Las prisas nos son buenas, como dice Fito en su canción "Soldadito marinero" o como decía Fernando VII, según lo cuenta Benito Pérez Galdós "vísteme despacio que tengo prisa".

El mundo gira muy deprisa, parece que llegamos tarde a los cambios que hacen falta en las empresas y que las personas tratamos de subirnos al carro del futuro, pero vamos siempre un paso por detrás. Y ¿por qué tenemos esa sensación de "no llego" o me siento presionado a actuar? Porque cada uno necesita un tiempo para adaptarse, para afrontar los cambios o para decidir qué prefiere.


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Existe en psicología lo que se denomina la técnica del banco de niebla. Es una  técnica que se utiliza para parar y no reaccionar de manera impulsiva ante una situación desagradable, una crítica o un enfrentamiento. Es como si meternos en esa nube, nos ayuda a darnos un tiempo para tomar conciencia de nuestras emociones, para centrarnos y preparar una respuesta más adecuada. Este tiempo puede ser diferente para cada persona.

Además, en el caso de afrontar situaciones nuevas, no siempre nos sentimos tan fuertes como para gestionar la incertidumbre y nos sentimos vulnerables. Tener un tiempo para prepararnos, para capacitarnos, formarnos, tratar de conocer lo hasta el momento desconocido, indagar, respirar, tomar distancia y perspectiva, puede ser un gran aliado para ganar confianza ante lo que nos venga.

¿Cómo podemos darnos tiempo?

Primero de todo habría que decir que sí, que podemos darnos tiempo. Algunas personas piensan que hay que dar la respuesta inmediatamente, que no pueden decir, "mañana te lo digo" porque eso bajaría su profesionalidad. Sin embargo, cuando empiezan a practicar el darse tiempo de forma consciente, se dan cuenta que la respuesta es mucho más eficiente porque le ha permitido valorar cuestiones que seguramente con las prisas no hubiera podido.

Una de las claves para darnos tiempo es programarlo. Podemos incluir dentro de nuestra jornada laboral un tiempo para leer, para reflexionar, para pensar, para nosotros mismos. Así surgirán seguramente ideas más valiosas.

Prever el tiempo que las personas necesitan. Si hay que realizar un cambio, es necesario prever el tiempo que llevaría el cambio. No podemos pretender que 200 personas cambien su modus operandi en 3 meses cuando lo vienen haciendo de forma diferente 20 años. Habrá que dar a conocer lo que se va a cambiar, probarlo, ir cogiendo confianza, detectar las dificultades, seguir avanzando, hacerlo cada vez mejor con la práctica y así hasta coger el nuevo hábito. A mayor cambio, mayor tiempo para desaprender y volver a aprender lo nuevo.

Cada persona es diferente. Igual que cada persona aprende a distinto ritmo, también actúa más o menos pausadamente, necesita más tiempo para pensar en las posibles consecuencias hasta tomar una decisión más acertada según su criterio. Dejar que las personas se tomen el tiempo que necesiten dará mejores resultados. Conócete y conoce a tu equipo.

Excusarse para salir de la situación. Pedir un momento para ir al aseo, salir de la sala en la que estemos, nos permite tomar distancia respecto a la situación de conflicto. Salir a que nos dé el aire es importante para actuar de forma más sosegada, soltar la energía negativa y volver con una nueva mucho más clarificadora, que nos ayudará a comunicarnos más asertivamente con lo que podremos mantener mejor nuestras relaciones interpersonales.

Darnos tiempo no es perder el tiempo. La ansiedad no es buena compañera de viaje. Todos preferimos la serenidad. El tiempo lo estamos dedicando a cuidar de nosotros.

Con esto no quiero decir que no haya que correr cuando toca, o que no por tomarnos un tiempo vayamos a quedarnos parados. Nos mantenemos actuando sobre aquello que haya que tratar pero desde una nueva situación, con una mirada más comprensiva y compasiva. Porque a veces, hay que bajar el ritmo.

Como dice Jeff Foster en su libro "La senda del reposo", deja de presionar para que te lleguen las respuestas, deja que todo descanse. Permite que por ahora esas respuestas queden sin responder.  Date espacio a ti mismo para respirar y deja que todo esté fuera de control, permítete no ser capaz de mantener todo en su lugar. Permítete no saber cómo, no saber nada. Todo está tan bien cuando te relajas…

¿Cómo vas a darte tu tiempo? ¿Qué vas a hacer para permitírselo a los demás?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills