en ti!

Cuando fue la última vez que dijiste ¿y por qué no?

Te espero en el camino del crecimiento!

Raquel Bonsfills