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20 Febrero, 2017

Querido compañero,

¿Para qué es importante la confianza? ¿Cuándo es importante que generes confianza?

Ya en otro de mis artículos hablé de la importancia de la gestión por confianza para las organizaciones, como diría José María Gasalla, la  confianza puede  ser  entendida  como  una  virtud  social  o  como  un  activo  potencial  intangible que se caracteriza por:

  • Creer en uno mismo, en el entorno, en los demás.
  • Está basada en la autoestima personal.
  • Permite ser a cada uno como realmente es.
  • Si se cometen errores, se pueden reconocer públicamente.
  • Supone aprender continuamente, desde la humildad.
  • Funciona como un valor a partir del cual derivan unas competencias, a cada una de las cuales vienen asociados determinados comportamientos. Es decir, según sea nuestra confianza, así actuaremos.

La confianza es la seguridad o esperanza firme que alguien tiene de otro individuo o de algo. También se trata de la presunción de uno mismo y del ánimo o vigor para obrar. Por ejemplo: “Este hombre no me inspira confianza, creo que no voy a aceptar el trato”, “Juan le dio su confianza y ella lo traicionó”, “Tengo la confianza necesaria para derrotar al rival”.

La confianza es el pilar sobre la que se construyen las relaciones. Incluso nuestro éxito profesional depende de la confianza que generemos en los otros. Vivimos en sociedad y necesitamos generar confianza en los demás para que quieran estar con nosotros.

Por lo tanto, tener autoconfianza nos lleva a:

  • Sentirnos más seguros.
  • Ser más competentes.
  • Mostrar nuestras capacidades y habilidades con naturalidad.
  • Estar más receptivo y más alerta a lo que el cliente puede demandar.
  • Mostrar profesionalidad.
  • Y sobre todo, tener confianza en uno mismo nos hace más confiable.

Hoy en día, en general para que un cliente adquiera nuestros productos o servicios es necesario generar e irradiar confianza. Dada su importancia te voy a proponer diferentes maneras de lograrlo:

  • Conoce todo lo relativo a tu trabajo: los productos y los servicios que realizas. Conoce todo lo relativo al trabajo que vas a desempeñar, además de conocer a tu público objetivo.
  • Aprende técnicas para capacitarte y mejorar tus habilidades personales y profesionales, así como mantener la mejora continua.
  • Prepárate de la mejor manera posible para afrontar el nuevo día.
  • Visualízate como exitoso. Además de ser un tipo de cierre, si eres capaz de visualizar algo es que ya estás en el camino de poder lograrlo.
  • Cuida tu saludo, por ejemplo: sonríe, da una mano firme recta, muestra una postura abierta…
  • Cuida tu postura e imagen y utiliza un lenguaje corporal relajado y elegante.
  • Apóyate en tus puntos fuertes y en las personas que te respaldan.
  • Celebra y valora cada éxito o logro que consigas, esto te animará y mejorará tu actitud.
  • Define objetivos SMART-e cuantos más objetivos te propongas y logres mayor autoconfianza y autoestima vas a desarrollar.
  • Pon tu foco en lo positivo que te ocurre o te puede ocurrir cada día, de esta forma enfocas a tu cerebro con actitud.
  • Trata de dedicarte algo de tiempo para conocerte y valorarte, por ejemplo: cada día piensa lo que has hecho ¿qué has logrado? ¿qué has aprendido? ¿qué te ha faltado? ¿qué vas a hacer la próxima vez?
  • Manifiéstate de forma coherente entre lo que dices, lo que haces y lo que piensas (ser coherente en el saber ser, saber estar y saber hacer). Decir algo y parecer otra cosa, no ofrece confianza.
  • Mira a los ojos del otro constantemente, esto también nos hace parecer confiables, ya que el que miente por lo general no puede mantener nuestra mirada.
  • Cuida mucho lo que dices, por ejemplo: no hables mal de nadie e intenta ser positivo en lo que comunicas y en cómo lo comunicas.
  • Confía más en los demás, de esta manera tendrás más oportunidades de logro. Yo soy de las personas que piensa que cada uno de nosotros en ese momento hacemos lo mejor que sabemos.

¿De qué otras maneras logras mostrar confianza?

Y ya sabes lo que dicen, la confianza puede tardar años en ganarse y un momento en perderse. Y una vez perdida recuperarla puede resultar muy difícil o imposible.

Con el fin de complementar lo que te he comentado, te dejo un vídeo en el que se habla de cómo generar confianza para que un empleado o colaborador sea más productivo en una empresa: Great place to work

 

 

Después de lo que te he compartido ¿qué vas a mejorar para poder tener más confianza? ¿Cuándo vas a empezar a hacerlo?

¡Tú puedes, puedes lograr lo que te propongas, además, te lo mereces!

Te recuerdo que estoy siempre a tu disposición, si quieres hablarme de tu caso y que te responderé cualquier pregunta o duda que quieras hacerme.

No te olvides que te acompaño con pasión hacia el logro de tu éxito.

Milagros García

 

Las emociones. Para algunos, algo con lo que hay que lidiar. Para otros, la esencia de la vida.

Las emociones de nuestro día a día son variadas y variables. Intensas o suaves. Pueden desbordarnos si no sabemos gestionarlas o canalizarlas y algunos quieren, incluso, controlarlas.


Foto de Valeriy Khan

Hoy quiero hacer una reflexión sobre el sentido y la importancia de la gestión emocional. Y también, sobre los beneficios de realizarla. En artículos anteriores ya os compartimos alguna técnica que solemos practicar y que os recuerdo aquí.

Es inevitable sentir. Incluso para los impasibles que creen no sentir nada y que  quizá, estén sintiendo indiferencia. Por eso, con todas las situaciones que vivimos a lo largo del día, podemos sentir numerosas emociones: Desde la paciencia, resignación, agobio, frustración, enfado o tranquilidad para llegar al trabajo en coche o en otro medio de transporte, hasta la alegría de ver al compañero de trabajo que ha vuelto tras una recuperación, la satisfacción por el trabajo bien hecho, la inquietud porque salga bien la presentación de un proyecto, la expectación de que haya clientes que nos permitan crecer como empresa y profesionalmente… y así sucesivamente a lo largo del día.

Entonces, no se trata de negar lo que sentimos sino, como primer paso, de ser conscientes de lo que sentimos. Y después, saber qué hacer con ello.

El cuerpo humano es la máquina más perfecta que existe. Y si sentimos emociones es porque son útiles para nosotros mismos. Por ejemplo, sentir rabia nos recarga de energía para actuar, o sentir tristeza nos permite parar a recuperarnos y cuidar de nosotros. Ahora bien, como todo, en nuestras relaciones y también para nosotros mismos, es importante reconocer el grado de intensidad de la emoción.

Para ello, quiero presentaros el péndulo de las emociones:

Imagina un péndulo colgado del techo o del cielo, en el que estás tú.

Ante los sucesos de la vida habrá situaciones que te alejan, que te acercan, que te mueven. El péndulo oscila hasta cierto radio con relativa comodidad. Es nuestra zona de confort emocional. Zona en la que podemos manejar la situación y la emoción. Tenemos cierta flexibilidad, somos capaces de cambiar de sentido y nuestra energía con menor esfuerzo. Es una zona en la que nos manejamos y en la que nos conocemos cómo reaccionamos. Es una zona en la que socialmente nos podemos relacionar mejor. Por suerte, estamos es esta zona la mayoría del tiempo.

Sin embargo, hay ocasiones o temporadas en las que nos sentimos más desbordados, como superados por nuestras emociones, incómodos. Y eso es porque el péndulo está cerca de los  extremos. Más alejado del centro.

En esa situación, nuestra capacidad de maniobra es mucho menor. Estamos como en una situación forzada en la que no podemos estar mucho tiempo. Nuestro cuerpo estará estresado, incluso cuando sea por un elevadísimo nivel de alegría o euforia (porque en esa situación también disminuye nuestra capacidad de estar alerta).

El ejercicio que tendremos que hacer para sentirnos mejor será el de hacer que el péndulo vuelva al centro, a la zona de confort emocional. Ésa es la gestión emocional. Según la intensidad de partida en la que nos encontremos, así será la actuación que tengamos que realizar para lograrlo.

Por ejemplo, si nuestro radio de confort emocional llega hasta una intensidad del 3 y estamos es un nivel 5 de rabia, a lo mejor con respirar profundamente, salir a que nos dé el aire, cambiar de postura o reconocer porqué nos hemos enfadado es suficiente para volver a nuestra zona de confort emocional. Sin embargo, si nuestra rabia está en una intensidad del 8, a lo mejor hemos de canalizar toda esa energía acumulada y soltarla, por ejemplo, saliendo a correr a modo de sprint, o golpear un saco de boxeo, pegar un buen grito, romper papeles con saña…etc. Como ves, canalizar la energía de la rabia no es tomarse un tranquilizante. Y siempre puedes ponerte la canción más relajante del mundo, que reduce la intensidad de la emoción en un 65%.

Por tanto, entre los beneficios que tiene realizar una buena gestión emocional, siguiendo la herramienta del péndulo, podremos encontrar:

  • Mayor consciencia de cómo estamos, cómo nos sentimos y en qué grado de intensidad de la emoción.
  • Mayor facilidad para encontrar las técnicas más adecuadas para volver a la zona de confort emocional en cada momento.
  • Mejores relaciones sociales. Porque con una mejor gestión, en lugar de alejar a los demás de nosotros, sabremos alejarnos nosotros para no contagiarles nuestra emoción de forma desmedida. Y volver a ellos de una forma más regulada.
  • Tomamos mejores decisiones. Está demostrado que las emociones afectan a nuestra toma de decisiones. Con emociones mejor gestionadas podremos tener una mayor perspectiva de las situaciones, salir del foco del problema para enfocarnos a las mejores soluciones.
  • Capacidad de responder frente a reaccionar. En el extremo del péndulo es probable que reaccionemos, porque está más limitada nuestra capacidad de actuación. Es un momento en el que estaremos de forma más rígida y saldrán nuestros instintos primarios, especialmente de supervivencia. Al volver al centro, podremos responder con mayor confianza y tranquilidad.
  • Evitaremos que se haga una reacción en cadena de emociones Si yo contesto mal a alguien, de forma desmedida frente al suceso ocurrido, esa persona probablemente se vea afectada por nuestra respuesta. Si no hace una buena gestión emocional, se quedará molesta también. Y acudirá a alguien contándoselo, con lo que ya hay un tercero incómodo. Y así sucesivamente. Parar esta cadena en nosotros será el principio del bienestar de todos.
  • Mejora la calidad de nuestro trabajo. Un trabajo hecho con ansiedad, o con depresión, o con alegría desmedida será un trabajo con más errores, con menor precisión en los detalles. A veces entregado más rápido y a veces con mayor demora, dependiendo de la emoción que esté con esa mayor intensidad. En cualquier caso, será un trabajo peor que si lo hacemos con serenidad, con atención, con cuidado,…

Después de lo que te he compartido. ¿En qué punto del péndulo emocional estás? ¿Hasta dónde llega tu zona de confort emocional?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills