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Cuando hacemos un buen trabajo o cuando surgen ciertas circunstancias, llega un momento en que nos proponen promocionarnos a un puesto de mayor responsabilidad, nos instan a hacernos cargo de un equipo o de un departamento.

También personas autónomas que comenzaron solas su andadura puede que un día necesiten de otras personas que les ayuden o que les den algún tipo de soporte, que les permitan sumar a su negocio.

Ese es el momento en el que pasamos de ser técnicos a ser jefes. Pero ¿estamos preparados?

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Muchas empresas tienen planes de desarrollo de futuros directivos, especialmente orientados a puestos más relevantes o de un mayor nivel de responsabilidad, como ser directores de oficinas, directores de negocio o de área, directores de proyectos, etc. Sin embargo, cuando se trata de ser el jefe de un departamento, un mando intermedio dentro del organigrama de la compañía, no siempre se capacita de antemano a las personas que asumirán dichos puestos.

Haciendo un símil, cuando una persona llega a un puesto técnico, suele ser el jefe quien le dice cómo se hacen las cosas en esa empresa si no trae conocimientos previos, o le marca unas directrices para que aporte su propio conocimiento. Sea como sea, hay un seguimiento del trabajo y un cierto acompañamiento hasta que se puede decir que la persona sabe hacer su trabajo. Pero ¿quién lo hace con el nuevo jefe?

Es habitual escuchar a jefes de equipos que a ellos nadie les ha enseñado a hacer su trabajo, que han tenido que currárselo ellos solos, aprendiendo a base de errores y modelando o escuchando a otros, o incluso por intuición.

Por eso, creo que es importante tener en cuenta que ser jefe tiene unas funciones diferentes de las que tiene un técnico. Y muchas veces, a estos jefes, se les olvida que tienen un nuevo puesto y por costumbre, siguen desarrollando las mismas funciones que venían haciendo, y suman las nuevas tareas, como las reuniones a las que ahora está invitado. Así en poco tiempo, se ven desbordados o sintiendo que lo hacen todo y que no pueden delegar.

En mi opinión, cuando hacemos a una persona "jefe" tanto para la empresa como para la propia persona, es importante:

Tener claras las nuevas funciones. Ubicar a la persona, explicar cuáles son las funciones que como jefe tendrá que realizar a diferencia de las que realizaba hasta el momento. Y comprobar así, que la mayoría de las tareas más técnicas probablemente ya no estén en la lista.

Dedicar tiempo a las nuevas funciones. Hemos de ser conscientes de que las nuevas funciones requieren tiempo. Por ejemplo, de supervisión, de organización, de gestión del equipo, de desarrollo y optimización de recursos y procesos… No es solo hacer, hay un tiempo también de pensar en cómo hacerlo mejor.

Capacitación en áreas de dirección de equipos y liderazgo. No se nace sabiendo y aunque tengamos ciertas cualidades innatas hay que saber aplicarlas. Y facilite la empresa o no dicha formación, es importante al menos conocer formas de crear y dirigir equipos, formas de transmitir la cultura y valores de la empresa, estilos de liderazgo más adecuados según la empresa, la situación, la madurez del equipo…

Hay formaciones gratuitas para trabajadores y autónomos que pueden sernos de mucha utilidad y pueden ser subvencionadas para las empresas o que podemos hacer por nuestra cuenta aunque lo tengamos que hacer fuera de nuestro horario laboral. Y si cogen parte de nuestro horario laboral, la empresa seguramente nos permita salir un poco antes para llegar a esas formaciones dado que son en su propio beneficio.

Hay muchos libros y manuales e incluso blogs interesantes relacionados con la gestión de equipos y con claves que nos pueden ser de utilidad, además de permitirnos estar al día sobre lo que es importante para el sector, para la empresa, para las personas que han de trabajan en ella.

Aprender a delegar. Como ya no podemos estar a todo, es importante dejar que otra persona haga lo que antes hacías tú o parte de ello. Seguro que no será idéntico a como tú lo hacías pero podrás dar las indicaciones que consideres, incluso enseñando a hacerlo, y lo más importante, habrás de confiar.

Tener paciencia y tesón. No vamos a ser el mejor jefe del mundo en un día, aun cuando lleguemos con las ideas claras sobre qué hacer, porque ya desde nuestro puesto anterior veíamos lo que se podía cambiar o mejorar. Seguramente si llegamos y empezamos a decir todo lo que queremos hacer, la gente se extrañe o muestre rechazo porque los demás también llevaban haciendo las cosas de determinada manera hasta ese momento. Así que no trates de entrar como un burro en una cacharrería. Pero eso no significa que dejes a un lado tus ideas y propuestas. Ve buscando el momento adecuado.

Empezar a conocer el equipo y las rutinas propias de la empresa desde la perspectiva que te ofrece el nuevo cargo. Descubrir o redescubrir cómo funciona la empresa, cómo manejarse y relacionarse con los demás a los diferentes niveles, qué es más importante, qué intereses tiene el equipo y cada uno de sus miembros, … Antes de actuar, primero conoce bien el terreno en el que te mueves, porque no es igual desde la perspectiva de técnico que desde la de jefe.

Y después poco a poco, ir haciéndose con el cargo, con las tareas, con la nueva posición, con la responsabilidad, con las nuevas habilidades necesarias como tener una visión global, con ir más allá, con desarrollar el liderazgo, trabajar la mejor comunicación y seguir y seguir aprendiendo para llegar a ser, el mejor jefe del mundo.

Todos necesitamos aprender en cada nuevo puesto. Y sería muy positivo que las empresas tuviesen en cuenta que las personas necesitan capacitarse para asumir otros cargos que, dado que hemos hecho la selección, sabemos que son capaces de desarrollar. Ayudemos a que lo hagan lo más rápido y mejor posible.

Raquel

Algunas personas pasan por alto las situaciones que les afectan incluso negando que existan o simplemente alejándote de ellas. Otras personas hacen mucho más grandes sus problemas o preocupaciones de lo que pueden ser en realidad, dramatizándolas o magnificándolas. ¿De qué tipo eres tú?

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Hacer una montaña de un grano de arena suele pasar por varios motivos:

Estar cansado. El cansancio hace que nos cueste mucho más cualquier actuación porque no tenemos el talante ni las fuerzas o la energía necesaria para sobrellevarla como lo haríamos si no estuviésemos tan cansados. La falta de sueño o no tener tiempo para desconectar nos lleva a un agotamiento físico e incluso mental. Por poner un ejemplo, si vas de excursión a la montaña, subir una colina al inicio de la travesía puede ser más o menos llevadero dependiendo de tu estado de forma, incluso al inicio hacer el esfuerzo puede resultarte divertido. Sin embargo, cuando ya estás cansado, encontrarte con esa colina ya no hace tanta gracia, el esfuerzo para superarla es mucho mayor y vemos como si la colina se hubiera convertido en una gran montaña donde no ves el final. Y entonces te vienen las preguntas del tipo: "¿cuándo llegamos?", "¿cuánto queda?", "¿aún nos falta todo eso?"…

Estar estresado. El estrés nos pone en una situación de alerta que físicamente no podemos sostener por mucho tiempo. El cuerpo no puede hacer una maratón a modo de sprint. Por eso, cuando el estrés dura más de lo debido nos deja vulnerables ante cualquier situación que se convierte en un auténtico reto a superar de nuevo. Un reto para el cual cada vez tenemos menos fuerzas y menos capacidades que nos llevan a reaccionar en lugar de responder de forma eficiente y racional.

Acumulación de tareas en un momento dado. Hay días que de repente, aunque lo teníamos todo bajo control, algo sucede y nos llueven las tareas extras no previstas. O a lo mejor solo han llegado un par más pero que sumadas a lo que ya teníamos nos hacen desbordarnos. Esta acumulación cuando la expresamos en lista de acciones a realizar se convierte en el gran elefante que hemos de soportar, un peso que no podemos sostener al menos en ese momento en el que le tenemos por completo encima. Estamos saturados.

Las cosas malas nunca pasan solas. Cuando damos crédito a este tipo de frases o al "no hay dos sin tres" o al "¿qué más me puede pasar hoy?" abrimos la puerta a que nos sucedan más situaciones desagradables porque ya hemos puesto el foco en ello y vamos a filtrar todo eso que nos suceda desde el cristal negro con el que las estamos mirando. Además, por supuesto, todas ellas van en nuestra contra de forma personalizada, no pasan a todos lo que se vean implicados, nos pasan a nosotros. Así que nos lo tomamos como algo personal.

Sobredimensionar. No es que me haya caído, es que me he estampado. No es que esté acatarrándome, es que estoy con gripe. No es que me hayan pedido que haga una tarea, es que me han encasquetado un marronazo. Cuando queremos exagerar somos únicos. Y lo que nos decimos y cómo nos lo decimos afecta a nuestra forma de llevarlo física y emocionalmente.

Seguro que conoces otros motivos por los que nos hacemos este boicot a nuestro día a día. Ahora bien, ¿qué podemos hacer para volver a dejar a nuestro grano de arena en su justa medida?

Ser objetivos. Analizar los hechos que se han dado, sin juicios ni valoraciones, solo describiendo lo sucedido. Concretar ayuda a desmontar muchos de los problemas que nos surgen en el día a día porque la mayor parte de las veces, ver el problema más grande de lo que es, es una cuestión emocional. Si le quitamos esa parte emocional, podremos observar el problema o la situación con mucha más racionalidad. Por ejemplo, si pensamos "al entrar en la oficina Ana me ha mirado mal. Ya no quiere saber nada mí desde el otro día que me pidió ayuda y no pude quedarme para prestársela". Para ser objetivos podríamos plantear los hechos de la siguiente forma: "el jueves pasado Ana me vino a pedir ayuda y le dije que no podía porque había quedado y no me daba tiempo a llegar si salía más tarde. Hoy al entrar en la oficina Ana me ha mirado y no me ha dicho nada. Es posible que Ana pueda haberse molestado conmigo". Una vez planteados los hechos de forma objetiva, entonces, si lo considero conveniente, puedo ir a hablarlo con ella para aclarar la situación.

Desgranar la montaña. Al hacer la lista que supone cada granito que hemos sumado a nuestra montaña, hemos llegado a ver la montaña en su conjunto. Pero como no podemos hacer todo a la vez, hemos de coger la lista e irla atajando granito a granito. Ir realizando cada tarea o acción en orden, de una en una, priorizando, para que esa carga sea menos pesada cada vez. Además, ir viendo que baja la lista nos animará y nos hará más liviano su avance por ella. Por eso recuerda, que un elefante solo nos lo podemos comer ¡¡a cachitos!!

Cuidarnos. No podemos olvidarnos de cuidar de nosotros mismos. Comer bien, sano, dormir lo necesario, tener ratos de ocio o de tiempo libre en los que cambiar de ámbito nuestro cuerpo y nuestra mente, a veces hasta cambiar de postura, levantarnos de nuestra silla, dar un pase…parar un momento para recargar la energía, para oxigenar el cerebro y para activar los músculos que se van entumeciendo.

Atender a cómo nos decimos las cosas. La forma en la que nos hablamos, cómo nos decimos las cosas importa. Prestar atención al uso de las palabras es necesario para que no nos pesen. Decir que "se le olvidó la cita", no es lo mismo que decir que "me dejó tirada". Emocionalmente será mucho menos doloroso en el primer caso. Un "tengo que" nos supone una mayor carga que un "quiero". Así que tratemos de usar palabras más suaves, más neutras, más emocionalmente equilibradas. Y para ello, detecta tus pensamientos y si no están haciéndote sentir bien, trata de reescribirlos basándote en la técnica de gestión emocional de cambio de pensamiento.

Poner límites. Tenemos una resistencia y aunque es mucho mayor de la que pensamos, es bueno no jugar a llevarla al extremo o por lo menos, no por demasiado tiempo. Poner límites es una clave para dejar de sentirnos desbordados. Y es que es necesario saber decir que "no" cuando sabemos que no vamos a poder llegar o que nos va a suponer un sobreesfuerzo para el que no estamos en ese momento preparados. Delegar. Contar con otros en los que apoyarnos para abarcar más si es que no lo podemos postergar o requiere de una respuesta por nuestra parte. Es decir, hemos de saber que tenemos alternativas al "lo hago yo todo". 

El cuerpo ha de poder recuperarse, la mente necesita descanso, hemos de fluir con nuestras emociones.

Y por eso, os dejo este vídeo en el que os invito a un café, uno de calidad, el que más queráis, para evitar el estrés en vuestra vida y dejar de hacer montañas de granos de arena.

  

Raquel Bonsfills

Einstein decía que no podemos resolver el problema pensando de la misma manera que cuando fue creado. Muchas veces tomar distancia del problema nos ha ayudado a pensar de forma diferente, pero a veces necesitamos algo de ayuda para darnos cuenta que hay otras opciones.

Por otra parte, hoy en día las empresas de marketing y publicidad han de hacer esfuerzos para pensar cómo vender lo mismo de diferentes formas, planteando a los clientes diferentes opciones para que puedan elegir, aunque sepan que una en concreto será la adecuada.

Buscar alternativas es más fácil cuando tenemos una necesidad, por ejemplo, en momentos de crisis, pero no es tan fácil cuando creemos que hay un camino claro, que tenemos razón o que ya existe una mejor opción.

Los coaches también solemos hacer preguntas que lleven al cliente a plantearse alternativas que puede que no haya tenido en cuenta o que le permitan descubrir opciones que pueden llevarle más allá de los objetivos deseados.

Todo esto es posible gracias al pensamiento lateral. Y en tiempos de innovación es aún más necesario.

El pensamiento lateral

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¿Y qué es el pensamiento lateral?

Como su propio nombre indica el pensamiento lateral consiste en pensar desde al lado, o desde otro lado. Es una invitación a tomar nuevas y creativas perspectivas sobre una situación o un problema.

Este término fue acuñado por Edward de Bono, en su libro Pensamiento lateral: manual de creatividad donde explica que "la base del pensamiento lateral consiste en considerar cualquier enfoque a un problema como útil, pero no como el único posible ni necesariamente el mejor".  

¿Cómo se utiliza?

El proceso de utilización de este tipo de pensamiento comienza con un caso o una situación a la cuál dar respuesta. Para aplicar el pensamiento lateral se realiza una lluvia de ideas en las que abordar diferentes enfoques o perspectivas.

Desde el punto de vista de la creatividad todo es válido. En el pensamiento lateral no hay juicio, no se mide qué es mejor o más efectivo. Simplemente se deja llevar por las diferentes alternativas que pueden plantearse o que somos capaces de encontrar.

Por ejemplo, si partimos de la situación ¿cómo puede dividirse un cuadrado en cuatro partes iguales? Podremos obtener diversas alternativas del tipo:

  • Cuatro secciones verticales u horizontales rectangulares.
  • Cuatro cuadrados pequeños.
  • División del cuadrado en dieciséis pequeños cuadrados y luego trazar dos líneas en forma de cruz gamada.
  • Otros…

Después Edward de Bono aplica lo que llama pensamiento vertical, que es el pensamiento analítico, de causa-efecto, que sí es capaz de discernir entre cuál de las opciones extraídas antes es la más adecuada.

Eso sí, no es conveniente mezclarlos. Es decir, no ir analizando ideas mientras vamos planteando las alternativas creativas. Ni añadir nuevas ideas cuando ya estamos en la fase de análisis.

Podemos mejorar nuestra habilidad para desarrollar el pensamiento lateral. Como dice Edward de Bono "el principal objetivo de las técnicas del pensamiento lateral es desarrollar una costumbre que paulatinamente se transforme en una actitud lateral consecuente" y para ir cogiendo esa costumbre podemos comenzar, por ejemplo:

Preguntando ¿Por qué? y también ¿cuándo? ¿cómo? ¿qué otro uso puede tener? ¿y qué más? Se trata de jugar con curiosidad, como niños.

Provocando. Edward de Bono plantea que hemos de hacer reaccionar al cerebro de forma absurda y sin la lógica habitual. Y utiliza el llamado PO (provocative operation) que puedes conocer mejor en este vídeo.

 

Divirtiéndonos con los acertijos creados por Paul Sloane. Paul Sloane propone resolver estos acertijos en grupo y definiendo un maestro de acertijos que lee la respuesta y les cuenta el caso a los demás. Luego ante las ideas y propuestas de resolución solo responderá "sí", "no" o "no importa" hasta que el grupo dé con la solución.

Un ejemplo: Los dos barberos

Un viajero llega a una pequeña ciudad. Nunca la había visitado antes, ni sabía nada sobre ella ni sobre sus habitantes. Necesitaba un corte de pelo. Había dos barberías cercanas en la calle principal. Eran las únicas de la ciudad. El hombre las estudió con cuidado. Una estaba limpia y ordenada. Todo era pulcritud. El barbero barría las últimas trazas de cabello mientras esperaba al próximo cliente.

La otra barbería estaba sumamente desordenada. Todo parecía gastado y ruinoso. El desgreñado barbero se columpiaba en una silla esperando a los clientes.

Ambos negocios cobraban lo mismo por un corte de cabello. Después de considerarlo cuidadosamente, el hombre decidió ir a cortarse el pelo con el barbero desgreñado. ¿Por qué?

Piénsalo un momento antes de leer la solución: El viajero dedujo correctamente que, ya que sólo había dos barberos en la ciudad, cada uno le cortaría el pelo al otro. Por lo tanto, el barbero cuidadoso le cortaría el pelo al desgreñado en forma descuidada. Era el desgreñado el que cortaba con esmero el pelo al otro barbero. El viajero eligió entonces al desgreñado.

Utilizando relatos. Esos relatos pueden presentarse para generar diferentes puntos de vista, por ejemplo qué pensaría cada uno de los personajes; cambiar una descripción favorable en desfavorable, no modificando el material, sino el valor relativo de diferentes conceptos y el ángulo de visión o enfoque para el análisis; extraer un significado de la información diferente al extraído por el autor…

Adivinar qué ocurre en la imagen. Jugar a qué está pasando a través de los que nos inspire la imagen. Se pueden buscar opciones diferentes.

Incuso hay quien dice que esa actitud lateral que adquiriremos con la práctica, nos ayuda a entender que hay diferentes formas de caminar por la vida, ofreciéndonos mayor libertad para elegir.

¿Quién dijo que era mejor estudiar una carrera que aprender un oficio? ¿Quién dijo que dedicarse a viajar era solo una cuestión de ocio? ¿Quién dijo que levantarse a la 1 de la mañana era perderse el día?

Solo son alternativas.  ¡Abre tu abanico de posibilidades!

Ahora que conoces un poco mejor cómo funciona el pensamiento lateral, ¿cómo puedes aplicarlo tú en tu día a día?

Raquel Bonsfills

Queremos trabajar desde casa, pero cada día es más importante generar redes de contactos, redes… ¿solo on-line?

Trabajar desde casa o compartir oficina

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Mi abuela decía que el roce hace el cariño. Y es que si eres de los que trabajan desde casa puede que en un momento dado necesites salir de tu palacio, dejarte ver, para que las oportunidades se abran, para conocer a otros que te puedan ayudar a hacer crecer tu negocio, que te inspiren, que te den nuevas perspectivas… Estar con otras personas para que puedas compartir tus penas, problemas, y alegrías con alguien más que con tu mascota.

Y no solo eso, el contacto físico se ha demostrado lo necesario que es. Las relaciones sociales además de ser claves para nuestra salud, nos permiten ejercitar nuestra inteligencia emocional.

Si no, que se lo pregunten a los miles de autónomos que tienen su propia empresa y que acaban saliendo de sus casas para poder relacionarse con otros, para sentir que tienen un grupo en el que sentirse comprendidos, reforzados, y contar con mayores posibilidades. De hecho, ahí están los prolíferos espacios de co-working que unen, que invitan a la creatividad, a sentirte más empresa que trabajador.

Por otro lado, están las personas que quieren tener días para trabajar desde casa, que prefieren la tranquilidad de su hogar (cuando no hay niños, ni compañeros de piso) que el ajetreo y ruidos varios de la oficina porque así son más productivos, sin hablar con nadie, dedicándose solo a lo suyo de manera autónoma y responsable. También hay otros profesionales que prefieren trabajar en casa para ahorrar los largos traslados de 1 y 3 horas diarias, de ida y vuelta al lugar de trabajo.

De hecho, hay empresas que han dejado que cada quien trabaje desde donde quiera el tiempo que quiera y con el tiempo han visto que la persona se desliga. Que deja de estar en el trabajo de campo, de compartir con los compañeros, de vivir el día a día, porque lleva su propio día a día. Y si bien esto puede ser muy efectivo porque te haces el trabajo a tu manera, apelando a los beneficios del jobcrafting, es más difícil contar con alguien que no está. Por eso, algunas de estas empresas que facilitan el trabajo desde casa, han implantado la necesidad de acudir a las reuniones de equipo, al menos una vez al mes, pero incluso solicitan ir por la oficina un día por semana. Otras, sin embargo, ofrecen la posibilidad de no ir a la oficina un día concreto a la semana.

Y aquí se pone sobre la mesa la confianza hacia el trabajador. El trabajo saldrá dependiendo de la responsabilidad y de las herramientas que la persona que realiza el trabajo fuera de la oficina disponga. La responsabilidad hacia el trabajo, unos objetivos claros, unas tareas a realizar concretas, una buena gestión del tiempo, asegurarse que lo que se quiere hacer desde casa se puede hacer y se hace…son claves para que las empresas se decidan a facilitar el teletrabajo. 

Esta confianza puede verse apoyada o frustrada por la directiva europea 2003/88 que obliga a las empresas españolas a tener un registro de las horas que realiza cada trabajador en jornada completa, con la idea de evitar abusos y que la persona no se vea haciendo horas extras si no se han comprometido a ello, según se explica el diario el confidencial, artículo que puedes leer aquí.

Pero ¿qué pasa con las relaciones, con el clima laboral, con la comunicación…? Según estudios relacionados con la motivación hacia el trabajo, como los realizados por Happyforce, el nivel de felicidad o el de malestar de los demás, en un nuevo trabajador se equilibra con el de sus compañeros a partir del noveno mes, pero ¿si no está con ellos? 

Es difícil implicar a alguien que va, hace su trabajo y se marcha. Que trabaja como colaborador externo, va a esa empresa o no va mucho, pero que nunca llega a formar parte de ese grupo, por mucho que sea un proyecto de varios años. Y el sentido de pertenencia a la empresa y al grupo, el sentido de integración, el poder interiorizar la cultura de dicha empresa no se da. Y llega la cena de Navidad y no va porque no conoce a nadie, porque nadie le conoce, porque ni está dentro ni está fuera por mucho que trabaje para esa empresa.  

Por tanto, creo que es necesario que en el caso que alguien decida trabajar desde su casa o desde donde quiera y pueda, entienda que la deslocalización puede tener consecuencias y que hay que plantearse algunas cuestiones antes de hacerlo:

  • El trabajo desde casa no está definido para cuestiones personales sino para trabajar. Dejar claro a los demás que aunque estés en casa estás trabajando y poner ciertas barreras que también te ayuden a ti mismo a entenderlo. Si antes necesitabas ayuda, ahora también.
  • Busca un lugar tranquilo de día y de noche. Piensa en que puede que necesites trabajar cuando todos duermen o cuando vuelven a casa a descansar o cuando estén disfrutando.
  • Necesitas acondicionar/elegir el lugar de trabajo que vayas a tener en casa. Incluye la tecnología que necesites, la conexión a Internet, el teléfono con el que mantenerte en contacto con la oficina, etc. Hay quien separa incluso perfiles dentro de sus ordenadores o tablets para su área personal y para su área profesional, cosa que hoy en día es necesaria por la confidencialidad de datos.
  • Es recomendable ponerte un horario. Si no tienes un horario estricto, puede que termines trabajando muchas más horas, sin medida. Si trabajas todas las horas, no podrás disfrutar como antes de llegar a casa y jugar con tus hijos o no podrás salir con tu pareja porque estarás trabajando. Organízate y prioriza el trabajo en el tiempo de trabajo que te hayas marcado frente a hacerte la comida o poner una lavadora.
  • Ten claros los horarios de las personas con las que trabajas porque puede que llames cuando están en su reunión de los viernes o porque es su hora de comer. Tú ya no sigues ese ritmo y se te puede olvidar.
  • Determina, si no lo hace la empresa, los momentos en los que vas a pasar por la oficina, cuándo es indispensable que vayas, cuándo es mejor para ti tener una conversación en persona que por skype o por teléfono, cuándo tu propio trabajo saldría mejor si estuvieras enterado en el momento, en directo, en contacto con los compañeros… Es decir, define en qué momentos tu tarea requiere de los demás y los demás requieren de ti. Determina también, cuándo es más eficiente estar presente.

A veces en el trabajo preferimos estar solos y a veces es más importante estar en buena compañía. En las empresas hay que jugar un papel crucial hoy en día con el clima laboral y también para ser buenos empleadores. Cuestiones como el employer branding o la employee experience marcan su futuro.

¿Quieres tener a todo el personal contento? Yo creo que solo hay una base para ello: conócelo. Y así podrás decidir si trabajar desde casa es la opción. No todo el mundo lo desea y otros, no pueden porque su trabajo es cara al público. ¿Cuál es tu caso?

Raquel Bonsfills

¿Has acudido a presentaciones en las que te has perdido? ¿Qué no han captado tu atención? ¿Presentaciones llenas de números y datos técnicos incomprensibles o ilegibles? ¿Has tenido que realizar una presentación y te has puesto a escribir o a crear un power point directamente? ¿Siempre es necesario un power point?

Sobre presentaciones hay mucha variedad, tanto en estilos como en formatos, contenidos o momentos y lugares donde se realicen. Sin embargo, la clave principal para el éxito de una presentación es la preparación.

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Y ¿qué hemos de preparar? Puedes seguir estos 7 pasos:

  1. Para qué. Cada presentación tiene un sentido y también unas posibles consecuencias. Según lo que comuniques y cómo lo comuniques así será la respuesta del otro. Una respuesta que habrá que predecir. Por eso, es importante pensar qué va a hacer el otro con esa información que le voy a transmitir y lo relevante que es para él. Si no es nada bueno, mejor será el silencio.
  2. Para quien. Cada público es distinto. Si quiero presentar mi idea de negocio no será lo mismo hacerlo ante un grupo de inversores que a un grupo de posibles colaboradores, porque seguramente el contenido varíe. Un inversor buscará más la viabilidad y un colaborador buscará más su posible aportación personal al negocio y beneficio. Adaptarse a cada público nos hace preparar diferentes versiones según sea el interlocutor y tendremos que conocer al máximo a ese interlocutor. Conocer sus intereses, su jerga, su problemática, sus posibles dudas, sus necesidades,…
  3. Cuánto tiempo tienes. El tiempo es esencial a la hora de preparar una presentación porque no es lo mismo contar con el minuto que te ofrece una conversación de ascensor (elevator pitch) que dar una charla de 10 minutos, de 1 hora o de 3. Y hemos de hacer una buena gestión de ese tiempo contando que necesitaremos de un tiempo de introducción, desarrollo y conclusión. Y que ninguno de ellos puede no estar. En realidad aquella parte en la que más podremos poner o quitar será la parte del desarrollo, que podremos ajustar:

- En el caso que seamos del tipo de persona que se enrolla y dispersa: acortaremos explicaciones de argumentos haciéndolos más concisos o incluso quitando algunos de ellos.

- En el caso que seamos concretos de los que apenas explicamos el esquema de contenidos:  añadiremos ejemplos, argumentos, muestras, vídeos… que nos ayuden a aclarar y comprender mejor lo expuesto.

En cualquier caso, hay que hacer un seguimiento del tiempo. Para ello es recomendable tener un reloj, ensayar como si lo estuviéramos haciendo en directo e incluso con público que nos pueda decir si hay algo que no se haya entendido. Y sobre todo, hemos de conocernos, para saber si somos de los que se nos va la hora o si nos vamos a quedar cortos de tiempo. Practica siempre a un ritmo que se entienda, y hazte consciente de si con los nervios te sueles acelerar o por el contrario, te ralentizas.

Y procura no superar nunca el tiempo que te han dado, los organizadores lo valorarán y los asistentes lo agradecerán. Respeta el tiempo de los demás.

  1. Cuándo. Dependiendo del momento del día en el que se realice la presentación habrá que ponerle más animación. Según estudios realizados en neurociencia, y como explica el Dr. Bermejo en su libro "Neuroeconomía", hemos de programar la agenda y tener en cuenta: Día, hora. Antes de… Después de… porque varía el peso del impacto de tu presentación según seas el primero o el último en presentar cuando hay una serie de presentaciones en un evento. Hemos de saber que es más difícil mantener la atención después de comer y por la noche, que en días soleados la memoria se verá afectada por lo que prevé dar bolígrafos y papel. Y evita los lunes y los días de tormenta si quieres que se aprueben nuevas ideas, porque favorecen el ambiente depresivo. Así que en la medida que puedas elige el momento para tu presentación y para citar a los asistentes.
  2. Dónde. El lugar es importante para prepararte. No será lo mismo un lugar al aire libre donde tendrás que asegurarte que tu voz llega a todos que una reunión en un despacho. Ni será igual la escenografía, dónde te colocarás, cómo te moverás en una sala de reuniones, una sala de formaciones o un teatro. Además, las salas de color azul llevan más fácilmente a la creatividad mientras que las salas con tonos rojos nos limitan la capacidad de tomar decisiones más racionales, llevándonos a la impulsividad.
  3. Qué decir. Es necesario identificar los puntos clave que quiere que tu público se lleve. Dicen que no han de ser más de tres para que podamos asimilarlo correctamente. Son puntos que habrá que comentar al inicio, desarrollar a lo largo de la presentación y resumir o recordar al final.

Una vez que los tengas, infórmate sobre el tema, investiga, documéntate, y ve anotando lo más importante de tus hallazgos. Después dales un hilo conductor, un sentido, una historia o camino por el que vas a llevar a tus interlocutores.

Determina la necesidad que cubre, el problema o la demanda que existe de un producto o servicio. Expón los beneficios del proyecto. Cuáles son los servicios y/o soluciones que ofrece. Y recuerda explicar por qué tú, tu diferenciación. Ser el protagonista de tu historia, hará que integres mejor la emocionalidad de lo que vayas a contar.

También es importante ponerle un título atractivo. Y encontrar qué puede ser lo más llamativo para captar mejor la atención de los oyentes y que quieran seguir escuchándote.

  1. Cómo decirlo. ¿Cómo va a llegar mejor tu mensaje? Es importante emocionar así que trabaja tu propia emoción. Si te apasiona, apasionarás. Además, todo lo que se aprende a través de los sentidos nos hace que lo recordemos mejor. Por eso, asegúrate de introducir elementos relacionados con la vista, como imágenes, esquemas, gráficos que hagan el mensaje más fácilmente comprensible; con el oído, buscando las palabras más adecuadas y evitando ambigüedades o muletillas; y con la parte más kinestésica que incluye el gusto, el tacto o el olfato, aquí puedes utilizar aromas, explicar sabores, hablar de sensaciones, llevar muestras que se puedan tocar… Es aquí donde has de pensar si lo más adecuado es una presentación de power point, ;)

Recuerda que van a escucharte a ti, que eres el portador del mensaje y quieren saber lo que les vas a decir. Así que posiciónate en el centro de la escena, y que todo lo que puedas llevar, incluyendo presentaciones digitales o virtuales, son tus herramientas de apoyo en la presentación, no la presentación en sí, que diriges, organizas, armonizas, animas, paras,…y realizas . Has de prepararte tú.

Para completar esta información te dejo un vídeo de Natalia Gómez del Pozuelo:

Así que, ahora que ya tienes unas ideas básicas para ayudarte a realizar presentaciones más eficaces, ¿qué vas a comenzar a preparar antes de ponerte a escribir sin más o a hacer una PPT?

Ya sabes que si necesitas ayuda, estamos aquí para ayudarte en tus presentaciones y entrenarte para generar el impacto que desees con tu actuación. ¿Preparado/a?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

La diferencia entre el pasado, el presente y el futuro es sólo una ilusión persistente.

Como te explicamos en nuestro último artículo, las buenas acciones mueven el mundo. Y las buenas acciones generan en nosotros ilusión, satisfacción, bienestar y emociones agradables. Nos entra un cosquilleo interior, se nos pone una sonrisa tierna, a veces hasta se nos pone el bello de punta. Hacer cosas buenas, nos sienta bien y nos estimula.

La ilusión, además, nos ayuda a conseguir nuestros propósitos y es necesaria para nuestro desarrollo personal y profesional.

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Según Google, la ilusión se define como la esperanza, con o sin fundamento real, de lograr o de que suceda algo que se anhela o se persigue y cuya consecución parece especialmente atractiva.

La ilusión nos permite superarnos y superar dificultades, porque como dice Marian Rojas-Estapé en su libro "Cómo hacer que te pasen cosas buenas", "la manera de afrontar los problemas de cada día influyen en el resultado. La actitud determina el resultado".

Ilusionarnos activa nuestro cerebro, nos predispone, nos alienta y embauca de forma positiva hacia el cumplimiento de metas y al logro de deseos, motivándonos.

Por eso es tan necesario tener ilusión, así que te dejo 7 claves para mantener la ilusión en tu vida:

Revisa tu sistema de creencias sobre tu vida. ¿Un obstáculo es para ti un problema o un reto? Según tus creencias y pensamientos, se activan o desactivan células de tu cuerpo que van a llevarte a estar más o menos sano, a sentirte mejor o peor, como demuestran diferentes estudios, por ejemplo, los de Bruce Lipton. Por tanto, revisa tus creencias y detecta cuáles son limitantes para trabajar sobre ellas y que te permitan seguir avanzando.

Es igual si te lo imaginas que si lo vives. Nuestro cerebro y nuestro cuerpo no sabe diferenciar entre lo que es real y lo que no lo es. Lo vivimos de la misma forma y lo sentimos como si fuera verdad. Por eso, estemos atentos a lo que soñamos, cuidemos lo que nos imaginamos que pasará, porque seguramente lo atraigamos. Así que ¡imagina todo aquello que sí quieres que ocurra!

Lo que dices y cómo lo  dices importa. Como ya te compartí en nuestro artículo, nuestra voz interior nos puede apoyar al logro de nuestros objetivos o nos puede boicotear. Así que dite cosas bonitas, háblate con cariño y piensa en positivo.

Sigue soñando. Tener retos por cumplir, una lista de acciones a realizar antes de morirte, ideas que a veces desestimas pero que son recurrentes, rescátalas y vívelas porque si las comienzas a vivir, quizá un día se hagan realidad. De hecho, hay quien dice que comiences a vivir como si ya hubieras logrado aquello que deseas.

Atrévete. Las grandes decisiones siempre van asociadas a un punto de miedo, un miedo que superamos con ilusión, con esa fuerza que nos lleva a saltar obstáculos. ¿Qué es lo peor que puede pasar? Si tienes miedo es porque realmente te importa que salga bien, o es determinante para ti, y si pones todo tu empeño, saldrá mejor.

Muévete. Toda ilusión requiere de una acción. A veces hay que escribir un whatsapp a alguien para decirle "te quiero", "¿quedamos?" y hacerlo nos reconforta y estimula a la vez. No dejes de decir todo lo bueno que sientes y deseas a los demás. Puede que no sea su momento para recibirlo, por lo que hazlo con empatía. Pero dar ese primer paso puede ser la chispa para recuperar tu ilusión. ¿Qué te nace del corazón hacer o decir?

Déjate sorprender. Las cosas son así o pueden ser de otra manera. Incluso tú mismo vas cambiando. Cuando queremos tener seguridad, necesitamos un punto de esperanza ante la incertidumbre en la que dejar que la vida nos sorprenda, para que nos lleguen mensajes inesperados, para descubrir algo nuevo, para dejar la puerta abierta a la ilusión.

Eduard Punset dice que "en la búsqueda, en la expectativa, radica la mayor parte de la felicidad”. ¿Quieres ser más feliz? ¡Ilusiónate!

Y ahora, en tiempos de Navidad, más se habla de ilusión porque es una época de reencuentros, de recuerdos, de recuperar el niño/a que llevamos dentro, de relativizar, de soñar… Así que, no dejes escapar la ilusión de la Navidad y mantenla durante todo el año.

Raquel Bonsfills

3 diciembre, 2018

Muchos "yo soy así y así seguiré, nunca cambiaré" como dice la canción que cantaba Alaska nos han llevado a vernos en una posición muy íntegra con nosotros mismos, pero muy poco abierta a permitirnos ser de otra forma, a cambiar de opinión, a elegir con mayor libertad...

Como dice Andrés Pérez en su artículo, en cuestiones de Marca Personal es importante la autenticidad, pero eso no significa que si cambias dejes de ser auténtico. De hecho, evolucionamos continuamente, aprendemos continuamente e incluso nuestro valores y creencias son revisables a lo largo del tiempo. ¿De dónde crees que viene lo de la crisis de los 40?

Foto de Pixabay

En Programación Neurolingüística (PNL) una de las premisas es que "el mapa no es el territorio". Es decir, que tu forma de entender el mundo es tuya. Y otra persona con una educación distinta, con una personalidad distinta, con una historia distinta, tendrá una manera de interpretar el mundo diferente.  Incluso en gemelos, porque no hay dos personas iguales. Y por mucho que nos empeñemos, la realidad o el territorio, como mucho, será la suma de cada uno de nuestros mapas.

Ahora, tengo una buena noticia. Podemos ampliar nuestro mapa para comprender mejor la interpretación de esa realidad según los demás, para encontrar sus matices, yendo más allá de nuestra propia visión, ganando perspectiva.

¿Para qué ampliar nuestro mapa mental? ¿Para qué tratar de entender que mi verdad no es la única verdad?

  • Nos ayuda a ser más tolerantes. No siempre tenemos larazón aunque nos cueste reconocerlo.
  • Podemos mejorar las relaciones interpersonales. Valoramos más a los demás y sus opiniones (aunque no las compartamos)…esto nos acerca a los demás en lugar de alejarnos.
  • Se reducen los conflictos causados por una defectuosa comunicación. Por ejemplo, los malos entendidos. Si para mí el respeto es una cuestión de autoridad, me será complicado entender que para otra persona el "respeto" signifique algo diferente. Pero seguro que tú mismo tienes tu propia definición de respeto, no?
  • Nos facilita la adaptación al cambio, nuestra mejora, nuestro crecimiento.
  • Nuestra autoestima aumenta. Más sabemos, más comprendemos, más confianza tenemos en los demás y en nosotros mismos.
  • Nos permite relativizar, relajarnos, desdramatizar. Podemos decir: "se puede llevar de otra manera". Y seguramente nos ofrezca una mayor satisfacción.

Y ¿qué hacer para ampliar o abrir nuestra mente?

Practica la curiosidad. Poner el interés en los demás, en que hay diferentes maneras de afrontar una misma situación. Es tratar de conocer a los otros, entenderlos, descubrirlos.

Utiliza tu capacidad de aprendizaje. Igual que aprendemos nuevos conceptos en áreas de desarrollo profesional, técnicas o estudios básicos, podemos aprender de las personas. De todas ellas se puede extraer una gran lección.

Cuestiona. Trata de entender a los demás con preguntas. Pide aclaraciones. ¿Qué has querido decir con esto? La pregunta es la herramienta más interesante para conocer a los demás. Practícala. Y muestra interés en la respuesta que te den, dándola por válida tanto como si fuese tu propia respuesta, sin juzgarla.

Escucha a los demás. Mantente receptivo a nuevas ideas o ideas diferentes a las tuyas. Después decide si puedes aportar alguna a tu vida o sumarle un matiz a tu propia idea.

Cambia tu perspectiva. Podemos alejarnos, acercarnos, mirar los diferentes puntos de vista que la situación, conflicto o persona puede ofrecernos. ¡Podemos sorprendernos!

https://www.youtube.com/watch?time_continue=14&v=vwF7AHTQaoc

Ponte a prueba. Amplia tu zona de confort. Atrévete a hacer aquello que no has hecho hasta ahora y te llama la atención. Puedes ir avanzando poco a poco. En nuestra vida estamos en continua evolución y superación de nosotros mismos.

No te pongas límites. ¿Qué más puedes hacer? ¿Puede ser de otra forma? ¿Mi madre/compañero/amigo/una persona de otro país pensaría o actuaría igual? ¿Hay otras opciones? Realiza tu propia lluvia de ideas con creatividad.

Te dejo un vídeo con unos consejos más para abrir tu mente. ¿Te animas a practicarlo?

 

 

Raquel Bonsfills

19 noviembre, 2018

Esta semana tenemos el ya famoso Black Friday. Solo hace unos años que en España hemos adquirido como propio este día. Podemos encontrar descuentos especiales en todo, desde coches, electrónica, muebles, ropa, servicios, financiación bancaria… nadie quiere dejar pasar esta oportunidad de ganar más clientes.

Además, estas ofertas también han llegado a la formación. Puedes hacer cursos a precios mucho más reducidos.

Foto Unsplash

Los descuentos que se ofrecen en la formación son realmente una oportunidad para las personas que se acogen a estas ofertas. ¿Baja el precio y baja la calidad? Sinceramente creo que no. Al menos en 2miradas y como profesionales que somos, no sabemos dar una formación de peor calidad. Siempre queremos que los alumnos se lleven lo máximo de cada formación. 

Es el momento. Igual que esperamos a las rebajas de enero para comprar esas cosas a las que tenemos echado el ojo, ahora con el Black Friday también podemos hacerlo con la formación. Si hay algún máster o formación que nos interesa, la recomendación es estar pendiente por si se suman a las promociones de este día.

Sin embargo, para quienes quieren formarse y no haya estas ofertas en las áreas que sean de su interés, os recuerdo la enorme cantidad de entidades y cursos que se ofrecen a través del SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal), cursos subvencionados por el Estado y que resultan gratuitos para quienes las quieran realizar.

Y como empresa, si quieres apoyar el desarrollo profesional de tus equipos, también puede salir mucho más económica bonificándote dicha formación con los fondos que se gestionan a través del FUNDAE y que toda empresa dispone en mayor o menor medida. Incluso para los autónomos, os dejo un enlace para saber cómo bonificarte la formación.

¿Black? ¿Negro? De eso nada. La formación siempre nos va a dar luz, nos va a permitir descubrir, practicar, conocer, analizar, encontrar… y todos los verbos que queráis para decir que algo siempre se nos queda, que nunca es tiempo perdido. De hecho, el retorno de la inversión en formación, es decir, el beneficio que recibe la empresa al invertir en la formación y capacitación de sus colaboradores(ROI= [Beneficio neto/costes] x 100) es de al menos un 4%. Y puede ser mucho mayor si se sabe elegir estrategia más adecuada a los temas a impartir y a los objetivos a lograr, como explica Maite Sáenz en su artículo para el Observatorio de RRHH.

¿Formación un viernes? La verdad que si va a ser de cosas técnicas, mejor que no. Los viernes tenemos la cabeza en otro sitio, más en el fin de semana, y estamos más cansados para asimilar dicha información. Eso sí, es un día estupendo para realizar jornadas outdoor o formaciones relacionadas con la inteligencia emocional, el cuidado de las personas o su bienestar.

En 2miradas pronto empezaremos a ofreceros cursos con grandes ofertas que podréis hacer online, a vuestro ritmo, cuando queráis y donde queráis. Así que ¡estar atentos!

¿Quieres seguir aprendiendo? Fórmate. ¿Quieres que tu empresa crezca? Forma a tus equipos. Ahora ya sabes cómo hacerlo a mejores precios.

"Nada tarda tanto en llegar como lo que nunca se empieza"  Alain

Raquel Bonsfills

5 noviembre, 2018

Solemos pensar que el jefe directo es el responsable de que las personas se vayan de las empresas en las que trabajan, pero está demostrado que hoy en día la principal razón por la que las personas dejan las empresas es la falta de oportunidades de desarrollo, la falta de preparación para el futuro, como comentó Steve Cadigan hace unos días en el 4º Update de RRHH que organizó la Asociación Centro de Dirección de RRHH.

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Foto de unplash

Lo cierto es que cada vez las personas cambiamos más de empresa, las empresas tienen una menor durabilidad y del mismo modo, es ya notorio cómo cambian los puestos de trabajo. Dicen que en 5 años probablemente trabajemos en un puesto que no existía hasta ahora.

Además, buscamos un mayor equilibrio entre vida personal y profesional, tener horarios flexibles, buenos sueldos,… y para lograrlo las empresas han de darse cuenta que ya no queremos que nos dirijan igual, que las personas son las que hacen crecer a las empresas, porque las empresas las componen y crean las personas, y por eso, hemos de dar posibilidades de crecer personal y profesionalmente a nuestros equipos.

El desarrollo personal y profesional tiene que partir de la propia persona. Para ello, es importante:

Soñar en grande. El conformismo y la seguridad nos hacen no dar pasos hacia aquello que de verdad nos gustaría hacer. Sin embargo, para crecer es necesario soñar, visualizarnos haciendo algo diferente y poner los medios para lograrlo. Del mismo modo que un deportista de élite se visualiza ganando antes de la competición para así entrenar y esforzarse al máximo para hacer realidad su sueño.

Entender la realidad. La realidad empresarial ha cambiado. El entorno es tan variable que es necesario mantenerse al día en lo relacionado con nuestra empresa, nuestro sector, o incluso el sector en el que nos gustaría trabajar, las necesidades de los clientes, los cambios en los productos y servicios, nuevas materias primas, entorno social y local, etc. Solo si entendemos la realidad nos podremos ir preparando para afrontar los cambios o adaptarnos más rápidamente a ellos.

Conocerse. Cada uno de nosotros posee unas cualidades. En este entorno VUCA en el que nos movemos, cada vez más las empresas seleccionan a sus equipos por cualidades en lugar de por competencias. Las cualidades pueden ser físicas, psicomotrices, psicológicas o de comportamiento y algunas que podemos encuadrar dentro de la inteligencia emocional como la comunicación, resolución de conflictos, liderazgo, confianza en uno mismo, trabajo en equipo…son claves hoy en día.

Marcarse un objetivo. Hecho el análisis del entorno y revisadas las cualidades personales, podemos marcarnos un objetivo profesional. Si bien es cierto que concretarlo puede ser complicado teniendo en cuenta lo que he comentado hasta ahora, nuestro objetivo, al menos, nos ha de dar una idea de qué ha de tener, cumplir o para que sea el trabajo que queremos, y también qué no, porque puede que el puesto ni esté creado aún.

Indagar. ¿Puede mi empresa actual ofrecerme las posibilidades de llegar a ese objetivo que me he marcado? ¿Puedo yo proponerlo? Si no, ¿qué tipo de empresas o sectores poseen las características que me interesan para lograrlo?

Crea tu red de contactos profesionales. Como hablamos Steve Cadigan (exvicepresidente de talento de LinkedIn) y yo, hoy en día los proyectos, las oportunidades de negocio, las propuestas de empleo, las ideas…se generan mediante la red de contactos que poseemos. Conocer a alguien es el principio básico para acceder al camino de tus sueños. Incluso si a ese alguien lo conoces en una entrevista. No es tanto el enchufismo como el hecho de conocer a alguien que se interese por nuestras ideas o con quien crearlas juntos. Si sabes a dónde vas, te será más fácil encontrar y elegir con quién.

Mantener la learnability. No podemos proponer a nadie ideas obsoletas. Hemos de estar preparados para el cambio laboral en el que vivimos. Que ¿quieres ser líder?, pues averigua las cualidades más demandadas por las empresas para sus líderes y capacítate en ellas. Que es indispensable entender el salto a la era digital, pues interésate en cómo funciona y se desarrolla. Ya te compartí los pasos necesarios para desarrollar tu learnability.

Actúa. No te quedes pensando todo esto y no hagas nada. Márcate un plan, programa tus próximos pasos, y como suelo recomendarte, comienza por lo que te resulte más fácil para que lograrlo te sirva de motivación para seguir avanzando. Nadie te va a mirar mal por cambiar de empresa si lo haces en pro de tus objetivos de desarrollo personal y profesional (si es que es necesario).

 Y las empresas también pueden favorecer que las personas crezcan, porque además de ofrecer planes de carrera profesional preestablecidos, pueden:

Escuchar a sus colaboradores. Abrir las puertas y estar alerta para identificar esos sueños y necesidades de desarrollo profesionales de las personas que trabajan en la empresa. Es curioso que muchísimas empresas en los procesos de selección hacen la famosa pregunta ¿dónde te ves dentro de 5años? Y aunque hoy en día es difícil que sea en las mismas empresas, probablemente fuese más fácil que así sea si lo tenemos en cuenta. Si lo apuntamos en su perfil profesional, y más aún si le ayudamos a hacerlo realidad con nosotros.

Adaptarse a las necesidades de los colaboradores. Hoy en día lograr el compromiso de los colaboradores es un reto para muchas empresas, pero sería mucho más fácil conseguirlo si la empresa supiera adaptarse a las necesidades de las personas que en ella trabajan y no solo esperando que sean las personas las que se adapten a las necesidades de la empresa. Ha de ser recíproco.

Capacitar para el futuro. Si tan importante es tener equipos altamente cualificados que nos hagan el mejor trabajo posible, tendremos que darles todas las herramientas para que así sea. Si no, estamos haciéndonos trampas al solitario. Exigir sin dar lleva a frustrar a los colaboradores y un día se cansarán. Pero no vale solo con dar un curso tras otro de atención al cliente, sino que hace falta que esa atención al cliente se sepa adaptar a las nuevas necesidades de los clientes. No es el mismo curso año tras año, es el curso actualizado que prepara a nuestros equipos para el futuro, que nos permite anticiparnos a las necesidades del entorno y que nos mantienen en la vanguardia del sector.

Seguro que conoces más formas de acompañar a las personas de tu empresa en su crecimiento personal y profesional y alinearlo con los intereses de la compañía. Será un placer hacer la lista juntos. ¿Te animas a mandarnos tu idea o lo que ya haces para lograrlo?

Aprendiendo en el camino del crecimiento.

Raquel Bonsfills

22 octubre, 2018

El pasado fin de semana tuvimos el  placer de asistir a la ponencia de Jorge Bucay en el congreso BeingOneForum realizado en Valencia. Allí Jorge Bucay, explicaba a través de cuentos algunos de los aprendizajes más importantes de su vida que quiero compartir y que he ampliado según mi forma de entenderlo también.

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  1. Definirse es poner límites. Con el cuento tradicional del "Patito feo" Jorge Bucay nos enseña que hemos de aprender a conocernos porque para encontrar nuestro camino, primero hemos de definirnos. Definirse, según él, es poner límites, dejando fuera lo que uno no es y dentro lo que uno es.

Existen muchísimas formas de conocerse. Desde mirarse al espejo, realizar múltiples test de autoconocimiento en diferentes áreas de nuestra vida (intelectual, comportamental, profesional, emocional…), o tomar conciencia de qué hacemos, cómo lo hacemos, qué decimos, cómo lo decimos…de forma que vayamos descubriendo nuestra forma de actuar y cómo afecta a los demás. Y sobre todo, que nos permita darnos cuenta que lo que hacemos es resultado de lo que somos y no al revés para mostrarnos con coherencia y generar mayor confianza en nosotros mismos y hacia los demás.

  1. Cuidado con dar indicaciones. Solemos tener la costumbre de dar consejos, incluso sin que nos los pidan. Sin embargo, hay que tener cuidado porque lo que me ha servido a mí no tiene por qué servirte a ti.

Sería bueno que investiguemos y probemos cómo nos va aquello que nos cuentan. Si, por ejemplo,  aprendemos una técnica nueva para resolver conflictos y nos parece que puede sernos de utilidad, mejor probarla por nosotros mismos antes de recomendarla. Comprueba que te funciona, asegúrate que es una técnica que te queda bien, que va contigo. No confiar sin investigar.

  1. Pedir ayuda y saber darla. No somos autosuficientes. Todos necesitamos del apoyo de los demás, de una caricia, de ánimo para seguir adelante, especialmente cuando las cosas no van tan bien.

Por eso es importante decir a los demás que lo están haciendo bien y estimular para que sigan adelante con lo que tengan entre manos. Y reconocer lo bien que cada uno lo hace. Son formas de dar esa ayuda que todos necesitamos.

  1. El mejor maestro. Dice Jorge Bucay que el mejor maestro es aquel que te dice cómo buscar dentro de ti para que llegues a tus propias verdades y conclusiones.

Tenemos en nosotros mismos muchas de las respuestas que buscamos. Por eso, nos invita a dejar de buscar fuera, dejar de pedir permiso a los demás, de buscar la complacencia y aprobación de los otros. Y buscar dentro de uno mismo.

  1. Momentos vividos con emoción y compromiso. A lo largo de nuestra vida nos encontramos con momentos tibios, en los que no nos hemos visto afectados emocionalmente, por los que pasamos como si nada, de puntillas… Estos momentos no son los auténticos. Los verdaderamente valiosos son aquellos momentos en los que hemos vivido emociones intensas, en los que nos hemos comprometido, donde hemos estado presentes, dándolo todo, en lo bueno y en lo malo.

Por eso, vive la vida, cada minuto, con lo que traiga. Sé consciente del momento, e incluso anótalo, siéntelo, pon todos tus sentidos en ello.

  1. Ni todo ni nada. Las cosas buenas entrañan también algo no tan bueno, y las cosas malas incluyen también algo bueno. No hay nada 100% bueno o malo. No podemos tomar de la vida solo lo que nos convenga. Las personas y la vida vienen con todo, lo que nos gusta y lo que no. Por eso, quedémonos con cuánto juega esa persona o ese hecho en relación a nuestros propósitos.
  2. Los sueños importan. Decía Viktor Frankl en su libro "El hombre en busca de sentido" que los que no sean capaces de dar sentido a su vida, vivirán una vida sin sentido.

Los sueños marcan un sentido. Están relacionados con nuestros propósitos y nos llevan a alinearnos con ellos. Sin sueños no hay fantasía, sin fantasía no hay ilusiones, sin ilusiones no hay proyectos… Así que, sigamos soñando… como terminaba la película PrettyWoman, con Richard Gere y Julia Robert, de la cual podemos extraer otros múltiples aprendizajes.

  1. Recorre el camino con humor. "No importa lo que hagas, vaya bien o no, escribe la comedia de tu vida y no el drama". Es inteligente reírse de uno mismo y reírse con los demás si ellos quieren. Ponle humor a tu vida porque "con amor y con humor, nada puede ir mejor".

Es otra forma de decir que la vida será según te la tomes. Puedes pensar que tu vida ha sido un desastre o que la has disfrutado al máximo. Puedes estar alegre o triste pero siempre con una perspectiva de felicidad por lo que la vida te depara. Y es que no debemos confundir alegría con felicidad. La alegría es una emoción que se da en un momento mientras que la felicidad tiene que ver con la serenidad, con la paz interior, con el pensar que estás en el camino correcto. Y hemos de trabajar para lograr la felicidad.

  1. No hacer sacrificios por amor. Basándose en un cuento de O. Henry, Bucay nos lleva a la reflexión de lo inútil que es hacer sacrificios por amor. El amor no se mide en cuánto soy capaz de sacrificar por ti, sino, cuánto soy capaz de compartir contigo para juntos crecer.

"Lo he hecho por ti" suele llevar a "no te lo he pedido" y a culpabilizar, frustrarse, subir egos, bajar autoestimas, necesidades de reconocimiento, etc. Mejor será "qué podemos hacer juntos" porque compartir alegrías duplica la felicidad y compartir penas divide su intensidad.

  1. Dependencia de la mirada ajena. Nunca hemos podido vernos nuestra propia cara. Sin un espejo o una foto no sabríamos cómo es. Necesitamos de la mirada ajena.

Pero la mirada del otro es prejuiciosa. ¿Vas a dejar que aquellos a los que no les eres simpático decidan por ti, decidan si vas o no a algún sitio o si te pones esto o aquello? No, no dejes que quienes no te quieren decidan por donde va tu vida. Y sin embargo, sí, escucha a los que sí te quieren, nútrete de su mirada, como te compartí en mi artículo sobre ayudar a crecer.

  1. Aceptación. Amor es aceptar al otro tal como es, sin cambiarlo. Y aunque no lo creamos, es más fácil encontrar a alguien que nos permita ser quienes queremos ser, que aceptar a priori que el otro sea quien quiera ser.

Por eso, si nos gusta que nos dejen ser, hemos de partir por dejar ser como el otro quiera ser en cada momento. Y de esa forma, será más fácil encontrar a esos compañeros de vida, de camino que tanto bueno nos aportan.

Por tanto, como dice Jorge Bucay, si quieres encontrar tu destino final, recuerda pasar por estas tres etapas:

1º Reconócete. Descubre quién eres, con tus fortalezas y debilidades, pon límites, busca en ti.

2º Identifica dónde vas. Encuentra tu propósito, tu rumbo, el lugar al que te diriges, sueña.

3º Con quién. Solo al final, cuando ya sabes quién eres y dónde vas, atraerás a las personas adecuadas para ir contigo.

Y ahora que ya conoces estos aprendizajes de vida de Jorge Bucay, investiga, prueba, pon en marcha los que mejor vayan contigo porque, en definitiva, somos eternos aprendices.

"Equivocarse, es parte importante del aprendizaje pues, sin equivocaciones no hay crecimiento" Jorge Bucay

Raquel Bonsfills