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Puede parecer un poco extraño en estos tiempos que vivimos en el que tanta relevancia se da al liderazgo y a ser el mejor, el primero, etc., que quiera centrarme en el “número dos”. Pero es que tanto organizaciones en general, como departamentos y equipos de trabajo necesitan grandes “números dos”. ¿Por qué?

  • Porque hace mejor al líder y al resto del equipo.
  • Porque asume responsabilidades de líder cuando éste necesita ayuda para cubrirlas de forma eficiente.
  • Porque ayuda a enfocar las tareas, aconsejando al líder en su gestión.
  • Porque ejerce de interfaz o pasarela entre el líder y el resto del equipo, generando o mejorando el equilibrio del equipo en su conjunto, modulando las relaciones entre el líder y el resto del equipo.
  • Porque aporta una perspectiva diferente especialmente cuando las cosas no salen, convirtiéndose en “consejero” del líder y del equipo.

Por propia experiencia puedo decir que todos los puntos antes mencionados se cumplen. Y esto no significa que el líder pierda valor.

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Foto de Unsplash

De los puntos anteriores, me gustaría centrarme precisamente en el papel de interfaz o pasarela. Ese nivel adicional de confianza que supone un “número dos” reduce enormemente la distancia entre el líder y el equipo, genera un mejor ambiente de trabajo y ayuda a aumentar la productividad.

En cuanto a las tareas, es capaz de repartir trabajo sin quitarse lo que a sí mismo le corresponde, organiza, revisa, etc.

Y en cuanto a la parte personal con el equipo, es aquel que cuando hay conflicto genera unión, escucha las dos versiones con empatía y da claves para que ciertas situaciones no se enquisten o empeoren. Muchas veces no tenemos a quién contarle nuestros problemas, pero encontrar a alguien en la estructura del equipo capaz de entender las dos partes, ayuda a resolverlos antes.

Para un líder, encontrar a su número dos no es tarea fácil. En ocasiones se crea un equipo de cero, y sin buscarlo, poco a poco esa figura del número dos aparece por sí sola. Si eso ocurre, es porque la relación de confianza que comentaba anteriormente sale de forma natural, y el hecho de no existir imposición para ese puesto, hace que todo fluya mejor. Los organigramas tienden a colgar del jefe de proyecto a ciertos responsables de área. En teoría todos ellos deberían ser número dos, pero de todos ellos suele haber uno que es el verdadero número dos, y tanto más cuando el resto del equipo así lo reconoce. En mi opinión, alguien que haya liderado equipos anteriormente cumple mejor con ese papel de número dos, ya que es capaz de ponerse en la situación del líder con más facilidad.

El aumento de la productividad en las organizaciones y los equipos de trabajo con la existencia de un gran número dos es evidente en tanto en cuanto ese número dos asume el papel de segundo líder, haciéndose más responsable si cabe de ciertos aspectos, descarga de trabajo al líder, pudiéndose éste centrar en otras áreas que requieran más atención. Esa delegación de tareas es clave, y mucho más cuando un líder puede delegar completamente en su número dos, sin tener que dedicar tiempo a su supervisión. Muchas veces es como si hubiera dos líderes y no uno. Cuando eso se logra, el equipo avanza, y lo hace de forma más sólida.

En el terreno deportivo hay muchos ejemplos: En estos años en los que el Real Madrid o el Barcelona han cosechado tantos títulos, todos sabemos que sus números uno han sido Cristiano Ronaldo y Messi, ¿pero creéis que hubieran conseguido los mismos éxitos sin otros talentos como Sergio Ramos, Modric, Iniesta o Luis Suárez? Lo que está claro es que en un equipo puedes ser el mejor, pero bien acompañado se consiguen mayores logros.

Y… ¿Os imagináis a Sherlock Holmes sin Watson? ¿O a Han Solo sin Chewbacca?...

Os animo a qué tratéis de identificar a vuestro alrededor esos “número dos” que enriquecen, mejoran y aportan valor a vuestros equipos.

Ricardo González Rivero

Ingeniero técnico industrial

Una vez pasadas estas fechas navideñas en las que todos, en mayor o menor medida, hemos tenido compromisos familiares, con amigos, con los compañeros de empresa, etc., quería daros mi opinión sobre la puntualidad, algo a lo que todos nos hemos referido alguna vez, un concepto que forma parte de nuestras vidas desde niños.

la puntualidad

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Todos tenemos adquirido lo que significa ser puntual, y seguramente si a cada uno de nosotros nos preguntaran qué entendemos por puntualidad o ser puntuales, con certeza nos acercaríamos sorprendentemente a la propia definición que aporta la Real Academia Española: "Cuidado y diligencia en llegar a un lugar o partir de él a la hora convenida" y "cuidado y diligencia en hacer las cosas a su debido tiempo".

El significado de puntualidad en sí mismo ya es importante, sin embargo son sus consecuencias lo que hacen del concepto algo realmente relevante. Y lo digo porque si bien la puntualidad puede auto aplicarse, por ejemplo, cada uno de nosotros puede responsabilizarse de realizar en los plazos previstos las tareas que nos hayamos puesto en nuestra agenda, la puntualidad resulta más notable cuando afecta a dos o más partes. Es ahí cuando el hecho de llegar, partir o hacer las cosas a su debido tiempo, traspasan el factor tiempo y entran en juego otros conceptos como pueden ser: derecho y obligación, respeto, eficacia, orden, control, etc.

Y sí, muchas veces banalizamos el ser o no puntuales. Obviamente todos los escenarios no tienen el mismo nivel de importancia. No es lo mismo perder un avión por llegar 10 minutos tarde a la puerta de embarque, que hacer esperar a unos amigos esos mismos 10 minutos cuando se ha quedado a comer. Las consecuencias no son las mismas, pero vienen provocadas por el mismo hecho.

Tenemos el derecho de tener esa reunión, esa comida o esa charla a la hora convenida, y a su vez tenemos que obligarnos a que suceda así, ya que la otra parte tiene el mismo derecho que nosotros. Y es también una señal de respeto hacia la otra parte, de poner en valor el tiempo que nos dedican los demás.

¿Quién no tiene un amigo o conocido que llega tarde a las citas sistemáticamente? ¿Cuántas veces nos hemos quejado de tener que esperar en el médico o de retrasos en el transporte público? En realidad, a todos nos molesta tener que esperar cuando nosotros estamos a la hora establecida, y el hecho de estar es una muestra de orden interior, de saber organizar nuestro tiempo para que los sucesos ocurran como están planeados.

Lo mismo ocurre en el ámbito laboral: ser puntual a la entrada al trabajo, en la llegada a reuniones con colaboradores, clientes, proveedores, etc., en los tiempos fijados  de inicio y fin de esas reuniones, en el cumplimiento de las tareas en el momento establecido o antes, son características que demuestran ese orden y que aporta una confianza adicional. Además, la puntualidad redunda en la eficacia en la realización de tareas, y posibilita que los plazos se cumplan, las facturas se cobren, los clientes regresen, etc.

puntualidad respeto

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Y vuelvo a lanzar preguntas similares en este ámbito profesional: ¿cuántas veces nos hemos quejado de ese proveedor que nos prometía tener ese producto o tarea en una fecha concreta, y que se retrasa una y otra vez? ¿Qué opinarán nuestros clientes cuando nosotros hacemos lo mismo?

Puede que no demos a la puntualidad todo el valor que merece, pero estoy convencido de que si ponemos empeño en esta tarea, que además no supone un esfuerzo adicional, ni físico, ni emocional, ni financiero, seguro nos servirá para dotarnos de más control, organizarnos mejor, y hacer que los demás nos vean como personas cumplidoras, ordenadas y confiables.

Algunas claves para ser puntual que os pueden ayudar son:

  • Averigua cuánto tiempo te puede llevar realizar cada tarea y deja un margen para no pillarte en caso de que se demore más de lo que esperabas.
  • En las reuniones deja claro a todos los asistentes, por anticipado, el orden del día para así que todos vayan preparados a las mismas. Y si algún tema se prolonga, valora el dejarlo para una nueva reunión.
  • Piensa cómo puede afectar tu demora a los demás o a los proyectos en los que trabajas. ¿Te gustaría que te lo hiciesen a ti?
  • Si te queda un rato libre, no lo llenes con algo que sabes que te puede llevar más tiempo del tiempo que tienes.
  • Realiza las tareas más pesadas en los momentos en los que tengas más energía y las más ligeras en los momentos en los que estés más cansado.
  • Vigila tus ladrones del tiempo: propios y ajenos.

Os dejo como colofón final algunas frases que personas ilustres dejaron relacionadas con la puntualidad:

Es difícil mostrarte confiable cuando la gente tiene que esperarte” - WesFesler (jugador y entrenador de fútbol americano y baloncesto).

“Llegar tarde es una forma de decir que tu propio tiempo es más importante que el tiempo de la persona que te espera” - Karen Joy Fowler (escritora).

La puntualidad es una de las virtudes cardinales del negocio: insístela siempre en tus subordinados” -Don Marquis (humorista, periodista y escritor).

Mejor tres horas demasiado pronto que un minuto demasiado tarde” – William Shakespeare (poeta, dramaturgo y actor).

En definitiva, a los que hacéis de la puntualidad vuestra seña de identidad, os felicito por hacer de ella un verdadero valor, y a los que, digámoslo amablemente, la puntualidad no es la mayor de vuestras virtudes, os animo a que empecéis a practicarla porque ya veréis que podréis aprovecharos de todo lo bueno que trae consigo.

¿Qué vas a comenzar a hacer para ser más puntual? Empieza a programarte con eficacia y gestionarás mejor tu tiempo.

Ricardo González Rivero

Ingeniero técnico industrial