Tag Archives for disfrutar

¿Cuánto hace que no te ríes a carcajadas o pones caras sin tener en cuenta lo que puedan decir de ti? ¿Cuánto hace que no te dejas llevar por las aventuras de un buen libro olvidándote hasta de comer o volver a casa? ¿Cuánto hace que no te olvidas de tus responsabilidades aunque sea por un ratito? ¿Cuanto hace que no disfrutas como un niño?

Jugar en el parque

Mi madre de niña decía que no entendía por qué cuando la gente se casaba se volvía seria. Cuando se casó comprendió que era porque la gente se sumía en las responsabilidades de llevar un hogar, criar unos hijos, afanarse en el trabajo, y aunque se podía disfrutar y mucho en familia, quizá se lo tomaban todo muy en serio.

Una forma de recuperar esa sonrisa de niño, restando solemnidad a lo que hacemos (lo que no tiene por qué restar compromiso e implicación en lo que hagamos), es recuperando aquello que hacíamos de niños. Por eso, hoy quiero compartiros una reflexión sobre lo que suponía para nosotros jugar en los columpios:

  • Al principio necesitábamos ayuda para comenzar a movernos y nos apoyábamos en las personas en las que confiábamos como nuestros padres, amigos, y demás personas cercanas. Ellas también nos empujaban a conseguir lo que deseábamos.
  • Después íbamos cogiendo fuerzas según íbamos valiéndonos de nuestros propios recursos: cuanto más impulso te dabas con las piernas, más alto llegabas. Podíamos avanzar nosotros solos.
  • A veces, teníamos una sensación en el estómago mitad adrenalina y mitad vértigo que se acrecentaba cuanto más recorrido tenías. Querer llegar a lo más alto e ir viendo que lo consigues, puede tener ese efecto.

Tocar el cielo

  • No importaba ir para atrás porque eso nos permitía tomar más impulso para a la vuelta llegar a tocar el cielo. Lo volvíamos a intentar una y otra vez hasta que llegar al punto en el que sentíamos que lo habíamos logrado: nuestro objetivo.
  • La sensación de fluidez, con el aire rozando las mejillas y el pelo al viento, nos dejaba soñar con volar. Y parecía que se paraba el tiempo por un momento como si sólo nosotros estuviéramos en ese instante. Un momento de plena satisfacción. En este caso, muchos aprovechábamos para avisar a quienes estaban cerca para que nos mirasen, y compartir y celebrar con ellos el éxito.
  • A veces, nosotros mismos decidíamos saltar desde lo más alto al suelo, algo atrevido y con resultado incierto, según cómo cayéramos. A ésto también aprendíamos.
  • Otras veces, los descuidos, el desconocimiento o nuestra inexperiencia nos hacían golpear a otras personas que pasaban cerca (aunque algunos lo hacíamos a propósito).
  • La mayor parte de las veces, el propio mecanismo nos llevaba a ralentizar el ritmo para volver a la realidad, donde quizá otro niño estuviera esperándonos o esperando poder también volar.
  • Sin embargo, en este escenario, algunas personas, más que animarse a probar, se dedicaban a esperar y a mirar los sueños de los demás. ¿Quizá por miedo?

Espera

Permitirnos volver a subirnos a un columpio, recuperar nuestra maestría en el arenero como nos enseñan en vídeo de más abajo, volver a pasear persiguiendo mariposas, descubriendo el entorno con curiosidad, dejar volar sin límites nuestra creatividad, definir nuestro propio vocabulario, como está realizando María Graciani con su Motivulario, apoyarnos en quienes nos impulsan y nos ayudan a sacar lo mejor de nosotros mismos para alcanzar nuestros sueños, restar importancia a los obstáculos y aprender de ellos, persistir para lograr el éxito.

¿Quieres recuperar lo que ya sabías de niño?

Te espero en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Hemos hablado muchas veces de la necesidad de fluir, de ser como el bambú que puede llegar a tocar el suelo si hay un vendaval y que puede volver a enderezarse cuando sale el sol. Es decir, se mueve al son de las inclemencias del entorno manteniendo sus cualidades y utilizando de la mejor forma sus recursos.

fluir_bambu

El sentido de fluir, para mí, tiene una connotación de armonía en cualquier circunstancia, de disfrute de la vida en cada momento. Incluso nos proporciona una mayor energía en nuestro cuerpo, que se mantiene en continuo movimiento, como nos cuentan desde la kinesiología y el Jin Shin Jyutsu.

Mihaly Csikszentmihalyi, psicólogo húngaro, definió el concepto de flow (fuir o estado de flujo) como la capacidad de concentrar la energía psíquica y la atención en planes y objetivos de nuestra elección, como comenta en la entrevista que le hace Eduard Punset.

¿Alguna vez te has sentido tan centrado en la tarea, en la conversación con un amigo, en la que parecía que no hubiera más mundo alrededor (estabas como en una burbuja) y cuando has mirado el reloj te has dado cuenta de que han pasado incluso horas?

Se ha comprobado que estas experiencias óptimas de disfrute pueden darse en cualquier situación, incluso en el trabajo. Y como nos cuenta Ovidio Peñalver en su libro Emociones colectivas, hay una serie de elementos necesarios para que se produzcan las experiencias óptimas de disfrute:

  • Actividad desafiante que requiere de nuestras habilidades para desarrollarla.
  • Alta concentración en lo que hacemos.
  • Metas claras y retroalimentación (feedback) inmediata de cómo vamos en su consecución.
  • Alta capacidad para involucrarse sin sensación de esfuerzo. No hay miedo al fracaso.
  • Despreocupación por perder el control.
  • Pérdida de la autoconciencia. Nos olvidamos de nosotros mismos.
  • Alteración en la sensación del tiempo.

Podríamos decir que es la forma de vivir el aquí y ahora, con conciencia y permitiéndonos perder la consciencia deleitándonos con lo que estemos haciendo. ¿Y cómo se hace?

Profundizar en técnicas de control mental como el mindfullness, que nos permite mejorar nuestro estado de concentración y volver al presente, descartando los pensamientos del pasado y del futuro, o los ajenos a lo que estemos haciendo en ese momento.

Parar y relajarnos. Observarnos en lo que estamos haciendo en ese momento, tomando conciencia, poniendo los pies en la tierra, escuchando al otro si estamos en una conversación o a nosotros mismos relatando lo que estamos haciendo y los pensamientos que nos llegan sobre lo que estamos haciendo, conectándonos cómo nos sentimos en ese momento, detectando el olor, el sabor, el tacto de lo que tengamos entre manos y del ambiente.

Y como decía Mihaly, para fluir más es esencial prestar más atención a lo que hacemos desde la mañana a la noche, y tratar de averiguar qué cosas nos hacen sentir mejor y qué cosas nos hacen sentir peor en la vida. Después, intentar organizar nuestra vida de forma que empecemos a hacer más de aquello que nos hace sentir mejor y menos de lo que nos hace sentir peor, como contaba en la entrevista que le hicieron desde Neuronilla.

¿Quieres fluir y disfrutar de la vida?

Te espero en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills