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29 enero, 2018

Después de plantearnos los propósitos de año nuevo, es importante comenzar a dar los pasos necesarios para hacerlos realidad. Si no, se quedarán en meros sueños que van pasando de año a año como si de un ideal se tratasen.

Muchos de los aspectos que deseamos conseguir requieren de aprender algo, de capacitarnos mejor en algo o de prepararnos para modificar alguna conducta o comportamiento. Incluso pasan por desaprender para poder aprender algo de una forma más actualizada o más beneficiosa para nosotros o para nuestro entorno.

Plan de formación anual

 

En las empresas ocurre igual. El entorno cambiante hace que nos planteemos objetivos de supervivencia y desarrollo de la organización. Queremos crecer y para ellos las personas que componen las empresas han de crecer también.

Estamos a finales de enero y hay que concretar las acciones formativas que nos permitan acompañar a nuestros equipos en su propio desarrollo, para lograr los objetivos que nos hayamos propuesto para este año y para los próximos.

Realizar el plan de formación es un proceso que parte de la inquietud y de la percepción que la propia Dirección General tenga de la formación. Si lo valora como un coste, un gasto, un premio o un castigo, nunca le dotará los recursos necesarios para hacer crecer a la empresa. Sin embargo, si percibe la formación como una necesidad que requiere una inversión y que posibilita una mayor productividad, mayor seguridad y confianza en la realización de las funciones y por lo tanto, menor absentismo y mejor satisfacción por parte del cliente, al tener mejores respuestas, la formación será un factor determinante a incluir en los presupuestos.

Proceso formación

Es importante partir de una detección de necesidades partiendo del análisis de la empresa en tres niveles:

  1. Organizativo o institucional: Supone analizar la empresa como ente en su conjunto. Revisar sus relaciones con clientes, proveedores y demás agentes externos, así como valorar su posición frente a competidores y según las necesidades y oportunidades que ofrece el sector. Y también realizar un análisis interno de la empresa para revisar las posibles fortalezas y debilidades con vistas a la optimización. Ej. Digitalización de herramientas de atención al cliente.
  2. De negocio: Supone analizar la capacidad de respuesta de la empresa en cuanto a estructura, áreas de negocio, departamentos…y valorar las necesidades de cambios que supongan nuevas competencias a desarrollar. Habrá que estudiar la situación en el momento presente y la situación ideal para el futuro. Ej. Abrir una nueva área de negocio que atienda a los clientes asiáticos.
  3. Operativas: Supone analizar la necesidad de los puestos dentro de la empresa y la adecuación de las personas a los mismos. Además, analizar la incorporación de competencias que permitan la actualización de las personas en sus puestos, adaptarse a nuevos procedimientos, cambios en la cultura empresarial o a las necesidades derivadas de la transformación digital. Ej. Nuevas formas de financiación para ofrecer al cliente final.

De este estudio acerca de la empresa se extraerán las necesidades para la evolución de la misma en el mercado y desde el área de Recursos Humanos o desde los responsables del desarrollo de las personas dentro de la organización, tendrán que detectar las necesidades de formación que habrán de apoyarla.

De esta forma obtendremos las acciones formativas necesarias para abordar en un determinado periodo de tiempo, priorizando las más urgentes e importantes para el buen desarrollo de la organización. Estas acciones habrá que formalizarlas en un plan de formación, normalmente anual anotando el por qué de su necesidad, el para qué se quieren realizar, qué objetivo concreto se quiere conseguir y a quienes va dirigido dentro de la organización.

El presupuesto destinado a la formación de los colaboradores será en muchos casos determinante para definir cómo realizar las formaciones, dado que según cómo se planteen conllevarán diferentes costes. Pueden ser formaciones presenciales, on line, formaciones blended (mezclando la formación presencial con la digital) y habrá queelegir las modalidades de formación más adecuadas según los objetivos y los participantes.

Una vez elegido el formato, se escoge a los formadores. Pueden ser internos o externos a la empresa. Siempre tener en cuenta que estén capacitados para formar a otros, que sepan transmitir la información, que sepan organizarla y que cumplan con los criterios de la empresa en cuanto a valores, políticas y principios a seguir.

Además, hay que hacer un calendario de formaciones. Si tenemos más de una, asegurarse que los participantes podrán asistir, eligiendo el mejor horario y el lugar más adecuado para realizarlas.

Se prepara y diseña la formación, se convoca a los participantes y se realizan las formaciones. Pero no acaba ahí el proceso de formación. Porque eso sería como ir al cine, ver la película y volver al día a día exactamente igual que estábamos antes. Entonces el objetivo de la formación se habría perdido. Hay que evaluar la formación y hacer un seguimiento para asegurarse de la aplicación de nuevos conocimientos, habilidades y actitudes adquiridas.Y por tanto, de los resultados tras la formación para verificar el retorno de la inversión realizada.

Formar al equipo genera siempre un beneficio para la empresa si se traslada ese aprendizaje al día a día. Por eso hay especialistas que ayudan a las empresas a realizar sus planes de formación, hay libros y guías que ayudan a abordarlos paso a paso, e incluso como hacemos en 2miradas, ofrecemos formacionespara los responsables de llevar a cabo la gestión de la formación en las empresas.

Si queremos cambios, hemos de capacitarnos para poder conseguirlos de una mejor manera. Y prepararnos y programar las formaciones que nos hacen falta será clave para conseguir nuestros sueños.

¿Qué vas a comenzar a hacer para desarrollar tu plan de formación? ¿Necesitas ayuda?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Cuando comienza el año lo empezamos con espíritu renovado, con nuevas ilusiones y propósitos. Volvemos al trabajo tras unos días diferentes y lo afrontamos con más ganas o con perspectivas de cambio. Nos apoyamos en los pensamientos de ¿qué queremos para nuestra vida? ¿Es esto?

Y es entonces cuando nos damos cuenta de la realidad del presente, de que tenemos muchas cosas por hacer y a veces, al verlas todas juntas, nos abrumamos. Nos ponemos a todo por esa fuerza que traemos pero a veces, entramos en caos. ¿Y qué podemos hacer para mantener la fuerza en este comienzo del año?

Coger el ritmo al año nuevo

Foto de Brooke Lark en Unsplash

Coger el ritmo. Con tanto por hacer es fácil que nos cansemos pronto. Hemos de coger de nuevo el ritmo. Es como comenzar a correr. Hemos de ir poco a poco. No podremos hacer una maratón el primer día que salimos a correr, ni siquiera tras haberlo dejado de hacer durante un mes. Para ayudarnos a coger el ritmo, podemos utilizar el método Kaizen japonés:

Acordarse de que no estamos solos. Aunque a veces nos sintamos solos, siempre tenemos un vecino amable que nos pasa un cable cuando se nos va la luz. O una persona que nos ofrece una magdalena recién hecha tras una discusión para apaciguar los ánimos y devolvernos la sonrisa.

Trabajar en equipo. Cuando hay mucho que abordar, y no llegamos solos, siempre podemos contar con los demás. La solidaridad y el "hoy por ti y mañana por mí", hace que al final lleguemos a todo juntos y más reforzados como equipo. Eso sí, hay que cuidar el equilibrio entre dar y recibir para no desgastarnos y percibir que la situación es abusiva.

El caos requiere organización. Cuando tenemos muchos frentes abiertos hay que priorizar. Organizar a las personas que nos pueden ayudar en diferentes partes del trabajo, y concretar los esfuerzos a realizar. El elefante que sentimos que se nos viene encima solo nos lo podemos comer a cachitos. Así que, ¡a diferenciar y abordar los trocitos!

Para ello podemos acogernos a diferentes metodologías como las utilizadas en el ámbito industrial, contable o informático. Por ejemplo:

LIFO - FIFO

Imagen de Manteinfo

  • FIFO: "Primero en entrar, primero en salir". Guarda analogía con las personas que esperan en una cola y van siendo atendidas en el orden en que llegaron. También se le denomina «primero en llegar, primero en ser atendido» (del inglés first come, first served o FCFS).
  • LIFO: “Último en entrar, primero en salir”. Guarda analogía con una pila de platos, en la que los platos van poniéndose uno sobre el otro, y si se quiere sacar uno, se saca primero el último que se ha puesto.

Además yo añado algunas que me parecen oportunas por mi experiencia:

  • Primero lo más fácil. Cuando nos está costando ponernos al día, cuando tenemos que coger de nuevo el ritmo, empieza por lo más fácil o más llevadero. Conseguirlo te irá animando e invitando a hacer lo siguiente. "¡A por otra cosa!"
  • Primero las piedras más grandes. Resolver el problema principal, el más pesado, primero. O al menos arrancarlo. Eso nos permite meter otros asuntos en los tiempos que necesitemos para desconectar o en los momentos en los que nuestro cerebro necesita parar porque la atención plena dura un tiempo. O incluso en cocina, cuando pones un guiso o un asado que lleva más tiempo, eso es lo primero que preparas. Después, mientras se hace, vas preparando otras recetas o haciendo otras tareas, como se explica en la historia del frasco y las piedras. Te dejo este vídeo para que veas cómo funciona:

Y sobre todo, recuerda que has de seguir cuidando de ti porque no podrás conseguir tantas cosas como deseas si enfermas o si te olvidas de ti.

Lograr requiere acción. Soñar es solo el principio.

¿Qué vas a comenzar a hacer para adaptarte al ritmo que te permita lograr tus propósitos de este año?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

 

4 diciembre, 2017

Las prisas nos son buenas, como dice Fito en su canción "Soldadito marinero" o como decía Fernando VII, según lo cuenta Benito Pérez Galdós "vísteme despacio que tengo prisa".

El mundo gira muy deprisa, parece que llegamos tarde a los cambios que hacen falta en las empresas y que las personas tratamos de subirnos al carro del futuro, pero vamos siempre un paso por detrás. Y ¿por qué tenemos esa sensación de "no llego" o me siento presionado a actuar? Porque cada uno necesita un tiempo para adaptarse, para afrontar los cambios o para decidir qué prefiere.


Photo by Georgia de Lotz on Unsplash

Existe en psicología lo que se denomina la técnica del banco de niebla. Es una  técnica que se utiliza para parar y no reaccionar de manera impulsiva ante una situación desagradable, una crítica o un enfrentamiento. Es como si meternos en esa nube, nos ayuda a darnos un tiempo para tomar conciencia de nuestras emociones, para centrarnos y preparar una respuesta más adecuada. Este tiempo puede ser diferente para cada persona.

Además, en el caso de afrontar situaciones nuevas, no siempre nos sentimos tan fuertes como para gestionar la incertidumbre y nos sentimos vulnerables. Tener un tiempo para prepararnos, para capacitarnos, formarnos, tratar de conocer lo hasta el momento desconocido, indagar, respirar, tomar distancia y perspectiva, puede ser un gran aliado para ganar confianza ante lo que nos venga.

¿Cómo podemos darnos tiempo?

Primero de todo habría que decir que sí, que podemos darnos tiempo. Algunas personas piensan que hay que dar la respuesta inmediatamente, que no pueden decir, "mañana te lo digo" porque eso bajaría su profesionalidad. Sin embargo, cuando empiezan a practicar el darse tiempo de forma consciente, se dan cuenta que la respuesta es mucho más eficiente porque le ha permitido valorar cuestiones que seguramente con las prisas no hubiera podido.

Una de las claves para darnos tiempo es programarlo. Podemos incluir dentro de nuestra jornada laboral un tiempo para leer, para reflexionar, para pensar, para nosotros mismos. Así surgirán seguramente ideas más valiosas.

Prever el tiempo que las personas necesitan. Si hay que realizar un cambio, es necesario prever el tiempo que llevaría el cambio. No podemos pretender que 200 personas cambien su modus operandi en 3 meses cuando lo vienen haciendo de forma diferente 20 años. Habrá que dar a conocer lo que se va a cambiar, probarlo, ir cogiendo confianza, detectar las dificultades, seguir avanzando, hacerlo cada vez mejor con la práctica y así hasta coger el nuevo hábito. A mayor cambio, mayor tiempo para desaprender y volver a aprender lo nuevo.

Cada persona es diferente. Igual que cada persona aprende a distinto ritmo, también actúa más o menos pausadamente, necesita más tiempo para pensar en las posibles consecuencias hasta tomar una decisión más acertada según su criterio. Dejar que las personas se tomen el tiempo que necesiten dará mejores resultados. Conócete y conoce a tu equipo.

Excusarse para salir de la situación. Pedir un momento para ir al aseo, salir de la sala en la que estemos, nos permite tomar distancia respecto a la situación de conflicto. Salir a que nos dé el aire es importante para actuar de forma más sosegada, soltar la energía negativa y volver con una nueva mucho más clarificadora, que nos ayudará a comunicarnos más asertivamente con lo que podremos mantener mejor nuestras relaciones interpersonales.

Darnos tiempo no es perder el tiempo. La ansiedad no es buena compañera de viaje. Todos preferimos la serenidad. El tiempo lo estamos dedicando a cuidar de nosotros.

Con esto no quiero decir que no haya que correr cuando toca, o que no por tomarnos un tiempo vayamos a quedarnos parados. Nos mantenemos actuando sobre aquello que haya que tratar pero desde una nueva situación, con una mirada más comprensiva y compasiva. Porque a veces, hay que bajar el ritmo.

Como dice Jeff Foster en su libro "La senda del reposo", deja de presionar para que te lleguen las respuestas, deja que todo descanse. Permite que por ahora esas respuestas queden sin responder.  Date espacio a ti mismo para respirar y deja que todo esté fuera de control, permítete no ser capaz de mantener todo en su lugar. Permítete no saber cómo, no saber nada. Todo está tan bien cuando te relajas…

¿Cómo vas a darte tu tiempo? ¿Qué vas a hacer para permitírselo a los demás?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

El tiempo pasa. Las personas evolucionamos y el entorno laboral en el que queremos estar también es diferente.

Tras asistir al evento XLDesafío sobre ‘La Nueva Empleabilidad’ en el Espacio de la Fundación Telefónica el pasado miércoles, quiero compartir algunas reflexiones relacionadas con el panorama que en este encuentro se planteaban.

La cuarta revolución industrial de la que se habla, lleva a plantear que la tecnología va a formar parte de nuestra vida cada vez más, sin embargo, no todo es tecnología. También hay cambios culturales, sociales, políticos, económicos…

empleabilidad
Photo by rawpixel.com on Unsplash

Nos relacionamos de una forma diferente. Incluso en las relaciones de pareja, en las que de algún modo hay algo que no cambia, la capacidad de amar y ser amado, se dan cambios. Desde abrirnos a los diferentes tipos de pareja, a que sea ella quien le invita a bailar a él, hasta la forma en la que nos comunicamos utilizando las posibilidades que la conexión global nos permite para permanecer cerca estando lejos.  

En el entorno laboral también hemos cambiado mucho en los últimos años. Antes estaba mal visto que una persona cambiase de trabajo. Ahora, preguntamos qué le ha llevado al cambio y valoramos como positivo que la persona se esfuerce por conseguir sus sueños y que busque el sitio donde poder aportar el tan apreciado gusto por lo que hace. Ya no queremos ser números dentro de una empresa, no queremos jefes autoritarios que no escuchan y ajenos a las necesidades e ideas de las personas con las que colabora, no queremos que el trabajo sea una pura cuestión económica,…

Buscamos líderes cercanos, humanos, que acompañan a las personas. Los estudios relacionados con la empleabilidad revelan que las personas esperan de sus líderes: transparencia, habilidades de comunicación, menos espacio y distancia entre directivos y las personas (menos jerarquías), un propósito y visión clara de la empresa y la forma de hacer ver a cada colaborador que hace posible y es partícipe del logro de esa visión. Las empresas han de plantearse el objetivo de que ninguna persona se vaya por una mala relación con el jefe, lo que requiere un esfuerzo en la formación para mejorar las habilidades de liderazgo.

Sarah Harmon, directora de Linkedin para España y Portugal dice que cambian continuamente las competencias más buscadas por las empresas año tras año. Las competencias de hace 5 años ya no están ni siquiera en la lista de las más deseadas hoy. Y este ritmo del cambio nos hace llegar casi tarde a las competencias técnicas que se buscan para el desarrollo más productivo de las organizaciones, especialmente en algunos sectores.

Gran parte de los puestos de trabajo en el futuro vendrán del mundo STEM (siglas en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y, posiblemente, sean los mejor retribuidos. José María de Areilza, propone fomentar la "stempatía" porque la tecnología requiere un comportamiento colaborativo donde la empatía es clave, así como relacionarse con respeto, trabajar juntos y poner en común la creatividad.

Por tanto, las competencias en habilidades y actitudinales son las que están aportando más en las empresas: Resiliencia, Gestión del cambio, perseverancia… Y es que lo que tiene valor en el mundo son las ideas y las empresas que aportan más valor, son aquellas que han puesto más ideas en práctica, las que han probado y mejorado procesos y productos, superando el error, las que mejor se han adaptado a la diversidad de las personas, etc.

Ante esta necesidad de ideas, pongo el caso de General Electric, que tiene un área de diseño de motores de avión. Un avión ahorra más combustible siendo más ligero. Pero en el diseño que estaban haciendo se encontraban con la dificultad para rebajar el peso de un motor en su conexión con las alas. A pesar de todas las personas cualificadísimas que podían trabajar ya en la empresa, no daban con ello. Hicieron un concurso abierto y recibieron 600 ideas de diferentes personas de todo el mundo, de las cuales ninguna provino de un ingeniero aeronáutico. Quien ganó se llevó 20.000$ y su propuesta consiguió reducir el peso en un 60%. Solucionado.

El valor de las ideasPhoto by Riccardo Annandale on Unsplash

Por lo tanto, las empresas han de plantearse sus competencias necesarias para el futuro y fomentar el desarrollo profesional para que mañana haya profesionales capaces de abordar los retos del futuro. Y dada la dificultad de prever esas competencias, dado que son tan cambiantes, hemos de capacitar a las personas en su apertura, en el desarrollo de sus talentos, en el aprendizaje continuo, en buscar nuevas oportunidades, en la conexión de ideas para ir más allá de lo obvio, en competencias digitales…

Y también, las empresas, tendrán que apoyar a las personas que dedican su tiempo y su talento en ella apreciándolas y actuando para poner en marcha las mejores ideas. Una persona que aporta ideas que no se llevan a cabo de forma sistemática, se cansa de aportar y también en muchos casos, se va de la empresa. A modo de ejemplo, os dejo este vídeo, en el que podéis conocer a Molly:

 

Hoy somos más sociables y multitareas, estamos acostumbrados a ser nómadas de proyectos o de puestos como dice Santiago Bergareche, Presidente de Vocento. Y comenta que la empleabilidad, el desarrollo del talento y integración laboral son desafíos a los que nos enfrentamos. Estos retos no solo los tenemos que abordar desde la tecnología, aunque la tengamos en cuenta y la utilicemos con sabiduría para lograr crecer y mejorar el mercado laboral.

¿Estás preparado para dirigir la empresa y a las personas de forma diferente, asumiendo los retos que se presentan?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

25 septiembre, 2017

En estos días me he dado cuenta de una distinción importante, que es la que os voy a tratar de compartir. Y ¡nunca mejor dicho!

Muchas veces repartimos tareas, a modo de tú haces esto, yo hago lo otro. Y estas tareas pueden ser parte de una misma cadena o pueden ser completamente ajenas. Un ejemplo de nuestro día a día, puede darse entre dos personas que conviven. Entre ambos se reparten las tareas del hogar. Uno pone lavadoras y plancha mientras que el otro limpia y friega. Sin embargo, hay otras acciones que preferimos compartir, como ver una serie juntos, que además, se ha demostrado que es beneficioso para nuestra salud.

Aunque son conceptos que están muy relacionados, según el diccionario definiciona, el termino compartir proviene del latín “compartīri”, en donde “com”, significa “con” y “partir” o “dividir. En otras palabras compartir es “partir con…”. El prefijo “con” también indica a algo que se hace en forma global, inclusive común, y se asocia con la raíz “kon” (junto de, cerca de). Esto nos lleva a la noción de “partir con los que están cerca“.

Por su parte, repartir contiene el prefijo re-, que significa de nuevo y hacia atrás. Y añadido a "partir" sería como "volver a partir" o "volver a dividir". Es lo que entenderíamos por separar.

Por lo tanto, podría decirse que al compartir unimos y al repartir separamos.

¿Qué quieres unir y qué quieres separar?

¿A quién quieres unir y a quién quieres separar?

Al compartir:

  • Tenemos el foco en lo mismo. Por ejemplo, conseguir la mejor idea de marketing, la crianza de los hijos o lograr el objetivo anual del departamento.
  • Vivimos un mismo momento, a la vez. Aunque no significa que lo vivamos igual.
  • Hablamos sobre lo mismo o sobre versiones y perspectivas respecto a un mismo tema.
  • Se mejora y optimiza el resultado, al seguir la espiral de las ideas.

 

 

  • Damos. El hecho de ofrecer a los demás lo que tenemos o lo que sabemos enriquece al que lo entrega tanto como al que lo recibe.
  • Queremos que esté la persona o las personas adecuadas en ese instante.
  • Las personas, como los seres sociales que somos, buscamos puntos de similitud que nos permitan mantener un cierto grado de comodidad con las personas con las que nos relacionamos. Cuando lo encontramos, eso nos acerca, nos sentimos mejor comprendidos. De hecho, dicen que una de las claves para mantener el amor en la pareja es hacer cosas extraordinarias juntos.
  • Nos es más fácil ayudar al otro. Cuando una de las personas que comparten algo tiene alguna dificultad, las otras personas involucradas en el objetivo se incluyen a sí mismas más fácilmente la parte de trabajo extra que el otro no puede asumir o le ayudan para que lo termine consiguiendo.
  • La unión hace la fuerza. Al hacer varias personas lo mismo, cuatro ojos ven más que dos, la defensa y el ataque es mejor en grupo, como podemos ver en este vídeo:

Al repartir:

  • Cada uno tiene su propio objetivo, que es la parte correspondiente del objetivo general a lograr.
  • Es una labor individual.
  • Requiere de especialización, lo que supondrá elegir con más cuidado al más capacitado para realizar la tarea. A falta de especialización, nos vale el más motivado, aunque puede que necesite ayuda, mentoring o supervisión para hacerlo de la forma más correcta.
  • Permite poner orden, que puede ser pactado o puede ser acatado. A veces aunque parece que estamos compartiendo, en ocasiones también nos repartimos para hacer las tareas de forma más ordenada. Por ejemplo, al cocinar. Lo hacemos juntos pero yo corto las patatas, tú le echas la sal y pones el aceite a calentar, los dos estamos pendientes de que se fría correctamente removiendo cuando haga falta, tú escurres la patata mientras yo bato los huevos y tú lo mezclas y lo pones en la sartén para luego yo dar la vuelta a la tortilla cuando esté a nuestro gusto, dejándola hasta que esté totalmente hecha. El objetivo compartido era común pero la tarea solo ha sido compartida cuando hemos estado los dos pendientes de lo mismo al mismo tiempo y en el mismo espacio.
  • Requiere de una visión global, de alguien que sea conocedor de lo que se busca en conjunto.
  • Requiere de una mejor comunicación porque no se está viviendo lo mismo en el mismo momento. Hay que explicarlo, ir más al detalle, dando más información, hay que dar, pedir lo que se necesite o lo que falta,…Esto requiere una comunicación más clara, más asertiva, con más escucha, preguntando todo lo que pueda dar lugar a dudas, confirmando a través del feedback que se ha entendido el mensaje para poder actuar como el otro espera, mostrando mucha más empatía para asegurarnos que comprendemos lo que siente y por lo que nos apremia o nos solicita algo.
  • Necesita una mayor definición de la tarea para poderla delegar o para poderla delimitar.
  • Se llega más rápido al objetivo si cada eslabón de la cadena realiza su parte de forma efectiva. Y si se ponen tantos medios como haga falta para ir cubriendo los gaps que puedan surgir.
  • Se minimizan los riesgos, porque un fallo se puede detectar y aislar más fácilmente. Reponiendo cuando sea necesario ese eslabón de la cadena incluso a veces, permitiendo que los demás sigan con sus propias tareas.

 Seguro que se te ocurren más beneficios y necesidades que requieren tanto las acciones a compartir como las que preferimos repartir. ¿Qué vas a tener en cuenta la próxima vez que repartas o compartas algo?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

31 julio, 2017

¡¡¡Bienvenidas vacaciones!!! Las deseadas vacaciones llegan y cada uno las afronta de una manera y según las posibilidades. Hay quien prefiere bullicio y fiestas mientras que otros prefieren descanso y tranquilidad. A elegir entre las consabidas playa o montaña, hoy día se acompaña de volver al pueblo, ver a la familia, volver a España o preparar algo extraordinario. Y lo mejor, todas las opciones son válidas.

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Aunque todos deseamos las vacaciones, cuando luego se dan podemos encontrarnos en tres situaciones respecto al trabajo:

  1. Desconectar: Salir del lugar de trabajo diciendo "hasta luego" y no volver a pensar en el trabajo hasta el día antes de volver. Dicen que para desconectar realmente necesitamos al menos diez días seguidos haciendo otra cosa. Hay quien solo logra hacer esto cuando está en otro lugar de vacaciones, pero le resulta arduo si está unos días en la misma casa, porque estar fuera de cobertura es una excusa como otra cualquiera para de verdad no seguir trabajando.

Desconectar de verdad es no leer e-mails, no seguir las noticias relacionadas con la empresa en las redes sociales, no mantener quedadas con compañeros de trabajo en las que seguir hablando del trabajo, no buscar un sitio con wi-fi gratis para poder enviar tal o cual documento, o para atender un tema que ha resultado urgente.

He escuchado tantas veces eso de "parece que sea tu empresa, no sabes desconectar" Y después le sigue una larga serie de reproches de por qué estás trabajando cuando por fin estás de vacaciones. Al final tienes dos problemas, el mal rollo que tiene tu familia o amigos porque estás trabajando en lugar de estar compartiendo con ellos, y tu sentimiento de culpa tanto si lo haces como si no lo haces, basada en la responsabilidad del deber.

Para ayudarte a desconectar:

Vivir el aquí y ahora. Poder disfrutar de lo que en cada momento estás haciendo: saboreando un rico refrigerio, dejándote llevar por el sonido del mar, del jaleo de las charlas veraniegas, del silencio de las montañas con los sonidos de los animales de la zona, el frescor de la mañana, el calor del mediodía, la brisa de la noche, las charlas sin prisa, el libro que te tiene enganchado, las cosas sin sustancia que distraen y entretienen y que solo puedes disfrutar en esos momentos…

Preguntarte ¿dentro de un año qué pensaré de eso?. Tener un filtro sobre ¿cómo de importante es resolver esto ahora? ¿Puede esperar 10 días? A veces pasa que corremos pensando que es súper importantísimo, súperurgentísimo y luego lo mandas y quien lo recibe se va de vacaciones o con quien hay que compartirlo ya no está…y en definitiva, el único que ha corrido eres tú. A veces es mejor pensar que hacerlo tranquilamente, sin hacer el número de la cabra para conectarte a tus documentos en un hotel, o en un locutorio, será más eficiente y seguramente será de mayor calidad.

Dejar dicho en qué casos pueden localizarte. De esa forma será solo cuando tú hayas considerado que es lo suficientemente importante y que de verdad no puede esperar. De esta manera también quien te ha de llamar se pensará dos veces si entra en la lista de cosas por las que llamarte. Saber delegar también será una clave importante para poder desconectar.

Ponte a ti en primer lugar. Si de verdad necesitas desconectar, buscar un lugar de vacaciones donde no te puedan localizar o toma las medidas para que así sea. No tener cobertura, como he dicho antes o dejar el teléfono del trabajo en casa, es solo el principio. Lo realmente importante es saber que si necesitas desconectar es porque lo primero en tu lista de prioridades en este periodo de tiempo eres tú. ¡Recuérdalo!

  1. Reconectar. A veces es importante tomar un respiro para recuperar fuerzas, para seguir con el ritmo y la exigencia del trabajo diario. Cuando necesitamos reconectar es importante:

Toma tiempo para ti. Aunque vayas con amigos o familia de vacaciones, saca ratitos para ti. Haz una lista de cosas que te quieras "regalar" para dejar atrás el ego, la rutina, a los demás y centrarte en ti, en lo que tú quieres, en lo que a ti te gusta hacer, en tu esencia...

Elije la mejor opción con asertividad. Entre los mil planes posibles a hacer cuando estamos de vacaciones seguro que hay alguno que nos gusta poco, alguno que nos apetece muchísimo y alguno que nos da igual. Decir que no a todo tampoco es la mejor opción cuando se va en grupo, porque si has elegido ir en grupo querrás hacer cosas con ellos. Pero sí que puedas decir que no a un plan que no te guste sin sentirte culpable, ni que te miren mal. Elige los planes que mejor vayan contigo y puedes también tirar de tus habilidades de liderazgo para animar a los demás a que se sumen a tu plan preferido.

Dormir más y sin poner el despertador. Una forma de recuperar nuestra energía es durmiendo y descansando u poco más. Además, está demostrado que levantarnos a golpe de despertador no es lo mejor, pero no podemos evitarlo. Así que aprovecha las vacaciones para despertarte con la luz del sol. Dicen que nuestro ciclo de vigilia y sueño se regula fácilmente tras dormir al aire libre (campings, bosques, playas…) al menos 3 días. Conectar con nuestra naturaleza como seres humanos y con nuestros ciclos biológicos, será de gran ayuda para reconectar.

Practicar la meditación. Existen numerosas opciones para conectar con tu yo interior, como puede ser la meditación, el mindfulness, hacer ejercicios tipo tai-chi, seitai o yoga, acudir a sesiones de reiki, recibir masajes relajantes, y también se ha demostrado que pintar mandalas es una buena forma de centrarte y recuperar tu equilibrio.

 

  1. Seguir conectado. Si es tu propia empresa puede ser muy difícil desconectar e incluso no es de tu interés reconectarte. Lo que quieres es seguir pendiente de lo que ocurre aunque hayas decidido tomarte unos días fuera de la oficina o haciendo otra clase de rutinas.

En este caso y si de verdad quieres tener esas vacaciones puede ayudarte:

Conectarte en un horario definido. Dejar dicho en la oficina que pueden localizarte cada día de 10 a 12 de la mañana, dejarte ese tiempo para revisar trabajo, ponerte al día, hacer tus tareas, y después seguir con las actividades que hayas elegido hacer por tus vacaciones.

Aprovecha a conocer gente y hablar de tu negocio. Estás en otro ámbito, en otro lugar, con otro nivel de relajación. Así es más sencillo abrir conversaciones hablando de qué haces, a qué te dedicas y valorando lo que los demás opinen de ello. Así puedes aprovechar a sacar nuevas ideas, a revisar qué es de interés de los demás, qué puedes mejorar, cómo lo vendes, e incluso puedes encontrar nuevos clientes, ideas creativas, etc.

Conectado en la distancia. Si tú puedes conectarte en la distancia, tus colaboradores también. Esta experiencia puede hacer que amplíes las posibilidades de tu empresa y conozcas los recursos necesarios para que cualquier miembro del equipo pueda estar conectado desde casa o desde otros lugares. Son vías de mejora para el bienestar del equipo en el desarrollo de su trabajo.

Conectado no es enganchado. Enganchado supone una adicción y como tal no es buena. Que seas tú quien elige cuándo y cómo, que puedas dominar tú el tiempo y la efectividad del trabajo. Que cuando te dediques a ello estés a ello, pero que puedas hacer otra cosa sin pensar todo el rato en ello, porque al final no estás en ninguno de los dos sitios: ni en el trabajo ni en tu lugar de vacaciones.

¿Cómo vas a disfrutar de tus vacaciones?

¡Feliz verano!

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Benjamin Franklin dijo: "La pereza viaja tan despacio que la pobreza no tarda en alcanzarla". Pero ¿quién dijo que la pereza no lleva a ningún lado?

La pereza o la vía más fácil

 

La pereza según el diccionario de la Real Academia Española es:

  1. f. Negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados.
  2. f. Flojedad, descuido o tardanza en las acciones o movimientos.

La pereza lleva a dejar para mañana lo que podemos hacer hoy, a procrastinar, a tumbarnos si podemos en lugar de estar sentados, y a que sólo por pensar en ello ya te sientas fatigado.

Como decía Jules Renard, escritor y dramaturgo, "la pereza no es más que el hábito de descansar antes de estar cansado".

Sin embargo, hoy quiero hablarte de las opciones que la pereza trae consigo para que podamos aprovecharlas en nuestro beneficio.

Despierta la creatividad. Si te da pereza cambiar una bombilla (aplícalo tú a lo que creas conveniente) y no encuentras nunca el momento, seguro que empiezas a idear posibilidades para, o bien no hacerlo tú, o bien que sea más llevadero hacerlo. Tendrás tantas alternativas como capacidad de creatividad tengas. La creatividad ha ido siempre de la mano de los perezosos.

De la creatividad a la innovación. Si además de pensar en propuestas que puedan hacernos más fácil la tarea, nos planteamos eso de ¿y cómo podría yo conseguir que esto se hiciese solo? ¿cómo podríamos reducir presupuesto/esfuerzo en ello? ¿cómo podría hacerlo para que resultase una tarea más natural, menos tediosa, más rápida…? Encontrar la respuesta ha llevado a los grandes genios a presentarnos sus inventos. Por ejemplo, Steve Jobs con sus modelos de ordenador portátil extraplanos, menos pesados y que ¡caben en un sobre! Demostración que hizo cuando presentó el modelo MacBook Air.  

Mejora la capacidad de persuasión. En el caso de no hacerlo tú mismo, seguro que plantearás diversas alternativas para tratar de convencer a alguien de que lo haga por ti. Por ejemplo, pagándole por hacerlo, compensándole con algo que puedas hacer tú sin que te suponga más esfuerzo, ordenándoselo a alguien, pidiéndolo con artimañas y zalamería, con la sonrisa encantadora aprovechando todo tu arte de persuasión…

Adelgaza. Si algo tiene la pereza es que por no levantarte a cogerlo…no como. Aunque tiene el riesgo de irte al otro extremo, "por no ponerme a cocinar, me como cualquier cosa". Funcionará solo si ese cualquier cosa es más sano que la comida rápida, unas patatas fritas o comida prefabricada. Por suerte, hoy día hay numerosas empresas que tienen servicio a domicilio de comida sana.

Aprender a delegar. Hay personas a las que les cuesta mucho delegar porque nadie lo va a hacer igual de bien que ellos, porque "yo lo hago todo", porque se sienten indispensables o porque no confían en quien lo podrían delegar. En este caso la sobresaturación de tareas o la pereza pueden ser grandes aliados. Al final, ¡hay que soltar algo!

Ponerlo fácil. Ser facilitador no es sencillo. Requiere de habilidad para simplificar, de concreción, de saber discernir lo importante y lo necesario respecto al resto. De hecho, existen profesionales que son facilitadores y que ayudan a empresarios, responsables de equipos y directivos a optimizar procesos, reuniones, estrategias, estructuras, etc. como somos en 2miradas. De hecho es la base de la gamificación y también se activa con la pereza.

Después de todo lo que te he compartido, te invito a descubrir los mecanismos que se te despiertan cuando sientes pereza. ¿Te animas? Pero sin esfuerzo, eh!!!

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

26 junio, 2017

De vez en cuando incorporamos emociones que conocemos de nuestro ámbito personal en nuestro ámbito laboral. Ya os hablé de los beneficios de la envidia para los negocios, para sacar su lado positivo, y ahora quiero hablaros de:

La gula

 

La gula normalmente la identificamos como un apetito desmedido de comer o beber. Está asociada con la glotonería insaciable.

Muchas veces emociones como la tristeza, la rabia o laansiedad nos hacen asaltar la nevera en busca de consuelo. A esto se le llama hambre emocional y lo explica muy bien Nuria Roura, health coach y escritora. Sin embargo, se puede hablar de hasta 9 tipos de hambre como puedes ver en el siguiente vídeo y en las empresas utilizamos también muchos de ellos.

Por su parte, la psicóloga Julia Vidal, directora del Centro de Psicología y Psiquiatría Área Humana, dice que "el comer produce satisfacción de forma inmediata". Es algo que alivia nuestro malestar a corto plazo, y esto sucede porque algunos alimentos como el chocolate suben los niveles de serotonina y causan una sensación placentera.

Hay personas que en el trabajo actúan por atracones. De repente un pico de trabajo en el que lo dan todo y después una etapa de desgana y baja intensidad, a continuación un ritmo máximo de trabajo y otra vez parón. Puede ser porque les gusta estar en esa sobreactividad, porque les hace sentir más fuertes, más valiosos, más capaces… y otras veces, porque no queda más remedio, dado que el trabajo viene por rachas. Quienes lo viven con ese placer de estar en la cresta de la ola, "a tope", dándolo todo, pueden tener activado el mecanismo de la gula.

Igualmente ocurre con los brokers, para los que su ansia por ganar más dinero, hasta volverse insaciables, puede ser clave de su éxito.

Sin embargo, en lugar de echar leña al fuego contra la gula, ahora os propongo aprovechar lo que genera la gula para aplicarlo en nuestro trabajo diario:

  • Si tenemos insatisfacción por algo que nos ha sucedido en el trabajo, una acción inteligente es revisar qué sí puedo hacer al respecto, qué está en mi mano y qué vías para cambiar la situación indeseada puedo aplicar. Sintiendo esa parte de la gula podemos comenzar a actuar con la motivación necesaria para cambiarlo.
  • Si tenemos ansiedad por lograr algo, podemos utilizar esa sensación para detectar más oportunidades de negocio, para marcarnos nuevos retos y objetivos, y para sortear obstáculos. En esa situación aprendemos a buscarnos las vueltas para conseguir las cosas, y esto, es muy positivo para el desarrollo de nuestro trabajo.
  • Si tenemos hambre de más, si queremos crecer profesionalmente, si queremos cambiar de departamento, si queremos dejar el trabajo para luchar por nuestros sueños, la gula puede ser un gran aliado.
  • El desorden que puede causar la gula, que puede que nos lleve a hacer varias cosas a la vez, sin mucho sentido, podemos aplicarlo cuando necesitemos de nuestra creatividad, cuando haya que buscar alternativas, hacer brainstorming o proponer ideas innovadoras. La conexión de ideas seguramente sea mucho más enriquecedora.
  • La gula nos lleva a la acción. Es un aliciente para avanzar rápido hacia lo que queremos, especialmente útil para cubrir necesidades en el corto plazo. Por ejemplo, si tenemos que entregar alguna documentación para ayer, o si esperan nuestro pedido mañana y falta terminarlo. Dicen que si comes muy rápido tardas más en tener la sensación de que te has llenado. Así comes más, con lo que para nuestro símil en los negocios, con la gula conseguirías más sin darte apenas cuenta porque estás en la actividad frenética de hacerlo y hasta que no pares continuarás haciendo cosas.

La otra parte de esto es que cuando comemos desenfrenadamente podemos no saborear la comida porque nos lleva a querer todo rápido y hacer todo más rápido, y podemos dejar de disfrutar del camino. Es mejor saborear unas ostras despacio y dejando que todos sus jugos se mezclen con nuestra saliva, masticando suavemente hasta tragar, que comerse 20 ostras en 5 minutos y no haberse enterado, salvo por el dolor de estómago posterior.Parar nos ayuda a  valorar lo que realmente hemos conseguido.

Así que, ¡ojo!, aunque la gula puede tener ciertas utilidades como las que os estoy planteando y puede hacernos sentir muy bien, nuestro organismo en estas circunstancias está descompensado y si se mantiene el ritmo que tenemos cuando se da la gula durante mucho tiempo podemos caer en un importante estrés.

Por tanto, como todo en esta vida, la virtud estará en no caer en el exceso que pueda dañar nuestra salud. Detectar la gula como una reacción de nuestro cuerpo que viene casi siempre dada por una emoción, y antes de que se intensifique demasiado, aprovechar todos sus beneficios en nuestro favor, ayudándonos a actuar frente a nuestros propósitos e intereses diarios. Para acompañarnos en la tarea de detectar cómo de intensa está nuestra emoción te recuerdo que puedes contar con una interesante herramienta: el péndulo emocional.

Tras lo que te he compartido ¿cómo puedes utilizar tu gula en tu beneficio, sin dañarte la salud?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

12 junio, 2017

Todos tenemos derecho a enfadarnos. Además de ser una emoción esencial en todas las personas, nos puede ser de gran utilidad.

Ya os compartí algunas herramientas que os pueden ayudar a gestionar mejor vuestra ira. Quiero hoy poner de relieve la importancia de enfadarnos. No todas las situaciones que vivimos son como las queremos vivir. Hay hechos que nos agradan y otros que nos desagradan. Algunos los mantenemos o permitimos porque no nos afectan directamente o porque tenemos algún beneficio en mantenerlos. Pero hay otros momentos o sucesos que no es bueno para nosotros, ni para nuestro entorno, mantenerlos. Seguro que tienes alguno en mente.

A veces se utiliza la ira conscientemente, como hacen los niños con su "pues me enfado" y así aflojamos y consiguen lo que querían. De adultos también lo hacemos. A eso ya se llama chantaje emocional y no nos suele gustar.

Enfado Diseñado por Freepik

 

De entre todas las emociones, la ira es la que nos aporta más fortaleza, y además:

Nos lleva a la acción. Dicen que la mejor defensa es un buen ataque. Esto no es una invitación a la venganza. Es solo que la rabia nos lleva actuar. Por ejemplo, ante expresiones del tipo: "Tú no puedes hacer eso!" o "No hay huevos…". Solemos responder un "¡¿Cómo que no?!"La ira puede servirnos de revulsivo. Hay que tener cuidado cómo y con quién lo utilizamos porque puede afectar a la autoestima y no ayudar a la persona. Pero también puede ser muy útil cuando nos gustan los retos, somos competitivos o no nos gusta que nos juzguen (por lo que haremos todo lo posible por cambiar esa opinión del otro si no es la deseada).

La ira nos ayuda a poner límites. "Esto no me gusta y te agradecería que no lo hicieses más". "Hasta aquí hemos llegado". La rabia nos facilita el hacer cambios ante situaciones indeseadas. Después de pedir que se pare con la actuación que nos molesta podemos tomar cierta distancia, alejándonos físicamente de la persona y del lugar donde nos hemos sentido agredidos. Así podemos tomarnos un tiempo fuera donde distraernos o despejarnos hasta recuperar la calma.

Nos ayuda defender el territorio. El sentido de protección y la oxitocina son buenos aliados de la ira para sacar toda nuestra fuerza. Quizá hayas escuchado las expresiones: "defenderlo como una loba" o "defender alguien a capa y espada". Es por la fiereza que podemos mostrar para defender lo que nos importa, la familia, a los amigos… Quizá hayas sentido ese instinto de protección máximo con alguien.

Nos es útil para expresar lo que nos desagrada y romper con aquello que nos genera frustración. Solo si hacemos esto podremos aportar soluciones, analizar las causas del problema y estimular la creatividad poniendo foco en lo que necesitemos. Además, genera un sistema de pensamiento más flexible. Bernard Nijstad, científico holandés dice que: “Cuando la gente está brava busca conseguir cosas positivas e intenta diferentes caminos para llegar a ese fin”.

Nos sirve para saltar obstáculos. Quizá hayas visto en alguna ocasión cómo en un accidente varias personas han levantado un coche para salvar a alguien que está atrapado. Esa fuerza viene de la rabia. Aquí os dejo un ejemplo:

Liberarnos y desahogarnos. Es importante distinguir entre sentirse enfadado y actuar con violencia. Puedes estar muy enfadado y no pegar a nadie ni romper nada, con buen juicio y alto raciocinio. Y una forma de mostrar nuestro enfado puede ser a través de gritos desgarradores en un espacio abierto (sin ir contra nadie) o decir groserías. Algo que está ya demostrado que es beneficioso para nuestra salud mental, como puedes leer aquí. También hay terapias interesantes para liberar la rabia como la "CrashTeraphy" que consiste en destrozar cosas en un entorno protegido. Al fin y al cabo, reprimir las emociones es mucho más perjudicial para nuestro cuerpo que expresarlas, con lo que viviremos más.

Como dijo Steve Yeschek, especialista de la Asociación Nacional del Manejo de la Ira, en Estados Unidos, en una entrevista a la publicación SEMANA de hace unos años, “la ira podría ser una fuerza positiva para el cambio y ayudar a las personas a enfocarse en una meta o a solucionar un problema”.

Después de lo que te ha compartido, ¿te animas a expresar tu rabia de una forma más sana?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

Dentro de las organizaciones y de las relacione en general tachamos de ogros a las personas que se enfadan y ponen el grito en el cielo. También sucede que tenemos una sensación de alerta, amenaza u ofensa al escuchar a alguien alzar la voz, despotricar, refunfuñar, juzgar, avergonzar a otros, etc. Parece que mostrar la ira está mal visto.

Ya os hablé del péndulo de las emociones como herramienta para la gestión emocional. Y es que no es lo mismo decir: "me estoy enfadando", que pegar un puñetazo a una puerta y gritar saltándosenos los ojos de las órbitas.

como gestionar nuestra ira Diseñado por Freepik

Os dejo algunas claves para ayudarnos a manejar la ira:

Aceptar que "eso" nos enfada. Una de las principales causas de sentirnos mal con el trabajo o con los amigos y familiares, o con determinadas situaciones es porque no terminamos de aceptar que "eso" nos molesta, "eso" no nos gusta o "eso" nos da rabia. Sin embargo soy yo y no "eso" quien se enfada y personas diferentes o nosotros mismos en otro momento podemos no sentirnos tan disgustados o afectados por "eso" mismo.

A veces, nos negamos la evidencia pero nuestro lenguaje no verbal seguramente nos delate. Y también es posible que nos sintamos vulnerables porque ¡hay algo que nos saca de nuestras casillas! Ya no somos todo lo correctos y perfectos que deberíamos ser. Actuemos sobre lo que esté en nuestra mano. Y para lo que no, os dejo como ayuda el arte japonés del “Shikata ga nai” (aceptarlo, no hay más remedio).

Cuidado con lo que piensas y dices porque importa. Los debería ser así, querer tener la razón, tener pensamientos extremos (todo o nada), o catastrofistas (ver solo lo negativo), determinar lo que es justo o injusto, querer cambiar a las personas…  Aprovechar el autoconocimiento y la objetividad, revisar la irrealidad de las creencias, centrarse en mantener nuestro bienestar. ¿Me está afectando pensar así? Descarto este pensamiento y lo sustituyo por uno más útil y beneficioso para mí. Os dejo unos ejemplos de Elia Roca para reencuadrar el enfoque de las situaciones que provocan nuestra ira:

ira

Compasión. Con nosotros mismos y con los demás. Es posible que reaccionemos con ira porque no sabemos en ese momento reaccionar de otra manera. Al principio cuando estamos protestando puede que nos sintamos en nuestro derecho y nuestra autoestima esté muy alta. Pero luego, pasado un tiempo, es posible que sintamos vergüenza o culpa porque no teníamos que habernos puesto así, no era para tanto, perdimos los papeles, etc. A veces hemos de saber perdonar y dejar hacer. No darle tanta importancia.

Darnos tiempo.  Es importante tomarse el tiempo para entender qué ha sucedido y por qué nos sentimos así. Una vez que lo hemos detectado, podemos actuar y hablar con la persona correcta en el momento y lugar adecuado. Y sobre todo, en esta ocasión, dado que hemos tenido el tiempo de reflexión, podremos utilizar una comunicación más asertiva, constructiva, orientada a soluciones, con más tranquilidad. Afrontar la situación y no guardárnosla es clave para dejar atrás lo que nos molesta. Hemos de soltar el lastre y no cargar con tantas mochilas de deberías, culpas y tengo que.

Aristóteles decía: “Cualquiera puede enfadarse, eso es fácil. Lo difícil es enfadarse con la persona adecuada, en el momento justo y en el grado necesario”.

Separar a la persona del suceso. Hay enfados que separan familias incluso durante generaciones. Las últimas generaciones ya no saben ni por qué, es simplemente algo histórico que aprenden desde que nacen. Si queremos mantener las relaciones con los demás, si nos importan las personas de nuestro alrededor, es necesario que sepamos separar lo que hizo, lo que dijo o lo que no hizo o no dijo de lo que la persona es o representa para nosotros.  Todos podemos fallar a las expectativas de los demás en un determinado momento. La exigencia hacia los demás no favorece que nos sintamos mejor y terminamos por juzgar a las personas. Es conveniente no confundir a la persona con sus conductas.

Mantener la calma. Eso es fácil de decir y difícil de hacer. Con la práctica, cada vez nos daremos cuenta antes de que nos estamos enfadando, sobre todo si ponemos atención a las señales que nos da nuestro cuerpo. Y seremos más conscientes cada vez para evitar saltar de forma desmedida. Respirar de forma diafragmática, hacer ejercicios de relajación o darnos instrucciones son buenas opciones para regular nuestra intensidad ante la ira. La consciencia de nuestro cuerpo y mente, de nuestras emociones es esencial para lograr una buena gestión emocional.

Utilizar el poder de la imaginación. La PNL nos ayuda a modificar imágenes mentales que nos sirven para tomar nuevas perspectivas sobre una situación, para relativizar y alejarnos emocionalmente de lo que nos provoca la ira, etc. Por ejemplo, podemos cerrar los ojos y  pensar en la persona y el suceso que nos desagrada. Esa imagen la podemos llevar como a una pantalla de cine delante nuestra, podemos ponerla en blanco y negro, cambiarle las voces a los personajes que aparecen, colocarnos en otra posición respecto a la escena…

¿Qué vas a comenzar a hacer para gestionar tu ira mejor?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills